WITHOUT A WORD Capítulo 7
Pensamientos de Sherlock:cursiva
Gesticulaciones/escritos de Sherlock: "entre comillas"
Sherlock consiguió una tarde libre y John le había conseguido convencer de ir a ver una película juntos.
John movía la pierna nervioso mientras revisaba el reloj cada cinco minutos. Aquella operación se estaba alargando demasiado. No le tocaba operar a él pero debía quedarse mirando para tomar los apuntes necesarios.
Cath se despidió de él cuando salió corriendo y metió la bata y los papeles en su mochila. Sherlock estaba apoyado en la barra por fuera, tecleando en su móvil y con el abrigo y la bufanda ya puestos.
—¿Un nuevo caso?— le dijo John con una sonrisa acercándose a él.
El camarero negó con la cabeza y guardó el móvil en su bolsillo. Salieron fuera del edificio y Sherlock se paró a encender un cigarrillo dándole una gran calada. Se lo tendió a John pero lo rechazó como hacía cada vez que le ofrecía tabaco. Aquella tarde de primavera hacía especial frío y se subió la cremallera del abrigo hasta el cuello.
—¿Señor Holmes?— les sorprendió una voz a sus espaldas.
Ambos se giraron y John levantó una ceja extrañado. Era uno de los doctores del hospital. Había salido con la bata puesta.
—Lo siento, se equivoca…
Sherlock le apartó con la mano y se acercó al doctor mirándole fijamente.
—Señor Holmes, me dijo que le avisara cuando él volviera. Pues bien, está en su habitación— asintió con la cabeza despidiéndose de ambos y regresó al interior del edificio.
—¿Cómo que Holmes? ¿Quién ha vuelto a qué habitación?— Sherlock se interpuso en su camino y negó con la cabeza.
"Espérame aquí, no tardaré mucho."
Y sin decir más siguió al doctor hacia el interior del edificio dejando a un perplejo John pasando frío en la calle. Este hizo lo que le había pedido, al menos durante media hora. Estaba tardando demasiado en regresar y se estaba preocupando. Holmes… Ese nombre resonaba en su cabeza una y otra vez. Él se llamaba Carter, no Holmes.
Entró a paso rápido al hall del hospital. Le buscó con la mirada y no le encontró. Se acercó rápidamente a la recepción.
—¿Podría decirme el número de habitación de Carter?— la mujer de administración asintió y tecleó rápidamente.
—Lo siento, no hay nadie con ese nombre.
—¿Podría probar con Holmes?— tras pulsar un par de teclas asintió con la cabeza y le miró.
— Habitación 309, planta tercera.
John asintió a la vez que los nervios le empezaban a subir por las piernas. ¿Qué demonios le estaba ocultando Sherlock? Llamó al ascensor. Este se abrió dejando ver el poco espacio que había dentro. Como pudo se metió dentro y marcó el número tres que era la única planta que no habían pulsado. Era la plata de los pacientes terminales, gente que se tenía que quedar en el hospital o pacientes en coma.
Las puertas se abrieron y salió. Los pasillos estaban vacíos y no se escuchaba nada. Se puso a caminar por el primer pasillo a la derecha hasta llegar a la puerta 309. Las cortinas estaban echadas pero se escuchaba a alguien hablar desde el interior. Era una voz grave así que no pudo distinguir nada. Entrar o esperar ahí…
Se sentó en el banco cercano a la habitación y esperó. No supo cuánto tiempo había pasado cuando escuchó gritos y ruidos provenientes de la habitación. Lo único que se le ocurrió hacer fue ir corriendo y abrir la puerta. Los dos hombres que estaban en el interior pararon de pronto y se giraron para mirarle. Sherlock parecía acalorado y el otro hombre enfadado y con los puños cerrados.
"Te he dicho que esperes abajo" gesticuló rápidamente Sherlock y después le empujó hacia el exterior de la sala.
—No, Sherlock. Dime qué está pasando, déjame ayudarte— le suplicó John intentando zafarse de su agarre.
Sherlock insistió en sacarle hasta que el otro hombre le puso la mano sobre el hombro.
—¿No me vas a presentar a tu amigo, Sherlock?— preguntó el otro hombre con media sonrisa en el rostro.
Sherlock negó con la cabeza dándose por vencido y se sentó en una silla de la habitación. John le siguió a paso lento. En la cama había una mujer tumbada y con los ojos cerrados. Si no se había despertado por los gritos solo quería decir que estaba en coma.
—Sherlock, ¿qué pasa aquí? ¿Por qué ese hombre te llamó Holmes?— se acercó a este que estaba mirando a otro lado.
—¿Holmes? Porque ese es su apellido. Oh… ¡Sherlock! Ya has estado engañando a tu amiguito— explicó el hombre mayor mientras se reía a carcajada limpia.
John, que no entendía nada, solo podía mirar a Sherlock y hacia el hombre repetidas veces. El camarero no parecía por la labor de explicar nada así que miró al otro hombre con cara interrogante.
—Perdón, no me he presentado. Soy Williams Holmes, el padre de Sherlock— extendió una mano hacia John pero este no se la estrechó—. Solo estaba visitando a mi preciosa mujer cuando Sherlock ha llegado hecho una fiera— señaló con la cabeza hacia la mujer que estaba en la cama.
John cerró los ojos comprendiendo lo que le había dicho pero sin entender por qué Sherlock le había dicho un nombre falso para ocultar que su madre estaba ingresada en ese mismo hospital. Después de un largo silencio se acercó a la cama y leyó el historial médico que estaba colgando de los pies de la cama. Conocía a esa mujer, al menos había escuchado su historia cuando la ingresaron allí. Tuvo un accidente de coche del que no pudieron hacer mucho. Después de varias operaciones había caído en un coma hace unos meses de un pronóstico no muy favorable.
—Sherlock—empezó John—, obviando el hecho de que me has estado mintiendo… ¿Por qué te pones así con tu padre? Solo viene a visitarla.
El detective levantó la vista de pronto y sus rasgos se convirtieron en una cara enfadada. Apretó los puños y golpeó una de las mesitas que había a su derecha.
—Pobre, no ha superado que su madre esté así…
"¡Cállate!" gesticuló Sherlock poniéndose en pie y empujando a su padre. "Puto mentiroso…" y con eso se abalanzó sobre él acorralándole contra la pared.
William se rio antes de darle un tortazo en la cara y echar a Sherlock hacia atrás.
—Yo no te he enseñado a hacer eso— exclamó el padre arreglándose la ropa.
Sherlock le miró y se preparó para pegarle de nuevo cuando John se puso delante de él y le sujetó. Le empezó a susurrar palabras tranquilizadoras hasta que escuchó la risa de William a su espalda.
—Váyase ahora mismo, señor Holmes.
—Solo estoy visitando a mi esposa que está…
—Váyase ahora mismo o llamo a los de seguridad. No volveré a repetirlo— volvió a decir John haciéndole frente.
William le miró con cara de asco y empezó a replicar. De pronto se calló cuando vio a alguien detrás de Sherlock y John. Cogió sus cosas y salió del cuarto. John se giró para verle irse y descubrió que el hermano de Sherlock estaba en la puerta.
Entró a paso lento y dejó el paraguas apoyado en la pared. Se acercó a la cama y tras revisar a su madre se giró hacia los jóvenes.
—Te dije que me avisaras— le reprimió—. Ha tenido que llamarme el doctor. Sherlock se apartó y se apoyó en la pared sobándose la mejilla que empezaba a coger un tono rojo—. Menos mal que estaba aquí John… ¿Qué ha hecho?
"Nada, ni si quiera la ha tocado" gesticuló Sherlock como si le costara la vida.
John se sentó en una silla y bajó la cabeza. No tenía que haber entrado, nada de eso iba con él y se había metido en medio de un problema familiar ajeno.
—Puedes irte ya, John. Y tú también Sherlock. Me quedaré yo un rato por si decide volver— se sentó junto a John y sacó el móvil.
Sherlock le obedeció en seguida y desapareció por la puerta. John le siguió corriendo y le alcanzó abriendo las puertas de las escaleras de emergencia.
—Espera, por favor. Explícame que está ocurriendo. Tú lo sabes todo sobre mí y yo apenas tu apellido que ahora resulta que era falso. Sherlock, por favor.
Este suspiró y le cogió de la mano. Bajaron en ascensor y salieron fuera del edificio. Le condujo hasta el parque donde solían pasar algunas tardes y se sentó en el columpio balanceándose ligeramente con los pies.
"Mi padre abandonó a mi madre hace unos años. Nunca se separaron pero ya no estaban juntos. Es un gilipollas. Todo el dinero de mi familia proviene de la familia de mi madre, por eso no se quiere separar, para seguir disfrutando de la fortuna…"
John se acercó y se sentó en el columpio de al lado. Sherlock parecía que se fuera a romper en cualquier momento.
"Entonces tuvimos el accidente. Íbamos mi madre y yo en el coche. Yo tuve suerte."
El joven médico alargó la mano y la posó encima de los dedos de Sherlock que se aferraban a la cadena del columpio.
"Si mi madre muere una gran parte del dinero se lo llevaría él."
—Por eso le vigiláis, por si intenta… Bueno, tú me entiendes.
Sherlock asintió y suspiró.
