Luna escribió todo lo que había utilizado para bañar a las semillas, y luego se guardó el papel en el bolsillo.

Se puso el uniforme, los zapatos y salió hacia el Gran Comedor.

No vio a su nuevo amigo por ninguna parte, por lo que se sentó a esperar.

Fred entró con su hermano al salón, parecía que habían hecho alguna travesura porque no paraban de reír. Luna se acercó, y le tendió el papel a Fred. El la miró sorprendido, y luego a su hermano. Los dos la miraron curiosos.

-¿Cómo sabes que soy yo? -preguntó Fred.

-Solo lo sé -respondió Luna tranquilamente.

-¿Cómo sabes que no te has equivocado? Tal vez yo soy Fred -dijo George sonriendo.

Luna sonrió.

-Mi papá dice que cada persona tiene su escencia, y a pesar de que son gemelos, se ven muy distintos -explicó ella.

-Wow, es impresionante -dijo George.

Fred solo sonreía.

-Ahí tienes los ingredientes, si necesitas ayuda dime.

Fred asintió.

-Gracias...

-De nada.

Luna se alejó y volvió a sentarse en la mesa.

-¿Qué sucede hermano? No me digas que te has enamorado -bromeó George al ver la cara de su hermano.

Fred lo empujó.

-¡Oye! ¡Era una broma! -exclamó -Se que no podrías enamorarte de alguien así...

-Luna es mejor de lo que todos piensan -le contestó, y se alejó rápidamente.

-¡Fred! -exclamó, pero su hermano no volteó.

Luna preparó una carta para su padre y la envió con una lechuza.

Desde la terraza el paisaje se veía maravilloso. Luna se quedó allí, imaginándose las criaturas mágicas todavía no descubiertas que podrían vivir en el bosque prohibido.

Su padre decía que había miles y que a pesar de que algunos magos dijeran lo contrario había que seguir buscándolas.

-¿Enviando una carta? -preguntó una voz ya conocida.

Luna volteó y vio a Fred que también llevaba una carta en la mano.

-¿Y tu lechuza? -preguntó curiosa.

Fred rió.

-No ha vuelto, es un desastre. Siempre termino recurriendo a estas lechuzas -dijo suspirando.

Fred ató la carta en las patas de una lechuza blanca y esta se fue volando.

-¿Le escribes a tu padre? -le preguntó el.

-Si, siempre me pide que le cuente todos los detalles -contestó ella con una sonrisa.

Fred se apoyó junto a ella en la baranda de la terraza y miró el paisaje.

-¿Le contaste sobre las flores?

Luna asintió.

-Es lo mas divertido que me ha pasado este año.

Fred sonrió, se sorprendió al sentir tanta felicidad por las palabras de la chica.

-Siempre te sientas sola en la mesa -se atrevió a decir.

Luna sonrió.

-Creo que a la gente no le agrado mucho -dijo tranquilamente. Luna estaba tan acostumbrada a estar sola que no se había dado cuenta de que podría verse extraño para los demás.

-A mi si me agradas -soltó Fred, quien sintió que el corazón comenzaba a acelerarse en su pecho.

Luna lo miró sorprendida, pero el no se atrevió a mirarla.

-Puedes sentarte conmigo cuando quieras.

Luna lo miró en silencio por tanto tiempo que Fred sintió calor en sus mejillas.

-Esta bien -dijo de repente, rompiendo el silencio que había sido infinito para su amigo.

Fred suspiró.

La brisa de invierno provocó que los chicos guardaran las manos en sus abrigos, y así, en silencio, se quedaron mirando el tranquilo paisaje de los alrededores de Hogwarts. Lo único que se escuchaban eran las lechuzas que se habían vuelto algo inquietas.

De un momento a otro, comenzó a nevar. Pequeños copitos de nieve comenzaron a caer.

Un copito de nieve cayó en el cabello de Luna. Fred se acercó. Luna lo miró curiosa.

-Tienes... tienes un... -se sintió estúpido al hablar. Decidió callarse y sacarle el copito de nieve del cabello.

-Oh... gracias, pero no te preocupes, me encanta la nieve -dijo Luna.

Fred se sintió mas que estúpido. En especial cuando después de un momento, el cabello de su compañera se llenó de copitos.

-¿No tienes frío? -le preguntó. La mayoría de las chicas correrían hacia adentro.

Luna sonrió.

-En casa cuando nieva mi padre y yo hacemos muñecos de nieve. Suena muy muggle, ¿verdad?

Fred rió.

-¿Tu padre y tu son muy cercanos?

Luna asintió.

-Es como mi mejor amigo. Pero el dice que está mal que lo sea, que tengo que buscarme amigos de verdad.

-Tal vez tenga razón.

Luna lo miró con curiosidad.

-Fred, tienes tantos amigos, ¿cómo lo haces? -le preguntó.

Fred se encogió de hombros.

-George y yo vivimos atormentando a Umbridge, creo que eso a los demás les gusta, creo que es solo por eso, porque somos los bromistas de la clase.

Luna sonrió.

-Es verdad. Ni siquiera voy a tu clase y los rumores de ustedes me llegan. Yo nunca podría hacer reír a los demás, muchos dicen que soy extraña.

-Lo eres -dijo Fred con una sonrisa -, pero ser especial es mejor que ser como el resto.

Luna le sonrió.

-¿Lo crees?

Fred la miró directamente y otra vez se perdió en sus ojos celestes.

-Luna... yo quería decirte que...

-Hola chicos.

Hermione apareció de repente.

-Luna, por fin te encuentro, te hemos estado esperando en la biblioteca.

Luna se sorprendió.

-Lo siento Hermione... lo he olvidado, Fred es tan divertido que me hace olvidar de las cosas.

Luna lo dijo distraídamente, pero a Fred se le iluminó la cara.

-¡Nos vemos Fred! -se despidió la chica rubia, dejando a Fred sumergido en una felicidad inmensa.