Amores y desamores
-¿Hablaste con Lovino?-Preguntó Lili, sentada en su cama junto a su mejor amiga, quien se había acoplado.
-Aún no-suspiró Isabel bajando la mirada-parece ser que me está evitando...
-No digas eso-dijo Lili, intentando animar a su amiga.
La ojiverde sonrió con tristeza, negando con la cabeza.
-Es la verdad. Le pregunté a Feli si sabía algo de él y me dijo que estaba de nuevo enfermo.
Isabel suspiró de nuevo.
-Pero en fin...no puede ignorarme siempre-dijo la ojiverde con una pequeña sonrisa.
-¿Qué vas a hacer?-preguntó Lili, sabiendo que esa sonrisa significaba que algún plan se estaba creando en la mente de Isabel.
-Ya verás...conseguiré que Lovino deje de tener miedo de verme.
-¿Miedo? ¿Crees que lo que tiene es miedo?-pregunto Lili alzando una ceja, con esa extraña respuesta.
-Por supuesto que tiene miedo-dijo Isabel con seguridad.
-¿Pero cómo va a tener miedo de amar?
-Es fácil. Tiene miedo de salir herido. O quizás cree que lo que él siente por mi no es recíproco y piensa que solo le quiero como un amigo...
-Entiendo.-dijo Lili con un suspiro.-¿Y qué... qué vas a hacer?
-Haré que salga de su bungalow, eso lo primero. Y luego le obligaré a que me hable.-dijo la morena con seguridad y una sonrisa en su rostro.-Y por cierto, Lili...¿qué tal tú con Feli?
La rubia se sonrojó y apartó la mirada de los ojos de su amiga, sabiendo que le obligaría a decirle todo. O al menos casi todo.
-Pues bueno...nos va bien...¿cómo quieres que nos vaya?-dijo la rubia soltando alguna que otra risita nerviosa.
-Ah, pues no sé, por eso te pregunto.-rió Isabel.-¿Estáis saliendo ya como pareja oficial o sólo estáis de rollo?
-Por supuesto que no estamos de rollo. Lo nuestro es algo serio, ya somos pareja oficial...pero hemos acordado que cuando acabe el verano dejamos la relación.
-Bueno, más que cuando acabe el verano, cuando ellos se vayan de vuelta a Italia, ¿no?
-Sí, también...Pero aún queda tiempo hasta que se vayan.-dijo Lili con una pequeña sonrisa.
-Y bueno...dime qué hacéis cuando estáis a solas.
-Pues lo que hacen todas las parejas cuando están a solas.-respondió Lili apretando los ojos, con nerviosismo.
Isabel no preguntó nada más, sabiendo que eso ponía a su amiga nerviosa, así que cambió radicalmente de tema.
-Y por cierto, ¿sabes algo de Gil y Eli?
-Ah, sí, algo he oído-respondió Lili, con el semblante más tranquilo.
-¿Y qué está pasando, o ha pasado entre esos dos?-preguntó Isabel.
-Pues Eli me ha dicho que está hasta los mismísimos ovarios, palabras textuales, de Gilbert. Sobre todo después de lo que pasó en el cumple de Francis.
-¿Y Gil qué dice?
-Gil sabe que la ha cagado, pero ahora no sabe como disculparse.
-A mi Francis me contó que Gil estaba casi llorando cuando le pidió consejo.-comentó Isabel.
-¿Gil pidió consejo a Francis? Eso no lo sabía yo.
-Pues así es. Y ahora Gil está buscando una forma de disculparse con Eli por haber sido un imbécil, pero dice que no sabe como. Francis le ha dicho que quede con ella un día y que lo hablen.-explicó Isabel.
-Bueno...espero que lo arreglen pronto.-suspiró Isabel con cansancio.
Las dos amigas hablaron un rato más hasta que el sueño las venció y se quedaron dormidas.
El día siguiente se presentó soleado. Era un buen día para ir a la playa, pero desde ese incidente en el cumpleaños de Francis(cofElJuegoDeLaBotellacof) todo era distinto ahora en el grupo de amigos.
Esa mañana solo estaban en la playa Francis, Isabel, y la empalagosa pareja que habían formado Feliciano y Lili.
-Cada vez somos menos...-murmuró Isabel, quien estaba sentada en su toalla junto a Francis. Venían de haberse bañado un rato, mientras que Lili y Feliciano acababan de entrar en el agua.
-Ya, desgraciadamente así es-contestó Francis-pero en fin. qué se le va a hacer...
-¿Tú cómo estás?-preguntó Isabel a su amigo, pues sabía que este había tenido una especie de pelea con Arthur al día siguiente de su cumpleaños.
-Pues... la verdad es que ni yo mismo lo sé.
-¿Qué pasó al final con el cejas?
-Hablamos y...me dijo que no quería saber nada de mí en un tiempo.
-¿Y eso?
-Porque según él fue mi culpa de que jugaramos a la botella. Que él no quería y que yo le obligué y cosas parecidas fue lo que dijo.
-¿Y qué le dijiste?
-Le callé con un beso-respondió Francis con una sonrisa de lado, sorprendiendo así a la ojiverde.
-¿¡Que hiciste qué?! Madre mía...¿Y qué hizo Arthur?-pregunto sorprendida la ojiverde.
-Pegarme una cachetada, y de las fuertes-dijo Francis llevándose una mano a la mejilla derecha, donde Arthur le pegó.
-Vaya...-murumuró Isabel-si quieres mi opinión te digo que ese chico es idiota, y que no te merece. Que se vaya con el Alfred ese, que es igual de idiota que él. Aunque bueno, Alfred es un poco menos idiota...
-Gracias, mon amie-dijo Francis con sinceridad a su amiga.-¿Y que hay de ti?, ¿hay novedades sobre Lovino o aún nada?
-Nada. Aún no ha salido de su casa. Bueno, bungalow, que viene a ser casi lo mismo. El caso es que me da coraje que me esté evitando.-respló Isabel cruzándose de brazos.
-¿Y has pensado en pedirle ayuda a su hermano?-preguntó Francis con una sonrisa maliciosa.
-¿Pedirle ayuda a Feli? No, no se me había ocurrido.
-Dile que te deje entrar en el bungalow. Y ya ahí que pase lo que tenga que pasar.
-No es mala idea...está bien, se lo pediré.-dijo Isabel con una sonrisa.
El francés y la española siguieron hablando del tema de Lovino hasta que alguien más se les unió, y ese alguien no era nada más ni nada menos que Gilbert. El albino no se había dejado caer mucho durante los últimos días en la playa, básicamente por lo de Elizabetha.
-Salut, mon ami-dijo Francis saludando a su amigo, quien parecía que había esta llorando a juzgar por sus ojos hinchados.
-Hola-respondió el ojirrojo secamente.
-¿Estás bien?-preguntó Isabel. Aunque se sintió estúpida después de formular la pregunta, pues era más que obvio que Gilbert no estaba bien.
-Aun no me he reconciliado con Eli.-respondió Gilbert con la mirada gacha.
-¿Y a qué esperas? ¡Ve y demuéstrale lo que vales! Que a pesar de haberla cagado quieres solucionarlo, que vuestra amistad es demasiado importante como para irse a pique por una tontería.-dijo Isabel, influyendole ánimos al albino.
-Vaya, Isa, no sabía que eras tan profunda a veces-rió Gilbert, recibiendo un codazo(no muy fuerte) de la chica.
-Idiota.-musitó Isabel.-la cosa es que como muy tarde tienes el día de hoy para solucionarlo todo, ¿entiendes?
-¿Quieres que vaya a hablar con ella ahora?-preguntó el albino alzando una ceja.
-No me refería a eso, pero lo que tu dices es mucho mejor.-sonrió la ojiverde ampliamente.-Venga, vete a hablar con ella.
-Pero si acabo de llegar.-dijo Gilbert, quien estaba a punto de extender su toalla en la arena.
-Pues no, da igual. Vete y arregla las cosas con Eli.
-E-Está bien-respondió el albino dudando un poco. No porque no quisiera hablar con Elizabetha, sino por que no tenía idea de donde podría estar. De hecho, la chica tenía como una de sus cualidades más destacables la de 'desaparecer' hasta que ella quisiera. Era imposible encontrarla si quería estar sola.
Gilbert recogió sus cosas(por no decir que simplemente enrolló de nuevo su toalla) y se despidió de sus amigos, quienes le desearon toda clase de suerte.
-Bueno...A ver donde te has metido Eli-murmuró el albino cuando salió de la playa en sí y entró en el paseo marítimo.
Se puso a andar dirección a su casa, la cual no pillaba muy lejos de allí.
-Me pregunto donde se habrá metido...-iba diciendose a sí mismo el ojirrojo mientras iba andando.
El chico iba tan absorto en sus pensamientos sobre donde podría estar Elizabetha que no prestó atención a lo que pasaba a su alrededor. Sólo cuando alzó la vista del suelo y miró el panorama, se quedó de piedra.
Delante del portal de su casa, estaba Elizabetha.
Pero no, no estaba sola.
Junto a ella estaba Roderich, y no estaban hablando como otras veces ni nada parecido.
No.
Se estaban besando como si no hubiera mañana, ahí, a la vista de todos.
Gilbert sintió como su corazoncito daba un bote, acompañado de una indeseable sensación de malestar.
¿Por qué?
¿Por qué ese idiota estaba besando a Elizabetha, a su Elizabetha?
El albino se dio la vuelta, directo a la playa, para buscar consuelo en Francis, quien aparte de ser su mejor amigo era un experto en amor y le podría decir qué hacer en una situación como esa.
Por otro lado, en el camping, Isabel llegaba de la playa, acompañada de Lili y Feliciano. Estos dos se fueron a la piscina, aunque después de haberle preguntado a la morena si quería ir. Sin embargo, ésta se negó, pues tenía cosas más importantes que hacer.
Y esas cosas tan importantes tenían que ver con cierto italiano que llevaba varios días enclaustrado en su bungalow...
-Lovi, ¿de verdad que no quieres que te llevemos al hospital? Llevas ya varios días así de malo...-decía su madre, preocupada por su hijo.
-Estoy bien, no necesito ir a ningún hospital, solo estoy mareado.-decía el mayor de los gemelos Vargas como excusa.
Merda...como siga así se van a dar cuenta de que estoy fingiendo...pero no quiero salir de aquí... pensaba Lovino, tumbado en la cama de su habitación.
Tocaron a la puerta un par de veces. Serían sus padres seguramente, así que el italiano dijo que pasaran.
Sin embargo, estaba muy equivocado.
-Tú. Levántate de la cama y dime qué demonios pasa contigo.
Lovino, quien hasta entonces había tenido los ojos cerrados, los abrió de golpe para ver a Isabel más enojada que nunca. Con los brazos en jarras, el ceño fruncido, y un aurea que daba realmente miedo.
-I-Isabel...hola. Cuanto tiempo, ¿no? jejeje-dijo Lovino, levantándose y retrocediendo lentamente.
-Escúchame bien, Lovino Vargas. No sé qué demonios pasa contigo, pero cuando dos personas se gustan y se besan lo más normal es que acaben juntos, como en el caso de tu hermano y Lili. Pero para ti al parecer es al revés. Evitas a esa persona que te ama y te aislas en tu propio mundo.-dijo la morena alzando la voz, acercándose lentamente hacia el italiano, quien seguía retrocediendo hasta que se chocó con la pared.-y si digo esto es porque ya me harté de que me estés esquivando. ¿Es que acaso no te gusto?, ¿o es que piensas que tú no me gustas a mi?
-Isabel, yo...-dijo Lovino, sin embargo la ojiverde no le dejó hablar.
-A mi me gustas, Lovino, y quiero estar contigo, al igual que Lili está con Feliciano. Además...
Sin embargo, esta vez fue Lovino quien no dejó acabar a la chica. Le había cogido la cara con las manos y le había plantado un beso de los buenos.
Le dio el beso que debió darle la otra noche en la playa, que no le pudo dar porque estaban rodeados de tanta gente, pues el chico quería que los besos entre ellos fueran en privado, para que así fuesen algo más especial.
-Yo...tú también me gustas, Isabel.-dijo Lovino cuando se separaron, sin soltar a Isabel de la cara.-me gustas mucho, de hecho, pero no quiero que nuestra relación sea como la de Feli y Lili, que se la pasan todo el rato besándose o abrazandose. Yo quiero una relación en la que, al menos los besos y demás muestras de afecto, sean en privado, para que así sea una relación más nuestra. Más especial...no sé si me explico.-dijo el italiano frunciendo el ceño y apretando los ojos, llevándose una mano al puente de la nariz y pellizcándoselo.
-Te entiendo.-respondió la chica sonriendo tímidamente, con una voz mucho más tranquila que minutos antes.-y creo... que tienes razón. Pero déjame al menos tomarte la mano en público, ¿no?-pidió haciendo un pequeño puchero.
-E-Está bien.-sonrió Lovino sonrojado, pensando que la morena se veía muy mona cuando ponía esa cara.
-Y bueno, ¿qué se cuenta el resto del grupo?-preguntó Lovino, cambiando así de tema.
-Pues ahora vas a ir a investigarlo tú, por no haber venido en los últimos días.-dijo la ojiverde cruzándose de brazos, fingiendo ofenderse.
Lovino suspiró y cerró los ojos, asintiendo con la cabeza, pensando que la chica tenía razón.
Por su parte, Isabel aprovechó que el chico había cerrado los ojos y se le echó encima en un abrazo y le besó.
Lovino casi se cayó, pero consiguió estabilizarse, pues Isabel tampoco es que pesara mucho.
Lovino la besó de regreso con ganas, pensando que había sido un estúpido al haberse aislado esos días en el bungalow en vez de haber estado con Isabel, quien le hacía sentir de una manera en la que nunca antes nadie le había hecho sentir.
Todo era perfecto para los hermanos Vargas... pero su felicidad poco a poco iba acercándose cada vez más a su final.
