Capítulo 3

Los amigos no caen del cielo

-¿Cómo es posible que me haya ocurrido esto? ¡No debí haberlo dejado solo! –se reprendía Iruka mientras revoloteaba nervioso por quinta o sexta vez sobre las abarrotadas calles de Konoha—¡Naruto!

Se posó sobre la marquesina de una casa, mirando nervioso de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Ni huella alguna.

Veamos…si fuera un hiperactivo cachorro kyuubi, ¿dónde estaría ahora?, pensó mientras distraídamente su atención deparó en el verde sendero que se abría paso desde la entrada de la aldea hacia el bosque. ¡Aja!

Se dirigió alzando el vuelo directo al bosque, llamando por su nombre al desaparecido pequeño y registrando escrupulosamente el área en busca de cualquier manchita de color rubio.

-¡Naruto! ¡¿Dónde estas?! ¡Naruto!

-Ey, ¿A qué se debe tanto escándalo? –inquirió una pausada voz, proveniente de una forma gris, tendida a los pies de un árbol

Iruka se detuvo cerca de una de las zarpas de Kakashi.

-¡Kakashi! Uff que bueno que te encuentro. ¡Naruto se ha perdido! ¡Se ha escapado de casa! ¡Si los cazadores lo encuentran lo van a…!

-Ya cálmate… -Kakashi bostezó ligeramente y sonrió a Iruka confiadamente—. Ahí lo tienes, y no está en peligro, si es lo que te preocupa.

El gorrión encontró al inquieto Naruto, correteando entre un par de arbustos y siendo derribado por…

-¡Un ninken! –gritó Iruka, escandalosamente sobresaltado—¡Uno de esos sanguinarios asesinos le está persiguiendo! ¡Y tú te quedas aquí sin hacer nada! ¡Kakashi eres un…!

El lobo sólo se limitó a darle una "cariñosa palmada" con su garra.

-Oye, el pequeño ha hecho un amigo. No exageres –arguyó Kakashi—Además, dudo que esa "migaja" de perro pueda lastimarle. Parece que se llevan bastante bien, creo que lo que le hacía falta era un compañero de juegos…y uno de su edad.

-Humm…-Iruka suspiró meditabundo, mientras veía a Naruto jugando con el cachorro Uchiha; en uno de esos "pasatiempos" que implicaban mordidas y empujones, y que tanto le había insistido el pequeño kyuubi a jugar con él—…Esto puede acarrear problemas.

-Bah, para ti todo son problemas –gruñó Kakashi—No le veo nada de malo.

El eco de un trueno, lejano y proveniente de una alejada nube acalló el bosque. Iruka estuvo a punto de refutar algo, más de repente unas pesadas gotas de fresca agua de lluvia comenzaron a impregnar el tibio ambiente del bosque.

—0—

-¡Ayyy, cae agua del cielo! –Naruto sacudió la cabeza, por reflejo al imprevisto aguacero.

-Se llama lluvia –comentó Sasuke, tratando de cobijarse bajo la sombra de un árbol –Y moja mucho. Yo ya tomé una ducha ayer y no quiero otra. No me gusta mojarme.

-naahh…a mi tampoco me gusta el agua –se quejó Naruto, sentándose a un lado de Sasuke y mirando hacia el cielo nublado. Y se le ocurrió una idea—¡Ya se! ¡Vamos a mi casa, ahí esta seco y hay comida!

Naruto se levantó, caminando hacia el norte en medio del molesto chubasco.

-Si –Sasuke asintió con un ladrido y siguió a Naruto— eh, pero la aldea queda por ahí–señaló con una pata hacia la dirección contraria.

-eto…jejeje. Ya lo sabía, ¡´tebayó!

—0—

Itachi caminaba a paso regular, la vista al frente y con su acostumbrado andar desenfadado. Ya pasaban de las tres de la tarde, aunque parecía más tarde debido a los inmensos nubarrones. La brisa de la lluvia se intensificó un poco más en cuanto hubieron llegado de regreso a la aldea.

Sin embargo, el detalle del silencio durante el resto del camino se le había escapado por completo.

Raro, sobretodo conociendo el incesante barullo que siempre armaba Sasuke al llegar a casa.

Hmmp…demasiado silencio, pensó abstraídamente. Miró de reojo sobre su hombro.

-¿Sasuke?

Silencio.

Tal vez aun sigue molesto por el regaño, supuso Itachi, aunque desechó la idea al instante; el fastidioso cachorro nunca se había tomado en serio aquellas "cariñosas" llamadas de atención.

-¡Sasuke! –esta vez se detuvo. Y sin que Fugaku se diese cuenta, echó a andar un par de pasos en dirección contraria.

Ni una señal de Sasuke.

Oh…oh…

Suspiró hondo, fastidiado y tratando de ocultar que no le importaba en lo más mínimo que el pequeño ninken se hubiese desbalagado por ahí.

demonios…no pudo haberse perdido.

No, no le importaba.

Le importaba las represalias que Fugaku podía tomar contra él, después de todo, Itachi estaba a cargo de Sasuke…era el "hermano mayor"; verdugo y torturador, y ahora…

¡¿Y ahora el maldito enano se había perdido?!

Itachi tragó en seco, mirando hacia un lado y otro. No había olor ni rastro de la mugrosa bola de pelo.

Siguió andando, mirando furtivamente entre los hierbajos. A solo un par de metros del portón de la entrada, Fugaku se giró desinteresadamente hacia él.

Genial…si se llega a dar cuenta…

-¡Eh, Uchiha-san! –la voz de Genma, uno de los jounin y custodios de la puerta de ingreso a Konoha le distrajo, afortunadamente para Itachi.

-¿Qué?

Genma se detuvo. Llevaba dos pares de pergaminos bajo el brazo, paseó la mirada distraídamente en Itachi, luego en Fugaku.

-El hokkage quiere que te reportes a la oficina ANBU ahora. Parece que hay un problema con los itinerarios de las últimas misiones de rastreo.

Fugaku Uchiha lanzó un suspiro de exasperación.

-Rayos…pero si dejé listos los malditos horarios desde la semana pasada. Sandaime sabía que iba a tomarme libre esta semana.

-Pues parece que el capitán en turno lo perdió o algo así. Ya sabes como son los novatos

-Hmmmp…–asintió resignado—. Sólo dejaré a los perros y voy directo a la oficina.

Y Genma, volvió a mirar alrededor de Itachi.

-Ey, ¿Y el cachorro?

...Y entonces toda la supuesta farsa se vino abajo.

—0—

La lluvia había arreciado, casi al caer de las seis de la tarde y Kushina Uzumaki caminaba a toda prisa entre las abarrotadas calles. No era precisamente el diluvio del siglo, pero para el resto de los pobladores de Konoha, que se agolpaban en las aceras tratando de cubrirse con lo primero que había a la mano, era una tormenta de escalas bíblicas.

Sólo había salido a comprar algunos víveres hacía no más de una hora, el cielo estaba parcialmente nublado; no tardó más de una hora y cuando salió de la tienda la lluvia caía a raudales.

¡Menudo tiempecito éste!, murmuraba para si misma llevando dificultosamente las viandas en una mano y con la otra tratando de cubrirse del molesto chubasco.

Llegó casi seca al pórtico de la entrada, equilibrando la bolsa con el brazo mientras buscaba la llave. Entró dejando el mandado en el suelo. El silencio reinaba en el interior del mullido y amplio apartamento.

Raro. Demasiado raro suponiendo que para esa hora el pequeño Naruto ya debería estar correteando por toda la sala y ansioso por la cena.

-Qué callado está todo...-dijo para sí misma. Se quitó el abrigo y lo dejó en el perchero, mientras escudriñaba la sala de esquina a esquina.-¿Naruto?

Llamó y esperó unos segundos por si le escuchaba correr desde el cesto-cama hasta ella. Pero nada.

-¿Naruto-chan?

No...nada. Eso ya empezaba a volverse un poco preocupante. Lo había dejado a salvo, de eso estaba segura. Tenía comida y agua, nadie más que ella venía a la casa y nadie más tenía las llaves del apartamento. Los muebles y el interior estaba en orden, las ventanas perfectamente cerradas y...

Kami...

Su mirada se detuvo en una ventana apenas abierta a la mitad. Era la que estaba detrás del pequeño buró cerca del televisor. Si, estaba casi abierta, no mucho pero por el tamaño de la apertura pudo ser posible que el cachorro kyuubi hubiese salido...

-¡Naruto! –entonces se preocupó… realmente se preocupó. Un relámpago le deslumbró y la lluvia arreció—…ay no, ay no, ay no...

Llovía a raudales, la gente corría entre las calles y un cachorro de kyuubi andaría perdido por ahí.

No, eso no era nada bueno.

Sin pensárselo dos veces, Kushina volvió a tomar el impermeable y el paraguas y salió, hecha un manojo de nervios y rogando a las múltiples deidades que se le ocurrían, por encontrar al pequeño Naruto.

—0—

—¡Ay! ¡Me mojo, dattebayó! –el pequeño cachorro de kyuubi se quedó varado en un rincón mientras la lluvia arreciaba.

Sasuke miraba hacia un lado y otro. Se sacudió el pelaje y escrutó con miedo el hecho de que estaba demasiado lejos de casa

—Y creo que nos perdimos… —miró asustado hacia la enorme calle. Miró a Naruto y este sin decir nada, Sasuke sólo procedió a sentarse y llorar—¡Quiero irme a mi casa!

Naruto estaba acurrucado contra dos toneles de madera, y la sombra de estos apenas y le cubrían de la lluvia. Podía ver perfectamente la barrera que dividía la aldea del bosque y el alto de algunos edificios. Reconoció uno de los ventanales.

—¡Eh! ¡Se dónde queda mi casa… podemos ir ahí y…!

¡Pum!

Una puerta lo golpeó de un costado y el pequeño kyuubi fue a dar al otro extremo.

—¡Ay, no! ¿Estás bien? —preguntó una vocecita a sus espaldas.

Una mujer resolló a sus espaldas, inclinándose hacia el cachorro de kyuubi, encogido como un ovillo. Otra señora se unió a la primera en la misma interrogante. Se apiñaron a su alrededor como aves en torno a un mendrugo de pan. La mezcla de olores nuevos para Naruto ahuyentó el aire fresco que tanto le agradaba y el aroma afrutado le provocó náuseas.

—Pobrecito zorrito —explicó una de las chicas mientras le acariciaba la cabecita a Naruto. Éste seguía enroscado, por lo que no se veían las nueve colitas—. No te vimos. ¿Tienes hambre, pequeñin?

El amistoso gesto proporcionó a Naruto una sensación más cálida que el mismísimo sol. ¡Los humanos eran simpáticos!

—Naruto –clamó Sasuke hacia el kyuubi.

—Estoy bien —Naruto sonrió y levantó la cabeza—. Ellas son tan amables como okka-chan, dattebayó.

—Pero ¿qué…? ¿Qué es esto? —la segunda chica dio un paso atrás.—¿Es una broma? ¡Kurumi, eso NO es un zorro! —clamó a su amiga y retrocediendo aun más.

La mujer que acariciaba la cabecita del cachorro, lo sujetó, alzándolo levemente. Las nueve colas se desplegaron en el aire mientras Naruto las movía alegremente.

—¡Es un monstruo! —chilló la aludida mujer. –¡Un kyuubi! ¡Es un kyuubi!

Naruto cayó de pies casi como un felino, Sasuke se adelantó, ladrándole a las mujeres pero estas estaban más ocupadas en su ataque de histeria como para siquiera tomar enserio los ladridos cortos y casi inaudibles del pequeño ninken.

Las mujeres gritaron las demás, contorsionando sus extremidades como si las tuvieran plagadas de bichos.

—¡Te dije que salir cerca del bosque traía mala suerte! —gimoteó una.

Las chicas regresaron despavoridas al interior del edificio y, a toda velocidad, empezaron a amontonar sillas tras las puertas, arrastrándolas por el suelo con gran estruendo.

—¡UNA BESTIA SALVAJE! –exclamó uno de los hombres que estaban en la periferia de la calle.

—¡Un kyuubi! –gritó un tercero

Un escándalo de pisadas llegó desde la distancia.

—¡Naruto! ¡Naruto! –una sombra castaña pasaba entre la multitud que se apretujaba en la calle. Iruka miró al cachorro arrinconado contra el portón—¡Naruto! ¡¿Qué hiciste?!

—¡Yo no hice nada, dattebayó! ¡Las personas…!

Un zumbido sonó en el aire. Los azules ojos del cachorro se encontraron con el brillo lóbrego del filo de un kunai. La punta de lanza de éste fue casi directo a su cabeza, clavándose en la barricada de madera detrás de él. Hubo un segundo, y un tercero, en direcciones similares.

Gente gritaba.

El mundo se tornaba tan oscuro y aterrador para Naruto… tal y como Iruka había dicho repetidas veces.

Y aunque Sasuke estaba a su lado, sin amedrentarse por la muchedumbre, Naruto no podía sentirse más asustado.

Un trueno, estridente, demasiado estridente para sus agudos oídos resonó en la cercanía. No era procedente de la lluvia. Un tubo metálico y negro le apuntaba.

—¡Mami! –gritó impulsivamente, encogiéndose lo más que podía y cerrando los ojos ante lo que parecía inevitable.

Alguien más gritó y entonces algo (alguien, mas bien) empujó a aquella visión de muerte del campo visual de Naruto. Unas manos suaves lo tomaron con cuidado y un olor familiar y reconfortante le dio de lleno.

—¡Ya basta! –clamó aquella voz que Naruto conocía tan bien.—¡Dejenlo en paz, dattebané!

El cachorro abrió los ojos, encontrándose con el rostro preocupado de Kushina Uzumaki, quien lo tenía en brazos como si fuese un bebé humano. Había mucha, mucha gente arremolinada y Kushina se había abierto paso a mero empujón.

—¡Es un monstruo, Kushina-san! ¡Suéltelo antes de que le arranque el brazo!

—¡No es un monstruo! –alegó Kushina, no sólo al hombre que había increpado sino al resto de la multitud—¡Es un cachorro, no puede dañar a nadie!

—¡Es una bestia! ¡Los animales salvajes no deben estar aquí en la aldea! –sentenció un comerciante, quien había arrojado los kunai en mero gesto defensivo.

Otro echó una mirada escrutadora a Kushina.

Sasuke correteaba entre los pies de la mujer… hasta que una voz lo hizo frenar en seco.

—¡Sasuke! –Fugaku, aun tenía la escopeta alzada y miraba impasiblemente al cachorro de labrador—¡Ven acá!

Sasuke titubeó y se acercó hasta su amo, con el rabito entre las patas y la vista hacia el piso. El gesto furibundo de Fugaku Uchiha, sumado con la expresión de enojo contenido de Itachi no fueron nada alentadores.

El Uchiha miró con ademán fulminante a la mujer.

—¡Uzumaki-san, ¿Cómo se atreve a traer a un animal salvaje a la aldea?!

—¡Es demasiado pequeño, no hace daño a nadie!

—Le ordeno que lo saque de aquí.

Kushina miró en derredor y luego a Fugaku, quien aun alzaba el arma a la defensiva.

—No –clamó segura.

—Si no lo entrega, esto podría provocar una grave sanción por parte del Hokage.

Kushina no se amedrentó.

—No voy a dejarlo a merced de cazadores palurdos como usted, señor… —deletreó casi al borde de un llanto—Esta demasiado pequeño, es huérfano… moriría allá afuera.

—Entonces que sea lo que la naturaleza quiera.

—¡NO!

Algunas voces cuchichearon algo. Otras simplemente se desvanecieron en la densa lluvia. Algunos aldeanos se retiraron en silencio. Kushina permaneció inmóvil, con Naruto estrechado en sus brazos, aun tembloroso.

Fugaku bajó el arma, receloso y frustrado.

—Bien, haga lo que quiera… a ver cómo se las arregla con el Hokage. –sentenció.—¡Larguémonos de aquí! —vociferó él hacia Itachi y Sasuke.

Este echó a andar detrás de Itachi, deteniéndose un momento, mirando a Naruto desde los brazos de Kushina.

Ahora una lección había sido aprendida… aunque esto no sería más que el inicio de algo que el pequeño Naruto debería comenzar a comprender...

…algunos humanos eran crueles…

Continuará

N/A: Otro fic "resucitado"! yay!... bueno, modifiqué algo el cap anterior y este... para los que lo estan releyendo. En fin, comentarios y reviews son siempre bien recibidas.