Tú o ninguna
Por: Kary Klais
Capítulo 1
La casa de la señorita Pony estaba en duelo, pues la hermana María había fallecido hacía un mes de fiebre ocacionada por una infección. Candy había venido desde la manción de las rosas donde vivía con los Andrew, su familia adoptiva. Ella también estaba en duelo, pues Anthony, su gran amor, según ella, también falleció unas semanas antes que la hermana María. Candy estaba destrozada, ya no reía, su dolor se reflejaba en sus hermosos ojos que ya no brillaban más.
Albert, que además de ser su padre, era su amigo, no sabía qué hacer para regresarle la alegría de vivir. Él y sus sobrinos Stear y Archie habían agotado sus energías en el intento.
Candy llegó al hogar que años atrás la había visto crecer entre travezuras, risas y tristezas y se encaminó al pequeño cuarto que servía a la señortia Pony de oficina y tocó la puerta. Al escuchar que podía pasar, asomó la cabeza, y al ver que la señorita estaba en su escritorio, pasó, y sintiendo un nudo en la garganta dijo:
-He venido a hablar con usted, claro, ni no está ocupada.
-Claro, hija, pero primero salúdame- Candy, apenada por su comportamiento, se lanzó a los brazos de la única madre que le quedaba, después tomó asiento y dijo:
-He venido a despedirme. Parto mañana a Londres a estudiar, por supuesto, quisiera su bendición.- La señorita Pony, que había permanecido en silencio, respondió:
-Oh, mi niña, estoy segura de que te iré bien y tienes mi bendición.- Después de hablar de los niños y sus proyectos, Candy se despidió para irse, pues Albert ya había llegado por ella, pero antes de subir, abrazó a su madre y ésta le dijo:
-Candy, prométeme que buscarás tu felicidad y pensarás en ti antes que en los demás.- Candy, viéndola a los ojos le respondió:
-Lo prometo, madre. Y así, Candy partió con Albert a la manción.
A la mañana siguiente, Candy, junto con Albert y George, su mano derecha, abordaban el gran barco, el Mauritania, que imponente, esperaba en el puerto para zarpar.
-Este es tu camarote, pequeña. Si necesitas algo, el mío es el de enfrente.- Con un asentimiento de cabeza por parte de Candy, Albert cerró la puerta tras de sí para dejar a una Candy muy pensativa sobre su futuro.
-¡Ay, mi Dios! ¿Podré estando lejos sanar mi corazón y sacar de mí esta tristeza que consume mi ser? ¿Cómo habrá de irme en esta nueva ciudad?- Con esos pensamientos, Candy se quedó dormida y despertó ya entrando la noche y salió a dar un paseo por el barco, pero debido a la bruma, no podía ver más allá de su pequeña nariz. Como pudo, llegó a la gran proa, pero estando a sólo pasos...
-Anthony... se le parece mucho... ¡No puede ser!- Candy vio a un joven agarrado de la baranda y pensó:
-¡Ay, mi Dios! Se lanzará al mar...
Continuará...
Hola, soy Kary. Soy nueva en esto de los fics, este es mi primer trabajo, espero que les guste.
Buenas noches.
