"Hola mis queridas lectoras… les traigo de nuevo otro cuento recién profanado del cementerio de mis historias, esta vez solo como advertencia… el miedo es un arma de doble filo, de un segundo a otro nos puede convertir de héroe a victima"
EPIFANIA
"Suelen ser las revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos, brujos, u oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo…" Será entonces… que un sueño tenga la suficiente fuerza para evitar un desastre o más aun… una muerte…
Los tiempos de paz habían traído al santuario una racha de felicidad indescriptible, las amazonas ya no se escondían tras sus máscaras y la joven diosa disfrutaba de la compañía de sus caballeros. Viajes y hermosas experiencias se acumulaban en los que poco a poco se atrevían a salir del santuario. Aunque había algunos que preferían pasar el rato en sus casas entrenando—hay que ser precavido y nunca bajar la guardia—decía el santo de acuario, quien junto a su pupilo se limitaban a pasar de Siberia a Grecia semana tras semana, esa era la razón, o mejor dicho el detonante que justificaba a Milo la intromisión en su templo cargando películas de acción y comedia junto a Aioria y las dos amazonas de plata—Offiuco y Aguila.
Una tarde, de nuevo y sin ningún motivo en especial, Milo había organizado una pequeña reunión en el onceavo templo, él junto a Aioria, habían alquilado una peli de terror, de las que Camus odiaba—que humano con super poderes le teme a chuky y esos pobres efectos especiales—y habían invitado a Marin y la Cobra a verla con ellos, palomitas, refresco y otros snacks fueron el comienzo de la breve sala de cine.
— ¿Qué película es esta?—preguntó Camus sujetando la cubierta del cd donde mostraba un animal peludo— ¿el Can de Hades?
— Muy gracioso… "El peluche sangriento"…—contestó con una sonrisa el escorpión ante la mueca de disgusto de su amigo—Si ya sé que no te gustan pero… vamos es solo una película ¿tienes miedo?
—NO es miedo Milo...—rectificó—es simplemente que me parece absurdo que ustedes busquen algo tan fantasioso y poco creíble.
—Pero es sobre posesiones demoníacas—dijo Aiora sentándose el lado de Marin y abrazándola—es algo real.
—Si ustedes lo dicen—Rendido de las palabrerías de leo y escorpio, finalmente tomó asiento en medio de ambas parejas sintiéndose como mal tercio, al mismo tiempo agradecía que no fuese una de drama, si no tendría que haber cerrado su templo y colocar un cartel de no pasar si era menor de 18.
Un bostezo, luego se fregó sus ojos, se estiró, acomodó sus pies en la mesita frente al sofá y cruzó sus brazos sobre una almohada, sus ojos como persianas se fueron cerrando cada vez más, estaba a punto de dejar de luchar cuando un movimiento en su hombro lo despertó.
—Cielos Cam…—dijo el escorpio frunciendo el ceño—te dormiste en la mejor parte.
— ¿Dormirme?... pero si apenas…
— ¡Regabas babas!—rio—mira—dijo colocando un par de cartelitos de información.
— ¿Qué es esto?
— Nuestras próximas vacaciones…—dijo triunfante Aiora mientras se levantaba y estiraba su espalda—tu, nosotros cuatro, paz y diversión—continuó mientras abrazaba a su pelirroja amazona.
—Pero esto es cerca de Chernóbil Milo… ¿estás loco?—espetó cruzando sus brazos—no iré y no deberían tomar ese riesgo.
—Cam… que esté cerca no significa que vamos a ir a esa ciudad radioactiva, estoy loco pero no para tanto viejo… ¿y entonces te animas?...
Camus suspiró y levantó sus hombros, sujetó los cartelitos y les dio una última ojeada.
—Vamos… solo serán tres días, el fin de semana, una cabaña, el rio—replicó Aioria—no puedes decir que no, nunca sales con nosotros.
Y luego de más de media hora de ruego y buenas razones para ir en compañía de eso dos hiperactivos amigos Camus no pudo si no aceptar resignado, solo serían tres días, que podría pasar luego de eso.
… … … … …
Tres horas de vuelo y su destino se abrió paso frente a sus ojos, era un lugar hermoso sin duda, desde las ventanillas se podían observar los reactores abandonados y la ciudad donde había sido filmada la famosa película "el diario de Chernóbil", al bajar del enorme avión alquilaron un modesto auto y en emprendieron su recorrido hasta la cabaña que habían alquilado.
El tramo era bastante largo, no se imaginaban que tanto, pero ellos habían llegado en la tarde y ya oscurecía, Aioria en el volante y Milo como copiloto alumbraba un mapa con una linterna, Camus fastidiado —a la par de las dos amazonas que no paraban de hablar— veía por la ventana el paisaje que poco a poco se iba oscureciendo, de repente un rotulo, luego otro y otro más, levantó su mirada hacia el espejo retrovisor atrapando la de Milo.
—Por los dioses díganme que no estamos perdidos…—soltó más con furia que miedo—tengo casi media hora de ver rótulos de precaución por todo lado.
—Tranquilo Cam ya casi llegamos—dijo el escorpio regalándole una de sus sonrisas encantadoras.
Marin y Shaina, casi igual de estresadas se cruzaban de brazos.
—Tengo que ir al baño—exclamó la cobra en medio de la nada.
— ¿No puedes esperar Shaina?—pregunto leo fastidiado de conducir.
—Si quieres… pero no me hare responsable por el cargo extra que tengas que pagar por los asientos—sonrío.
—Habla en enserio amigo—replicó el griego.
—Bien hare una parada por esas rocas y hagan todo lo que tengan que hacer, una media hora más y llegamos—dijo Aioria estacionando a un lado del camino.
Estresado y enratonado el caballero de acuario salió para estirar sus piernas, junto a Milo y Aioria que parecían dos cachorros cuando les abres para ir a jugar, se sentó en una roca y observó el cielo, una hermosa luna llena adornaba el cielo junto a pequeñas estrellas, el lugar no estaba tan mal después de todo, brisa fresca, silencio, una paz increíble —aunque un poco tenebrosa—pero en fin, trataría de disfrutar esas vacaciones.
… … … … …
De nuevo en el auto, y casi media hora después llegaron a una especia de casetilla de seguridad, un hombre los esperaba con una linterna y les hizo señas de bajar la velocidad, Aioria bajó el vidrio de su ventana y saludó el tipo.
—Buenas noches—dijo en inglés, suponiendo que el tipo hablase ese idioma.
—Buenas noches—contestó el hombre con acento casi Ruso— ¿en qué puedo ayudarlos?
—Creo que estamos perdidos…—dijo el león retorciéndole los ojos al griego—buscamos unas cabinas llamadas…
— ¿El sueño?—interrumpió el tipo.
—Así es… ¿las conoce?
—Claro, están a un kilómetro más adentro, permítame y les abriré el portón.
—Esto no me gusta—dijo Camus a las chicas que asentían con lentitud.
La peliverde se recostó al asiento del conductor y golpeó la nuca del caballero de leo frunciendo su boca—disculpe—dijo al hombre— ¿por qué el portón?
—Hay muchos animales afectados por la radiación que se han vuelto en extremo agresivos, pero dentro están a salvo—dijo el tipo sonriendo.
La peliverde volteó a Camus y subió los hombros mientras entraban y el tipo cerraba el enorme portón tras ellos.
… … … … …
Dicho y hecho, avanzaron unos minutos más y se encontraron una cabaña en medio de un claro, se veía algo abandonada y un poco sucia, de mala gana bajaron con unas linternas e inspeccionaron el lugar.
—Dime que no pague casi mi salario de un mes para venir a meterme a este lugar chico listo—preguntó la cobra al peliazul, el solo negaba.
— ¡Hay luz!—exclamó Aiora desde el corredor— ¡y parece que esta amueblada y hay comida en el congelador!—grito desde dentro.
—Genial porque si no hubiese encendido esa bombilla, hubiese usado tu trueno atómico como luz de vengala…—espetó Camus tirando la maleta en al suelo.
—Ja…—contestó indignado el heleno—vengala…
… … … … …
La casa tenía tres cuartos, una sala unida a un hermoso comedor y el corredor que se extendía por todo el frente, Camus ocupó el de en medio, él iba solo, sus amigos y respectivas parejas se acomodaron en los dos restantes, entró a la habitación, quitó el cobertor y sacudió precavido toda la cama, acomodó las almohadas y se dejó llevar por el sueño, pasaban a penas las nueve, pero el viaje había sido realmente agotador.
… … … …. …
Abrió sus ojos para darse cuenta que pasaban la una de la mañana cuando escucho un ruido en la ventana, inmediatamente recordó lo que el hombre les había dicho sobre los animales salvajes, tomó la linterna y un pedazo de hierro que había cerca de la chimenea de la cabaña, caminó hasta la puerta y colocó la mano sobre la manija de metal, sintió como del otro lado la movieron y la soltó.
— ¿Cam?—preguntó el griego a sus espaldas haciéndolo respingar— ¿Qué sucede?.
Camus colocó el dedo en su boca y siseó, luego lo llamó y se quedaron juntos uno a cada lado de la puerta, luego de un rato de silencio la manija comenzó a moverse una vez más, ambos abrieron sus ojos y asintieron, con suavidad se levantaron y abrieron la puerta de golpe, nada, una simple y total nada, extrañado el caballero de la onceaba casa caminó hasta colocarse frente a la casa.
—Quién quiera que sea… no es gracioso… y ¡estamos armados!—gritó, no hubo respuesta, a su lado un par de matorrales se movieron, caminó decidido hacia el lugar pero al quitar la maleza no encontró nada.
—Vamos Cam—gritó el griego en el corredor frotando sus brazos—no hay nada ahí, debió ser algún mapache ya sabes, son capaces de abrir un puerta—sonrió—mañana recorreremos el lugar.
Con su ceño fruncido el francés se adentró en la casa sin soltar el barrote de hierro que llevaba consigo.
… … … … …
Las seis de la mañana, y el frio de la madrugada aún se sentía sobre su cuerpo, claro para el eso era la gloria, se desperezó un rato y giró hacia la ventana, se quedó un rato pensativo pero su estómago le recordó que desde ayer en la tarde no probaban bocado, así que siendo el único levantado a esa hora se dedicaría a hacer el desayuno, caminó hacia la cocina solo con los jean que no se había quitado desde la madrugada que salió fuera de la casa.
Abrió la nevera pero lo que encontró dentro hizo que se le helara algo más que los huesos, furioso tomó uno de los recipientes y tocó ambas puertas, saliendo sus ocupantes tremendamente extrañados y en ropa interior.
— ¿Se puede saber hasta dónde llegaras con esto Milo de escorpio?—preguntó entregándole el recipiente—con esto fuiste demasiado lejos.
Milo tomó el embace todavía adormilado, lo giraba y lo giraba sin comprender, Aioria por su lado se sostenía en el marco de la puerta.
— ¡Son dedos!—gritó exasperado el galo al ver que su amigo no le encontraba forma al asunto—no sé cómo lo abras hecho pero con esto te luciste.
Milo soltó el frasco asqueado haciéndolo quebrar en el piso y negó suavemente, a su lado Shaina se abría paso para ir al baño, pero majó uno de los dedos y resbaló.
—Maldita sea —exclamó— ¿no pueden dejar de hacer desastres por un di…a?—cayó mientras tomaba un dedo y lo observaba curiosa.
—Tu querido novio nos quiso jugar una broma de muy mal gusto—dijo Camus de brazos cruzados.
—Esto no es falso Camus…—dijo Marin que se había levantado con el escándalo y tomaba uno del suelo—tienen hueso por dentro, son reales, son muy reales—musitó.
Ambos chicos se observaron extrañados, Milo caminó hasta el refrigerador y lo abrió de golpe, con horror comenzó a sacar frasco tras frasco, ojos, manos, piel, huesos y bolsas de carne.
—Imposible—susurró.
— ¿Qué demonios pasa?—preguntó el león—Milo, estas no son las cabinas que buscábamos, ese tipo nos engañó—dijo sosteniéndolo de sus hombros.
El galo estaba comenzando a sentir su piel crispada, entro a su habitación y se cambió la ropa, salió con una linterna y su chaqueta.
—NO podemos quedarnos aquí—dijo—ya mismo nos vamos, pónganse algo liviano, no quiero conocer los dueños de esta casa.
Todos se cambiaron lo más deportivos que pudieron, tomaron linternas chaquetas por el frio y salieron de la casa, apenas eran las diez, tenían buen sol y tiempo para salir de ahí, ingresaron al auto para toparse con una mala noticia.
—No enciende—dijo Aioria colocando su frente en el volante—todos lo observaron frustrados.
—No está el motor—dijo milo bajándose y alzando la tapa del frente—lo arrancaron.
—Eso es imposible…
—Aio esto se está poniendo espeluznante…—dijo Marin sujetando al caballero de leo por su brazo.
—Iremos a pie—dijo ya con un tono de desespero el galo—no pienso pasar un minuto más en este lugar— tomó su chaqueta y comenzó a caminar.
—He… ¿Camus?—dijo Milo señalando tras de el—creo que debemos ir por otro lado.
Camus se volteó de repente para toparse frente a una criatura de aspecto humanoide que le gruñía y olfateaba desde sus pies hasta su torso. El galo se mantenía recostado en el auto con sus manos aferrándose a su chaqueta y linterna, abierto como un cristo respiraba de manera agitada, la criatura llegó hasta su cuello donde se relamió y abrió su boca.
—Trueno Atómico—grito Aioria distrayendo al horrible animal, pero nada sucedió—¿pero qué demonios?—grito tomando una rama y golpeando a la criatura que ya se había abalanzado contra ellos—muévete Camus—replico mientras tomaba la mano de su compañero y corrían a través del bosque.
Un claro fue la primera parada para tomar un poco de aire.
— ¿Qué demonios era eso Milo?—preguntó la cobra lanzándose contra el escorpión.
—No lo sé—musitó sujetándola de sus brazos—No lo sé—repitió mientras la abrazaba—pero debemos salir de aquí antes del anochecer si queremos vivir.
En otro lado estaba Aioria que observaba sus manos—imposible—repetía una y otra vez—no tenemos cosmos—susurró con sus esmeraldas llenas de espanto.
—Debe ser por la radiación—dijo Camus dejándose caer recostado a un árbol—estamos cerca de los reactores y eso influye demasiado.
—Maldita sea escorpio… tú y tus vacaciones de campo—espeto Aioria fastidiado.
—Lo siento, señor ideas geniales pero te recuerdo que esto es…—un gruñido detuvo la tonta discusión poniéndolos alerta.
Las chicas que estaban en suelo, inmediatamente se pusieron de pie, y tomaron una rama gruesa del suelo, se agruparon en el centro del claro espalda con espalda, sus miradas recorrían lo arbustos un poco más lejos.
—Caminemos rápido… vamos—dijo el galo moviéndose contra la dirección del sonido—debemos llegar el portón y decirle a ese tipo que nos lleve al pueblo.
Sin esperar más los cinco se pusieron en marcha, uno tras otro, las chicas en medio y Camus de último, dos horas de recorrido sin sentido y siquiera había seña de la malla que vieron al llegar.
—Estoy cansada—dijo Marin apoyando su brazo a un árbol—siento que damos vueltas en círculo.
—Animo linda… tenemos que salir rápido de aquí—dijo mientras le daba un beso.
—NI siquiera hemos visto señas de otra cabaña alrededor… y dentro de unas horas oscurecerá.
Un suspiro colectivo y el león cargó a su novia el resto del camino.
… … … … …
Detrás de unas colinas una pequeña cuidad se levantaba, menos que una ciudad un pueblo abandonado, parecían un pequeño barrio de clase media, con un playgraund y unas tiendas de abarrotes, o lo que quedaba de ellas, decidieron acercarse y entrar al lugar para buscar algo de agua y descansar del camino que les esperaba, parecía que el tiempo estaba a favor de su mala suerte, pues a pesar de no pasar de las dos de la tarde el cielo comenzó a tomar un azul grisáceo y oscureciendo el lugar de una manera impresionante.
Aioria y Camus fueron en busca de unas botellas de agua que no estuvieran vencidas, mientras las chicas descansaban junto a Milo en una mesa de lo que alguna vez fue una cafetería.
… … … … …
Un ruido a sus espaldas las hizo ponerse de pie, de igual forma el griego que despacio caminaba hacia el sonido tras una puerta, ya los chicos se estaban tardando demasiado, quebró una silla y avanzó con cuidado, tras de él las dos amazonas de plata se sujetaban, con rapidez abrió la puerta y se alejaron, de nuevo frente a ellos una de esas horribles malformaciones se arrastraba, con más asco que miedo el pelizaul la golpeo varias veces en la cabeza hasta matarla, dejando a su alrededor un charco de sangre bastante grande, casi al instante y frente a la mirada de pánico que se les fue formando varias criaturas de parecido aspecto se abalanzaban al fallecido devorando cada parte de su cuerpo.
—Larguémonos de acá—musito el griego empujando a las chicas mientras esas cosas se distraían con el manjar.
… … … … …
Por otro lado en el súper, los dos caballeros buscaban afanados el agua entre las amontonadas cámaras alguna vez frías, tiraban cuanta botella encontraban pero la mayoría estaban vacías.
—Parece que esas cosas se bebieron todo el agua—dijo por último el león secando una fría capa de sudor en su frente—debemos volver Cam… Milo y las chicas deben estar preocupados.
El galo asintió y comenzaron a salir del lugar, pero no caminaron mucho para verse rodeados de las bestias hambrientas, de nuevo espalda con espalda se preparaban para afrontarlas.
A simple vista las criaturas se asemejaban a un humano, de no ser por su exceso de dentadura y su lampiño cuerpo, algunos podían abrir su boca de manera desmesurada, otros caminaban el piso como una especie mono, por último y como el que habían matado Milo y las chicas, se arrastraban, pero algo tenían en común, el hambre por la carne fresca de los chicos.
—Corre—musito Aioria
— ¿Estás loco?... jamás te dejaré solo
—Vamos Camus… alguien tiene que ayudarle a Milo con las chicas…
—No… tu novia es Marin, vete tu…
—Maldita sea Camus…—dijo golpeando al primer monstruo que se le tiró encima—largate de aquí yo puedo esconderme esperaré por ayuda.
— Leo… Aioria…
—Solo largate ¿sí? Luego me darás un abrazo cuando estemos todos a… salvo—dijo empujando con una patada a otro ser asqueroso— ¡piérdete! Dile a Marin que la amo…
—No… díselo tu cuando vuelvas con nosotros…— dijo con una sonrisa, corrió hasta donde estaban los otros, pero se los encontró de camino mientras escapaban también de las criaturas.
—¿Dónde está Aio?—pregunto la amazona de Águila fijando sus achinados ojos en el galo.
—Dijo que nos alcanzaría luego… vamos
—Cam…
—Confiemos en el ¿Si?...
Con duda y sin dejar de ver hacia atrás se dirigieron al bosque, sin agua, cansados y comenzando a caer una incómoda llovizna siguieron sin detenerse hasta una especia de torre donde al parecer subían los guarda parques. Escalaron y trataron de acomodarse en el estrecho lugar, para desgracia casi caía la noche y ellos aún no habían probado bocado, Aioria no daba señales de vida y el desespero de Marin los tenía con los nervios crispados. Dominados por el cansancio decidieron hacer guardia, primero Milo, se sentó en una de las ventanas y observó cómo la noche y la lluvia que se incrementaban y devoraban cada rincón aun iluminado, de vez en cuando tiraba una ojeada dentro del cubículo, Camus recostado en la pared tampoco podía dormir, las chicas utilizaban sus piernas como almohada.
— ¿Saldremos de aquí?—preguntó volteando su vista hacia el oscuro horizonte.
—Hemos estado peor… ¿no crees?—contesto el galo con un dejo de esperanza.
—No sé por qué nunca te escucho…—dijo el griego sentándose a su lado— Tampoco sé si espero por Aioria o no se… la verdad no sé qué esperar—dijo suspirando con pesadez.
—Volverá, y saldremos de aquí… con o sin cosmos, no somos unos humanos comunes y corrientes—sonrió.
No se dieron cuenta cómo y cuándo el sueño los dominó, pero los gritos de Shaina los trajeron de nuevo al mundo real.
— ¡Marín no está!—grito moviendo a ambos jóvenes—seguro fue tras Aio… maldita sea… es una…—un grito a la distancia los hizo quedar en silencio—Marin—musito la peliverde abriendo la puerta para bajar.
—Ni se te ocurra poner un pie fuera Shaina—la detuvo el griego—estás loca…
—Suéltame… si no me quieren acompañar iré sola…
Ambos caballeros se voltearon a ver, tomaron la linterna y bajaron nuevamente, Milo delante, Shaina en medio de ellos, los tres apuntando hacia todos lados con la luz y un leño de madera en sus manos, llegaron hasta el pueblo y el grito de Marin los puso en alerta una vez más.
—Por aquí…—dijo Shaina entrando en lo que parecía una escuela.
Con sigilo y recostados sobre la pared, los tres jóvenes caminaban hasta lo que parecía un salón de conferencias, la peliverde se asomó por una de las ventanas y logro reconocer a la pelirroja en medio de la gran sala, desmayada, a su lado Aiora.
—Los dos están ahí…—dijo volteando a los chicos.
—Debe ser una trampa—dijo Camus—no abras la puer…
Sin esperar otra palabra Shaina abrió con fuerza las puertas que los separaban del salón, camino un poco para acerarse a los dos que estaban tirados al suelo, la luz era escasa, así que lo único que podía diferenciar era su melena roja, se agachó y colocó su índice sobre la vena en su cuello, dos gruesas lagrimas resbalaron sobre sus mejillas, tras ella los dos caballeros revisaban a Aioria, Camus tomó sus signos.
—Están muertos—musito el griego— MALDITOS ENGENDROS—decía mientras tiraba de un lado a otro las sillas y mesas amontonadas—VENGAN … ¿NO QUIEREN CARNE FRESCA?—gritó mientras golpeaban con fuerza los pedazos de madera en el piso.
—Milo…—llamó la peliverde mientras de la sombras, ciento de criaturas se iban apareciendo—tenemos que salir de aquí vamos—dijo mientras se sujetaba del su brazo.
Camus no paraba de asombrarse con la situación, ellos eran caballeros de Atena, santos de Atena mejor dicho, tenían poder sobrenatural, dotados del cosmos y armaduras doradas, y habían resucitado para morir a manos de unos casi zombies deformes en un pueblo en la nada, corrieron, pero las criaturas eran demasiadas, Milo golpeaba con todas las fuerzas para abrirse camino, Shaina de espaldas con Camus golpeaban y pateaban a los que les seguían, aruñados y bañados de sangre ajena lograron salir y adentrarse una última vez en el bosque, esquivando ramas y rocas, lograron ver con terror que los que caminaban como una especia de gorila les estaban dando alcance, de repente Shaina cayó, con torpeza se levantó del suelo mientras uno de los que se arrastraba sujetaba su pierna.
— ¡SHAINA!—grito el griego para devolverse—vamos linda arriba—dijo golpeando con furia el engendro que trataba de morderle el pie.
Pero al girar una manada de criaturas los rodeaba, rugían, se arrastraban hasta sus cuerpos, mientras ellos de pie espalda con espalda se preparaban para su inútil ataque.
—Milo—musito la peliverde dejando caer dos lagrimas por su rostro.
—Vamos amor… después de esto tendremos la boda que añoras…—dijo mientras comenzaba sin éxito a golpear las cabeza de esas criaturas extrañas
… … … … … …
Unos gritos lo hicieron frenar en seco, cuando se dio cuenta estaba totalmente solo en medio del bosque, con su respiración agitada botó el leño que llevaba hacia un rato en sus manos, apretó sus sienes y giró sin sentido, por primera vez en su vida el miedo no lo dejaba actuar, la desesperación de estar a merced de unas criaturas desconocidas lo hacía estremecerse.
Siguió con su camino hasta chocar con una malla, aferrándose a ella y a sus últimas fuerzas la recorrió, camino un trecho pero unas rocas salidas lo hicieron caer, con dolor apretó uno de sus tobillos recién lastimados, iba a ponerse en pie cuando algo que no era una rama sujetó su brazo, con lentitud giró su cabeza hasta toparse de frente con una criatura muy parecida a la que estaba fuera de la cabaña, tragó grueso cuando el aliento caliente del engendro le acarició su rostro y luego gruño cerca de su cuello. Como un perro la criatura comenzó a olfatear cada rincón de su cuerpo, el galo simplemente cerraba sus ojos esperando la mordida o el desmembramiento al que sería sometido, luego otro aire caliente esta vez en un brazo, con fuerza los feos humanoides lo arregostaron contra la malla.
—No…—articulo al sentir la primera mordida, el líquido derramado, su desmayo.
… … … … …
Cuando abrió sus ojos, un molesto bombillo se balanceaba de un lugar a otro, trato de moverse pero las manos estaban atadas en su espalda, sus pies cada uno sujeto en las patas de una vieja silla, su boca aun sin cubrir, parpadeo un par de veces y se dio cuenta que estaba en la misma cabaña y que el tipo que les había abierto el portón estaba con él.
—Buenos días joven…—dijo el hombre acercándose hasta el—¿esta cómoda la silla?—se carcajeo.
—Maldito, usted nos engañó, nos sirvió de alimento para esas malformadas criaturas
—Pero que boquita tan sucia… extranjero… ¿vez? Ese es el problema con los turistas, vienen de paseo e insultan nuestras bellezas…—dijo tras una enorme carcajada.
—Basta…—dijo Camus con lágrimas en sus ojos— ¿Dónde están mis amigos? ¿Qué les hiciste?
— ¿Quieres verlos?... bien—dijo el tipo abriendo la puerta—vengan niños… hora de comer.
Los ojos de Camus se abrieron de forma desmesurada cuando por la puerta las dos amazonas caminaban seguidas por los dos caballeros.
—Marin, Shaina…—dijo.
Pero sus miradas estaban vacías, con lentitud se fueron acercando oliendo primero desde sus tobillos y subiendo por las pierna, Milo se acercó hasta si rostro clavo sus ahora oscuros ojos en su amigo y con una sonrisa dejó ver unos dientes afilados. Un mordisco, un apretón, su carne desgarrándose un movimiento…
—Cielos Cam…—dijo el escorpio frunciendo el ceño—te dormiste en la mejor parte.
— ¿Dormirme?...—dijo pegando un brinco y sujetando a milo por los hombros.
— ¡regabas babas!—rio—suéltame y mira—dijo colocando un par de cartelitos de información.
—¿Qué es esto?
—Nuestras próximas vacaciones…—dijo triunfante Aiora mientras se levantaba y estiraba su espalda—tu, nosotros cuatro paz y tranquilidad—continuó mientras abrazaba a su pelirroja amazona.
—Jamás—dijo sin tomar la información.
—NO quieres ir a Disney World—preguntó extrañado el escorpión
— ¿Disney?—preguntó el galo suspirando con tranquilidad-¿sería acaso solo un mal sueño?.
GRACIAS POR LEER, inspirada en el diaro de chernóbil
