WITHOUT A WORD.Capítulo 8
Pensamientos de Sherlock:cursiva
Gesticulaciones/escritos de Sherlock: "entre comillas"
― ¿No podéis poner una orden de alejamiento?― pregunto John en un susurro.
"Ya lo hemos intentado todo pero no hay pruebas contra mi padre"
― Lo siento, no lo sabía, pero no tenías que ocultarme esto. O sea, no decirme tu verdadero nombre…
"Ahora me parece una tontería" gesticuló el moreno sin poder mirarle.
John se agachó ligeramente para abrazarle y besar su mejilla. Se columpiaron durante un rato en silencio, cogidos de la mano, hasta que Sherlock la apretó para llamar su atención.
"Pasa la noche conmigo"
――
La casa de Sherlock estaba en uno de los barrios más céntricos de todo Londres, le extrañó a John que se pudiera permitir vivir allí con un sueldo de camarero. Subieron a la primera planta y el rubio sonrió. Su casa era como se la esperaba. Pequeña, llena de cosas, pero acogedora. Mirase por donde mirase se encontraba libros, periódicos, cajas con cosas desconocidas, ropa, un montón de utensilios químicos, pipetas, Erlenmeyer… La cocina era casi peor, como si un grupo de locos obsesionados por los experimentos se hubiese apoderado de ella. Pero era Sherlock, era un genio.
― Me gusta aunque esté desordenada.
El moreno le miro con una ceja alzada.
"Está perfecta"
Aquel comentario hizo reír a John. Dejo el abrigo en el perchero y se dispuso a ver los títulos de los libros que tenía en la estantería y los insectos que tenía en los cuadros en las paredes. Sherlock, por otra parte, se puso a rebuscar en el frigorífico y en los cajones de la cocina en busca de algo decente que cenar, aunque no tuvo mucho éxito. Acabaron pidiendo a un tailandés y cenaron en el suelo frente a la tele, ya que sus planes de ir al cine se habían chafado.
El reloj dio las once cuando se quisieron dar cuenta.
― Uf, que tarde es― puntualizó John―. Creo que me voy a ir ya que no quiero lle…
No pudo acabar ya que Sherlock le acalló con los labios. Aquello le tomó por sorpresa. El camarero no es que fuera la persona más cariñosa del mundo y daba besos en contadas ocasiones. John lo aprovechó y le respondió lentamente. Se giró para tener mejor acceso y fue besándole, repartiendo pequeños besos por sus labios y comisura. El moreno se animó y fue quien profundizó el beso. John acarició sus labios con la lengua pidiendo permiso que fue concedido. Cada vez que sus lenguas se rozaban mandaban descargas eléctricas por todo su cuerpo.
John no quería parar, quería más. Acariciar su espalda y sus hombros no era suficiente. Sherlock pareció saber lo que pensaba ya que tiró de su mano y le condujo a la habitación.
Esta apenas tenía muebles. Tenía una gran cama en el centro que estaba deshecha, encima de esta había un gran cuadro con la tabla periódica, dos mesitas de noche y nada más. Se sentaron en el borde de la cama y continuaron besándose hasta que se tumbaron e hicieron lo mismo. Sherlock metió las manos por debajo de la camisa de John.
― Ey, espera…― susurró apartándose. No quería pero tenía que hacerlo antes de seguir―. ¿Estás…?
Sherlock asintió lentamente, mirándole a los ojos.
"Lo necesito ahora, necesito estar contigo"
John sintió como su pecho se llenaba y suspiro antes de besarle con delicadeza de nuevo.
La ropa fue desapareciendo poco a poco. La piel de Sherlock era suave, caliente y pálida. John era más áspero y moreno pero encajaban a la perfección. El rubio beso todo lo que pudo de él, sus hombros, su pecho, sus manos, su espalda. Nunca antes el sexo había sido tan especial, tan sincero ni tan perfecto.
Aquella noche ninguno fue el activo ni el pasivo. Se tumbaron uno junto al otro y se frotaron hasta que ambos acabaron jadeando y abrazados.
――
La luz que se colaba por el hueco de la cortina despertó a John. Estaba muy a gusto, calentito, y no estaba solo. Se movió ligeramente y los brazos de Sherlock se ajustaron a su nueva posición, abrazándole protectoramente. El rubio sonrió y le coloco algunos rizos al moreno que aun dormía. Parecía estar en paz y completamente relajado. Diez minutos después se despertó. John acariciaba su espalda distraídamente y sonrió. Pudo notar como el otro se sonrojaba ligeramente y sintió que era demasiado afortunado para ser verdad.
Beso su frente y se acomodó de nuevo junto a su cuerpo. No se levantaron hasta otra hora después. Sherlock llevó dos tazas de café a la cama y le beso como la noche anterior.
"Espera aquí"
John le miró impaciente como buscaba unos papeles en un cajón de la cómoda. Le entregó una carpeta y fue a buscar el portátil. El interno reconoció aquella carpeta de inmediato. Era un informe médico del hospital donde ambos trabajaban.
Lo abrió con cuidado. El informe era referente al accidente de la señora Holmes aunque no trataba sobre ella. Era sobre Sherlock Holmes. Tras una descripción de lo ocurrido en el accidente de coche y cómo lo encontraron inconsciente a diez metros del vehículo. Lo siguiente era la operación de urgencia que le hicieron. Había tenido una grave contusión cerebral y se le había hundido el cráneo ligeramente por el impacto.
Después de todos los detalles de cómo se complicó la operación, no pudieron hacer nada por salvar la capacidad comunicativa del moreno. Su garganta estaba intacta, sus cuerdas vocales estaban listas para emitir sonidos pero su cerebro simplemente no lanzaba la señal.
John suspiro. Aunque tenía secuelas estaba vivo y se movía, no como su madre. Levantó la vista y vio a Sherlock mirándole fijamente. Cogió su mano y la apretó.
El moreno se sentó junto a él y puso el portátil sobre la cama. Había un video, listo para verse. Sherlock pulso la barra espaciadora dándole al play.
El video era casero, filmado con una cámara no muy profesional y aparte tenía bastantes años ya. Enfocaron a una mujer y John la reconoció, era la madre de Sherlock que sonreía mientras partía una tarta.
― Aquí está mamá partiendo la tarta que vamos a comernos ahora mismo. Este es papá― mientras hablaba giró y enfocó al hombre, a William Holmes, que no sonreía mucho.
John reconoció a Mycroft, el hermano de Sherlock, como el cámara. Después filmó a un perro de color marrón anaranjado que corría por el jardín.
― Y este es el chico del cumpleaños, tan enfurruñado como siempre.
John tragó saliva cuando vio a un Sherlock adolescente. Era igual solo que tenía cara de más niño. Estaba cruzado de brazos y miraba con odio al objetivo de la cámara.
― Solo te alegras porque vas a comerte tú media tarta― dijo seriamente.
La voz era grave para ser la de un chico de dieciséis años. Casi no le pegaba con esa piel tan pálida y esos ojos tan claros y brillantes. Sherlock se agachó y acarició las orejas del perro.
― Deja de grabar, ya sabemos que quieres comerte la tarta tu solo― prosiguió.
― Sherlock…― le regañó su madre.
― Déjale, Violet. Si tiene razón― rio William y todos le miraron sin saber muy bien que decir.
Mycroft enfocó a la hierba y se cortó la grabación.
John estuvo asimilando lo que había visto. No había nada que comentar. Sherlock le había dado la información que faltaba. Le había mostrado todo lo que había pasado y por qué estaba así, incluso le había enseñado como era su voz.
John le miro y beso su mejilla.
― Gracias― susurró y todo estaba bien.
Después de acabar la taza de café John se puso la camisa de Sherlock y fue a improvisar un desayuno. Quedaba algo de pan con mantequilla, sin mermelada, pero algo es algo.
Se sentaron en el sofá y estuvieron haciendo zapping mientras desayunaban.
El rubio insistió en que él cambiaba las sábanas y lo acabó haciendo mientras Sherlock se daba una ducha. Hacía muy buen día fuera pero no quería salir a la calle.
Cuando el moreno salió ya vestido y dispuesto a besarle se escuchó como alguien metía las llaves en la cerradura y abría. John miró la puerta sorprendido y después a Sherlock. Este había cambiado su semblante por completo y estaba serio y rígido.
La puerta se abrió y un pelirrojo, algo más alto que Sherlock entró con una sonrisa y bolsas de la compra. Pasó de largo y fue a la cocina a colocar las cosas.
John se aclaró la garganta.
― ¿Perdona?― dijo enfadado.
El pelirrojo le miro divertido.
― ¿Algún problema?― dijo sonriendo.
John tomó aire y suspiro.
― Sí, tengo un problema. ¿Quién eres tú?
― Ah, perdona― se acercó al rubio y levantó la mano para estrechársela―. Lo siento, me llamo Andrew, encantado.
John miró la mano pero no la cogió.
― ¿Y? ¿Qué haces aquí?― dijo cada vez más enfadado.
― Pues… Vivo aquí― respondió sin perder la sonrisa. Volvió a la cocina y continuó colocando la comida―. Soy el novio de Sherlock.
John sintió como si le pegasen un puñetazo directamente en el estómago. No pudo ni preguntar qué tonterías estaba diciendo. Miró a Sherlock que miraba a Andrew con la misma seriedad que antes. El rubio espero alguna respuesta, alguna señal por parte del moreno pero este no hacía nada, absolutamente nada, como si le acabasen de pillar y no tuviera excusa.
Eso era exactamente lo que acababa de ocurrir. John sintió otro puñetazo y como sus ojos se empezaban a humedecer. Corrió al cuarto y se puso su ropa. Tras coger su mochila salió de allí de un portazo.
Lo peor es que Sherlock no había intentado pararle, ni explicarle algo, nada. Solo silencio. Ni si quiera le había mirado a la cara.
