Capítulo 2

NATURALEZA BELLA Y PELIGROSA

La luna se había alzado sobre aquel manto azuloso oscuro como una ominosa perla, iluminando todo con una luz de plata, fría y tan imponente como la nieve que cubría todo el bosque.

Usualmente era un completo suicidio dividir al grupo de caza, pero éste era un invierno crudo y miserable y las presas escaseaban; no era un buen momento para ponerse exigente ni con la comida ni con las leyes del Clan… a pesar de que la manada también había comenzado a desfallecer. Los Uchiha predominaban, el infortunio iba para los pocos descendientes de los otros clanes que antaño habían contribuido con sus menguadas fuerzas a poblar la manada de Madara Uchiha, sin embargo el clima, la falta de alimento y la misma jerarquía Uchiha les eliminó poco a poco. Simple ley de selección natural.

Tres sombras corrían entre la mullida maleza. La nieve crujía bajo sus zarpas gruesas, con las garras sutilmente echadas hacia fuera amortiguando la velocidad de sus pisadas y dejando un sutil y casi exiguo rastro mellado a su paso.

Las huellas de la presa se perdían bajo el escarpado terreno. Era un ciervo, y le habían estado siguiendo desde la opulenta arbolada que rodeaba una de las laderas de la montaña. Hasta entonces aun estaban al abrigo del territorio de la manada, y lo que había comenzado como una habitual correría en busca de sustento con el habitual grupo de caza, se tornó una ofuscada escaramuza.

El rebaño de ciervos se había dividido y con éste, el grupo de cazadores, dejando a los últimos tres –dos hembras y un macho- a la deriva del área límite de los dominios de la manada.

El helado viento de la montaña del norte comenzó a crepitar entre las ramas y la nieve volvió a caer con lentitud. La premisa de una nueva ventisca venidera.

—¡¿Segura que es por aquí?! —resolló una loba de rubia pelambre, ahora casi cubierta del sutil mando blanquecino de nieve. Ambas orejas erguidas y captando hasta el más mínimo sonido a su alrededor, inclinó una hacia la derecha, esperando una respuesta.—¿Mikoto?

Una silueta emergió de entre los matorrales. Una hembra de lustroso pelaje negro ébano y brillantes orbes color carmín se detuvo casi al borde del terraplén. Contempló de reojo el escurridizo rastro mellado en la nieve, ahora desapareciendo poco a poco a causa de los densos copos.

—Yo… yo creía que… sí… —respondió está en un susurro. Buscaba con la mirada en derredor—Pero las huellas han desaparecido…

—Y ya empezó a nevar, a este paso no encontraremos ni las nuestras. —señaló la hembra rubia. El verde jade de sus pupilas destelló sutilmente entre la blancura del entorno, intentando encontrar pista alguna de la desaparecida presa.—Simplemente no hay nada… ¡El infeliz escapó! — La nieve tupió, convirtiendo todo en una cortina blancuzca—… no debimos habernos separado del resto del grupo de caza en primer lugar.

—Se lo prometí a Itachi —aquejó Mikoto, rodeando la otra parte del terreno, sin embargo la nevada arreció lentamente y la brisa se había encargado de borrar todo rastro de aroma.—El ciervo es su favorito.

—Lo conscientes demasiado.

—Cuando tengas a tu primer cachorro también lo harás —Mikoto sonrió afablemente.

La otra simplemente espetó un bufido.

—¡Jah! Sabes que los omega no tenemos mucha oportunidad de comenzar una familia propia… y entre menos hable de los "prospectos" mejor…

Un profundo y grave aullido resonó en corta distancia, proferido por un lobo de pelambre castaño cenizo.

—¡Mikoto-sama! ¡Mebuki-san! —clamó Tekka Uchiha trotando hoscamente hacia ellas—¡Debemos irnos, la tormenta esta arreciando!

Asintieron a punto de echar a andar entre la arremolinada brisa. La nieve se había concentrado en amorfas dunas en el horizonte y la densidad de ésta había tornado toda superficie firme en una insegura y helada almohada, llegándoles más arriba de los codos.

Hubo un estertor a sus espaldas, un crujido de ramas y una silueta correosa se deslizó entre la nieve. Mebuki se giró instintivamente.

El ciervo se había escabullido entre los copados matorrales y daba dificultosas zancadas.

—¡El muy listillo estuvo oculto entre la nieve todo este tiempo!

—¡Pero la tormenta…! —aquejó Tekka fútilmente.—¡Y ese viento no nos dejará avanzar mucho…!

—¡Pues yo no pienso regresar con las fauces vacías… aun podemos alcanzarle!—sin más, la loba de pelambre rubia se giró en dirección a la presa que intentaba escapar en dirección al borrascoso terraplén—¡Yannaró!

—¡Mebuki! –la alterada voz de Mikoto Uchiha se perdía entre el bramido del viento.

Y la tormenta cernía su inmisericorde y helada mano sobre el bosque, impidiendo toda visibilidad posible. Demasiado blanco y demasiado viento, como para preveer la fragilidad que se cernía en el flanco norte del bosque.

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—¡Con este condenado frio nos congelaremos el trasero! —Chouza gruñó, y una densa nubesilla de su aliento se formó en torno al hocico—Minato-sama… ¡¿Seguro que será propicio acampar?!

Minato le miró desde el otro lado de la hoguera, encendida con artilugio de queroseno traído por Shikaku Nara y volvió su atención al mapa, marcando con una garra la ruta recorrida. El resto del equipo intercambió una mirada casi empática con el comentario del Akimichi.

—Sera peor si continuamos con esta ventisca. Y es de noche… estamos cerca del territorio Uchiha, yo no me arriesgaría a que uno de esos salvajes incivilizados me hincase el diente en el cogote. Creo…—InoichiYamanaka apremió con un tono pensativo, interrumpiéndose un momento como para dar énfasis a las palabras—…que sería prudente avivar más el fuego alrededor del campamento.

—Je je, y si los lobos no nos comen, terminaremos como barbacoas peludas —resolló Kizashi Haruno, regresando con un atado de ramas secas sobre el lomo, seguido de Tsume Inuzuka.

—Esa fogata se podría ver desde la aldea, Yamanaka —terció ella.

—Es la idea —alegó Inoichi— Esos brutos le temen al fuego.

—Si pero harás que media jauría de depredadores nos vean también.

Shikaku chasqueó la lengua en tono preocupado.

—La hoguera durará hasta que la ventisca aumente y la nieve se la trague por completo. —murmuró meditabundamente. Las cicatrices de su rostro se remarcaban sobre su castaño pelaje a la luz rojiza.—…entonces no quedará más defensa que los colmillos.

Una carcajada corta brotó de voz de Tsume.

—Siii claro, y tú y el rubio bonito son tan capaces de defenderse a dentellada limpia.

El Nara no arguyó nada. Inoichi solo bufó sutilmente molesto.

—Tan capaces como lo sería usted… Inuzuka-san —señaló fríamente—No debería estar aquí en primer lugar, con una cachorra y una cría de un mes, debería estar en su casa, con ellos al calor del fuego y no aquí como una salva…

La hembra castaña casi le salta al cuello.

—¡¿Cómo una qué?!

—¡Basta! —Minato sólo alzó un poco la cabeza desde donde estaba. Volvió a doblar el mapa y se adelantó hasta el grupo.—…Sería propicio acampar, pero dudo que la hoguera dure lo suficiente, tal y como Nara-san lo menciona. Y hacer guardia para cuidar el fuego y el campamento sería inútil contra el ventarrón… simplemente no se podrá ver nada si éste arrecia.

—Decidido, nos largamos —sentenció Tsume con cierto aire de desafío—. Como si un simple vientecito nos fuese a detener…

—…Pero si nos vamos ahora —Minato completó tal y como había planeado terminar la frase—, posiblemente erremos el camino. La nieve ha cubierto la mitad de las rutas, la montaña es una trampa mortal en este momento.

Tsume bajó el envalentonamiento en su voz y se quedó inmóvil. El resto del equipo quedó en un sutil silencio por fracción de segundo… hasta que un estremecedor coro de aullidos circundó el vacio apagado.

Shikaku Nara exhaló hondamente.

—Quedarnos y terminar como almuerzo… o irnos, aventajar camino y perdernos…

—Y terminar como almuerzo —remató Chouza.

Minato miró de reojo por sobre su hombro, específicamente en dirección de donde habían estado corriendo hasta aquel desolado claro. Un remolino de soluciones acudieron en su mente y encontró una peculiar alternativa, justamente cuando escuchó a Inoichi renegar del encendedor provisional de Shikaku.

—Volvamos a empacar. —decidió Namikase. El grupo le contemplaba atónito. Él se dio a explicar brevemente, con aquel aire de líder nato que siempre expresaba—. Tomaremos la ruta del éste y con un poco de suerte podemos terminarla para el amanecer. Llevaremos las linternas al frente y al costado del trineo, asi podremos ver hacia donde vamos.

—Pero la ruta del este rodea la montaña… tardaríamos un dia más. —aquejó Inoichi.

A Minato pareció no preocuparle mucho.

—Si, pero será un día de viaje por un camino seguro y sin que tengamos que atravesar el bosque o la montaña. —Namikase ya estaba vlviendo a asegurar los arneses. Los demás le imitaron, Inoichi y Chouza casi a regañadientes. Se dirigió a éste último y a Kizashi—Necesitaremos unos cuantos troncos y ramas para equilibrar el peso de atrás, Akimichi-san, Haruno-san. El resto, aseguren sus respectivos arneses.

Chouza echó a andar hacia la derecha y Kizashi a la izquierda, sin internarse completamente en el borde del bosque. No habría necesidad de recorrer medio bosque buscando ramas, sin embargo el rastro mellado en la nieve le distrajo por completo.

Y lo que podrían haber sido unos cuantos metros de distancia desde el campamento, se convirtieron en casi un kilómetro.

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Muy lejos de ahí, al abrigo protector de la montaña y dentro del temido territorio Uchiha, una diminuta sombra corría con la torpeza de la corta experiencia entre el giboso terreno, nevado y blancuzco.

Una voz clamaba desde el interior de uno de los cubiles que bordeaban la rocosa ladera.

—¡Itachi!

El aludido, un lobezno de no más de tres meses, de brillante pelaje negro con motes grisáceos en las mejillas y en la punta de la corta y afelpada cola, siguió corriendo, dando tumbos torpes entre los densos cúmulos de nieve, hasta quedar casi hundido en uno. Se quedó quieto, tratando de sacar impulso con las patas traseras. Una zarpa, igual de diminuta que la de él, le tocó la cabeza en gesto juguetón… hasta que el otro cachorro cayó junto con él, empujándolo de nuevo en la nieve.

—¡Shisui… ! —Itachi miró ceñudamente a su primo, otro lobezno mayor que él por un mes. Un tono negro grafito proliferaba en la mayoría de su pelaje, a excepción del rostro, éste era una tonalidad más clara, dándole una pinta de pilluelo enérgico—¡Baka! ¡¿Qué rayosss… ffhggfgg?!

Shisui puso ambas patas sobre el hocico de su primo, silenciándolo.

—Sshhh… —susurró— Cállate… Obito no nos encontrará aquí…

Itachi apartó de un empujón a Shisui.

—Yo no quiero quedarme aquí, baka… hace frío.

—Si pero yo no quiero regresar a la cueva aun… y hace hambre… y…

Antes de que Shisui protestase algo más, unas mandíbulas se cerraron sobre el pellejo de su cuello, levantándole del pequeño socavón de nieve.

—Aja… loshg encogtree… —masculló Obito, sosteniendo a un inquieto Shisui. Le bajó, poniéndole una zarpa encima para impedir que volviese a echarse a correr.—¡De regreso a la cueva!

—Meeeeh… —gruñó Shisui—¡Tenemos hambre! ¿verdad Itachi?

Éste sólo asomó la mirada. Espetó un gemidito corto.

Obito era primo de aquellos revoltosos cachorros por linaje secundario de la manada. Mayor por unos meses, ya tenia el porte desgarbado de un joven lobato, de pelaje negro grisáceo y revuelto en la parte de la cabeza. Impulsivo y torpe, cosa que lo había llevado a perder el ojo izquierdo en un encuentro contra un alce, el verano pasado precisamente.

Y desde entonces, terminaron asignándole a quedarse al margen de la manada y para desdicha de él, a cargo de los fastidiosos cachorros mientras los adultos –machos y hembras- salían de caza.

Cansado y de mal humor, sacó también a Itachi de la misma manera que lo hizo con Shisui y les miró severamente.

—¡Debemos volver, los adultos regresaran pronto y no quiero tener problemas con ustedes otra vez!

—¡Si pero tenemos hambre! —protestó Shisui.

—¡No me importa!

Antes que siquiera Shisui o Itachi protestaran algo, un estruendo llamó la atención de los tres. El aullido ominoso proveniente del líder de la manada, Fugaku Uchiha, resonó en la cercanía. Obito se quedó inmóvil, delante del cubil mientras escuchaba el barullo que se aproximaba.

La manada había vuelto.

Itachi pudo ver una sombra conocida de entre el grupo. Se adelantó, seguido por Shisui.

—¡Mamá! ¡Mamá!.. —la voz del cachorro Uchiha quedó rezagada en medio de los murmullos de los otros escasos miembros del clan, su mirada encontró a su madre, quien caminaba dificultosamente junto a su padre. La mirada del cachorro se amplió al notar una mancha carmesí en el costado de su madre—¡¿Qué… que pasó?!

—Itachi…—Mikoto se tumbó junto al preocupado cachorro, tratando de apaciguarle. Éste se acurrucó entre sus zarpas, mientras escuchaba a los adultos hablar.

—Dos menos… —masculló Kagami Uchiha, padre de Shisui y tío de Itachi—… este maldito invierno acabará con todos a este paso. Al menos nosotros encontramos medio jabalí para la cena…

—Fue una estupidez dividir al grupo de caza… —terció Naka Uchiha.

—Bueno, pudo ser peor… sieeeempre puede ser peor —aquejó otro Uchiha, uno de los ancianos de la manada.

Si, el invierno que azotó al bosque había mermado por completo al sustento y la caza no solo se había tornado difícil sino peligrosa en los terrenos escarpados, ahora casi invisibles a causa de la nieve. Itachi, pese a su corta edad, estaba consciente y entendía el balance de la naturaleza, cruel, bella pero peligrosa y los riesgos que asediaban a los propios depredadores como su clan.

Aquello, simplemente sería otro capítulo luctuoso y sombrío en la vida de la manada. Escuchó a su madre explicar desde la separación del grupo de caza hacia el terreno norte de la montaña, y cómo el peñascoso hielo de ésta había terminado derrumbándose en un ángulo mortal casi al darle alcance a un ciervo, muy cerca del vértice del río que franqueaba el límite con Konohagakure. Ella no habría logrado salvarse del derrumbe si Mebuki no le hubiera empujado hacia el borde de una de las salientes. Tekka cayó de filo, cuando sus zarpas se resbalaron del terraplén y la cabeza dio de lleno contra uno de los bordes afilados de una roca. Mikoto había logrado incorporarse a salvo desde el otro extremo de una desgranada cornisa de hielo y nieve… sin embargo, no había ya ni rastro ni de Tekka… ni de Mebuki.

Esa noche la manada se había quedado en un mutismo expectante. Un sutil y digno silencio de luto; dos competentes elementos de la manada se habían ido, de clan o de jerarquía baja; el duelo siempre era gesto de consideración, dignidad y respeto.

Mientras nevaba y el viento hacía un eco silbante sobre los árboles.

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El viento helado golpeaba su cuerpo violentamente y el sonido de sus pisadas se combinaba con el jadeo causado por el cansancio. Cada segundo que pasaba más se iba adentrando en las profundidades de aquel bosque y sin darse cuenta , su ritmo aceleraba cada vez más hasta que dejó al campamento atrás.

Paró en seco y olisqueó rápidamente el suelo intentando encontrar el rastro que había captado su atención desde hacía algunos minutos. Estaba a punto de reprenderse por ello, las cuestiones instintivas ya estaban muy olvidadas en la naturaleza de todo inugami* originario de Konoha. Ésas eran cosas de salvajes… o lobos; Ookami* en un término más específico. Y pese a que los Haruno no se destacaban por la inteligencia o sagacidad de algunos otros clanes como los Nara, no había tampoco un instinto más férreo que le obligase siquiera a estar allí…

Curiosidad tal vez, sobretodo cuando su mirada vio hacia lo alto del horizonte. Lo poco que podía verse en medio de la oscuridad era que una de las vertientes de la montaña se había desmoronado con la gracia de un polvorón de dimensiones colosales.

…y aquel aroma… Ese delicado aroma no venía de una perdiz , ni de un ciervo y muchos menos de un conejo , ¿de qué entonces? Lo siguió sigilosamente hasta dar con un enorme tronco hueco en el cual se refugiaba algo … o mas bien , alguien .

Sin dudar ni un solo segundo se acercó hasta el susodicho objeto o ser pudiendo descubrir de qué se trataba exactamente.

—¿Ookami?— Retrocedió unos pasos por precaución , pero bajó la guarda al observar el estado de aquella silueta.

Una hembra de pelaje rubio y de una altura media para su especie, permanecía con los ojos cerrados y encogida. Estaba herida y si nadie hacía nada por ella moriría sin lugar a dudas.

Se volvió a acercar. El verdor de sus pupilas destellaron sutilmente entre la negrura del tronco huego. Ésta entró en razón, consciente de su frágil estado y enseñó los dientes de forma amenazante.

—¿Qui…quién eres?— trató de decir, estaba completamente empapada por el hielo y tiritando y trataba de alejar al desconocido.

—No deberías estar en esta zona… —le ignoró completamente .

—Inugami… —gruñó ella—… bien —trataba de incorporarse en vano—pues… termina tu trabajo … ¿no?

—¿Qué? ¿De qué estás hablando?

—No creo que seas ciego para comprobar que soy una loba… he matado ganado y atacado a otros muchos como tú. No desprecies esta oportunidad y mátame…

El enorme malamute abrió los ojos de par en par , ¿acaso hablaba en serio?

—No voy a matarte – contestó acercándose más a ella, quien se inquietaba con la presencia del desgarbado inugami. – Si fuera así, que fuese cuando pudieses estar en pie y defenderte

—… entiendo

—Tienes suerte de que fuese yo el que te encontrase — giró la cabeza y levantó sus orejas para localizar al resto — estarías muerta si no fuera así …

—No creo que deba llamarse suerte a eso en mi caso… - dijo girando su cuerpo haciéndose una bola amarilla de pelo con el fin de que aquel extraño se fuese de una vez.

—Je… como quieras… no deberías despreciar tu vida todavía… — a lo lejos escuchó las protestas y el barullo del grupo.

—Creo que deberías irte – jadeó ella cerrando los ojos lentamente.

—Lo sé – comenzó a caminar en dirección contraria a la que vino girando de vez en cuando la cabeza para observarle.

Había algo peculiar en ella y por eso , volvería a verle …


CONTINUARÁ...


N/A: Bueno, me tardé un poco en actualizar y es que estaba indecisa con algunos detalles... honestamente no estaba muy segura de si ahondar o no en el preámbulo antes del nacimiento de Sakura... pero bueno, como dice una buen colega mia, los extras dan un poco de profundidad a la trama y pues asi lo dejé... aun queda un capitulo un poco más explicativo y ya tendremos a Sakura en la historia. No tengo prisa solo lo hago para darle mas profundidad a este universo tan peculiar que he creado y que bien hasta se antoja oir con algun buen soundtrack.

Nos leemos en la siguiente entrega, y ya saben, un fic con reviews es un fic feliz y un fic feliz se actualiza más seguido :D