Antes de leer, esta es la terminología obligada:

INUGAMI.- Termino que uso aqui para referencia de los pobladores de Konoha, los civilizados o en otras palabras, perros.
OOKAMI.-
Contraparte importante de esta historia, el termino significa LOBO y precisamente se refiere a éstos. Los Salvajes, por decirlo de un modo básico.

Asi pues... a leer!

Capítulo 3

PRIMAVERA ANTICIPADA

Un silencio sepulcral se cernía en el campamento.

Minato se había quedado pensativo por un instante, pero para Kizashi Haruno, asi como para el resto del equipo, aquello pareció una eternidad. El rubio líder dejó escapar un suspiro apesadumbrado.

—Podría ser arriesgado… —musitó Minato, contemplando hacia el giboso cielo por fracción de segundo—…aunque la ventisca menguó lo suficiente como para no tener que rodear la montaña, asi que podremos retomar el viaje directo hacia Konoha…

—¡No podemos llevar a un salvaje a la aldea! —irrumpió abruptamente Inoichi—¡¿Acaso te has vuelto loco, Haruno?! ¡Es un suicidio!

—Yamanaka… —Minato se interpuso, sin embargo nadie más de la jauría se había inmutado. Aun hasta Kizashi permanecía callado, con las orejas gachas—…si bien en la aldea esta estipulado que no debemos interactuar con los Uchiha, yo no estoy de acuerdo en ello. Y menos en este tipo de circunstancias —hizo una pausa— Si uno de nosotros quedase herido, solo y en medio del bosque y un ookami nos encontrase…

—Nos asesinaría sin misericordia. Asi de simple —completó Inoichi, tajantemente.—¡Los Uchiha son bestias! ¡Por algo Tobirama-sama les echó!

Esta vez, Kizashi intervino.

—Bueno, no se trata propiamente de una Uchiha… —su voz se bajó un tono, casi como un susurro—, es una omega de la manada y siendo de la jerarquía más baja no le veo peligro alguno.

—Haruno —esta vez fue Shikaku Nara quien habló—…sabes perfectamente que está penado que nos relacionemos con ookamis, a pesar de que la era de Tobirama quedó atrás, tenemos reglas que respetar. Y nuestro prestigio como miembros del equipo…

Una sombra avanzó hasta estar frente a éste. Los ojos castaños de Tsume Inuzuka destellearon con un sutil brillo desafiante.

—Y eso también sería un problema para ti… o para cualquier otro de ustedes —sentenció ésta, con un tono de acritud—Prestigio y renombre es lo único que les importa, y olvidan que parte de la aldea se erigió por ookamis. –no esperó respuesta— Que conveniente; ni siquiera porque la mayoría de ellos han sido mejores combatientes que muchos de ustedes.

—Si lo dices por tu marido, sabes perfectamente que nadie le obligó a lanzarse como un suicida ante aquel oso. —terció Shikaku—Fue un accidente. Cómo todo en la naturaleza.

Tsume no alegó. Un corto gruñido de inconformidad escapaba de su aliento y nada más. Tampoco hubo algún otro reclamo por parte de alguien más; sólo una futil calma, silenciosa y meditabunda. El ambiente estaba tenso, pero no tan cortante como en otras ocasiones, esto lo percibió Minato como una peculiar tregua en la discusión y era mejor dejar las cosas así. No podía tampoco repelarle a Tsume por su aprensión ofuscada en todo cuanto se relacionase al incidente del otoño anterior, a Inoichi por su orgullo cortante e insulso o a Kizashi por su desmedida actitud de servicio; después de todo, aquello era el complemento del equipo y eso a él le era más que suficiente, por algo les había elegido.

Ahora, la resolución a la que había llegado no era del todo reprochable. Sin tratarse de un Uchiha en cuestión, el mismo Minato sabía que no podía presentar agravio alguno; y no sería la primera vez que se incluyese ookamis en el territorio de Konohagakure, esto había estado ocurriendo menguadamente desde el deceso de Madara y el hecho de que la manada principal de éste comenzó a diezmarse, debido a riñas por el territorio. Y la gran mayoría de ookamis que emigraron a la aldea pasaron a tornarse ciudadanos tranquilos como algunos descendientes de los Sarutobi, comerciantes como los Aburame o elementos útiles en el sistema del transporte de mercancías en trineo, como lo fuese el fallecido Toboe Inuzuka, quien literalmente había caído en cumplimiento del deber.

Y para una aldea en crecimiento como Konohagakure, población era lo que menos sobraba.

Minato finalmente habló. Contempló a su segundo al mando y a Chouza.

—Reinstalen el campamento, pasaremos el resto de la noche y partiremos al amanecer directo a Konoha, usaremos la ruta del noroeste en diagonal. —explicó claro, ignorando el bufido de fastidio proferido por Inoichi.

Antes de dirigirse al rosáceo malamute, éste se había adelantado a su premisa.

—Asumo enteramente la responsabilidad por ella, Minato-sama.

Namikaze asintió afable. Había estado a punto de indicarle a Kizashi que podía llevarse parte de las provisiones, cuando éste ya se había ido trotando desgarbadamente hacia el bosque, llevando un saco con sobrantes de pescado y carne seca.

En el ultimo instante, notó un ímpetu peculiar en la mirada del Haruno y se recordó a sí mismo, en aquel verano anterior, cuando conoció a Kushina Uzumaki.

—0—

La brisa había disminuido bastante y la nieve había dejado de caer, anunciando con esta parsimoniosidad que posiblemente no nevaría hasta entrada la tarde del día siguiente.

El bosque se sumió en un sigilo apacible. Ahora todo cuanto podía escuchar era el eco de sus propios latidos y el jadeo de su respiración, aun agitada. Mebuki había examinado sus propias heridas una vez que el estertor de sus pulmones menguó. Intentó erguirse pero el ardor en el flanco izquierdo se lo impidió. La herida del coverjón se volvió a abrir, brotando otro hilillo de sangre y un ardor de los mil demonios. Volvió a echarse, enroscando el cuerpo para lamerse la herida; el lomo también crujió agónicamente, después de todo, aquello no había sido exactamente un accidente superficial.

La caída había sido brusca y la nieve, más que amortiguar el golpe, terminó haciéndolo más contundente cuando el resto del peñasco se derrumbó. Meter freno con las zarpas y aferrarse con éstas a cuanta superficie pudo no fue ni mesuradamente útil; la gravedad le había empujado hacia el abismal derrumbe. Por lo menos logró salir de la avalancha, si se hubiera quedado por dos minutos más, habría muerto congelada, como posiblemente había pasado con Tekku.

Un dia… o tal vez medio día, pensaba resueltamente, eso bastaría para reponerse un poco. Sin embargo, la estima de volver ya no le parecía tan obligada. Estaba más a merced del territorio inugami que del Uchiha; regresar a los dominios de la manada le tomaría casi dos días… tres, sino se recuperaba del todo de la pata izquierda. Y si volvía a nevar, si no lograba cazar algo para restablecer fuerzas…

…y si es que Fugaku no se dignaba a aceptarle de nuevo en la manada. A pesar de ser la mejor amiga de Mikoto, la esposa de éste e inclusive el ayudarle a criar a su primer cachorro, no le sumaba importancia en la jerarquía del clan; después de todo, era obligación de los omega asistir a la denominada familia principal; cazar para éstos en casos de pesquisas desgastantes y largas, franquear y custodiar el territorio cuando otros depredadores lo invadían y en ofuscadas batallas con otras manadas, siempre conformaban en el primer frente… asi terminasen como vil carne de cañón. Y si un omega terminaba lejos del territorio, como era su caso, volver, sólo era una mínima opción.

Nadie busca a un omega tampoco. Un elemento de ésta jerarquía que se larga por decisión propia, roces de batalla o por intrincados del destino, no merece la pena ni el tiempo de los alfas o betas para buscarle y regresarle al redil. Simplemente porque así estaba estipulado desde los tiempos de Madara Uchiha.

Podría desafiar un poco el destino poco favorecedor de su rango, hacer acopio de fuerzas y volver…

…o quedarse allí, compareciéndose a sí misma y morir de hambre.

El dolor había vuelto y esto le arrancó un gemido frustrado. Estuvo a punto de tumbarse hacia el otro lado, cuando percibió un aroma terregoso; débil pero diferente al del nevado bosque.

Mebuki abrió los ojos y se giró velozmente a ver al desgarbado malamute de pelo rosa.

Kizashi dejó una porción de carne al lado de ésta.

—¿Qué haces aquí? ¿Para qué has traído esto?

—No te alarmes y come, estás muy débil … —el afable inugami se sentó a su lado y le dedicó una amplia sonrisa , muy típica de él.

Ése era otro asunto que aun no terminaba de comprender; si bien es sabido que los inugami –los pretenciosos y conflictivos "civilizados" como la manada se refería a ellos— eran hoscos de modales y desconfiados, entonces ¿qué rayos hacía éste patético aldeano, trayéndole comida y estando tan cerca de ella?... al parecer el muy idiota no tenía ni la menor idea de lo que era el espacio personal y del riesgo que corría estando tan cerca de un depredador. ¿Qué acaso no estaba consciente de que si ella estuviese en condiciones podría arrancarle el cuello de una dentellada? Podría, claro que en este estado lo más seguro es que terminase con las fauces llenas de ése ridículo pelaje rosa oscuro antes de que el ufano inugami acusara el golpe.

Podría anteponer las palabras antes que las acciones. Mera medida de precaución, después de todo, sería una omega pero un ookami sigue siendo un depredador, sea cual sea su rango.

—Si tus compañeros se enteran de esto… te meterás en un buen lío —Mebuki le advirtió de una forma fría y casi despreocupada.

Y éste pareció no inmutarse por el comentario en absoluto.

—No lo creo, de hecho el líder de la jauría estaba de acuerdo. —asintió —. Puedo llevarte a la aldea… de hecho, tengo entera responsabilidad por ti.

Ufano y patético… y ahora se creía con control sobre ella.

—¿Y para qué querría yo ir a tu aldea? Puedo volver a mi manada.

Kizashi parecía ajeno a los intentos hoscos de ella por desafanarse.

—Debe ser una mala temporada de caza, para que una manada esté dispuesta a mandar a sus hembras en busca de comida. —comentó cambiando el rumbo de la conversación hacia un tema un poco menos conflictivo. Esto era un movimiento artero, no quería empezar una discusión y menos adjudicarse la desconfianza de ella

—¿Y a ti que más te da? Ustedes no tienen que cazar para sobrevivir, y no hacen más que invadir nuestro territorio.

—Bueno, el bosque es territorio libre, los Uchiha sólo tienen parte de éste… y tu no eres una Uchiha, por lo que veo.

Ésta no contestó nada, se limitó a darle un mordisco al trozo de carne seca. A pesar de la seriedad de aquel asunto, el malamute no borraba la sonrisa de su rostro; observar que aquella ookami comía y recuperaba fuerzas le daba ánimos.

—No creo que sea propicio que regreses, si a la manada le importases, y habría mandado a alguien a buscarte. E irte tu sola, es muy posible que mueras.— hubo un silencio sepulcral entre ambos.

Y Mebuki odiaba admitir que aquel pelmazo "pelirrosado" tenía razón.

—Tampoco es que fuera lo mejor quedarme en tú aldea, yo sola…

—Je… ¿quién dijo que te iba a dejar sola? Te dije que tengo… ¡no!, debo hacerme responsable de ti. Es un acuerdo que tenemos en la jauría. Lo prometí, lo respetaré y lo cumpliré —miró de reojo a la ookami rubia—Por cierto, me llamo Kizashi Haruno.

Mebuki terminó su bocado y clavó la mirada en aquel que terminó de hablar.

—Y nunca te callas, ¿verdad?

Éste sólo atinó a pasarse una zarpa por detrás de la nuca en ademán desenfadado; la sonrisa afable tampoco desapareció de su semblante. Ahora no le molestaba tanto el aplomo del inugami, con semejante confianza y desfachatez, era obvio que no estaba fingiendo… y eso era un gesto que nunca antes había visto en algún ookami; la vida en la manada era ruda y cruel, ni en un millón de lunas habría visto a alguno de los machos de la manada con semejante buen humor. ¿Se habría estado haciendo una idea equivocada de los "civilizados" hasta ahora?

Y él no le quitaba la vista de encima. El gesto expectante le invitaba a continuar. Ella susiró haciéndose a la idea de que aquello no sería una simple buena acción circunstancial. Habló, antes de que el malamute continuara con otra interminable palabrería.

—Mi nombre es Mebuki.

—¿Mebuki a secas?

Asintió, sutilmente acostumbrada a la intención de aquella pregunta.

—Si, los omega no tenemos apellido.

—Oh… ¿y por lo visto, amigos o familia tampoco?

Ella negó adustamente.

—No. Sólo los alfa y los beta tienen la oportunidad de encontrar pareja y formar una familia. Los omega sólo somos los asistentes de los clanes principales… simples vasallos, nada más.

Kizashi suspiró a modo de afirmación. Su vista pasó hacia el lóbrego cielo, según sus cálculos deberían ser más de las dos de la madrugada, y pese a que no había brisa alguna, el entorno seguía helado. Bufó, arqueando el espeso pelaje del lomo.

—¡Brrr! Pues si que hace frío. Tengo una idea… —ella estaba a punto de proferir algo, cuando sin previo aviso, el inugami entró en el hueco del tronco, acomodándose con la torpeza de un paquidermo en un pozo de agua. Al menos tuvo cuidado de no empujarle, aunque por el ancho del cuerpo y el denso pelambre le dejó apretada contra el tronco—¡Listo! Así estaremos dándonos calor mutuamente.

—¡Estás aplastándome!

Gimió ante el reclamo.

—Perdona… —Kizashi se movió un poco hacia el flanco derecho, quedando éste contra el hueco y dándole más espacio a ella hacia su izquierda—Ya esta. Podremos descansar lo que queda de la noche, mi jauría se va en la madrugada, no es muy lejos de aquí… y puedo llevarte sobre mi lomo si no puedes caminar…

—Como quieras —susurró Mebuki, volviendo a acomodar la cabeza sobre las zarpas delanteras, intentando dormitar un poco.

Esperaba que con esto se diese por terminado todo diálogo pero no fue asi. Kizashi siguió hablando un rato más; ahora era cuando ella comenzaba a darle la razón a algunos ookami respecto a que los "civilizados" hablaban hasta por los codos. No fue más de media hora cuando el sueño le venció, mientras su consciencia se perdía en los relatos del malamute y su casi extinta familia y un apesadumbrado sopor, sin sueños ni pesadillas.

El vacío de la noche era inmenso y ni siquiera un aullido resonaba en la distancia. Esto no había hecho sino confirmar la decisión que llanamente había tomado… no volvería a la manada, y al parecer, a ellos no les importaría que no lo hiciese.

—0—

Una semana pasó.

En el bosque, la nieve comenzaba a ceder sus densos metros de espesor, el invierno que había estado en su punto más álgido, empezó a decender cuando arribaron los últimos días de enero. La manada Uchiha continuaba su rutina de sobrevivencia, olvidando ya a sus miembros perdidos en ventiscas y nevadas.

Éste era un lugar para los vivos, y los que sobrevivían no ganaban nada llorando a sus seres perdidos.

Tampoco era un lugar para tener misericordia con las especies menores, mucho menos cuando se tiene el estómago vacío.

Ésta lección la aprendió Itachi aquella mañana de inicios de febrero. Ahora con cinco meses de edad, el cuerpo dejando poco a poco los andares torpes de cachorro y con el pelaje cambiando a su coloración de lobato, se había quedado inmóvil delante de la madriguera de un ratón almizclero.

La vista fija en el hoyo –sus ojos estaban adquiriendo ya el tono carmesí característico de su noble clan- y las fauces entreabiertas, simulando un gruñido áspero. No se movió ni un ápice, como si de una estatua peluda se tratáse. Dudaba, y eso era claro para él; dudaba en el movimiento certero y definitivo que pusiese fin a una vida… para alimentar a otra.

Desde cachorro, había probado carne sangrante, ya fuese de ciervo, carnero, jabalí, conejo o especies menores, y no le desagradaba para nada. Estaba en su instinto, era parte de su naturaleza y a él le encantaba. Era esa sensación de poder absoluto, el sentimiento básico de todo depredador… sin embargo, todo ese festín carnicero carecía del vigor que representaba el antiguo arte de la cacería. Aquellas eran presas cobradas por su padre, su madre o alguna de sus "tías". Itachi nunca había sido el tirador de aquel último mordisco que cobrase la vida de la presa…

…hasta ahora.

Su madre, había dejado de salir de caza desde la luna pasada, unos días después de que su "tía" Mebuki desapareció tras la avalancha de la montaña. Itachi creyó que tal vez se había deprimido demasiado por la pérdida, ya que notó a su madre actuar extraño desde entonces; dormía casi todo el día, solía estar agotada hasta para regañarle a él o a Shisui si es que se metían en líos, y el vientre se le estaba abultando. La mañana anterior escuchó a Shisui decirle que oyó a su padre decir algo referente a un nuevo miembro de la manada. Esto intrigó a ambos lobatos pero ni él ni Shisui estaban lo suficientemente seguros de querer preguntar.
Y esta mañana, cuando Itachi se había decidido finalmente a soltar la interrogativa a su hosco padre, éste se le adelantó con la premisa de llevarle de caza, por primera vez.

Ahí murió la curiosidad de Itachi por el asunto de la manada y toda su emoción se enfocó a la persecución que había tenido con aquel miserable roedor que había estado persiguiendo desde el peñasco.

—¿Ya le has pillado? —escuchó la grave voz de su padre detrás, esto rompió un poco el trance que había tenido hacia la madriguera.

—S-si… ¡Se ha metido allí, y no sale! —gruñó Itachi. Miró de reojo a su padre—¿Debería dejarle?

—¡Claro que no! —gruñó éste—¡Escarba el hueco de la entrada! ¡Tienes que obligarle a salir!

Itachi obedeció, no muy convencido. Las zarpas hicieron su trabajo y rosaron con el escuálido roedor… y algo más. Aguzó la vista y encontró cuatro bultitos pálidos y sin pelo debajo de éste. El ookami se apartó inmediatamente.

—¿Qué pasa?

—Tiene… tiene crías… —jadeó el lobato.

Su padre emitió un gruñido reverberante.

—¡Somos depredadores, éste es nuestro deber! ¡No somos guardianes del bosque, cazamos para sobrevivir!

—¡Pero tiene familia…! ¡No voy a matarla! ¿Qué pasará con sus bebés?

Fugaku se adelantó hasta donde estaba su hijo. Erguido y poderoso sobre éste, como un rey colosal y respetable en aquel mundo antiguo y salvaje.

—Si no cazas, morirás de hambre, hijo. No puedes compadecerte de criaturas inferiores. Nosotros también tenemos depredadores y no les importa si somos fuertes o débiles, si somos padres o hijos, si somos alfas u omegas… es la ley de la vida. —su voz resonaba como el trueno de una tormenta venidera—Vas a tener un hermano, Itachi… ¿es éste el ejemplo que vas a darle?

El lobato se dejó caer sobre los cuartos traseros. La frase "nuevo miembro en la manada" le cayó de golpe y aplomo.

—¿Un… hermano?

Su padre asintió.

—Y si yo llego a faltar, al igual que tu madre, serás tú quien le instruya, quien le enseñe a sobrevivir. Debes aprender, Itachi.

La sombra diminuta se escabulló entre la nieve, y el pequeño ookami comprendió que aquello que había enunciado su padre no era una opción, era una obligación. Su propio estómago, gruñendo bajo, le reafirmo lo que se debía hacer. El instinto cobró vida en sus fauces y de una certera y hábil dentellada logró pescar al roedor, antes de que éste volviese a la seguridad de su guarida.

Los dientes hicieron su trabajo. El nuevo cazador había nacido, dejando de lado la inocencia de la infancia. No hubo clamor por parte de su padre, nada más alla de una seca afirmación.

—Tal y como esperaba de ti, Itachi. Serás un buen líder algún día.

Volvieron una vez terminada la pesquisa de la mañana. Itachi no engulló su presa, sino que la llevó completa en el hocico y al llegar a su cubil, la dejó delante de su madre. Mikoto le contempló con una expresión que radiaba entre la melancolía maternal y el orgullo.
Aquella misma noche, bajo una luna creciente y un cielo apacible y despejado, Itachi observó cómo llegaba su hermano al mundo.

Le habían nombrado Sasuke, y él le había jurado –y a sí mismo- que le protegería de todo, le instruiría y cuidaría de él, tal como su padre le había adjurado. Sin embargo, cuando le veía gemir, aun estando al calor protector de su madre, Itachi no pudo evitar pensar en aquellas crías huérfanas, ahora congeladas bajo los escombros de la nieve.

Vivir… y sobrevivir. Esa fue la lección más importante que había aprendido para toda su vida.

—0—

Y la vida retomaba su curso en la civilizada Konohagakure. Enero se esfumó como una bruma de tormenta y febrero, con sus escuálidos veintiocho días, no fue más que un mes pasajero y muy atareado. El invierno retrocedió considerablemente, sin embargo el clima seguía templado, a pesar de que la nieve se había convertido en chaparrones ocasionales.

Aun había cúmulos blancuzcos entre algunas zonas de la aldea, y en otras, comenzaba a asomarse el verdor de la primavera venidera. Más bien, una primavera anticipada que trajo consigo la estación del amor y con ella, la separación de algunos equipos de trineo. El aire estaba cargado de rivalidades amorosas y de susurros afectuosos, inclusive el cielo parecía de un apacible color pastel.

Para inicios de marzo, el equipo de Minato también se disolvió momentáneamente. Aquella mañana, en la sala de mercancías, justo cuando el resto del equipo daba por hecho que la misión se aplazaría debido al retraso del líder, éste llegó quince minutos después con una flamante sonrisa, clamando desde la calle anterior a voz en grito que era padre de un pequeñuelo chillón al que había nombrado Naruto, en honor a un personaje heroico de los relatos de su mentor Jiraiya. La entrega se pospuso para la semana próxima, Amegakure podría esperar una semana más sus provisiones de carne procesada y pescado.

Era temprano, antes del mediodía cuando Kizashi Haruno volvió a casa. El cubil se ubicaba en las zonas límite de la aldea, alejado del bullicio central y lo suficientemente tranquilo. Por lo menos ya no regresaba a una casa sola y vacía. Los fríos y la nieve tienen extrañas maneras de juntar a los desconocidos; aquel falleciente invierno, Kizashi había cumplido a Mebuki su promesa de hacerse cargo de ella. Inicialmente el sentido de la responsabilidad tanteó la invisible barrera del afecto y la sobrepasó. Para finales de enero, podía decirse que eran oficialmente una pareja y a finales de febrero –pese a las hostigaciones burlonas de algunos compañeros de la jauría- se matrimoniaron, aun ante la quisquillosa mirada de Fuu Yamanaka, juez legal y hermano del pretencioso Inoichi.

Esto era meramente protocolo obligado en la tradición inugami, porque en las costumbres ookami, según le había explicado la propia Mebuki, la cosa era distinta, si un ookami reclamaba a su pareja, bastaba sólo un buen cubil y un faisán cazado por el pretendiente y entregado a modo de dote… y no todo el papeleo insulso que ostentaban los "civilizados".

Kizashi abrió el portón corredizo, encontrándose a su compañera nuevamente tendida en el jardín, bajo un cálido rayo de sol. Era la tercera vez en la semana. Posiblemente el ligero calor en la aldea irradiaba sopor, a él le pasaba en la mañana, tal vez las hembras… o las hembra ookami fuesen un poco más receptivas a ello.

—Volviste temprano —susurró Mebuki mirándole sobre el hombro.—¿Ahora quien fue?

—El que estábamos esperando desde un inicio, je… —contestó él, tumbándose junto a Mebuki—Namikaze presume de ser el más rápido de la aldea y me consta, pero para algunas cosas es lento como una tortuga.

Ella se giró levemente, y sus verdes orbes le contemplaron expectantes.

—¿Quién crees que sea el siguiente?

—Hmm… no sé. Shikaku nunca dice nada, pero conociendo a su esposa y el humor que se carga últimamente, podría ser una posibilidad… —Kizashi dejó escapar un suspiro largo, tranquilo y relajado—Todo el mundo esta exaltado con la nueva estación… somos como los árboles y las flores, cuando llega la primavera, el sol brilla… brotamos, florecemos y luego damos fruto.

Un segundo suspiro, esta vez por parte de ella.

—¿Y eso te lleva a deducir algo?

Kizashi no entendió la pregunta… o al menos lo subjetivo de ésta. No ahondó en ello pese a que estaba evitando quedarse dormido. Se irguió levemente, acomodando la cabeza de Mebuki contra su costado.

—Hum.. no—contestó casi distraído. El aroma era tenue, pero sutilmente distinto en el pelambre de su compañera—¿no habías mudado ya el pelaje de invierno?

—Si, el mes pasado.

—Oh… —aspiró más minuciosamente. Y había algo más, de eso estaba seguro—…es que se siente algo abultado… y huele diferente. No mal, sólo… diferente…

Una media sonrisa emergió en el semblante de Mebuki, sin levantarse, sólo se giró hacia él. Kizashi no entendia del todo aquel gesto… o puede que lo entendiese perfectamente.

—¿Entonces no lo adivinas? —incitó ella.

Y eso fue más que suficiente. Estaba tan obvio y distinguible como el blanco del negro… aquello no hizo más que arrancarle una risa nerviosa que luego se tornó en una sarta de frases entrecortadas, muy propias de él en ese estado catatónicamente feliz. Yendo y viniendo de un lado a otro del cubil, moviendo cosas y alegando que podría hacer más espacio y dejar la sala segura para el futuro cachorro… para luego hacer una incontable lista de nombres que según él, habían pasado de generación en generación de Harunos.

A Mebuki sólo le preocupaba el hecho de que su marido se empeñaría en no dejarla sola ni a sol ni sombra, de por si, Kizashi tenía momentos en que se tornaba más que entrometido, ahora con la nueva noticia, podría despedirse hasta de sus siestas matutinas bajo el pórtico.

Por lo menos en las siguientes dos semanas, se reanudaría la entrega a Amegakure y con ello, el que casi echara a Kizashi, quien objetaba que tenía el derecho y la obligación de tomarse dos semanas por paternidad; Minato –desvelado por las incesantes protestas nocturnas de su pequeño retoño amarillo y los gritos de su pelirroja esposa- había accedido a darle el permiso… a él y al resto del equipo, eso antes de que una renuente y un poco más redondeada Mebuki le dijese que no era necesario y que el cachorro nacería después de que regresasen de la misión. A regañadientes, Kizashi aceptó.

Pero la naturaleza tiene sus propios caprichos. Afortunadamente, el tramo recorrido fue rápido, sin inclemencias del clima y sin acechos de depredadores. Estaban planeados tres días de viaje y tres días fueron efectivamente.

Al regresar, cargado con provisiones "de recuerdo" de Ame, Kizashi encontró la casa sola.

O eso pensó, con tremebundo afán. Estaba a punto de echarse a gritar por la calle en busca de su esposa, cuando un ruido casi inaudible le detuvo en seco en el umbral que daba hacia el jardín. Salió, notando que parte de los dispersos hierbajos estaban desperdigados y el terraplén que daba hacia el pórtico parecía haberse escarbado apresuradamente. Bajó la mirada inspeccionando aquello que asemejaba una obra de mustio vandalismo, cuando la encontró.

Tumbada de un costado, aun jadeando por el esfuerzo y la mirada brillante. Mebuki trató de impostar una sonrisa corta y fatigada.

—Ey… llegaste temprano…

—¡¿Qué estás haciendo aquí?! —Kizashi, aun alarmado no pudo sino balbucear—De-deberías estar adentro… ¡Y la sala ¡Hice suficiente espacio en la sala para ti y el cachorro! ¡Y-y-y…!

—Sshhh, cállate tonto, vas a despertarla.

Kizashi se quedó en silencio, con la boca entreabierta. Su mirada intentaba vislumbrar detalladamente, pero a la escasa luz del ocaso, no podía percibirlo a detalle. Se arrastró vientre a tierra, entrando en la madriguera improvisada bajo su casa. Los agudos gemidos provenían de una diminuta y temblorosa bolita de pelo rosa que yacía contra el cálido vientre de Mebuki.

—Ha… ha heredado el color de mi pelaje… —resolló Kizashi, ya un poco más calmado y ocultando inútilmente ese orgullo melancólico paternal—Todo un Haruno.

—Es niña.

Éste rió nerviosamente.

—Jeje, ni hablar, no le quedará para nada el nombre de mi abuelo Momotaro… —su mirada se paseó distraídamente por el entorno del jardín, lo que había llamado su atención era el brote del rollizo cerezo que parecía desfallecer en el borde de la entrada. Una minúscula rama que había dejado dos capullos, pequeños, redondos y rosas... como su recién nacida hija—…Creo… que se que nombre le quedaría perfecto.

Mebuki le miró intrigada y sutilmente severa.

—No se te ocurra ponerle nombre de comida.

—No… no propiamente —sonrió resueltamente. Aquella sonrisa que ella había visto bajo la incipiente nevada de aquel invierno. Y eso no era en broma, en absoluto.

Hizo una pausa corta, casi solemne.

—Sakura … Sakura Haruno.


CONTINUARÁ...


N/A: bueno, segun muchos creerán que hasta aqui llego con los extras y les diré que no, no quise tenderme demasiado con la trama de los Haruno ya que esto es un complemento del desarrollo de Sakura durante la historia (un ir y venir de trama y subtrama para complementar n.n) Ahora veremos hacia donde se orienta esto, ya mas calmado ya que al fin tenemos a la protagonista en escena jejeje.

en fin, al menos alcancé a publicarlo para su onomástico n.n

Reviews? criticas? sugerencias? Toda opinion es valedera, igual si son trolecitos de internet, dejaré los comentarios para recordatorio de la ignorancia humana (si son trolls, claro) :3