Siento el retraso en publicar este capítulo, pero no me sentía muy inspirada. Ya quedan pocos capítulos, probablemente 2 y el epílogo. Muchas gracias a todos por leerme y por los reviews y los comentarios. Las críticas tambi´n son bienvinidas, todos estamos para aprender. Espero que lo disfruteís.
Pasaron cinco días desde que habían encontrado a Castle con vida y Kate no se había movido ni un solo momento del hospital. Tal y como la encontraron la primera vez Alexis y Martha, todas las noches las pasaba sentada al borde de la cama de Castle cogiéndole la mano y hablándole de todo lo que le ocurría, todo lo que pensaba y todo lo que sentía. El hecho de que él estuviera inconsciente y no pudiera oírla permitía que Kate se atreviera, al borde de esa cama, a confesarle todos sus sentimientos, todo lo que había vivido y pensado durante esos cuatro meses, todos sus miedos..
Durante el día, Alexis y Martha hacían turnos para hacerle compañía en la habitación y por más que intentaron que fuera a dormir a su casa, Kate se negaba a dejar el hospital, una sensación de terror le inundaba cuando lo perdía de vista, aunque fuera sólo a comer algo a la cafetería o a tomar un café. Así que su vida transcurría entre la habitación y los pasillos, siendo las escaleras de la puerta principal del hospital el mundo exterior más lejano que visitaba.
Su rutina diaria comenzaba con el café que le traía Alexis por las mañanas, muy temprano, antes de irse a la universidad. La muchacha madrugaba para poder ver a su padre por la mañana, charlaban juntas mientras se tomaban el café y establecían una guerra cariñosa por quién estaba al lado de la cama de Castle, si la esposa o la hija. En contra de su antiguo carácter, Kate se dejaba perder y disfrutaba viendo como aquella muchacha miraba con adoración a su padre, dando gracias por lo afortunada que era, lo que ella hubiera dado por esa misma oportunidad con su madre, pensaba muchas veces.
Cuando Alexis se marchaba, Martha, a la que nunca le gustó madrugar, todavía no había llegado, pero su sola presencia revolucionaba la habitación y la soledad de Kate nada más aparecer por la puerta. Le obligaba a salir a pasear por el hospital y a respirar algo de aire del exterior subiendo a la azotea del hospital, donde tenían largas charlas mientras las enfermeras atendían a Castle y el médico hacía la revisión diaria.
Solían comer las dos mujeres juntas, y cuando podía Alexis se les unía saltándose todas aquellas clases que no fueran obligatorias. Por la tarde, era Alexis la que se quedaba con su padre y Kate. Algunas veces les hacía compañía Jim, el padre de Kate, que agradecía esa segunda oportunidad que la vida le estaba dando a su hija.
Lanie y los chicos solían venir a última hora, le contaban las novedades en la comisaría y del caso de Tyson. Al parecer la autopsia había revelado que la doctora no se había suicidado y los técnicos habían encontrado la casa muy recogida. Sin duda, Tyson pretendía marcharse de allí, quizás alertado por la visita de la anciana que les había dado la pista.
Los chicos trataban de animarla y entretenerla, pero el cansancio y la incertidumbre estaban haciendo mella en una ya de por sí débil Beckett, que apenas comía ni dormía. Aquella quinta tarde Kate estaba especialmente nerviosa y el cansancio acumulado no le ayudaba a calmarse. Castle llevaba ya cinco días sedado y los médicos no parecían querer despertarle. Aquello le daba a pensar que no evolucionaba favorablemente o incluso que la parada le hubiera ocasionado secuelas y los médicos no querían despertarlo.
Al contrario de lo que ella esperaba, a última hora, antes de que los chicos y Alexis se hubieran ido el doctor les informó que el paciente estaba evolucionando muy favorablemente y que le habían quitado la sedación. Probablemente al día siguiente despertaría. La alegría de todos fue grande y se marcharon a casa contentos, pensando que al día siguiente el escritor estaría despierto.
Pero Kate estaba acongojada, tenía miedo de afrontar a Castle, sabía que le quería y que sería capaz de perdonarle todo, como había hecho siempre, pero su sentimiento de culpa por todo lo que había pasado, por llevarle a ese almacén sin refuerzos, por haberle dado por muerto, por haber dejado de buscarle, la estaba atormentando. Quizás Castle pudiera perdonarle, pero no sabía si ella podría hacerlo, si podría algún día perdonarse todo lo sucedido y, sobretodo, tenía miedo de cómo aquello podría afectar a su relación.
- No me importan las secuelas Castle – le hablaba por la noche Kate, en susurros, la luz estaba apagada y sólo la luna a través de la ventana iluminaba la habitación. – Pero no sé si me podrás perdonar, si me podré perdonar todo lo que ha pasado. ¿Qué va ser de nosotros ahora? – Kate acariciaba su cara tiernamente. - Estoy feliz de tenerte de nuevo aquí conmigo Rick, te he echado tanto de menos, estaba muerta en vida ¿sabes? No me había sentido así desde la muerte de mi madre. No podía imaginarme la vida sin ti. Cada día se me hacía duro levantarme y no tenerte a mi lado, no tener el café por las mañanas preparado en la cocina, no escuchar tus locas teorías en la comisaría, ni tus comentarios sarcásticos en las escenas del crimen, ni tu calor por las noches. Dios Castle, como echo de menos tus caricias, tus besos y hacer el amor contigo.
Una lágrima caía por la cara de Kate al recordar todos sus momentos con él y compararlos con su vida los últimos cuatro meses. – Pero tengo miedo Rick, ¿seremos capaces de superar esto? ¿Podremos seguir adelante como si nada? Esto nos ha cambiado, seguro a los dos, me da miedo ser tan dependiente de ti, tengo pavor de separarme de ti ¿me volveré una loca sobreprotectora, algo así como eras tú conmigo? – una sonrisa se dibujó en su cara, recordando la de veces que le pedía que no fuera la primera en entrar en las redadas, que dejara a los chicos o al resto de policías entrar antes que ella diciéndole que no tenía nada que demostrar.
- ¿Tenías que entrar tú sola? – Castle cerró la puerta del loft con un fuerte golpe que resonó en todo el salón, estaba enfado, muy enfadado, pero sobretodo todavía estaba asustado por unos momentos pensó que la perdería.
Delante de él, Kate andaba con la cabeza agachada, estaba enfada con Castle por gritarle, pero en el fondo sabía que tenía razón, se había arriesgado innecesariamente y casi le cuesta la vida. Tenía un fuerte moratón en la espalda y marcas de golpes en la cara, aunque lo que más le dolía era el recuerdo de la pistola en la cabeza y la cara de Castle cuando salió con las manos en alto y el sospechoso apuntándole con el arma en la cabeza. Recordaba esa cara, era la misma que años atrás vio mientras agonizaba en el cementerio, pánico, puro y simple pánico.
-Por Dios, Kate, ¿qué intentas demostrar, que eres la mejor, que no lo tienes miedo a nada? Joder, Kate, casi te matan.
-Basta Castle, es mi trabajo, va con la placa no lo entiendes! – le gritó, su orgullo le impedía reconocer que tenía razón. Se volvió hacia él furiosa.
-No!, tu trabajo es atrapar asesinos, no hacer de héroe solitario. – dijo remarcando la palabra "solitario"
-Vaya habló el hombre prudente.
-Perdón – le contestó Castle con indignación.
-¿Tengo que recordarte las veces que te he pedido que te quedes en el coche y no te metas en las intervenciones?, ¿tengo que recordarte lo que pasó cuando estaba en el FBI? ¿Cuándo casi mueres y casi consigues que me despidan?
-Solo intentaba ayudar, no me metí dentro de un almacén con un asesino sin refuerzos ni nada, y encima no me esperaste!
-Ah, es eso!, estás enfadado porque no te esperé.
-Y una mierda!, estoy enfadado porque no puedo quitarme de la cabeza la imagen tuya saliendo del almacén, herida y con un tipo apuntándote en con una pistola en la cabeza. – Castle torció el gesto, sólo en recordar esa imagen le daba un escalofrío.
-Castle, no fue para tanto!
-¿Que no fue para tanto?, te apuntaba con una pistola, ¿Qué pasa si decide disparar?¿qué pasa si intenta escapar y se le dispara?¿qué pasa si…
-Por favor, Castle, basta! – Kate estaba cansada, y aunque no lo reconociera aturdida y algo nerviosa. Sí que había sentido miedo, podía haber muerto. Lo cierto es que había sido una estupidez, pero con la bronca que había recibido de Gates había tenido bastante.
-No Kate, no basta. Mira!-Castle levantó las manos temblorosas – todavía me tiemblan.
Kate miró las manos de Castle, y las tomó con las suyas, sabía lo que sentía, el remordimiento por haber provocado su sufrimiento gratuito la inundó.
-Lo siento Rick, yo no…, no pensé en las consecuencias, a veces no me acuerdo que ahora no soy solo yo…- Los ojos de Kate empezaron a arder, intentaba evitar empezar a llorar, pero desde que había empezado su relación con Castle, algo había cambiado en ella, se había vuelto más sentimental en todo lo relacionado con ellos.
-Te quiero Kate, y me moriría si te pasara algo, y lo de antes, lo que sentí, me recordó tanto al entierro de Montgomery, que yo…
-Shhh, ya, no te pongas así, estoy aquí, no va a pasarme nada ¿vale?- se hizo el silencio durante unos segundos, un silencio que no era incómodo para los dos- perdóname, no lo volveré a hacer- le decía mientras acariciaba sus manos. -Yo también te quiero Rick. – Kate se acercó a Castle y lo abrazó fuertemente. Castle acarició la herida de su frente y le besó en el pelo, como tanto le gustaba.
-Vamos, te prepararé un baño caliente para que te relajes – Castle le tomó de la mano y la arrastró hacia la habitación.
-¿Y siii… no quiero relajarme? - Kate se mordió el labio.
-¿Polvo de reconciliación eh inspectora? – Castle levantó la ceja seductoramente.
-Puede ser, ¿se apunta señor escritor?- contestó Kate de forma muy sensual, todo vestigio del enfado había desaparecido – O ¿tendré que buscarme un sustituto?
-Un escritor y su musa, me gusta – Castle la atrajo hacia él y la beso en los labios profundamente mientras la sujetaba de la cintura. - ¿Cama o sofá?
-El dormitorio está muy lejos – susurró Kate entre sus labios, mientras introducía sus manos en el pelo de Rick para acercarlo más y le mordía el labio inferior sensualmente.
-Sofá entonces – volvió a besarla intensamente, luchando por el control de sus bocas, de sus lenguas, de la situación.
Kate sonrió ante el recuerdo, el sexo después de una pelea con él era increíble, lujurioso, salvaje. Pero también se dio cuenta, que la fatídica tarde del almacén había hecho lo mismo, entró sin refuerzos a aquella sala y sólo consiguió que le dispararan a él.
– Te quiero Rick, eres lo más increíble que me ha pasado en la vida y te prometo que no volveré a dejar que te pase nada, no me voy a separar de ti. Si hay algo que tengo claro es que si ha de morir uno de los dos, esta vez seré yo.- Kate se levantó y le dio un beso en la frente, acarició su cara con delicadeza y cariño y por último, y tras pensárselo un poco, le dio un beso en los labios, temerosa. Acariciando su brazo y agarrando con fuerza su mano se quedó dormida en la misma postura y en el mismo lugar que las cuatro noches anteriores, pero esta vez con la certidumbre de que al día siguiente él despertaría.
Oscuridad, dolor, pesadez, eso era lo que sentía. Intentó mover la cabeza pero le pesaba tremendamente, le dolía, un zumbido molesto a su izquierda no le ayudaba a concentrase. Quiso acordarse de algo, dónde estaba, qué había pasado, pero apenas recordaba nada. Sólo un sótano lúgubre y a Kate. Sí recordaba a Kate, era una imagen borrosa de ella diciendo su nombre, llorando. Entonces sintió un dolor agudo en su abdomen, y recordó a Tyson y el disparo. Intentó abrir los ojos, pero le pesaban mucho. El esfuerzo intensificaba su dolor de cabeza y el de su abdomen, seguro que tenía una herida enorme. ¿Dónde estaba Kate? ¿Le había pasado algo? Su mente confusa empezó a divagar, tenía que despertar. Oyó una voz lejana que le hablaba, que le decía que le quería, que jamás le dejaría. Sintió latir su corazón con fuerza, era ella, era Kate la que le hablaba, si estaba allí significaba que estaba bien. Tenía que moverse, pero no podía, sus ojos pesaban y poco a poco, bajo el murmullo de aquella voz que le calmaba volvió a quedarse dormido agotado por el esfuerzo.
No sabía cuánto había pasado, pero volvió a sentir el dolor de cabeza. Sus ojos seguían pesando, pero menos, el pitido del monitor era más nítido, sin embargo ya no oía la voz, su voz y eso le asustó. Intentó mover la mano y la sintió pesada, pero la pesadez era diferente, era una pesadez física, algo o alguien se lo impedía. Noto una mano sudorosa que la sujetaba, la apretó y sintió su suavidad. Quizás era ella, seguro que era ella. La volvió a apretar más fuerte, esperando respuesta. Esperó unos segundos y con mucho esfuerzo consiguió abrir los ojos. Todo blanco, parecía el techo de una habitación, giró un poco la cabeza y vio que se encontraba en una habitación de hospital, giró al otro lado y vio el gran ventanal y el amanecer en New York. Intentó incorporar con mucho esfuerzo el cuello y entonces la vio. Kate estaba apoyada junto a su cama, sujetaba la mano con fuerza y dormía, tranquila.
- Dios, es tan bella –pensó Castle, su corazón se aceleró y el pitido de la máquina también. Intentó incorporarse, pero un fuerte dolor en su abdomen se lo impidió, se sintió mareado, todo se volvió estrellado y negro, así que volvió a tumbarse. Cerró los ojos y se relajó, cuando el dolor se mitigó de nuevo, los volvió a abrir. Todo blanco, tumbado en la cama sólo podía ver el techo, pero él quería ver a Kate. Así que volvió a apretar la mano, más fuerte, o lo que él creía más fuerte esperando una respuesta de ella.
Kate se despertó, algo la había despertado pero no sabía el qué. Abrió los ojos pero no se movió. Se quedó quieta unos instantes hasta que la mano de Castle volvió a apretarle, esta vez con más fuerza. Por unos instantes no fue capaz de entender su significado, pero de repente lo comprendió.
-Castle!- se incorporó rápidamente y se giró para verle. Allí estaban esos ojos azules que tanto había añorado, que la derretían. – Castle – volvió a repetir, esta vez como un susurro.
Castle le sonrió haciendo un esfuerzo, le pesaba todo el cuerpo y mover los músculos de la cara requería una energía que no tenía. Kate le respondió con una sonrisa, risa mezclada con algunos sollozos. Se acercó a él y le acarició la cara con cariño y él cerró los ojos ante el contacto. Kate se acercó y le beso en los labios, para Castle sólo aquel gesto le dio toda la energía que necesitaba, era como un sueño, volvió a abrir los ojos. Ella acercó se frente a la suya –Lo siento Castle, perdóname, todo ha sido culpa mía. Perdóname- Sus lágrimas llegaron a las mejillas de Rick que la escuchaba atónito, ¿por qué le pedía disculpas?
-No…, no…, no…-Intentó levantar la cabeza para que ella le mirara, pero el esfuerzo le obligó a volver a tumbarse.-No tienes la culpa de nada –respiraba pesadamente.
- Yo, no debí dejarte entrar, no debí darte por muerto, no debí…
-Shhhh-le interrumpió él – No, Tyson, sólo él es el culpable.- para después sonreírle.
-Te quiero Rick, no vuelvas a dejarme – Kate sollozaba en bajo, no sabía si por verlo con vida o porque él le hubiera perdonado. Le acariciaba la cara y en ese gesto tan suyo comenzó a besarle la frente, los ojos y los labios, si por ella fuera, estaría así todo el día, pero se dio cuenta que él estaba cansado. Así que se alejó un poco y acariciándole el mentón le dijo.
- Estás cansado, duerme un poco más, luego seguiremos hablando, creo que nos tenemos que poner al día, además más tarde vendrán Alexis y tu madre – sonrió y le volvió a besar en los labios, pero esta vez sintió como él le respondía, apenas una caricia, pero lo suficiente para sentirse de nuevo llena de vida y esperanza. Sería un largo camino, difícil sin duda, pero estando los dos juntos nada importaba. Siempre.
Castle sintió aquel beso como si fuera su mejor medicina, una sensación de paz y gratitud le invadió el cuerpo sintiendo como todo el dolor se amortiguaba lentamente. Poco a poco el cansancio le volvió a invadir y se durmió, más relajado más tranquilo, ella estaba con él y estaría con él cuando despertara. Siempre.
Cuando Alexis llegó unas horas después, con dos cafés y una bolsa con donuts, Kate estaba todavía dormida, relajada como hacía meses que no lo hacía. Alexis se extrañó de verla así. Se acercó y lo que vio la dejo anonadada hasta el punto que la bolsa de los donuts se le cayó al suelo, afortunadamente la de cafés no. Su padre tenía los ojos abiertos y miraba por la ventana.
-Shhh, no la despiertes – dijo bajo en un susurro mientras miraba tiernamente a su hija con una sonrisa enorme en la cara. Se sentía mucho mejor, con algo más de fuerzas y su voz tenía más volumen, le costaba hablar, le dolía la garganta, seguro que de la intubación, pero ya podía articular palabras sin demasiado desgaste físico.
Llevaba una hora despierto contemplando como su esposa dormía abrazada a sus piernas, en una postura casi de contorsionista. Miraba a su hija e intentó levantar la mano para que se acercara, necesitaba tocarla, ver que se encontraba perfectamente.
-Papa!, ¿desde cuándo llevas despierto? – la muchacha se acercó a él e intentó abrazarlo, aquel gesto enterneció a su padre hasta que el dolor del abdomen le recordó porqué estaba en el hospital y no pudo evitar una mueca de dolor.
-Perdona, perdona, ¿estás bien? ¿te duele mucho? –preguntaba su hija mientras no paraba de besarle en la mejilla, besos sonoros y algo babosos que encantaban a Castle.
Aquello despertó a Kate que al ver a padre e hija en ese abrazo, no pudo evitar sonreír, envidiando en parte esa complicidad entre los dos, ese amor fraternal que los unía.
-Buenos días a los dos.-dijo divertida.
-Kate, perdona te hemos despertado.-contestó Alexis separándose un poco de su padre, pero si soltarle del abrazo.
-Tranquila ya es hora, creo que me quedé dormida. Supongo que la tranquilidad de saber que está bien ayudó bastante. – Miró a Castle con ternura y aprovechó que Alexis se había alejado un poco más y se acercó y le dio un corto beso en los labios.
-Dios, como he echado de menos esto – dijo Castle cerrando los ojos – mis dos mujeres dándome mimos. – Ambas se miraron y sonrieron.
-Créeme, nosotras también. Aunque si se entera la abuela que no está incluida entre "tus" mujeres, vas a desear volver a estar dormido.-dijo remarcando el "tus".
-Ese será nuestro pequeño secreto.- Castle sonreía mientras miraba a ambas mujeres.
-No sabes cómo me alegro de volver a verte, papa. Yo, nosotras, … creíamos que estabas muerto. – Los ojos de Alexis brillaron.
-Lo sé, yo también me alegro de veros, y de estar vivo de nuevo. Aunque… duele!- puso carita de perro abandonado y así rompió la solemnidad del momento.- Necesitaré muchos mimos de las dos.
-Pero que morro tienes!-Kate se echó a reír como hacía meses que no hacía, sin duda había vuelto a resucitar con él.
Alexis se dio cuenta del cambio de la inspectora respecto a meses atrás e incluso respecto del día anterior, miró a su padre y sonrió, esperaba algún día encontrar a alguien con el que formar una pareja como ellos dos. Estaba claro que el tópico de no poder vivir uno sin el otro, en este caso era verdad. Recordó cómo había sido Kate esos meses atrás.
Cuando Alexis entró en el loft, todo estaba oscuro, por la hora que era esperaba al menos encontrar a Kate. Desde que le dieron el alta no había vuelto a ir a la comisaría y permanecía encerrada en la habitación, que hasta hace unas semanas compartía con su padre, o en casa sin querer hablar con nadie, llorando o mirando al infinito durante horas. Alexis sentía un dolor y vació muy profundo tras la muerte de su padre, pero ver el estado en el que estaba Kate le dolía por igual, ella y su abuela era todo lo que le quedaba.
Encendió la luz y no la vio. Se acercó al despacho de su padre para ver si estaba allí, por lo menos tenía que asegurarse que había comido algo y curarle la herida del hombro. Cuando entró y encendió la luz se le cayó el mundo a los pies. En un rincón del sillón de su padre, echa un ovillo, con las piernas encogidas y sujetándolas con los brazos estaba Kate. La cabeza hundida y sollozando sin parar. A su lado el último libro de su padre, todavía caliente de la imprenta, suponía que lo habrían traído por mensajero esa tarde desde la editorial. Estaba abierto por la página de la dedicatoria, se acercó y la leyó: "Al amor de mi vida KB, juntos para siempre". Alexis no pudo evitar que unas lágrimas cayeran por sus mejillas mientras se acercaba a Kate.
-Kate, soy yo, por favor, mírame.
La inspectora levantó la mirada, los ojos enrojecidos e hinchados, las lágrimas cayendo por su cara, el labio le temblaba.
-Siempre, me prometió que estaría siempre conmigo. –es lo único que dijo en un susurro y con la voz completamente tomada.
Alexis se acercó y la abrazó, mientras le acariciaba la cara intentado tranquilizarla. Aquella no era la dura e independiente mujer que ella conoció, sino una mujer rota por el dolor, muerta en vida.
-Sólo desearía haber muerto con él.- dijo Kate mientras miraba al infinito, como si no hubiera visto o escuchado a la muchacha.
Entre risas, besos y mimos pasaron al rato hasta que Martha, avisada de que su hijo había despertado apareció por la puerta con una entrada propia de gran actriz
-Richard, hijo!, estás vivo- y se acercó para darle un abrazo.
-Vaya madre, no sabía que fueses capaz de madrugar tanto. – le dijo su hijo respondiéndole al abrazo con una de las bromas que mejor definían la relación madre hijo. Martha le respondió dando un ligero pero perceptible golpe en el hombro.
-Hijo mío, veo que sigues tan bromista como siempre. – Martha dejó de sonreír y lo miró preocupada. - ¿Cómo te sientes Richard?
-Bueno, conocí días mejores, pero rodeado de tanta mujer no puedo quejarme.
Martha volvió a abrazarle incapaz de alejarse de su hijo. Kate sintió que en ese momento familiar entre padres e hijos estaba de más y se alejó un poco de la cama dispuesta a darles intimidad.
-¿A dónde vas Katherine?.-Martha que después de tantos años ya la conocía muy bien, se había dado cuenta de sus intenciones y comprendió sus sentimientos, pero para ellas Kate ya era una más de la familia. - Creo que en los momentos así deberíamos estar toda la familia ¿no Alexis?
-Sí abuela.
Kate miró a las dos mujeres y sonrió, se acercó a ellas y las abrazó, sin percatarse de la mirada de orgullo que Rick tenía al ver a su familia de nuevo, por momentos y a días llegó a pensar que nunca más las volvería a ver.
Ese día Alexis decidió no ir a clase y quedarse a cuidar a su padre haciéndole compañía. Como días atrás Kate era incapaz de mantenerse alejada de Rick ni un minuto y se mantenía a su lado de la.
Habían llamado a la comisaría para darles la noticia y esa tarde la habitación de Castle se iba a llenar de gente, así que Martha y Alexis se marcharon a la cafetería a comer un poco con la promesa de traerle algo a Kate y así dejar a Castle descansar.
-Pareces muy cansado, intenta dormir algo ¿vale?-le decía Kate mientras le acariciaba la cara y le miraba cariñosamente.
-Kate, ¿puedo preguntarte algo?
- Claro Rick, ¿qué pasa?-le preguntó intrigada.
-¿Tyson, dónde está?-le preguntó Castle.
Kate que llevaba esperando esa pregunta todo el día, levantó la cabeza, el rictus de la cara había cambiado por uno más duro y menos cariñoso.
-Muerto, pero esta vez de verdad, te lo aseguro. Lo ha certificado Lanie.
Castle le miró a los ojos y le preguntó -¿lo mastate tú verdad?
-Sí –fue lo único que contestó, imágenes de la casa le vinieron a su cabeza.
-¿Con tus propias manos? – Kate levantó la mirada con sorpresa, ella siempre había pensado que Castle estaba ya inconsciente cuando amenazó a Tyson con matarle con sus propias manos.
-¿Escuchaste esa conservación?-musitó.
-Sí
-Yo, yo creía que estabas…
-¿Muerto?-continuó la frase Castle.
Kate no contestó, notó como sus ojos ardían al contener las lágrimas al recordar ese día. –¿Escuchaste todo?
-Todo-le dijo Castle mientras con el pulgar recorría el camino de la lágrima que había conseguido escapar de los ojos de la inspectora.
-¿Incluso cuando le pedí que me…?
-Incluso, yo… no puedo quitarme de la cabeza ese momento-cerró los ojos un momento- moriría por ti todas las veces necesarias, pero pensar que tu…, yo… ¿y si te hubiera hecho caso y de verdad te hubiera disparado? Mientras estuve cautivo, reconozco que tuve miedo de morir, pero tenía más miedo a que tú estuvieras muerta, o que te matara o que…
-Shhh, ya está dejémoslo, estás aquí y yo estoy aquí. – Le acariciaba el pelo, hizo una pausa- Lo mejor es que duermas, esta tarde van a venir los chicos y no te van a dejar en paz, lo sabes ¿verdad? Tienen muchas ganas de verte, te han echado de menos, incluso Gates aunque nunca lo reconocerá
-Ya lo sabía yo, todo el mundo me adora- Kate se echó a reír al ver la cara de suficiencia de Castle.
-Ya echaba de menos tu ego, Rick.-Se acercó a él y le besó en los labios para después acariciarle la mejilla. – Duerme un poco Castle.
La tarde trascurrió tranquila, el médico observaba detenidamente su evolución sorprendido de su mejoría y al final de la tarde, los chicos con Lanie a la cabeza y Jim, el padre de Kate, se pasaron a verle.
-Que pasa bro!- Espo y Ryan entraron saludando como si no hubiese pasado nada en los últimos meses, pero el abrazo de Castle mostraba lo contentos que estaban de verle. Al igual que Lanie, que no paraba de sonreír y mirar tanto a Castle como a Beckett.
-¿Cómo estás chico escritor?-dijo Lanie, haciendo rodar los ojos a Kate.
-Bien, bien, el hombre escritor está bien.-contestó Castle aparentando molestias y remarcando la palabra "hombre", cuando en realidad estaba feliz de ir recuperando poco a poco a sus amigos y la normalidad en su vida.
Todos sonreían felices tratando de no nombrar los meses pasados, especialmente delante de Castle, pero llegó un momento en que se hizo inevitable.
- Todos te mandan recuerdos en la comisaria, incluida Gates-. dijo Ryan divertido.
-¿Gates?
-Si ahora te aprecia mucho, ¿sabes que ahora tienes un pase infinito en la comisaria?-
- ¿pase infinito? –Castle no entendía nada.
- O sí, Beckett le salvó la vida. – dijo Ryan mirándola a ella.
-¿Qué?¿cuándo?¿cómo?- Castle se volvió a mirar a Kate sorprendido. -¿por qué no me has contado eso?
-Bueno, yo…, no quería hablar de ese tema – miró con rencor a los chicos.
-Perdón- dijeron ambos bajando la cabeza.
-¿Por qué no? ¿La dama de Hierro te debe la vida y no quieres hablar de ello?
- Castle, por favor. – Kate se sentía incómoda.
-Kate, tampoco es tan malo, mataste dos pájaros de un tiro, nunca mejor dicho. Uy qué bueno! – dijo Espo todo orgulloso.
-¿Quiere alguien hacerme el favor de explicarme qué es todo esto?- Castle se daba cuenta que Kate le ocultaba algo y quería saberlo cuanto antes.
-Maté a Tyson porque iba a disparar a Gates – cortó Kate de golpe, aguantando el aire de sus pulmones. Se hizo un silencio incómodo durante unos segundos, Kate miraba a Castle esperando que dijera algo, algún reproche por matar a Tyson antes de que les dijera donde estaba él. Pero ese reproche no llegó, Castle le sonrió y le dijo
- Esa es mi chica. – Lo que hizo que Kate se relajara, sólo ella estaba obsesionada con esa sensación de culpabilidad y aunque no estaba tranquila ni consigo misma ni con Castle, decidió darse una tregua hasta que Castle se recuperara, pero después tenía que hablar muy seriamente con él, no quería que aquello les afectase en el futuro.
Siguieron contando bromas y chistes, hasta que una enfermera les indicó que el horario de visitas había terminado. Alexis y Martha intentaron convencer a Kate de que fuera esa noche a dormir a casa, si bien estaba feliz, los estragos y consecuencias de la escasa alimentación y el cansancio hacían mella en su estado físico y en su aspecto, la palidez de la cara, las ojeras y el agotamiento seguían presentes. Pero ella permanecía inflexible, no pensaba separarse de Castle hasta que saliera del hospital
Cuando se marcharon todos, Kate se dispuso a ayudar a tomarse la cena a Castle.
-¿A esto le llaman cena? Una sopa y un puré, ¿qué creen que soy un abuelete al que le faltan todos los dientes? – protestaba Castle.
- Ey, Rick – Kate le miraba con ternura, mientras le rozaba el brazo con suavidad. – Tienes que tener un poco de paciencia, te han disparado en el abdomen dos veces, ya es casi un milagro que puedas comer. – Castle puso morritos enfadado como un niño pequeño, aunque sabía que ella tenía razón.
- Estás muy débil y necesitas fuerzas, así que tienes que comértelo todo, aunque reconozco que el aspecto no es nada apetecible – dijo poniendo una cara de asco hacia el aspecto de aquella comida de hospital – Yo pensaba que en los hospitales de ricos la comida era mejor.
- Ya ves, y encima me cobrarán por ella.
- Venga Rick, no te hagas el remolón y cómetelo.
- Vale yo me lo como si te veo a ti cenar también todo lo que te ha traído Lanie.
- ¿Todo? – levantó la ceja ella – pero si ha traído comida china para todo el hospital!-protestó ella levantando un poco la voz.
-Un trato es un trato, inspectora. Lo que daría por poder comerme esa comida, o cualquier comida decente, llevo sin probar pasta desde hace 4 meses, 4 meses!
Kate bajó la cabeza ante la mención de sus restricciones durante su cautiverio.
- Rick, yo, lo siento, no quería decir.
- Ey, me ha dicho un pajarito que tampoco has comido mucho estos meses– le dijo Castle acercando su mano a su cara. – Sólo hay que ver lo delgada que estás.
- Perdí el apetito Rick, yo no…
- Basta, olvidémoslo, ya no hay razones para no tener hambre, así que los dos a cenar. Yo me como esta porquería y tú te comes esos manjares. Sales ganando!
Kate miró hacia el infinito durante unos segundos, Castle notó que sus ojos brillaban.
- Ey, que pasa, si no quieres comer, no lo hagas ¿vale?
- ¿Cómo lo haces Castle? – Kate se volvió hacia él, una de las lágrimas logró salir y resbaló por sus mejillas.
- No te entiendo.
- Has estado 4 meses secuestrado, estás herido, en una cama del hospital sin saber cuándo podrás salir, has estado a punto de morir dos veces, y… estás tan alegre. Se supone…, se supone que debería ser yo la que tendría que animarte y no al revés, no soy yo la que tendría que estar traumatizada ¿por qué lo haces?
- Porque te quiero Kate- acercó una de las manos de ella y la besó suavemente – Porque me siento el hombre más afortunado de la tierra porque lo perdí todo y lo he vuelto a recuperar, mi vida, mi familia, al amor de vida. ¿Traumatizado? Claro que sí, estuve días enteros amordazado, sin comer, torturado psicológicamente, pero ¿sabes qué?
- Que – Kate ya no podía reprimir más sus lágrimas y Castle tampoco.
- Todo ese tiempo pensaba en ti, en que por lo menos tú estabas viva, yo sabía que tú estabas viva, pero tú no lo sabías Kate, y eso sí que es una tortura. Si hubiera sido al revés, no sé si lo habría soportado.
- Castle – Kate se había quedado sin palabras.
- Te quiero, y no podría vivir sin ti – Se acercó a sus labios y la besó, tirando el vaso de agua sobre la bandeja de comida. Los dos miraron el agua derramarse, sonrieron y volvieron a mirarse.
- Yo también te quiero Rick.
- Siempre – dijeron los dos a la vez.
Castle y sus personajes no me pertenecen.
