SE SOLICITAN HIJOS

Capítulo 2.- Un poco de Realidad.

A estas alturas de la situación, lo que correspondería es que Sakura no pudiera ver a Ino, con su barriga cada vez más abultada y concentrada en el parto, los dolores del parto y el helado de chocolate con pistache. Pero por alguna razón Sakura puede soportar a Ino, porque la quiere y porque, aun cuando admite que tiene envidia, esta no parece haberla abrumado como le ocurre con otras mujeres.

Pero Ino solo está embarazada. Todavía no tiene el bebé que Sakura tan desesperadamente desea, y aunque intentará estar también a su lado cuando este nazca, no puede prometer nada.

Sakura se ha parado de camino por dos pizzas grandes de pepperoni, con una ración extra de aceitunas verdes, para hacer sonreír a Ino. Tal como esperaba, la rubia se sienta y arranca toda la capa superior de la pizza, la mezcla con el helado de la nevera y tira a la basura la base mientras Sakura hace muecas de asco.

—Podría ser mucho peor —dice Ino, con la boca llena de la repugnante mezcla—. Piensa en todos esos repugnantes antojos que tiene la gente. Podría estar de cuatro patas en el jardín metiéndome tierra en la boca.

—En primer lugar, ¿qué te hace pensar que lo que estás comiendo es mejor? —se aventura a decir Sakura—. De todas maneras, ¿no es todo eso un mito urbano? Quiero decir que la gente no hace realmente eso, ¿no?

Ino sonríe, como siempre hace.

—Sí. Y carbón. Podría haberte mandado a la estación de servicio a por bolsas enormes de carbón en lugar de una pizza. Se llama "pica", una especie de falta de hierro. Eso es lo interesante. Tu cuerpo siempre te dice lo que necesita cuando estás embarazada.

—¿Y qué te está diciendo exactamente el helado de chocolate con aceitunas y pistache?

Ella se lleva otro bocado a la boca.

—Probablemente que necesito engordar. —Y las dos se echan a reír.

Ino siempre ha sido agradable, pero lo que más le gusta a Sakura de ella es lo mucho que se quiere a sí misma. Le encanta el hecho de ser voluptuosa, y está disfrutando de su embarazo más que ninguna otra mujer que Sakura conoce. Lo primero que hizo cuando descubrió que estaba "en estado" fue salir corriendo a comprar Qué esperar cuando esperas. Lo segundó fue arrancar el capítulo de "La dieta más adecuada".

—Malditos occidentales —dijo arrancando página por página, haciendo una pelota con placer y arrojándola a la papelera de la esquina—. Están todos obsesionados con la comida. Por Dios, es el único momento de tu vida en que te está permitido comer todo lo que te dé la gana, así que, ¡al demonio! En cuanto a no engordar más de doce kilos, cielos, creo que eso fue lo que engordé en las primeras doce semanas.

—Entonces ¿cuántos has engordado ya? —preguntó Sakura.

—Ni idea. Dejé de pesarme a las cuatro semanas. No tengo ganas.

Y ahora Ino está casi totalmente redonda. Como una peonza, se tambalea pero no se cae. Y sigue estando guapísima. Es una de esas mujeres con suerte a las que no les salen granos o se les queda el pelo reseco durante el embarazo. Tiene la piel tersa, sin ninguna imperfección, y el pelo brillante, grueso y abundante.

—Por Dios, no creas que tengo tanta suerte —dijo hace un par de semanas en el hospital cuando otra mujer que hacía cola para ver a la partera le comentó lo bonito que era su pelo, la suerte que tenía de que le creciera tan deprisa—. Con la misma rapidez con que me crece en la cabeza me crece por todas las demás partes del cuerpo. —Puso los ojos en blanco—. Tengo una selva en las piernas que solo ve la cera cuando voy al hospital porque no quiero que las comadronas cotilleen...Esto es lo único que odio del embarazo —dice suspirando—. Cómo crece el maldito pelo.

—¿Qué hay de las hemorroides? —Sakura sonríe con malicia.

—Oh, mierda. ¿Te lo dije? —Ino parece avergonzada mientras Sakura asiente.

—Ni siquiera eso me molesta tanto —dice—. Voy a la condenada farmacia y compro Anusol en grandes cantidades diciendo que es para mi marido.

—Supongo que Shikamaru nunca se deja ver por ahí.

—Solo los sábados, y cambia el personal el fin de semana, de modo que nadie le pregunta qué tal van sus hemorroides.

—Sí, pero Ino, las hemorroides son algo que cabe esperar en un embarazo, no son algo de que avergonzarse.

—Sí que lo son. Son embarazosas y pican.

—Está bien, está bien. Ahórrate los detalles, gracias. Cuéntame qué tal el trabajo.

Ino Yamanaka trabaja en la florería que ha pertenecido a tres generaciones en su familia. Parece un trabajo glamuroso, pero ella lo encuentra aburrido e insulso, y nada creativo, no para alguien con tanto talento como ella.

Aunque ella nunca lo admitiría, tanto como Sakura quiere ese niño para resolver su relación con Itachi, Ino quería un pretexto para dejar su trabajo, no solo eso, quería demostrar que iba a ser mejor madre que su propia —y nunca disponible— madre.

Ino y Sakura habían hablado mucho de tener hijos, de lo fantástico que sería que tuvieran hijos de la misma edad y que terminasen siendo ellas las cabecillas de la sociedad de padres en el jardín de niños u organizando las excursiones escolares. Pero Ino nunca esperó que ocurriera tan deprisa, y Sakura, naturalmente, nunca esperó que tardara tanto en ocurrir.

—El trabajo es tan aburrido como siempre —dice Ino, levantándose con gran dificultad del sofá para llevar a la cocina las cajas vacías de las pizzas.

Sakura se plantea ofrecerse a hacerlo por ella, pero desiste, sabiendo cuánto se ofende. "Estoy embarazada", dirá, "pero no soy una maldita inválida".

Pero Dios nos libre de que nadie le ceda su asiento en el metro a la hora punta. "Pero bueno", grita, sacando la barriga al máximo y asegurándose de atraer la mirada de algún hombre de negocios sentado, "¿no ve que estoy de ocho meses?". Siempre se levantan para dejarle sentar.

A propósito, no está de ocho meses. Solo de cinco, pero podría pasar por ocho. Sobre todo cuando saca la barriga.

—No puedo hablar del trabajo —replica, resoplando y jadeando después de caminar tres metros—Estoy impaciente por dejar ese maldito lugar. Shikamaru cree que volveré después de la baja de cuatro meses y no he tenido valor para decirle que está muy equivocado. Pero ¿y tú qué? ¿Alguna novedad en el frente del embarazo?

—Es demasiado pronto. –suspira Sakura—No lo sabré hasta dentro de otras dos semanas.

—Espero que estés haciendo el amor por todos nosotros, porque estás en pleno período fértil.

Sakura elude la mirada directa.

—La verdad es que no. –dice— Estamos tratando de hacer el amor cada dos días, porque por lo visto si lo haces cada día el esperma se debilita y es mejor darle un respiro, y alguien me dijo que el día trece es el clave, que fue anteayer, de modo que ahora toca volver a esperar.

—Dios... ¡Sexo, recuerdo cómo era!

—¡Ino! Solo estás de cinco meses. ¿Qué quieres decir con que recuerdas cómo era? Todavía puedes tener relaciones sexuales, por el amor de Dios.

—Sakura, no solo no me apetece tenerlas, en estos momentos no puedo soportar el maldito olor que él desprende.

—¿Cómo?

Ino suspira.

—Es verdad. Se vuelve hacia el centro de la cama unas treinta veces por la noche y cada vez que lo hace me despierta, y le huelo el aliento y quiero vomitar.

—¿Y qué haces?

—Le susurro que se dé la vuelta y la mayoría de las veces lo hace automáticamente, sin despertarse siquiera.

—¿Y si se despierta?

—Entonces empieza a gritarme y yo me echo a llorar. Y, por lo que a mí se refiere, en estos momentos preferiría pegarme un tiro antes que hacer el amor. Por lo visto es algo hormonal. Shikamaru estaba excitadísimo porque la mayoría de las mujeres que conocemos se han vuelto como conejos, pero ya conoces la ley de Murphy, he tenido que ser precisamente yo la que coja asco al sexo.

—Al menos todavía quiere hacer el amor contigo. Itachi dice que se siente como una máquina. No puede soportar que el sexo se haya vuelto tan mecánico, un medio para obtener un fin.

—¿Es cierto eso? ¿Se ha vuelto así?

Sakura piensa en dos días atrás. Lo emocionada que se sentía porque era el día 13, lo convencida que estaba de que esa sería la noche:

Cenaron frente al televisor, como hacen a menudo últimamente, haciendo algún que otro comentario pero sin hablar en realidad.

A las once Sakura se fue a la cama. Itachidijo que subiría cuando acabara la película, con lo cual ella le recordó con delicadeza que esa noche era una de esas noches y si por favor podía subir un poco antes. Él resopló un poco, pero no dijo nada. Se cruzó de brazos y siguió mirando fijamente la pantalla.

Tal vez no era el mejor de los comienzos. Y solo fue de mal en peor...

Hubo un tiempo en que Sakura llevaba lencería sexy. Tenía cajones llenos de prendas de seda con encajes y tirantes que se le resbalaban de los hombros. Ahora lleva camisetas gigantes en verano y pijamas en invierno. Camisetas que suele recibir de alguno de los representantes de laboratorios médicos, con el logo promocional de la marca o producto, porque alguien, en alguna parte, creyó que estampar una camiseta de la talla XL con un logo enorme sería una buena forma de promocionarse. Camisetas que con los años se han desteñido de tanto lavarlas, que no se pondría ni muerta en otro lugar que no fuera su casa.

En cuanto a los pijamas... no eran los pijamas sexys que podrías imaginar que lleva alguien como esas actrices de películas porno caseras, ni siquiera alguien como Sakura. No son la clase de pijamas de hombre que se ven graciosos en las modelos acurrucadas junto a chimeneas encendidas en las páginas de las revistas ilustradas. Sus pijamas de hombre están deshilachados por los bordes. Las partes traseras hacen bolsas hasta las rodillas, y como las cinturillas perdieron toda su elasticidad hace mucho, muchísimo tiempo, se los sujeta con un imperdible que no es exactamente seguro pero, sorprendentemente, nunca se le clava. Tienen bolsas en las rodillas, están desteñidos y carecen de forma, pero a ella no le importa en realidad porque son cómodos y abrigan.

Esa noche tocaba pijama. Sakura hizo un esfuerzo por cepillarse el pelo y soltárselo sobre los hombros como a Itachi solía gustarle. Se quedó sentada en la cama leyendo, mirando continuamente el reloj. Aunque se había prometido a sí misma no gritarle, media hora después su frustración pudo más que ella: se acercó como un basilisco a lo alto de la escalera y le gritó que subiera.

Cinco minutos después Itachisubió y se detuvo en el umbral con una expresión amenazadora.

Estaba viendo algo que habría terminado en quince minutos, podrías haber tenido un poco más de paciencia. Estoy harto de que todo gire alrededor de ti. Lo que quieres y cuando lo quieres... —Sakura abrió la boca para interrumpirle, pero él continuó—: Y ahora ya no tengo ganas. Ya me sé todo ese rollo del día trece pero, con franqueza, me parece totalmente inverosímil, y lo último que me apetece en este momento es hacer el amor. Escupió esta última palabra como si fuera lo más desagradable del mundo.

Sakura se tragó toda su frustración, algo que le supuso un gran esfuerzo, pero, después de todo, era día 13, y había un calendario que observar y egos que alimentar, por no decir más.

Lo siento dijo sumisa, mirándolo con los ojos bajos mientras se levantaba de la cama y se acercaba a él—. He sido una egoísta. No estaba pensando. Lo siento mucho. Se inclinó hacia arriba y le besó su impasible mejilla de piedra, sabiendo que solo había una manera de lograr que esa situación tomara el rumbo que ella quería. Bajó la mano hasta la cremallera de sus pantalones mientras se arrodillaba—. ¿Me perdonarás? murmuró con la boca llena. Y supo que ya no importaba.

Diez minutos después estaba tumbada en la cama, con las piernas en alto, leyendo un libro sobre embarazos mientras Itachi, indignado, iba a coger papel higiénico.

No dijo nada cuando volvió a la habitación. Sacudió la cabeza con tristeza mirando a Sakura y se metió en la cama. Unos minutos después habló, y su voz sonó apagada, hastiada.

¿Era mejor antes? Dime que era mejor que esto. ¿No hacíamos el amor? ¿No tardábamos horas? ¿No era divertido antes de todo este rollo de los hijos? Miró a Sakura como si esperara una respuesta, pero ella optó por no responder, de modo que se volvió suspirando. Al cabo de unos minutos todo lo que se oía era el ruido de sus débiles ronquidos.

¿Qué podía haberle respondido ella? No había nada que decir.

Sakura mira a Ino y se encoge de hombros.

—¿Crees que el sexo siempre desaparece en algún momento? —pregunta impasible—. Al principio fue increíble, por supuesto, pero ¿no acaba siempre agotándose al cabo de un tiempo? Itachi cree que nuestros intentos de tener un niño lo ha vuelto mecánico y aburrido, pero estoy segura de que la pasión habría desaparecido de todos modos porque siempre lo hace. Llevamos cuatro años juntos, y no puedes esperar que tu vida sexual sea fantástica después de cuatro años.

—Pero si ni siquiera estás casada —dice Ino, poniéndose seria de pronto—. ¿Estás segura de este hijo? ¿Estás segura incluso... de Itachi? —Escoge las palabras con cuidado, cautelosa, porque está expresando en voz alta cosas que Sakura no quiere pensar y no digamos oír—. Sakura, lo único que estoy diciendo es que no creo justo traer a un niño a este mundo si no sabes con certeza que estás con la persona adecuada...

—Está bien, está bien. —Sakura la interrumpe en mitad del discurso—. Lo siento, Ino, pero eso es algo de lo que no puedo hablar. Sabes cuánto quiero a este hijo. ¿Cómo puedes decir algo así?

Pero Sakura sabe exactamente la respuesta. Ino solo está diciendo todas las cosas que ella piensa cuando se despierta en mitad de la noche con el corazón palpitándole con fuerza, casi ahogándose del pánico, de la necesidad de escapar, y si lo soporta es porque sabe que con la luz del día todo volverá a la normalidad. ¿Y cómo va a fiarse de esos miedos nocturnos? ¿Cómo va a fiarse de ellos cuando por la mañana la abandonan? Si fueran reales, si se supusiera que debía escucharlos, los tendría todo el tiempo, ¿no?

¿No?

—Lo siento. —Ino parece arrepentida. No es fácil decir estas cosas. Ni siquiera a tu mejor amiga—. Solo estoy preocupada por ti.

—Lo sé. —Sakura suspira—. Yo también estoy preocupada por mí.

CONTINUARÁ

N:/A:

Saludos! antes que nada, gracias por sus reviews y comentaros, creo que no habría existido este capitulo de no haber sido por ellos. Honestamente este fic es el que menos me entusiasma, tal vez lo crudo y "real" de la trama me da un poco de grima y por alguna "morbosa" razón, sale más fácil al escribir. De algo si les aseguro es que actualizaré como pueda y cuanto pueda...

Nuevamente, gracias por leer y comentar... y no olviden pasarse por mi otro fic, BEING HUMAN, una trama que le tengo más fé que a este