SE SOLICITAN HIJOS
Capítulo 5.- Reloj Biológico
Levantó su cabeza y vio que ella dormía profundamente, le dio un pequeño empujón en el hombro y ella simplemente se acomodó un poco y continuó dormida.
Itachi bajo de la cama y se dirigió a la sala, ahí se dejo caer en el sofá y sacó un cigarro de una cajetilla que estaba oculta y aplastada entre los cojines, le dio una larga bocanada y disfrutó la sensación del tabaco escapándose de su boca.
¿Qué es lo que quiero? Esa pregunta lo había asaltado en la boda y permanecía martilleando en su cabeza, como la molesta alarma de un auto a la distancia ¿Qué es lo que quiero? Había estado tan preocupado en las prioridades de ella que en algún momento olvidó las suyas. Tratamientos, doctores, pruebas, dietas especiales ¿Qué tanto estaban dispuestos a hacer por tener una familia?
Claro que él quería una familia, un heredero, niño o niña, algo para sentir que su vida no era en vano, quizás un poco influenciado por las costumbres de su familia, pero al mismo tiempo sentía que eso era lo correcto, quizá esa era la razón por la cual aceptaba tantas extravagancias sin protestar, incluso sacrificando algo tan personal como sus necesidades sexuales en pos de obtener el momento justo, pero aquello ya era frustrante y estaban llegando a un punto que…
Cortó sus pensamientos cuando se dio cuenta que el cigarro se había terminado, abrió una ventana y se volvió a sentar en el sofá mientras se llevaba las manos a la nuca. La idea de vestirse empacar y salir corriendo saltó a su cabeza y con una simple mueca de fastidio la deshecho. Él no era esa clase de persona, por más increíblemente problemático que se estuviese poniendo todo.
Aun así… Huir, que tentadora manera de poner fin a todo., Empezar con una pareja nueva…
Terminó con aquella idea, era tan mórbida como pensar en la muerte o algo así, fue al baño y se enjuagó la boca, ella nunca sabría que había fumado a escondidas. Entró de puntillas al cuarto y se volvió a acostar a su lado, abrazándola.
Sakura suspiró y murmurando algo inteligible se dio la vuelta y lo abrazó a el también, Itachi cerró los ojos mientras olía su pelo y eso bastó para que se relajara y volviera a dormir.
—0—
Así, al día siguiente Itachi y Kisame Hoshigaki, uno de sus conocidos de la universidad, se reunieron para almorzar en un local a medio camino de sus respectivos despachos. Pidieron unos sándwiches en el mostrador y se sentaron a una mesa junto a la ventana. Había cuatro jovencitas, posiblemente de post grado o grados superiores de alguna carrera, sentadas detrás de ellos y, cuando una se levanta para marcharse, Kisame miró indiscretamente, comentando entre sus desiguales dientes: "Esa sí que tiene un culo perfecto".
Itachi echo una ojeada al trasero de la chica, embutido en unos jeans, haciéndole un ademán desenfadado a su amigo y luego, vacilante, se lanzó a contarle su dilema.
Kisame escucha atentamente, con expresión comprensiva, o al menos en un gesto menos ridiculizante o fastidioso a comparación con el resto de los compañeros de oficina del Uchiha.
—Bah, tú y Sakura lo solucionarán. No te dejes dominar por el pánico, comadreja.
—Todavía no siento pánico —dijo—. Bueno... quizá un poco. Después de todo, tener hijos no es algo en lo que puedas llegar a un compromiso, ¿sabes?
Kisame asiente y vuelve a dar un bocado tremendo al emparedado.
—Tienes razón.
—Así que espero que solo sea una fase —confesó Itachi.
Kisame levanta un lado de su sándwich de ensalada de atún y sardinas y mete algunas patatas dentro.
—Estoy seguro de que solo es una fase —asegura—. Algo sin importancia. Ya se le pasará.
—Sí —asintió Itachi, con la mirada fija en su sándwich de pavo.
—¿Te acuerdas de lo de la costura? —preguntó Hoshigaki de pronto, poniendo los ojos en blanco. —: Adornos de navidad, esa horrenda bufanda que te hizo y el suéter que me regaló la navidad pasada… esa cosa podía haberla usado para cubrir mi motocicleta, jaja…
Itachi también se echó a reír, recordando la masiva tanda de regalos que la misma Sakura había hecho tanto para él, como para sus amigos cercanos. Ese año, Sakura realmente se vio entusiasmada en algo que no fuese enteramente su trabajo, pero para entonces, Itachi ya estaba acostumbrado a que a su compañera se le despertara un súbito interés por los más diversos temas. Sakura es una de esas personas que logra entusiasmarse con muchas, muchísimas cosas: astronomía, películas, coleccionar peluches, lo que se le ocurriese. Así que Itachi simplemente le miraba afectuosamente y esperaba pacientemente mientras Sakura iba y venía en tiendas de manualidades.
Durante meses, Sakura practicó con un fervor conmovedor; dominó rápidamente lo esencial y adquirió unos callos de costura impresionantes. El día del cumpleaños de Itachi le regaló una colorida bufanda roja, negro y rosa… ¡Rosa fucsia!... y ni qué decir del bordado de una pequeña comadreja en uno de los bordes.
Sin embargo, poco tiempo después, Sakura perdió todo interés en su nueva afición y jubiló a las agujas y al estambre, que acabó en un polvoriento rincón de debajo de la cama. Hace poco ha puesto todo el set a la venta en eBay.
Kisame le tranquiliza asegurándole al Uchiha que la actual obsesión de Sakura por la maternidad tendrá una vida igual de corta.
—El único problema es —dice Itachi— que Sakura fue realmente dueña de un set de costura y lo practicó antes de abandonar la idea.
—Eso es verdad —admite Kisame, mientras comprueba los mensajes electrónicos en su Black-Berry. Teclea, furiosamente, una respuesta con el pulgar al tiempo que dice—: Y no hay forma de tener un hijo temporalmente, ¿verdad?
—Ahí es donde el hijo de sus amigos podría irnos de perlas —comenta Itachi, pensando en las casi cotidianas estancias de Sakura y su amiga Ino.
—¿El crío ya ha nacido o qué? —pregunta Kisame.
Itachi sonrío ante su manera de expresarse.
—En cualquier momento —suspira el Uchiha—. Así que esperemos que todo esto no sea nada que unas cuantas horas con un recién nacido vivo, de verdad, no puedan curar.
—0—
Como si les estuviera oyendo, y justo como una de esas excepcionales coincidencias fortuitas, el hijo del matrimonio Nara-Yamanaka, llega la tarde siguiente, después de catorce horas de parto y una cesárea de urgencia en el último minuto.
Sakura llamó a Itachi a su oficina para darle la noticia.
—Ino y Shikamaru quieren que vayamos enseguida —dice, llena de entusiasmo.
La invitación al hospital casi tomó por sorpresa al Uchiha. Conocía a Ino y a Shikamaru, habían salido algunas veces en cita de parejas y veía a Ino muy a menudo en el apartamento cuando Sakura la invitaba con el pretexto de que ésta le contara todos los menesteres del embarazo… y aun asi, pese a la peculiar "cercanía", Itachi no creía que fueran tan amigos.
Al menos no para ir hasta el hospital.
Sin embargo, pese a la actual controversia, tenía también ganas de conocer al recién nacido.
Así que después del trabajo tomó el metro hasta el hospital, donde se encontró con Sakura en la tienda de regalos. Ya ha elegido un par de globos y una tarjeta que firmaron en el ascensor mientras subían a la planta de maternidad. Fueron hasta la habitación 1231.
La puerta está adornada con una cigüeña enorme de color azul pastel que sostiene un letrero que dice: ¡Es un niño!", igual que en la mitad de las puertas del pasillo, aproximadamente.
Dado el difícil parto de Ino, era de esperarse encontrar una reunión sosegada, pero dentro un grupo escandaloso llena la habitación hasta los topes. Por todas partes hay flores, regalos y, por lo menos, media docena de amigos y parientes que hacen fotos del bebé y claman por cogerlo en brazos. Incluso hay algunas botellas de champán que el padre de Shikamaru, Shikaku Nara esconde detrás de la espalda siempre que aparece una enfermera.
Ino y Shikamaru sonríen de oreja a oreja mientras vuelven a contar los detalles de cómo Ino rompió aguas, del viaje en taxi hasta el hospital y de su pelea, justo antes de que le pusieran la epidural a la rubia, cuando Shikamaru reconoció que había olvidado la cámara de vídeo en casa. Todos reían y escuchaban y admiraban al pequeño, que es calcadito a su padre.
Unas escasas mechitas castañas y expresión perezosa.
Es un momento feliz para todos, pero Itachi casi no comenta nada… o al menos se la piensa para hacerlo; esta muy consciente del efecto que la celebración tiene en Sakura. La domina la emoción y está claramente encantada por sus amigos, pero también es evidente que se siente inquieta y algo melancólica.
No del todo triste, pero tan cerca como se puede estar de sentirse triste sin llegar a estarlo. Su expresión recuerda a una dama de honor, soltera, en un banquete de bodas, cuando escucha el vigésimo brindis de la noche.
Justo cuando le toca el turno de cargar al bebé, una enfermera entra en la habitación y Shikamaru les pide a todos que, por favor, se retiren. A Sakura le sorprende que a Ino, que de haber nacido unos años atrás habría sido de las que quemaban el sujetador, le importe un pimiento su intimidad, pero una vez más, ¿no dicen que un bebé lo cambia todo?
Itachi y Sakura felicitan a Ino y a Shikamaru una vez más y les dicen que los llamarán después.
Mientras vuelven a casa en el metro, Itachi piensa que ojalá Sakura se dé cuenta de que la fiesta no dura para siempre, que una vez te llevas al bebé a casa y pasan unas semanas, se acaban el champán y la juerga y te quedas solo en mitad de la noche.
Claro, durante el viaje también a Itachi se le había ocurrido algo. Algo leve para calmar un poco los gritos del reloj biológico de Sakura.
Dejaron pasar un par de semanas y le propuso, inocentemente, ofrecerse a los Nara ayudarles a cuidar al bebé por una tarde, para que tengan la oportunidad de salir los dos, solos. Sakura dijo que es una idea fantástica. Llamó a sus amigos, que aceptan encantados.
Así que el viernes por la noche, Itachi y Sakura toman un taxi hasta casa de los Nara y suben a pie hasta un tercer piso sin ascensor —Itachi comento lo difícil que debe de ser cargar con un cochecito escalera arriba y escalera abajo—. Teniendo la esperanza de encontrarse con un par de padres ojerosos, una casa hecha un desastre, el hedor de la leche agria mezclado con el de los pañales sucios, pero Shikamaru abre la puerta bien afeitado y tan campante, e Itachi observa, consternado, que el piso está limpio como un espejo.
—¿Adónde piensan ir esta noche? —preguntó Sakura, ansiosa por que se pongan en marcha y dejen al bebé con ella y con Itachi.
—Cambio de planes —dice Ino alegremente. Sakura observó que está guapísima. Lleva el pelo recogido hacia atrás en un elegante moño y todavía tiene ese brillo propio de las embarazadas.
—¿Cómo es eso? ¿Están demasiado cansados para salir? —preguntó Itachi inocentemente.
—No. Vamos a salir todos. ¡Nos espera una mesa para cuatro en Ichiraku´s ! —dice la rubia.
Sakura maldijo en silencio su elección de ropa: unos casuales jeans, una blusa negra lisa y zapatos planos. No podía protestar diciendo que iba vestida para hacer de niñera. Conocía muy bien a Ino y sabía que no era probable que aceptaran un "estoy en fachas", como excusa.
—¿Están seguros? —preguntó—. Queríamos que tuvieran un poco de tiempo para ustedes solos.
—¡Claro que no! ¡Les echamos de menos, "frentesota"! —afirma Ino, abrazándo a su amiga.
—¿Y quién va a cuidar de Shikaichi? —pregunta Itachi.
—Viene con nosotros —dice Ino, riendo.
—¿Lo dices en serio?
Ino asiente.
—Duerme todo el tiempo, no es tan problemático por ahora —dice Shikamaru, tomando el asiento del coche y levantándolo, con su hijo dentro, como para demostrar lo que ha dicho—. Esto... ¿quieren cargarlo un rato antes de marcharnos? Tenemos unos minutos... y no se despertará.
—Claro. Deja que primero me lave las manos —dice Itachi educadamente.
Va a la cocina y se lava bien, mientras considera qué estrategia seguir. ¿Debería sacudirlo un poco para que se despierte? ¿Debería fingir que no sabía cómo cargarlo, lo cual demostrará que los bebés no son lo suyo? Se seca las manos y decide que estos trucos quizá sean demasiado evidentes. Así que alza suavemente al bebé de los brazos tendidos de Shikamaru. Le sostiene la cabecita con una mano libre y se siento en el sofá, junto a Sakura. Los dos miran al pequeño Shikaichi Nara, que lleva un mameluco de franela blanco y un gorrito a juego. Sigue profundamente dormido… y esto hizo a Itachi Uchiha comprender que el plan se le acaba de ir directo al caño; este bebé iba a representar el papel de bebé perfecto.
Después de unos minutos de conversación, Sakura dice:
—¿Puedo?
Ino sonríe.
—Claro.
Parece que Sakura lo haya hecho siempre y sin titubear en absoluto, sujeta con manos firmes y expertas al pequeño. El bebé abre un ojo y la mira. Luego bosteza, encoge las rodillas contra el pecho y se vuelve a quedar dormido.
Sakura parece embobada.
—¿No tienen un aspecto precioso los dos juntos? —dice Ino.
Itachi asintió, un poco irritado de que la amiga de Sakura haya usado la palabra "precioso". Es la primera señal de que ha cambiado. La antigua Ino nunca hubiera utilizado una palabra como "precioso", a menos que lo hiciera despectivamente.
Sakura le acaricia la mejilla al bebé con un dedo.
—Es increíble lo suave que es su piel.
Claro, todavía no puede tener eccema o acné infantil, carraspea mentalmente Itachi.
Sakura sigue derritiéndose.
—Mira, Itachi, fíjate qué deditos tan diminutos tiene.
El pequeño Shikaichi agarra el pulgar de Sakura e Itachi se pregunta cómo se supone que puede competir con una proeza así. El condenado chiquillo es bueno.
—¿Llora a menudo? —pregunta Sakura.
Ino dice que no, que no mucho, que es un bebé muy dócil.
—Tenemos mucha suerte —añade Shikamaru—. En realidad, tenemos que despertarlo para las tomas de la noche.
—Eso es muy poco corriente —dice Itachi, mirando, nervioso, a Sakura.
Nadie hace caso de su comentario, mientras Shikamaru recupera a su hijo, lo vuelve a acomodar en la silla del coche y encabeza la marcha hasta la calle, donde consigue un taxi casi al momento.
El resto de la noche se desarrolla igual de bien, con el pequeño Shikaichi durmiendo tranquilamente en el ruidoso restaurante. La conversación es normal y divertida y casi ni parece que hay un bebé durmiendo junto a la mesa.
Así que aparte de la palabra "precioso", Itachi no tiene nada contra Ino, Shikamaru ni el bebé.
Aquella noche, mientras vuelven a casa, Sakura le pregunta a Itachi qué tal le ha parecido el pequeño Nara.
El Uchiha le dice, con sobrio aplomo y casi escueto, que es una monada, un verdadero encanto.
—¿Pero? —dice Sakura, porque su tono sugiere un "pero".
Y entonces, Itachi empezó a desbarrar diciendo que es muy raro que un bebé duerma tanto. Le recuerda a Sakura que todos los hijos de su primo Shisui tuvieron cólicos y que, incluso si no tienen cólicos, la mayoría dan muchos más problemas que el pequeño Shikaichi. Su monólogo no es precisamente sutil, pero tampoco lo es la refutación de Sakura, la cual no es nada más alejado de la charla de vendedor centrada en ofertas elevadas y nada prácticas acerca de asumir "la total responsabilidad nocturna" de lo que sería su futuro bebé, en el caso de que produjesen uno del tipo difícil.
Es como si creyera que lo único que les impide tener hijos es el deseo de Itachi de disfrutar de ocho horas seguidas de sueño. A continuación, Sakura le suelta un discurso sobre la política liberal del hospital en lo que hace a permisos de maternidad y el atractivo de ser una de tantas mamás que se queda en casa.
—¿Una mamá que se queda en casa? —dice Itachi—. Pero si adoras tu trabajo.
Sakura se encoge de hombros.
—También adoraría a nuestro bebé. La cuestión es que tú no tendrías que cambiar tu agenda para nada, Ita-chan —dice. Y luego lo repite, haciendo mucho hincapié en "tú" y "nada".
—Ya te había oído la primera vez —replicó el Uchiha.
Esa noche, hacia las tres de la madrugada, nuevamente Itachi está despierto y preocupado.
Piensa seriamente en la posibilidad de sacudir a Sakura y decirle: "Te toca encargarte del bebé, cariño". Bien mirado, una cosa es hablar de levantarse en mitad de la noche y otra muy distinta hacerlo cuando lo único que te apetece es dormir.
Pero rechaza esta táctica. Después de todo y tal como han ido las cosas últimamente, lo más probable es que Sakura se levantara, silbando y soltando una retahila de nombres de bebé.
—0—
Sin embargo, el ambiente no es tan favorecedor para Sakura… al menos no como lo piensa Itachi.
Desde ese sutil comentario, ella se ha quedado callada. Llena de resentimiento. No le culpa de algo.
Le culpa de todo.
Aquella mañana, salió antes del hospital a la hora de comer, ha vuelto directamente a casa en taxi y una vez allí no ha sabido qué hacer. Sola en esa enorme casa, ha vagado de habitación en habitación, tratando de averiguar cómo se sentía. ¿Aliviada? ¿Contenta? ¿Furiosa? ¿Decepcionada?
Vacía. Así es como se ha sentido. Eso es todo lo que ha sentido. Todo el tiempo.
Ha encendido el televisor, solo para que hubiera ruido de fondo, y se ha sorprendido a sí misma viendo un programa sobre niños problemáticos. Niños hiperactivos, desobedientes, revoltosos, ninguno con más de siete años, y le han entrado ganas de pegar a sus desesperantes padres.
¿Cómo se atreven a quejarse?, ha pensado furiosa. ¿Cómo se atreven a decir algo contra sus propios hijos cuando tienen el privilegio de tenerlos?
Ha apagado el televisor indignada, ha tomado el abrigo y ha salido, preparada para hacer frente al aire frío de enero. Hacía siglos que no daba un paseo. Antes paseaba mucho, cuando estaba soltera y tenía tiempo.
Ahora ella e Itachi rara vez lo hacen.
Ha caminado hasta el parque central, ha subido corriendo los escalones de hormigón hasta llegar a los espacios abiertos, la piscina para niños vacía en invierno, la pista de atletismo donde solo se ven unos pocos corredores. Era agradable estar fuera tomando el aire fresco. Agradable que se le pusiera la nariz roja de frío, y tener que meter las manos hasta el fondo de los bolsillos de su abrigo para entrar en calor.
Tenía tantas cosas en las que pensar, tantos pensamientos que procesar, que en realidad le ha resultado más fácil no pensar en nada. Se ha limitado a andar.
Se ha cruzado con unos cuantos paseadores de perros solitarios que también hacían frente al frío glacial. Ha dado toda la vuelta al parque, luego se ha sentado un rato en la terraza de un café, calentándose las manos alrededor de una taza de café humeante y cruzando de vez en cuando unas palabras sobre el tiempo con algún paseador de perros que pasaba.
Cuando estaba a punto de irse, ha aparecido una mujer con dos niños. Una niña de unos tres años y un niño de no más de ocho meses que daba pasos inseguros alrededor de la mesa. La niña era hermosísima. Morena, con los ojos grandes y castaños, y unas pestañas larguísimas. Era menudita, tan pequeña como una muñeca, y tenía la más dulce de las sonrisas. Sakura no podía apartar los ojos de ella.
—No, Nozomi —la ha reprendido su madre cuando la niña se ha agachado para coger una galleta medio comida por alguien—. No puedes comer eso. Es caca. —Y ha recogido la galleta del suelo con aprensión y la ha tirado a la papelera mientras la niña la observaba alicaída—. Toma, cariño —la ha tranquilizado la madre, metiendo la mano en su bolso—. Aquí tienes tus preferidas. Ñam ñam. Galletas de arroz integral.
Sakura las ha observado con una sonrisa en los labios, que la abrumada madre le devuelve, dando por hecho que va dirigida a ella. La niña ha dado un mordisco a la galleta y la ha dejado caer al suelo al ver que Sakura la observaba. Le ha dado la espalda y se ha alejado dando brincos, y la ha mirado por encima del hombro sonriendo con coqueta timidez.
—Hola. —El corazón de Sakura se ha derretido al ver su exhibición—. Qué vestido más bonito.
La niña ha mirado a Sakura, la ha examinado de arriba abajo decidiendo evidentemente si hablar con ella o no.
—Es mi vestido de fiesta —ha dicho por fin—. ¿Ves los conejitos? —Se ha levantado la falda para enseñarle los conejos bordados.
—Son preciosos —ha dicho Sakura, deseando tomar a esa niña en brazos y llevársela a casa—. ¿Cómo se llaman?
La niña ha sacudido la cabeza.
—¿Tienes conejos?
—No. Pero tenía dos cuando era pequeña. Como tú.
—¿Cómo se llamaban?
—Tenía uno grande y blanco que se llamaba Yuki, y uno pequeño y marrón que se llamaba Bon.
La niña se ha mordido el labio mientras digería esa información, luego se ha acercado un paso más a Sakura.
—¿Tienes una hija como yo?
Sakura casi ha soltado un gritito del dolor mientras sacudía la cabeza en silencio.
—¿Por qué no?
—Esto... —Sakura ha levantado la mirada al cielo, tratando de contener las lágrimas—. Me encantaría tener una niña como tú, y tal vez algún día...
—¡Nozomi! —la ha interrumpido la madre, que se ha acercado tirando del niño y con el bolso debajo del brazo—. Deja a la pobre mujer tranquila. —Cogiendo a Nozomi de la mano, se ha alejado lanzando una mirada de disculpa a Sakura—. Lo siento —ha dicho, fingiendo no ver las lágrimas—, nos vuelve a todos locos.
—No, no, no importa... —Pero la mujer, al ver las lágrimas de Sakura, ha seguido andando, y Sakura se ha quedado sola llorando por el hijo que no ha concebido.
Continuará
N/A: ...siento que no soy justa ni con Itachi ni con Sakura... pero ni modo, es uno de los menesteres que necesito para que la trama camine... y en cuanto a Sasuke... jejeje ya verán. Veremos algo interesante con él para el siguiente capítulo!
