La botella y más líos

-Y así es como se da un beso francés, mes amis-dijo un sonriente francés al separarse de la boca de una novia que se había echado. La conocía de un par de días, o incluso menos. La chiquilla era una pija que se reía por cualquier chorrada y miraba con asco a las demás muchachas, como era el caso de Isabel, Lili y Elizabetha, de la que tanto había hablado Gilbert. Francis la había conocido allí, en la misma playa, y el francés la había seducido en seguida, como siempre hacía cuando veía alguna chica con un buen cuerpo.

-Da asco-soltó ácido Lovino haciendo soltar una carcajada a Gilbert, que opinaba lo mismo que el italiano-Lo que más grima me ha dado ha sido el momento en el que se han visto vuestras dos lenguas, y la saliva, y aaargh, no puedo seguir del asco.

-Lovino tiene razón, Fran-apoyaba el ojirrojo-da verdadero asco eso.

-¿Entonces besar a una chica da asco?-preguntó Elizabetha entrando a la conversación, haciendo al albino enrojecer.

-No me refería a eso, tonta. Quería decir que es asqueroso ver a Francis besarse con su novia.-se excusó Gilbert rápidamente.

-Bueno. Ahora que han visto cómo es, ¿Por qué no practican?-preguntó Francis abrazando a su novia por los hombros.

-¿¡Pero qué dices, pervertido?!-chilló Lovino enrojeciendo.

-No lo he dicho a nadie en concreto, Lovi. Pero parece ser que te das por aludido-dijo Francis con una sonrisa pervertida. Al italiano le entraron ganas de estrangularle allí mismo.

-¿Entonces por qué lo has dicho?-preguntó Elizabetha alzando una ceja.

-Por que hay aquí personas que deberían simplemente dejarse caer en las redes del amour-sonrió Francis con lujuria, antes de besar de manera empalagosa a su novia.

Gilbert soltó una risotada nerviosa, pero no hizo ningún comentario. Lovino sentía como su cara seguía estando roja de la vergüenza, mientras que Isabel y Lili se echaron una mirada cómplice, ambas igual de coloradas que el mayor de los hermanos italianos. Feliciano no dijo nada, pero hizo amago de tomar la mano de Lili, aunque en el último momento se echó para atrás.

-Bueno-dijo Elizabetha intentando disipar la tensión que se había formado en el ambiente-¿Y si volvemos al agua?

-Por mi está bien-dijo Isabel, poniéndose en pie-Estoy ya cansada de llevar tanto tiempo sentada.

-Id vosotros, yo me quedo aquí-dijo Francis mientras se tumbaba en su toalla junto a su chica.

-Yo paso de ver a este par de empalagosos. Voy con vosotras-dijo Lovino.

-Yo igual-dijo Gilbert levantándose, al igual que Lili y Feliciano, quienes se echaron una rápida mirada. Ella bastante sonrojada y él con las mejillas un poco coloreadas.

Al final, todos fueron al agua menos Francis y su novia. Ellos estaban demasiados ocupados diciéndose cosas románticas mientras yacían tumbados en la toalla del rubio. Sin embargo, éste miraba de vez en cuando a la gente que pasaba por la orilla, buscando a alguien con la mirada.

-De verdad que da asco verles-comentó Gilbert cuando ya estaban en el agua, algo lejos de la orilla, jugando con una pelota de volley.

-¿Te refieres a Francis y su novia cuyo nombre ninguno sabemos?-inquirió Elizabetha al tiempo que intentaba quitarle la pelota a Feliciano, sin éxito. Éste se la pasó a Isabel.

-Creo que se llama Elisa-dijo Lili, recibiendo el balón que Isabel le mandaba.

-Pues yo pensaba que era Paula-rió Lovino-cuando le dije antes a Francis si Paula venía, me dijo que sí.

-A lo mejor tiene otra novia que se llama Paula-dijo Gilbert, quitándole la pelota a Elizabetha, quien la acababa de recibir-no me extrañaría nada viniendo de Francis.

-¿El qué?

-¿El qué no me extrañaría?-preguntó el albino, y Lovino asintió con la cabeza-que tuviera más de una novia a la vez.

-Qué promiscuo...-murmuró Lovino mientras tomaba el balón que Isabel le mandaba, después de habérselo quitado al ojirrojo.

-En realidad-dijo Elizabetha-creo que eso de tener tantas novias es por que tiene miedo de amar realmente a alguien. De enamorarse de verdad.

-¿Pero qué dices?-preguntó Lovino frunciendo el ceño.

-Todos sabemos que el gran amor de la infancia de Francis fue Arthur. Eran muy amigos hasta que apareció Alfred...

-¿Y qué pasó cuando apareció el Alfred ese?-preguntó Lovino, soltando el balón, ya que eso sonaba bastante interesante.

-Pues básicamente que Arthur empezó a juntarse más con ese gringo y dejó a Fran de lado-respondió Gilbert-y resultó que el cejas estaba enamorado de Alfred.

-¿El cejas?-preguntó Isabel.

-Arthur-especificó Elizabetha.

-Entonces Francis no ama realmente a nadie por que ama a Arthur? No entiendo...-dijo Isabel.

-Yo tampoco-dijo Lovino.

-Pues yo...-dijo Elizabetha, pero se cortó cuando miró hacia la orilla.

-¿Pues tú...?-dijo Isabel, animando a Elizabetha a seguir hablando.

-¿Qué pasa?-preguntó Gilbert mirando hacia donde la morena estaba mirando, para luego fruncir el ceño.

-Maldito señorito...-murmuró el ojirrojo entre dientes.

-¿Qué has dicho?-preguntó Lovino a Gilbert, sin embargo, no recibió respuesta alguna, ya que Elizabetha le interrumpió.

-Gilbert, no empieces-advirtió la húngara, mirando con dureza al albino-voy con él.

-¿En serio?-preguntó el albino incrédulo.

Sin embargo, Elizabetha no respondió y fue con toda la rapidez que pudo(que no fue mucha, ya que estaba dentro del agua) hasta la orilla, donde se acercó a un chico que acababa de llegar a la playa acompañado de unos adultos que como se podía suponer, eran sus padres.

-¿Quién es ese?-preguntó Isabel con curiosidad, rompiendo el tenso silencio que se había formado con la marcha de Elizabetha.

-Ese es el idiota del señorito-respondió Gilbert enfadado. Al ver que los demás se quedaban igual, precisó quien era aquel chico-es un tipo muy amigo de Elizabetha, y se llama Roderich, que el otro día hizo una prueba para ingresar en una orquesta o algo así, y al parecer no le han admitido, y por eso ahora va por la vida así, como un alma en pena.

-Pues yo le veo bien-dijo Feliciano observando al joven.

-Eso porque no estás a su lado y no le ves la cara de amargado que se trae encima-dijo escupiendo casi las palabras el albino.

Elizabetha no volvió con ellos esa mañana, y el ambiente se volvió un poco tenso con Gilbert, quien se puso de mal humor.

Nadie comentó nada sobre el tema, pero se podía ver que entre Gilbert y Elizabetha había un obstáculo.


Eran mediados de julio cuando la familia Vargas visitó varios pueblos cercanos al camping. Aunque ninguno de los dos lo dijo en voz alta, ni Lovino ni Feliciano quisieron ir, básicamente para no separarse de esas chicas que les estaban robando el corazón poco a poco.

-Oye Lovi-dijo Feliciano cuando estaban en el coche, de vuelta al camping-¿Vas a ir el martes a la fiesta de Francis?

-No creo. Ese francés pervertido no me inspira mucha confianza.

-Pues Lili e Isabel van a ir-dejó caer el menor de los italianos mirando con atención la reacción de su consanguíneo.

-¿Y a mí qué si Isabel se lleva bien con ese idiota?-preguntó cruzando los brazos y apartando la vista de los ojos del menor.

-¿Estás celoso?-preguntó Feliciano con malicia, divertido con la reacción de Lovino.

-C-Claro que no-se apresuró a negar el mayor-Es su vida. Que haga lo que quiera.

-Además, me ha parecido oir a Francis decir a Gilbert que jugarían a la botella.

-¿A la botella?

-Sí. Ya sabes el juego ese de los besos.

-Ya sé lo que es el juego de la botella, idiota. Sólo me sorprende lo pervertido que puede llegar a ser el maldito gabacho ese.

-Mira el lado bueno-sonrió Feliciano-quizás así puedas besar a Isabel.

-¿Y-Y p-por qué iba a querer besarla, bastardo?-chilló Lovino completamente sonrojado.

-Por que a ti te gusta ella y tu le gustas a ella.-explicó con una sonrisa sincera el menor. Lovino no respondió nada y se puso a refunfuñar cosas en italiano muy rápido, sin negar la evidencia que acababa de decirle su hermano.

Cuando llegaron al final al camping, Feliciano se fue en busca de Lili, y acabó yendo con la rubia a la piscina.

Mientras tanto, Lovino se tumbó en la cama de abajo de la litera, que pertenecía a su hermano, y se tapó la cara con las manos, pensando inevitablemente en Isabel.

Era sorprendente como en menos de un mes esa chica le había llegado tan hondo al corazón. A pesar de ser muy pava y decir muchas tonterías tenía algo que hacía sentir cómodo al italiano cada vez que estaba junto a ella.

Enredado en sus pensamientos, Lovino se fue quedando dormido paulatinamente. Estaba soñado con algo relacionado con el pervertido francés cuando se despertó de golpe al sentir unas manos frías tocarle la cara.

-¿¡Pero qué coño...!?-Fue lo primero que dijo al abrir los ojos y ver a Isabel riéndose malignamente antes de comenzar a atacarle con cosquillas.

-Para, Isabel, para-decía Lovino mientras la chica se reía e iba perdiendo poco a poco fuerza hasta dejarse caer finalmente sobre el italiano.

-¿Sabes? Es graciosa tu cara cuando duermes-admitió la chica.

Lovino se sonrojó al ver la postura en la que estaban tan comprometedora, aunque Isabel no parecía darse cuenta de ello.

-¿Cómo has entrado maldita loca?-preguntó el italiano incorporándose un poco.

-Por la puerta. Les pregunté a tus padres donde estabas y me dijeron que aquí. Me invitaron a pasar y aquí estoy ahora-explicó Isabel como si fuera lo más lógico del mundo.

-¿Eres una especie de acosadora o qué?-preguntó sarcásticamente Lovino levantándose.

-Quizás-respondió la chica con una enigmática sonrisa.

El italiano rodó los ojos y se llevó una mano a la cara.

-¿Y qué vas a hacer ahora?-preguntó el chico-¿vas a la playa, a la piscina, a dar un paseo... a qué?

-Al parecer no soy la única acosadora aquí-dijo Isabel

-Venga, elige cualquier cosa y vámonos-dijo Lovino desesperado ya.

Después de diez minutos Isabel no sabía que ponerse para la fiesta.

-¿Que es mejor para la noche? ¿Falda o pantalones?-preguntó la española desde su cuarto.

-Yo qué sé-gritó Lovino llevándose una mano a la frente-pero por lo que más quieras, date prisa. Al cabo unos cinco minutos Isabel salió de la habitación. Se había dejado el pelo suelto y al final se había decantado por pantalones cortos con un top blanco.

-¿Qué te parece?-preguntó la chica girando sobre sí misma, esperando ansiosa la respuesta del italiano.

-Mmm... no estás mal-fue toda la respuesta de Lovino, quien realmente pensaba que la joven se veía preciosa. Pero si se lo decía seguro que se le subiría a la cabeza.

-¿Solo eso?-preguntó Isabel sin esconder el tono de decepción.

-S-Sí. Y ahora vamos que no llegamos-dijo el mayor saliendo del bungalow.

Fue seguido de cerca por Isabel, quien no paraba de jugar con las puntas de su pelo.

-Oye... ¿Sabes a donde vamos a ir exactamente?-preguntó Lovino mientras Isabel cerraba la puerta.

-Sí, es aquí al lado, en el paseo marítimo. Aunque creo que luego vamos a ir a la playa.

-De acuerdo-contestó Lovino.

Mientras iban de camino, Isabel le contó lo que habían estado haciendo en la mañana, que había sido en gran parte preparar la fiesta de Francis.

-Por fin llegais, pareja de tardones-exclamó Gilbert cuando les vio llegar.

Isabel se rió y le dio un codazo al albino, mientras que Lovino por su parte se sonrojó y no hizo ningún comentario, cosa que no pasó desapercibida para Feliciano, quien sonrió sinceramente, alegrándose de ver así de feliz a su consanguíneo.

-Bueno, ¿Adónde vamos a ir al final?-preguntó Isabel con curiosidad.

-Pues ya iremos viendo sobre la marcha-respondió Gilbert-Fran dice de ir a cenar a un chiringito y luego ir a una disco o algo, pero le he dicho que mejor aprovechar y hacemos una fogata o algo en la arena.

-¿Eso no es ilegal?-preguntó Feliciando, alzando una ceja.

-Bah-dijo simplemente Gilbert.

Cuando Francis llegó, acompañado de Alfred y Arthur(este ultimo habia ido a regañdientes), fueron hacia un chiringuito que estaba a unos diez minutos. Llegaron y juntaron varias mesas para estar todos juntos.

La velada fue amena y divertida, y cuando terminaron de cenar decidieron quedarse en la playa.

Se sentaron en circulo en la arena.

-¿Qué hacemos ahora?-preguntó Elizabetha.

-¿Contar historias de terror?-propuso Feliciano.

-No me jodas. Ni que estuvieramos en ningún maldito campamento-se quejó Gilbert.

-Oye, un respeto, que yo voy a campamentos en verano y no me lo paso tan mal como piensas-saltó Elizabetha a la defensiva, medio en broma, medio seria.

Gilbert no dijo nada. En vez de eso le dedicó una arrogante sonrisa a la morena y siguió dándole tragos a su botella hasta que ésta se acabó.

-Pues vaya mierda-dijo el albino, dejando la botella a un lado.

-Oye, mon ami-dijo Francis, con un atisbo de sonrisa-dame esa botella.

-¿Para qué?-cuestionó el albino, acercándole la botella vacía de todos modos.

-He tenido una idea genial-dijo el rubio vaciando del todo la botella. A continuación, la puso en el centro del círculo-¡Juguemos a la botella!

-Paso-dijo Arthur cruzándose de brazos.

-Yo me apunto-dijo Alfred con entusiasmo, a lo que Arthur rodó los ojos.

-Siiii, a la botella-gritó Elizabetha con ilusión.

-¿Y tu porqué tienes tantas ganas de jugar ahora a la botella, eh?-preguntó Gilbert con una sonrisa a su amiga.

-Es obvio, Gil-respondió Elizabetha rodando los ojos-habrá yaoi. Mucho yaoi.

Gilbert suspiró con esta respuesta, pues no era lo que esperaba oír. Además, no estaba muy seguro de lo que era el yaoi.

-Todos queremos jugar, ¿no? Pues decidido-dijo Francis-jugaremos a la botella.

Nadie se negó, pero Lovino y Feliciano se miraron un poco inseguros.

-Bueno, primera ronda-dijo Francis dándole a la botella, y la persona a la que le tocó fue...

-Vaya, alguien va a tener la oportunidad de besarme-rió Francis, haciendo que Gilbert soltara una carcajada.-Veamos quien será el afortunado...o afortunada.

La botella volvió a girar y esta vez se paró en...

-¡No beses a mi fratello!-gritó/amenazó Lovino echándose encima de su gemelo en una especie de abrazo.

-Vee~ Lovi, no me dejas respirar.-se quejó Feliciano.

-¡Es que el pervertido va a besarte!-exclamó Lovino.

-Tranquilo, solo es un juego-dijo Feliciano con una sonrisa. Después se puso en pie y se acercó a

Francis, quien le esperaba con los brazos abiertos.

-¿Preparado para recibir el mejor beso de tu vida?-preguntó Francis con una sonrisa extraña.

-No, pues el mejor beso de mi vida aún no me lo han dado.-respondió el italiano haciendo que el francés rodara los ojos y acto seguido atrapara sus labios con los suyos.

Lovino miró con desdén al francés hasta que se separó.

-No besas del todo mal, Feli, pero podrías mejorar.

-Vee~gracias, Francis-respondió Feliciano yendo a sentarse junto a su hermano.

-Bueno, siguiente beso-exclamó Gilbert haciendo girar la botella. Sin embargo, esta vez el resultado fue un poco...extraño.

-¿Gilbert y Arthur?-preguntó Elizabetha frunciendo un poco el ceño, aunque con una sonrisa ladeada-esto será interesante.

-Demasiado interesante-apoyó Francis, cruzándose de brazos para ver ese beso tan peculiar.

-No, me niego a besar al cejas-dijo Gilbert imitando el gesto de su amigo francés.

-Yo tampoco pienso besar al cabeza desteñida ese-se negó Arthur.

-Antes he preguntado si todos queríamos jugar y nadie se ha quejado, mes amis.

-Pero...-dijo Arthur.

-Nada de peros. A besaros-exclamó Elizabetha con una amplia sonrisa.

Arthur tragó saliva trabajosamente y se levantó. Gilbert hizo lo mismo y se plantó delante del ojiverde.

-Que sea rápido. Y sin lengua.-advirtió el ojirrojo. Arthur asintió con la cabeza y más que besar se podría decir que chocó sus labios con los de Gilbert, quien se apartó al sentir los labios húmedos del inglés sobre los suyos.

-Buaaj, que asco-gritó Gilbert escupiendo.

-¿Te ha gustado el beso?-preguntó Alfred cuando Arthur se sentó a su lado.

-¿Y a ti que te importa, idiota?-preguntó frunciendo sus espesas cejas.

-Porque tus labios son solo míos-dijo Alfred antes de besarle con pasión.

Al ver eso, Francis apretó los puños pero no hizo ningún comentario al respecto.

-Bien, siguiente pareja.-dijo el francés haciendo la botella girar.

-Vaya, vaya. Gilbert, mon amour, de nuevo te toca a ti besar-informó Francis.

-¿A quién?

-A mi-sonrió Francis con diversión, haciendo que el albino se riera.

-Más quisieras, pervertido-dijo Gilbert.

Francis frunció el ceño, y aprovechando el ataque de risa de su amigo fue y le plantó un beso que hizo que al ojirrojo se le fuera la risa.

-Ya no te ríes tanto, mon amour-dijo Francis con una sonrisa triunfal al separarse de su amigo.

-Cállate-respondió Gilbert con el ceño fruncido y las mejillas sonrojadas. Hombre, es que Francis besaba muy bien...-Siguiente beso. Espero que esta vez no me toque a mi de nuevo.

Gilbert se rió solo, pero de nuevo algo hizo que se callara de golpe, y este algo fue el resultado del siguiente beso.

-¿Alfred y Elizabetha? Curiosa combinación-comentó Francis mientras Arthur se cruzaba de brazos y Gilbert estaba que echaba humo.

-Que sea rápido-dijo Arthur al estadounidense.

-Sí, sí-respondió Alfred dedicándole una gran sonrisa a su novio, quien apartó la mirada con el ceño fruncido aún.

-Bueno...-dijo Elizabetha plantándose ante Alfred-como Arthur bien ha dicho, que sea rápido-y acto seguido, tomó al americano por las mejillas y le depositó un rápido beso en los labios.

-Guau, eso ha sido rápido.-comentó Alfred yendo a sentarse.

-Es que si no ya sabes como se pone Arthur-rió Elizabetha guiñándole un ojo al inglés, pues le caía bien y no le gustaba verle así.

-Vamos, Artie, no te enfades-dijo Alfred abrazando(o al menos intentándolo) a Arthur.

-No, déjame, idiota-se quejaba el inglés.

Las siguientes parejas fueron Elizabetha y Lili, cuyo beso fue rápido y corto, justo como el que la morena le había dado hace nada al estadounidense; Gilbert e Isabel, con un beso un poco más largo que los dos anteriores(cosa que hizo que Lovino quisiese asesinar al albino), y finalmente...

-Lovino e Isabel. Vaya, la parejita que aún no termina de cuajar-dijo Francis con una risilla. Lovino frunció el ceño y se sonrojó mucho.

¿Por qué tenía que besarla en público? ¿Por qué?

No es que le desagradara besar a la chica, ni mucho menos. Solo que con tanta gente...le iba a resultar difícil.

-Venga, Lovi, no tengas miedo es solo un beso-dijo Isabel, quien ya se había colocado delante del italiano y sonreía con las mejillas coloradas.

-No tengo miedo, tonta, ¿qué te crees?-preguntó Lovino orgullosamente.

Pero antes de terminar de hablar los labios de Isabel estaban encima de los suyos y le besaban con fuerza.

Lovino cerró los ojos(por no decir que los apretó con mucha fuerza) y devolvió el beso a la chica. Los labios de Isabel sabían a zumo de naranja... y boquerones, lo que ella había tomado antes en el chiringuito.

Lovino intentó disfrutar del beso al máximo, pero era imposible con Gilbert, que estaba aplaudiendo y gritando idioteces, y Francis y Alfred, quienes estaban diciendo cosas bochornosas.

Finalmente, el italiano se separó de Isabel.

-¿Qué te ha parecido, eh?-preguntó el italiano con más seguridad de la que tenía.

-Sabes a tomate-respondió Isabel con una gran sonrisa, haciendo que el chico se sonrojara.

-Tu a pescado.

-Ja ja ja ja ¿en serio? Qué poco romantico que eres, Lovi-se rió la chica.

El siguiente beso fue entre Gilbert y Lili, cosa que hizo que Elizabetha se tensara.

-Bueno, ahora voy a dar uno de los besos más awesomes de la noche-dijo Gilbert antes de besar a la rubia.

-¿Y por qué uno de los más awesomes?-preguntó Francis con desinterés.

-Porque esta es la última chica de verdad a la que beso esta noche, kesesese-rió con malicia Gilbert.

-Te olvidas de Eli, mon amour-dijo Francis, mientras la mencionada chica sentía un nudo el la garganta.

-Ella es una machorra, no cuenta-dijo Gilbert antes de besar a Lili con intensidad, provocando una vena palpitante en la frente de Feliciano.

Cuando se separaron, Elizabetha estaba con ganas de dar un sartenazo a alguien, pero se contuvo.

El siguiente beso fue entre Lili y Feliciano. Ambos chicos se sonrojaron al plantarse ante el otro.

Feliciano tomó con sus manos la fina cara de la rubia, y la besó con ganas, sin importarle estar delante de su hermano y más gente.

Lili poco a poco fue relajándose y permitió que la lengua del italiano entrase en su boca.

-Mon dieu, este va a ser el mejor beso de la noche-comentó Francis mientras los dos jóvenes seguían besándose.

Cuando se separaron, Feliciano susurró unas palabras que solo Lili pudo oír, y esta asintió con la cabeza.

Se sintaron y siguieron las rondas.

La noche acabó bien, sino fuera por las miradas que Gilbert lanzaba de vez en cuando a su amiga Elizabetha. Sentía que se había pasado antes, y tenía que pedirle perdón o algo.

Lovino intentaba evitar la mirada de Isabel, pues ese beso había hecho que sus sentimientos por la española fuesen más grandes, pero él no pensaba que estuviera preparado para algo así.

Y por último, Feliciano y Lili se echaban miradas furtivas y se sonreían. Para ellos, el juego de la botella les había abierto un mundo de posibilidades que a otras personas había cerrado.