Cuenta atrás
-Bueno...¿y ahora qué vas a hacer?
Gilbert suspiró pesadamente, sin tener ganas de seguir hablando del tema.
-No lo sé, Francis-respondió sinceramente mirando a los ojos azules del francés, que le miraban con preocupación.-no lo sé.
Gilbert se tumbó boca arriba en la toalla, cerrando los ojos.
Esa tarde estaban solo él y Francis en la playa, y lo agradecía, pues así podía hablar a solas con su mejor amigo y consejero una vez más sobre el tema de Elizabetha.
Francis, quien estaba sentado en su toalla al lado del albino, suspiró.
-Yo creo que se ha liado con Roderich para ponerte celoso o algo...
-Yo pensaba lo mismo, pero al parecer van en serio.-dijo el albino apartando la vista y mirando hacia el suelo.
Ya había pasado casi una semana desde que Gilbert había visto a Elizabetha besando a Roderich, y la situación solo había ido de mal en peor.
-¿Sabes qué es lo peor? Que ya ni me habla. Ni siquiera para saludarme cuando nos vemos por la calle.
-A ver, hombre, entiendo que se haya enfadado contigo por llamarla machorra y eso, pero de ahí a dejar de dirigirte la palabra me parece excesivo.-razonó el francés.
-Pues dile eso a Eli. Eso si consigues que te hable, que a lo mejor se ha enfadado hasta con todos nosotros.-resopló Gilbert.
-No, con todos no se ha enfadado. Con Isabel, Lili y los hermanos italianos se sigue hablando.-dijo Francis pensativo.-y a mi también me habla, ahora que lo pienso.
-¿En serio, tío? Pues vaya. No sé como espera que me disculpe si no me habla.
-No te habla, pero eso no significa que no te oiga.-dijo el francés con una pequeña sonrisa.
-¿Qué...qué quieres decir? No te entiedo.-musitó el ojirrojo mirándole de nuevo a los ojos, con cierta esperanza.
-Digo que vayas con ella, que te disculpes y a ver si así te habla al fin.-respondió Francis con una radiante sonrisa.
-Y de paso le preguntaré por qué demonios está saliendo con el señorito.-dijo Gilbert frunciendo el ceño.
-Bien dicho, mon ami, exíge una explicación.
-Eso haré.-dijo Gilbert con una sonrisa arrogante, tan característica suya. Se levantó y recogió sus cosas.
-¿Sabes? Te acompaño. Al menos hasta el paseo marítimo. No me apetece estar más tiempo en la playa.
-Está bien.-dijo Gilbert-vamos.
Así fue como los dos amigos dejaron la playa y fueron hacia donde debían: Gilbert a hablar con Elizabetha y Francis...bueno, Francis fue a buscar a alguna chica guapa.
-Eli, más te vale hablarme esta vez...-iba murmurando el albino mientras entraba por el portal de su casa.
Entró en el edificio y se encontró con la persona a la que estaba buscando en el rellano...pero con un indeseable acompañante.
-Buenas.-saludó Gilbert, haciendo que la pareja rompiera el beso y le miraran con fastidio.
-Hola, Gilbert.-saludó Roderich, colocándose bien las gafas, sin soltar la cintura de Elizabetha, quien no dijo nada al ojirrojo.
-Elizabetha.-dijo el albino, ignorando completamente al otro muchacho. La chica se giró hacia Gilbert rodando los ojos y cruzándose de brazos.-¿podemos hablar?
-Dime.-dijo secamente la ojiverde.
-A solas.
-Está bien...-dijo Roderich soltando a Elizabetha y disponiéndose a salir del lugar, pero la chica le agarró del brazo en el último momento.
-No, tú te quedas, Rodde.-dijo con firmeza Elizabetha, sin mirar al susodicho, sino al albino.
-¿O sea que quieres que el señorito oiga lo que te tengo que decir de corazón, no?
-Ya te he dicho que no le llames señorito.-le cortó la chica mirándole con rabia.
-Como sea.-dijo Gilbert haciendo un movimiento de mano, quitándole importancia al asunto.-El caso es que vengo a disculparme, y me gustaría que fuese a solas.
-¿A disculparte de qué?-preguntó la chica soltando a Roderich y cruzándose de brazos.
-Por haber sido un idiota...-respondió Gilbert bajando la voz.-por haber dicho eso de ti en el cumpleaños de Francis.
-Yo...tengo cosas que hacer, Eli-dijo Roderich yéndose hacia la puerta. Sin embargo, ni Gilbert ni Elizabetha le prestaron la más mínima atención. El ojivioleta se fue, dejando a los dos jóvenes a solas, tal y como el albino quería en un principio.
-¿Y te arrepientes de ello?-preguntó la morena.
-¿Arrepentirme...?-preguntó Gilbert descolocado.-pues...
-Sí, te estoy preguntando si te arrepientes por haberme dejado en ridículo delante de todos. ¿O es que acaso fue algo que disfrutaste?
-Claro que me arrepiento, Eli, joder, pero estaba nervioso esa noche y no pensé en lo que decía ni en lo que hacía.
-¿Y eso?¿Ahora resulta que esa noche estabas sin cerebro o algo así?-pregunto fríamente Elizabetha.
-No, simplemente que estaba harto de que me ignoraras tanto.-respondió con dureza Gilbert.
-¿I-Ignorándote?-preguntó la chica, relajando la postura y pillada por sorpresa.
-Sí, ignorándome. Llevabas varios días en los que pasabas completamente de mi y te ibas con el señorito solo porque había fallado una prueba que hasta dudo sea tan importante como él dice. Estabas todo el día hablando de Roderich, y prácticamente ni me escuchabas. Estaba harto, así que me desquité besando a Lili, ¿vale?
-Yo nunca te he ignorado.-exclamó Elizabetha con los puños cerrados.-es cierto lo que dices. Estaba preocupada por Rodde porque para él la música es muy importante y no quería que la pasara mal, pero nunca fue mi intención ignorarte. ¿Y pensabas ponerme celosa con Lili?
-Claro. Pensaba que así te darías cuenta de que es a mi a quien quieres y no a ese señorito.-dijo Gilbert, ya sin oírse a si mismo.-pensaba que así te picarías o algo y querrías besarme o algo. No me di cuenta de que la cagaría bien cagada. Y ahora estoy aquí, pidiéndote de que te des cuenta de cuáles son realmente mis sentimientos hacia ti. Me gustas, ¿vale? y puede que seas una machorra, pero en el buen sentido de la palabra. No lo dije para que te lo tomaras a mal.-dijo Gilbert con las lágrimas casi a punto de caer de sus ojos.
Elizabetha sintió como el corazón se le encogía al ver a Gilbert,a su Gilbert, así.
De repente, mientras Gilbert seguía hablando sobre lo mucho que le estaba costando hacer esto Elizabetha le cogió de la cara y le plantó un beso salvajemente.
Más que un beso, fue un golpe en los labios del ojirrojo.
-O-Oye...-dijo Gilbert al separarse de ese extraño beso.-¿tú no estabas saliendo con el señorito?
-Osea, que te beso y me rechazas.-dijo Elizabetha haciendo un mohín.
-N-No es eso. Es decir, me molaría muchísimo que seas mi novia, pero tampoco es plan que me engañes con el tipo ese.
-¿Te molaría que fuera tu novia?-preguntó la muchacha sonriendo con malicia.-¿Y quién ha dicho que yo quiera ser tu novia? A lo mejor solo quiero un rollo contigo, nada serio.
Gilbert se quedó sin palabras, enrojeciendo levemente.
-B-Bueno...-tartamudeó, sin saber que decirle.
Sin embargo, Elizabetha rió al ver la cara de su amigo.
-Tranquilos, Rodde y yo en realidad no salimos.-dijo Elizabetha.-él es gay, y le dije que hiciera esto para ver si yo te importaba realmente o no.
-Entonces...¿me perdonas?-preguntó el ojirrojo esperanzado.-y ya que no sales de verdad con el señorito, de quien por cierto no tenía ni idea de que era gay, podrías...ya sabes...ser mi novia. Sería awesome.-dijo Gilbert sonriendo levemente.
Elizabetha no pudo más que reír por la actitud de su amigo. Se veía muy mono cuando dejaba ver esa parte suya. Esa parte vulnerable en la que mostraba sus sentimientos y era sincero.
-Oye, no te rías, lo estoy diciendo en serio.-protestó Gilbert dándole un codazo.
-Au, no me hagas daño, tonto.-rió más la morena.-yo también creo que sería awesome.
Y tras decir eso besó de nuevo al ojirrojo, aunque esta vez el beso fue más dulce. Le rodeó el cuello con los brazos, mientras que Gilbert la tomaba por la cintura en un abrazo.
Mientras una pareja se reconciliaba, otra pasaba por algún que otro estrago.
-¿Y por qué han tenido tus padres que adelantar vuestra partida?-gritó Isabel con lágrimas en los ojos, mirando enfadada a Lovino, quien estaba al borde d eun ataque de nervios.
-Isabel, ya te lo he dicho, mi nonno está enfermo y debemos ir. Le queda poco tiempo de vida.
La chica suspiró pesadamente y miró a Lovino de nuevo.
-¿Y...entonces solo nos queda menos de un día juntos?
-Así es, y no me gustaría que lo pasaramos enfadados, ¿sí? me gustaría que nos riéramos de cualquier tontería, que nos hiciéramos cosquillas, que nos besáramos...-dijo el italiano sonrojándose-lo que sea, pero contigo feliz.
Isabel sonrió con las palabras del italiano, secándole los ojos.
-Tienes razón...es una tontería que pasemos nuestro ultimo día peleados en vez de poderlo pasar feliz, el uno con el otro.-dijo tendo hacia el moreno y abrazándole.-te quiero, Lovi, y no quiero separarme de ti.
El mayor correspondió el abrazo, dándole un beso en la cabeza a Isabel antes.
Cuando se separaron, el chico cogió a la ojiverde de la cara y la besó, diciéndole en el beso todo eso que siempre callaba.
Isabel le besó de vuelta abrazándole fuerte, sin querer que ese momento tuviese que terminar jamás.
Por otra parte, Feliciano y Lili estaban igual, aprovechando juntos los últimos momentos que les quedaban.
-Te...voy a...echar mucho de.. menos, Lili...-dijo Feliciano, entre beso y beso.
-Yo también...pero acuérdate de lo que acordamos.-dijo Lili recordándole el acuerdo de cortar la relación de raíz cuando el italiano se fuese.
-Lo sé...pero sé que no voy a poder evitar pensar en ti durante mucho tiempo.-dijo Feliciano separándose y mirando a la rubia a la cara, acariciándole la mejilla.
Lili sonrió, y abrazó con más fuerza al chico.
El día siguiente llegó, y con él, la triste despedida. Lili y Feliciano se despidieron entre abrazos y lágrimas, pero fue algo rápido. Pero no fue así en el caso de Isabel y Lovino.
-Me escribirás, ¿sí?-preguntó Isabel abrazando a Lovino, con lágrimas cayendo por sus mejillas.
-Sí, pero escríbeme tu también, ¿eh?-dijo el chico limpiándole las lágrimas a la morena, no sin sentir un nudo en la garganta.
-Claro que sí, tonto.-dijo Isabel con una sonrisa, besando por última vez a Lovino.
-Te echaré de menos, Lovi.-dijo la ojiverde al separarse.
-Yo también a ti...-respondió el italiano sonriendo con ternura, memorizando cada detalle de la cara de Isabel. Un pitido del coche de su familia le devolvió a la realidad.-me tengo que ir ya...pero nunca lo olvides; ti voglio bene, Isabel.
Dicho esto, el chico se separó de Isabel y se metió en el coche.
-¿Todo bien?-preguntó la madre de los gemelos sonriendo con ternura.
-No, pero ya nos hemos despedido.-dijo Lovino sin querer mirarla a la cara, sintiendo una lágrima caer por su mejilla.
El coche arrancó, rumbo a Nápoles. Sería un viaje muy largo, con varias paradas para pasar la noche.
-Más te vale escribirme, Isabel.-susurró Lovino mientras el coche salía del camping y se dirigía a la autovía.
Eso es lo malo de los amores de verano. Que tarde o temprano llegan a su fin, y normalmente es difícil que la relación continúe, aunque a veces hay excepciones.
