De vuelta luego de andar tras esas buenas para nada de mis musas les traigo un clásico terrorífico, ¿gustan de las marionetas? Claro esos muñequitos que los tipos como Minos hacen bailar a su gusto, claro los de el son de carne y hueso, debo agradecer sus ideas desde el inframundo para este pequeño fic, espero les guste.
La Marioneta
La impaciencia es una virtud admirable en el aprendiz de la primera casa, el pequeño de ocho años era capaz de hacer perder la cordura desde el más joven y amable de los santos de bronce hasta el más poderoso santo de oro, y esa había sido la razón por la cual ahora viajaba junto a las cuatro amazonas hacia un destino tropical donde más adelante se encontrarían con los dorados.
Aburrido en el asiento de atrás, dibujaba unos graciosos grabatos con sus dedos como pinceles y saliva su pintura, suspiraba de vez en cuando, media hora viendo pasar los árboles en el campo, las casitas que se ocultaban tras cercas de arbustos, paradas de autobuses y animalitos, ya no era tan divertido.
—Estoy aburrido…—dijo tras un bostezó.
—Nadie te pidió que te vinieras con nosotras—dijo Shaina—si quieres te puedes quedar aquí en este pueblo… y deja de estar de asqueroso babeando todo el vidrio.
—No es asqueroso Shaina…—reclamó cruzando sus brazos—mi maestro me deja dibujar con lo que yo quiera.
—Que le queda… el pobre debe estar cansado de regañarte… eres una verdadera…
— ¡Shaina!…—regañó Marin—tranquilo Kiki, cuando lleguemos a la próxima gasolinera tomaremos quince minutos para que estires tus piernas ¿de acuerdo?
—Sí, gracias Marin…—dijo el pelirrojo con sus rizos revueltos y su sonrisa de inocencia, luego de sacarle la lengua a la peliverde.
Shaina rodó sus ojos con fastidio, si fuese su alumno ya le hubiese marcado esas rosadas nalguitas con sus delicadas garras, no se explicaba como Mu fuera tan paciente con ese torbellino hiperactivo.
Veinte minutos después el auto parqueó en un pequeño restaurant al lado de una gasolinera bastante vieja, las chicas corrieron el baño y el pequeño pelirrojo se quedó lanzando piedras al vacío, aburrido de nuevo camino tras el edificio, de repente sus grises orbes se detuvieron en una particular escena, un hombre delgado se bajaba de su viejo auto con el cual jalaba una carreta envuelta en una manta de vinil rojo, el tipo al verse observado sonrió con simpatía al pequeño y lo llamó. Kiki observó a ambos lados por si alguna de las amazonas, principalmente la cobra lo observaba, pero al verse totalmente solo caminó en dirección al extraño y se acercó.
—Hola pequeñín…—saludó el hombre.
Su apariencia por un momento lo aturdió, de ojos casi dorados y cabellos blancos, un perfil refinado y una nariz respingada el tipo se le asemejaba mucho a cierto juez del inframundo, pero sería demasiada casualidad, además Minos no caminaría como un vagabundo con ropa remendada, sacudió su cabeza haciendo que sus rizos bailotearan sobre su frente.
—Hola señor…—saludó mientas frotaba su nariz.
—Me estabas observando—sonrió el hombre— ¿quieres ver que llevo en este cajón?
Kiki dudo por un momento, levantó uno de sus puntos y dio un paso atrás recordando las palabras de su maestro en no hablar con extraños cuando estaba solo.
—No te hare daño… mira…—dijo el extraño sacando la cobertura y dejando ver un sinfín de marionetas colgadas, algunas más nuevas que otras, todas se veían felices, todas menos una, era de un niño, muy parecido a pinocho— ¿te gustan las marionetas?—Kiki asintió sin perder de vista el triste muñeco—te puedo regalar esa…—susurro el hombre a sus espaldas—voy de nuevo a Noruega y se puede dañar más de la cuenta.
El pelirrojo se asustó, no se había dado cuenta que se encontraba acorralado.
—Yo… yo no puedo aceptar regalos de extraños—dijo mientras con rapidez se alejaba.
—Será un secreto entre nosotros pequeño—continuó el tipo zafando al gemelo de pinocho del estante—toma… se llama Crispas, su mejor amigo se dañó y tuve que quemarlo, por eso esta triste.
Kiki se devolvió y tomó el títere con desconfianza, lo giro en sus manitas y sonrió—Gracias…—susurró abrazando al muñeco de madera.
—Adelante…todo tuyo—dijo el hombre bajando de nuevo la carpa—solo una cosa…no lo hagas enojar, no le gustan las burlas—sonrió el extraño.
—Claro… gracias de nuevo, lo cuidaré mucho—dijo Kiki con emoción, regresó de nuevo al auto colocando el muñeco a sus espaldas al ver la cara de enojo de las cuatro mujeres.
— ¿Pero dónde demonios estabas metido enano?—pregunto una ofuscada cobra de brazos cruzados.
—Yo… yo estaba con un señor…
— ¿Con un señor?—pregunto alarmada June—Kiki por todos los dioses, si te hubiese pasado algo Mu nos hubiese hecho polvo estelar a las cuatro—dijo negando con su cabeza.
— ¿Qué traes a tu espalda?—preguntó la cobra mientras lo rodeaba.
—Una marioneta…—contesto pasando al frente al muñeco.
—Que espantosa…—rio la cobra—a ver si te quedas quieto el resto del viaje con ese engendro de árbol, si vuelves a pedir…
—Shaina… basta, ya no le paso nada, todo está en orden, nos queda un viaje muy largo, espero que tengan todo lo que necesitan, este es la última parada que hacemos, compre unos jugos para ti Kiki, todos adentro.
—Te admiro Marin—dijo la peliverde—larguémonos de aquí.
Se subieron de nuevo al auto y Kiki se apodero de la ventana una vez más, pero al volver su rostro hacia el lugar, el extraño no estaba, subió sus hombros y se acomodó en el asiento, hacia bastante calor, no se dio cuenta cuando el sueño y el atontamiento por el clima lo hizo caer en los regazos de June, y cayó en un sueño profundo.
…
Cuando abrió sus ojos, ya se veían unas cuantas estrellas sobre el atardecer, se estiró con cuidado y bostezo.
— ¿Ya llegamos Marin?—pero esta vez era Shaina la que manejaba.
—Aun no enano…—contestó—y no soy Marin para contestarte cada cinco minutos con dulzura así que controla esa ansiedad.
—Bien—rezongó de brazos cruzados, luego se acordó de su muñeco y lo saco para que viese por la ventana como él.
— ¿Has escuchado el cuento de pinocho?—pregunto la cobra buscando su mirada en el retrovisor.
—Si…—contestó sin perder la vista sobre el paisaje por la ventana.
—Pero no hablo del cuento con el hada y esas estupideces que seguro tu maestro te cuenta.
De mala gana Kiki la observó, las otras chicas dormían solo estaban él y ella en una conversación que estaba lejos de disfrutar.
— No existe otro cuento de pinocho…—protesto con su boca fruncida.
—Ja… ¿Quieres escucharlo?
— ¿No me queda otro opción o sí?—preguntó cruzando sus brazos mientras abrazaba a su muñeco.
—Comienzas a simpatizarme… bien, "hubo una vez, un hombre llamado Giusseppe, era un viejo carpintero en un pueblo de Italia, el hombre a sus sesenta años no había podido tener un hijo, ya su esposa estaba muerta y el cada vez más viejo y cansado, a menudo acudía al bosque a talar y lamentarse de su tragedia, entonces un día, ya de noche, mientras terminaba de cortar varios troncos, una vocecita lo detuvo, era un niño, pero ¿Dónde? En la oscuridad del bosque lo buscó, y cuál fue su sorpresa cuando se acercó al tronco más hermoso y este le habló. Sorprendido lo tomó entre sus brazos pensando que la naturaleza había sido benévola con él y le habían regalado a su ansiado niño.
Llegó a su casa y sin esperar, tomó sus instrumentos de ebanistería y tallo un niño en el tronco, pero el pequeño no se podía mover, estaba rígido, tuvo que cortar sus brazos y piernas y tallarlas con tornillos, luego vio con tristeza que no se podía poner en pie, así que colocó unas tiras de seda en sus manos y pies, y así lo ayudo a caminar, pero su hijo que por cierto bautizo Pinocchio no estaba conforme con eso, él quería más, la gente del pueblo se burlaba de él cuándo su padre lo sacaba a pasear y se enojaba que llamaran a su padre loco, "ya no quiero que me llamen marioneta" dijo una vez al anciano "quiero ser un niño de verdad" se quejó, la desesperación de su niño de madera hizo que el anciano cayera en cama y a los meses en la muerte, pero eso no le importo a Pinocchio, el solo quería libertad para ser humano.
Los grillos compadeciendo su ahora silenciosa e inmóvil vida en un cajón al lado de la cama del ya fallecido viejo, se acercaron una noche a tocarle una hermosa canción, pero el malvado muñeco reuniendo fuerzas los tomó por sus alitas y lo devoró, luego con el poco poder de voluntad que podía logro arrastrarse hasta la salida de la casa, pero al momento pasaban los niños que lo molestaban, estos lo sujetaron, lo colgaron en un árbol y comenzaron a golpearlo, cuando terminaron se burlaron de él una vez más y lo dejaron solo en su tristeza, lleno de maldad e ira, sus ruegos fueron escuchados por un espíritu malvado y con ayuda de este se vengó de todos los que se burlaban de él, los niños desaparecieron una noche y tres días después fueron encontrados colgando en un árbol con tiras de seda, unos tornillos en las uniones de sus huesos y una sonrisa tallada en su rostro, muertos, la gente del pueblo descubrió pequeñas huellas de barro en las habitaciones de los niños, y unas alas de grillo"… dice la historia que el espíritu se hace pasar por un titiritero y este lo regala a un niño necio y respondón y…
—Nada de eso es cierto Kiki…—dijo Marin volviendo de su sueño—Shaina solo quiere asustarte… te dije que no molestaras al enano—reprochó a la peliverde—por cierto dejame ver ese muñeco…—pidió luego la pelirroja extendiendo su mano.
Kiki le pasó la marioneta y esta sonrió—Se llama Crispas…
—Y que si crispas… esta espantosa—dijo June tras un bostezo—Kiki ¿no pudiste escoger una más linda?—pregunto con un mohín de asco en su rostro.
—Espantosa es poco—reafirmo Geist.
—Esta está bien June…—dijo arrugando su entrecejo—además no le gustan las burlas…
— ¿Cómo lo sabes?
—El señor raro me lo dijo…
—Querrás decir el espíritu malvado siendo hombre—corrigió la peliverde.
— ¡Llegamos!—gritó Geist—ya era hora, si son camarotes pido arriba—dijo impaciente y sin esperar que el auto estacionara se lanzó al exterior.
—Bueno… mantén a Pinocho vigilado—sonrió Shaina—no vaya a ser que en la noche te trate de hacer una marioneta.
—Shaina… ya basta por favor—pidió Marin de brazos cruzados fuera del auto—Kiki no dormirá en toda la noche por tu culpa, por lo tanto dormirás con él y su pinoco, pinosho o como se llame.
—¡!Crispas!—dijo Kiki luego de un bufido.
Ya en ese momento el cielo era un mapa estelar, sin ningún tipo de alambrado eléctrico, y con el pueblo más cercano a más de dos horas de distancia, las cabañas eran en si un lugar hecho a la medida para un buen descanso.
Un mensaje en su celular por parte del lemuriano mayor les comunicó a las chicas que se habían retrasado, y de paso preguntó por su pequeño pupilo, la señal era escasa así que solo los textos eran la una comunicación entre los chicos y las amazonas.
…..
Efectivamente era un camarote en cada habitación, para evitar cualquier muerte prematura Marin durmió con Kiki y Shaina, a la par June y Geist. Eran ya pasadas la una de la mañana cuando un ruido en la ventana despertó al pequeño quien se soltó del abrazo de Marin y se sentó en la cama, buscó su muñeco pero no estaba a su lado, se sentó en la cama y rascó su cabeza confundido.
—Marin…—susurró, pero la amazona estaba sumida en un profundo sueño, bajó del camarote y al colocar sus pies en el suelo sus pies se llenaron de lodo, un grito ahogado escapo de sus labios haciendo despertar a las chicas.
— ¿Qué rayos te pasa enano?-preguntó Shaina con sus ojos entrecerrados encendiendo la luz de la habitación justo al lado de su cama—pero qué demonios…—dijo sacudiendo de su cama unas alas de grillo—buen intento pecoso…
—P, pero yo no hice nada…—se defendió.
—Claro, mira saliste al patio y con tu telequinesis atrapaste estos grillos, eres malvado…mira que matarlos para…
Un grito de la habitación de Geist y June los hicieron parar de hablar, luego la figura furiosa y totalmente bañada de barro de June.
— ¿Quién fue el gracioso?…—grito casi eufórica—¡Kiki!
—Les juro por Atena que no he sido yo…—volvió a rectificar el pelirrojo.
—Te pasaste—se carcajeo la cobra.
—Y si no fuiste tú ¿quién fue?-preguntó Marin
—Fue Shaina…—señaló el pequeño—tomó mi marioneta y la escondió para asustarme más de la cuenta.
—Oye… no he sido yo, estás loco…—se defendió Shaina bajando de la cama-no se dónde está tu muñeco… no molestes.
—Bueno ya, broma o no, ustedes dos cálmense con eso, ya me tienen nerviosa…—dijo Marin frotando sus brazos.
—Acá esta Crispy—dijo Geist lanzando el muñeco hacia el pelirrojo que lo atrapó en el aire—estaba bajo nuestro camarote.
—Es Crispa… y yo no lo dejé ahí—se defendió por enésima vez—se los juro…
—Bribón…—dijo June—tomaré un baño para quitarme este lodo de encima—replico la rubia mientras se perdía junto con la pelinegra.
De nuevo la calma reinó en el lugar, el niño volvió a recostarse junto a Marin y esta vez abrazó con fuerza a su muñeco, como embrujado el sueño gobernó su cuerpo y volvió a dormir.
En el baño, June lavaba con suavidad su largo cabello, desenredaba por poco a sus mechas rubias y las enjuagaba con paciencia, con sus ojos cerrados para que el champú no irritara sus orbes celestes tarareaba una singular canción, de repente el ruido de la puerta que escucho al abrirse la hizo callar.
— ¿Geist?...si eres tu pasame una toalla—dijo con sus ojos cerrados—escuchó correrse la cortina y sintió sobre su mano estirada la suave toalla, pero antes de retirarla unos fríos dedos rozaron los suyos— ¿Geist?-preguntó abriendo con esfuerzo uno de sus ojos— ¿Quién anda ahí? ¿Marin, Shaina?-en la habitación la pelinegra escuchaba música, un rock bastate pesado con sus audífonos, y las otras dos dormían, el silencio fue su respuesta—Shai…no es gracioso—dijo poniéndose de pie, pero el jabón en el piso la hizo trastabillar y pegar en la pared, trato de levantarse pero sintió una caricia en su cuello, luego un empujón y la caricia se volvió sofoque, trato sin éxito de soltarse, la voz y el aire comenzaron a mermar, frente a ella, la curiosa marioneta se comenzaba a asomar bajo la cortina, con sus tiesos dedos inflexibles se acercó y aparto una delgada línea de sangre que bajaba por la comisura de los labios de la rubia, June dejó rodar un par de lágrimas antes de perder por completo no solo el conocimiento , sino también su vida.
Geist movía su cabeza de un lado a otro bajo el ritmo de la música, de repente sintió un golpe en su cabeza, zafó sus audífonos y buscó bajo su cama, tal vez June quería asustarla, pero no había nada, sin proponérselo cayó al suelo golpeando su codo, al tocarlo sintió algo que no debería estar ahí, una especia de abultamiento sobresalía de su hueso, recorrió su brazo y noto una tira de seda en su muñeca, los nervios comenzaron a hacer su labor y la respiración agitada de la joven era una muestra de ello, con horror vio cómo su mano se movía sola, primero movió sus dedos sin proponérselo, luego y como guiada esta se fue acercando a su cuello, notó como su voz no salía, era como su también fuese controlada, con rapidez su mano con mente propia se adueñó de su cuello mermando cada vez más su aire, luego su otra mano que luchaba frenética contra la poseída también se fue suavizando hasta sujetar de igual forma y con fuerza la nuca de la joven, con lágrimas en los ojos escuchó sus huesos crujir, cayó al suelo y con espanto observo como la puerta se abría dejando a la luz a la rubia guiada como una marioneta hasta su lado, negó entre sollozos para sentir en sus piernas un gran dolor antes de cerrar sus ojos.
Kiki se removió en su cama, aun a su lado Marin dormía como un bebé, abrió sus ojos un momento y de nuevo el muñeco no estaba, bufó un par de maldiciones y se bajó de la cama, busco bajo el camarote con una pequeña linterna pero no estaba, removió a Shaina para ver si ella la escondía, pero algo mojó sus manos, las retiro con rapidez, aún estaba oscuro y el no querría despertarla, sonrió al imaginar que seguro la peliverde se había orinado en la cama, todo podía ser posible, así que a tientas salió al corredor a buscar donde y quien había tomado su marioneta, en el pasillo reinaba el silencio, caminó hasta el baño y al abrirlo la ducha estaba abierta, pero cuando se disponía a cerrar él tuvo observo con horror que sus manos estaban cubiertas de sangre, sus respiración comenzó a agitarse, su pecho subía y bajaba descontroladamente, luego sintió una mano en su hombro, con sus dedos temblorosos toco los que descansaban en cerca de su cuello, estaban fríos, giró con lentitud y soltó un grito ahogado al ver a June colgando como un títere desde el techo.
— ¿Quieres jugar conmigo?-escucho una tenebrosa voz en su oído.
—¡!Noooo!—chillo y comenzó a correr hacia su habitación, busco entre la oscuridad el teléfono de Marin y llamo a su maestro, pero no tuvo éxito la señal era escasa, tenía que salir de ahí a como diera lugar, volteó al camarote, la peliverde estaba en la misma posición, subió con miedo y hablo nuevamente a la pelirroja, esta abrió sus ojos para su tranquilidad—Marin, hay que salir de aquí… pinocchio es real—dijo con unas lágrimas en sus ojos mientras la amazona asentía—vamos por favor, Marin apurate—rogó mientras la tironeaba, cuando bajo al piso ya Shaina no estaba en su cama—no puede ser…—susurro con terror, tragó grueso y jalo a Marin hasta llevarla a la puerta, observó a ambos lados y comenzó a caminar con la chica sujeta de sus manos—Vamos, no hay nadie— de repente escuchó un ruido a sus espaldas, no quería volver a ver— ¿Qué es Marin?-pregunto pero la amazona jamás respondió— ¿Marin?-giró su rostro y con espanto observó a la pelirroja de pie, tras de él, su cabello cubría parte de su rostro y sus manos estaban sujetas por una delgada tira de seda— Marin… —murmuro.
Sintió una vez más una mano en su hombro, luego otras en sus manos y pies, dejó escapar un gemido junto a un sollozo, quería llorar, gritar, escapar de ahí, huir lejos junto a su maestro, escuchó un ruido de un auto estacionar frente a la casa, a como pudo se soltó de las manos de aquellas tenebrosas mujeres, rodó por el piso botando el teléfono y haciendo que se desarmara, a gatas se acercó a la puerta pero esta no abrió, estaba demasiado nervioso para teletransportarse, se acercó de rastras hasta la ventana, ya sus piernas temblaban y su voz se perdía, por el cristal observo como su maestro se bajó del auto.
—Qué extraño… las chicas dijeron que ya estaban aquí…
— ¡Maestro!-grito mientras golpeaba el cristal—Maestro Mu estoy aquí…
—Seguro es en otro lado Mu —dijo Saga que también venia en el auto—vámonos, más adelante hay otras cabañas…
—No…No…No… maestro por favor, no se vaya…—lloró finalmente—yo estoy aquí—maestro…—dijo en un hilo de voz mientras sentía una suave caricia en su cuello.
—Vamos, volveré a llamar a Marin—dijo el lemuriano subiendo de nuevo al auto—tienes razón, su auto no está aquí tampoco.
Kiki tocó su cuello mientras los observaba partir, estaba seguro que de esa jamás saldría con vida, pero el no molesto al muñeco, él no le hizo ni una sola broma, giró despacio al sentir que su cuello era liberado, aun en el suelo observó pero no había nadie cerca, luego escuchó un ruido extraño, como unas pisadas fuertes hechas por zapatos de madera, tras la pared y con la poca luz de la luna que entraba por la ventana una sombra mediana, casi de su tamaño, se dibujaba mientras se acercaba, Kiki recogió sus piernas y las rodeó con sus brazos atrayéndolas a su cuerpo.
—papa…—dijo finalmente una ronca voz—ya los niños malos, no nos molestaran de nuevo—continuó saliendo de su escondite.
Kiki cerró sus ojos, los apretó con fuerza para no ver esa horrible cara que se acercaba, sintió unas duras manos acariciar su frente y apartar sus rizos rojos, sus lágrimas caían sin cesar, entonces sintió de nuevo el hilo en su cuello, esta vez más tallado.
—no temas… solo dolerá un poco, luego podremos jugar…
El pequeño abrió sus ojos con espanto, sujeto el hilo que con horror se dio cuenta que era invisible, apretó la cara del títere que ya no era tan chico, pero en vez de tocar una dura piel de madera, toco carne, una carne que se fue desprendiendo en cada tirón de sus manos, cerró sus ojos con espanto
— ¡! Alejate de mí!-chillo al abrir de nuevo sus ojos.
Pero esta vez cuatro pares de orbes de diferente color lo observaban divertidos, aun en los regazos de June, y con su muñeco abrazado el pequeño respiraba agitado.
—Tranquilo enano—dijo la peliverde—estabas teniendo una pesadilla con nosotras, bueno más con Marin.
—No sé cómo diablos te enrollaste las cuerdas de tu marioneta…—preguntó June mientras daba unas vueltas con el nylon transparente en su cuello.
—Como no se las iba a enrollar, por poco y nos tira de patadas—sonrió Geist—parecías un carnero rumbo al matadero—bromeaba con las chicas.
—No es gracioso…—dijo el pelirrojo con su entrecejo fruncido.
— ¿Quieres un cuento para que olvides las pesadillas?-pregunto Marin.
El pequeño asintió con una media sonrisa—todo menos marionetas—susurro recostándose de nuevo en la amazona y abrazando con fuerza su muñeco.
—Este es de una hechicera que convirtió a un unicornio en un humano…—comenzó Marin.
El camino se extendía entre árboles frondosos, el atardecer adornaba como un lienzo el cielo tiñéndole de rojo, más allá, en su carro de títeres el extraño cambiaba su forma una vez más luciendo como el santo de la sexta casa, al fin había encontrado su primera víctima para usurpar.
"El usurpador de almas ha vuelto, así que no tengan miedo, esta noche antes de dormir bajo su cama han de revisar, tal vez entre la oscuridad de sus cosas alguna marioneta quiera salir a jugar…"
loboluna, LIBRA-ARKANA "picassa" ( especialmente para ustedes se que aman el terror, espero les guste ) En Resumen soy un Heroe,liluz de geminis, asalea,jabed, Pao de Piscis ,Amaranth9 ( a ustedes con mucho cariño por seguir de cerca esta locura de miedo y por asustarse jejejeje) liluel azul gracias por unirte no te prometo nada pero rebuscaré entre las criptas alguna idea para que Hyoga se desquite y en general a los que le han dado seguir a este fic ultimamente, gracias y muchas gracias por leer, sus reviews son inspiración para cada una de estas historias.
