Siento haber tardado tanto en subir el siguiente capítulo, pero no he tenido tiempo de escribir estos días con la tranquilidad que me gusta y para escribir mal, prefiero no hacerlo, me gusta hacerlo tranquila y con tiempo para repasar y releer lo que hago. Espero que os guste, aunque en este capítulo hay menos drama. Gracias por todos vuestros reviews.
No sabía cómo había llegado hasta ese lugar, ni dónde se encontraba, concentrada como había estado en sujetar la mano de Castle y seguir la camilla por los pasillos del hospital. Habían bajado de la ambulancia e inútilmente habían intentado apartarla para meterla por la puerta de urgencias, pero ella estaba aferrada a esa mano como si la vida le fuera en ello. Y en realidad era cierto, si él no sobrevivía, si él volvía a morir, ella moriría con él. Sabía que no sería capaz de volver a pasar por el mismo dolor una tercera vez, aquello era demasiado incluso para la dura inspectora de la 12.
Se quedó mirando las puertas que todavía oscilaban tras el paso de la camilla y que le habían permitido volver a ver, por unos instantes más, cómo una enfermera y un médico corrían junto a la camilla camino de un quirófano diciendo cosas que ella no era capaz de entender a excepción del fatídico –Se nos va, se nos va! – que ya había escuchado antes.
Sin darse cuenta volvía a llorar, de pie, enfrente de la puerta, sin moverse del sitio, sin hacer ningún movimiento, mirando hacia la nada. Cualquiera que la viera pensaría que estaba loca. Lloraba en silencio rogándole a Dios, al destino o a quien fuera que le diera una oportunidad, otra oportunidad, su tercera oportunidad. – ¿Tan cruel fui en otra vida para que me tratéis así en esta? – Pensó Kate, bajó la mirada y entonces se percató que sus manos estaban manchadas de sangre, de su sangre, se miró las palmas de la mano, después las giró y observó sus dedos, aquellos dedos que él tanto adoraba y volvió a recordar.
Era sábado y estaban en su loft, lo hacían cuando buscaban intimidad, habían comido con Alexis y Martha ese día en casa de Castle escuchando como Alexis les contaba sus peripecias en la universidad. Había hecho nuevos amigos en un club poesía de la universidad y empezaba a hablar demasiado de un chico llamado Mike, cosa que a su padre no le hacía especial gracia, por decir ninguna. Kate notó su incomodidad cada vez que lo mencionaba y no paraba de sonreír pensando si haría lo mismo alguna vez con sus hijos. – Seguro que sí – se dijo a sí misma, sabía lo territorial que era Castle con su hija y no esperaba menos en el futuro, porque, aunque nunca lo habían hablado, ambos esperaban que aquello no terminaría nunca y que tendrían un futuro juntos.
Pero ahora estaban solos, habían cenado una pasta cocinada por Castle y se estaban terminando el vino que les había sobrado de la cena, uno de esos vinos de Castle que costaban una cuarta parte de su sueldo de policía, los dos sentados enfrente el uno del otro en las banquetas de la cocina.
Kate bebía una copa mientras Rick miraba como lo hacía con ojos extasiados. De repente se levantó de la silla, se acercó y posó su mano en la copa y la deslizó despacio hasta llegar a su mano que la sujetaba y la acarició.
- Me encantan tus manos, Kate. – Kate, sorprendida le miraba a los ojos tratando de entender, pero la caricia suave de sus dedos sobre su mano, le produjo un escalofrío, los ojos de Rick la miraban con adoración, miraban su mano que apenas podía sujetar la copa, le temblaba – Me encanta los suaves que son, su tacto, su tersura – su voz cada vez más cálida, empezaba ser un susurro que le erizaba la piel a Kate con cada palabra. Odiaba cuando hacía eso, le hacía perder todo control sobre sí misma y eso era algo que Kate no estaba dispuesta a admitir. Castle seguía acariciando la mano, moviendo sus dedos conforme mencionaba cada parte la misma. – Me encanta acariciar el dorso, sentir su tacto. – y lo acariciaba en círculos – me encanta tus dedos, largos delgados, dedos de pianista, naciste para el arte no para las pistolas- Acompañó la mano de Kate para que dejara la copa en la encimera y se la acercó a sus labios. - Pero sobretodo me encanta su sabor. - decía mientras besaba suavemente cada uno de sus dedos, con cadencia y adoración, uno a uno, mientras la miraba fijamente a los ojos.
- Rick… – sólo pudo pronunciar su nombre, la intensidad del momento la dejó sin palabras, emocionada y excitada ante aquella manifestación de puro amor y adoración de aquel hombre que, ahora que no corría el riesgo de que la inspectora le disparase o le rompiese las piernas, aprovechaba cualquier momento para mostrarle la profundidad de ese sentimiento. Aunque Kate ya sabía que existía desde hacía mucho tiempo, y si no se lo había confesado antes era culpa de ella.
- Shhhhh… - Rick seguía besando sus dedos, despacio – No hables, sólo escucha, sólo siente, ¿lo sientes? ¿Sientes como mis labios los acarician, Kate?
- Sí…, si lo siento. – Kate miraba más sus labios que sus manos, sentía la necesidad de besarlos, de demostrarle que ella también lo amaba. Ella no era la de las palabras, sólo podía decírselo con hechos, o por lo menos todavía a esa altura de la relación. Pero Castle era capaz con su voz y sus palabras de anular su raciocinio, su voluntad y se dejó hacer sin decir nada, como hacía siempre cuando le hablaba así, perdida en él, en sus ojos, en su voz y en sus caricias.
- También adoro cuando me acaricias – y tomo la mano de Kate y la acercó a su cara y le obligó a acariciar la mejilla de Rick con su barba incipiente. – Adoro cuando tus dedos se deslizan por mi piel – empujó su cara sobre la mano de Kate en un gesto de necesidad. – Cuando me tocan, siento como mi piel responde, siento con tus caricias que me amas cuando hacemos el amor, cuando me rozas en la comisaría, cuando me coges la mano en la playa. Moriría si dejaras de hacerlo, Kate. Las necesito, son el alimento de cada día. – Se hizo un silencio entre los dos, Castle esperaba que ella le contestara y Kate buscaba las palabras que decirle.
- Yo también las necesito Rick. Yo también te necesito. Eres… eres mi bastón, mi sustento, eres mi alimento. – Kate ya no podía más y se acercó a él, tomó con su otra mano la mejilla contraría de Castle y le besó. Primero fue un beso suave, un tanteo, una caricia en sus labios, sin necesidad de abrirlos, los acarició con los suyos, con la punta de su lengua y le mordió delicadamente el superior.
- No me hagas esto Kate – jadeó él sintiendo la necesidad de devorarla corroyéndole todo el cuerpo, el calor aumentaba para los dos, sus cuerpos quemaban por debajo de la ropa. Había jugado con fuego, con sus caricias quería llevar al límite a Kate y acaba de descubrir que había perdido, había despertado un incendio en su interior y ahora era él el que estaba al límite.
Kate sonrió sabedora de su victoria y se apiadó de él. Profundizó el beso, dejando que el sabor del vino se mezclara en sus bocas, acarició su lengua primero suavemente con delicadeza, jugando con su paladar, con sus dientes, hasta que él le respondió de igual manera mordiendo su labio, y la pasión se despertó, ambos jadearon al respirar, se miraron y volvieron a empezar. Comenzó una guerra de poder, de fuerza, pero fuerza por demostrar quién amaba más a quién, quién deseaba más al otro. Kate se incorporó y pegó su cuerpo al de él, arqueando su abdomen para amoldarse a su cuerpo y disminuir el espacio entre ellos al mínimo, ambas pelvis rozándose aumentando el deseo y la necesidad de ambos.
- Acaríciame, por favor – le suplicó Castle y Kate sonrió sintiéndose poderosa en el juego, movió sus manos de la cara hacia la nuca e introdujo sus dedos en su pelo y comenzó a acariciarlo mientras lo acercaba más a ella. Haciendo caso a sus ruegos bajo una de las manos y por debajo de su camisa acarició y luego arañó su pecho mientras seguía besándole. Sintió su excitación a la altura de su abdomen y la mano de él comenzando a desabrocharle la camisa por los botones de arriba, rozando cuidadosamente su piel a cada botón que abría y Kate soltó una carcajada, sabía desde el principio que ese juego terminaría así y que no llegarían siquiera al sofá.
Una mano en su hombro la sacó de sus pensamientos, cuando se volvió estaban con ella Espo, Ryan y Lanie, y un poco más apartada, como si se sintiera intrusa en aquella familia, también estaba Gates. La mano era de Lanie, que la miraba compasiva y tierna.
- Cariño…, estamos aquí, ya verás como todo sale bien. Castle es fuerte – Y la abrazó, Kate se aferró a ella y siguió llorando unos minutos más, mientras Lanie le acariciaba la espalda. Los chicos se sentían incómodos, realmente no estaban acostumbrados a que su jefa manifestara tan abiertamente sus sentimientos.
- Estaba vivo Lanie – Kate se había separado de ella y la miraba con los ojos hinchados. – estaba vivo y yo lo dejé de buscar. Tenía que haberlo sabido, tenía que haber seguido buscando. – Kate estaba enfadada, pero consigo misma, sentía que lo había dejado a su suerte, que todo el sufrimiento de esos meses se podía haber evitado, y de nuevo la culpa había sido suya- ¿Cómo pude no darme cuenta de que estaba vivo? ¿Qué clase de mujer soy que no soy capaz de darme cuenta…, de sentir algo así? – La rabia le superaba, tenía los puños apretados y los empujaba contra los hombros de Lanie.
- Ey, escucha – se incorporó un poco para quedar a la altura de sus ojos, en momentos como ese, la diferencia de altura era una molestia. – Tú no podías saberlo, nadie podía saberlo, es imposible Kate, habiendo perdido tanta sangre era casi imposible que hubiera sobrevivido, de hecho, yo no entiendo cómo sigue vivo, aunque me alegre. ¿Lo sabes, verdad?
- Pero… ¿sabes el infierno que ha debido de pasar?, ¿el infierno que yo he pasado?
- Lo sé cariño, pero seguro que saldrá bien. – acarició su cara para quitarle las lágrimas muertas de su cara, suspiró y la dejó unos segundos que se tranquilizara. -¿Te han dicho algo?
Ella negó con la cabeza – Sólo que no podía entrar – y una lágrima volvió a surgir y a recorrer sus mejillas.
Lanie, se la quitó y se incorporó - Voy a preguntar en recepción, conozco a algún médico de este hospital que puede conseguírmela. – se volvió hacia el resto del grupo - llevarla a la sala de espera y que descanse un poco. – ordenó Lanie sin darse cuenta que estaba dando órdenes a la mismísima capitana Gates.
Los chicos miraron a Kate sin atreverse a tocarla, ella nunca fue amante del contacto físico y ellos como todos los hombres tampoco. Visto que no se movían fue Gates quien se acercó a Beckett, le tomó del hombro y la condujo a la sala de espera.
Cuando llegaron estaba sorprendentemente vacía, lo cual les dio una intimidad que no esperaban. En realidad estaban todos afectados por los acontecimientos, a fin de cuentas Castle era su compañero, pero se había convertido en un amigo. Ryan y Espósito tenían las imágenes todavía recientes del almacén donde encontraron a Kate inconsciente con una herida de bala, todo lleno de la sangre, y sin rastro de Tyson ni de Castle. Espo siempre había pensado que si hubiesen llegado antes, quizás Castle estaría vivo y 4 meses después volvía a tener esa sensación. Habían sido 4 meses viendo como Beckett se hundía en un pozo donde parecía no tener fondo y ahora que Castle estaba vivo, pero de nuevo en las puertas de la muerte, creía que ella no lo podría soportar, y aquello les dolía a Ryan y Espósito por igual.
Kate se sentó en una silla, tenía la mirada perdida y ninguno de los tres se atrevió a decir nada, se sentaron a su lado como si de sus guardaespaldas se tratara sin decir nada, hasta que Gates interrumpió el silencio.
- ¿Alguien ha avisado a la madre y la hija de Castle?
- Yo no – dijo desconcertado Ryan
- Yo tampoco, ¿Kate? – preguntó Espósito, pero Kate ni siquiera les había oído. Se acercó y le tocó el hombro. Ella despertó de su letargo y lo miró sorprendida, como si no supera que hacía él allí.
- ¿Si?
- Kate, ¿has avisado a Martha y Alexis?
- Alexis, Martha? – Kate parecía en otro mundo, de hecho estaba en otro mundo, donde Castle y ella estaban juntos y toda esa pesadilla no era realidad.
- ¿No crees que deberían saber que Castle está vivo?
En ese momento ella despertó y volvió a la más cruel realidad.
- Tal vez… tal vez ya no lo esté… – un nudo en su garganta y una mirada de Espo nada amistosa no le dejó terminar la frase.
- Beckett, tú no eres así, - mintió él - no te rindas, seguro que sale adelante, si fue capaz de sobrevivir hace cuatro meses, ¿por qué no va ser capaz de hacerlo ahora?
Kate no era capaz de responder a eso, claro que Castle era fuerte, pero ella lo había visto morir unos minutos en la ambulancia y sabía las posibilidades que tenía. Instintivamente se llevó la mano a la herida de bala del pecho – tú también moriste durante unos minutos y estás aquí – se dijo a sí misma, mientras se miraba las manos todavía manchadas de sangre.
- Voy, voy a llamar a Martha y a limpiarme las manos, si dicen algo por favor avisadme- suplicó ella. Necesitaba salir de aquella sala, los tres lo hacían con buena intención, pero no podía soportar sus miradas de compasión, con que se compadeciera ella misma de su suerte era suficiente.
Se marchó al baño más cercano del hospital, mirándose al espejo comprobó que su aspecto había desmejorado de nuevo.
- Vaya – pensó en voz alta – con este aspecto en cualquier momento me meterán en una habitación como un paciente más. – se sentía débil, probablemente porque no había probado bocado desde la mañana anterior, las tostadas del desayuno de por la mañana se habían quedado sobre la encimera olvidadas tras recibir la llamada de Espósito. Su cara pálida y demacrada denotaba la falta de alimentación y descanso, y sus ojos hinchados y rojos todas las lágrimas de las angustiosas horas pasadas.
Trató de lavarse las manos, tenía la sangre seca entre las uñas y por más que lo intentara no podía eliminar de sus manos la sangre de Castle. Para ella era una forma del universo de recordarle que todo lo que había pasado era culpa suya, o por lo menos así lo pensaba ella.
- Tenías que haberlo sabido, Kate, tenías que haber seguido buscando – se decía en voz alta mientras se volvía a mirar al espejo mientras movía la cabeza a los lados con una mueca de reproche. – Qué clase de mujer eres, cómo pudiste abandonarlo a su suerte! – Golpeó el lavabo con rabia, para Kate aquello era un mantra que su cabeza no paraba de repetirle - ¿cómo vas a mirarle a la cara y decirle que lo diste por muerto? – De repente su cerebro le recordó que lo más probable es que Castle no sobreviviera y que no tendría la oportunidad de volver a mirarle a los ojos, sus ojos azules, aquellos que tanto amaba y adoraba y que habían conseguido devolverle la esperanza cuando los había visto de nuevo en aquel sótano. – No Kate, no vas a poder hacerlo. – y otra vez las lágrimas aparecieron por su rostro. Decidió mojarse la cara con agua muy fría para refrescarse y frenar de nuevo su ataque llanto. Sacó el teléfono del bolsillo de la cazadora de cuero negro y miró el teléfono, suspiró, tenía que hacer aquella llamada, como tantas veces hacía en su trabajo, pero esta vez era a Martha a quien tenía que llamar y eso iba a ser muy difícil.
Salió del baño y buscó algún sitio con más intimidad, y lo encontró en un pequeño pasillo que terminaba en una puerta que parecía dar paso a un almacén. No parecía ser un pasillo muy transitado, así que apoyándose en la pared marcó el número.
- ¿Katherine? – Se oía a Martha por el otro lado - creíamos que ya no llamabas, no sabíamos si planificar o no la comida de mañana, ya nos íbamos a dormir.
- Escucha Martha, tenemos que hablar. – el nudo en la garganta de Kate era cada vez mayor y le empezaba a costar el poder hablar. No sabía cómo afrontar aquello.
- Kate, ¿estás bien?, te noto, te noto rara – Martha ya notaba que la voz de ella era gangosa, baja, casi como un susurro.
- Lo he encontrado Martha, lo he encontrado.
- ¿Encontrado? ¿A quién?
- A Richard, he encontrado a Richard- se hizo un silencio al otro lado de la línea, sin duda alguna Martha pensaba que había encontrado el cuerpo de su hijo. Por mucho que la gran Martha Rogers fuera una gran actriz, no podía disimular el impacto de esa noticia, ella como madre, era la única que mantenía la esperanza de que su hijo estuviese con vida.
- ¿Habéis encontrado su cuerpo?– su voz era ahora también baja y entrecortada. Al decir aquello, un ruido, como de una copa que se rompía se oyó por el teléfono y la voz de Alexis a lo lejos. -¿papá?
- No Martha, no hemos encontrado su cuerpo, lo hemos encontrado a él.
- ¿Qué quieres decir con eso, Kate?
- Castle estaba, estaba vivo
- ¿Vivo? – preguntó Martha notándole la sorpresa, un grito de Alexis se oyó más cerca, como si estuviera acercándose al teléfono de su abuela.
- Sí, pero…, estaba muy mal Martha, estaba herido grave – Kate no pudo aguantar más las lágrimas y comenzó a llorar.
- ¿Qué quieres decir con muy grave? – La voz de Martha temblaba
- No lo sé Martha, no sé nada, no me dejaron entrar, no me han dicho nada, estaba… estaba inconsciente, sangraba mucho – apenas se le entendía cunado hablaba, las imágenes del sótano y de la ambulancia le llenaban todos sus pensamientos.
- Dios mío, ¿dónde estáis?, ¿dónde estás? ¿Estás sola? Kate, contéstame.- Pero Kate ya no le oía, poco a poco se había dejado caer deslizándose por la pared del pasillo, y abrazada a sus rodillas dobladas descargó toda la tensión llorando, temblando como si de una niña pequeña fuera.
No recordaba cuanto tiempo llevaba así, cuando notó la mano de alguien sobre su hombro.
- Kate, no te encontrábamos.- Lanie se agachó y se sentó junto a ella. Kate levantó la cabeza y la miró despertando de su letargo.
- ¿Te han dicho algo? – inquirió nerviosa.
- No mucho, que está en el quirófano, y ya sabes lo que eso significa.
- No qué – Kate no estaba para adivinanzas.
- Que sigue vivo y está luchando. Así que no deberías estar así.
- ¿cuánto llevo desaparecida? – preguntó Kate con una leve sonrisa.
- Más de media hora, Alexis y Martha están aquí.
- ¿Ya? ¿Cómo puede ser?
- No lo sé, pero es la primera vez que veo a la madre de Castle sin maquillaje. – Kate sonrió ante ese comentario, ni ella en el tiempo que llevaba viviendo con Castle había conseguido ver aquello. – Venga levanta, vamos a la sala de espera.
Lanie se levantó y ofreció la mano a Kate, que tomándola la impulsó para levantarse. Pero se mareó, todo se volvió unos instantes negro y tuvo que sujetarse a la pared.
- ¿Estás bien? – pregunto Lanie preocupada que ya estaba sujetándola, al tocarla notó como las costillas y la cintura se le clavaban en sus manos.
- Sí, sí, sólo me he levantado demasiado deprisa, tranquila no te preocupes.
- ¿Desde cuándo no comes Kate?
- No empieces Lanie, estoy bien, créeme, lo último en lo que estoy pensando es en tener hambre.
- No te he preguntado si tienes hambre, te he preguntado desde cuándo no has comido – Lanie estaba algo enojada, pero ver la cara de desesperación y dolor de su amiga no le ayudaba. Sabía que llevaría sin comer mucho tiempo y que el mareo no era por levantarse rápido, pero no tenía ganas de discutir. – Vamos nos están esperando, no creo que tarden mucho en decirnos algo.
La cogió de la cintura y la ayudó a levantarse y lentamente caminaron hacia la sala de espera.
Cuando entraron, Martha y Alexis corrieron a abrazarla.
- Kate – gritaron ambas al mismo tiempo mientras la tomaban de los hombros. Alexis lloraba y se aferró a la que, con el respeto y cariño que a su propia madre tenía, a la mujer que quería como si fuera su madre.
- ¿Cómo estás, querida? – preguntó la madre de Castle manteniendo la compostura con la dignidad que su profesión le había enseñado.
- Bien Martha, estoy bien, algo cansada.
- Me dejaste preocupada antes.
- Lo de antes fue… un momento de debilidad, necesitaba…- Kate se sentía incómoda, reconocer que se había derrumbado delante de alguien no formaba parte de su forma de ser.
- Necesitabas desahogarte, lo entiendo querida – y bajando la voz susurró- quedará entre nosotras.
- ¿Sabes algo de mi padre? – preguntó llorosa Alexis.
- No Alexis, pero tu padre es fuerte, saldrá de esta ya lo verás – Kate se sorprendió así misma repitiendo a Alexis las palabras de consuelo que antes Lanie le decía, sin que a ella le consolaran, estaba enternecida con esa muchacha, le recordaba tanto a ella misma cuando mataron a su madre que intentó animarla aun sabiendo que ni ella misma se creía lo que decía. Mientras hablaba con Alexis le acariciaba la espalda para tranquilizarla, miró a Lanie que esbozó una sonrisa, ella también se había dado cuenta de sus palabras y del papel de madre que Beckett estaba haciendo en esos momentos.
- Será mejor que nos sentemos – dijo Martha – no sabemos cuánto tiempo tarden en salir, y una ya tiene una edad… - Alexis y Kate se miraron y sonrieron, la gran Martha Rogers reconociendo que estaba mayor.
Estuvieron casi dos horas más esperando, Gates se marchó dejando la orden de que le llamasen si sabían alguna novedad independientemente de la hora, quería estar al corriente del estado de sus hombres en todo momento, había dicho textualmente, algo que sorprendió a todo el equipo, era la primera vez que Gates reconocía abiertamente que Castle era uno más de su equipo.
Pasadas la 1 de la madrugada un médico con bata salió a buscarlos a la sal de espera.
- ¿Señora Castle? – preguntó en el grupo. Todos se levantaron rápidamente, pero nadie a la velocidad que Beckett.
- Soy yo. –contestó- ¿Cómo está? – el corazón le latía a mil por hora, en aquel hombre estaba su futuro más inmediato, de lo que el médico le dijera dependería el resto de su vida.
- Verá, le hemos operado y se le ha extraído la bala. De momento está estable pero hay que ver cómo evoluciona, tuvo otra parada durante la operación pero conseguimos reanimarle. Ha tenido mucha suerte, ninguna de las dos heridas ha dañado mortalmente ningún órgano.
- Gracias Dios!– Kate cerró los ojos unos instantes, la sensación de alivio le inundó todo el cuerpo, empezó a llorar en silencio, todavía tenía una oportunidad. Oyó en su espalda suspiros de alivio, pero cuando abrió los ojos apenas podía ver más allá del doctor, no parecía tan aliviado como ellos.
- Señora Castle, todavía es pronto para hablar, su marido ha tenido mucha suerte, pero ha perdido mucha sangre, tiene una infección muy grave y está muy débil, apenas tiene fuerzas para luchar. Habrá que esperar unos días para ver cómo evoluciona.
- ¿Puedo verlo? – Kate apenas escuchaba al doctor, sólo tenía la necesidad de volver a verlo, tocarlo, sentirlo.
- ¿Cree que sobrevivirá? – preguntó Martha preocupada.
- Bueno, está claro que ese hombre tiene unas ganas enormes de vivir, es casi imposible que sobreviviera al primer disparo, aunque alguien le operó y le extrajo la bala fue bastante chapucero y le provocó una infección que se le había extendido a la sangre. Lo mantendremos sedado unos días para que se recupere antes de intentar despertarlo, preferimos esperar a que esté estable. Probablemente habrá que volver a operarlo para cerrarle bien la herida y curar correctamente la vieja, pero vamos a esperar a que recupere algo de fuerza.
- ¿Puedo verlo? – Volvió a repetir Kate
- De momento lo tendremos en observación hasta mañana por la mañana y si no hay complicaciones lo llevaremos a una habitación vigilada, entonces podrán verlo, de momento es mejor que no. Váyanse a casa y vengan mañana. Descansen, les esperan días duros, la rehabilitación no será fácil, ni la física ni la psíquica a juzgar por las heridas en manos y piernas debió de estar atado mucho tiempo.
- Gracias, doctor – Dijo Lanie, que sujetaba a Kate que comenzaba a llorar de nuevo al oír al doctor hablar de su cautiverio.
Alexis estaba abrazada a su abuela – Está vivo, abuela, papá está vivo.
- Si querida, parece que esta pesadilla va a acabar de una vez.
- Será mejor que nos marchemos – dijo Lanie tratando de empujar a Kate hacia la silla donde estaban sus cosas. Pero ella se negó a moverse.
- No, yo de aquí no me muevo hasta que lo vea.
- Ya has oído al doctor, no podemos hacer nada aquí – Lanie había levantado la cabeza para mirarle a los ojos. – Tienes que descansar un poco, comer algo. Mañana lo verás y podrás estar con él. – trató de tranquilizarla y convencerla, no muy segura de su éxito.
- ¿Y si le pasa algo esta noche? ¿Y si…?- Kate hablaba deprisa, negando con la cabeza.
- Lanie tiene razón querida, es mejor que vengas con nosotras a casa, descansemos y mañana volvamos, es muy tarde y no podemos hacer nada aquí.
- No! – Gritó ella – no pienso moverme de aquí, iros vosotras, por favor, necesito estar sola.
- No te vas a quedar sola Kate y tú lo sabes – Espo intervenía para calmarla. – Si quieres quedarte, bien, pero nos turnaremos nosotros para asegurarnos que todo está correcto, ¿verdad Ryan? – se volvió para mirar a su compañero que hasta ahora todavía no reaccionaba ante las noticias.
- Por supuesto, voy, voy… a llamar a Jenny, seguro que no le importa que me quede.
Kate miró a los tres, sus compañeros, amigos, su equipo. Lanie, Espo y Ryan le miraban mostrando su determinación.
- Si tú te quedas, nosotros también- dijo Espo para despejar cualquier duda.
- Está bien chicos lo que vosotros queráis, pero no hace falta, sé cuidarme solita. – Sonrió agradecida y se volvió a las pelirrojas. – Descansar, mañana tendremos que hacer turnos, si no os importa, traedme algo de ropa que todavía tengo en vuestra casa.
- Claro querida, descansa – Martha le dio un beso en la mejilla.
- Cuídate Kate, come algo, mañana volvemos. Si pasa algo llámanos ¿vale? – le abrazó Alexis.
- Tranquila, creo que Lanie no me va a perdonar la cena si se queda conmigo. – Y las dos mujeres se marcharon con Espo que se ofreció a llevarlas al loft, mientras Kate se había apoyado en la pared y movía la cabeza pensando en lo larga que se le iba a hacer la noche.
Efectivamente se turnaron para quedarse con ella, primero Lanie que le obligó a comerse un sándwich, una chocolatina y un refresco de una máquina de la plata baja, sentadas en la entrada del hospital, vacía a esas horas. Cuando apareció Espo a relevar a Lanie, Kate se había quedado completamente dormida, tapada por la chaqueta, en una posición que le daría dolores de espalda y cuello al día siguiente, pero ninguno de los dos se atrevió a despertarla. Más tarde, ya amaneciendo, apareció Ryan con una par de cafés para sus compañeros y unos bollos de los que le gustaban a Kate, y también, a petición de Lanie, había traído una pequeña manta de sus niños para tapar a Kate, pero esta vez el que estaba dormido era Espo y Kate, despierta miraba al infinito, le dio las gracias casi emocionada de la fidelidad de sus compañeros
- No lo hacemos por ti, es por Castle, si no, no podremos conducir un Ferrari de nuevo – le contestó Ryan para quitarle hierro al momento – ya sabes, con nuestro sueldo…
Tras el improvisado desayuno y con la manta sobre sus piernas no tardó en volver a dormirse, hasta que el ajetreo de un nuevo día en el hospital la despertó con un esperado dolor de cuello. Así que salió a dar un paseo por el hospital para desentumecer los músculos y hacer tiempo.
Sobre las 7:30 otro médico salió preguntando por ella.
- Señora Castle, me han dicho las enfermeras que estaba aquí.
- ¿Está bien Castle? – preguntó asustada, les habían dicho a lo largo de la mañana y era demasiado pronto.
- Sí, sí, tranquilícese, su marido ha mejorado mucho durante la noche, el ritmo cardíaco se ha estabilizado y responde muy bien a la medicación, así que le están bajando a una planta.
- ¿Cuándo podré entrar? – dijo aliviada y ansiosa.
- Espere unos minutos y le vendrá a buscar una enfermera.
- Gracias, doctor.
- No me las de, es mi trabajo. Por cierto, luego debería pasarse por admisiones, creo que tendrá que firmar unos papeles para el seguro de su marido. Ahora no, claro, hasta las 8 no habrá nadie.
- Por supuesto, luego lo haré.
El doctor se marchó y Kate se volvió a Mirar a Ryan, que le contestó a la mirada con una sonrisa.
- Por fin podrás verlo
- Por fin – dijo Kate se había acercado a la silla y comenzó a recoger la manta que le devolvió a Ryan – dile a Jenny que gracias.
- Puedes quedártela si quieres mientras estéis aquí.
- No te preocupes, seguro que en la habitación hay alguna, además, es de tu hijo, seguro que a Castle le encantaría despertarse con una manta de globos, pero para mi reputación de policía no sé yo…
- Tienes razón, no es la manta de un poli.
- No es la manta de un adulto – y se rieron los dos, era la primera vez que lo hacía así en días y se lo agradeció con la mirada a Ryan, que mantenía su espacio personal pero que le apoyaba a su manera.
Una enfermera se acercó preguntando por ella, bueno por la señora Castle, nunca le había gustado que le llamaran así, pero en esos momentos le sonaba a música celestial, seguía siendo la señora Castle porque Castle estaba vivo.
- Ve tú, yo me quedo aquí avisando a los demás, necesitas un poco de intimidad.
Kate, nerviosa y un poco asustada al no saber qué se iba a encontrar, siguió a la enfermera. Notó como sus manos sudaban y el corazón latía apresuradamente. Cambiaron de planta y se acercaron a la zona más lujosa del hospital donde las habitaciones eran individuales y en ese momento agradeció que Castle fuera rico. La enfermera le indicó una puerta y le dejó allí.
Kate abrió despacio, en silencio como si temiera despertarlo, y entró. Lo vio tumbado en la cama, con miles de tubos y aparatos conectados por todos los lados y se acercó. Su corazón se había parado al verlo en ese estado tan indefenso, tan delgado, tan blanquecina su tez, pero el pitido de la máquina, mucho más estable y continuo que en la ambulancia la tarde de ayer la tranquilizó, le recordó que estaba vivo y que las cosas iban mejorando poco a poco. No quería hacerse ilusiones, pero una pequeña parte de ella, la que no era poli, le decía que había que tener esperanzas.
Se acercó a su cara y le acarició la mejilla con su mano, sintiendo el calor de su piel y lloró, pero no lloraba como días atrás desesperada sino agradecida, estaba vivo, tenía otra oportunidad y esta vez no lo iba a dejar escapar, no se iba a separar de él.
Acercó sus labios a su frente y lo besó, le beso la nariz, las mejillas, los párpados cerrados y cuando terminó de hacerlo lo volvió a repetir, dejando que sus lágrimas cayeran sobre la cara de él, llena de ternura y de amor por aquel hombre.
- Perdóname Rick, lo siento mucho, perdóname, ha sido toda la culpa mía, perdóname. Te quiero ¿lo sabes verdad?, te necesito, tienes que aguantar, tienes que salir de esta. – le decía mientras acariciaba sus mejillas, despacio, con cuidado, con la delicadeza de alguien que no quiere despertar al otro, aunque supiera que no lo iba a hacer. Pero tenía que cuidarle, iba a cuidar él hasta que se recuperara, hasta que recuperaran su vida y todo el tiempo perdido, cogería vacaciones o lo que fuera necesario.
Tomó la silla cercana y la colocó al lado de la cama, levantó su mano y la besó, la acarició, y la acercó a su cara, comenzó a acariciarse así misma con ella, sintiendo los dedos de Castle rozarla empujando con su mejilla como su de un gatito buscando mimos se tratara. Cerró los ojos con la sensación de gratitud, de esperanza, de necesidad y apoyada su mejilla sobre la mano de Castle y la suya, y a su vez apoyada en la camilla, lentamente se quedó dormida agarrando fuertemente la mano, como si tuviera miedo que al despertar todo fuera un sueño y él desapareciera. Así la encontraron una hora más tarde Martha y Alexis cuando regresaron.
Aviso, Castle y sus personajes no me pertencen
