Aquí les traigo el segundo capítulo de este fic. Otaku Ka339 preguntó si son adolescentes en el fic. Sí, tienen entre 16, 17, 18 años(dependiendo de los personajes. Lili e Isabel tienen 16, Feliciano y Lovino tienen 17;Gilbert, Francis, Arthur, Alfred, Elizabetha y Roderich tienen 18). Espero que les guste el capítulo^^
Días veraniegos
La primera noche en el camping habría sido bastante buena de no ser por la gran cantidad de mosquitos que había en el lugar.
Lovino amaneció con unas cinco picaduras en los brazos, y no quisó contar las que tenía en el resto del cuerpo ya para no deprimirse.
Su hermano estaba igual, y no paraba de rascarse los brazos y las piernas.
-Bueno, esta noche dormis con la ventana cerrada y ya está-propuso la madre de los gemelos, a quien al parecer no parecía importarle si sus hijos morían de calor.
La segunda mañana de estar en el camping, la familia Vargas decidió ir a la playa, para el desagrado de Lovino, quien odiaba la arena.
-Vaya mierda de todo-dijo entre dientes mientras su familia buscaba un sitio en el que ponerse.
-Fratello, ya verás que bien nos lo pasamos con las olas-trató Feliciano de animar a su gemelo, quien simplemente rodó los ojos y decidió ni responder al comentario del menor.
-Mira, si no quieres bañarte, por qué no haces un castillo de arena ahí en la orilla, ¿eh?-dijo el padre de los gemelos.
-Por que ya no soy un niño, papá-respondió Lovino frunciendo el ceño. Relamente odiaba esas veces en las que sus padres olvidaban que tenía casi dieciocho años y le trataban como a un crío.
Feliciano cogió las gafas de bucear y se zambulló en el agua, y los padres de los chicos se quedaron en las toallas tomando el sol.
-Iré a dar un paseo por la orilla-anunció Lovino a sus padres, quienes le hicieron un movimiento de mano dándole a entender que les parecía bien.
El chico comenzó a andar por la orilla, mojándose los pies con la helada agua del mar, dándose cuenta de que se le había olvidado echarse crema cuando empezaron a quemarsele los hombros. Sin embargo, no tenía ninguna intención de volver a echarse nada.
Mientras iba pensando en sus cosas, sintió de repente como alguien le saltaba encima por detrás y casi le tiraba al suelo.
-Hey, te he estado un rato llamando, Lovi.
El italiano se giró y vio que se trataba de la chica del día anterior, Isabel.
-¿Y no podrías ser un menos brusca, tu también?
-Era la única manera para que me hicieras caso-rió Isabel.-¿Por cierto, aún no te has bañado?-preguntó con una sonrisa maligna que el italiano pasó por alto.
-No quiero, luego se me pega la arena y es un coñazo quitarla-explicó el italiano dándose cuenta por primera vez de lo bien que se veía Isabel en bikini. Estaba bastante morena, y su bikini con estampado de colores le quedaba muy bien.
-¿Ah, si?-pregunto con una sonrisa maliciosa Isabel-pues me parece que este no es tu día de suerte.
-¿Qué quieres dec...?-Lovino no terminó de formular la pregunta, pues se vió lanzado al agua por Isabel, quien le tenía agarrado en un fuerte abrazo.
-¿¡Pero qué haces, lunática!?-preguntó Lovino cuando sacó la cabeza del agua y la movía para quitarse el agua. Isabel por su parte reía. Lovino, visto así le recordaba a un gato, y se veía muy mono.
-Estás de vacaciones, es verano, ¿necesitas alguna otra buena razón? Disfruta de la vida, hombre-respondió Isabel poniéndose en pie.
Lovino le dirigió una mirada enfadada pero internamente pensó que la española tenía razón.
-Por cierto-dijo Isabel cambiando de tema-¿Y tu hermano?
-Por allí debe de estar. Antes estaba buceando-respondió Lovino señalando hacia donde creía que estaba su hermano.
Mientras tanto, en la parte que Lovino había señalado, más hacia afuera, estaba Feliciano saliendo del agua, cansado ya de bucear.
Se quitó las gafas de buceo y se pasó una mano por el pelo.
Miró a la gente de la playa y alzó las cejas al distinguir a la chica con la que había chocado ayer; Lili, quien estaba buscando conchas en la orilla.
-Ciao-saludó Feliciano acercándose a ella.
La chica despegó la vista del suelo y formó una pequeña sonrisa al ver de quién se trataba.
-H-Hola, ¿Feliciano, no?
-Sí.
-No esperaba encontrarme contigo.
-¿Y eso? Jajajaja, además, la playa queda muy cerca del camping. Lo raro sería que no nos viéramos en la playa-dijo Feliciano con una gran sonrisa.
Lili se avergonzó por su respuesta estúpida y apartó la vista sonrojada.
-Y... has venido con Isabel, supongo, ¿no?-preguntó el italiano, cambiando de tema.-¿Donde está?
-Pues... la última vez que la vi estaba jugando a saltar las olas.
-¿vamos a buscarla?-propuso Feliciano.
-de acuerdo-aceptó Lili.
Siguieron hablando mientras iban en busca de la española, quien resultó estar haciendo una ahogadilla a Lovino, quien se escapó de su agarre y comenzó a hacerle cosquillas.
-No, no vale. Para, tiempo muerto-pedía entre risas Isabel.-Cosquillas no, cosquillas no, cosquillas no.
Pero Lovino hacía caso omiso de las peticiones de la ojiverde y continuó haciéndola reir hasta que se dio cuenta de que tanto su hermano como Lili les estaban observando de cerca.
Paró de golpe de hacer cosquillas y adoptó su pose más formal. Mientras, Isabel intentaba reponerse de tanto reír, agarrada a un brazo de Lovino.
-Os estabamos buscando, fratello, pero veo que interrumpimos-dijo Feliciano sonriendo a su gemelo con malicia.
-De hecho no interrumpis nada. ¿Queréis uniros?-preguntó Isabel cuando recobró el aliento, salpicando un poco hacia su amiga y el otro italiano.
-Por supuesto que si-respondió Feliciano respondiendo a la morena y salpicándola de vuelta, aunque no con mucha fuerza.
En menos de unos segundos, los cuatro jóvenes estaban salpicándose, haciendo ahogadillas y cosquillas.
Aquel día fue fantástico para los cuatro, quienes volvieron exhaustos al camping.
-Oye-dijo Feliciano-¿Y si cenamos juntos?
-Está bien-aceptó Isabel.
La cena la tomaron en las mesas de madera que había en el camping.
Lovino se sentó junto a Isabel y estuvo haciendole cosquillas en las rodillas por debajo de la mesa. La chica se vengaba dándole codazos y aprovechando de paso para haderle cosquillas en la barriga.
Por otra parte, Lili y Feliciano estaban más calmados y hablaban entre ellos tranquilamente.
-Y pensar que mi fratello decía que no pensaba hablar ni ser amigo de ningún español-suspiró Feliciano viendo a su hermano y a Isabel, quienes estaban haciendose bromas y cosquillas de nuevo y no les estaban prestando atención en lo más mínimo.
-No creo que piense lo mismo ahora.-comentó Lili.
-¿Y si les dejamos solos?-preguntó Feliciano con una sonrisa.
-C-Claro, como quieras-respondió Lili sonrojándose, sabiendo que si los dejaban solos, ella y Feliciano también estarían 'solos'.
Los dos se pusieron en pie y se alejaron silenciosamente.
-¿quieres ir a algún lugar en especial?-preguntó Feliciano-¿o damos vueltas por el camping?
-Me da igual. Aunque podemos dar vueltas y si vemos algún sitio que nos guste nos quedamos allí-propuso Lili.
-Buena idea-coincidió Feliciano.
Comenzaron a andar a paso lento, hablando de sus gustos musicales. A Lili le gustaba mucho la música clásica y tocaba el piano.
-¿Sí? Qué guay. Un día de estos tienes que darnos un concierto-bromeó el italiano-a mi me gusta la música clásica también, aunque prefiero la actual también.
-A mi prácticamente solo la clásica. Llevo escuchándola desde que era muy pequeña-admitió Lili con un sonrojo.
Mientras estos dos hablaban de música y alguna que otra cosa, más, en las mesas de madera había otro panorama muy diferente.
-¡Para, por favor! ¡Ten piedad!-chillaba cierta española ojiverde entre los brazos de Lovino, quien sonreía con malicia y no paraba de hacer reír a la chica.
Por fin, después de unos laaargos minutos de bromas, acabó por dejar en paz a la española.
-Eres malvado, Lovino, muy malvado-dijo Isabel cuando, tras unos minutos, volvió a ser capaz de hablar.
-Lo sé-respondió el italiano con una sonrisa cargada de arrogancia-pero es que es divertido molestarte. Muy divertido.
La chica se cruzó de brazos e infló los mofletes, fingiendo estar enfadada.
-Por cierto...-dijo Lovino después de unos instantes en silencio-¿Cuántos años tienes?
-Dieciséis-respondió la española volviendo a sonreir.-¿Y tú?
-Casi dieciocho.
-Já-dio Isabel con media sonrisa-seguro que acabas de cumplir como mucho los diecisiete.
-Perdona que te diga pero en un par de meses ya soy mayor de edad. Eres tú la única enana aquí.
-¿Con que crees que soy una enana, no?-preguntó la morena acercándose peligrosamente a él.
-S-Sí, por supuesto que lo eres.-contestó el mayor sonrojándose al ver la cercanía que había entre sus cuerpos.
-Pues tan enana no seré cuando logro que tu cara se ponga igual de roja que un tomate-dijo Isabel con voz seductora antes de reirse en la cara de Lovino, quien pensó que esa se la tenía que devolver.
-Ese es mi color natural de la piel. Por si no lo sabes, hoy me he quemado en la playa.-se excusó el italiano.
-Ahorrate las excusas baratas, Lovi.
-¡No me llames Lovi!-exclamó Lovino, aún más sonrojado-ya te dije ayer que así me llamaban de pequeño.
-Ya, y pienso que ese nombre es muy mono, por eso te llamo así-dijo la española con una sonrisa tierna.
-Por cierto-empezó Lovino-me preguntaba si...
Pero Isabel nunca pudo saber qué era lo que Lovino se preguntaba, básicamente por que fueron interrumpidos por el 'indeseable'(al menos eso pensó Lovino) de Feliciano.
-Fratello-saludó con efusividad el menor, abrazandose a su hermano.-Mamá dice que volvamos ya al bungalow, que ya es muy tarde y que mañana hay que madrugar.
Lovino rodó los ojos, deseando que su hermano no hubiese aparecido tan súbitamente. Le habría gustado estar más tiempo junto a Isabel.
-Bueno.-dijo Lovino, atrayendo la atención de Isabel, quien estaba hablando con Lili, quien hasta ese momento había pasado desapercibida para el mayor de los hermanos.-me voy. Hasta mañana.
Isabel sonrió y se despidió, quedando en volver a verse el día siguiente.
Sin embargo, el día siguiente no fue del todo como Lovino esperaba...
-Fratello, despierta. Despierta, vamos, Lovi, arriba.
Eso fue lo primero que oyó Lovino Vargas al despertar. A su hermano dándole prisa por levantarse de manera muy histérica.
Sin embargo, Lovino tenía un dolor de cabeza monumental, que parecía volverse más intenso a medida que su hermano le iba diciendo que se levantara.
-Déjame en paz, Feliciano, joder. Me duele la cabeza, ¿vale?
-Pero... tienes que venir a la playa...
-Esta mañana no me voy a ir a ningún lado. Me siento mal, Feli-intentó hacer entenderle Lovino tapándose la cabeza con la almohada.
-Pues Isabel se va a poner muy triste si no vienes...
-No intentes hacerme chantaje, Feliciano. Veré a Isabel en la tarde-sentenció Lovino, dándose la vuelta en la cama para así dar la espalda a su gemelo.
Feliciano alzó las cejas al darse cuenta de que su hermano no estaba fingiendo(normalmente solía hacerlo para saltarse clases o cualquier compromiso) y salió del bungalow.
-Mi hermano no va a venir-informó a Lili e Isabel, quienes estaban esperando en las escaleras del bungalow.
-¿Y eso?-preguntó la española con decepción.
-Está malo. Le duele la cabeza. Pero a la tarde quizás sí que venga.
-Pues vaya faena...-musitó la ojiverde mirando al suelo.
-Bueno, ¿vamos?-preguntó Feliciano regalándole una gran sonrisa a Lili, a quien parecía no afectarle en absoluto la ausencia de Feliciano.
Mientras Feliciano y las chicas pasaban la mañana en la playa, Lovino estuvo tumbado en la cama hasta más o menos la hora del almuerzo, en que su hermano volvió.
-¿Estás ya mejor, Lovi?-preguntó Feliciano asomandose al cuarto donde su hermano yacía boca-abajo en la cama.
-No lo sé-respondió el mayor con la cara aplastada por la almohada.
-¿A que no sabes lo que ha pasado en la playa?-preguntó el menor con entusiasmo, sentándose en la orilla de la cama del mayor.
-¿El qué?-preguntó fingiendo desinterés Lovino, girándose hacia su hermano y mirándole a la cara.
-Hemos conocidos a un par de chicos muy simpáticos y hemos quedado esta tarde en la playa. Se llaman Francis y Gilbert. Viven aquí, en los pisos al lado del camping.
-Bien-dijo únicamente Lovino.
-Al parecer Francis e Isabel se han hecho muy buenos amigos. Resulta que tienen muchos gustos en común.
Por razones completamente desconocidas, Lovino sintió una punzada en su corazón. ¿Celos? Podían ser. Pero, ¿Por qué? Si apenas conocía a Isabel...
-Y dice Isabel que a ver si para esta tarde estás mejor y puedes venir.-continuó Feliciano-dice que te ha echado de menos, y que espera que te mejores pronto.
Los celos que había sentido antes se disiparon de golpe al oír eso. Le gustaba mucho esa sensación, aunque no podía evitar que sus mejillas se colorearan al saber que Isabel se preocupaba por él y le había echado de menos.
Así que, tomándose un ibuprofeno y esperando que el dolor le bajara, Lovino almorzó y escuchó a su hermano, que le contaba qué había hecho esa mañana en la playa.
-Pues Gilbert ha propuesto jugar al volley y como a todos les ha parecido bien, pues hemos acabado jugando a eso.
-Osea, que le habéis hecho caso al maldito ese-dijo Lovino frunciendo el ceño.
-No, fratello. Exageras demasiado las cosas-negó Feliciano rodando los ojos. Odiaba cuando a su hermano le daba por pillarla con cualquier persona, incluso sin conocerla, como era el caso de Gilbert, y ponerla de mala persona.
Terminaron de comer y salieron afuera, donde se encontraron con que Lili e Isabel estaban sentadas en las escaleras de su bungalow hablando en voz baja. Cuando vieron a los chicos sonrieron y se dirigieron hacia ellos.
-Hola, ¿cómo estás Lovi?-preguntó Isabel yendo hacia Lovino directamente, dejando a Feliciano hablando con Lili.-nos dijo tu "fratello" que estabas malo de la cabeza en la mañana y que por eso no viniste. ¿Estás ya mejor?
Lovino se sintió un poco abrumado, pues nunca nadie había mostrado tanta preocupación por él, aparte de su hermano menor o su madre.
-Pues ya estoy mejor, grazie... me he tomado antes un ibuprofeno y parece que ya se me ha bajado un poco el dolor.
-Mejor, por que no es igual de divertida la playa sin ti-coqueteó Isabel con una pícara sonrisa que hizo al italiano enrojecer.
-N-No digas tonterías. Y vámonos, que tengo ya ganas de meterme en el agua.-dijo intentando llamar la atención de su hermano, pero fue en vano,ya que éste estaba teniendo una interesante conversación con la chica rubia y parecía aislado del mundo.
-No son tonterías-murmuró Isabel, pero Lovino no llegó a oirla, pues había ido hasta su hermano y le había empujado para que andara.
El camino a la playa fue entretenido. Al menos para Feliciano, quien comentaba con Lili lo bien que se lo habían pasado esa mañana en la playa.
Sin embargo, Lovino no lo estaba pasando igual de bien que su consanguíneo. Le estaba entrando de nuevo dolor de cabeza, pero esta vez por oír a la española ojiverde que hablaba de lo simpático que era Francis y lo interesante que era Gilbert.
-¿Y sabes qué es lo más increíble de Gilbert?-preguntó con excitación la morena.
-Sorpréndeme...
-Es albino y tiene los ojos rojos, y son super guays. Me encantan, de verdad te lo digo.
Lovino rodó los ojos molesto, pero la chica siguió hablando sin parar de los dos chicos hasta que llegaron al paseo marítimo.
-¿Y ahora qué?-preguntó cruzándose de brazos.
-Nosotras hemos dejado nuestras toallas con las de Gilbert y Francis, que se iban a quedar todo el día en la playa.
-¿Dejáis vuestras cosas a cargo de unos desconocidos?-preguntó con desdén Lovino.
-Sí, pero no pasa nada. Sólo son toallas-resondió Isabel quitándole hierro al asunto.
-En fin...-murmuró el italiano mayor.
-¿Les buscamos?-propuso Lili.
-De acuerdo-dijo Feliciano-después de todo, mi toalla también está allí.
Fueron en busca de ambos muchachos, que estaban jugando con un balón dentro del agua.
-¡Francis!-gritó Isabel cuando ya habían llegado junto a las toallas.
El aludido miro hacia ella y la saludó con una mano. El chico albino aprovechó la distracción momentánea de su amigo y le tiró el balón en la cara.
-¿Siempre son así de brutos?-preguntó con desdén Lovino, mirando la escena con los brazos cruzandos.
-A veces. Pero son muy buenos amigos en el fondo-aseguró Isabel echándose crema que era seguramente de Gilbert, puesto que la protección 50 prácticamente la usaría un albino o alguien con la piel blanquita.
-Salut, mes amis-dijo un chico rubio de ojos azules. Era un poco más alto que Lovino, y parecía ser mayor que él en cuanto a edad.
-Hola-saludó Isabel sonriendo.-Mira Francis, este es Lovino, el chico del que te hablé en la mañana.
-Oh, con que este es el famoso Lovi, ¿eh?-preguntó con curiosidad el francés.
-Me llamo Lovino, joder. ¿y el famoso de donde te lo sacas?
-De ningún lado. Pero Isa estaba hablando tanto de ti en la mañana que hasta parecía que estabas aquí con nosotros-rió el francés, haciendo que la sangre del italiano empezara a hervir de rabia. Ni siquiera conocía a ese francés y ya sabía que le caía mal. Vaya, lo que Lovino sentía por Francis era odio a primera vista, cosa que solía pasarle con mucha gente.
-Hola-dijo una voz grave atrás de Lovino. Éste se giró y se encontró con un chico que respondía a la descripicón de Gilbert. Albino, ojos escarlata, y una gran sonrisa cargada de arrogancia.
-Hola, Gil-saludó Isabel-le estaba presentando a Francis al chico del que te hablé antes; Lovino.
-¿Lovino? Aah, ya me acuerdo-dijo el albino ampliando su sonrisa.-el chico del que parece estar enamorada Isabel.
-¡Oye!-gritó la mencionada con las mejillas sonrojadas-No te inventes. Además, si alguno de nosotros estamos enamorados eres tú, de la tal Elizabetha esa.
-Y lo estoy-sonrió el albino esta vez con sinceridad-aunque como no creo que la conozcais nunca no tengo por que negarlo.
-¿Y por qué no ibamos a conocerla?-cuestionó Isabel, de brazos cruzados.
-Por que a ella no le gusta la playa y siempre está en la piscina de nuestro recinto con sus amigas.
-¿Sóis vecinos?
-Sí. Y curiosamente ella vive debajo de mi. Pero si de verdad alguien está aquí enamorado es Francis.-dijo con una sonrisa maligna mirando a su amigo, quien estaba poniéndose sus gafas de sol.
-Claro que estoy enamorado. Estoy enamorado de la vida-dijo éste con cinismo.
-De la vida y de Arthur-rió con crueldad el ojirrojo.
-No estoy enamorado de Arthur... y aunque lo estuviera, sería una batalla perdida.
-¿Y eso por qué?-preguntó Lovino sin preocuparse por paracer muy cotilla.
-Por que él ya está enamorado de otra persona... de un idiota que no le merece.
-¿Y tú sí le mereces?-picó Gilbert sentándose en su toalla.
-No lo sé... pero lo que sí sé es que un idiota como Alfred no merece la compañía de alguien como Arthur.
-Pues si tan seguro estás ve y conquista a Arthur-dijo con seguridad Lovino, sentándose en la toallase de su hermano, quien estaba en un mundo aparte con Lili hablando de...¿cubos de rubik acababa de mencionar Lili ? Ni lo sabía ni le interesaba, pero el caso a ambos jóvenes se les veía felices.
-No es tan sencillo, mon ami-sonrió tristemente Francis-Arthur me odia desde siempre, y si entera de que me gusta se burlará o algo parecido.
-Entonces es que es idiota-zanjó Lovino. Francis no dijo nada, pensando en que quizás Arthur estaba mejor con ese tal Alfred.
La hora siguiente la pasaron jugando al volley en la arena. Isabel, Lovino y Francis estaban en un equipo mientras que Lili, Feliciano y Gilbert estaban en el otro. Al final, hasta le resultó divertido al gruñón de Lovino, quien no esperaba divertirse tanto.
-Bueno, nosotros nos vamos ya-dijo Gilbert cuando el sol comenzó a ocultarse.-Ha sido divertido conocerte, Lovi. Eres casi igual de adorable que la descripción tan subjetiva que Isabel nos había hecho.
Isabel se sonrojó hasta la raiz del cabello al oir el comentario y comenzó a picarle con el tema de Elizabetha, diciendo que la encontraría y le haría saber que el albino estaba totalmente loco por ella.
-Suerte encontrándola-dijo Gilbert antes de irse.-cuando quiere nadie la puede encontrar.
Isabel(ni nadie, excepto quizás Francis) supo que había querido decir el albino con ese comentario, pero no preguntó nada más.
Los días posteriores fueron parecidos a este, y Lovino, el que no quería por nada del mundo ir a España, encontró unos grandes amigos que estaba seguro jamás olvidaría en la nación española
