1ª parte: Negocios.
-Robert- la voz de Tess era fría como el hielo.
-Tess… Sarah…- Robert tardó un momento en reconocer a su acompañante.
Sarah hizo una mueca, odiaba a aquel tipo. Había sido mucho más difícil de lo que esperaba dar con él; después de que un inoportuno atentado de los Luciérnagas bloqueara el camino fácil, Tess y ella habían tenido que buscarse la vida para alcanzar el viejo almacén donde Tess dijo que se escondía. Habían cruzado un túnel lleno de esporas evitando todo control de los militares, y se habían paseado por los suburbios de lo que era ahora la ciudad de Boston hasta que un "comité de bienvenida" de Robert les salió al paso. Como suponía, se habían tenido que manchar las manos para poder avanzar.
Finalmente habían acorralado a Robert en un callejón detrás del almacén, aún había intentado escapar de forma bastante patética hasta que una valla le cortó el paso. Y allí estaba, entre la espada y la pared, o mejor dicho, entre una alambrada y una contrabandista con sed de sangre.
-Bueno…-Robert intentó adoptar una actitud tranquila, que no conseguía ocultar su miedo-. Sin rencores, ¿no?
-Ninguno- dijo Tess con tranquilidad, mientras se agachaba para recoger un trozo de tubería que estaba sus pies.
-Bien- sonrió él.
En un último desesperado intento, Robert echó a correr, pero al pasar junto a ella la mujer le golpeó con fuerza en la pierna, haciéndole darse de boca contra el suelo.
-¡Joder!- gritó.
-¿Dónde estabas?- preguntó Tess con naturalidad.
-Mira, no sé qué habrás oído pero no es cierto- intentó explicarse él desde el suelo.
-Las armas, ¿dónde están?- interrumpió la mujer.
-Las armas… sí, verás… es complicado- contestó Robert, evitando mirarles.
-No las tienes- simplificó Sarah. Odiaba los rodeos.
-Si… bueno no es exactamente…- Sarah se acercó a él con una peligrosa expresión impaciente-. Las vendí. Veréis, no tenía elección, tenía una deuda…- al llegar a ese punto Robert recibió una patada en la cara.
Se echó para atrás cubriéndose la cara, mascullando "jofder" con la boca llena de sangre, hasta que dio de espaldas contra una pared. Cuando levantó la mirada se topó con el cañón de la pistola de Sarah apuntándole entre los ojos.
-No nos hagas perder más el tiempo- amenazó la rubia-. ¿Quién tiene las armas?
-No… no puedo decirlo.
Sarah miró de reojo a Tess, que asintió. Con un suspiro, la rubia le disparó en la pierna, a la altura de la rodilla. Robert gritó de dolor y se sujetó la herida, retorciéndose.
-¿Quién?- insistió Sarah. Sabía que era un defecto, pero solía perder la paciencia rápidamente.
-¡Los Luciérnagas, los Luciérnagas! ¿Vale?... Ellos las tienen- exclamo Robert, doblado por el dolor.
-¿Qué?- Tess arqueó las cejas-. ¿En serio?
-Mirad… dadme una o dos semanas… solo necesito eso, tendrás las armas.
-Bueno, quizá me lo hubiera pensado, de no haber intentado matarme- comentó la mujer.
-Es lo que me faltaba por oír- Sarah puso los ojos en blanco.
-Esperad… los Luciérnagas están casi todo muertos… podemos ir a por ellos, ¿qué me decís?- Robert parecía encontrar bien aquella idea, o quizá se aferraba a ella como a su última esperanza-. Matamos a esos Luciérnagas y nos quedamos las armas...Vamos ¡A la mierda los Luciérnagas!
-Eso es una estupidez- concluyó Tess al tiempo que levantaba la pistola y disparaba a Robert, esta vez en la cara.
Sarah observó en silencio cómo el cuerpo del contrabandista caía sin vida al suelo, tras dejar una gran mancha de sangre en la pared. Se llevó la mano a la cabeza con un gesto de exasperación. Aquello había sido un completo desastre, ni había sido fácil ni había obtenido recompensa.
-¿Y ahora qué?-preguntó.
-Iremos a hablar con los Luciérnagas- respondió Tess.
-¿Hablar?
-Les explicaremos lo que ha pasado.
-Sí claro; disculpad, ¿hacéis el favor de devolverme las armas que os ha dado este cabrón? Resulta que son mías, gracias.
-¿Tienes una idea mejor?
Sarah guardó silencio, replanteándose las opciones que tenían. En realidad, ninguna. Ella aún podía volver y olvidarse del asunto, aun cuando había arriesgado su vida por ello, pero sabía que Tess buscaría las armas aunque lo hiciera sola. Finalmente suspiró y se encogió de hombros.
-Está bien, pero ¿dónde piensas encontrar a los Luciérnagas?
-No tendríais que ir muy lejos- respondió una voz femenina detrás de ellas.
Sarah se volvió llevando su mano a la pistola, pero no llegó a sacarla. La mujer que había aparecido de detrás de la esquina del callejón era morena, llevaba el pelo recogido hacia atrás y mostraba una actitud segura, pese a que parecía débil. Sarah tardó un momento en darse cuenta de que estaba herida, caminaba con dificultad y se sujetaba el costado, de todas formas la impresión que le había causado reconocerla había hecho que no se fijara al principio en ese detalle.
Era Marlene, líder de los Luciérnagas.
-¿Qué hacéis aquí?- preguntó observándolas.
-Negocios- respondió simplemente Tess, después señaló su herida-. No tienes buen aspecto.
Marlene pasó el comentario por alto, miró a su alrededor.
-¿Y Robert?
Sarah se apartó para que pudiera ver el cuerpo del contrabandista, la Luciérnaga hizo una mueca.
-Le necesitaba con vida.
Tess se encogió de hombros.
-Las armas que os dio no eran suyas. Las quiero.
-No es tan fácil, Tess- respondió Marlene, con seriedad. Después cambió de actitud, se acercó a ellas unos pasos-. Pagué por esas armas, si las quieres tendrás que ganártelas.
Sarah puso los ojos en blanco.
-¿Cuántas cartillas quieres?
-No estoy hablando de cartillas- dijo Marlene, impaciente-. Necesito sacar algo de la ciudad. Si lo hacéis os daré las armas, y algo más.
-¿De verdad las tienes?- dijo Sarah-. No sería la primera vez que nos la juegan hoy.
-Os mostraré las armas, entonces podremos hacer un trato.
La rubia miró a Tess, dudando, pero antes de que pudiera decir nada se escucharon varias voces que gritaban órdenes desde el interior de los almacenes. El ejército había acudido al lugar del enfrentamiento.
-Tengo que irme- se apresuró Marlene-. ¿Entonces hay trato?
-Quiero ver esas armas- aceptó Tess.
Las tres mujeres abandonaron el lugar por los callejones, antes de que los militares pudieran encontrarlas.
...
-Échame una mano, ¿quieres?
Tess se puso junto a Marlene y le ayudó a abrir una pesada puerta de metal. Habían llegado a un viejo edificio de las afueras, sorteando varias patrullas de soldados. Por suerte Sarah sabía utilizar mejor el sigilo que la fuerza, así que resultó más fácil que acabar con los hombres de Robert, incluso a pesar de que la líder de los Luciérnagas estaba herida.
La puerta cedió con un chirrido y Marlene cayó al suelo, Tess se inclinó para levantarla.
-¡Aléjate de ella!- exclamó una voz.
Sarah avanzó en un acto reflejo, agarrando a la niña que se había abalanzado sobre Tess con una navaja en la mano.
-Eh, cuidado con eso- dijo mientras forcejeaba con ella. La chica se debatía con fuerza, pero se detuvo cuando escuchó a Marlene.
-Suéltala, Sarah.
La rubia obedeció y se separó de ella, aun mirando a la chica con desconfianza. La otra, por su parte, se acercó a Marlene dándose cuenta de que estaba herida. Era joven, una niña prácticamente, tendría menos de quince años. Llevaba el pelo castaño rojizo en una coleta corta, tenía una ceja cortada por una cicatriz y los ojos verdes.
-Mierda- soltó mientras la ayudaba a apoyarse en una mesa-. ¿Qué ha pasado?
-Tranquila, no es nada- la tranquilizó Marlene, después señaló a las contrabandistas-. He conseguido ayuda… pero no puedo ir contigo.
Sarah miró de reojo a su compañera, pero Tess hizo un gesto para dar a entender que tampoco sabía quién era aquella chica.
-Pues yo me quedo.
-Ellie, no vamos a tener otra oportunidad.
-Espera- interrumpió Tess, comprendiendo-. ¿Es a ella a quien quieres que saquemos?
-Exacto- dijo Marlene-. Un grupo de luciérnagas se reunirá con vosotros en el capitolio.
-Eso no está precisamente cerca- comentó Sarah.
-Sois capaces- respondió la luciérnaga-. Llevadla, volved y las armas son vuestras. El doble de las que me vendió Robert.
-Ya que lo mencionas, ¿dónde están?- Tess se cruzó de brazos-. No vamos a llevarla a ningún sitio hasta que las veamos.
-En nuestro campamento- Marlene se enderezó con una mueca de dolor-. Puedes seguirme, lo compruebas, y a mí me curarán. Pero ella no va a cruzar esa parte de la ciudad. Quiero que Sarah la cuide.
-¿Cómo?- dijo Sarah.
Aquello sí que no se lo esperaba, después todo lo que se había arriesgado ese día, ¿ahora tendría que jugar a ser la hermana mayor de aquella cría? No estaba hecha para cuidar de otros, y aquella niña solo significaba más problemas y preocupaciones.
-Una mierda, no voy a irme con ella- exclamó la chica. Al menos ella no era la única a la que no le gustaba la situación.
-Ellie- el tono de Marlene no admitía réplica.
-¿De qué las conoces?
-El tío de Sarah, Tommy, era amigo mío. Me habló de ella.
-¿Eso fue antes o después de que abandonara vuestro grupo terrorista?- comentó con sarcasmo la rubia.
-Igual que tú le abandonaste a él- repuso la luciérnaga-. A pesar de todo lo que hizo por ti.
-Eso no es asunto tuyo- respondió Sarah fríamente.
-Mira- intervino Tess-. Llévala al túnel del norte y espérame allí.
-¿Quieres que haga de niñera?
-Solo es mercancía, Sarah, hemos hecho esto docenas de veces antes.
-Me prometiste un trabajo fácil, Tess, esto cada vez me huele peor.
-Si de verdad tienen el doble de armas que me debía Robert, merecerá la pena; es hacerlo o irnos ahora sin nada... Vamos, Texas.
Sarah puso los ojos en blanco, Tess la siempre la llamaba así cuando quería animarla, o simplemente provocarla. Detrás de ellas, Ellie se volvió a Marlene.
-Marlene…
-Déjalo ya, Ellie. Todo irá bien, ve con ella.
La chica suspiró, Sarah se acercó a ella.
-Mejor no te alejes de mí- dijo, después se volvió hacia la salida-. Vamos.
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Quizá hayáis notado ligeros cambios con respecto al videojuego,
según avance la historia se irán haciendo cada vez más grandes.
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Gracias a Shadowcat-Riot por el comentario y por el interés, encontrarás muchas de las respuestas a
tus preguntas a lo largo de la historia. De momento ya puedes ver que de la Sarah
que conocíamos queda poco, y en cuanto a su relación con Ellie... todo llegará.
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Ya tengo pensada gran parte de la historia entre ellas, pero acepto sugerencias.
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