Los personajes originales son propiedad de Masashi Kishimoto. Éste es un fanfiction escrito sin fines de lucro alguno.
El Kyuubi y el Ninken
Capítulo 2
Sasuke
Aquella misma semana, un jounin de las fuerzas de respaldo de la policía, cuya esposa era la encargada de un local especializado en la venta de enlatados, encurtidos y alimentos para animales, acudió a Fugaku con dos pares de pergaminos con el fin de que le echara un vistazo a la clasificación de éstos. Era un problema sin importancia, pero el encargado, de nombre Chouza Akimishi, estuvo dando vueltas alrededor del escritorio como una madre preocupada mientras Fugaku reescribía la codificación de los sellos de activación. Mientras terminaba su labor y escuchaba a Chouza quejarse del pésimo temporal, a Fugaku se le ocurrió una idea.
--He estado pensando en conseguir otro perro –le dijo a Chouza mientras volvía a enrollar los pergaminos.
--Ah, ¿si? –dijo Chouza cortésmente.
--Sí. Un labrador. Ahora no es más que un cachorro, pero va a comer mucho cuando crezca, y aun tengo a Itachi de por medio. Estaba pensando que usted y yo podríamos hacer un trato. Si usted me garantiza un descuento sobre esa comida seca para perros, yo le revisaría de vez en cuando la activación de los demás pergaminos. Sin cobrarle nada.
Chouza se mostró encantado y ambos cerraron el trato. Fugaku llamó a Genma y le dijo que había decidido quedarse con el cachorro, en caso de que Genma estuviera todavía de acuerdo. Y Genma lo estaba.
Había llegado casi al mediodía, cargando una gastada caja, a la que le faltaba la parte superior.
--Bien, este es. –expresó Genma, dejando la caja sobre el pórtico.
Fugaku se inclinó, mirando detenidamente el escandaloso contenido del empaque. A simple vista, una pequeña mancha negra reñía contra uno de los pliegues del fondo de la caja, halándolo de un lado a otro. Sin miramientos, el hombre lo levantó, sujetándolo con firmeza del pellejo del cuello. El cachorro dio un respingo, forcejeó un rato y se quedó quieto.
Aunque gruñía en tono bajo, en respuesta al brusco movimiento y la interrupción de su entretenido juego.
--hmp. . .¿Este es el mejor de la camada? –murmuró Fugaku. Colocó ambas manos alrededor del compacto torso del cachorro, para sostenerlo mejor—Es algo enclenque, ¿no crees?
--Bueno, sólo tiene cinco semanas, pero crecerá pronto. –respondió Genma—Y es algo huraño, aunque eso se corrige con entrenamiento y disciplina. Es bastante despierto, no le tomará mucho aprender.
--Si. Lo parece.
Era un inquieto cachorro de labrador. Macho y de lustroso pelo negro ébano, zarpas redondeadas pero pesadas, típicas de un perro de esa raza. Unos curiosos mechones de pelo alborotado se veían en la parte de atrás de la cabeza. Los brillantes y perspicaces ojos, de un color casi tan negro como el resto del pelaje, le miraban fijamente, como si no quisiese perderse ni el más mínimo detalle de todo lo que ocurría en ese momento.
Una mirada inteligente, pensó Fugaku. Incluso más escrupulosa que la de Itachi.
--¿Está vacunado?
--ejem, no. Eso ya depende de ti. –Genma metió las manos en los bolsillos del pantalón—Creo que Hana Inuzuka cobra nueve ryo por la cartilla completa.
Fugaku asintió con la cabeza, aun sosteniendo al cachorro. Éste había empezado a patalear, en protesta a la falta de movilidad que tenía.
--De acuerdo. Me lo quedo –resumió Fugaku, y dejó de nuevo al cachorro en la caja.
Y cerraron el trato.
--¿Qué nombre piensas ponerle?
--hmm. . .no lo sé –contestó Fugaku. Se produjo una prolongada pausa—. No lo sé todavía. Tendré que pensarlo.
Genma se despidió y se fue. Fugaku dejó al cachorro en la sala mientras terminaba sus labores, aunque ése casi derribaba una de los costados de la caja con sus constantes mordiscos. Permaneció sin nombre un par de horas, hasta en la tarde, en que, sin ninguna razón concreta que Fugaku pudiese identificar (aunque puede que tuviese que ver con aquel charquito que había aparecido en el medio de la sala), empezó a llamarle Sasuke.
Y se le quedó el nombre.
Itachi estaba echado, mudo e inmóvil, con su hocico entre las patas delanteras y los ojos medio cerrados, percibiendo vagamente el aroma de los extensos matorrales que crecían en el patio. La pulsación del lado izquierdo de su costado había dejado de molestarle hacía una hora. Eso era un tanto mejor, realmente comenzaba a ser un fastidio a la hora de comer, y ya se estaba hartando de saltarse la merienda, además de que no ayudaba mucho el sabor de esas cosas que Fugaku-sama le había obligado a tomar con el resto de la comida. Esas cosas de forma ligeramente ovalada no sustituían en absoluto el alimento seco, que no era tampoco tan bueno, pero por lo menos llenaba el estómago. Analgésico, vitamina, no importaba el nombre de aquellas cosas, todas sabían horrible.
Había pasado los únicos dos años de su vida al servicio de esta estricta sociedad ninja y sabía lo que significaba soportar el hambre, el frío e inclusive el dolor. Sus flancos y su cuello estaban llenos de cicatrices; recuerdos de mil peleas, y un brillo rojizo irradiaba sus ojos, heredado tal vez de alguna de sus líneas de sangre, algo difícil de determinar. Era mestizo, y tenía unas marcas debajo de los ojos, que curiosamente parecían ojeras.
Dormitaba desinteresadamente, mientras la luz y la sombra del atardecer comenzaban a cubrir el resto del amplio y descuidado jardín. Entonces escuchó la severa y fuerte voz de él.
--¡Eh, Itachi! –llamó Fugaku-sama desde el pórtico de la casa.—¡Itachi!
Itachi levantó la cabeza, irguiendo una oreja y levantándose perezosamente, aunque algo aturdido por el repentino grito. Fugaku volvió a llamarle, esta vez con un agudo silbido, estridente para los oídos de cualquier cánido.
¿Cómo demonios pueden los humanos armar tanto escándalo?, Itachi se quejó puede que por millonésima vez.
Al juzgar por la hora y la repentina interrupción de su siesta, lo más probable era que se trataba de la cena, o por lo menos eso había creído inicialmente. No había andado más de medio metro cuando estuvo a punto de tropezar con una escurridiza sombra que se detuvo exactamente delante de él. Una pequeña y húmeda nariz le rozó una de sus patas, instintivamente la sacudió y pisó algo peludo y suave que emitió un infantil y minúsculo gemidito.
-¿Qué rayos. . .? –Itachi, por reflejo, emitió un ladrido de advertencia, y trató de pescar con el hocico a aquella cosa que corría ahora entre sus patas. Falló y se lanzó de nuevo sobre la huidiza bola de pelo negro—¡Ven acá, pedazo de. . .!
Antes de que lograra pillar por el cuello a la escandalosa sombra, una mano le sujetó por el collar y le obligó a retroceder.
-¡Quieto! –ordenó Fugaku, y a Itachi no le quedó de otra más que obedecer.
Bajó el tosco hocico, captando el olor del revoltoso cachorro de pelo negro. El aroma era apenas distinguible, lógico tratándose de un mozalbete de menos de cuatro meses, que correteaba entre los altos hierbajos, olfateando todo y armando un escándalo con esos molestos ladridos.
Itachi se quedó quieto, con austera e irritante contemplación hacia aquella fastidiosa bola de pelo que había invadido su espacio e interrumpido la hora de su cena. Reprimió un gruñido, aun sintiendo el agarre de la inflexible mano de Fugaku-sama.
Sabía que no se podía andar con negligencias con él. Así que simplemente permaneció en un obligado silencio.
--Mas vale que te acostumbres, Itachi –Fugaku soltó el collar.—. Quiero que te hagas cargo de él, por el momento.
--¿Qué? –Itachi gimió, y entornando una mirada desdeñosa al pequeño intruso; éste ni siquiera se dio por enterado.
Fugaku se levantó y retrocedió un par de pasos, dejándoles espacio a los perros. Les observó durante un par de minutos, una medida de precaución en caso de que Itachi se molestase repentinamente y arremetiera contra el cachorro, como lo haría cualquier perro con su carácter ante un desconocido.
Sin embargo éste no se movió, ni siquiera cuando el pequeño Sasuke se acercó al plato de comida, el cual estaba afortunadamente vacío. El cachorro perdió el interés en el desalojado objeto y volvió a escudriñar el entorno.
El hombre se dirigió hacia la casa y volvió en menos de diez minutos, con un saco de alimento seco en una mano, un pequeño tazón lleno hasta la mitad de leche, en la otra, y bajo el brazo una desprolija frazada. Llenó el plato de Itachi y vertió dos puñados de croquetas en el otro tazón. Éste último parecía una burda versión de un plato de cereal.
Revisó el cuenco del agua, tiró el sobrante, lo llenó en uno de los grifos que había cerca de la entrada y lo dejó en medio de los platos de comida. Acomodó el trapo junto al lecho donde dormía Itachi.
El humor seguía tranquilo entre ambos perros, y eso ya era una ventaja. Lo había estado pensando el resto de la tarde, mientras terminaba de revisar unos papeles y aprovechaba que Sasuke se había cansado de desmoronar la caja y tomaba una siesta sobre uno de los mordisqueados pliegues.
Se tomaría el resto de la semana para que Sasuke se adaptara al ambiente y el lunes de la semana entrante a primera hora, comenzaría con el entrenamiento. El tiempo también serviría para que Itachi se acostumbrase al cachorro, que en efecto era algo que le preocupaba un poco.
Itachi tenía un pésimo carácter y había pasado casi un año desde la última vez que había trabajado en equipo con otro ninken. El nombre de aquel pobre desafortunado canino era Shisui, y el daño no había ido más allá que unos cuantos rasguños y una oreja cercenada, no llegó a pasar algo serio de no haber sido por el propio Fugaku. Fue entonces cuando decidió quedarse únicamente con Itachi, pese a que más de uno de sus compañeros jounin del equipo de Caza y Rastreo se opusieron, con la propuesta de que lo más humano y cívico que debía hacer era sacrificar al animal; y con esto se armó una trifulca que incluso llegó a oídos del Hokkage. Al cabo de aquella semana, el asunto perdió importancia y quedó en el olvido, como ocurre con todas las noticias amarillistas. Le dejaron quedarse con Itachi, con las debidas especificaciones de seguridad, tanto dentro de la aldea como en las expediciones de caza. Después del incidente, muchos opinaban por lo bajo que Fugaku había exagerado en cuanto a la férrea disciplina que infundió en Itachi, argumentando el porqué del inestable humor del perro. A Fugaku esto no le importó en lo más mínimo. Tal vez Itachi no tenía la personalidad –ni la apariencia- del típico perro benevolente y amable que uno acostumbra ver en esos programas de televisión, pero tenía una resistencia y fuerza difíciles de encontrar, Pese a sus dos años, (que si se traducen en escala humana, sería un aproximado de catorce o quince años humanos), era impulsivo y un poco hosco; y Fugaku lo consideraba casi normal
Echó un último vistazo antes de entrar a la casa. Itachi seguía tumbado, aparentemente dormitando, y Sasuke bebía ruidosamente del cuenco de agua.
Todo tranquilo. Demasiado tranquilo.
Pero ya vería que tal iría esto en el transcurso de la semana.
Podría haberlo ignorado como lo había estado haciendo desde los últimos veinte ruidosos minutos, en los cuales había mandado al demonio que la molesta bola de pelo estuviese correteando por el desgarbado jardín, ladrando y persiguiendo a las luciérnagas que parpadeaban en la oscuridad.
¿Qué hacía esa molestia de cuatro patas husmeando en el jardín?. . .en SU jardín. Y ¿Porqué condenada razón Fugaku-sama le había endilgado al cuidado de un pequeñajo escandaloso como aquel? ¿Tal vez porque creía que le hacía falta algo de compañía, o porque quería poner a prueba su paciencia? Él no necesitaba ayuda ni compañía de nada ni de nadie, si se refiriese a lo primero; y si fuese lo segundo, no importaba. Podía seguir desconociendo al impertinente cachorro, haciendo como si no existiese, y ya.
Claro, hasta que finalmente Itachi se decidió a levantarse y disponer de su comida. Se detuvo delante del plato, a punto de llevarse un buen bocado de aquella "pastura seca" cuando el recipiente se movió hacia su derecha. Alzó la cabeza inmediatamente, encontrándose con la mirada curiosa de Sasuke. Éste estaba sentado delante de él y no le quitaba la vista de encima, escrutándolo detalladamente con sus brillantes ojos.
--¿Qué tanto miras, enano? –gruñó Itachi.
--¡Neee! –ladró entrecortadamente y con una empalagosa mueca de admiración en su rostro—Eress muy graandeee.
Genial, ahora tendré que soportar sus estúpidos balbuceos de cachorro, pensó enfurruñado Itachi, espetando un segundo gruñido de advertencia.
El cachorro no se intimidó; se levantó y caminó decididamente hacia Itachi. Tomando en cuenta la estatura de éste, Sasuke era tan pequeño que apenas sobrepasaba la altura de las garras de Itachi. Corrió hacia uno de sus flancos, queriendo olisquear una de sus patas.
--¡Eh, lárgate!
Sin pensarlo dos veces, Itachi le propinó un empujón con una de sus descomunales zarpas. Sasuke fue a dar a treinta centímetros a un lado de él, trató de caer sentado, pero el control del equilibrio aun era un desafío para su corta edad y cayó de bruces. Se levantó y echó a andar dando trompicones en el suelo disparejo, moviendo la cola corta y erguida.
Volvió a acercarse al borde del plato de Itachi y asomó la pequeña nariz en el contenido de éste.
--Ni se te ocurra. Ésta es mi comida –dijo en tono severo, aun gruñendo bajo. Empujó el plato de nuevo, haciendo que Sasuke retrocediese y chocase contra el tazón detrás de él—Ésa es la tuya –señaló.
Sasuke miró de reojo el pequeño cuenco lleno de cosas redondas y suaves flotando en los residuos de leche tibia
--¡Haaai!! –respondió Sasuke.
Se aproximó al trasto, olfateando el blando contenido, metió el hocico entero en el tazón y empezó a engullir ávidamente las húmedas croquetas.
Itachi terminó su ración en tres bocados. Bebió hasta la mitad del cubo con agua, y miró desinteresadamente a Sasuke: éste había acabado por meterse por completo en el cuenco, dejándolo totalmente limpio. . .y terminando con el hocico y las cuatro patitas cubiertas de leche.
Itachi estiró el fornido lomo, dio un par de vueltas alrededor del hueco en el que había estado durmiendo y se dejó caer sobre su ileso lado izquierdo. Exhaló un bostezo y se dispuso a dormir de nuevo. Entrecerró los ojos y los abrió de nuevo en cuanto sintió que algo le empujaba un codo. Ladeó un poco la cabeza y vio a Sasuke tratando de acurrucarse detrás de su pata delantera.
--eh. . .no quepo –gimió empujando el compacto cuerpo contra el costado de Itachi.
--Pues no me importa –Itachi se puso en pie, sujetó con el hocico a Sasuke y lo empujó bruscamente hacia la raída frazada.—Tú duermes ahí. ¡Ahora deja de molestar!
En cuanto Sasuke se pudo levantar, volvió corriendo hacia el catre de Itachi, y se sentó antes de que éste pudiese tumbarse de nuevo.
--¡¿Qué no entiendes?! ¡Fuera!
--Quiero dormir aquí –Sasuke esbozó una leve sonrisa—¡Yo duermo aquí!
--¡Que no!
--¿Por qué?
--¡Porque no! ¡Imbécil!
--Eto. . .—el pequeño Sasuke se irguió, moviendo orgullosamente la cola—..Pero ya lo marqué.
--¡¿Qué?! –ladró Itachi, apenas percatándose de que una de sus patas pisaba cierto rastro de humedad. Sasuke sintió que lo fulminaban con la mirada, pero no se movió, por lo menos no en ese momento—¡Grandísimo…Baka!
Estuvo a punto de irse contra él, pero se contuvo. Estaba demasiado cansado, harto y dolorido como para buscarse problemas con Fugaku-sama, así que se dirigió hacia el mullido trapo. Sasuke retrocedió en respuesta a la hosca contestación de Itachi. Dio un par de inseguros pasos y se detuvo, viendo que Itachi gruñía, mostrando una hilera de colmillos grandes y amenazadores. Éste se había echado de nuevo, pero sin quitarle la vista de encima. Sasuke se había quedado inmóvil por unos segundos detrás de aquel minúsculo punto que había "señalado", vio que Itachi ya se había acomodado para dormir; entonces fue hacia él sin hacer ruido, quedándose justo delante de su descomunal y peligroso hocico.
--¿Puedo dormir contigo? –Sasuke entornó los ojos, con esa típica –y odiosa- expresión de cachorro desamparado—Me da miedo dormir solo.
Itachi sentía que se le cerraban los ojos por el cansancio, ya eran casi las once y media de la noche, y le empezaba a punzar la cabeza.
--Como quieras –bufó llanamente—¡Pero si vuelves a despertarme, te rompo el cuello! ¿Entendiste, bobo?
--. . .ha. . .hai –Sasuke se tumbó del otro lado de Itachi, haciéndose bolita cerca de su lomo.—…pero no me llamo bobo. Me llamo Sasuke.
--Hmmmmp
--Ne, ¿Cómo te llamas?
Maldición…Esta va a ser una larga noche…Suspiró Itachi con disgusto.
La mañana había empezado a refrescar ligeramente, aunque aun se sentía un poco del sopor del resto de la semana. Kushina había salido de improviso por unas cuantas cosas que necesitaba de la tienda; una bolsa de arroz blanco, un poco de carne y un par de litros de leche. Dejó una de las ventanas ligeramente abiertas, para ventilar el ambiente de la sala.
Aquellos últimos tres días habían pasado con la velocidad de horas, y con ellos, sus tres días de descanso en el trabajo. Solía trabajar en el horario corrido del restaurante, de lunes a jueves, desde las nueve de la mañana –antes era desde las diez, pero habían cambiado el horario gracias a que varios ninjas aprovechaban para hacerse de la primer comida del día allí— y llegaba a casa hasta las ocho y media de la noche. Un horario apretado para alguien que tuviese una familia que mantener y afortunadamente, un caso que no era el suyo.
Habían pasado casi dos años en los que ella regresaba a una casa sola y sin rendir cuentas a nadie. Hasta hace tres días, en los que aquella indefensa criatura entró en su vida y se había tornado en parte esencial de ésta. Sólo tres días bastaron para cambiar el curso de su solitaria vida, y esa razón era el pequeño Naruto-chan.
Aun era muy pequeño, pero comenzaba a volverse un poco más independiente. Al segundo día ya había conseguido ponerse en pie y dar sus primeros pasos; algo que no era nada fácil tomando en cuenta el mantener el equilibrio de su cuerpo y sus nueve colas. Y al tercer día ya hacía sus primeros intentos por comer solo, claro que aun derramaba el plato entero con leche, y Kushina aun seguía alimentándolo con el gotero, reemplazado ésta mañana por un biberón.
Era alrededor de las siete de la mañana cuando salió por provisiones, dejando a un profundamente dormido Naruto en la sala. En estos tres días se dio por enterada del horario del pequeño kyuubi; éste solía dormir mucho por la mañana, pero en la tarde comenzaba la verdadera "batalla". Tenía que estar al pendiente de los audaces pasos de Naruto, quien se escabullía por todos los rincones de la casa. Era una suerte que aun no supiese saltar, de lo contrario se preocuparía más por aquella ventana abierta que por otra cosa.
Regresó, abriendo sigilosamente la puerta de la entrada, encontrándose con el interior del apartamento tal y como lo había dejado, incluyendo a una pequeña pelusa que se había detenido entre sus pies.
--Así que ya estas despierto, eh –Kushina dejó las bolsas en el suelo y se inclinó para levantar a Naruto, quien se hallaba entretenido con una de las correas de las sandalias de la mujer. –Me imagino que ya tendrás hambre, ¿verdad, pequeñito?
Éste le miraba felizmente y movía acompasadamente sus pequeñas colas. Ya empezaba a memorizar algunas de esas palabras-sonido, y sabía que "hambre" significaba "comida-pronto-sólo-para-mí".
Kushina entró quitándose las sandalias con una mano y cargando a Naruto en la otra. Dejó al bebé kyuubi sobre el mullido cesto que había empleado a modo de cuna y encendió el televisor, mientras acomodaba los víveres en la cocina y preparaba el desayuno. La voz eufórica de uno de esos conductores de infomerciales matutinos inundó el silencioso ambiente de la sala y atrajo la atención del pequeño Naruto. Intrigado por el bullicio proveniente de una voz "extraña" le hizo levantarse y averiguar de qué se trataba.
Bajó de la canasta como había aprendido a hacerlo desde esta mañana: inclinando el cuerpo y dejándose caer de lado. Se arrastró por el suelo y se detuvo frente a esa gran cosa cuadrada con colores brillantes. La imagen no ayudaba mucho, sólo aparecía un humano extraño, que no olía ni tenía las proporciones reales de uno. Y las palabras-sonido que expresaba no le decían nada ni menos las entendía…a excepción de una rara y rimbombante frase, que le llamó la atención:
"…Por eso, damas y caballeros ¡Compren los mejores tallarines para ramen de la ciudad, dattebayó! ¡Yo se los recomiendo! ¡Dattebayó!...", decía la voz del escandaloso humano detrás de la pantalla.
--daa…
"…La competencia no tiene nada que hacer contra la suave textura de los tallarines Noumu! ¡dattebayó! …"
--daaaa….teeee…
¿Dattebayó? Una palabra larga, fuerte y demasiado incongruente para argumentar una frase. Pero le gustó, sin saber por que. Tal vez sería la fuerza con la que aquel humano la expresaba, y Naruto quería aprender más palabras-sonidos.
"…Se los aseguro. ¡Dattebayó!"
--¡Dattebayó! –exclamó el pequeño kyuubi, emocionado por la claridad de las cortas sílabas.—¡Dattebayó! ¡Dattebayó! ¡Dattebayó!
Y definitivamente la palabra había llegado para quedarse en la mente del influenciable e hiperactivo Naruto.
--¡Dattebayó!
--¡Niiii-chan! ¡Ni-chan! ¡Niiiiiii-chaaaan!
A más de un kilómetro de la casa de Kushina Uzumaki, esta mañana también había una palabra insignificante que se había convertido en el martirio de unos oídos cuyo interés en este momento sólo era el de dormir un poco más.
--¡¡Niiiiiiiiiii-chaaaaan!! –clamó de nuevo una infantil vocecilla, en medio del sereno silencio de la mañana. –¡Itachi-nii-chan!!
Un enorme perro negro-grisáceo se hallaba tumbado sobre una raída manta. Entreabrió un ojo, dejando ver un tenue brillo rojizo en la pupila. Una inquieta manchita negra correteaba a su alrededor, y era el causante de tremendo alboroto.
--¡Nii-chan!! –Sasuke corría de un lado a otro, tratando de despertar a Itachi, a quien le había fastidiado con el mote de "ni-chan"; un modo entrecortado y simple para referirse al término "hermano mayor".--¡Nii-chan! ¡Quiero jugar! ¡Nii-chaaaaaan!
Itachi se dio la vuelta, ocultando la cabeza entre las patas e ignorando el hartante barullo de Sasuke. El cachorro no se dio por vencido y se había empeñado en despertarle a toda costa, moviéndose torpemente (y a propósito) entre sus patas, trepándose sobre el lomo de Itachi, mordisqueándole uno de los mechones de pelo de su nuca y repitiendo le misma y aturdidora gritería…
--¡Nii-chaan! ¡Ne, despierta! ¡Itachi nii-chaan! ¡Nii-chaaaan!
Itachi pudo seguir ignorándolo, pese a que sentía que su paciencia llegaba peligrosamente al límite. Podía aguantar, solo un poco, pero podría…hasta el momento en el que sintió unos puntiagudos dientecillos prendarse de una de sus orejas. Halando, y halando con más fuerza.
--¡Ni-chan! –gañía Sasuke, con media oreja de Itachi sostenida entre sus minúsculos colmillos de leche. Tirando incesantemente una y otra vez—¡Nii-chaaaan!!
Entonces toda su paciencia de Itachi se fue directo al cuerno.
--¡Nii-chan! ¡Ni….!
Itachi, disgustado, exasperado y olvidando lo mucho que había tenido que soportar durante toda la maldita noche, sólo abrió el hocico e hizo lo primero que su instinto le clamó hacer.
La puerta de la casa se abrió ruidosamente, Fugaku salió, llevando consigo el mismo saco de comida y el recipiente medio lleno de leche. Se detuvo delante de Itachi, sin percatarse del pequeño bulto dentro del hocico de éste. Vertió parte del alimento en el plato de Itachi y dejó el resto en el tazón de Sasuke, junto con el sobrante de la leche.
Miró distraídamente el ambiente, notando un sospechoso silencio.
--¡Sasuke! –llamó, pero no había ni huella ni rastro del cachorro por ninguna parte—¡Sasuke!
Le llamó de nuevo. Nada. Esto era demasiado raro, suponiendo que para esta hora Sasuke ya estaría despierto y probablemente hambriento de nuevo. Escuchó un gemido ahogado en algún lugar.
Escrutó cuidadosamente los alrededores, tratando de averiguar de dónde había salido ése sonido. Le escuchó de nuevo, y coincidencialmente su vista deparó en Itachi. Y sabía que éste no gemía así. La puntita de una cola se movía entre el maxilar del enorme ninken. Fugaku se sentó en cuclillas frente a Itachi, su nudosa mano le sujetó de la vulnerable zona detrás de las orejas.
--Escúpelo –dijo en tono imperativo, con una ceñuda y severa expresión en su rostro.
Itachi gruñó desinteresadamente. El sonido se atoró en su garganta en el momento en el que Fugaku le apretaba con las yemas de los dedos el pellejo de la nuca.
--Escúpelo –repitió con la misma e incuestionable autoridad.
El perro abrió forzosamente la mandíbula y dejó caer con rudeza a un Sasuke cubierto de saliva. El cachorro, ajeno totalmente a lo que pudo ser un momento crítico, se sacudió el mojado cuerpecito y fue directamente hacia su plato, como si nada hubiese pasado. Por lo menos no había daños y tenía ambas orejas completas.
--Así esta mucho mejor –Fugaku soltó el cuello de Itachi. Se levantó y dirigió una mirada dictadora a éste. A Itachi no le gustaba en nada esa expresión.—Y dado que tu ya te llenaste la boca con algo, no creo que necesites mas comida por ahora.
Ésa era la razón por la que odiaba ese tono de voz y esa actitud.
Fugaku vació el contenido del plato de Itachi de nuevo en el saco, acercándole únicamente el cubo con agua.
--maldito estorbo –ladró Itachi, tumbado de mala gana y con el estómago gruñéndole. Ahora tendría que esperar hasta el mediodía para comer aunque sea un mísero trozo de pan. Miró a Sasuke como si quisiera destazarlo con la mirada—Debí haberlo masticado en cuanto pude.
--¡Nee, Itachi ni-chan! –Sasuke le respondió a esa mirada con la única manera que tenía de hacerlo— ¡¿Jugamos al "Bocadito" otra vez?! ¡¿Jugamos?! ¡¿Jugamos?! ¡Niii-chaaaan!!
...Continuará...
NOTAS DE LA AUTORA:
Y una vez más...PAO CHAN AL ATAQUE!! jeje. Bueno pues inicio comentando que agradesco a mi queridísimo complice y adoración... El Gran Kaiosama, quien me dio la idea para esta ultima secuencia (wiii, factor "cute" al ataque!!). y pues como el resto del fic, tambien me ha inspirado para sacar esos "huecos" en al trama o.
Se agradece a todos los que tengan paciencia de leer trams tan elaboradas como esta y mas aun de comentar , así que seguré adelante con la trama, que pese a ser una adaptación, pienso agregar una ke otra novedad más (creo ke ya se habrán dado cuenta jeje) Nos leemos en la siguiente entrega
Capitulo 3: "¿´Ttebayó ¿Quien eres tú?"
Ya saben, todo tipo de review es bien recibida
