Este capítulo es muy intenso y me ha costado muchísimo escribirlo, no se si habré conseguido trasmitir todo lo que pretendía, espero haber capturado el drama y la ternura al mismo tiempo, si no lo he conseguido agradecería que alguien me lo dijera para ser capaz de mejorarlo en el futuro. A veces tantos sentimientos me saturan.

Espero que lo disfruten, dedicado a los que me tuvieron paciencia cuando se la pedí, aunque aún nos queda algo de tragedia y suspense.


Tal y como había descrito la mujer, la casa estaba apartada del resto de viviendas y el tamaño del jardín era desproporcionado respecto al de la casa y de las otras viviendas de los alrededores. De dos pisos, no parecía haber sido arreglada en mucho tiempo, con una diminuta valla de madera y un porche, utilizable, pero algo desvencijado, era una casa típica de alquiler.

Los detectives y Gates una vez aparcado el coche a una manzana del lugar y, vestidos con sus chalecos, se acercaban sigilosamente por la acera. Todo el equipo estaba en posición y sólo estaban esperando la orden de ataque. Había hombres por la parte de atrás, así que el peligro de huida se había reducido. Tyson saldría de allí esposado o muerto, aunque las órdenes de Gates habían sido claras, querían a los sospechosos vivos a toda costa.

Agazapados, se situaron detrás de un coche justo delante de la puerta preparados para comenzar con la operación de arresto. La tensión en los policías era manifiesta, bocas cerradas, mandíbulas tensas, sentidos alerta, y ceños fruncidos, pero Beckett sentía algo más. Esta era la cuarta vez que intentaba arrestar a Tyson, pero era la primera vez que no lo hacía con y para proteger a Castle.

Recordó las veces anteriores, en las cuales siempre Castle había estado en peligro y recordó también como en todas ellas Tyson había escapado.

Por su mente pasó la primera vez. Sintió el mismo escalofrío que aquel día al llamar a la comisaria Martha preocupada porque su hijo por teléfono le había dicho "te quiero", entonces ató cabos y se dio cuenta que el 3XK era Tyson y que seguramente tenía a Ryan y a Castle. Recordó como Espo y ella condujeron a toda velocidad con las sirenas encendidas por las calles de New York, Aquel día, por la mente de Beckett pasaron toda clase de pensamientos, pero sobretodo uno que la aterrorizaba, que a Castle le hubiera pasado algo. Ese nudo que se instalaba en su estómago cada vez que Castle se ponía en peligro y la sensación de vértigo que tuvo era igual a la del día que Castle se marchó a los Hamptons con Gina, no le permitía poder articular palabra. No podía pasarle nada a Castle, era su compañero, era su amigo, pero ¿era algo más?

-No, no, no, tú estás con Josh, eres feliz con él y has conseguido olvidarlo.- Esos pensamientos la atormentaba mientras conducía camino del motel. Llegaron si apagar el motor del coche salió con su arma en la mano directa a las escaleras, seguida de Espósito. No podía pensar y sólo actuar y rápido, desesperada por saber que había pasado, desesperada por encontrar a Castle y hallarlo perfectamente. Sin esperar a que llegaran los refuerzos, ni dejar que lo hiciera Espo, tiró la puerta abajo y gritó

- Castle! – su voz temblaba, no lo reconocería pero tenía miedo al pensar lo que podría encontrase dentro. Estaba oscuro y no podía ver nada y eso la alertó.

- Tranquila, se ha ido – le respondió un Castle amordazado en una silla.

Y suspiró, tranquila, sólo pudo articular un

- Menos mal que estás bien – murmuró con la voz quebrada. Fue un desliz en el que mostró lo realmente preocupada que había estado, le temblaban las manos al desatar a Castle. Estaba bien, todo volvía a ser normal, bueno para Ryan tal vez, iba a necesitar algún punto en la cabeza. Se tranquilizó. Sus pensamientos entonces se centraron en la rabia porque Tyson se le había escapado y volvería a matar.

Beckett cerró los ojos tratando de tranquilizarse, como siempre que estaba en tensión la herida de su hombro, la que le había provocado el disparo de Tyson, le molestaba y le recordaba cruelmente porque estaba agazapada detrás de un coche, pistola en mano, preparada para entrar en aquella casa, pero sin Castle.

Recordó la segunda, recordó cómo salió de aquel coche, magullada pero decidida, dominada por toda la rabia y la tensión que había acumulado esos días viendo cómo Castle sufría pensando que le iban a condenar por un asesinato que él no había cometido, muerto de miedo, como lo había estado ella al verlo desaparecer por aquel ascensor esposado por aquellos policías. Salió del coche y descargó parte de las balas de su pistola impactando en el pecho de Tyson creyendo que le había matado. Pero no, ese hombre parecía inmortal. Recordó el frío acero de su pistola apuntando a su pecho mientras intentaba provocar a Castle que había desparecido del coche. Lo único que ella le preocupaba es que Castle hiciera cualquier tontería para salvarlo, en realidad el objetivo no era ella, el odio de aquel psicópata era hacia Castle y estaba segura que su objetivo era matarle a él. Todo sucedió en un instante, Castle apareció de la nada disparando el resto de las balas de la pistola y vio como Tyson caía al agua. En esos momentos creyó que todo había terminado, pero no fue así, el muy hijo de puta era como los gatos, parecía tener infinitas vidas.

Justo cuando comenzó a recordar la última vez que se vio cara a cara con él, aquel día, el día que jamás borraría de su memoria, el día que comenzó se segunda pesadilla, algo le interrumpió. Gates levantaba la mano preparada para dar la orden cuando se oyó un disparo en el interior de la casa. Todos se agacharon instintivamente, pero no se oyeron más disparos. Gates hizo un gesto al jefe de los Swat que por radio avisó que el operativo comenzaba.

Se levantaron los cuatro policías y se acercaron a la puerta adelantados por dos hombres con fusiles de asalto y escoltados por otros dos. Beckett delante, nadie se atrevió a dudarlo ni discutirlo, Espo y Ryan detrás y en último lugar Gates. Traspasaron la puerta de la valla y de reojo vieron al equipo que se acercaba por los laterales para rodear la casa. Se acercaron al porche, pero ningún sonido se oyó dentro. Se colocaron preparados para romper la puerta cuando en el interior se oyó otro disparo, el primero de los policías del dispositivo rompió la puerta y entraron, los swats primero, con las armas en alto gritando

- Policía de New York, no se muevan.!

Como si de un baile ensayado se tratara, cada uno de los policías, en posición de ataque se situaron en distintas posiciones del primer piso gritando

- Despejado - en el salón el primer policía gritó

- Despejado - en la otra parte del salón le siguió Ryan

- Despejado - en el baño el otro policía también gritó

- Despejado - Gates en la entrada

- Despejado - gritó Espo en la cocina - Chicos, venid, tenéis que ver esto.

Beckett y Gates fueron las primeras en llegar. En la cocina en el suelo, en medio de un charco de sangre se encontraba la doctora, aún con la pistola en la mano, se había suicidado.

- Mierda - masculló Beckett – Buscad a Tyson. – Dos disparos, pensó y un escenario con el que no contaba y que le encogió el corazón se mostró en su mente ¿y si el muy hijo de puta se había suicidado y no le podía decir dónde estaba el cuerpo de Castle?- Se volvió hacia los agentes que habían entrado desde atrás.

- Atrás despejado señor.

- El piso de arriba - dijo Ryan.

Se habían olvidado del piso de arriba. Todos se volvieron y de nuevo en posición de alerta se acercaron a la escalera, primero Beckett, esta vez se había adelantado incluso a los Swat, la tensión, la adrenalina y la ansiedad regían sus actos en esos momentos y su único objetivo era encontrar a Tyson. Gates, en esos momentos pensó que igual no había sido buena idea traerla, pero ya era demasiado tarde, su obsesión no le dejaría parar.

Llegaron a la escalera y de nuevo se repartieron por las habitaciones. Siempre alerta, siempre con la pistola en la mano.

- Despejado – Beckett desde la primera habitación.

- Despejado – Ryan y Espo desde la segunda.

- Despejado – Los dos Swat desde la tercera.

Pero cuando los cinco policías esperaban oír a Gates decir lo mismo desde el baño, se hizo el silencio. Al mismo tiempo, todos se volvieron hacia la puerta que se abrió lentamente.

- Buenas tardes inspectora. – Aquella voz, mareó por unos instantes a Beckett, en su mente pasó la escena del almacén, su voz describiéndole la tortura que iba a ser su vida y el cuerpo de Castle desangrándose en el suelo. Sólo fueron unos instantes, en el que su mano inconscientemente comenzó a temblar. Abrió los ojos de nuevo, sintiendo que la rabia y la ira podían más, sintiendo como su labio empezaba a sangrar porque ella misma de la tensión se lo había mordido, y vio a Tyson, entre sombras, con una pistola en la sien de Gates mientras le sujetaba con la otra mano, conocía esa escena, ya la había vivido antes.

- Suéltala – Le dijo lentamente, mientras le miraba a la cara y se acercaba al hombre, despacio, sin bajar el arma ni hacer ningún movimiento que delatara su ansiedad.

- Que mal educada, inspectora, así no se saluda a un viejo amigo que hace tiempo que no ve.

- Ni eres un amigo y no hace mucho que te vi. – le contestó con rabia Beckett con su respiración acelerada – Entrégate Jerry, no tienes nada que hacer.

- No, no – dijo Tyson mientras chasqueaba la lengua – usted sabe inspectora que eso no va a suceder. Los dos sabemos que no va a disparar, no porque le importe mucho su superior, los dos sabemos que me quiere vivo a mí ¿verdad? – dijo mientras levantaba una ceja como signo de interrogación.

- Tyson!, no te lo voy a volver a repetir, suéltala y entrégate, estás rodeado – Beckett estaba perdiendo la paciencia con la arrogancia de ese hombre, ese hombre parecía que le estaba leyendo el pensamiento, - Claro que le quiero vivo –pensó ella, pero no pensaba dejarlo escapar bajo ningún concepto.

- Mire inspectora, esto es lo que va a suceder y usted lo sabe, voy a salir por esa puerta afuera muy despacio con su capitán a mi lado y nadie me va a detener, voy a subir a un coche y nadie me va a seguir, o de lo contrario, tendrán que buscarse un nuevo superior, ¿me ha entendido? – y de nuevo parecía que aquel hombre le leía el pensamiento a ella.

- Sabes que no puedo dejar que hagas eso – Beckett seguía quieta en medio del pasillo con la pistola apuntando a Tyson y escoltada por Ryan y Espósito, los swats detrás a la altura de las escaleras.

- Claro que lo hará, inspectora, no puede matarme, si dispara se quedará sin saber dónde está él y.. no quiere eso ¿verdad?. – Tyson empezaba a moverse lentamente empujando a Gates con él, que nerviosa miraba a Beckett mientras le indicaba que no con la mirada.

-¿Dónde… dónde está Castle? – por un momento su voz tembló dejando de ser la dura inspectora Beckett, la determinación de ella desapareció por unos instantes apareciendo la mujer, la esposa desesperada, pero esos instantes de debilidad, como ella los consideraba, permanecieron sólo unos instantes hasta que recordó qué es lo que necesitaba de él y porqué estaba en aquel lugar, su alma de detective regresó y volvió a apuntarle a la cabeza y decirle con voz dura – Dime dónde está si no quieres que cumpla mi promesa.

- No desespere inspectora, créame al final, lo acabará encontrando y será toooda una sorpresa– la sonrisa de Tyson dio asco a Beckett que empezaba a volver a sentir el vértigo al recordar que con esa misma sonrisa le miraba tras disparar a Castle en aquel viejo almacén. Comenzó a caminar hacia atrás manteniendo siempre la misma distancia con Tyson, imitada por Ryan y Espósito que vigilaban la escena sin bajar sus armas.

Todo sucedió en unos segundos como si de la repetición de una película de años atrás con una escena similar a la de la comisaria se tratara. Gates sintió que el brazo de Tyson se aflojaba y que la pistola dejaba de apuntarle y en un movimiento rápido se intentó alejar de él mientras trataba de desarmarlo, pero Tyson reaccionó y antes de que disparara al Capitán, Beckett respondió disparando su arma, sin pensarlo como un autómata, como le habían enseñado en la academia. Tyson cayó al suelo con un disparo en la cabeza. Ryan y Espósito se acercaron a Tyson y tras mirarle el pulso, le indicaron con un gesto a Beckett, que ni siquiera había bajado la pistola, que Tyson estaba muerto.

Beckett suspiró y en ese momento fue consciente de que su última oportunidad de saber dónde estaba Castle se acaba de esfumar. Aquello parecía una maldición, al igual que con el caso de su madre, era ella misma la que tenía que matar a su única fuente para esclarecer otra de las tragedias de su vida, otro de los traumas que le acompañarían siempre. Antes de sentir derrumbarse del todo delante de sus compañeros, bajó el arma, la guardó en el cinto y sin decir palabra alguna bajó las escaleras corriendo buscando algo de aire para sus encogidos pulmones que se asfixiaban en el interior de aquella casa. Sentía que la ansiedad y, quizás la desesperación, o la opresión del pecho no le permitía respirar. Llegó a la puerta, donde se cruzó con más hombres que venían en apoyo, sin siquiera mirarlos salió de la casa y por unos laterales del porche bajó hasta el jardín. Se quedó de pie, estática con los brazos a los laterales, llorando en silencio, sólo eran lágrimas de rabia y de frustración. Tenía la misma sensación que hacía 6 años en la comisaría, bueno en realidad casi la misma.

Cuando Beckett se dio cuenta que Coonan estaba muerto y no podía hacer nada, que sus maniobras de reanimación habían fracasado, se derrumbó y lloró sin importarle que estar rodeaba de todos sus compañeros. Castle, que primero había apoyada su mano en su hombro, ahora la abrazaba, sin darse cuenta la sangre de sus manos manchó la chaqueta de él que no parecía importarle.

- Shhhhh, tranquila estoy aquí – le decía Castle mientras acariciaba su espalda. Lentamente la separó y la miró a los ojos. Castle se sentía culpable de lo que había pasado, al ver su mirada, sus ojos hinchados y llorosos, una sensación de impotencia y tristeza se le contagió, la había vuelto a joder y por lo mismo y con ella– Lo siento, Kate, lo siento tanto.

Beckett, vio la mirada de culpabilidad de él y aunque quería decirle algo, no podía, esa sensación que tenía era de la que había intentado huir años atrás cuando dejó de investigar el asesinato de su madre y había vuelto. Era la primera vez que Castle le abrazaba de esa manera y un pequeño alivio, una momentánea relajación le acompañó por unos instantes sintiendo que aquello podía ir a mejor, pero sólo duró hasta que bajo la cabeza y volvió a ver el ahora cadáver de Coonan.

- Vamos, tienes que limpiarte. – Castle le ayudó a quitarse la chaqueta de cuero y se acercó con ella al baño de señoras, no le importó entrar, seguro que tras el tiroteo todo el mundo había salido fuera.

Ninguno de los dos habló, no hacía falta, ese fue el inicio de los silencios entre ellos, sus silencios, esos que lo decían todo sólo con la mirada y que jamás eran incómodos entre ellos y sí para los de su alrededor, para ellos eran reconfortantes, eran un signo inequívoco de esa conexión entre ellos.

Castle le ayudó a lavarse las manos, con delicadeza limpiaba sus dedos y las palmas de las manos, despacio, con ternura, uno a uno, dejando que el agua se llevara su dolor. Beckett se dejaba hacer absorta en sus pensamientos, mirando sin mirar sus movimientos. Después ella misma se lavó la cara para quitarse los restos de lágrimas, reaccionando a las llamadas de él, que preocupado por su ausencia le hablaba

- Kate, hey, mírame, ya está, será mejor que te vayas a casa, vamos te acompaño – Ella levantó por fin la mirada y Castle le acercó unas toallitas para secarse. En ese momento, Beckett se percató que había estropeado su chaqueta.

- Lo siento - con su mano se acercó a las manchas de sangre, pero Castle le cogió la mano y la detuvo.

- Tranquila, hacía tiempo que no me gustaba, no sabía cómo decirle a mi madre que quería tirarla – le dijo con cara de niño travieso que acaba de ser pillado in fraganti, lo cual hizo sonreír a Beckett.

- ¿Tu madre?

- Sí me la regaló ella, bueno en el concepto de mi madre de regalar, vamos que al final la pagó mi tarjeta – sonrió mientras estiraba las mangas de la misma- pero nunca me gustó de verdad, sólo me la ponía para complacerla.

- Gracias – pudo decir mientras suspiraba.

- Siempre – le contestó con su mejor sonrisa Castle.

Y entonces Beckett sintió que tenerlo cerca le ayudaba a seguir adelante, que podría continuar si él estaba cerca, que hacía que si vida fuera más divertida y que todo iría mejor más adelante. Castle se había convertido en su principal apoyo.

- Vámonos – y salieron los dos del baño.

Pero ahora él no estaba, y no tenía en quien apoyarse, no tenía quien le hiciera reír, no habría un "siempre" nunca más.

No supo cuánto tiempo estuvo allí, si unos minutos o una hora, pero notó que empezaba a oscurecer. De repente notó una mano en su hombro y por unos instantes pensó que era Castle. Se volvió rápidamente, pero sólo vio a Gates. La miraba compasiva, preocupada, y ella odiaba que la mirara así.

- Gracias, inspectora, me ha salvado la vida. – fue lo único que le dijo.

- Era mi deber señor, usted hubiera hecho lo mismo. - Beckett bajó la cabeza, lo último que quería era que su superior la viera en ese estado, sólo quería estar sola unos minutos más.

- He llamado a los equipos, vamos a levantar hasta el último centímetro de este jardín. Si está aquí lo encontraremos.

Beckett levantó la vista hacia Gates, y no pudo evitar una lágrima, sin decir nada había entendido a qué se refería. Se hizo un incómodo silencio hasta que pudo articular palabra.

- Sólo…, sólo quiero enterrarlo, ¿es pedir tanto? – la respiración de la inspectora se aceleró, debería sentir rabia, pero sólo sentía compasión de sí misma, la misma compasión que Gates tenía por ella y eso la crispaba más que cualquier cosa, sentir compasión de uno mismo era para ella el mayor signo de debilidad.

- Lo hará, se lo prometo, esto no ha terminado aquí, créame, todos le ayudaremos.

Iba a contestarle cuando se vieron interrumpidas por un policía.

- Capitán – carraspeó el hombre.

- Que! – se volvió enfadada Gates, habían interrumpido su conversación, igual que Castle 6 años atrás con el incidente de Coonan, ella se sentía parcialmente culpable por lo sucedido, si no se hubiese dejado reducir por el sospechoso, tal vez ahora le estarían interrogando sobre el paradero del cuerpo de Castle, quizás.

- Hemos, hemos encontrado a un testigo – el hombre tragó saliva al sentir el enfado de su Capitán.

- ¿Un testigo? – dijeron ambas mujeres al mismo tiempo. Beckett estaba de nuevo alerta, aquello no se lo esperaba.

- Al parecer, tenían a un hombre secuestrado en el sótano, señor.

- ¿Secuestrado?, quizás sepa algo, ¿le han preguntado?- La cara de Beckett cambió, tenía una pequeña esperanza, quizás aquel hombre supiera algo, tenía que aferrase a la más pequeña las esperanzas.

- No creo que sea posible señor, al parecer el primer disparo que se oyó se lo dieron a él. En el estado en el que está, no creemos que sobreviva hasta que llegue la ambulancia, apenas puede hablar.

Sin decir nada, Beckett corrió hacia el interior de la casa, desesperada por llegar antes de que aquel hombre falleciera y su última esperanza de saber algo se desvaneciera con él.

- ¿El sótano? – le preguntó a un policía que estaba en la entrada. Le señaló una pequeña puerta por la que salía luz y algunas voces. Bajó corriendo, los tacones de las botas resonando por el estrecho corredor y rezando a no sabía a quién porque aún estuviese vivo. Gates corría detrás suyo.

Al bajar notó que apenas había luz que iluminara la estancia, pero lo que más le impactó fue el olor de aquel lugar. Una mezcla de olores, humedad, humanidad y pólvora le aturdieron, que unido a la poca luz no le dejaron ver nada al principio. Tardó unos segundos en acomodarse para ver la estancia. Dos ventanas en el techo, a la altura del suelo exterior iluminaban la estancia, no parecía haber sido pintada ni limpiada en tiempo, y en ella no había prácticamente nada de valor más allá de trastos inservibles y algina caja. Vio a Espo y Ryan en un lateral hablando por teléfono nerviosos, y a varios policías recogiendo pruebas en aquel lugar. Al fondo había un catre, sucio y sobre él un bulto que debía ser el testigo, al lado suyo un policía trataba de evitar que el hombre se desangrara. En la pared unas cadenas con esposas a las que seguramente había estado amarrado el hombre.

- Dios mío, esto ha tenido que ser un infierno para este hombre – pensó Beckett – Sólo alguien tan enfermo como Tyson se le puede ocurrir semejante crueldad.

Miró a sus chicos que dejaron de hablar por teléfono y Espo le indicó con la mirada que el hombre estaba muy mal y no había esperanzas.

- Hemos pedido una ambulancia, pero creo que no llegará a tiempo.

- Dejarme un segundo - dijo Beckett en voz alta mientras se acercaba al camastro.

Aquel hombre era alto y, a juzgar por lo ancho de sus ropas, antes de que lo secuestraran corpulento. Llevaba la ropa tan sucia, que apenas se podía distinguir el color del pantalón y la sangre no dejaba ver el de su camisa. Tenía una herida en el abdomen por la que perdía sangre rápidamente, sí probablemente ese hombre no sobreviviera mucho tiempo. Además tenía heridas en sus muñecas de haber estado esposado a los grilletes que había en la pared. Se acercó a él, y aguantando las náuseas que aquel colchón, y la suciedad de aquel hombre le producían, se sentó en un hueco y le intentó llamar.

- Disculpe, ¿me escucha? – El hombre tenía la cara vuelta hacia la pared, cerraba los ojos con fuerza, sin duda el dolor que tenía era insoportable. Intentó tocarle un hombro para que se volviera. – Escúcheme por favor es muy importante, soy la inspectora Beckett de la policía de New York y necesito hacerle unas preguntas ¿me oye? – Beckett estaba ansiosa, pero empezaba a ser consciente de que aquel hombre no le podría responder, y aquello le aumentaba la agitación y el congoja.

Aquel hombre, al oír la voz de Beckett se volvió, todo lo rápido que su estado le permitía y abrió los ojos para mirarla murmurando en un susurro apenas audible – Kate, Kate.

Cuando Beckett vio aquellos ojos azules, le dio un vuelco al corazón, su respiración se aceleró casi a la misma velocidad que su pulso, fue tal su sorpresa que bruscamente levantó la cabeza pensando por un momento que se había vuelto loca, la mano que había apoyado en su hombro temblaba. Aquellos ojos sólo podían ser de él, jamás los olvidaría en su vida, sin duda debía estar alucinando. Pero al escuchar su voz, se dio cuenta que no estaba loca, que era él y que estaba delante suyo y lo mejor, estaba vivo, había estado vivo todo este tiempo.

- Castle! – gritó, como si decirlo en voz alta hiciera que fuera más real. Sus dos manos empezaron a temblar al mismo tiempo, aquel hombre era Castle, pensó que era un sueño y que no tardaría en despertar, pero la evocación de los acontecimientos de minutos atrás le recordó que no lo era. No pudo evitar sonreír pensando que aquello era un milagro.

Oír gritar el nombre de Castle a la inspectora, hizo que todo el mundo se callara y se volviera a observarlos. Espo y Gates se miraron al mismo tiempo pensando que Beckett estaba tan desesperada que ya alucinaba, o peor comenzaba a delirar incapaz de soportar todos los nefastos acontecimientos del día, manifestando exteriormente la depresión que llevaba meses tratando de disimular.

Gates hizo un gesto para que no se acercaran y la dejaran tranquila, probablemente serían unos minutos hasta que ella misma se diera cuenta que estaba delirando.

- Kate, te quiero, Kate – la voz de Castle era apenas un susurro, su vida se iba apagando poco a poco y sus fuerzas cada vez eran menores al mismo tiempo que el dolor comenzaba a desaparecer. Miraba intensamente a Beckett sintiendo que esta vez sí que era la última y no quería desaprovechar la oportunidad de expresarle en pocas palabras todo lo que esos meses había querido decirle. Beckett se dio cuenta que estaba vivo, pero por poco tiempo y la desesperación volvió de nuevo, sintiendo que lo vivido 4 meses atrás volvía repartirse como si otras de sus continuas pesadillas nocturnas se tratara.

- Castle, mírame, no te duermas, me oyes!, no te duermas – Beckett cogió la cara de Castle entre sus manos y la levantó ligeramente con el objetivo de llamar su atención. Su cara se llenó de lágrimas que recorrían sus mejillas rápidamente debido a la intensidad y acabando en las de Castle, que apenas podía mantener los ojos abiertos, pero que las sentía por su cara.

- No me dejes, por favor…, otra vez no…, te quiero ¿lo sabes verdad? – Le abrazó olvidando la repulsión que había sentido minutos antes, levantándolo con cuidado, acariciando su espalda con ternura. – No me hagas esto, por favor, no me dejes... Castle, escúchame, mírame, abre los ojos…, estoy aquí…, siempre ¿recuerdas? No te mueras…, no podré soportarlo, no lo ves, no podré soportarlo!- Sin calmar su llanto comenzó a besar delicadamente la cara de Castle, besos cortos pero llenos de amor, delicadeza, ternura, sintiendo en sus labios el sabor amargo de la suciedad de su piel con el salado del sudor y de sus propias lágrimas, primero la frente, luego los ojos, el derecho, el izquierdo, sus mejillas, la nariz, la barbilla, para terminar en la boca. Entre besos y beso seguía pidiéndole que no le dejara de nuevo. Castle había cerrado los ojos e intentaba hablar, decirle que no quería irse, agradeciendo esas caricias, sintiendo todo el amor que ella trataba de trasmitirle con esos gestos. Pero no le quedaban casi fuerzas, poco a poco fue perdiendo la consciencia y lo último que oyó de Beckett fue un te quiero, mientras seguía llorando.

Ryan no pudo soportar más ver sufrir así a su jefa y se acercó para separarla del hombre y tranquilizarla ignorando que aquel hombre era Castle en realidad. Cuando se acercó y le vio la cara, ahora más limpia por las lágrimas de Beckett exclamó

- Joder, es Castle, es Castle de verdad! - Espo al escucharlo, primero sorprendido no fue capaz de reaccionar, pero al instante exclamó

- Qué dices hermano!, ¿te has vuelto loco?

- Que no, Javi, que es él, te lo digo yo, no me preguntes cómo – Ryan se volvió nervioso de nuevo hacia Castle.

- ¿Dónde está la jodida ambulancia? – Espo comenzó a gritar mientras se acercaba al policía que intentaba evitar que Castle se desangrara y de un empujón se puso él a intentar taponar la herida con Ryan.

Beckett ajena a todo ello seguía hablándole a Castle sin importarle si le escuchaba o no, apenas se podía entender ya sus palabras entre sollozos, pero le repetía una y otra vez que le quería y que no la dejara.

El ruido de la camilla bajando las escaleras alertó a todo el mundo que se apartó dejando pasar a dos enfermeros que se acercaron. Trataron de apartar a Beckett que era incapaz de moverse, soltó su cara y se aferró a su mano como si fuera su salvavidas, mientras los hombres lo subían a la camilla.

- Por favor señora déjenos a nosotros – Pero Beckett no escuchaba incapaz de soltarse de él corrió en paralelo a ellos hasta las escaleras mientras seguía hablándole a Castle.

- No te rindas Castle, eres fuerte, lo puedes volver a hacer. No te mueras, por favor.

Siguió corriendo sin soltarse de él al salir de la casa y llegar a la ambulancia hasta que le subieron. Uno de los enfermeros intentó impedir que subiera a la ambulancia.

- Lo siento señora, pero no puede subir.

- Soy su esposa y soy policía, claro que puedo subir - La mirada furiosa de Beckett mientras hablaba al enfermero hizo que éste se apartara y le permitiera entrar en la ambulancia, donde sin volver a mirarlo cogió de nuevo la mano de Castle y le siguió hablando aunque supiera que no le escuchaba. El médico de la ambulancia comenzó a conectar tubos y aparatos y en dos minutos lo único que se oía en la ambulancia era la sirena, la voz de Beckett pidiéndole que fuera fuerte y el intermitente pitido de las máquinas con su ya más que débil ritmo cardíaco.

Se acercaban al hospital cuando el intermitente sonido, dejó de serlo para convertirse en una alarmante y angustiante señal plana en la pantalla. Beckett se quedó mirando la pantalla sintiendo que su corazón también se paraba y apretó la mano de Castle todo lo que pudo.

- No Castle tu puedes hacerlo, vamos vuelve latir, por favor. – pensó mientras se apartó para dejar al médico que reanimara a Castle, sintiendo que parte de su vida estaba ligada a aquel sonido irritante. Por un momento pensó lo jodidamente cabrón que era el destino, 5 años atrás ella había estado en esa misma situación y el que creía morirse junto a aquel pitido había sido Castle.

- Te vi morir en aquella ambulancia ¿lo sabías?... ¿Sabes lo que es ver morir a alguien al que qu.., que te importa? – le reclamaba Castle en aquella calle, lleno de rabia al recordar todo lo que había vivido en esa ambulancia, como había sentido que todo su mundo se derrumbaba por su culpa.

Ahora ya lo sabía, el jodido destino le había devuelto la jugada, sólo rezaba porque el final fuera como el suyo. Descubría lo verdaderamente cruel que fue ella tras aquellos sucesos, su mentira, sus tres meses sin llamarle. Fue verdaderamente consciente de lo que había sufrido aquel hombre por su culpa y sintió que el universo se lo estaba devolviendo en un único paquete concentrado. El sonido intermitente de su pulso, de nuevo recuperado, aunque muy débil, la sacó de sus pensamientos, de momento seguía vivo. Volvió a apretar su mano como si aquello le transmitiera parte de sus fuerzas, le había prometido que estaría con él siempre y lo pensaba cumplir.


Advertencia Castle no me pertenece.