N/A: ¡Hola! Después de un mes sin publicar nada, vengo con una nueva historia. La pareja principal es RomanoxFem!España, aunque también habrá más parejas. No va a ser una historia muy larga. Como mucho tendrá cinco capítulos más un pequeño epílogo. Bueno, ya sin más dilación les dejo leer.
Primeros encuentros
El verano acababa de empezar, y con él, las vacaciones de verano. Muchas familias se iban de vacaciones a sitios costeros de todo el mundo. Nuestra historia arranca en uno de esos lugares de costa, siendo más concretos en el sur de España.
En un camping de la costa del sol, en Marbella para ser más exactos, un coche con matrícula italiana acababa de entrar.
-Vaya asco de todo-Se quejaba un chico moreno con un rizo que sobresalía de su flequillo-Yo odio España y todo lo relacionado con ella.
-No seas así, fratello-decía un muchacho muy parecido al anterior. La única diferencia era, aparte de tener el cabello un poco más claro, que tenía un rizo saliendo por su coronilla y era bastante más alegre y sonriente-Seguro que estas vacaciones son inolvidables.
-Bah-resopló el gemelo-No digas estupideces, Feliciano. Este verano va a ser el peor de toda mi vida. Con lo bien que podría estar yo en nuestra casa en Nápoles y tenemos que venir a esta pocilga.
-Esto no es una pocilga, Lovino. Es un camping muy chulo. Además, aquí podremos practicar español.
-¡Pero si aún ni sabes como es el camping entero, idiota! Además, el español es un idioma que no me gusta para nada y no lo voy a practicar con nadie, por que no pienso hablar con ningún español-repuso con enfado el chico que respondía al nombre de Lovino, cruzándose de brazos.
-Solo con verlo desde fuera ya inspira tranquilidad y diversión. Y seguro que hablas con algún español. O española-río el menor guiñándole un ojo a su hermano.
-Tu nivel de estupidez alcanza niveles insospechados-dijo con acidez Lovino, justo cuando el coche se detuvo.
Los padres de los gemelos fueron a sacar las maletas del maletero después de pedir a sus hijos que dejasen de pelearse entre ellos, mientras que éstos iban al bungalow que les correspondía para entrar en él.
-Dame la llave-pidió Lovino cuando llegaron junto a la puerta.
-No la tengo, pensé que tú la llevabas-se excusó el menor tímidamente.
-No me jodas, Feliciano-gritó el mayor haciendo un berrinche-te la dio papá cuando bajamos del coche.
-Se me ha caído entonces-dijo Feliciano con preocupación.
-Perfecto, no llevamos ni cinco minutos aquí y ya la estás liando, cómo no-dijo el mayor de los hermanos cruzándose de brazos, yendo a buscar la llave por el suelo.
-Vee~ lo siento, fratello. Te ayudo a buscarla.
Al final, la llave resultó estar en el bolsillo del pantalón de Feliciano. Su consanguíneo le echó una mirada cargada de reproche a la vez que le soltaba alguna que otra palabra hiriente.
-Vayamos a la piscina-exclamó Feliciano cuando ambos gemelos acabaron de deshacer sus maletas.
-Como quieras...-dijo Lovino sin mucho entusiasmo, yendo a cambiarse.
En cinco minutos, los hermanos Vargas estaban entrando a la piscina del camping. Estaba llena a rebosar, cosa que echó para atrás al mayor.
-Yo no entro aquí ni de coña-dijo Lovino abrazando con fuerza su toalla. A Lovino le agobiaba estar rodeado de tanta gente. ¿Por qué? Porque no soportaba a la gente. En su opinión todo el mundo era muy pesado y molesto.
-Venga, Lovi, quédate. Seguro que la gente no es tan molesta como piensas-trató de convencerle Feliciano.
-Los españoles son todos molestos-sentenció Lovino frunciendo el ceño.
-Porfiii, no te vayas-rogó el menor poniendo cara de pena.
-Está bien, está bien-dijo al final el mayor, ganándose un abrazo de su hermano menor.
-Grazie por quedarte, fratello.
-Vale, ahora sueltame ya-pidió Lovino empujando a su hermano, quien aflojó el agarre y finalmente lo soltó.
-Ven, pondremos aquí las toallas-dijo Feliciano señalando una parte del césped donde apenas había nadie.
-De acuerdo. Por cierto, voy a ir a buscar una fuente. Me ha entrado sed-dijo Lovino cuando terminó de extender su toalla.
-De acuerdo, fratello. Yo estaré nadando en la piscina.
Lovino soltó un suspiro cuando su consanguíneo se tiró de cabeza a la piscina y tuvo la mala suerte de caer en una parte en la que apenas había profundidad, por lo que se llevó un golpe en la cabeza, pero no le quitó las ganas de seguir en la piscina.
Mientras tanto, el mayor de los Vargas iba en busca de una fuente, y de paso cotilleaba a ver qué pasaba en el camping.
Pasó por la zona de los bungalows y vio un coche que estaba aparcado en el bungalow al lado del suyo.
Ralentizó el paso a ver quienes o quién bajaba del coche.
Resultó ser una familia con dos chicas que, a ojos de Lovino, resultaron ser muy pavas. Eran de su edad, más o menos, aunque no parecían ser hermanas, al menos de sangre. Una era rubia con los ojos aguamarina y la otra era morena con los ojos verdes. La morena era la más pava de las dos, que reía cada dos por tres por cualquier chorrada, y al parecer, era igual de torpe que Feliciano.
'Espero que por las noches no sea tan escandalosa. Por que quiero dormir. Como la pava esta me de alguna sola noche, se va a arrepentir de haberse encontrado con Lovino Vargas' pensó el italiano frunciendo el ceño.
Continuó andando un rato más y al cabo de diez minutos seguía sin encontrar ninguna fuente por ninguna parte.
-Maldito camping del demonio-murmuró con desprecio cuando estaba en la zona de las tiendas de campaña, llevándose una mano a la cara, ya bastante desesperado.
Entonces, oyó la risa escandalosa de la morena de antes.
Lovino rodó los ojos. ¿Qué podía ser peor que no encontrar la fuente? Ah, si, oír a la pava esa.
Tomó una decisión, y comenzó a andar hacia donde venía la risa. La encontró en una parte casi escondida del camping.
Alzó las cejas al ver que la morena había descubierto una fuente, y estaba en ella llenando un par de vasos de plástico en ella. Lo más preocupante de todo, era que la chica se estaba riendo sola.
Lovino caminó hacia ella con los puños apretados, dispuesto a cantarle las cuarenta a esa tonta. No llevaba ni un día en el camping y ya se había hartado de esa risa tan estúpida. Aunque mirando el lado bueno, la chica esa le había llevado a una fuente.
Sólo había un pequeño problemilla: Lovino Vargas nunca miraba el lado bueno de las cosas.
Cuando estaba a un palmo de ella, la chica se giró rápidamente y derramó los dos vasos de agua que tenía en las manos encima de Lovino.
-Ay díos mío, lo siento muchísimo-se disculpó la chica dejando de reír de golpe, mirando con preocupación al italiano. Éste estaba en shock, por así decirlo. Ahora Lovino, quien había visto demasiadas películas de mafiosos, no sabía bien si matar a la chica y quitársela de en medio o dejar que muriera entre terribles sufrimientos.
-Soy una despistada, de verdad, siempre me lo dicen-dijo la chica avergonzada-aunque no llevas camiseta, así que tampoco es mucho por lo que preocuparse, ¿no? Jejeje
Lovino se dio cuenta de que la chica tenía razón. Había dejado la camiseta en la toalla, en el recinto de la piscina.
-Por cierto, me llamo Isabel, aunque me llaman Isa. Llámame como prefieras-dijo la chica con una sonrisa.
Lovino parpadeó, pensando que definitivamente esa chica no era para nada normal. Aún así, se respondió a sí mismo contestando(y en español, obvio, a pesar de que había dicho que no lo hablaría).
-Isabel me gusta más.
-Gracias. De hecho, a mi también, pero como casi todos me llaman Isa, no estoy muy acostumbrada a que me digan Isabel.
-Ah-respondió simplemente el italiano.
Isabel comenzó a contarle que el agua era para ella, que se tenía que tomar una medicina y necesitaba agua para tragar las pastillas(aunque con un vaso sería suficiente, ¿no? pensó Lovino). Eso derivó a otro tema de conversación, y éstos en otros, hasta que Lovino se preguntó en que momento dejó de pensar en cómo asesinar a la española y cuando empezó a reírse de todas las tonterías que ésta le contaba.
-Por cierto, luego voy a ir a la piscina, ¿vienes?-dijo Isabel cuando llegaron de nuevo a la zona de bungalows.
-Yo vengo precisamente de la piscina. Mi hermano está allí, y mis cosas también.
-Pues espera a que me tome las pastillas, coja mis cosas y vamos-dijo la chica entrando en su bungalow.
Mientras tanto, en la piscina, Feliciano nadaba de espaldas ignorando a toda la gente que estaba allí dentro, chocando casi con algunas personas, hasta que se chocó fuerte con alguien.
-Lo siento-dijo Feliciano, girándose a ver contra quién se había dado el golpe, que resultó ser una chica rubia con los ojos aguamarina. Exactamente la chica que había llegado antes con Isabel.
-Ups, perdón-se disculpó la chica a la vez, aunque ella no había tenido la culpa de nada. Ésta le miró con una sonrisa e hizo un gesto con la mano quitándole importancia al asunto.
-No pasa nada-respondió el joven-Por cierto, me llamo Feliciano.
-Yo Lili, encantada-respondió la chica tímidamente.
Feliciano le contó que acababa de llegar al camping, que tenía un gemelo y todas las cosas que se le iban ocurriendo. Ese chico tenía una facilidad innata para entablar conversaciones con las personas, hasta con las más tímidas, como era el caso de Lili. (Vaya ,Feliciano era algo así como Isabel, quien le estaba contando a Lovino en ese momento qué marca de desodorante usaba y porqué no otras).
No supo cuanto tiempo había estado hablando con Lili cuando vio a su hermano en el otro extremo de la piscina, hablando con una chica morena que se reía bastante y le sacaba alguna que otra sonrisa al mayor de los hermanos italianos.
-Mira-exclamó Feliciano, señalando hacia ellos-ese es mi fratello.
Lili buscó con la mirada al consanguíneo de Feliciano y se sorprendió al ver que estaba hablando con su amiga, Isabel.
-Hey, esa es mi amiga Isabel-dijo en voz alta la rubia.-Hemos venido con su familia aquí, al camping.
-¿Y eso?-preguntó Feliciano.
-Somos mejores amigas desde hace tiempo, y siempre habíamos querido hacer un viaje juntas. Y este año ella, bueno, su familia, me ha invitado a venir aquí y yo he aceptado. Y hemos llegado al camping antes.
-Ya veo. Parece ser que se ha hecho amiga de mi fratello-comentó Feliciano.
-Sí, Isabel es muy socialble-respondió Lili con una pequeña sonrisa.
-Pues vamos con ellos-propuso Feliciano nadando hacia su hermano.
Cuando Lovino vio a su hermano nadar hacia él solo pudo rodar los ojos y desear que se fuera de allí. Experimentó un extraño sentimiento de no querer compartir a Isabel con nadie más. No podían ser celos. ¿Quién podía estar celoso por una tonta como ella? Además, la conocía de ese mismo día. Era solamente una conocida, se dijo el mayor de los italianos. Sin embargo, a pesar del pavo y todas las tonterías que decía Isabel, había algo en ella que le atría. Quizás eran sus ganas de vivir, o su estúpida sonrisa, o incluso su risa escandalosa.
-Ciao fratello-saludó Feliciano llegando a hacia ellos, seguido de cerca por Lili.
-Ciao-saludó Lovino de mala gana.
-Mira, Lili, este es mi hermano mayor, Lovino-presentó Feliciano-y esta supongo que debe ser su nueva novia.
Lovino se atragantó con su propia saliva al escuchar esto, mientras que, por otra parte, Isabel y Lili se echaron a reir.
-Pero si nos acabamos de conocer, idiota-protestó Lovino.
-Me llamo Isabel-dijo Isabel presentándose.
-Yo Feliciano-contestó el moreno con una gran sonrisa.
El resto de la tarde la pasaron entre risas, gastándose bromas y charlaron en las toallas.
-Contadnos algo sobre vosotros-dijo Isabel, quien estada tumbada boca arriba junto a Lili.
-Pues vivimos en Nápoles y hemos venido aquí de vacaciones-dijo Feliciano sonriendo.-Lovino decía antes que no pensaba hablar español, pero al parecer le has hecho cambiar de opinión, Isabel.
La española se rió con esta declaración, mientras que Lovino le metió un codazo a su hermano y le insultó en italiano.
-Te aconsejo que no hagas mucho caso a Feliciano, Isabel-dijo Lovino, con las mejillas coloradas-suele decir cientos de estupideces en un día.
-No digas eso, Lovi-dijo la española, fingiendo entristecerse mientras acariciaba la cabeza a Feliciano-Feli es muy listo, y no deberías meterte con él, es muy pequeño.
-Pero si solo es unos minutos más pequeño que yo. Y por cierto, no me digas Lovi, ya no soy un crío-refunfuñó el mayor de los Vargas, mientras que los otros tres jóvenes reían.
-Osea, que cuando eras un crío te decían Lovi, ¿no?-picó Isabel con una sonrisa traviesa.
-Solo mis padres-respondió Lovino frunciendo el ceño.
-Bueno, nosotras vamos a cenar en un chiringuito, así que vamos a ir a cambiarnos ya-dijo Isabel poniendo fin a la entretenida conversación. Lovino por su parte se decepcionó con eso, aunque no supo muy bien por qué.
-Es verdad-dijo Lili-y yo aún tengo que deshacer parte de mi maleta...
-Bueno, vamonos ya que luego mis padres nos regañan por ser unas tardonas-dijo Isabel riéndose-A ver si nos vemos más. Nosotras estamos aquí hasta mediados de agosto, ¿Y vosotros?
-Hasta principios de agosto-contestó Feliciano, poniéndose en pie.-Oíd, ¿Y si os acompañamos a vuestro bungalow? O tienda de campaña, lo que sea en que estéis.
Lovino rodó los ojos, avergonzado de esa confianza que cogía siempre su hermano con todo el mundo que llegaba a resultar molesta.
-Está bien-aceptó Isabel.-y es un bungalow donde nos estamos alojando.
-Ah, como nosotros-dijo Feliciano sonriendo.
Salieron de la piscina y fueron hacia los bungalows. Feliciano no paró de hablar con las dos chicas sobre cosas suyas que Lovino decidió ignorar. Éste iba detrás mientras se desesperaba por toda la verborrea sin sentido(o eso le parecía a Lovino, ya que Lili e Isabel parecían encontrarla interesante) que estaba diciendo su hermano, pero que hacía sonreir a Lili. Isabel se giró en una ocasión y le sonrió cómplice al mayor de los italianos, haciendo que se sonrojara y apartara la vista.
-Mira, si somos vecinos-dijo con sorpresa Feliciano cuando llegaron finalmente ante el bungalows de las chicas.
Se despidió de ellas y fue hacia su bungalow a cambiarse.
-Ha sido divertido conocerte y hablar contigo. Bueno, contigo y con tu hermano, claro-dijo Isabel cuando ella y Lovino se quedaron a solas, pues Lili se había metido dentro de su bungalow para terminar de sacar sus cosas de la maleta-aunque siento mucho el incidente con el agua, antes en la fuente.
-N-No pasa nada-dijo Lovino con nerviosismo. Normalmente era bastante seguro con las chicas, pero ésta muchacha tenía algo que le hacía sentir vulnerable.-Y ¿para qué necesitabas dos vasos?, ¿no habría sido suficiente con uno?
-Bueno, es que siempre que me tomo pastillas tengo la impresión de que se me quedan en la garganta y necesito beber mucha agua-dijo Isabel riéndose. Lovino negó con la cabeza, pensando que la chica era todo un caso.
-Por cierto-dijo Isabel-un día de estos podemos volver a la piscina, o incluso podríamos ir a la playa todos juntos, ¿qué te parece?
-Está bien.-aceptó Lovino.
-Bueno, yo me tengo que ir ya, que si no me llamarán tardona, como siempre-rió Isabel-Adiós.
Lovino le despidió con la mano y entró a su bungalow. Feliciano aún se estaba duchando, y parecía que le quedaba todavía para rato.
Estando solo en su habitación, se permitió sonreír bobamente. Ahora que lo pensaba, Isabel era bastante guapa, y a pesar de tener tanto pavo, era una buena persona con la que se había divertido mucho en esa tarde.
Quizás esas vacaciones en España no iban a ser tan malas después de todo.
