29 de Marzo de 2008
La tarta de cumpleaños de su madre le estaba pasando factura a Daisy. Aunque había acompañado los dos trozos con un poco de leche, su cuerpo no parecía contento y se moría de sed. Le estaba reclamando a gritos un vaso de agua. Miró el reloj, mientras entre abría los ojos un poco… las dos de la mañana. Tendría especial cuidado para no despertar a nadie.
Bajó a la cocina, dejando detrás uno de los cuartos de baño, la terraza y el salón. Cuando pasó por delante de este último, se detuvo un instante a mirarlo. La mesa principal estaba aun llena de platos, algunos restos de aperitivos y en uno de los lados, los regalos de Lucy. No habían terminado de recoger porque aunque en principio había sido una merienda íntima y familiar, se alargó hasta bien entrada la noche. Daisy, que se había encargado de organizar la gran parte de la fiesta de cumpleaños, había tomado una difícil decisión sobre los invitados. Tan solo habían asistido familiares, alguno de sus tíos, sus primos, su abuela y sus hermanos. Pero ningún amigo. Sabía que Renee no asistiría e intentó que su ausencia no fuera tan notoria.
Habían estado riendo, charlando e incluso cantando a grito pelado el "cumpleaños feliz". Entre todos habían conseguido una celebración memorable, pero Daisy conocía demasiado bien a su madre y por su gesto supo enseguida que no había olvidado ni un momento la ausencia de Renee. Además también sabia que aunque había estado todo el día recibiendo llamadas y mensajes de amigos, ninguno había sido ella.
No fue capaz de preguntárselo directamente a ella, pero cada vez que el teléfono sonaba, era capaz de ver la esperanza en sus ojos y la tristeza cuando comprobaba quien era. No entendía como su madre se permitía aguantar todo eso, sin hacer nada al respecto, como podía estar tan triste y no hacer algo por solucionarlo.
Intentó no pensar más en eso, mientras bebía agua y saciaba su sed. Volvió a subir la escalera con el mismo cuidado, cuando entre el silencio sepulcral, percibió un ruido. Se detuvo en el momento. Había sido tan leve que no estaba segura de si habría sido provocado por ella. Pero no, aquel sonido continuaba oyéndose. Reanudó su camino y comprobó que cada vez le costaba menos escucharlo. Pero hasta que no llegó a los dormitorios, no fue capaz de distinguirlo. Era un sollozo.
Caminó lentamente entre cada una de las puertas, preocupada, hasta que alcanzó la de su madre y su corazón pareció detenerse. En ese momento, frente a la puerta, prácticamente abierta, la escuchaba con claridad. Se asomó levemente, su madre descansaba de espaldas a la puerta. Pero aunque no podía verla, sabía que estaba llorando.
No recordaba más de tres ocasiones contadas en las que la hubiera visto llorar. Sabía lo fuerte que podía ser y no era capaz de imaginar como se sentía para llegar a hundirse de esa manera. Si era por Renee, su madre estaba aun más destrozada de lo que había podido imaginar.
Iba a retroceder para dejarla sola, cuando reparó en varios libros abiertos y tirados por la habitación, alguno sobre la cama a su lado y dos de ellos en la mesa, cerca de la puerta. Se fijó aun más… no eran libros, sino álbumes. Caminó de puntillas para hacerse con uno de ellos y lo recogió lentamente para observar las páginas por las que estaba abierto. Eran fotos de su madre con Renee durante un día de rodaje y junto a esas, las que hicieron durante una barbacoa en casa. Lucy había estado recordando viejos tiempos… Volvió a dejar el álbum en su sitio, pero en aquella ocasión no fue tan cuidadosa y entre el silencio y el sollozo, se coló otro ruidito. Daisy supo que no había pasado desapercibido porque su madre dejó de llorar y puso mayor empeño en parecer dormida, aunque su cuerpo se había tensado.
Daisy le concedió a su madre la petición silenciosa que le hacía de estar a solas y se marchó de puntillas, ambas fingiendo que ninguna había vivido aquella situación.
Pero Lucy sabía perfectamente quien había estado allí. No la oyó llegar pero si marcharse. Durante un momento temió que Daisy se acercara a la cama y quisiera consolarla, porque no hubiera sabido que hacer ni que decirle. Realmente no era capaz ni de hablar consigo misma. En ese instante solo podía sentir, porque el pensar parecía estar volviéndola loca. Su cabeza unos días decidía pensar en Renee como su mejor amiga, otras como una compañera de trabajo y los que más, como en una persona especial, demasiado especial. Y aunque intentara apartar esos pensamientos de su mente, ahí estaba el corazón. Fingía no sentir como se aceleraba cuando Renee estaba cerca, como se paraba cada vez que oía su voz al otro lado del teléfono, ni como parecía vibrar de felicidad cada vez que pensaba en ella. Pero aquel último mes, su corazón se había roto y de repente no parecía dispuesto a no ser escuchado. Se estaba rebelando contra su dueña y sus estúpidos intentos por acallarlo, a base de dolorosos pinchazos. No sonreía ni palpitaba con alegría, se limitaba a bombear suavemente la sangre, casi con amargura. Le recordaba cada segundo el dolor que ambos, corazón y dueña, estaban padeciendo y no le permitía tampoco olvidar el porqué. La imagen de Renee, sus gestos, su voz, sus abrazos. Todo le recordaba a ella y a que ya no estaba a su lado.
Sin poder evitarlo volvió a deshacerse en lágrimas, mientras revivía sus últimas palabras con Renee. Pensaba en lo que fue, en lo que podía haber significado y en lo que ocurrió al final. Una pelea, un alejamiento y todo por su culpa. De nuevo sintió una dolorosa punzada de su destrozado corazón, que parecía querer torturarla aun más, sin saber que la mayor tortura era la que la propia Lucy se infligía. Quería a Renee, necesitaba verla, volver a estar a su lado y dejar atrás todos aquellos días malos. Quería no volver a separarse de ellas jamás, pero ¿que más quería? Ese era el problema, ser capaz de ser sincera, tanto consigo como con Renee, y dejarse llevar por ese algo más que la atemorizaba.
Pero … ¿y si ya la había perdido? ¿Y si Renee ya no estaba dispuesta a esperarla? En ese caso, nada importaría su decisión, ya habría estropeado todo. Un miedo atroz invadió su cuerpo. Las lágrimas se atragantaron en su garganta y su estómago se encogió de terror. "No, Ren, por favor, no" suplicó contra la almohada, llorando aun más desgarradoramente.
No recordaba muy bien sus sueños. Tenía una vaga sensación y siendo realista no se acordaba de nada, tan solo de imágenes suelas y todas eran con Renee de protagonista. Tenía la sensación de haberla llamado, de gritar su nombre y revolverse. Cuando abrió los ojos sus sábanas verificaron esto último. Estaban enredadas y deshechas, como después de una pelea… una pelea consigo misma. Respiró hondo y sintió como su corazón bombeaba con fuerza. Volvía a estar feliz y con fuerzas. Las mariposas en el estómago, le decían que él había ganado a la cabeza. Y aquella mañana Lucy volvía a estar invadida por temores, pero esta vez eran por miedo al rechazo, a no poder corregir sus errores.
Lucy abandonó la cama con urgencia. Tenía tantas cosas que hacer, aunque no sabía bien por donde empezar… Tan solo eran las ocho de la mañana, así que decidió relajarse y pensar, concediéndose una buena ducha.
Enfrentó su reflejo, minutos más tarde, mientras se ayudaba de una toalla para secar sus ojos, su boca y su cara, pero su mirada, su sonrisa, sus muecas frente al espejo, mostraban que algo había cambiado. Lucy respiró hondo comprendiendo que se acababan las apariencias y de repente todo tenía un aspecto diferente para ella. Los ojos azules se miraron a si mismos con firmeza y se sonrió entre abrumada y feliz, por todo lo que parecía recorrerla. Pero no podía evitar que entre tantos sentimientos encontrados prevaleciera uno sobre los demás. No era capaz de definirlo entre nervios o miedo, pero su cuerpo estaba tenso y al tiempo deshecho y su estómago se encogía sobre si mismo, amenazando con vomitar cualquier cosa que se atreviera a desayunar. Respiró hondo intentando detener los tembleques que la recorrían y se dispuso a vestirse.
Nunca vestirse le había llevado tantísimo tiempo. Nada le convencía, o no iba acorde con la situación, o incluso en alguna ocasión creyó que a Renee no le gustaría. Se decidió por unos vaqueros negros ajustados y una preciosa camisa blanca. Se miró cerca de diez veces antes de darse el visto bueno y mientras se calzaba, comprobó que hasta abrocharse las botas parecía una misión imposible, "Dios, Ren, ¿cómo eres capaz de volverme así de loca?" se preguntó a si misma, sonriendo de soslayo "¿Y como he podido ser tan terca para no verlo?" se gruñó también para si. Abrochó la segunda bota y se puso en pie, dispuesta a salir de casa, en cuanto avisara a Daisy. No quería despertarla, pero necesitaba que se hiciera cargo de sus hermanos. Confiaba en que su hija lo comprendiera.
Avanzó silenciosa por el pasillo cuando oyó algo que no esperaba. No tendría que levantar a Daisy porque ya estaba despierta y lo que es más, hablaba con alguien. Lo hacia bajito, para evitar que se la oyera, pero Lucy desde la puerta fue capaz de escucharla. Se acercó para golpear con los nudillos la madera, cuando algo la paralizó, sin llegar a tocar la puerta. No sabía si su mente le había jugado una mala pasada o si realmente había escuchado a su hija decir "rubia". Se detuvo por completo, incluso su respiración. Solo agudizó el oído cerca de la puerta, espiando cada palabra.
"Solo es mi opinión. Pero si la hubieras visto ayer , estarías de acuerdo conmigo, Ren" Lucy escuchó todo sin problemas y un escalofrío la recorrió, multiplicando sus nervios bruscamente. Daisy estaba hablando con Renee y era posible que la conversación tratara de ella. Había tres teléfonos más, dos abajo y otro más cerca, en el pasillo. Podría descolgar cualquiera, escucharlos en silencio y así… ¡¿En qué estaba pensando?! ¡No podía espiarlas! , se regañó a si misma, molesta por sus primeros impulsos de escuchar a escondidas.
Volvió a llegar a sus oídos otro trozo de la conversación "… sé que está destrozada…" Su mente encendió el piloto automático al escuchar aquellas palabras. Continuaba pensando que no debía espiarlas, ni entrometerse, pero sus pies caminaban velozmente por el pasillo y sus manos descolgaron el teléfono con cuidado y en completo silencio. Toda su piel se erizó al escuchar de nuevo la voz de su amiga y la sonrisa se coló dulcemente entre sus labios.
"¿No has escuchado un ruido?" preguntó Renee, mientras las dos permanecían un instante en silencio. Lucy se aseguró nerviosa de tapar bien el micrófono de su teléfono.
"Yo no he escuchado nada" aclaró Daisy antes de continuar "Está despistada, confundida, triste… intenta ocultarlo, pero ni si quiera lo consigue"
"Daisy… yo, no se que decir" suspiro Renee, con la voz tocada.
"Te conozco, rubia. Se que tu no estas mejor" murmuró con tono serio. Escuchó la respiración de la actriz al otro lado de la línea. Era suave y triste, podía imaginarse a Renee al borde de las lágrimas y eso le recordó algo "Anoche la escuché llorar. Y estaba rodeada de álbumes vuestros, Renee"
"¿Qué?" preguntó con voz húmeda. El corazón de Lucy se contrajo imaginando el estado de su amiga, para que su voz temblara de esa manera.
"Sé que no debería meterme, pero es insoportable ver a una buena amiga y a mi madre así de hundidas. Y también sé que lo que te voy a pedir no es justo, pero por favor, habla con ella. Dale otra oportunidad" murmuró Daisy. La línea se quedó en completo silencio y madre e hija sintieron sus corazones latiendo en sus oídos.
"No" siseó Renee, de manera casi inaudible, pero al tiempo firme y seca "No pienso hacerlo" insistió con más fuerza, como recuperando energías "Este mes ha sido, sin lugar a dudas, uno de los mas duros de mi vida. Pero fue decisión de Lucy no llamar ni darme una sola señal de vida"
"Mira, reconozco que mi madre es cabezota y masoca como ella sola, pero estoy segura de que para ella eres muchísimo más importante de lo que puedas imaginar" siseó. Un pequeño gimoteo fue la única respuesta que Renee podía dar aunque al momento la línea quedó en silencio. Lucy, con los ojos inundados, supuso que su amiga había tapado su micrófono "¿Ren?" la llamó suavemente Daisy
"Sigo aquí…" murmuró ella "Me encantaría que estuvieses en lo cierto, nada me haría más feliz. Pero si no te equivocas, ¿por qué Lucy actúa como si fuera todo lo contrario?"
Daisy respiró hondo y se tomó su tiempo antes de contestar. Pero la respuesta mereció la espera y logró dejar a ambas mujeres sin palabras. "Porque es una cobarde con miedo a afrontar algo tan grande y a la vez tan diferente. Siente pánico ante un cambio así" musitó concienzudamente. Tanto Lucy como Renee se quedaron mudas, la primera porque no entendía como era su hija la que le abría los ojos a su propia realidad y la segunda porque era una explicación tan lógica, que trastocaba todo su mundo. Su amor no correspondido se convertía de golpe en una amiga cobarde. Ella misma había propuesto esa idea, incluso se la había insinuado a la propia Lucy, pero nunca la había visto tan factible y real.
"Peor todavía… No puedo volver a perseguirla, ni darle una segunda oportunidad" musitó dolida "Sabes lo que siento por ella…" susurró avergonzada. Carraspeó antes de poder continuar "Pero después de todo lo ocurrido, si no me corresponde, me muero… y si me corresponde, la mato" añadió haciendo reír a Daisy "Además no creo que tengas razón. No puede sentir algo mínimamente importante y anteponer su miedo. Si sus temores ganan a lo que siente, es que no será tan relevante" siseó duramente, pero sin poder evitar mostrar que le hacia daño decirlo. Daisy se quedó sin palabras y Lucy tuvo que apretar los labios con sus dientes casi haciéndose daño, solo para no contestar. Notaba sus ojos inundados y tenía que hacer un desmesurado esfuerzo para que ningún gimoteo se le escapara "Daisy, no es solo que tire la toalla, sino que soy incapaz de enfrentarla de nuevo. Pude sacar coraje de donde no lo había durante dos minutos, pero el resto del tiempo el miedo a perderla me gana…"
"Pero si no habláis, también la perderás" se quejó Daisy casi sin saber que decir.
"Lo sé… pero ahora no soy capaz de hacer más. No puedo continuar así"
"Rubia, ¿qué quieres decir?"
"Necesito marcharme lejos de aquí por un tiempo…" siseó. Cada palabra fue como un violento golpe para el corazón de Lucy, que se dejó caer al suelo, apoyada en la pared, abrazando sus piernas, temblando. Se marcharía, y era solo por su culpa. Ahí tenía el resultado de sus estúpidas acciones. Por fin había conseguido estropearlo todo. Esa vez no pudo evitar que un profundo gimoteo se escapara de su garganta. "Y no entiendo porque no lo hice antes…"
"Porque en el fondo esperabas que la imbécil de mi madre fuera a por ti y supiese donde encontrarte"
"No lo sé… quizás. Pero ya ves, no vino" susurró.
Entonces un fuerte y estridente ruido interrumpió la conversación. Era como un golpetazo, que sonó demasiado alto. Tanto Renee como Daisy se alejaron el teléfono ensordecidas y asustadas, y cuando Renee volvió a intuir a Daisy al otro lado de la línea, preguntó sorprendida "¿Qué ha sido eso?"
Daisy, que estaba asomada al pasillo, observó como su madre recogía el teléfono del suelo con manos temblorosas y lo colgaba cuidadosamente, produciendo un leve sonido en la línea.
Así que lo que antes escuchó Renee, era su madre uniéndose de manera furtiva a la conversación… meditó Daisy con curiosidad.
"¿Daisy?" insistió la voz preocupada de Renee
"Si, perdona. Estoy aquí. Es que se me cayó el teléfono" mintió mientras aun escondida, veía a su madre salir corriendo hacia su dormitorio, y ella misma volvía a meterse dentro del suyo. "¿Qué me estabas diciendo?"
"Que marcho a Texas mañana" siseó
"¡¿Hoy por la mañana?!" gritó Daisy con fuerza y fingiendo sorpresa. Pudo oír como tras un segundo de silencio, los pasos de Lucy se volvieron a escuchar, pero muchísimo más apresurados, casi como si no dejara de correr.
"No, no, ¡mañana!" se apresuró a corregirla Renee "Después de comer"
"Espera un segundo" rogó Daisy mientras una figura se materializaba en su puerta. Su madre, chaqueta y bolso en mano, la miraba mientras jadeaba levemente por la carrera.
"Dai… Daisy, cariño, salgo un ratito, ¿vale?" jadeó "Por favor, hazte cargo de los peques"
"Dalo por hecho" fue su respuesta, junto con una sonrisa de oreja a oreja. Lucy la miró interrogante, pero decidió que no había tiempo para preguntas y lanzándole un beso salió corriendo de casa escaleras abajo "¿Por donde íbamos?" preguntó Daisy feliz, recuperando la charla con Renee. Pensaba tener una larga conversación, sin importar sobre que tema, pero no tenía intención de perderse la llegada de su madre… pensó malévolamente, mientras hacía un considerable esfuerzo para contener la risa.
Se conocía el camino a la casa de Renee de memoria y eso le permitió frenar a tiempo en un par de "Stop". Pero durante el resto del trayecto el velocímetro no bajaba de los 120 km por hora. Las afueras de Los Ángeles también ayudaban en los locos volantazos de Lucy, al tener calles anchas y un tráfico casi nulo. Pero a la actriz nada de esto le preocupaba, solo le interesaba alcanzar cuanto antes su destino, aunque parte de su empuje y decisión se esfumó cuando comenzó a vislumbrar la casa de Renee a lo lejos.
"Rubia ¿y como iréis a Texas?" preguntó Daisy
"En avión, ya tenemos los billetes"
"Ahm…" pronunció esta, mientras se le ocurría otra cuestión. "¿Y has hecho ya las maletas?"
"No, no, aun no… Daisy, ¿a que vienen tantas pre…?" se detuvo un instante, cuando el sonido de un frenazo retumbó en la entrada de su casa. Se acercó a la puerta y corriendo una cortina, observó el exterior. Daisy contuvo la respiración con una sonrisita, antes de volver a escuchar a su amiga. "Daisy, ¿por qué está tu madre derrapando ante mi casa?" preguntó intentando sonar tranquila, pero su oyente podía imaginársela tensa y temblorosa, frente a la ventana.
"No estoy segura, pero creo que ha decidido dejar de hacer el tonto" comentó feliz, mientras el sonido del timbre se colaba en la conversación "Pero ábrela y averígualo" Renee miró resignada el teléfono y después la puerta. Al imaginar la figura de Lucy detrás de ella, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza.
Se recompuso rápidamente antes de alargar la mano hacia el pestillo y el pomo. Y entonces solo fue capaz de ver unos irresistibles ojos azules y la dulcísimo sonrisa de su amiga. Bueno y también su arrolladora forma de vestir y el cuerpazo que cubrían esas prendas. Carraspeó nerviosa y devolvió la mirada a los ojos de su amiga, intentando hacer caso omiso a las sensaciones que invadían su cuerpo, en especial a su estómago.
"Te odio…" gruñó contra el teléfono, aunque no quedaba claro a quien iba dirigido. Lucy respiró hondo, tan solo fijándose en ella y Renee no pudo sostener su deliciosa mirada.
"Hola… ¿puedo pasar?"
"¿No podías haber llamado simplemente?" preguntó distante
"Es que el teléfono estaba ocupado…" siseó inocente, mirando a su auricular "Entonces, ¿me dejas?"
"Como quieras" respondió ella con tranquilidad mientras se hacia a un lado, para dejarla entrar.
"Ren, yo… lo siento, lo siento, lo siento muchísimo" farfulló Lucy atropelladamente, andando hacia ella. Renee apenas la miró mientras cerraba la puerta y la escuchaba.
"Vale, no pasa nada" se limitó a responder sonriendo de oreja a oreja. Pero para los conocedores ojos de Lucy aquello solo era una mueca, que escondía detrás meses de dolor. Todo el cuerpo de su amiga estaba tenso, su sonrisa era forzada e incluso sus ojos brillaban sospechosamente.
"Sé que no me crees y supongo que tampoco confías en mí" murmuró con la mirada baja "Y tienes toda la razón para hacerlo, lo sé…"
"Lucy, da igual…" contestó Renee pasota
"No, por favor, no digas eso peque" pidió agarrándola por los hombros, buscando su mirada. Renee alzó los ojos con una mirada asesina y su cuerpo se tensó aun más, si era posible. Lucy no supo interpretar si fue por el contacto o por el cariñoso apelativo, pero la soltó instintivamente "Renee, te quiero muchísimo y no estoy dispuesta a perder a mi mejor amiga. No quiero que te vayas…" suplicó mirándola. El rostro de Renee, hasta entonces sereno y sonriente, se contrajo en una mueca de tristeza. Cubrió su boca con una mano, mientras un pequeño gemido se escapaba de lo más profundo de su garganta. Lucy también sintió sus lágrimas volviendo a florecer al ver a su amiga en aquel estado. "Ren…" siseó intranquila
Su amiga la miró llena de lágrimas "¿Eso es todo lo que quieres? ¿Solo eso?" gimoteó. Como primera respuesta obtuvo la sonrisa de su amiga. El rostro de Lucy se iluminó mientras la contestaba.
"No, sabes que quiero algo más. Mucho más, de hecho" dijo suavemente y sin borrar la dulce sonrisa que parecía haber invadido su rostro. La angustia de Renee desapareció lentamente, y pudo ver, como respiraba más tranquila. Sin poder resistir la tentación, Lucy alcanzó cariñosamente la barbilla de Renee para elevarla y con el pulgar acarició su mejilla, queriendo secar sus lágrimas, hasta que Renee agarró su muñeca, deteniéndola. La apartó de su rostro rápidamente y ella misma secó sus lágrimas, aunque no dejaban de salir "Solo falta saber si lo podré tener…" respondió cohibida por el duro, pero muy comprensible comportamiento de su amiga.
"¿Y que es?" preguntó Renee retándola con una mirada dura y directa, pero sobretodo húmeda.
"Poder decir que estoy enamorada de mi mejor amiga y escuchar que ella me corresponde" siseó con la voz más suave y sincera que su corazón pudo pronunciar. Durante una fracción de segundo, observó la sonrisa alojándose en los labios de Renee, incluso sus ojos parecían iluminarse, y Lucy suspiró esperanzada. Pero fue una visión fugar, ya que un parpadeo después la máscara de serenidad y distancia volvía a cubrir el rostro de su amiga.
"¡Oh! Que bonito…" musitó Renee con furia contenida. "Pero eso es lo que sientes hoy. Quien sabe que opinarás en unas horas, o mañana, o quizás cuando Daisy haga alguno de sus comentarios. Entonces cambiarás otra vez de parecer y punto." Añadió hablando casi rabiosa. Lucy agachó la mirada, pero al contrario de lo que al principio pensó Renee, no miraba al suelo, sino al teléfono que después de todo su amiga aun sostenía en su mano.
"¿Aun hablabas con Daisy?"
"Si" musitó, dejando que Lucy le arrebatara gentilmente el teléfono
"Cariño, soy mama"
"Ya lo sabía" respondió la voz de su hija, que no se había perdido detalle de toda la conversación.
"Amo a Renee" afirmó tranquila pero con fuerza y sonriendo a la actriz que la miraba atónita.
"También lo sabía, boba" respondió carcajeándose feliz
"Estás castigada" refunfuñó Lucy, aumentando las risas de su hija "Adiós…" resopló malévola
"No, no cuelgues, yo…" pero Lucy ya había cortado la comunicación. Le devolvió el teléfono a Renee "Ahora estamos solas, peque" susurró mirándola.
"Que bien" resopló fingiendo hastío, colocando el teléfono en su sitio y andando hacia su salón.
"¿Qué más puedo hacer para que me creas?"
"No necesito nada más…" gruñó "Estoy segura de que cuando nos subamos juntas a un escenario, o haya fans rodeándonos, serás un cielo. O cuando me enfade un poco, me pedirás perdón y serás encantadora una o dos horas. Y tu faceta más cariñosa y seductora vendrá cuando alguien me invite a una copa…"
"Una cerveza" especificó
"¡Lucy!" exclamó molesta
"Esta bien… Perdóname. Sé lo que quieres decir" musitó Lucy "Hay tantas cosas que debo decirte… pero necesito que confíes en mí y no se como recuperar eso" añadió con sinceridad. Renee miró destrozada a su amiga y supo que a pesar de todo, no había perdido el mas mínimo atisbo de confianza en Lucy. Pero ella no tenía por que saberlo, decidió mientras le daba la espalda a su amiga y comenzaba a andar hacia los sofás del salón. Sintió que ella caminaba detrás suyo y eso la llevó a sentarse en el único unipersonal. Lucy, resignada, escogió el sillón más cercando al de ella.
"¿Cómo sabías que me iba?" preguntó Renee molesta
"Bueno, sin querer escuché tu conversación con Daisy"
"¡¿Qué?!" exclamó enfadada. Estaba furiosa, pero su cabreo realmente pretendía cubrir la vergüenza que sentía en ese momento, al imaginar cuantas cosas habían llegado a oídos de su amiga. "¡¿Cómo demonios se escucha una conversación sin querer?!" añadió rabiosa "¿Sabes qué? No quiero escucharlo, estoy harta de excusas"
"Sé que no debí espiaros, que no tenía ningún derecho a venir a verte… sé que he hecho tantas cosas como no debía… ¿Podrás perdonarme?" preguntó mirándola a los ojos
"¿Por qué ahora, Lucy? ¿Por qué justo hoy? ¿Porque me voy y te quedas sin perrito faldero?"
"Nada de eso, peque" musitó "Es solo que… no pude más, es ya tanto tiempo intentando ocultar lo mejor de mí con lo peor, que no resistí más. No podía con más mentiras, con más apariencias y con la posibilidad de perderte…" siseó levantándose "Por favor, tienes que creerme. Déjame al menos que te explique lo que te mereces saber, por favor" rogó levantándose y sentándose sobre el reposabrazos de su amiga, a escasos centímetros del cuerpo de Renee. Notó como su amiga se hundía entre los cojines, como intentando alejarse de ella "Ren, descubrí que te quería de manera peligrosa antes incluso de acabar la serie…" musitó dejando que fuese tan solo su corazón quien hablara en esa ocasión "Tú, mi inseparable amiga, eras de repente mi inolvidable amor. Intente mentirme durante meses, fingiendo que no había nada sobre lo que mentirme. Simplemente era una bonita amistad" comentó, jugando nerviosa con sus manos "Pensé que cuando la serie acabase, te llevarías mis dudas contigo. Pero la distancia solo consiguió que cada día te echara más de menos y que cuando por fin te veía, solo existieses tú"
"¿Cómo podías sentirte así… y no decirme nada?" musitó Renee casi sin voz.
"Porque no tenía coraje para afrontar mis sentimientos y las consecuencias que traerían consigo. Mi familia, nuestra amistad, todo. Fui una egoísta y una cobarde, pero a pesar de mis estúpidas apariencias, llegó un momento en que la situación de mi matrimonio fue insostenible. Estaba casada con una persona y enamorada de otra. Al asumirlo, vino la separación y con ella, todo se volvió innegable, simplemente te amaba"
"¿Entonces pensaste que tratándome como si no existiera, todo iría mejor?" preguntó llorosa y dolida
"De alguna forma, si…" reconoció avergonzada. Notó como Renee se tensaba y no quiso obligarla más a estar tan cerca suyo. Se levantó del reposabrazos lentamente. "Al principio pretendí continuar normal. Pensaba que podría contenerme y resistir, y que no tendría que cambiar nada. Pero me equivoque, porque cada día me enamoraba más y no podía dejar de lado lo que me hacías sentir" le explicó sin ser capaz de mirarla "Entonces supuse que como no era capaz de olvidarte, podría alejarnos. Escogí echarte de menos, morirme por verte y fingir una sonrisa, antes que admitir lo que ocurría y dejar de hacernos daño a las dos"
"¡¿Cómo fuiste capaz?!" exclamó entonces Renee, fulminándola. Lucy se obligó a mirarla a los ojos a pesar de la vergüenza, y sintió que su corazón se partía en mil pedazos. Por la voz de su amiga sabía que estaba enfadada y dolida, pero al ver sus ojos… Reflejaban tanto daño y dolor… Y era por su culpa. No comprendía como había sido capaz de provocarla tanto sufrimiento. Ni en sus peores pesadillas se imaginó dañando a Renee, pero lo cierto es que la había destrozado durante muchísimo tiempo, sin hacer nada para detenerlo.
Cuando tuvo fuerzas para contestarla, su voz sonó triste y húmeda. "Renee, quería llamarte cada segundo, verte en cada oportunidad, hablar contigo, mimarte y abrazarnos como siempre"
"Pero no lo hiciste…" gruñó con la mirada perdida
"No, no lo hice…" respondió compungida "En aquel momento creía que lo mejor era alejarte de mi… Y supuse que sería más sencillo si yo dejaba de ser tu mejor amiga y me convertía en una gilipollas redomada. Por eso me transforme en una rancia, distante y egocéntrica. Claro que quería que pospusieras lo de Nueva York, o hablar sobre lo que hicieron los fans por ti, o simplemente quedar y ver a tus niños…"
"Pero elegiste ser una gilipollas" resumió Renee, que continuaba reclinada en el sofá con la mirada buscando algo en el infinito.
"Si…" suspiró ella derrotada "Renee, no he venido a exigirte que me perdones. Es lo que más deseo, pero lo único que pretendía al venir era explicarte el porque de todo, hacerte saber que nunca fueron imaginaciones tuyas y decirte que me mata cada segundo de dolor que te he causado" Se agachó colocándose a su altura mientras decía aquellas palabras. Aunque Renee no la miraba, sus ojos aun perdidos, continuaban llorando, y sus manos temblaban colocadas sobre sus piernas. Lucy respiró hondo cuando, sin poder evitarlo, ella también comenzó a llorar. "Se que ya no hay vuelta atrás, que desperdicie cada oportunidad que me diste. Pero tenía que evitar que te marcharas, o al menos intentarlo, ¿no?" preguntó con media sonrisa, mojada por el torrente de lágrimas que no podía contener. Pero su amiga continuaba absorta en la pared del fondo, excepto por el gesto de su cara, que no dejaba lugar a dudas de que había escuchado cada palabra de su amiga. Lucy cerró los ojos y respiró hondo, dándose por vencida. "Siento haberlo jodido todo, peque, de verdad" susurró poniéndose en pie. A pesar de no estar muy segura de hacerlo, abrazó la cabeza de Renee con un brazo y depositó un dulce beso sobre su cabello, antes de echar a andar hacia la puerta. Sentía que sus piernas querían dejarla caer en lugar de caminar y su cuerpo también prefería derrumbarse y encogerse hecho un ovillo en cualquier rincón. Pero a pesar de todo, continuó y acalló firmemente cualquier gimoteo que intentó escapar de su garganta, mientras alcanzaba la puerta.
Pero cuando un cuerpo la embistió por detrás, abrazándola con fuerza, no pudo evitar deshacerse en lágrimas y dejarse llevar por el llanto. Era Renee, y sus brazos y su cuerpo los que la agarraban con fuerza y desesperación. Podía notar el rostro de su amiga apoyado en su espalda, respirando aceleradamente sobre ella. Lucy se dejó envolver por su abrazo, mientras acariciaba con amor aquellos brazos.
"Por favor, nunca más cambies de opinión o acabo contigo" siseó tiernamente, mientras la estrujaba con más fuerza.
"Te lo juro, peque, nunca más…" suspiró sonriendo de felicidad, pero sin poder detener sus sollozos. Tan solo se dejó mecer entre esos brazos, hasta que sintió que su agarre aflojaba. Se giró, agarrando con amor las manos de Renee y llevándoselas a los labios para depositar tiernos besos "¿Podrás perdonarme?" suspiró avergonzada.
"Si, creo que si" bromeó Renee sonriéndola de medio lado, dejando que sus ojos se iluminasen con toda la felicidad que la acometía. "Siempre que no dejes de quererme…" suplicó mirando a su amiga.
"¿Dejar de quererte?" preguntó rodeando su cintura "No podría. Y dejar de amarte… ¡eso es un imposible que me encanta!" aseveró con dulzura, consiguiendo que el corazón de Renee comenzase a bailar histérico. Sonriendo de oreja a oreja, miró a Lucy y siseó:
"¿Cerramos el trato?" Acarició lenta y suavemente la nuca de Lucy, consiguiendo que cerrara los ojos, antes de atraerla con firmeza hacia ella y acercarse más. Tras eso… solamente estaban ellas, sus labios, alguna caricia fugaz y el más añorado de los besos. Lucy apenas alcanzaba a razonar que era Renee quien respondía a su beso, pero aquel no era momento de pensar. Tan solo quería dejarse llevar por la presión de aquellos labios que la volvían loca y disfrutar de cada segundo de ese momento. Permitió gustosa que Renee hiciera temblar cada rincón de su cuerpo con su delicada lengua y sus dulces caricias.
Tras unos minutos que parecieron segundos, el beso se detuvo lentamente mientras Renee apoyaba su frente contra la de Lucy, respirando entrecortadamente. El tiempo se detuvo para ellas y la mirada que en esos momentos compartían.
"Te amo, peque" musitó Lucy
"Yo también te amo, cariño" respondió abrazándose a ella con fuerza
"¿Cariño?" meditó abrazándola aun más entre sus brazos "Hmmm… me encanta" decidió, sonriendo de oreja a oreja, antes de que los labios de Renee volvieran a robarle otro beso, seguido de mil más.
3 de Mayo de 2008 Londres, Inglaterra
Lorena sabia que en el momento en que fuese descubierta, la podrían echar fuera de los bastidores, o quizás incluso de la sala de conciertos. Pero eso no le inquietaba. Tan solo se preocupaba por caminar en silencio y con cuidado por los distintos pasillos del edificio.
Se encontraba en el Carling Academy Islington, a solo una hora de que comenzase el concierto de Lucy Lawless, el primero de los dos de Londres. Había viajado desde España para poder acudir y casi no podía asimilar que vería a su ídolo en persona. Claro que en esta ocasión Renee no la acompañaba, como si había hecho en Los Ángeles, pero igualmente los nervios la mataban.
Tanto era así, que al llegar al edificio había encontrado una de las puertas traseras abiertas y alejándose por unos instantes de sus amigos, decidió escaparse de la cola y atravesar aquella puerta, apareciendo de golpe en los entresijos de la sala. Mientras andaba perdida, pero cámara fotográfica en mano, se había cruzado con un par de técnicos, pero apenas habían reparado en ella y no le dirigieron ni media palabra. Así que continuó su expedición con cuidado, cuando un palpito se instaló en su pecho y un escalofrío la hizo temblar de pies a cabeza. Casi por instinto, hizo caso a aquel aviso de su cuerpo y se escondió tras una de las esquinas, al tiempo que unos pasos comenzaban a sonar con un escándalo, producido por unos tacones. Y al rato otros pasos más suaves llegaron también a sus oídos. Eran dos personas, dedujo. Se asomó saliendo apenas un centímetro de su escondite, sosteniendo la cámara, cuando sus manos perdieron de golpe toda su fuerza. Si no hubiera tenido la correa entorno al cuello, la cámara se habría estrellado contra el suelo. Pero en ese momento, se trataba de un detalle insignificante. Su mente tan solo era capaz de pensar en lo que veían sus ojos. Y es que frente a ella, antes de llegar a su esquina, Lucy Lawless, vestida para el concierto y con unos tacones de infarto, andaba rodeando con sus brazos a Renee O'Connor.
La actriz más pequeña caminaba permaneciendo entre ellos, acurrucada tiernamente. Lucy, además de mantener el cuerpo pegado a la espalda de su compañera, pronunciaba algo en el oído de Renee, que la hacia reír y reclinarse aun más sobre ella.
En esos momentos la mente de Lorena tan solo era capaz de razonar un tonto pensamiento "Pe…pero si Renee O'Connor no iba a venir…" Aunque su aturullada mente intuía que lo más trascendente de aquella situación no era ese pequeño detalle, parecía que su capacidad de razonar se había marchado de vacaciones. Casi no era capaz de pensar, pero cuando las actrices subieron el tono de voz de su conversación, si que supo rápidamente agudizar el oído como una auténtica cotilla, para intentar entender algo de su inglés:
"Pensé que al final no vendrías…"
"Si quieres me voy" rió Renee
"Ni se te ocurra" respondió antes de aprovechar su posición para darle un pequeño mordisco en el cuello, haciéndola reír
"Me haces cosquillas, honey" siseó revolviéndose entre sus brazos. Lorena, sin entender casi nada, alcanzó a traducir esa ultima palabra. ¿Honey? ¿Cariño? Su cabeza parecía ir a explotar y su corazón incapaz de latir más rápido. Pero si que podía. Se encontró cerca de una taquicardia extrema cuando Lucy accedió a las súplicas de Renee y dejó de torturar su cuello, pero a cambio agarró su mano y la utilizó para girarla gentilmente. Al encontrarse cara a cara, la sonrisa de ambas mujeres llenaba sus rostros y sus ojos con una irrefrenable alegría.
"Gracias por venir, baby, de verdad" musitó con cariño Lucy acariciando su mejilla "Además no hubiera sido capaz de salir al escenario sin un beso de buena suerte" musitó acercándose a su rostro. Lorena había renegado ya de entender algo de cuanto se decían, pero los gestos entre ellas eran sin embargo universales y fácilmente traducibles.
"Vas a salir al escenario con esos pantalones, así que ¿quién te ha dicho que te lo vaya a dar?" preguntó Renee colocando una pose seria y vacilona, pero observando con una sonrisita los vaqueros o la falta de vaqueros, de la morena.
"¿Ah, no? Pues se lo pido a alguna fan" bromeó Lucy, alejándose hacia el escenario. Renee agarró su muñeca entre risas y tiró de ella con firmeza, deteniendo sus pasos y atrayéndola hacia si de nuevo.
"Ven aquí, tonta" siseó rodeando su cuello y colocándose de puntillas para poder robarle un suave beso. "Además, me encantan" reconoció "Guárdalos para esta noche" bromeó consiguiendo una sonora carcajada como respuesta. Jugaron unos segundos nariz con nariz, tan solo acariciándose, cuando la mano de Renee rozó dulcemente la mejilla de su compañera "I love you so much…" susurró mirando a Lucy
"Me too, baby" respondió emocionada, permitiendo a Renee recuperar el beso con más cariño y fogosidad.
Lorena, con los ojos muy lejos de su cara y la mandíbula chocando contra el suelo, observó aquella íntima escena hasta que su mente fue capaz de reaccionar. Sabía que no tenía derecho a espiar aquel momento pero había algo que deseaba hacer, aunque no fuese del todo correcto…
Alzó la cámara y apuntó concienzudamente hacia el tierno beso de ambas mujeres, abriendo el zoom. Su dedo se dirigió con certeza al botón, pero no llegó a pulsarlo. Miró por el visor y después observó la escena directamente. Ese momento era uno de sus sueños y al tiempo el amor secreto de dos mujeres a las que admiraba… El dedo recibía ordenes contradictorias de apretar y de quitarse. ¿Por cual se decidió?.
¡Fin!
