WITHOUT A WORD.Capítulo 9

Pensamientos de Sherlock:cursiva

Gesticulaciones/escritos de Sherlock: "entre comillas"

Habían pasado tres semanas. Las tres semanas más largas para John.

Durante esos días había sido el mejor estudiante de medicina que uno podía imaginarse. Estudiaba en cualquier momento libre que tenía, asistía a cirujanos con operaciones algo más complicadas. Era el favorito de los de allí.

Sus ojeras delataban que no dormía bien, que se pasaba la mayor parte de la noche mirando el techo sin saber que había pasado con su vida, cómo había llegado ahí. Cath había dejado de preguntar y Hannah le miraba con pena. A John le daba todo igual.

Desde aquella mañana no había vuelto a poner un pie en la cafetería y utilizaba otra salida para no cruzarse con nadie en la entrada principal al hospital. Iba bien así. Conseguiría ser el mejor interno, tendría la mejor nota, se iría al ejército y no tendría que pensar en aquello nunca más.

Cuando se permitía pensar le dolía que ni se hubiera puesto en contacto con él para poder explicarse al menos. Era un egoísta, un imbécil, y aun así se culpaba así mismo por haber caído en el engaño más grande del siglo. No entendía por qué le había enseñado sus secretos, su pasado, si solo era el "otro". No entendía por qué Andrew no se había sorprendido al verle casi desnudo solo con la camisa de Sherlock. No entendía muchas cosas pero le daba igual. En menos de tres meses acabaría todo aquello y se iría para siempre de Londres.

― Oye, ¿por qué no vamos al cine?― comentó Cath un día mientras comían unos sándwiches en las escaleras.

― No, tengo que estudiar.

― Necesitas un descanso, John… Por favor.

― No me mires así― gruñó antes de alejarse de ella.

――

Quedaba una semana de prácticas y serían libres. Todos estaban emocionados, todos menos John. El martes le tocó hacer guardia en emergencias. Había llegado un niño con una alergia a los kiwis y estaba reposando con los medicamentos ya puestos.

― ¿Perdone?― le dijo la madre del niño.

― ¿Sí?

― En esa rejilla hay algo― dijo señalando.

John se acercó. Había una rejilla de ventilación casi en el techo. Tras acercar una silla y subirse sacó una bufanda azul, llena de polvo y muy sucia.

Se disculpó y se encerró en un cuarto de limpieza. Reconocería esa bufanda en cualquier sitio. Aquello le hizo sentir ilusión, mariposas de nuevo y después dolor. Ya lo había superado, eso se hacía creer a sí mismo, y no iba a tirarla a la basura. Aunque fuera por última vez se la iba a dar.

Tras acabar su turno fue a la cafetería. Ver la puerta ya le hacía arrepentirse de eso. No quería verle, no quería sentir dolor de nuevo pero era estúpido y aun así lo hizo.

Caminó hasta la barra donde estaba Elle limpiando. Esta la miro y se metió a la cocina. Encendió las luces y pudo ver a Sherlock de espaldas, agachado junto a una gran bolsa, parecía que doblaba… Camisetas.

El moreno se giró y abrió los ojos bien abiertos cuando vio al rubio. Elle se fue a limpiar otra parte mientras John se metía tras la barra y le acercó la bufanda.

Sherlock se puso de pie y la cogió, haciéndola un gurruño entre sus manos, casi avergonzado. John se fijó en la mochila y sintió que se mareaba.

― ¿Qué es todo eso?

Sherlock no contestó.

― Sherlock, ¿por qué mis pacientes se encuentran tu ropa en los conductos de ventilación?― insistió.

El moreno se dio la vuelta y continuó ordenando la ropa.

― Sherlock, ¡contéstame coño!

John escuchó algo parecido a un sollozo pero era mudo.

― No me jodas― gruñó―. ¡No! ¡No puedes ponerte así cuando me hiciste esto! ¡No puedes!― grito―. No sabes el daño que me has hecho, pensaba que tenía a alguien perfecto y era solo tu… ¡Joder! ¡Para de llorar!

Sherlock se irguió y le empujó con fuerza contra la cocina, haciendo que John se chocara y gruñera. El moreno respiraba aceleradamente, con rabia, mirándole con odio, conteniéndose para no pegarle de nuevo.

― Vete a la mierda. Eres gilipollas, Sherlock.

John se dio la vuelta hacia la puerta cuando escuchó como tiraban una bandeja de metal al suelo. Se dio la vuelta, asustado, y le miró.

"Llevo viviendo en el hospital desde que te fuiste. Voy cambiando de sitio porque me han pillado varias veces escondiendo ropa en los conductos de ventilación. Llevo durmiendo en camillas desde hace tres meses porque decidí que no podía depender más de Andrew y que tenía que cambiar mi vida. Él y yo fuimos novios hace mucho, pero él se cansó de mí y empezó a salir con otros sin importarle que yo estuviera presente. Más bien a follárselos en mi cama mientras yo estaba en el salón. Él sabía que no podía permitirme vivir solo y… Me utilizaba."

― Me da igual las excusas que te inventes ahora, Sherlock. Me da igual― dijo el médico cansado.

Sherlock le miro sorprendido de la reacción de John ante su confesión y apretó la mandíbula.

Cuando John salió del hospital el aire le despejó. Ya era casi verano y no hacía mucho frío pero algo era algo. Se sentó en un banco y se tapó la cara. Daba igual lo que le contase Sherlock. Había tenido meses para hablar con él y no había dado la cara. Le daba exactamente igual lo que dijese o lo que dejase de decir.

―――

Al día siguiente, y como siempre que tenía un rato libre, fue a la habitación de su madre y cogió su mano entre las suyas.

Pensé que este era el bueno, él que te iba a presentar y tú estarías encantada con él y le enseñarías fotos mías de cuando era un bebé para avergonzarme.

Sherlock sonrió amargamente. El pronóstico de su madre no había mejorado. Los médicos le habían informado de que Violet había firmado un papel a favor de desconectarla si algún día estuviese en esa situación. Pero ni Mycroft ni Sherlock, que eran los que podían dar permiso, quisieron hacerlo.

La puerta se abrió de golpe.

― ¿Estás aquí para firmar ese puto papel?― rugió William haciendo que Sherlock cerrase los ojos.

Se incorporó y tras soltar la mano de su madre empezó a mover las manos.

"Morirás tú antes que ella, cabrón"

El golpe tardó menos de lo que había esperado y le dio igual. No tenía a su madre y tampoco a John.

― No me toques los cojones, tu hermano gordo no lo hará pero tú sí, ¿verdad? No quieres que tu mami sufra más.

― Señor Holmes, una vez le dije que no era bienvenido en esta habitación y eso sigue igual― la voz calmada de John Watson cortó el ambiente tenso de la sala.

Sherlock suspiró y volvió a coger la mano de la mujer. William se giró hacia el joven.

― ¿Tú te atreves a hablarme así? ¿Tú puñetero enano?

No pudo acabar su amenaza ya que varios policías aparecieron detrás de John.

― Señor Holmes, queda arrestado en este momento por las amenazas repetidas hacia sus hijos y el intento de asesinato de su mujer.

―――

Tres horas después la policía ya se había marchado y todo estaba más o menos normal. Mycroft y Sherlock Holmes estaban sentados en una sala de espera cuando John les llevo dos cafés y se sentó junto a ellos.

― John, estamos en deuda contigo― dijo el político―. Ahora y siempre. Puedes pedirnos lo que quieras y te lo concederemos, lo que has hecho hoy ha sido…

― Ya, no importa. No quiero nada, gracias. Ese tío me caía mal y ya está― explicó encogiéndose de hombros.

― Mi oferta seguirá siempre en pie, John. Si alguna vez necesitas cualquier cosa solo tienes que pedirlo.

― Sí…

― Creo que os voy a dejar solos. Tenéis cosas de las que hablar. Gracias, John, de nuevo.

Cuando estuvieron solos volvió la incomodidad. John no quería afirmar que había estado siguiendo a Sherlock durante aquel día ni que había preparado él toda la escucha, llamando a la policía para que por fin pudiera acabar toda esa pesadilla.

― Ayer… Lo que dije…

Sherlock negó con la cabeza mirando al suelo.

"Me lo merezco"

― No… No sabía que… Joder, me dijo que era tu novio, era normal que reaccionase así. Tú tampoco dijiste nada, deberías haberlo hecho. Deberías haberme explicado todo desde el principio. De nuevo tenías secretos conmigo. Secretos que… Yo te contaba todo, ¿sabes? Todo, yo tampoco es que tenga una vida muy interesante pero era completamente sincero contigo. Y tú me has engañado dos veces, y esta última vez me has hecho daño durante tanto tiempo…

"No estás siendo justo conmigo…"

― No me imagino lo que es estar en una relación así… Abusiva. Pero si me lo hubieses contado te hubiese ayudado, te hubiese dejado dormir en mi cuarto todo el tiempo que necesitases para alejarte de ese gilipollas. Y has estado durmiendo aquí por eso…

Sherlock extendió una mano y cogió la suya. John suspiro pero se sentía genial poder tocarle de nuevo. Como si aquellos meses de dolor nunca hubiesen existido.

― Ahora sé que no me fuiste infiel ni nada de eso pero sigo sintiéndome…

"Lo entiendo, John. No te estoy pidiendo que vuelvas conmigo"

John sintió un vacío dentro.

― ¿No quieres… volver?

"¿Tú sí?"

― Por supuesto, Sherlock. Aunque tardemos en estar como antes y en confiar de nuevo, pero quiero intentarlo, por supuesto.

El moreno asintió y apoyo la frente contra su hombro.

―――

Cuando acabaron las prácticas hicieron una gran fiesta en el piso de Hannah. John fue casi obligado. Estaría allí un par de horas y se iría. Tenía una copa en la mano aunque apenas bebía, se limitaba a ver a la gente bailar o a sonreír a Cath cuando esta le miraba. Había llevado a una novia nueva y parecía que la cosa iba viento en popa. La gente entraba y salía como si nada pero cuando entró alguien todos se giraron, incluido John. Era Sherlock. John miró a Cath que le guiñó un ojo.

El moreno se sentó junto a John y le sonrió.

― ¿Cath te ha obligado a venir?

"Me invitó simplemente y quise venir, pasar tiempo contigo"

John suspiro y cogió su mano.

― En septiembre… Bueno, mi beca… Tendré que…

"Nos mandaremos cartas" gesticuló Sherlock sin perder la sonrisa, "y mails, y fotos guarras"

John se echó a reír y apretó su mano.

FIN