WITHOUT A WORD.Capítulo 6

Pensamientos de Sherlock:cursiva

Gesticulaciones/escritos de Sherlock: "entre comillas"

Sherlock indicó al taxista la dirección de la residencia de John y se acomodó en el asiento. El camino fue en silencio. Miraba al otro de reojo, iba sentado tieso mirando a la calle a través del cristal. Sherlock bajó la ventanilla para que le diera el aire y le despejara más. Aunque no había bebido mucho su compañero, lo mejor era dejarle durmiendo en casa para que no tuviera resaca mañana. Las calles estaban desiertas a esa hora de la madrugada y llegaron en seguida.

Sherlock pagó y cogió las llaves de John que se peleaba con la puerta. Subieron en silencio en el ascensor y entraron al piso. Era pequeño pero acogedor. Tampoco estaba decorado mucho pero transmitía algo. El detective dejó las llaves en una mesa y siguió a John por una puerta.

— Voy... Los dientes— le dijo John algo perdido y se metió en el cuarto de baño sin cerrar la puerta.

El otro asintió y se sentó en la cama a esperarle, aunque pareciera sobrio, no lo estaba. John se lavó los dientes e hizo pis de espaldas a la puerta. Cuando se lavó las manos salió a la habitación y el alto se puso de pie a su lado.

— Gracias por traerme— sonrió John—. Y por venir esta noche— acabó.

Sherlock movió las palmas en círculos en el aire diciéndole de nada y metió las manos en los bolsillos de su gabardina negra. Miró a la puerta y comenzó a caminar hacia ella cuando John le cogió la cara con ambas manos y juntó sus bocas en un beso torpe. Sherlock se paralizó pero no tardó en devolverle el beso durante unos pocos segundos, después se separó y apoyó su frente en la del rubio. John parecía no enterarse mucho de lo que pasaba y Sherlock aprovechó para quitarle el abrigo y meterle en la cama. Le quitó los zapatos y le arropó pero se quedó sentado al lado suyo y le acarició el pelo haciendo que John abriera los ojos y le mirara.

— Quédate conmigo— suplicó con un hilo de voz y le cogió la mano con que le estaba acariciando.

Sherlock negó y salió de la habitación no sin antes darle un beso corto en la frente. Cerró la puerta de la habitación y salió al salón. Al final lo había hecho, ya no serían amigos más. Abrió la puerta del piso pero sus pies no querían salir fuera.

Malditos sentimientos humanos...

Sherlock dio la vuelta y entró de nuevo en el cuarto. John parecía dormido ya. Se quitó el abrigo, la bufanda y los zapatos con sumo cuidado de no hacer ruido y se metió debajo de las sábanas con el rubio. Este pareció percatarse del otro cuerpo a su lado y se abrazó a él buscando más calor. Sherlock dejó que apoyara la cabeza en su pecho y comenzó a acariciarle como lo había hecho antes. Pronto las respiraciones del rubio se hicieron más largas y profundas pero aun así Sherlock no dejó que el sueño le venciera y se quedó bastantes horas tocando su pelo.

John abrió los ojos y vio que el reloj de mesilla marcaba las 12,47 de la mañana. Sí que había dormido... Se dio cuenta que las cortinas estaban echadas para que no entrara nada de luz. Él siempre las dejaba abiertas para que el sol le despertara por las mañanas. De golpe le vinieron los recuerdos, la fiesta, el taxi, el beso, Sherlock.

Se sentó en la cama. Llevaba puesta la ropa de ayer pero no había rastro del camarero. Salió al salón y tampoco estaba, ni en el baño. Buscó alguna nota de papel pero tampoco había nada. Era como si ni si quiera hubiera estado en la casa. ¿Y si lo había soñado? No, aquel beso fue de verdad. Quizá fuera eso, el beso, Sherlock no quería nada con él pero ¿por qué huir? Además, se quedó a dormir con él. Era domingo, tendría toda la tarde para pensar antes de verle mañana. Se quitó la ropa y se metió bajo el agua fría de la ducha.

— ¿Hoy tampoco me vas a decir por qué estás así?— Cath le asustó cuando le preguntó de repente. Ella y John estaban en la planta de los enfermos terminales revisando habitación por habitación si alguno necesitaba algo—. Ya no te vale la excusa de Hannah— rio pero al ver el semblante serio de John paró—. John, ¿qué pasó en la fiesta?

— En la fiesta, nada.

— Hannah me ha dicho que te fuiste con el camarero.

— Sherlock...- John dijo su nombre tristemente—. Sí, y después me llevó a casa.

— ¿Y qué pasó? No... ¡John Watson, te acostaste con él!

— No digas tonterías. Le besé y durmió conmigo pero cuando desperté ya no estaba allí. Ni una nota ni nada y tampoco me ha enviado un mensaje.

— Luego puedes hablar con él.

— Ya...

— John, no tienes por qué preocuparte. Te he visto con él, todo el mundo te ha visto con él. Y como te mira... Como si fueras un tesoro. En el comedor te vigila constantemente. John, está loco por ti. Solo se habrá asustado, necesitará espacio.

John la miró y dejó escapar una sonrisa.

— ¿Sabes que si no fueras lesbiana estaría todo el día detrás de ti?— bromeó John.

— Bah, ya sé que soy perfecta— ambos rieron y un enfermero les llamó la atención.

John bajó los escalones de dos en dos hasta el comedor y fue casi corriendo a la barra. Detrás de ella estaba la compañera de trabajo de Sherlock pero él no estaba.

— Hoy no ha venido— le dijo la camarera y le dedicó una sonrisa de comprensión.

John regresó a la mesa con Catherine cabizbajo. Esta no dijo nada durante la comida pero sí intentó animar al rubio con chistes que ya no le hacían gracia. Le hizo prometer que le llamaría si pasaba algo y se despidieron en la puerta del hospital. John notó su móvil vibrar en el bolsillo y lo cogió corriendo y con una sonrisa en su cara. Se desanimó en el instante que vio que era la batería que se estaba acabando. Abrió el historial de mensajes y leyó los últimos que se había enviado con el joven detective, en la fiesta. Siguió leyendo y solo se deprimió más. Eran mensajes tontos, de cuando no sabes que escribir y pones lo que sea, pero aun así se podía leer algo entre líneas. Muy disimuladamente Sherlock se interesaba por él. Por eso ahora estaba tan confuso. No entendía el porqué de su ausencia. Ambos crearon esa relación poco a poco y cuando por fin salió todo a la luz, huía. Quizá le besara mal, se sintiera obligado a responderle... John dejó de pensar en eso y fue andando a su residencia.

Llegó el martes y la esperada hora de comer, Sherlock tampoco estaba allí.

Aquel día salieron antes y John fue a su conocido parqué a sentarse en el columpio. Se balanceó un poco y sacó el móvil.

"¿Estás bien? Llevas dos días faltando al trabajo. JW"

Aquel mensaje no implicaba nada. Simplemente era un amigo preocupado por otro amigo. Pasaron cinco minutos y nada. Diez. Veinte. Cuarenta. Aunque fuera pronto se había hecho de noche ya y John volvió en autobús aquel día.

Encendió la televisión y se quedó dormido viendo un documental sobre la segunda guerra mundial.

El miércoles casi llegó tarde al hospital. Aquel día prefirió no bajar al comedor y se quedó comiendo en una habitación sin pacientes. Cuando se unió a Cath en la siguiente actividad y no le dijo nada asumió que tampoco había acudido hoy.

— Watson, preste más atención— le regaño uno de los cirujanos de la operación.

Se habría alegrado e incluso peleado por esa operación pero esa vez no le hacía mucha gracia ayudar en ella. En cuanto acabó recogió sus cosas y se marchó a su casa. Se tiró en la cama y acarició la almohada donde su compañero puso la cabeza días atrás. En un acto desesperado cogió el móvil y pulso en la tecla "llamar". Sabía perfectamente lo que hacía. Solo quería que la rechazara, que diera algún indicio de que estaba ahí y que al menos le ignorara. Porque no saber nada era peor que eso.

Los pitidos siguieron sonando hasta que saltó el contestador. John abrió un mensaje nuevo.

"¿Es por lo que ocurrió en mi cuarto? Lo siento, estaba borracho. Contéstame, por favor. JW"

Ya daba igual lo que ocurriera, solo quería que le contestase.

El jueves le llamaron del hospital y le dijeron que había enfermado el doctor Jones y hoy no podrían ir a sus prácticas. Por una parte se alegró de tener algo de tiempo libre para él pero por otra se preocupó de que el camarero fuera y él no estuviera. Fue a hacer unos recados tales como compran cuadernos y bolígrafos nuevos, fotocopiar unas cosas que necesitaba y sin darse cuenta se le hizo la hora de la comida. Entró a un chino al que iba a veces con Hannah y pidió lo de siempre pero para uno. Tardó poco en comer y salir y, cuando lo hizo, casi se le caen las bolsas que llevaba.

Sherlock estaba apoyado fuera en una farola mirando a la calzada. Estaba de espaldas pero su gabardina y su pelo eran inconfundibles. John torció e intentó irse sin que fuera visto. Quería hablar con él pero afrontar la situación de sopetón le hizo un nudo en la garganta y solo quería marcharse.

Casi podía ver los labios de Sherlock llamándole sin voz cuando le tiró de la manga de la chaqueta y le frenó de su huida. John se atrevió a mirarle por fin. Sherlock tenía más ojeras de las habituales y parecía cansado.

"¿Te importa si cojo algo para llevar?" le hizo señas y John se encogió de hombros.

Entró al restaurante donde John acababa de comer y salió a los pocos minutos con una bolsa blanca.

— Pensaba que tú no comías—intentó empezar una conversación.

"A veces"

John siguió a Sherlock por las calles preguntándose si realmente tenía algún rumbo.

— Sherlock— este se giró—. Creo que... tenemos que hablar.

El aludido puso cara de no apetecerle mucho pero anduvieron hasta una calle menos transitada para que se le oyera a John.

"No hay nada que decir. Pensaste que te abandoné y que no quería saber nada de ti después de lo que pasó"

— ¿Y no lo hiciste?—John subió el tono de voz enojándose.

"No. Estaba en un caso"

— ¿Y tampoco puedes responderme a un puto mensaje? ¿Sabes que he pasado una semana pensando que te habías ido por mi culpa?— cuando se dio cuenta del volumen al que hablaba paró e intentó relajarse. Sherlock, por su parte, movía las manos serio y tranquilo.

"Ya sabes que cuando estoy en un caso no puedo pensar en otra cosa, ni si quiera en ti. Leí tus mensajes y me distrajeron, tardé más de la cuenta por estar preocupado por ti" El rubio se arrepintió de haberle gritado así. "Pero qué más da, estabas borracho. Siento haberte besado yo. Nunca quise obligarte a hacer nada. Creo que ya están las cosas aclaradas" dio la vuelta sobre sí mismo y caminó a grandes zancadas.

— ¡Espera! ¿Pero qué dices?— chilló John—. ¿Crees que lo hice por haber bebido alcohol?— Sherlock paró y le escuchó de espaldas—. Lo hice porque ese fue el único momento en el cual saqué la valentía suficiente para hacerlo. Y tú... Fuiste tan amable de meterme en la cama y quedarte conmigo... Por eso pensé que tú no querías aquello. Me desperté y estaba solo.

Sherlock no se movió de su sitio y fue John el que se acercó a él. No le miraba y tuvo que ser John quien le cogiera delicadamente de la barbilla y acercara sus rostros. Sherlock reaccionó y acabó de besar a John. Fue un beso lento y sin mucha saliva. De esos que se disfrutan prolongándolos en el tiempo, delicados y dulces. Ambos sonrieron aun con los labios unidos.

"Con los asesinos soy el mejor pero en estas cosas soy bastante tonto"

— Que modesto— ambos rieron y volvieron a las transitadas calles londinenses.

Fueron a la habitación de John y Sherlock pudo comer tranquilamente ya que no lo había hecho en todos los días del caso. Después le estuvo contando, con las limitaciones del lenguaje, como había sido el caso y las diferentes pistas que lo habían llevado hasta el asesino. Encendieron la televisión y salía justamente un joven detective inspector contando como habían resuelto el caso. Se les hizo tarde y Sherlock no quería ir al comedor a cenar así que se despidieron prometiéndose verse y escaparse del trabajo al día siguiente.

Ambos esperaron con ansia su encuentro el viernes y cuando se vieron sonrieron tontamente. John comía a la velocidad de la luz y Sherlock estaba más borde que de costumbre espantando a los clientes.

— Veo que lo habéis arreglado— le sorprendió Cath susurrándole en el oído.

Ambos rieron y Hannah puso una mueca de asco al otro lado de la mesa.

— Ten cuidado con lo que te hace.

— No pensaba que fueras tan homófoba.

— No es homofobia, es Sherlock-fobia.

John, Catherine e incluso Jeremy estallaron en carcajadas por la infantilidad de los comentarios de Hannah.

La hora de escaparse llegó y Sherlock y John caminaron juntos hasta la salida del hospital. Una vez fuera Sherlock se acercó y le dio un beso corto en los labios.

— No sabía que fueras tan vergonzoso con estas cosas— recibió un golpe en el brazo en respuesta.

Caminaron muy pegados rozando sus manos de vez en cuando.

— Pronto es el cumpleaños, tendría que comprarla algo. Podemos ir a los grandes almacenes que están aquí cerca.

"¿Primer día de relación y me llevas a comprar un regalo a tu ex-novia? Muy acertado" Sherlock rodó los ojos.

— Es verdad, lo siento. Iré yo mañana. ¿A dónde quieres ir?— John se avergonzó.

"Era broma. Me gusta cuando te sonrojas. Te ayudaré a escoger lo peor de la tienda" John le asesinó con la mirada y se encaminaron a las tiendas.