Capítulo 4.- Un Buen día para una boda
Itachi y Sakura han estado pululando fuera de la iglesia, y Sakura al final se ha acercado a un pequeño grupo de fumadoras, compuestas a más no poder, si no fuera por el hecho de que están echando humo furiosamente, decididas a inhalar suficiente nicotina para aguantar hasta el final de la ceremonia.
Los cigarrillos unen a esas mujeres, que se cierran en un apretado círculo admirándose sus conjuntos y pasándose el único encendedor, mientras los transeúntes —tan poco atractivos en comparación— sonríen a la multitud de invitados, deseosos de compartir un poco la ilusión, la promesa y, por supuesto, el glamour. Porque esta boda es por encima de todo glamurosa, y cada mujer parece superar a la anterior en el tamaño de su sombrero y la altura de sus tacones.
Sakura deja caer el cigarrillo y lo apaga con la suela de uno de sus costosos zapatos de tacón alto con el talón descubierto.
—Qué zapatos más bonitos —dice una mujer pelirroja y alta, con un cuidado par de gafas y que está de pie entre las fumadoras, la mujer en posesión, de hecho, del único encendedor (Mini-Bic, rosa fucsia).
—Gracias —dice Sakura sonriendo, y ofrece un cumplido a cambio—: Me encanta tu sombrero.
Un momento de incomodidad, y una de las dos está a punto de preguntar a la otra de qué conoce a Naruto y a Hinata, cuando Sakura oye un grito agudo:
—¡Sakura-chan! ¡Cariño! —Se vuelve y ve cómo se le viene encima la madre de Naruto—. ¡Estás fantástica!
Kushina Uzumaki se abalanza sobre ella, y se inclina para dar un beso al aire mientras se sujeta su enorme sombrero. Las dos se ríen cuando chocan las alas de sus sombreros.
—Se ve preciosa. —Es lo que se espera que diga Sakura y, naturalmente, es cierto, porque a pesar de que no ha hecho seguimiento de los planes de la boda a través de Naruto, basta mirar a Kushina Uzumaki para saber que, lejos de ser la boda de Naruto, es la de su madre.
—¿De verdad? —Kushina se da la vuelta por enésima vez en ese día y arquea una ceja mientras Sakura lo repite. Salta a la vista que le encanta ser el centro de atención, y que su conjunto (escotado, bordado intrincadamente con cuentas y a todas luces de diseñador) ha sido escogido, conscientemente o no, para opacar a la novia.
Kushina vuelve a dar una vuelta antes de divisar a otros recién llegados.
—¡Mito-sama! —exclama saludando con la mano por encima de la multitud, y se aleja con paso airoso para hacer otro giro mientras la pelirroja con gafas sonríe a Sakura.
—No es un caso de madre que trata de eclipsar a la novia —dice.
—Pero tienes que reconocer que está fantástica.
—Ya puede estarlo con lo que le ha costado ese traje. —La mujer de gafas mira alrededor para asegurarse de que nadie puede oírla, luego se inclina hacia delante con complicidad—. Más que el traje de novia.
—¡No! —Sakura está asombrada, porque, conociendo a Hinata y el adosado gusto de los Hyuuga, el traje de novia va a ser un modelo único de diseñador que le habrá costado un ojo de la cara.
La mujer asiente con la cabeza.
—Me llamo Karin —dice sonriendo—. Tú eres Sakura, ¿verdad?
Sakura asiente.
—¿Cómo lo has sabido?
—Te he reconocido de las viejas fotos de Naruto. Es mi primo. –Karin deja escapar un suspiro casi burlesco—Además de que vivo casi a media calle de ellos.
El comentario era inevitable, y las dos sonríen.
—¿Y te vuelve loca pidiéndote tazas de azúcar?
—Dirás más bien pidiéndome malditos condones. Él y su tímida noviecita no han decidido aún qué método anticonceptivo utilizar, y como soy la única mujer soltera de la calle, me he convertido en su proveedora de condones secreta.
Sakura se ríe, sin inmutarse de la franqueza de esa mujer. Siempre ha tenido la cualidad de hacer que la gente se sienta cómoda con ella, hacerles creer, a los pocos minutos, que la conocen de toda la vida, que la conocen lo bastante bien para revelarle intimidades sin pensárselo dos veces.
—¿Estás soltera? Me sorprende.
—¿Por qué? ¿Porque alguien como yo debería tener novio? ¿Porque soy una mujer atractiva y con éxito, y si no puedo conseguir a un hombre debo de estar haciendo algo mal? —Su tono trata de ser divertido, pero las palabras no lo son, y Sakura se disculpa.
—Acabo de darme cuenta de cómo he debido de sonar —dice arrepentida—. Como uno de mis parientes mayores. Antes iba a reuniones familiares y me preguntaban si tenía novio, y cuando les decía que no, me daban una palmadita en la rodilla y decían cosas como: "No te preocupes, todavía eres joven". O bien: "Tu hombre ideal está allí fuera esperándote, lo encontrarás, ya lo verás". Dios mío, no puedo creer que haya dicho algo así, lo siento.
—No te preocupes. Parece que nuestras familias son iguales. Y lo siento si he saltado de ese modo sobre ti. Solo que estoy soltera porque quiero, pero nadie parece capaz de aceptarlo.
—Entonces ¿no te importaría pasar el resto de tu vida sola?
Karin se encoge de hombros y ofrece a Sakura otro cigarrillo, que ella acepta, y se produce un silencio mientras las dos lo encienden.
—Trato de no pensar en el futuro y de vivir el presente —dice Karin por fin, exhalando ruidosamente—, pero, con franqueza, aunque no me entusiasma exactamente la idea, tampoco me aterra. Vivo muy bien. Tengo un trabajo que me gusta, una casa para mí sola, y no estoy segura de si estoy preparada para hacer concesiones.
—Te envidio. —A Sakura le salen las palabras sin pensar. Y tan pronto como lo hacen, se interrumpe en seco. No quería decir eso. Por Dios, ni siquiera quería pensarlo, y se queda en blanco, sin saber qué más decir.
—Bah —dice Karin sacudiendo la cabeza—. A cada cual lo suyo. ¿Y sabes qué? Nadie está contento con lo que tiene. Me he pasado años pensando que mi vida tal vez sería completa si tuviera un hombre pero, cuando lo he tenido, he deseado volver a estar sola. Y, ¿sabes?, a veces te sientes sola, pero creo que me va más. —hizo una pausa intempestiva— Oh, cielos, ¿es esa Hinata? Creía que iban a alquilar un Daimler blanco.
Una larga limusina Mercedes negra se detiene frente a la iglesia, y todas las mujeres que las rodean se apresuran a apagar los cigarrillos y a entrar para sentarse antes de que el chófer de traje gris abra la portezuela.
Sakura está a punto de seguir a Karin al interior de la iglesia, pero antes quiere echar un vistazo al traje, porque aunque sabe que el matrimonio no entra en sus planes por el momento, sigue suponiéndole un esfuerzo resistirse al cuento de hadas.
Se abre la portezuela y se oye un suspiro de alivio colectivo. No es la novia. Es una mujer sola con un traje rosa intenso, un conjunto de organdí de seda rosa y negro que se hace pasar por sombrero, perlas brillantes, pendientes de oro y unas gafas de sol que le tapan casi por completo la cara, de la que solo se ve una raya de pintalabios marrón rosáceo.
Se baja del coche y sube las escaleras, y solo cuando pasa por el lado de Sakura, esta grita:
—¡Oh, Dios mío!
La mujer se vuelve y se quita las gafas de sol para ver bien a Sakura, y sonríe con los brazos abiertos.
—¡Tenten! —exclama Sakura abrazando a su amiga, tan glamurosa, tan "occidentalizada", que apenas la reconoce—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
—¿Sorprenderte? —Tenten se echa hacia atrás y las dos se quedan cogidas a la distancia del brazo, examinándose mutuamente con aprobación—. Pero ¡qué guapa estás! —Y las dos se echan a reír.
—¿A qué demonios viene lo del coche?
Tenten silba encantada.
—Cielos, ¿puedes creerlo? Estoy tan acostumbrada a alquilar limusinas que no me lo he pensado dos veces, y me he pasado todo el trayecto viendo a la gente pararse en seco para intentar adivinar qué famoso había dentro.
Sakura sacude la cabeza, pero sonríe.
—Solo tú —dice riendo—. Solo tú.
Tenten mira a la gente, que vuelve a salir poco a poco de la iglesia.
—¿Dónde demonios está Ino?
—Tan embarazada que no puede dar un paso —dice Sakura riendo—. Aceptó la invitación, pero luego decidió que su vejiga no sería capaz de aguantar la ceremonia, de modo que creo que solo va a venir a la comida.
—Dios, qué pesadilla. Dime que nunca voy a tener hijos. —Y, al ver la cara de Sakura, se da cuenta de lo que acaba de decir—. Lo siento, lo siento. Ya sabes lo que pienso de los hijos. Pero no de los hijos de mis amigas. ¿Cómo va la cosa?
Sakura suspira. Por supuesto que no le importa que se lo pregunte, probablemente se sentiría más ofendida si no lo hiciera, siendo Tenten una de sus amigas íntimas, pero lamenta habérselo dicho a tantas personas cuando decidió intentar tener un hijo.
Itachi no paró de advertirla. "Por si luego no ocurre", dijo. "No se lo digas a nadie". Pero, por supuesto, ella tenía que decírselo a Ino. Y a Tenten. Y a Hinata (que terminaría diciéndoselo al escandaloso Naruto). Y a todas las chicas del trabajo. Pronto todo el mundo lo sabía, y cada vez que la veían, la gente le preguntaba: "¿Alguna novedad?" Con las cejas arqueadas y una expresión esperanzada. Para ser sincera, se estaba hartando de sacudir la cabeza. Lamentaba no haber hecho caso a Itachi, porque cada vez que alguien le preguntaba, solo conseguía remacharlo y hacerle sentirse más fracasada que nunca.
Pero era Tenten, de modo que, en lugar de limitarse a sonreír con tristeza y sacudir la cabeza, responde:
—Es una mierda. No logro quedarme. Cada mes creo que podría ser y cada mes me viene la regla como un maldito reloj.
—¿Te has planteado ver a alguien?
—Bueno, curiosamente la semana pasada leí un artículo sobre una mujer que no podía quedarse embarazada hasta que fue a ver a una curandera. Hizo una sesión con esa mujer y se quedó embarazada inmediatamente. Me he apuntado el número de esa curandera y creo que voy a llamarla.
—En realidad no me refería a eso. Me refería a un médico, rayos… ¿Dónde tienes la cabezota, Sakura?, tú sabes de estas cosas… Busca a un especialista. Alguien que pueda decirte si tienes algún problema.
—No. Aún no. Y, de todos modos, no sé cómo lo encajaría Itachi si se enterase de que es, bueno, ya sabes...
—¿Estéril?
—Exacto. Imagínate lo horrible que debe de ser para un hombre. Sabe Dios que lo último que necesito es que se sienta totalmente castrado. Además, no ha pasado tanto tiempo, y no creo que ninguno de los dos estemos preparados para dar ese paso.
—¿Entonces crees que el problema está en Itachi?
—Pongámoslo así —dice Sakura—. Yo ya he estado embarazada, ¿recuerdas?
—Pero eso fue hace años. Por Dios, podría haber pasado cualquier cosa desde entonces. Y, reconozcámoslo, no es que vayas con regularidad al ginecólogo. ¿Cuándo te hiciste tu última citología?
—No quiero hablar de esto.
—Está bien, está bien, perdona. Pero te conozco, y deberías ir más a menudo. Además, si de verdad crees eso, es terrible. Estás echando la culpa a Itachi y no tienes motivos para hacerlo.
Sakura nota que está al borde de las lágrimas, pero no piensa llorar allí. Se niega a llorar allí.
—Tenten, estamos en una boda. Hace meses que no te veo y no puedo hablar de esto ahora, no es el momento ni el lugar adecuado. Háblame de ti.
Sonríe forzada y aprieta la mano de Tenten.
—0—
Hinata siempre ha dicho que haría todo esfuerzo por no sonrojarse demasiado cuando se acercaría al altar, pero el día en cuestión se le ve increíblemente tímida; además de que el factor "toda la familia esta ahi" no ayuda en nada. Trata de mirar al frente, pero apenas lo consigue, y abre mucho los ojos encantada al ver a Sakura y a Tenten, que sueltan exclamaciones desde su banco ahora que pueden verla bien.
—Dios mío. —Tenten se seca con un pañuelo las comisuras de los ojos—. Si no fuera yo, estaría desesperada por casarme para tener su aspecto.
—Siempre puedes comprarte un traje de novia solo por divertirte y guardarlo para cuando llegue la temporada difícil. Además, ¿qué quieres decir con eso de que si no fueras tú estarías desesperada? No me digas que ahora también estás en contra del matrimonio.
—No propiamente, pero es un hecho de que los hombres casados tienden a volverse aburridos en la cama.
—¡Tenten! —Dicho con firmeza y demasiado alto para ser un susurro. Sakura se pone el pelo detrás de las orejas y sonríe con aire arrepentido a la mujer de mediana edad que tiene delante, que se vuelve para fulminarla con la mirada. "Después", articula para que Tenten le lea los labios.
—¿Y tú qué? —susurra Tenten cuando termina el sermón, haciendo caso omiso de la cabeza medio vuelta de la mujer de delante—. ¿Estás más cerca del matrimonio con el encantador Itachi o es también una zona prohibida?
—Estamos bien como estamos. —Sakura se inclina para que Itachi, no la oiga—. Ya nos conoces. Estamos bien como estamos.
—0—
Itachi está empezando poco a poco a relajarse, gracias en gran medida a una abundante cantidad de vino, y al hecho de que está sentado al lado de la deshinibida amiga de Sakura: Tenten. Ésta no es estúpida, ve que Sakura e Itachi no son felices juntos, y aunque su lealtad está con Sakura, y siempre lo estará, no ve razón para no hacer un poco de caso al Uchiha.
Le ha interrogado sobre el trabajo, mostrando sincero interés y haciendo preguntas inteligentes y peliagudas, y le ha hecho reír con anécdotas sobre los enredos de oficina que suelen ocurrir en el departamento de exportaciones e importaciones del cual Tenten se hace cargo.
Sakura parece levemente aliviada con que otra persona aparte de ella vele por Itachi, asegurándose de que está bien, aunque no evita aquella mirada nerviosa provocada por estar sentada a un lado de uno de los amigos de Naruto, el efusivo y alebrestado Rock Lee. Éste hacía más de seis meses que rompió con su última novia y está tanteando el terreno, pues sigue creyendo erróneamente que las bodas son un buen lugar de caza (esta gente está en la treintena y tendría que saber más).
Hablan un rato, la habitual conversación sobre temas triviales, nadie se ha dado cuenta de que Ino y Shikamaru están rodeando la mesa con sus sillas. Tenten se levanta para abrazar a Ino, aunque no es fácil con su vientre cada vez más voluminoso.
—¿Gemelos? —no puede resistir preguntar Tenten, e Ino le dirigió una mirada recelosa.
—Oh, cállate —dice riendo, a sabiendas de que Tenten sabe lo harta que está de que le digan que debe de llevar un equipo entero allí.
—Pareces agotado, Shikamaru —dice Sakura, volviéndose hacia el marido de Ino.
—No es de extrañarse, dado que Ino-chan se levanta de la cama para ir al maldito cuarto de baño unas treinta veces por la noche, y ni siquiera trata de no hacer ruido, o da vueltas en la cama y hace temblar toda la maldita casa.
Tiene un aspecto lamentable, exhausto, pero mientras lo dice aprieta afectuoso el hombro de Ino.
—¿Por qué tengo que ser yo la única que sufre? —dice ella resoplando, sentándose lo más cerca posible de la mesa mientras saca del bolso una botella gigante de antiácido
—¿Qué demonios es eso? —Tenten señala la botella verde con una expresión horrorizada mientras Ino desenrosca el tapón y bebe un gran sorbo directamente de la botella.
—Para la acidez de estómago —explica Ino, suspirando de visible alivio cuando el líquido llega a su destino—. Todo el mundo dice que si tienes una acidez terrible, como es mi caso, es que vas a tener un bebé peludo, aunque no me sorprendería. Va a salir a su madre. —Ino atrae la mirada de Shikamaru—. O a su padre. Solo puedo decirte que, como siga así, voy a dar a luz a un mono.
Ino, Tenten y Sakura no tardan en ponerse al día de todas sus novedades. Itachi se recuesta en su silla y observa a Sakura. Sabe que está presumiendo levemente, pero no le importa. Le gusta verla divertirse; confía en ella, y le gusta verla así: animada, centelleante, llena de vida. La Sakura que conoció hace cuatro años. Con una punzada de dolor se pregunta por qué ya no es capaz de hacerle sentir así.
Tan pronto como terminan de comer, los novios toman la pista para bailar. Suena Utakata Hanabi, y los hombres sentados a la mesa se quejan del mal gusto mientras las mujeres sonríen llorosas al evocar su primer arrebato de amor y el romanticismo que lo envolvió.
Luego suenan baladas un poco más movidas y otras parejas se apostaron en la pista. A la mitad de Michi to you All, Sakura literalmente arrastró a Itachi hasta la pista, aun a sabiendas que el Uchiha tenía dos pies izquierdos; claro, en cuestión de piezas lentas, él sólo atina a mecerse al acompasado ritmo casi como un zombi adormilado, a Sakura parece no importarle y continúan durante la canción de Sunao Na Niji y By My Side, y terminan con Long Kiss Good Bye, porque para entonces están tan agotados que necesitan descansar.
Lee se ha ido. Se ha dado cuenta de que Sakura está con Itachi, y en esos momentos está ocupado rondando las otras mesas en busca de la presa adecuada. Itachi y Sakura se recuestan en sus sillas y se sonríen.
—Lo estoy pasando muy bien —dice Sakura, logrando evitar el tono de sorpresa.
—Lo sé. —Itachi le toca la frente, un gesto cariñoso que lleva meses sin hacer—. Yo también.
La velada está tocando a su fin y solo aguantan los incondicionales. Hinata se ha pasado casi todo el tiempo pegada a su silla de la mesa principal, visiblemente aterrada de pensar que, en cuanto abandone su trono, dejará de ser la reina del día, pero logra por fin relajarse un poco, y ella y Naruto están entrelazados en la pista de baile, mirándose a los ojos mientras dan vueltas, hablando en voz baja y besándose, riéndose del hecho de que ahora son marido y mujer.
La mayoría de los parientes mayores se han ido, y varias personas se detienen al salir para volverse y mirar a Naruto y a Hinata, recordando el día de su boda, pensando en el tiempo que parece haber transcurrido.
A medida que la gente se va, la habitación empieza a tomar un aspecto un tanto ajado. Ya han desaparecido varios centros de mesa, los invitados han logrado de alguna manera llevárselos a casa sin ser vistos, y los manteles de damasco blanco almidonado se ven de pronto sucios y ligeramente grises.
Ino y Shikamaru hace horas que se habían ido a casa. A Ino se le había acabado el antiácido, y después de tres tazas de leche y un yogur de vainilla que uno de los camareros tuvo la amabilidad de salir a comprar para ella, se dio cuenta de que era una batalla perdida. Se levantó con dificultad de su silla, sujetándose la parte inferior de la espalda mientras gemía del esfuerzo, y se fueron.
Sakura se quedó mirándola con cariño. Y envidia. Tenten, que está sentada ahora a su lado, mira la cara de Sakura y le coge la mano.
—Debe de ser duro para ti —dice.
—No te lo puedes ni imaginar. —Sakura sonríe forzada y suspira—. Daría cualquier cosa, cualquiera, para estar en esos momentos en el lugar de Ino. La quiero, y me alegro muchísimo por ella, pero no puedo ni pensar en que hay una criatura viva y respirando dentro de ella. No me puedo creer que no la haya también dentro de mí. —Se le llenan los ojos de lágrimas mientras termina la frase, y un enorme sollozo, inducido por el champán, flota en el aire mientras Sakura sale corriendo de la habitación, sumida en la decepción y la sensación de vacío.
Itachi se levanta para seguirla, pero su expresión es de hastío, y Tenten sacude la cabeza y le dice que ya va ella, que no es nada, que ya se le pasará. Itachi vuelve a sentarse, agradecido de no tener que lidiar con esa demostración de emociones, por no tener que lidiar con el reproche, porque, por supuesto, sabe que Sakura le echa la culpa a él.
Lo único que quiere Itachi es ser feliz.
Si Sakura quiere tener un niño, si eso le hace feliz, Itachi también lo quiere. Si Sakura quiere ir a ver a un experto en fertilidad, Itachi también lo quiere. Si Sakura no quiere tener hijos el resto de su vida, también le está bien.
El problema es que Itachi nunca se ha sentado a pensar qué quiere él.
Tal vez ya va siendo hora de que lo haga.
Continuará
N/A:
Bueno, debo actualización de este fic desde hace tiempito pero no le tengo mucha atención porque el fic sale solito, meras vivencias ayudan a solventar la trama y a diferencia de el "desaparecido" Vuelo de la Cigüeña, aqui no tengo que liarme con situaciones "sit-com" que simplemente no me da ánimos escribir ya.
Nos ponemos realistas, señores... y eso, a veces es la mejor herramienta del escritor, sino, preguntenle a Stephen King o a Danielle Steele :D
Gracias por los comentarios y las lecturas y nos leemos en la siguiente entrega!
HIGURASHI'S OUT!
