Actualizado finalmente tras años... xDD a leer!
SE SOLICITAN HIJOS
Capítulo 6.- Tiempos Desesperados, Contingencias Desesperadas
¿Cómo va a explicárselo a Itachi? Itachi Uchiha, que ha logrado interiorizar todo su dolor. Que no habla de ello. No lo comparte. Que cree que la mejor manera de superarlo es seguir como si nada.
Sakura de vez en cuando envidia esa habilidad. Pero las más de las veces le enfurece. Si Itachi no quiere compartir sus sentimientos, ella tampoco va a hacerlo, pero ese vacío, dolor y sufrimiento se están convirtiendo en una carga demasiado grande para ella, y lo único que puede hacer es no gritarle furiosa, utilizando cualquier cosa como excusa para desahogar su rabia.
Hoy, el día que Sakura ha dejado su trabajo, que la han obligado a dejar su trabajo (unas "pequeñas vacaciones", como dijo Shizune), Itachi se queda allí de pie, sin saber muy bien qué decir, qué hacer. Él tiene continuamente la sensación de estar andando sobre cascaras de huevos alrededor de ella. Un movimiento en falso y todo su mundo se vendrá abajo. Es consciente del dolor de ella, de su sensación de vacío, y lo que más desea es tenderle una mano. Pero no sabe cómo hacerlo. No sabe por dónde empezar.
Además, le preocupa que pueda ser demasiado tarde.
—Sakura. —Alarga una mano, suplicante—. No empecemos. Esta noche no. Quiero que me digas qué ha pasado, no quiero discutir por una nimiedad...
—No es ninguna nimiedad —replica Sakura bruscamente, pero él sabe que está ganando, que las palabras no le salen del corazón.
—Lo sé, lo sé —la tranquiliza él—. Lo siento, no quería decir eso. ¿Por qué no acabas de secarte el pelo mientras te sirvo una copa de vino? ¿Qué te parece? ¿Y te apetece un curry esta noche? ¿Encargo uno? ¿Sí? ¿Sakura-chan?
Sakura arrastra el dedo gordo del pie por la moqueta de la escalera, luego se encoge de hombros.
—Está bien —murmura, sonando asombrosamente como una chica de dieciséis años malhumorada
—Vale. —Itachi sonríe para sí mientras la mira subir de nuevo las escaleras. Puede que sea temporal, pero las dotes apaciguadoras de Itachi han surtido efecto. En la cocina, descorcha el vino, se sirve una copa, se la bebe de golpe y vuelve a llenarla rápidamente por si entra Sakura.
Coge la botella y otra copa, y las lleva a la sala de estar para encender la chimenea. No es que la gente tenga chimeneas de leña en Konoha, normalmente solo son imitaciones de gas, pero todo el mundo sabe que Itachi tiene una de verdad. No es raro que se tope con alguien del barrio en sus incursiones al parque, entrada la noche, en busca de leña.
La segunda copa de vino se vacía en segundos. No es un gran bebedor, pero sabe Dios que en ese momento necesita algo que le ayude, algo que alivie el dolor.
Si fuera un hombre religioso, piensa, dejando la copa en la mesa y cogiendo el teléfono para encargar la comida, se pondría a rezar a Dios ahora mismo.
—0—
En sus épocas de universitarias, las inevitables botellas de vino estaban enfriándose en la nevera de Sakura, y las cuatro chicas hablaban por los codos mientras cortaban lechugas, preparaban adobos y ponían patatas fritas y salsas en boles.
Comían alrededor de la mesa de la cocina y, según su estado de ánimo, se quedaban allí hasta altas horas de la madrugada, hablando de sus vidas, su pasado, sus hombres, sus ilusiones, o se dejaban atraer hacia la sala de estar, a veces para ver la televisión, o para leer las revistas que Sakura tenía amontonadas junto al televisor. Era esa clase de amistad, espontánea, natural. Tan íntima como una familia, pero sin las relaciones de poder.
Ahora que sus vidas han cambiado, tal vez la que más echa de menos esos tiempos es Sakura. Ino está completamente feliz con Shikamaru y su pequeño retoño, la recién casada Hyuuga disfruta de un inicial matrimonio de ensueño con Naruto.
Y Tenten, quien antes se había sumergido en otro mundo cuando salió de Konoha. Tenía un nuevo círculo de amigas que no se invitan mutuamente a sus casas, ya que todas viven en apartamentos del tamaño de una caja de zapatos. Hace más de un año que no han visto sus cocinas, quedan en restaurantes y bares, y se sientan a cotorrear mientras comen copiosas (metafóricamente hablando) ensaladas sin queso y sin aliñar, y bagels tostados sin mantequilla. Ah, y una porción de queso para untar. Sin grasa. Solo una capa fina, gracias.
Pero ¿y Sakura? Sakura trató de fusionar su vida con la de Itachi, y al ver que no funcionaba se desprendió de su vida. De su vieja vida. A los amigos que él no había aprobado ya casi no los veía, y no había hecho amistades nuevas, ya que —se decía a sí misma— estaba demasiado ocupada con él, aunque últimamente apenas salía.
Se dijo a sí misma que estaba preparada para una relación a largo plazo. Con Itachi. Y para un hijo. Durante nueve meses todas sus energías se han ido en eso, y solo ahora que las tres vuelven a estar juntas, aunque en un restaurante, Sakura se da cuenta de lo mucho que ha echado de menos su grupo. A sus amigas. A sus almas gemelas.
"Echo de menos estar soltera." Las palabras irrumpen en su mente. Trata de apartarlas bebiendo un sorbo de agua, luego se relaja ligeramente. Después de todo solo son palabras, no significan nada. Sin duda no significan que tenga que hacer algún cambio importante en su vida.
Pero sin duda da qué pensar, lo fácilmente que esas palabras se le han colado en su mente, lo reales que parecen, y en ese instante sabe que lo que echa de menos no son los hombres, o las aventuras y la emoción de estar soltera, sino la libertad.
De pronto se da cuenta de que está atrapada. "Estoy atrapada en una relación con un hombre que me gusta mucho, pero preferiría estar sola."
Oh, Dios. ¿Realmente lo creía?
Sacude la cabeza para borrar ese pensamiento, reemplazándolo al instante por una imagen de un bebé gordo haciendo gorgoritos. Así está mejor, se dice, con el pulso todavía acelerado de la conmoción que le ha producido admitir algo que en el fondo sabe que es cierto, pero que aun así no quiere reconocer de forma deliberada.
Su respiración empieza a acompasarse mientras enfoca esa imagen. Un bebé gordo tumbado en una alfombra de piel de borrego, gorjeando encantado y sonriendo mientras ella le coge los pies. "Quiero un hijo", se dice, y se apresura a añadir: "y a Itachi. Y una familia. Apartaré de mi mente todos esos pensamientos inconexos de estar soltera. En esto me voy a concentrar en adelante".
—¡Tierra llamando a Sakura. Tierra llamando a Sakura. Adelante, Sakura.!—clamó Tenten.
Sakura sacude la cabeza.
—Oh, lo siento, solo estaba pensando en los viejos tiempos y en lo mucho que echo de menos esto.
—¿Echas de menos qué? —Ino se siente ofendida. Después de todo, Sakura y ella siguen quedando, salen a comer de vez en cuando si Ino tiene una reunión cerca del consultorio de Sakura y esta no está desbordada de trabajo.
—Las cuatro juntas. Es tan agradable. Me hace sentir...
—¿Cómo? —la incita Tenten, y Sakura se encoge de hombros.
—Creerán que estoy loca —mira a las chicas—, pero me hace sentir completa.
—¿Quieres decir que no te sientes completa el resto del tiempo? —Tenten, Hinata e Ino se miran asustadas, pero Sakura no se da cuenta y Tenten ha afectado un aire despreocupado.
Sakura se encoge de hombros.
—¿Crees —pregunta Tenten con cautela— que es posible que estés intentando tener un hijo porque piensas que eso podría hacerte sentir completa? ¿Que tal vez no vas a encontrarlo fuera de ti?
—¿Qué quieres decir?
Tenten se recuesta en su silla, porque recuerda a la Sakura de antes. Recuerda a la Sakura llena de vida, pero también recuerda los momentos más tranquilos. Recuerda las veces que Sakura la telefoneaba llorando porque se sentía sola, o que desaparecía durante días, encerrándose en su casa para regodearse en la autocompasión y la tristeza.
No mucha gente conoce esa faceta de Sakura Haruno. Por dura e inflexible que pueda mostrarse en el trabajo, es vulnerable y tierna en la misma medida. Y Tenten recuerda claramente a Sakura diciendo que quería encontrar a su media naranja.
Ino siempre decía que cada uno podía ser feliz con varias personas, pero Sakura siempre le llevaba la contraria. Sakura tenía la sensación de que ahí fuera, en alguna parte, estaba el hombre que le haría sentir completa, e incluso entonces Ino quería decirle que estaba equivocada, que solo se llevaría un chasco si vivía esperándolo, pero nunca se presentó la ocasión para hacerlo.
—¿Recuerdas cuando decías que querías encontrar a tu media naranja?
Sakura asiente.
—¿Y recuerdas que yo no creía en ello? Verás, si esperas que otra persona te haga completa nunca encontrarás la felicidad.
—Pero yo he sido feliz —protesta Sakura—. Era feliz con Itachi. Soy feliz con Itachi.
—Pero esa no es la verdadera felicidad —tercia Hinata—. Tengo que dar la razón a Ino y a Tenten. Itachi, por encantador que sea, no te ha hecho sentir completa, y tampoco creo que lo haga un hijo. —Sigue hablando, pasando por alto la expresión de dolor de Sakura, y pone una mano sobre la de ella—. Te queremos, Sakura, pero Dios sabe que si hay alguna posibilidad de que este hijo sea una gran equivocación no puedes seguir adelante con ello.
Sigue un largo silencio, y de pronto Sakura se echa a reír.
—¿Qué hijo, maldita sea? —dice—. En este momento dudo mucho que sea algo en lo que alguna vez me tenga que preocupar.
—0—
Ino es la primera en marcharse. Aunque ha estado animada, ha tomado la costumbre de dormir una siesta a media tarde, y las otras dos han soportado quince minutos de bostezos antes de recordarle que tenía que irse. Hinata le sigue, augurando que posiblemente Naruto traiga la cena –lo que será un 90% de probabilidades de más miso ramen- y ella termine dejándole su ración.
Sakura y Tenten se quedan. Tenten está de vacaciones y Sakura es como si lo estuviera. Echa de menos estar ocupada, sentirse necesitada, pero no ha pensado siquiera en el consultorio.
Shizune la telefonea de vez en cuando para contarle los cotilleos, lo que, si bien es un detalle, a ella la deja fría.
El camarero trae más capuchinos y Tenten mete una mano en el bolso y saca un trozo de papel.
—Escucha. Probablemente no debería darte esto, pero bueno. Conozco a una chica de Sunagakure que estuvo tratando de quedarse embarazada casi un año y no pasó nada. Al final se metió en internet para buscar información sobre tratamientos de fertilidad y demás, y encontró este ritual de fertilidad en alguna página pagana...
A Sakura se le acelera el pulso mientras susurra asombrada y un poco asustada:
—¿Un hechizo de fertilidad?
—Algo así, supongo. Pero creo que tienes que llamarlo ritual. El caso es que se quedó embarazada un mes después de hacerlo, de modo que le pregunté si podía darme el hechizo, quiero decir, el ritual, y lo he traído, y no estaba segura de sí dártelo o de si, mierda, va a funcionar siquiera, porque, por lo que a mí respecta, podría haber sido perfectamente una casualidad...
—¡Tenten, te quiero! —grita Sakura, cogiendo el trozo de papel y rodeándola con el brazo—. Creo que podrías haber cambiado mi vida.
—0—
Leen el ritual juntas. Todos los "ingredientes" se pueden conseguir. Sakura, como es natural, quiere hacerlo inmediatamente. Tenten tenía pensado ir de compras por el centro comercial de la zona, pero siente demasiada curiosidad por ver si funciona, de modo que accede a estar con ella para darle apoyo moral.
—Pero ¿estás segura de que eso no estropeará el hechizo? ¿Quiero decir, el ritual? ¿Que yo esté allí?
—No si tus intenciones son las mismas que las mías —dice Sakura con una sonrisa de oreja a oreja, posiblemente la primera sonrisa sincera que se le ha visto durante meses.
—Puedo pasar sin un hijo, muchas gracias —dice Tenten horrorizada mientras Sakura ríe.
—No seas tonta. Siempre que me visualices a mí con un bebé y te lo tomes en serio, todo irá bien. ¿Crees que seguirá surtiendo efecto aunque no sea luna llena?
—¿Por qué tiene que ser luna llena?
—Mira, lo pone aquí: "Es preferible hacer este ritual con luna llena".
—Si te dijera que no, ¿esperarías la próxima luna llena?
—No.
—Entonces ¿por qué te molestas en preguntar? —Y da un codazo a Sakura, que arquea las cejas pero sigue sin poder borrar la sonrisa de su cara.
Vuelven a casa pasando por la abarrotada avenida principal. No es la ruta más directa, hay que reconocerlo, pero es el único lugar donde creen que podrán conseguir todos los ingredientes. Encuentran exactamente lo que están buscando. Es la primera vez que Sakura agradece todas las tiendas "New Age" que siempre ha considerado tan inútiles. Normalmente no son su estilo, hay que decirlo, y le marea el olor a incienso, pero tiene su lista de la compra firmemente agarrada y es poco probable que encuentre los ingredientes en algún supermercado comercial.
Velas, hierbas extrañas, un cuarzo, un cristal de malaquita y quien sabe qué tonterías más que si la misma Tsunade se enterase, le arrebataría el título, la cédula profesional y la echaría del consultorio tan rápido que el viento le volaría el birrete de la escuela de medicina.
Pero ni modo, como decía la propia Sakura… "tiempos desesperados, contingencias desesperadas"… además tenía un poco de curiosidad en las creencias populares.
—"Empieza colocando por la habitación del ritual las velas, las hierbas, el mortero y todo lo mencionado más arriba, y a continuación proyecta el círculo." —Sakura mira a Tenten. Han vuelto, y están sentadas en los brazos de los sofás de la sala de estar de Tenten—. ¿Qué crees que significa "proyectar el círculo"?
—Probablemente colocar todas las velas, hierbas y demás en un círculo.
—Puede. ¿O crees que significa colocarte en el centro de la habitación y trazar un círculo imaginario alrededor de ti?
—No lo sé. Pero siempre puedes hacer las dos cosas, por si las moscas.
Entre las dos apartan la mesa de centro, luego colocan con solemnidad todos los ingredientes en un círculo en el centro de la sala de estar. Se sitúan espalda con espalda dentro del círculo después de vestirse de blanco, ya que Sakura ha dicho que es un símbolo de pureza y así tienen más posibilidades de meterse en el papel, y, quién sabe, hasta podría tener una influencia positiva en el hechizo. Perdón, ritual.
Pero Sakura solo tiene unos pantalones blancos, de modo que Tenten está allí de pie con una sábana blanca cruzada sobre un hombro como una toga.
—Mierda. —Sakura sale del círculo—. Yo también tengo que llevar una sábana.
—¿Cómo?
—Se te ve más auténtica y no es por ti por quien hacemos este hechizo. Espera, voy a cambiarme. —Sube las escaleras y al cabo de unos momentos vuelve a aparecer con una sábana idéntica.
—"Opcional: Talla tunas de fertilidad en la vela verde" —recita Tenten entrecerrando ligeramente los ojos, ya que el trozo de papel está fuera del círculo y tiene que inclinarse mucho para leerlo, y Sakura ha decidido que toda la habitación esté iluminada solo por velas, de modo que no se ve bien—. ¿Qué demonios es una tuna de fertilidad? —Tenten vuelve a forzar la vista—. Perdón, runas.
—Ah. —Sakura se ríe—. Vamos, hazlo.
—¿Cómo? —Tenten pone cara larga—. ¿Qué te hace pensar que sé lo que es una "runa" de fertilidad?
Sakura gime.
—¿Puedes llamar a tu amiga y preguntárselo?
—No tengo su número aquí. Mira, no te preocupes, pone que es opcional, de modo que seguramente funcionará sin eso.
Sakura no está convencida. De pronto se le iluminan los ojos.
—Ya lo sé, ¿qué tal si tallamos un pene erecto en la vela?
Tenten se echa a reír hasta que se da cuenta de que Sakura no bromea.
—Hablo en serio —insiste Sakura—. ¿Sabes ese gigante de tiza empalmado?
Tenten la mira fijamente.
—¿De qué estás hablando?
—Ya sabes, el monigote ése gigante en la frontera entre Oto y Ame. Esa enorme silueta de un hombre que se supone que es un símbolo de la fertilidad. ¿Qué puede ser más fértil que un pene erecto?
—¿El esperma? —ofrece Tenten arqueando una ceja.
—Tenten, dadas mis dotes artísticas, si tallo esperma en esta vela verde, el "poder superior" creerá que he dibujado renacuajos y podría acabar con el jardín lleno de ranas.
—¿Qué te hace creer que se te da mejor tallar un pene erecto?
—Porque he tenido quince años y todavía me acuerdo de cómo se hace.
Una vez tallado el pene, la vela vuelve a su sitio, y las dos mujeres se colocan de nuevo espalda con espalda en el centro del círculo.
—No puedo hacerlo. —Tenten sale de un salto y se cruza de brazos—. Yo no quiero quedarme embarazada. ¿Y si esto surte efecto? ¿Por qué no me quedo yo fuera del círculo y te digo lo que tienes que hacer?
Sakura cede, porque la verdad, quién sabe qué pasará, y Tenten sale del círculo para empezar el ritual.
—"Enciende la vela Dios. Di: "Invoco a Dios, Señor, Padre y Dador de Vida. Te pido que custodies este círculo y a mí que está en él, y me protejas del peligro"."
—¿Quieres decir "estoy"? —susurra Sakura.
—¿Cómo?
—¿Quieres decir "a mí que estoy..." ¿O "a mí que está..."?
—Esto es lo que pone aquí. Ninguno de los dos me suena muy bien. Tú hazlo. "A continuación enciende la vela Diosa. Di: "Invoco a la Diosa, Señora, Madre y Dadora de Vida. Te pido que custodies este círculo y a mí que está en él, y me protejas del peligro".
"Ahora di: "Invoco a las fuerzas de la naturaleza, a la Vida propiamente dicha. Te pido que custodies este círculo y a mí que está en él, y me protejas del peligro".
"Enciende la vela morada —entona Tenten con solemnidad, luego grita rápidamente—: ¡No! La verde no. La morada.
—Mierda —dice Sakura muy bajito—. Casi no veo. ¿Puedes encender más velas fuera del círculo?
—No. No estropees el ambiente. "Siéntate en el suelo y empieza a meditar mientras repites: "Lava mi cuerpo, lava mi espíritu, lava mi mente", durante unos diez minutos.
Veinte minutos después Sakura susurra algo a Tenten, que se siente totalmente relajada y está pensando que la meditación trascendental probablemente no es tan mala idea, después de todo.
—Perdona. "Enciende la vela verde. Coloca delante de esta la bolsa y los cristales. Coge parte de las hierbas y tritúralas en el mortero mientras tienes pensamientos sobre fertilidad."
—¿Qué clase de pensamientos sobre fertilidad? —dice Sakura presa del pánico.
—Ahora voy a eso. "Visualiza que estás embarazada y sostienes a tu bebé. Cuando acabes con las hierbas, mételas en la bolsa diciendo: "Un hijo crecerá en mis entrañas como hizo Dios dentro de la Diosa"."
Sakura ahora está muy seria, concentrada en triturar las hierbas con el mortero, con la cabeza llena de pensamientos de su bebé, de su barriga hinchada, de una diminuta criatura haciendo gorgoritos.
—"Cuando todas las hierbas estén en la bolsa —recita Tenten al ver que Sakura está preparada—, coge los dos cristales, colócalos delante de ti e imagina que una bonita luz verde los ilumina, haciéndolos brillar. Cuando creas que lo has hecho suficiente tiempo, mételos en la bolsa, diciendo de nuevo: "Un hijo crecerá en mis entrañas como hizo Dios dentro de la Diosa".
"Por último, cierra bien la bolsa y llévala contigo a todas horas, y cuando practiques la "danza del bebé", colócala sobre tu barriga."
Sakura para y mira a Tenten alarmada.
—¿La danza del bebé? ¿Qué demonios es eso?
—Probablemente un baile sensual sacando la barriga. Así. —Tenten se pone lo más seria que es capaz y hace la danza del vientre alrededor del círculo, sujetándose con cuidado la sábana para que no se le caiga o le haga tropezar—. ¿No tienes música?
Unos minutos después Sakura vuelve a estar dentro del círculo, absorta en los ritmos del disco compacto de Air que, en opinión de las dos, era el único ligeramente espiritual de su colección. Tiene la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, y se balancea de forma seductora disfrutando de la sensación de libertad, de abandono, mientras Tenten se mueve alrededor del círculo, haciendo girar las caderas y los brazos.
—Ejem. —Itachi se aclara la voz y deja el maletín en el umbral—. Espero que no les importe que les pregunte, pero ¡¿QUÉ DIABLOS ESTÁ PASANDO AQUI?!
CONTINUARÁ
N/A:
No hagan lo que hace Sakura... eso es un consejo, NO una moraleja xDD
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