WITHOUT A WORD. Capítulo 4
Pensamientos de Sherlock:cursiva
Gesticulaciones/escritos de Sherlock: "entre comillas"
"Mi hermano y yo poseemos el don/poder/como quieras llamarlo de la deducción. Lo vemos todo, cualquier cosa. Puedo adivinar donde has pasado los últimos tres años con solo el cuello de tu camisa.
Siempre estás con esos chicos, cuatro internos. Por tus libros sé que sois de tercer año aquí. Siempre estáis con prisa, sois del Dr. Jones. Tiene dos chicas y dos chicos. Jeremy o John, 50% de probabilidades, acerté."
Y omití el pequeño hecho de que había revisado su expediente.
— Vaya... ¿En serio?— John dio otro sorbo a su café y Sherlock adivinó que no se lo creía del todo.
"Mujer de la mesa dos. Divorciada, tres gatos. Sus hijos no la visitan tanto como ella quisiera. Se ha perfilado los labios por fuera de los mismos, está esperando a un hombre, probablemente cita a ciegas de página web de citas. Ahora vendrá el hombre, charlarán un poco. A él no le agradará y se inventará una excusa para irse"
Sherlock acabó de escribir con una sonrisa triunfante. John leyó el papel rápidamente y dirigió su vista a la mesa dos. Estaba la mujer que decía. Demasiado arreglada y su perfume se olía desde allí. Al segundo llegó un hombre buscando a alguien de entre las mesas. La mujer le saludó con la mano y el hombre se acercó cansado. Tal y como dijo el camarero hablaron unos minutos, más bien habló ella y, después, él se disculpó y se marchó. John se quedó unos segundos más mirando a la mujer sola antes de girarse y quedar cara a cara con el adivino.
—¿Cómo coño has hecho eso?— su cara era un poema. Estaba entre la sorpresa, la fascinación y la curiosidad de saber más—. Eso ha sido...—Sherlock miró a otro lado sabiendo lo que venía—. Increíble, no hay otra palabra.
Sherlock volvió a mirarle rápidamente. ¿Increíble? Debía de tener algo en los oídos que no le dejaban escuchar bien. Tenía que ser una especie de broma. Pero la cara del interno no mentía, era sincera. Tenía una gran sonrisa, como de acabar de ver lo más maravilloso del mundo y haberse quedado embobado. A Sherlock le gustó la sensación de recibir un cumplido e hizo un esfuerzo por no sonreír. A continuación se llevó una mano hacia la barbilla y después la inclinó hacia delante. John reconoció ese movimiento como "gracias". John sonrió y deseó en ese momento saber el lenguaje de señas para poder hablar con él más fluidamente.
— Supongo que ahora te debo un favor por haberme salvado antes.
"Con esa novia, normal que intentaras huir" gesticuló Sherlock sabiendo que el otro no le podría entender y a continuación escribió "No pasa nada"
John dejó un billete sobre la mesa que pagaba ambas bebidas, dejó también algo de propina y se levantó. Sherlock le imitó y salieron del establecimiento. No se habían quitado los abrigos dentro y ahora se notaba el frío de la calle.
— Nos vemos el lunes en la cafetería—se despidió John y Sherlock asintió con la cabeza.
Encendió otro cigarro mientras le observaba marcharse.
John subió por las escaleras en lugar de utilizar el ascensor por miedo a encontrarse a alguien. Aunque, en aquellas horas, los que fueran a acudir a casa de Hannah ya habrían llegado de sobra. John se quitó el abrigo y lo dejó sobre su cama. Encendió la ducha y dejó que se fuera calentando el agua mientras se desvestía. Ya dentro no podía pensar en otra cosa que en aquellas maravillosas deducciones que el camarero le había hecho. ¿Por qué trabajaba entonces en una cafetería? ¿Por qué no utilizaba su don para ayudar a la policía? John pensó que el último sitio donde trabajaría una persona como él, ahora que lo conocía un poco más, sería en la cafetería de un hospital. Sin duda, ese tal Sherlock Holmes era todo un personaje misterioso y el interno estaba ansioso por descubrir más de él. Se echó jabón en el pelo y el cuerpo y apenas tardó diez minutos en salir del baño con ropa más cómoda. Sacó los libros de su mochila pero no le apetecía nada estudiar así que bajó al comedor a tomar alguna cosa para cenar ya que el café le había quitado la sed pero no el hambre.
Los viernes solía estar todo mucho más vacío. Los estudiantes salían a divertirse como debería hacer él, y en lugar de eso, estaba solo ante una bandeja de algo parecido a verdura a la plancha. Cuando terminó regresó a su cuarto y encendió el portátil, no era muy tarde pero los ojos le comenzaban a pesar bastante. Revisó su correo y abrió una conversación con su hermana que aparecía como conectaba. Esta no le contestó, nunca lo hacía. John prefería pensar que se dejaba el programa abierto sin querer. Cerró todas las pestañas pero se le ocurrió una idea más antes de irse a dormir.
El fin de semana siempre eran los días más aburridos para Sherlock Holmes. La policía iba más lenta esos días, incluso los asesinos parecían tomarse un descanso de la semana. Solía pasarse el día tirado en el sofá en su "palacio mental", tocando el violín a altas horas de la madrugada o fumando cigarros y otras sustancias. Lo que fuera por pasar aquellas 48 horas más rápidas. La señora Hudson solía lavar la ropa en su lavadora -ya que el piso del detective no contaba con ella- y después de planchársela la colocaba cuidadosamente.
El lunes llegó y, aunque odiaba aquella maldita cafetería, era mejor que permanecer en aquella casa. Era la hora del desayuno y Sherlock estaba impaciente por alguna razón. Aunque nunca lo admitiría, estaba deseando que llegara la hora del almuerzo. No esperaba que el rubio le hablara pero le gustaba verlo desde detrás de la barra, deducir que había hecho durante el fin de semana, con quien había estado y si había dormido con su "adorable" novia. Elle le miraba sentada en un taburete frente a él con una sonrisa juguetona.
— ¿Qué te pasa que andas tan distraído?— le guiñó un ojo—. ¿Es por tu novio?— cuando vio que el detective iba a mover las manos rectificó—. ¿Es por tu futuro novio?
Sherlock quiso gritarla pero se contuvo de abrir la boca al recordar que no podría emitir ningún sonido. Le hizo un corte de mangas y se fue a otra parte de la cafetería. Esa chica era insoportable el 98% de las veces, pero por una vez Sherlock pensó en lo que había dicho. Para ella era una broma y una forma de molestarle cariñosamente, porque con su genio no se atrevía a hacer otra cosa. Sherlock salió a la calle por la puerta de la cocina y cogió un cigarro. Cuando le dio una calada no le gustó el sabor y lo tiró. Necesitaba cambiar de marca, esa ya le cansaba. Hacía frío y más habiéndose dejado el abrigo dentro.
Apenas había conocido a ese hombre dos semanas atrás y ya se sentía a gusto con él. Era diferente al resto de las personas, tenía algo. Para empezar, le habían fascinado sus deducciones. La mayoría de la gente huía asustada de que pudieran descubrir sus secretos. Pero a él se le cayó la baba. Y siempre le hacía reír. Menudas ocurrencias tenía. Su hermano, su novio. Era una persona corriente no corriente. Era complicado y a la vez tan sencillo estar sentado con él. No se burlaba por su discapacidad. Es más, dedujo que se interesaba más por él así. Quizá... No, no podía cometer ese error otra vez.
Tiró el paquete de tabaco a la basura y se recriminó por pensar en estupideces mientras volvía a la cocina. Necesitaba un caso y lo necesitaba ya.
John Watson era un hombre con paciencia pero aquella mañana estaba siendo condenadamente larga. La jefa de enfermería les había mandado asistir todo el día a urgencias para tomar apuntes de lo que veía. Una mujer intoxicada, un niño que se había tragado una pieza de lego... Miró el reloj por décima vez en diez minutos. Hannah estaba sentada a dos camillas de distancia y hablaba con Jeremy animadamente.
— Hey, Johnny— le llamó Cath cuando se sentó al lado de John en broma—. No seas tan impaciente, en un cuarto de hora Hannah será toda tuya.
Cath y John rieron.
— No espero por ella— se encogió de hombros.
—¿Y por qué te estás comiendo las uñas?— el rubio suspiró y no contestó—. John, ¿va todo bien?— le tocó el hombro.
—No lo sé, Catherine. Lo que no va es igual que antes. Todo ha cambiado. Ahora...—se pasó las manos por el cuello—. No sé. Ella ha cambiado, yo he cambiado. Y no sé yo si eso es bueno.
— John, todo el mundo cambia, no te culpes por ello — ambos siguieron mirando a la rubia y a su compañero—. ¿Te puedo contar un secreto? No te rías— John asintió—. Cuando conocí a Hannah, me enamoré de ella.
— ¿Qué?— Cath se rio.
— Sí... Luego la conocí bien y todo cambió pero eso fue hace tres años.
— Siempre me he preguntado por qué sales con ella. Es decir... No quiero decir nada, yo no he llegado al nivel de intimidad que tenéis vosotros pero... Tiene que ser realmente buena en el sexo para que sigas con ella después de todo lo que la soportas— le empujó cariñosamente y se rió intentando aligerar el ambiente.
— Puede que no sea la mejor novia que uno puede pedir pero... Después me demuestra lo mucho que me quiere y lo dejo pasar—John balanceó sus piernas en el aire—. Ahora no estoy tan seguro de poder seguir. Y parece que se lleva mucho mejor con Jeremy que conmigo. Ya casi no pasamos tiempo juntos, y hace bastante que no...
— Hey, vale, lo pillo. Ella es maja, cuando quiere. Y como tú me caes mejor que ella…—pero Catherine no acabó la frase, no hizo falta.
— Gracias, Cath ¿Tú qué tal con Adriana?— cambió de conversación.
— Uf, mejor no preguntes. Pero, John, ya sabes que me tienes para cualquier cosa, ¿eh?
— Que sí pesada.
El reloj marcó en punto y recogieron sus cosas tranquilamente. Fue cuando llegaron al comedor cuando John recordó lo impaciente que estaba. Sherlock estaba sentado donde siempre, con una revista de mujeres entre las manos y leía rápidamente las líneas y pasaba las páginas aceleradamente, como si no tuviera tiempo para acabar. Llevaba la camiseta de manga corta negra que se le ajustaba al cuerpo de siempre y su plaquita inconfundible. Y como si notara su presencia, levantó la vista cuando John entró en la sala. Ambos se miraron pero ninguno se saludó. John se sentó con sus amigos y Sherlock atendió a algunos clientes, siempre vigilándose cuando nadie les miraba.
Todos acabaron y John se quedó solo con Hannah.
— Escucha, tenemos que hablar— comenzó John, Hannah bostezó.
— Ahora no, John. He quedado con Jeremy para ir con el doctor Smith.
— Hannah, es importante. Es sobre nosotros— la chica le miró a los ojos y por un momento se sorprendió.
— Quieres dejarlo, ¿es eso?— se rio.
— No. Si tanta prisa tienes luego hablamos.
— Lo que tú digas— se fue sin despedirse y corrió hasta Jeremy que le esperaba en la puerta.
John recogió sus cosas y caminó hasta el mostrador. Sherlock no estaba en ese momento. Esperó sentado y, cuando le vio salir del cuarto de baño, se levantó de la silla y se acercó a él.
— Me voy a saltar la tarde, ¿vienes?— Sherlock le miró confundido.
Miró hacia la mesa donde había estado sentado y la vio vacía. Le preguntó con la mirada si estaba seguro pero vio que no dudaba en ningún momento el saltarse la clase de aquella tarde.
Enfadado, furioso. Necesita desconectar para calmarse. Discusión con la novia. Inminente ruptura. Iba a hablar conmigo cuando acabara mi turno. Quiere que esté con él ahora.
Sherlock corrió a coger su abrigo y le sonrió a John mientras salían del edificio. Giraron a la derecha y comenzaron a caminar sin rumbo fijo. Había poca gente en las calles después de comer y la mayoría de los establecimientos estaban cerrados a esa hora. Sherlock agarró del brazo a John durante tres segundos y le indicó que le siguiera. Giraron en la siguiente calle a la izquierda y, a unos metros delante, encontraron un pequeño parque en mitad de unos bloques de edificios. El parque solo contaba con un tobogán y un par de columpios donde John se sentó en uno. Sherlock le imitó y se sentó en el de al lado. Ninguno se balanceó, solo se quedaron quietos cada uno pensando en sus cosas.
— ¿No estarás en problemas por saltarte el trabajo?— dijo por fin John algo preocupado y arrepentido de haberle llevado con él.
Sherlock negó con la cabeza y le quitó importancia al asunto. Siguieron en silencio y el camarero dedujo lo que el otro estaba pensando. Le tocó y le indicó con la cabeza que le dijera lo que quería decirle. John se extrañó al principio y después recordó el raro poder que tenía el otro.
— Es una estupidez. No es nada— se inclinó hacia atrás y dejó que la gravedad hiciera efecto balanceándose unos pocos centímetros.
Sherlock volvió a cogerle del brazo y no le soltó hasta que John le miró.
— Te vas a reír de mí. El otro día... Bueno, debe de ser un coñazo para ti estar escribiéndome siempre. Estuve buscando páginas para aprender el lenguaje de signos.
Así que lo decía en serio. Espera hablar conmigo regularmente, lo quiere. Facilitar las cosas y hacerme sentir más cómodo. Quiere asegurar nuestra amistad y quién sabe si algo más.
Sherlock asintió y movió una mano dándole permiso para hablar.
—No, esperaba que tú me hablaras y yo te entendiera. Temo confundirme en un signo y decirte algo inapropiado— John se rio y Sherlock también, no le hizo gracia pero no podía evitar sonreír cuando él lo hacía—. Cuéntame, ¿cómo es que con una mente como la tuya no trabajas con la policía?
"Lo hago" gesticuló despacio Sherlock para que John le entendiera. Acompañaba cada movimiento con una expresión facial que le ayudara a comprenderle mejor.
— ¿Trabajas con la policía?— casi gritó John por la emoción.
"Sí, pero no me pagan de momento. Tengo un piso en el centro y necesito pagar el alquiler"
—Ya, claro... Que emocionante tiene que ser eso, ¿no? Resolver casos, perseguir al asesino... Eso sí que tiene que molar— Sherlock se encogió de hombros sin saber que contestar.
"La policía no confía en mí del todo porque creen que soy demasiado joven"
— Es que lo eres, para ellos. ¿Cuántos tienes? ¿22?- preguntó John.
Sherlock indicó un dos con una mano y un uno con la otra.
—Lo ves, casi un adolescente— se rio John.
"Oye, que tú solo tienes cinco más" y a continuación le empujó haciendo que ambos columpios se balancearan y acabaran chocando. "Lo siento pero no puedo evitar saber por qué estás así, tu novia"
— Ya...— John miró al suelo.
"No eres feliz, ni ahora ni en el futuro."
— No quiero hacerla daño.
"Créeme que no lo harás" Sherlock le sonrió una vez más y John le empujó de nuevo.
John llamó a su puerta decidido. Hannah abrió con una sonrisa radiante.
— Pasa, estaba haciendo la cena— Hannah fue hasta la pequeña cocina y removió la cazuela. Olía muy bien—. Si quieres puedes quedarte a cenar.
— Gracias, pero ya tengo cena en casa— intentó sonar creíble—. ¿Puedes sentarte un momento?
Hannah pareció no haberle oído y siguió moviendo platos en la cocina.
—Ya sé lo que me vas a decir.
— Entonces no hagas esto más complicado.
— ¿Es por ese camarero mudo? ¿Me vas a dejar por él?— Hannah siguió dándole la espalda y John se frotó los ojos cansado.
—No es por él ni por nadie, Hannah. Lo nuestro lleva varios meses pendiendo de un hilo y no me digas que no es verdad.
— Ya lo sé— Hannah dejó las cosas y se sentó junto a él—. Tú eres tan bueno conmigo, no quiero que me dejes. No encontraré a nadie como tú— le intentó abrazar.
—No me vengas con esas. Ya he visto lo mucho que hablas con Jeremy últimamente, Hannah.
— John, vamos a seguir siendo amigos, ¿verdad? Eres muy importante para mí, no quiero perderte.
— De todas formas, cuando acabe el curso me voy a ir al ejército, así que esto hubiera acabado tarde o temprano. No, no me vas a perder. Recuerda que estamos con el pesado de Jones, vamos a estar juntos hasta que acabe el curso—John entristeció—. Te voy a echar de menos.
—Y yo a ti... Entonces, te quedas a cenar, ¿no?—John asintió finalmente.
