Síndrome

— ¡Oh, Theon! ¡Feliz navidad!

Sus ojos se abrieron como platos, su sorpresa aumentó por la temprana hora de la mañana y por lo que apreciaba del otro lado de la puerta. Con un rozagante y hermoso caballo, con un arpa debajo de su brazo izquierdo, Domeric Bolton sonreía ampliamente con sus bellos ojos grises.

— ¡Domeric! ¿Qué te trae por aquí? —Pregunto sin poco entusiasmo, bostezando y fregando sus ojos.

—Ayer no pude venir, por eso vine hoy a celebrar la navidad con mi hermanito. Y contigo también Theon, por supuesto.

Dio un rápido vistazo a su vecindario, la mayoría de los vecinos miraba por la ventana y otros pocos se asomaban por la puerta, atónitos por semejante situación. «Es un Bolton después de todo, no puede ser discreto.»

Lo hizo pasar al instante y dejó el caballo en el patio trasero, sería la atracción de los pequeños vecinos de junto. Y al Bolton lo depositó en un asiento cerca de la mesa.

— ¿Haz desayunado? ¿Quieres café?

—No, ya desayuné. ¿Ramsay no está?

—Duerme. Llegaste muy temprano, si esperas unas horas más quizás lo veas, no se despertará hasta el mediodía. ¿A qué hora te iras?

—Pienso quedarme hasta año nuevo. —Sonrió. —Entonces, Ramsay aun duerme. En ese caso, ¡iré a despertarlo! —Se puso en pie de un salto.

—Quédate aquí. Iré yo. El cuarto es un desorden, no puedo permitir que veas semejante cosa.

«Si lo primero que ve al despertar es a Domeric, no me dará tregua.» Antes de que Domeric Bolton pudiera ganarle en el accionar, fue rápidamente a la habitación.

—Ramsay, despierta. ¡Despierta! —Agitó el hombro de su amante. — ¡Rápido, despierta!

—Um… Reek. —Hizo un vago movimiento, levantó apenas los parpados y los volvió a bajar.

—Mi Lord. —Suspiró. —Mi Lord, por favor despierte. Tenemos visitas. Su hermano.

—Reek, ven a la cama conmigo. —Elevó el brazo, tanteando torpemente.

—No será posible, mi Lord. —Le tomó la mano en el aire. —Domeric está aquí, pide verlo.

Al escuchar el nombre, Ramsay se sentó en la cama. Rascó sus cabellos mientras bufaba entre adormilados bostezos. Theon, soltándole la mano, se dirigió al armario, seleccionó la vestimenta más adecuada para el momento y se la abalanzó al contrario.

—Vístete rápido.

—Reek no seas irrespetuoso. Que mi hermano este aquí no quiere decir que puedas sobrepasarte.

—Cámbiese, por favor, mi Lord.

—Hazlo por mí, Reek.

Así se acercó a Ramsay, haciéndole levantar los brazos y las piernas, le colocó un cómodo pantalón oscuro y una camiseta rosada. Un atuendo perfecto para pasar el día con Domeric Bolton, y una indumentaria que tendría que estar multiplicando toda una semana.

—Reek, ¿aún está escondida el arpa, no?

—Sí, pero trajo una nueva. —Respondió abrochando uno de los últimos botones de la camiseta.

— ¿Por cuánto tiempo se quedará?

—Hasta año nuevo.

—Ya veo. —La respuesta no fue de gran agrado. —Reek, vamos a jugar un rato.

Colocó sus palmas sobre el torso ajeno, impidiendo que se incline hacia él. Corriendo el rostro, no permitió que sus labios se humedecieran con los de Ramsay.

—Ahora no. Tu hermano está aquí, tienes que verlo sin perder tiempo.

«Al menos esta semana podré descansar de sus juegos.» Terminó de abrochar la camisa, palmeo el pecho contrario.

—Reek, dije que vamos a jugar.

Después de todo, su espalda de todos modos quedo contra las sabanas. Por su cuello pasaban los vapores que expulsaba la nariz ajena, llenándolo de calor y estremecimientos.

—Reek, el aroma de tu piel en la mañana. Es excitante.

Ramsay buscó entre las sabanas, revolviéndolas de un lado al otro, hasta tener en sus manos el collar. Lo prendió alrededor de su cuello.

—Mi Lord… no…

Las manos ajenas bajaban por su torso hasta llegar a su pelvis. Pasaron por debajo de su pantalón y hubiesen proseguido si el estrepito que logró el choque de la puerta y la pared, no lo hubiera detenido.

— ¡Hermanitoooo! —Exclamó Domeric para nada asombrado con lo que veía. — ¡Feliz navidad!

—Domeric. —Pronunció Ramsay, casi musitando.

Casi a rastras Ramsay se movió hacia el comedor, donde su hermano mayor lo esperaba alegre, Theon lo siguió por detrás. A su amante nunca le gustaba la idea de que su hermano lo visitara, pero en cambio a Theon si, Domeric era todo lo contrario a su hermano y se sentía mucho más cómodo junto a él.

— ¡Hermanito! ¡Mira lo que te he traído!

En una decorada caja se asomaba la pequeña cabeza de una cachorra. Rubia de orejas a cola, con redondos ojos, juguetones y aniñados. «Sabe cómo persuadirlo.» los ojos de Ramsay chispearon y en un santiamén tomo a la joven perra. Este ya tenía unas cuantas más, grandes y fuertes, en su casa, mas no se molestaría por una nueva.

—Kyra…—Susurró.

— ¿Kyra? —Preguntó Domeric.

—La bautizó con el nombre de Kyra. —Explico Theon. —Así se llamaba la última rata que desolló, fue la que más le dio pelea.

Mientras preparaba el almuerzo, el Bolton menor se entretenía con su nueva mascota en el patio trasero. Domeric tocaba el arpa, regalándole unos deleitables sonidos. Si no hubiese tenido ese instrumento consigo, le devolvería el que Ramsay escondió.

—Theon, ¿necesitas ayuda?

—Ah, no. Puedo solo.

De igual modo, Domeric dejó el arpa y se colocó a su lado.

—El collar Theon. Ya puedes quitártelo.

—Oh, sí. Lo siento, no lo note.

Se quitó el rojizo collar avergonzado. En ese lapso, Domeric se adueñó del cuchillo y lo dejo libre de tareas. «Tan útil como siempre.» Jamás odiaría las visitas de aquel hombre.

—Theon, sabes, yo realmente amo a mi hermano.

«Lo sé.» estuvo a punto de afirmar, sin embargo se lo guardo para sí. «Nunca vi que alguien amara tanto a su hermano pequeño.»

—Quiero la felicidad para él. Por eso, te pediré que lo dejes.

« ¿Qué lo deje? Aunque quiera, él no me dejará.» Atónito trago saliva, Domeric suspendió los utensilios a un lado y lo miró fijo, con los gélidos ojos respectivos a un Bolton.

— ¿Dejarlo? Eso es… no creo que pueda dejarlo. Llevamos más de un año juntos, no creo que él quiera.

El Bolton mayor comenzó a reír fuertemente, haciéndolo sonrojar. « ¿Qué fue lo gracioso?»

— ¡No, Theon! ¡Eso no! Quiero que me permitas tomar un baño con mi hermanito.

— ¿Era eso? —Estaba más avergonzado que nunca. «Tan educado como siempre.» —Por supuesto.

«A Ramsay no le gustara la idea.» La tina apenas fue llenada por una cuarta parte, los cuerpos que la ocupaban se encargaban de hacer desbordar la poca agua. Domeric tarareaba una canción, completamente feliz por tener apoyada sobre su pecho la espalda de su hermano.

—Yo solo me baño con Reek. —Fue la excusa que dio Ramsay. —Y tú no eres Reek.

—No te preocupes, Theon estará allí contigo. No hay razón para negarse, hermanito.

Theon los observaba sentado en un banquillo, humedeciéndose con el vapor que impregnaba el aire. Domeric le contaba algunas historias sacadas de libros a Ramsay mientras le acariciaba los largos cabellos.

— ¡Tienes el pelo tan lindo, hermanito! —Alagó. — ¡Y tan largo! Ha crecido bastante desde la última vez que te vi.

—Esta igual. —Dijo reacio Ramsay.

—Pensé que esta noche podíamos dormir juntos, hermanito. La cama es muy grande y si duermo contigo los monstruos no te atacarán.

—Yo solo duermo con Reek.

—Esta tarde, —prosiguió sin que le importaran las quejas de su hermano menor. —podemos ir al centro comercial y visitar a Papá Noel. También podemos dar una cabalgata. Hermanito tú puedes montar conmigo.

Este no podía verlo, pero el rostro de su hermano menor se desfiguraba cada vez que hablaba. La mueca larga y el ceño fruncido era cada vez más notoria en Ramsay Bolton.

—Veneno. —Susurró Ramsay.

— ¿Veneno? ¿Así le pondrás a una perra? —Preguntó asombrado Domeric. —Es un nombre raro, pero si te parece, mañana podemos ir a buscar una nueva perrita.

—Veneno. —El menor le dirigió la mirada. —Veneno, Reek.

Domeric también lo miró, extrañado. Le pareció natural que no entendiera lo que decía su hermano, eso era algo que solo Theon podía entender.