"Hola de nuevo lectoras de lo paranormal…esta historia estaba inspirada en otro historia, podría decirse que es casi como una ofrenda a una musa inesperada por un enorme favor (unicejo) concedido, en fin no les contaré más, simplemente adelante con la lectura y que sea de su agrado…"
Ver para creer
"Es peligroso creer y al mismo tiempo no creer", "¿ver para creer?, ¿creer lo que ves?, definitivamente no hay que creer sin dejar de creer" ¿confuso? Claro, al final de cuentas lo que vez es lo que crees, la mente es un túnel de ilusiones, que nos puede mostrar una salida o llevarnos a una eterna oscuridad."
Aun no sabía en qué momento lo habían convencido en abandonar su tranquilo templo, no podía negar que el lugar era hermoso, caliente pero hermoso, casi solitario pero en extremo caliente, aun así para un hombre nacido en la india un poco de calor Mexicano no era nada comparado con el abrazador fuego cerca del Ganges. Mientras se montaba en la pequeña buseta que los llevaría hasta su primer punto turístico y meditaba al observar a sus tres compañeros dorados discutir donde se hospedarían, se preguntaba ¿cómo Buda había aceptado esa terrible oferta de Milo y Aioria?, tal vez porque Camus estaba entre el grupo o por la insistencia de su diosa en querer que extendiera sus lazos fraternales con sus camaradas, en fin ya estaba ahí y no había marcha atrás, no sabía si tomarlo como una misión al saber que compartiría su viaje con ellos, pero haría su mejor esfuerzo con tal de disfrutar un poco del lugar y ser al fin… humano, recostó su cabeza para tomar una siesta y hacer más corto su viaje.
— ¡Bienvenidos a Nuevo León!—dijo una cantarina voz sacándolo de su intento por dormir—mi nombre es Libra y soy la hija del señor Arkana, el dueño del hotel donde se hospedaran—una pequeña y castaña jovencita sonreía con toda la simpatía del mundo mientras los jóvenes finalmente bajaban del transporte—ustedes deben ser los turistas de Grecia ¿verdad?—preguntó en perfecto inglés mientras acomodaba unos papeles en una tabla.
—Así es—Sonrió Milo mientras tomaba la pequeña mano de la joven y se acercaba de forma seductora provocando un sonrojo en sus mejillas.
—Ya basta Milo…—dijo Camus secando unas gruesas gotas de sudor que bajaban por su frente—no hemos ni terminado de llegar y ya estas acosando a la señorita, mil disculpas ¿Libra verdad? Soy Camus.
La joven estaba inmutada, sonrió y asintió, primero por la altura imponente de esos chicos y luego por los modales tan refinados de ese intrigante peliazul.
—Si…—vocalizo luego de unos minutos mientras recuperaba el aliento—ustedes hablaron con mi padre, tuvimos un pequeñísimo problema ayer con la tubería y espero nos disculpen, conseguimos unas habitaciones, donde una de mis tías en un pueblo cercano y mañana podremos ir al hotel ¿les parece?
— Mientras podamos descansar—dijo el rubio que se mantenía al margen de la discusión y tiraba un bostezo—por mí no hay problema—los demás asintieron y siguieron a la joven hasta otra microbús.
… … …
El viaje se había extendido por más de media hora desde el centro de la ciudad por un camino sin pavimentar rodeado de un bosque seco por la temporada sin lluvia , el aire acondicionado aun en full era imperceptible con el bochorno que los rodeaba, aun así Shaka no se quejaba, solo observaba con sus zafiros por la ventana, hasta que su vista paró en un lugar que le llamó la atención, parecía una iglesia, más que eso un hospital abandonado, volteó a sus amigos pero todos parecían ocupados en alguna tontería, de nuevo se giró y no despegó sus ojos del lugar hasta que lo perdió de vista, frunció entonces su ceño y se cruzó de brazos.
— ¿Pasa algo buda?—preguntó el peliazul al verlo tan encimado y con sus ojos abiertos.
— Ese lugar por el que pasamos…
—Seguro habla del convento de las carmelitas—dijo sin voltear la joven que iba en el asiento de adelante junto al conductor—ha estado abandonado por algunos años, hay historias de terror que lo hacen un punto clave de algunos investigadores paranormales.
Los cuatro prestaron toda la atención a la joven, Milo dibujó una pícara sonrisa en su rostro mientras Camus retorcía sus ojos y negaba con lentitud, Shaka se aproximó hasta Aioira y esperaron que la joven continuara.
—Antes existía un guarda que custodiaba un puesto de frutas justo al frente del lugar, era mi tío, él nos contaba historias escalofriantes de extraños ruidos, más parecidos a quejidos, llantos y canticos de monjes que se escuchaban durante la noche—la joven se volteó y clavo su mirada en cada uno de ellos terminando en Shaka— hubo una vez, no hace mucho, una pareja de turistas llegaron a hospedarse en las mismas cabinas donde pasaremos la noche—Camus levantó una ceja y Milo entrecerró sus ojos como Shaka—no hicieron caso de la advertencia de mi tío sobre no quedarse en el lugar luego de las ocho de la noche—un momento de silencio reinó dentro del auto, solo el ruido del motor interrumpió el relato al bajar la velocidad y acercarse a su destino—nadie sabe con exactitud que pasó, pero los jóvenes jamás fueron los mismos.
—Increíble… fantasmas—dijo Aioria.
—No creo en fantasmas…—soltó el hindú perdiendo el interés en el relato— ¿Qué acaso ya olvidaron a los espectros de Hades? Sin ofender claro… —replico Shaka hacia Camus que se cruzaba de brazos—pero suelo creer en lo que veo, toco y huelo…y esas mis queridos amigos, son solo historias de caminos.
—Puede que tengas razón y los fantasmas no sean más que mitos Shaka, la ciencia no ha comprobado al cien por ciento su existencia—se unió el francés atando su cabello en una cola y limpiando de nuevo su sudada frente—además y como dijiste, ya hemos visto espectros antes ¿Por qué habrían de asustarse?... aunque por mi parte, respeto su folklor y pues tampoco soy tan escéptico.
— ¿Y qué me dices de Gosth Hunters?—preguntó el castaño al no creyente de la sexta casa—visitan casas embrujadas y además… estamos en Latinoamérica, acá eso tiene poder—rio chocando los puños con Milo.
—Todos necesitan algo con que vivir ¿no?—contestó el rubio.
— ¿Historias de Ultratumba? O mejor aún Extranormal—dijo Milo haciendo sonreír a la joven.
—Banalidades… todos quieren ser famosos porque se cayó la silla de la cocina mientras dormían—sonrió sintiéndose ganador.
—Entonces… si te dijera que nos quedáramos esta noche cerca del monasterio o convento…—replico el griego clavando sus turquesas en los zafiros del hindú— ¿no te daría miedo ni nada de eso?…
— ¡No!… es mala idea—interrumpió la joven—son solo historias muchachos no deben arriesgarse…
—Pero si son solo historias ¿Por qué te pones nerviosa?—cuestionó el heleno clavando sus esmeraldas en los avellana de la chica.
—Es de mala suerte... molestar a las almas en pena... nadie se atreve a perturbar su lugar de residencia sin ser castigado...
De nuevo el silencio reinó la buseta mientras se estacionaba y cada uno volvía a su lugar, Shaka negaba antes tales palabras, ¿como un espiritu seria capaz de dañar a alguien?, por otro lado esas discusiones solo aumentaban la curiosidad del griego de la octava casa, y no estaba dispuesto a quedarse con la duda, mucho menos ahora que intentaría que Shaka lo acompañase en su locura.
… ... … … …
Las cabinas eran humildes pero acogedoras, un largo corredor lleno de sillas con seis puertas enumeradas, cada habitación con aire acondicionado y dos camas, ya que partirían la mañana siguiente y por casi orden del francés, decidieron a pesar de los ruegos de la joven por su comodidad compartir una sola habitación, ya bien acomodados solo jalaron algunos colchones por insistencia de la chica y se propusieron a dormir, las luces apagadas y el silencio junto al calor reinaron una vez más. El reloj que colgaba de la pared marcaba la una de la madrugada, aun así el calor no disminuía y la curiosidad del griego aumentaba.
Por otro lado el rubio trataba sin éxito de conciliar el sueño con sus ojos cerrados, el no creía en espantos, pero algo en ese lugar le llenaba de curiosidad, ¿y si de verdad tenía la oportunidad de ver a uno de esos entes de la tele con sus propios ojos?—bufó y cambió de posición— aunque eso sería darle la razón a Milo, pero ver para creer, se repetía una y otra vez, también quería demostrarle a su compañero que esas eran el tipo de cosas que lo hacían diferente a los demás, eso lo hacía no ser "tan humano", en su vida lo único sobrenatural que existía era su nacimiento como reencarnación de buda, nada más.
— Shaka…oye Shaka—el fuerte susurro del griego lo hizo abrir sus ojos, volteó en la oscuridad y los vio chispear sentado en la cama
— ¿Qué sucede Milo?—preguntó casi con fastidio.
— Quiero ir a ver el convento… de cerca.
—Ve… ¿Por qué me pides permiso?
—Quiero que vayamos juntos…
—Ve tu solo, yo…
— ¿Acaso tienes miedo?
— ¡Ustedes dos!—exclamó el galo sentándose en la colchoneta en el suelo y lanzando una almohada en su rostro— ¿pueden callarse? ¿Creen que es fácil conciliar el sueño junto al poco frio y el suelo duro?
—Oye… tú fuiste el mártir que nos acomodó en una sola habitación—dijo el peliazul devolviendo con rudeza el almohadón—la chica nos iba a dar una a cada uno.
—No hay que ser abusivo Milo—dijo acostándose sobre sus brazos en la nuca.
—Pero tampoco estúpido…
De nuevo el silencio y un bufido colectivo, solo Aioria parecía una roca viajando al limbo en un profundo sueño.
— Y ¿Qué me dices?—cuestionó de nuevo el peliazul.
Shaka se sentó en la cama, se giró hacia Milo que no dejaba de verlo, iba a contestarle una de sus triviales oraciones cuando la voz del francés lo interrumpió.
— ¿Saben qué?—dijo el galo perdiendo la paciencia y poniéndose de pie— Iremos todos— la expresión de estrés de Camus hizo sonreír al griego — no puedo esperar al ver tu rostro de desilusión cuando encuentres los efectos de sonido escondidos por los lugareños para hacerle fama al lugar—dijo mientras señalaba al escorpión.
Este como niño de kínder no espero ni un momento más para mudarse y apurar al hindú y de paso despertar al heleno que todavía dormitaba en una de las colchonetas. Listos esperaban a Camus que buscaba unas linternas y comenzarían la caminata hasta el abandonado convento, pero al poner un pie fuera de la habitación se toparon con la molesta mirada de la joven que los observaba con sus brazos cruzados mientras agitaba un pie.
— ¿Puedo saber hacia dónde van?—preguntó casi como una madre enojada al ver sus hijos escaparse.
—Fue su idea…—dijo con una sonrisa el griego empujando al Camus hasta ponerlo frente a la chica.
Libra lo observó de pies a cabeza, y no pudo evitar sonrojarse y sonreírle.
—No puedo permitirles tomar un riesgo absurdo, están en un país que no es el suyo y además se hospedaran en nuestro hotel, vamos—dijo la castaña bajando el tono y caminando frente a ellos— ¿y acaso quieren perderse? Vamos… a esta hora ya el guarda debe de haberse ido a tomar un café y por lo visto no lograré por más que lo intente, persuadirlos.
Milo sonrió y apuró su paso jalando al francés del brazo—vamos viejo, creo que le gustas… tal vez nos deje entrar si tú se lo pides.
—Solo echaremos un vistazo Milo…—espeto el galo zafándose con recelo.
—Vamos Cam…
—Vamos Camus, de todas formas… ambos sabemos que nada de esto es real—dijo el hindú pasando a su lado y adelantándose junto a la chica. De último Aioria arrastraba sus pies.
… … … … …
La caminata se extendió por casi veinte minutos, el camino polvoso y alguno que otro faro les iluminaba el camino, luego les tocó un trecho bastante oscuro donde el griego aprovechó para gastarle una broma a la joven que les hablaba de la historia del lugar obligando a Camus a llevarla a su lado.
— ¿Decías que se escuchan llantos de criaturas?—preguntó el galo sonriendo a la joven que le sujetaba su brazo asustada.
—Así es… dicen que las novicias que vivían ahí y quedaban misteriosamente embarazadas, pues abortaban y la madre superiora las obligaba a sepultar los fetos en las paredes del monasterio… pero…
La chica guardó silencio al observar al fin la imponente figura del lugar que se abría paso frente a ellos. Era una noche de luna llena y los lugareños habían puesto unos focos enormes al frente dándole a la vista una imagen aún más sombría, las puertas de madera gastadas por el calor y la lluvia y las ventanas con algunos vidrios quebrados añadían algo de macabro al lugar.
— Vamos…—sonrió el griego abriéndose paso entre ellos.
La joven se extrañó de no ver a nadie custodiando en lugar, pero de igual forma siguió caminando junto a los caballeros que se acercaban tras el escorpión, que con mucha fuerza abría las puertas.
—Presiento que dormiremos en alguna prisión—susurró el castaño a la chica que los observaba preocupada y asentía.
—No creo que sea buena idea joven—trató de detenerlo sin éxito.
— Tranquila Libra, no nos perderemos—le dijo el peliazul mientras guiñaba su ojo con picardía— ¿Vamos?… un recorrido por el lugar y nos iremos…—sonrió al rubio quien levantó los hombros y se adentró hasta colocarse a su lado—si quieren pueden esperar a Shaka mientras sale corriendo—bromeo de ultimo mientras encendía la linterna ganándose una mirada de reproche por parte del hindú.
—Ni lo sueñes… no me desperté en la madrugada solo para esperarlos—dijo el francés codeando a Aioria mientras se adentraban, a la joven no le quedó más remedio que seguirles el paso con temor, solo sintió la mano del caballero de acuario que le sonrió y la animo a continuar con aquella locura.
Una vez dentro, el lugar se volvía cada vez más sombrío, no existían un solo rincón por donde la luz se pudiese filtrar, llegaron al fin a una especie de explanada alumbrada por la luna llena, desde donde se podían observar los corredores que rodeaban el lugar, el calor aún se podía sentir aferrado a las paredes, y el silencio que los acompañaba se volvía casi incómodo.
—Hay alguna hora exacta donde estas… ¿cómo las llamas?… almas en pena ¿salgan a saludar?—dijo el hindú con todo el sarcasmo digno de su persona a la chica.
Los otros solo negaban mientras alumbraran las altas paredes y los ventanales. De repente un extraño frio comenzó a inundar el lugar, sin viento, solo una brisa suave acariciaba sus mejillas y sus descubiertos brazos, Camus frunció su ceño y levantó una ceja a Aioria quien levantó sus hombros.
—Buen intento Camus…—dijo Milo girándose a ellos con sus brazos cruzados.
—Yo no estoy haciendo nada.
Shaka mantenía sus zafiros clavados en sus compañeros y la joven que se frotaba los brazos, el ambiente de repente se puso pesado, ya no era tranquilo, su aura vibraba en cada suspiro, ese tipo de cosas no le ocurrían a menudo, el no conocía los nervios.
—Creo que debemos marcharnos— dijo emprendiendo el regreso hacia uno de los túneles, pero paró de inmediato cuando se dio cuenta que no solo estaba el túnel por donde habían entrado a la explanada, sino que también había tres más, dudó por un momento y trato de hacer memoria y recordar cómo no había visto esas puertas antes de entrar, pero no estaban ahí cuando ellos llegaron.
— Que rayos—dijo el castaño acercándose al lado del rubio— ¿Libra? ¿Qué demonios pasa?
La joven estaba demasiado asustada y confundida para pensar con claridad en ese momento, tantas historias que había escuchado del maldito lugar, advertencias y demás, pero aun así había seguido el paso de esos cuatro muchachos.
—No se… pero debemos salir de aquí…lo mas rápido que podamos—dijo finalmente.
—¿Y si nos dividimos?—sugirió el francés tomando de la mano a la joven—yo me voy con ella y Aioria… y ustedes toman el de en medio, nos veremos en la salida…
Todos asintieron y comenzaron a caminar por los oscuros pasillos.
… … … …
Uno tras otro casi majando sus huellas, así se adentraron Milo y Shaka por uno de los angostos pasillos, con las linternas apuntando hacia cualquier lado evitando tocar las paredes llenas de arañas y alacranes que hacían de las grietas su hogar, aunque no minoraban la velocidad de sus pasos sentían que no llegaban a ningún lugar, el rubio pasó su mano sobre su frente, sudaba, más por la congoja de no saber hacia dónde se dirigían que por el calor que de nuevo comenzaban a sentir, un sofoco los comenzó a invadir y cuando el griego dio un paso atrás topo con la horrible sorpresa de una pared.
—Imposible—musito el rubio apartando al peliazul y tocando la pared sin éxito en busca de una salida—es como si hubiésemos atravesado la pared…
Milo se colocó a su lado y tanteó el firme muro con sus dedos, de repente un ruido más parecido a unas cadenas se dejó escuchar a sus espaldas, sus linternas parpadearon un par de veces y se apagaron, la adrenalina comenzaba por jugar su partida en ese momento.
… … … …
Lejos de ellos, en el otro pasillo los dos caballeros y la joven caminaban de la misma forma, pero conforme avanzaban aquello que parecía un callejón sin salida se volvía cada vez más estrecho imposibilitándoles moverse con libertad, al final Aioria logró ver una luz que se extendía y se apaciguaba, era un antorcha, pero antes de dar otro paso unos canticos gregorianos pusieron su piel de gallina, guardaron silencio por un momento solo dejando escuchar sus agitadas respiraciones.
Con suavidad lograron avanzar tratando de hacer el menor ruido posible, con asombro salieron a otro pasillo iluminado por una serie de antorchas encendidas, las voces se perdían sobre unas escaleras que los guiaban hacia abajo, sin otra dirección hacia donde caminar siguieron de lejos bajando uno a uno los escalones, una puerta se asomó más adelante, suspiraron y el castaño la abrió con fuerza dejando ver, para su tranquilidad la salida del lugar, dio de nuevo un suspiro acompañado por una sonrisa que casi de inmediato borró al ver la expresión de su compañero.
— ¿Camus? ¿Dónde está Libra? ¿Qué sucede…?—pero sus palabras fueron apagadas cuando tras de él, alguien tapó con una funda su cabeza y golpeo su nuca dejándolo inconsciente.
… … … …
Aun sin voltear Shaka y Milo permanecían quietos, casi sin respirar, poco a poco se giraron y dirigieron su camino hacia donde el ruido de las cadenas los guiaba, frente a ellos la misma luz tenue les mostraba una posible salida.
—Esto es una ridiculez Milo—dijo mientras se detenía y limpiaba por cuarta vez el sudor que resbalaba por su frente.
— ¿Aun no crees en fantasmas?—preguntó el griego mientras estresado se quitaba la camisa— ¿Shaka… acaso no lo ves? Estamos atrapados por entes en un convento abandonado…
—Mira Milo, hasta no ver uno de esos tales fantasmas de los que hablan esos programas que vez con Aioria no creeré—dijo mientras seguía su camino—tal vez estamos asustados por alguna reunión pagana… no creas todo lo que lo que te cuentan… hay que…
Pero se detuvo en seco sintiendo como su amigo chocaba con su espalda, se giró con rapidez y le tapó la boca escondiéndose tras una columna, a sus espaldas una procesión con unos monjes que caminaban con grilletes en su cuello y manos totalmente encapuchados, se dirigían hacia la explanada de donde ellos a su suposición se encontraban ya lejos, pero no había sido la imagen de esos mojes lo que lo perturbó, si no las personas que iban en medio de esa gente rara, sus amigos, que caminaban en una especia de trance hacia el centro de la plaza donde había una enorme hoguera.
Por un momento sintió una necesidad absurda de pellizcarse y despertar de ese macabro sueño, pero él había sido entrenado para ser un caballero dorado, y uno de los más fuertes por cierto, así que fuera sueño o no, no estaba dispuesto a flaquear en ese momento.
—Shaka…—las palabras de Milo lo trajeron a la cruda realidad—tenemos que sacarlos de ahí…
El solo asintió con suavidad, se acercaron lo más que pudieron y observaron como uno de los tipos encapuchados que no llevaba cadenas abría un cofre y sacaba un extraño puñal mientras algunos seguían cantando una especie de oración, manteniendo en trances a los demás, un breve movimiento de la mano de ese ser y frente a él Camus fue puesto de espaldas con sus brazos extendidos, un corte limpio en su espalda y el alarido del escorpión había revelado su escondite.
—Tras ellos—dijo casi en un susurro que increíblemente escucharon.
Con furia Shaka tomó a Milo por el brazo y se pusieron en posición de ataque, llamaron a su cosmos pero para su sorpresa nunca acudió, el rubio estaba sorprendido, observaba con horror y por primera vez se sintió, indefenso.
Corrieron de nuevo por el angosto pasillo, pero golpeó su frente recordando que una pared se había formado tras de ellos, aun así al llegar al lugar esta había desaparecido, casi de inmediato llegaron de nuevo a la salida principal, la puerta estaba abierta y había un hombre que custodiaba la entrada, corrió, como nunca en su vida y hasta que las piernas se le durmieron, jalaban sin pensarlo a Milo que cada vez se ponía más pesado.
— ¡Muévete!—gritó, pero al girar atrás lo que traía en sus manos no era más que un trozo de hierro envuelto en la camisa de su amigo, sorprendido rodó por el piso chocando estrepitosamente contra el extraño que lo observaba divertido.
— ¿Está perdido joven?—preguntó el hombre en un idioma que sin percatarse comprendió.
—Yo… yo… estaba con mis amigos…—tartamudeo poniéndose de pie.
—Tranquilo…—siguió el hombre acercándose con una sonrisa de nuevo y tomándolo por el brazo—todo está bien…
—No… usted no entiende… necesito llamar a la policía…alguien quiere matar a mi…
—La policía ya viene en camino—interrumpió el tipo—Shakary de virgo…
Shaka lo observó confundido, ¿ya había llamado a la policía?, ¿en qué momento si apenas estaba llegando a la salida? Fue entonces que se percató de algo espeluznante, ese hombre lo había llamado por su nombre de pila que hasta el mismo había olvidado, además había nombrado su armadura hasta ahora desconocida para la mitad del mundo, y todo eso en un idioma que había comprendido, observó entonces con mayor desconfianza la cara de aquel tipo misterioso, sus ojos enrojecidos y una sonrisa que le crispo la piel, luego lo recorrió hasta abajo mientras se soltaba y daba un paso atrás, terminó con la vista en sus pies y abrió sus zafiros de forma desmesurada, lo que ese hombre mostraba, eran en realidad las extremidades de una cabra, respiró con rapidez alejándose de más él y trató de correr pero estaba paralizado, sin poder hacer nada escuchó los cascos aproximarse a sus espaldas—"Tesoro del cielo"—murmuró, pero parecía que alguna fuerza sobre natural lo impedía.
— ¿No preguntaste acaso a qué horas íbamos a saludar?
Las palabras del hombre le recordaron su expresión y cayó en el grave error que había cometido, sintió las manos peludas de aquel ser que ya no eran humanas recorrer su espalda levantando su camisa y a su paso dejando marcas enrojecidas, no podía hacer nada, estaba inmóvil, cerró sus ojos y por primera vez no vio nada más que su mismo miedo, aquel animal gruñía como un perro hambriento en su nuca, sintió como lo lamió un par de veces en su cuello.
—Basta…—suplico mientras movía con dificultad sus brazos.
Escuchó otros trotes en la oscuridad y sintió como colocaban grilletes en su cuello y manos, terminando de cerrar la última cadena logro soltar el aire que había reprimido y abrir sus ojos, frente a él un hombre vestido bajo una capucha café, se acercaba y revisaba su rostro tomando su mentón y girando su cabeza como si buscase alguna marca.
— ¡El no creyente ha llegado hasta nuestras puertas!—gritó el hombre mientras otros dos tironeaban al rubio hasta llevarlo a la explanada, con furia fue lanzado hasta el centro donde sin poder hacer nada cayó con su rostro en el piso llenándose de un líquido viscoso que al verlo bien y saborearlo pudo reconocer como sangre. Más allá de su alcance, cerca de algo parecido a un altar pudo diferenciar algunas mechas color azuladas que se esparcían por el lugar, cerró sus ojos mientras de nuevo los canticos gregorianos inundaban el lugar.
—Shaka…—escucho con sigilo la voz del caballero de la onceaba casa—coopera con el señor de los infiernos…
Al abrir sus ojos se topó con Camus, aunque con su melena corta y sus ojos enrojecidos, quien lo observaba como perdido en el tiempo.
— ¿Camus? ¿Dónde están los demás? Debes dejarme ir—susurró— escapemos…creo, creo todo esto pero vámonos…por favor—pero el francés solo seguía instrucciones guiado por aquel cantico que comenzaba a entorpecer sus acciones, el galo siseó con un dedo sobre su boca y paso con delicadeza el filoso puñal en el pecho del rubio, rasgando a su paso tanto su camisa como su piel— ¡Camus!-gritó con desespero al verlo como se transfiguraba y relamía su boca mientras se acercaba a su pecho y comenzaba a lamer sin temor su sangre. Shaka trato de liberarse pero su cuello y manos sujetos al grillete lo mantenían casi inmóvil bajo el peso de su compañero, con la poca fuerza que le quedaba logro zafar su pierna y golpear al francés en sus partes bajas; pero no tardaron en llegar otros encapuchados con cascos en vez de pies a sujetarlo con fuerza.
—Llamen a la Sacerdotisa…—grito el que al primer momento lo había encadenado.
De la oscuridad, Libra, ataviada en una túnica roja caminaba lentamente hacia él, se agacho hasta su altura, el aun el piso negó con suavidad, la joven hizo un ademán con su mano y los hombres tomaron al rubio acostándolo en el altar, aun moviendo sus brazos y piernas trató de zafarse pero era demasiada la presión que le ejercían, con horror observó como la mujer se acercaba de nuevo y abría su camisa, su respiración agitada se alteró más cuando los dedos de las castaña delinearon la herida que anteriormente su compañero había hecho.
— ¿Qué haces? No… para… ¿Qué estás haciendo? —Preguntó mientras con pavor y dolor la vio introducir sus dedos en la cortada, luego su mano completa— ¡Aghhh por Buda!… ¡detente!… ¡Libra!—pero la joven solo sonreía sacando su mano y con ella su corazón aun palpitante.
— ¿Ahora si crees?—le preguntó con una perturbadora sonrisa mientras acercaba a su rostro su órgano recién extraído
—Imposible… como…—trató de hablar y casi de inmediato la imagen de su corazón desapareció seguido por una fuerte carcajada de la joven.
—Libérenlo…—ordenó la mujer en perfecto español—ya nada podrá hacer… es nuestro…—levantó una de sus manos uniéndose al cantico de los monjes, levantó la otra, esta vez junto al puñal que le había sido entregado y al intentar clavarlo en el rubio vio con furia como este con la última fuerza de su cuerpo, escapaba.
—Mi señora…—dijo una de las extrañas criaturas—ha escapado ¿Qué haremos con los demás?
—Desde ahora yo me encargo—dijo clavando sus ahora rojos ojos en la criatura, quien con una suave reverencia se retiró dejándola sola en la explanada.
… … … … …
No tuvo otra idea más que dirigirse hasta las cabinas donde estaban hospedados, trato de abrir cada una de las puertas pero el lugar parecía abandonado, cayó de rodillas frente a una de ellas y justo cuando pensó que todo estaba perdido sintió una mano en su hombro.
—Shaka…—la voz de Milo lo hizo respingar y levantarse, lo tomó de los hombros y sorprendido lo abrazó.
—Realmente lo siento… jamás pensé que eso de los fantasma fuera tan real yo…—pero se detuvo soltándolo con suavidad— un momento ¿Dónde estabas?... ibas conmigo yo… desapareciste…
—Con los chicos… te perdimos de repente en la explanada…
—No… espera… nosotros dos caminamos por un pasillo angosto y nos perdimos ¿no lo recuerdas? luego unos monjes raros iban a matar a Camus y…luego Camus estaba poseído y Libra… Libra es una bruja…me hizo—pero al revisar su pecho no tenía un solo rasguño.
—Tranquilo…—se carcajeo haciéndolo respingar—encontramos al guarda tomándose un café y té buscamos pero…
— ¿Guarda?
—Si un tipo simpático…—dijo mientras se sentaba en una silla en el corredor.
Shaka tomó lugar cerca de él y frunció el ceño.
—Nos dijo que le da pesar la gente que no cree en esas cosas, suelen ser las más fáciles de convencer y engañar—contó mientras ladeaba su cuello y lo hacía crujir para relajarse— dijo que no es necesario ver para creer…
— ¿Engañar?... todo fue una ilusión…—susurro para sí.
De improvisto los pasos de la joven y los dos chicos se dejaron escuchar entre los arbustos, desconcertado observó como Aioria y Camus se acercaban con la joven de mirada dulce y se sentaban como si nada a su lado.
—Por un momento pensé que de verdad habías salido corriendo—dijo el galo apagando la linterna. ¿Acaso se estaba volviendo loco?
—Yo…
—Te vimos caminar de vuelta hacia el túnel y cuando decidimos seguirte no pudimos dar contigo…—dijo el castaño—entonces el hombre que cuida el lugar nos dijo que tal vez ya estabas acá y que la gente suele perderse por esos lados…
—Yo camine con Milo…
—No… yo jamás me moví…—dijo el peliazul levantando una ceja—deberías aceptar que… existen los fantasmas—replicó dando un gran bostezo y entrando a la habitación.
Shaka se quedó por un momento pensando y asintió—trataré…—dijo sin dar aun su brazo a torcer, pero realmente confundido, la mañana se acercaba y su verdadero destino ya los esperaba.
… … … … …
Instalados ya en el hotel, se repartieron dos en cada habitación, a él le toco compartirla con Camus.
—Shaka—llamo el galo desde el baño—podrías revisarme la espalda, creo que algun insecto me ortigó.
Con mucha amabilidad entró al baño y levanto la camisa de su amigo quedando horrorizado al ver una horrible cicatriz en su espalda, justo donde el extraño encapuchado había realizado el corte, dio un paso hacia atrás y negó suavemente.
—Shaka… ¿todo está bien?—cuando el rubio levantó su vista lo que se reflejaba en el espejo no era más su compañero de armas, unos ojos negros y una cara casi desfigurada sonreía frente el— ¿asustado muchacho? ¿Ahora si crees en fantasmas?
—Nooo —despertó dentro del microbús realmente agitado
—Cielos Shaka—dijo el griego empujándolo con suavidad— de verdad que viajas al séptimo cielo cada vez que "meditas"
Todos lo observaban con una sonrisa mientras se acomodaba de nuevo en su asiento y volteaba su rostro por la ventana, clavando de improvisto sus ojos sobre una muy conocida edificación.
Fin
Libra-Arkana espero lo hayas disfrutado…made for you jjjjj
"Tal vez ya se hayan percatado que mis historias son basadas en sueños y pesadillas, pero para mí no hay lugar más tenebroso que la mente mientras esta dormida…donde tus peores miedos suelen ser la más palpable realidad…"
Gracias por su lectura… y el próximo cap espero subirlo lo más rápido que pueda…
Amaranth9 ,Asalea19 ,Jabed ,pao. .7 ,lobunaluna ,Liluz de Geminis , ,Mary Yuet gracias por sus reviews ellos hacen que estas historias sigan naciendo exclusivamente para ustedes...
gracias y mil gracias...
