"¡Mama! ¡Mamaaaa! ¡¿Puedo encenderte la tele?!" gritó la voz de Daisy por todo el pasillo, sacándola de su letargo. Lucy entreabrió sus congestionados ojos tanto como pudo, preguntándose que bicho le habría picado a su hija. Suponía que el estar con gripe y cuarenta de fiebre le eximía, al menos por unos días, de aguantar gritos o trifulcas entre hermanos.
Cerró los ojos de nuevo cuando la luz entró en la habitación al abrirse la puerta del cuarto. Mientras sus retinas se recuperaban del sock, fulminó con la mirada a la figura de Daisy que permanecía en el marco de la puerta a contraluz.
"Tienes un aspecto horrible…" farfulló su hija
"Lo siento, no tuve tiempo de pintarme el ojo" respondió sarcástica, acurrucándose más entre las sábanas "¿Qué gritabas sobre la tele?"
"Espero que te rías" comentó con guasa Daisy, antes de agarrar el mando a distancia y encender el televisor.
"¿Corazón de Milenium? Daisy, mi cabeza me pesa 20 quilos y mi nariz es una fabrica de mocos, ¿crees que el periodismo del corazón es lo k…?" Sus quejas enmudecieron cuando el presentador o presentadora, su estado no le permitía bien identificarlo, pronuncio su nombre seguido de unas cuantos videos de archivo.
La voz en off que seguía a las imágenes, relataba lo siguiente "El embarazo parece ya una realidad. Esta semana la actriz visitó en dos ocasiones a su medico de cabecera, en el Hospital General de Los Ángeles. Según algunos testigos que la vieron durante sus consultas, podría estar de dos o tres meses. Se espera que la actriz y su marido, el productor Robert Tapert, confirmen la noticia en pocos días. Por otro lado, la presentadora Ju…" Daisy bajó el volumen del televisor y se giró hacia su madre. Lucy se reía sin fuerzas y tosiendo al mismo tiempo, mientras intentaba hablar.
"¿Han confundido mis visitas al medico por la gripe, con un nuevo embarazo?" susurró entre carcajadas "¡Bien por ellos!" aplaudió estallando de risa y volviendo a toser.
"Sabía que te haría gracia" respondió su hija sonriendo también. Se acercó a su madre y colocó la mano sobre su frente, escuchando a la vez la ronca tos "Voy a ir a por un poco de agua y creo que también a por el termómetro" murmuró mientras se ponía en pie.
"¿El termómetro para qué? Tengo cincuenta de fiebre, eso ya te lo confirmo yo" aseveró bromitas, viendo salir a su hija. Volvió a dirigir la mirada al televisor, que aun permanecía encendido pero insonoro "Otra vez embarazada, ¿te imaginas Lucy?" farfulló para si misma "Sería como Eve…" bromeó entre delirios, riéndose ella sola "…aunque sin Gabby" razonó, cortando sus carcajadas de raíz. Suspiró hondo y sin saber bien porqué se cubrió con las sábanas, escondiendo bajo ellas hasta la cabeza.
La siguiente vez que sus ojos se abrieron, entre cabeceo febril y cabeceo febril, escuchó unos pasos acelerados. Alguno de sus hijos o quizás los tres para hacer mas ruido, corrían escaleras abajo. Y como pudo suponer al oír la puerta de la calle, iban a recibir a alguien. Cruzó los dedos rogando que la visita no subiera a verla. Ella solo deseaba dormir o al menos permanecer relajada y en silencio sepulcral, mientras la gripe durara.
Pero como supuso, sus plegarias no fueron escuchadas y diez minutos más tarde la puerta de su cuarto volvía a abrirse "Ahora salgo, chicos. Quiero ver como se encuentre mama" farfulló la voz de Robert "Espero que la hayáis cuidado mucho, eh?"
Un clamoroso "¡Siiiiiiii!" tronó con las voces de los dos más pequeños
"Así me gusta" rió Robert "Esperadme fuera chicos" propuso, para alivio de Lucy
"Sois muy ruidosos" gruñó Lucy, con la voz demasiado ronca, cuando la puerta se abrió.
"Hola, ¿Como te encuentras?"
"Bien, en plena forma" contestó sonriendo sarcástica y acompañándolo de una aparatosa tos.
"Ya veo…" La miró preocupado antes de acomodarse en un borde de la cama. Mientras se sentaba, tocó su frente, intentando medir su temperatura "Los niños ya se han bañado, cortesía de Daisy, y ahora les prepararé la cena"
"Perfecto, gracias" le agradeció con vos ronca y media sonrisa "¿Qué tal estaba tu piso?" preguntó recordando que con motivo de su gripe, Robert había estado muchísimo más tiempo alejado del piso que tenía en el centro de la ciudad.
"Bien, estuve por la mañana allí para ponerle un poco de orden"
"¿También hoy te quedarás a dormir aquí?" preguntó Lucy imaginando la respuesta. Robert asintió sin mucho convencimiento "Entonces ya sabes donde tienes sábanas limpias y toallas" murmuró mientras él asentía "Rob, ¿por qué seguimos juntos?" preguntó de golpe, haciéndole pegar un bote del susto "Sí, no lo entiendo" añadió con sinceridad "Hace tres años que me negué a mudarme al centro, aunque a ti te quedara mas cerca del trabajo. Desde entonces tú vives allí y yo, desde luego, aquí" continuó con voz despistada, como si parte sus palabras se debieran al delirio de la fiebre "No parecemos ni matrimonio ni pareja, ¿cuánto hace que no nos acostamos?" preguntó despreocupada
"Lucy…" siseó Robert con los ojos encendidos, acercándose a ella y moviendo su colcha "¿Me estás proponiendo que nos acostemos…?"
"¿Qué?" preguntó desternillada "No, no, no" exclamó con un gesto de asco "¡Claro que no!" insistió empujándole de su cama con las pocas fuerzas que conservaba "Solo lo comentaba"
"Oh"
"Dales la cena a los peques y acuéstalos, por favor" comentó Lucy agotada. Se acomodó entre las sábanas y bostezó "Para después ya sabes donde esta la ropa de cama del cuarto de invitados, ¿vale?"
"Luce…" pronunció en tono meloso "¿No podría dormir aquí contigo?"
"¡Uy, no!" exclamo de golpe y sin ningún tacto "Que esto es muy contagioso, ya lo dijo el medico"
"Esta bien" aceptó derrotado "Descansa, Luce" siseó encaminándose al pasillo, mirándola una vez mas con una mirada cargada de una pequeña tristeza.
"Se intentara" farfulló la actriz sin mirarle, antes de escuchar la puerta cerrarse. Una sonrisa entre incrédula y con grima, se coló en sus labios. La proposición de Robert trajo a su mente una imagen y se encontró dándole vueltas con un poco de asco. ¿Los dos volviendo a dormir juntos? Se lo imagino sobre la cama, intentando besarla y dejándose llevar por la pasión y una risa tonta se apoderó de ella, mientras negaba con la cabeza. Aunque tiempo atrás, mucho tiempo atrás, aquella escena se repetía algunas noches, ahora se le hacía imposible planteárselo. Su leve risa aumentó al imaginarse a Rob besando sus mejillas, su cuello, su otras y bajando lentamente por su torso...
La risa se acabó de golpe.
La visión de Rob había terminado y en lugar de la imagen de su marido, había una cabellera rubia que le prodigaba besos con amor por todo su cuerpo. Asustada por el cambio, comprobó que al alzarse aquel rostro que la besaba, se encontraba la cálida sonrisa de Renee. Un escalofrío se apoderó de ella mientras se frotaba los ojos atónita.
"¡Bah, alucinaciones!" farfulló arrastrándose hasta la mesilla de noche. Intentó abrir el cajón, y cuando se le resistió levemente, tiró de él con fuerza, casi enrabietada. Lo abrió de golpe y sacó sus aspirinas bruscamente, para tragarse dos de ellas con rapidez. Se sentó con gesto mohíno, mientras bebía agua y se detuvo un instante a pensar. ¿Por qué estaba enfadada? Esa pregunta pareció calmarla un instante, pero momentos después volvía a tumbarse cubriéndose de mantas hasta la barbilla y con la almohada sobre la cabeza, para acallar sus pensamientos "No estoy enfadada" gruñó con tono agrio.
Días mas tarde casi había remitido, pero aun quedaban en Lucy los últimos resquicios. Se encontraba en el estudio de su casa, acompañada de su pianista y sentada en su butaca favorita. Las notas que tocaban y ella intentaba cantar eran de la canción Superstart , pero algo no iba bien.
Habían calentado la voz, realizó varios ejercicios de entonación y decidieron comenzar suave, pero la voz de Lucy aun estaba demasiado ronca por el virus. Su pianista le había propuesto un par de veces descansar, pero Lucy entre frustrada y triste, no quería oír hablar de ello.
Cerró los ojos cuando sus anginas se quejaron con un pinchazo de dolor, e intentó tragar algo de agua a pesar de las molestias de su garganta. Respiró hondo rogando por que cesara ya. La presión del concierto del "Universal city walk concert" cada vez era mayor, y que fuera en plena calle no ayudaba precisamente a rebajarla. Sentía que no iba a llegar, y cada vez que pensaba en ello era como si un peso enorme se añadiera a sus hombros. El médico no estaba seguro con el pronostico sobre su voz y ella empezaba a contagiarse de aquella inseguridad. Era el segundo día de ensayo, a solo dos semanas del gran concierto y no era capaz ni de aguantar una canción.
Iba a necesitar más de dos semanas, no podía cantar así, o no resistiría, sin contar con todos los desafinamientos y gallos que sería incapaz de evitar. Pero no tenía ese tiempo, simplemente tenía que llegar, fuera como fuese. Tendría que enfrentarse a toda esa multitud, cantando lo que fuera capaz, aunque posiblemente no sería suficiente.
Intentó olvidar aquellos miedos y dejar de pensar de aquella forma tan derrotista, pero su mente y su desanimo le ganaban. Necesitaba algo más, un apoyo, un empujoncito, unas palabras que la hicieran confiar en que podría con ello.
No supo si sorprenderse o sonreír con ironía cuando la imagen de Renee acudió al momento a su cabeza. Su pequeña amiga tenía un manejo extraordinario de las palabras, o quizás era que la conocía tremendamente bien, pero por un motivo u otro siempre había sacado muy bien de su mente los fantasmas como aquellos. Ella podía borrar sus miedos de un plumazo con solo unas pocas y dulces palabras.
En la siguiente ocasión en que el apurado pianista propuso un descanso, Lucy le sorprendió aceptando la propuesta. La actriz abandonó el estudio y tomó posesión del salón, teléfono en mano.
Sin embargo, sin saber bien porque y con un gesto resignado, el número que al final marcó no fue el de Renee. Algo le había impedido hacerlo, y en su lugar la aflautada voz de Marissa resonó al otro lado de la línea.
"¿Si?"
"Hola guapísima"
"¡Lu! ¡Que sorpresa! ¿Qué tal?"
La respuesta le llevó unos segundos y se decidió por disimular "Muy bien, totalmente repuesta ¿y tu? ¿Me he perdido algo jugoso en estos días en cama?" preguntó interesada. Los miedos, inseguridades y rabias por la gripe y el concierto, quedaron relevados a un segundo lugar, a pesar de su estado. Necesitaba hablar con alguien, pero al marcar aquel número, esa necesidad se había retirado, como esperando otro momento o quizás otra persona para ser confesada.
Pero dejó de pensar en aquellas inquietantes dudas, ya que la conversación continuaba:
"¡Tengo una noticia genial que darte!" gritilló Marissa
"Sorpréndeme"
"¿Recuerdas que no podía ir a tu concierto porque había quedado para tomar un café? ¡He decidido anularlo!" exclamó feliz. La sonrisa de Lucy se congeló en su rostro. Supuso que aquella "cancelación" habría sido mas bien un plantón por parte de las otras personas, aunque eso no le importaba. Ya conocía a Marissa y su forma de ser.
Lo malo era que también conocía a Renee. Nunca habían hablado de ello ni cruzado el más mínimo comentario al respecto, pero Lucy sabía que había una regla no escrita de que allí donde se encontrara Marissa, no estaría Renee. Nunca supo muy bien porque ni preguntó al respecto, pero tenía asumido que era así. Ellas dos preferían no verse, y Renee prácticamente la rehuía.
De manera que esa afortunada "anulación" posiblemente le costaría la asistencia de Renee, la cual esta había confirmado semanas antes. Y ese cambio no le convencía en absoluto. Hacía demasiado tiempo que no coincidía con Renee y saber que iría a verla había sido una de las más gratas sorpresas de esos últimos días.
Pensó en Renee y Marissa, y meditó que la primera no tenía porque enterarse, al fin y al cabo era una cosa sin importancia, ¿no?
"¿Lu? ¿Sigues ahí?" cuestionó la vocecita de Marissa
"Si, disculpa. Entonces vendrás, ¿no? Es estupendo" afirmó con una pequeña sonrisa y sin preguntar más acerca de aquella anulación.
"¡Lo sé! Así que había pensado pasarme hoy por tu casa para ayudarte a decidir la ropa del gran día. ¿A las seis te parece bien?" preguntó auto invitándose.
Podía pensar durante horas y horas, pero no conseguiría tomar una decisión que la convenciera. Necesitaba hablar con Lucy, preguntarle por el embarazo y saber de primera mano si eran ciertos los rumores. Pero temía recibir un Si, temía su reacción si resultaba estar embarazada y sobre todo temía su descarada y delatadora falta de sutilidad. No quería que Lucy creyera que aquello le destrozaba, aunque fuese la verdad.
El irrefrenable y algo masoquista razonamiento de que necesitaba saberlo al precio que fuera, ganó a todo sus miedos y pánico, y se encontró cogiendo el teléfono. Mientras escuchaba los tonos del teléfono, calculó que siendo las siete de la tarde, ya estaría en casa, con los niños.
"¿Si?" escuchó la rasgada voz de Lucy. Sonrió de oreja a oreja, sintiendo eufórica que había tomado la decisión adecuada. De repente toda aquella tarde de cuestionarse todo y dar vueltas y vueltas a su cabeza, se había vuelto maravillosa.
"¿He de darte la enhorabuena o no?" preguntó Renee con tono dulce y bromista. Pudo escuchar la risa de su amiga al otro lado de la línea, acelerando su corazón.
"¡Ren!" dijo entonces, saludándola eufórica "No, no vas a volver a ser tía" respondió ajena al torrente de felicidad que recorría a su amiga. Renee tuvo que tapar su teléfono para evitar que Lucy escuchara sus pequeños gritos de alegría "¿De donde sacaran todos esos rumores?" preguntó con tono indignado, bromeando.
"Pues yo me lo llegué a creer" respondió riendo, aunque cinco minutos antes todo aquello no tuviese nada de gracia para ella
"Igual que mi madre... ¡no veas que desilusión se ha llevado! Los gritos desde nueva Zelanda se oían aquí" bromeó, escuchando por fin y después de mucho tiempo la risa de su amiga, aunque fuese a través el teléfono "¿Pero como iba a ser cierto?" preguntó extrañada. ¿Además acaso no recordaba Renee que ella siempre era una de las primeras en saberlo? Con cada uno de sus embarazos al lado de Renee, había corrido a ella para contárselo, y no entendía bien porque pero siempre se le había hecho duro hacerlo. Era como si tuviera que quitarse un difícil peso de encima, llegándole a dar algo de vergüenza "Lo que confundieron con un embarazo, no era más que una gripe algo complicada" añadió restándole importancia
"¿Una gripe?" preguntó haciendo caso omiso de la despreocupación en la voz de Lucy "¿Cómo estás? ¿Podrás llegar al concierto?" cuestionó alarmada
"¿La verdad?" resopló Lucy "No se como me veo, yo…" murmuró tentada de repente de explicar cada detalle de sus martirizantes dudas. Pero una voz se lo impidió, interrumpiéndola.
Marissa se acercaba a ella con ropa en cada mano, enseñándosela y gritando "¿Con que crees que deberíamos verte en el concierto? ¿El traje verde o el vestido rojo?" cuestionó sin prestar atención al pequeño detalle de que Lucy hablaba por teléfono.
Mientras Lucy hacía gestos a Marissa, señalando el teléfono, al otro lado de la línea volvía a escucharse la voz de Renee, sonando alegre e inocente "¿Es Daisy? Dale un besote de mi parte"
Marissa se tapó la boca como excusándose por su despiste, pero no salió de la habitación, obligando a Lucy a ser sincera.
"No, no es Daisy. Era Marissa" El silencio momentáneo al otro lado de la línea le dijo cuanto necesitaba oír. Ni si quiera la escuchaba respirar.
"¿Con que deberíamos verte en el concierto?" repitió entonces Renee, imitando las palabras de Marissa "Vaya, me alegra comprobar que pudo cancelar el cafecito" comentó con normalidad pero dejando leer el sarcasmo entre líneas y sin mucha dificultad. Lucy como respuesta rió levemente y con descontento, intuyendo lo que venía a continuación.
"Si, así es. Que suerte, ¿verdad?"
"Lo cierto es que si, es una muy buena noticia…" celebró sorprendiendo a Lucy, que no terminaba de fiarse a pesar de esas palabras "…Porque llamaba para decirte que creo que no podré asistir. Lo siento muchísimo" murmuró acompañando estas últimas palabras de auténtico fastidio. Aunque el nombre de Marissa había logrado que decidiese al instante no ir y había respondido repleta de sarcasmo y malestar, un segundo después se había dado cuenta de a que renunciaba. Recapacitó entendiendo que no vería a Lucy. Entre que parecía que habían pasado años desde su último encuentro y que aquel embarazo había sido un bulo, se moría por volver a verla. Pero con un nudo en la garganta decidió que ya era demasiado tarde para echarse atrás.
Al otro lado del teléfono, Lucy no se sentía mucho mejor. Se giró dándole la espalda a Marissa para que sus gestos no pasaran bajo la atenta mirada de su amiga. No se esperaba la llamada de Renee, pero al saber de ella deseó fervientemente que el motivo fuera su supuesto embarazo, o incluso que simplemente quisiera charlar. Pero la única razón de su amiga era darle plantón. Respiró hondo resignada.
"Pero Renny, creí que no tenías planes para ese día"
"Ha sido algo de última hora" mintió forzando a su mente para lograr una excusa creíble "Han organizado un evento promocional para la película de Monster Ark"
"Oh, en ese caso…"
"Lo siento mucho, Luce" murmuró "¿Hablamos?" preguntó sin muchas ganas de continuar la conversación.
"Claro. Un besito, Renny"
"Un beso, adiós" respondió colgándola.
Lucy respiró hondo antes de girarse y depositar el teléfono sin demasiado ánimo, observando que Marissa había dejado los dos trajes, culpables de todo el desastre con Renee, sobre una silla. Seguramente para que les echara un vistazo mientras ella volvía al cuarto para continuar rebuscando en su armario. Los observó detenidamente, comprobando que los dos eran horribles.
Los recogió y regresó a paso lento a su habitación, donde Marissa hurgaba de rincón en rincón en su guardarropa. Cuando la escuchó entrar en el cuarto, apenas la miró un segundo, para decir con su sonrisa ladina "Ya estas aquí, ¿seguimos mirando modelitos?" preguntó entusiasmada, sin mostrar interés por saber quién habría llamado.
"Hmmmm, no sé si tengo muchas ganas" reconoció Lucy, sentándose en el borde de su cama "¿Lo dejamos para otro momento?"
"¿Estás bien?" preguntó prestándole atención por fin y saliendo de su armario, el cual entre su tamaño y la escasa altura de Marissa, parecía que se la comía cada vez que se asomaba dentro.
Lucy respondió encogiéndose de hombros, imaginando que su cara de disgusto debía ser todo un poema. Deseaba sonreír y disimular, pero algo dentro de ella se lo impedía.
"¿Qué ocurre?" insistió, sentándose a su vera
"Nada… es que temo que nadie vaya a ir al concierto" mintió en un susurro derrotado. Aquello no era cierto porque confiaba en sus fans y tenía claro que acudirían a llenar el lugar con su cariño. Pero no quería comentarle y reconocer ante Marissa que era la ausencia de Renee lo que la entristecía. De todas formas su excusa no era algo tan alejado de la realidad, en ambos casos se trataba de la ausencia de alguien en el concierto, ¿no?
"¡Ah, pero Lucy, eso no será así!" exclamó con tranquilidad y observando una camiseta de tirantes que acababa de coger "Todo el mundo irá y lo sabes, ¡te adoran! Que demonios, ¡todos te adoramos!" exclamó sonriendo de sien a sien, intentando animar a su amiga. De repente su rostro se torció en un gesto extraño, como si recordara algo "Si vamos todos, ¿no? Incluso la chica esta... O'Connor, ¿verdad?" preguntó sin mucho interés realmente
"No puede ir al final, ¿no te lo dije?" comentó disimuladamente, controlando que su voz no se viera delatoramente afectada.
"Oh, que pena" respondió sin mucho afán de ocultar que le parecía una noticia maravillosa. Lucy, resignada, tuvo que reconocer que en ocasiones entendía un poco porque Renee no la soportaba "¡Pero ya verás que irá tanta gente que faltara sitio para recogerlos a todos!"
"En ese caso, menos mal que no necesitas entradas para asistir, porque sino no se si podría conseguírtelas" sonrió Lucy, continuando su broma
"¿Entradas? ¿Para que las necesitaría, si yo estaré contigo en el backstage?" añadió sonriente, de nuevo auto invitándose sin pudor.
Renee abrazaba con fuerza uno de los cojines de su cama, casi como para hacerlo estallar por el apretón al que lo sometía. Sus dientes apretados y tensos, rechinaban entre sí y su mirada, furiosa y casi echando chispas, se perdía mirando al infinito.
"Marissa, Marissa…" farfulló entre dientes, dejándose llevar una y otra vez por el cabreo que la recorría. Tan solo había coincidido con ella en una ocasión y aunque pareciese poco tiempo Renee había sabido que jamás se soportarían, incluso desde el primer vistazo. No era dada a dejarse llevar por la primera impresión ni a juzgar a la gente sin conocerla, pero con Marissa algo chocó desde el principio, y no se trataba ni de celos o envidias, al menos no por su parte. Claro que en el presente envidiaba su relación con Lucy, el tiempo que llegaban a pasar juntas y lo que compartían. Incluso toda ella temblaba de celos cada vez que escuchaba a Lucy llamándola "su mejor amiga". Pero Renee se conocía lo suficiente como para estar segura de que ese detestamiento iba mucho mas allá de unos simples celos e incluso Marissa en aquel único encuentro se había encargado con creces de demostrar que la apatía era mutua.
Se habían encontrado la primera vez que Renee acudió a ver el musical de Grease. Quedó tan impresionada por él y más aun por su encantadora amiga, que quiso escaparse al camerino de Lucy. Deseaba darle una sorpresa y ser la primera en felicitarla aquella noche, por su magnifica actuación. Cuando su amiga la encontró allí la abrazó con fuerza, entusiasmada por la sorpresa y Renee le devolvió el gesto igual de contenta. Fue entonces cuando al mirar sobre el hombro de Lucy se encontró la diminuta figura de Marissa. Su mirada fría y desinteresada y su gesto serio y burlón fueron un contraste que chocó a Renee, aunque intentó no darle importancia. Sin embargo no pudo evitar extrañarse cuando al soltar a su amiga y girarse Lucy, la gran y luminosa sonrisa de Marissa regresó a sus labios mientras se acercaba alegremente a saludarla.
Cuando las tres comenzaron a hablar, Renee comprobó que no tenían mucho en común, ni terminarían de congeniar, cosa que rara vez le había ocurrido. Pero por si acaso, cuando Lucy las dejó un momento a solas para ir a cambiarse, comprobó que no se había equivocado y que además Marissa era imbécil. Con Lucy fuera, la diminuta actriz se dejó caer en una silla sin mucho afán de continuar charlando con Renee, como si no se encontrara allí. Renee no era capaz de entender que había sido de la graciosa y encantadora Marissa, la que Lucy le había descrito tantas veces.
Quiso creer que habrían comenzado con mal pie por alguna razón que desconocía y se sentó cerca de ella antes de decirle "Habéis estado fantásticos, ha sido todo un espectáculo" le sonrió
"¿Si, verdad? Lo sabemos" añadió devolviéndole la sonrisa
"Todo serán buenas críticas, ¿no?"
"Por supuesto. La noche pasada, cuando vino Rob, nos felicitó entusiasmado, ese hombre si que tiene buen gusto" contestó mirándola a los ojos como si esperase que reaccionara de alguna manera. Pero Renee se limitó a sonreír y asentir, lo que pareció no gustar a Marissa, por algún motivo desconocido. Entonces volvió a sonreír mientras continuaba hablando "¿Sabes que más me dijo Rob?" preguntó con un toque de misterio e inclinándose hacia ella, como si fueran a compartir un secreto.
"¿Qué?" preguntó Renee confundida por su extraña manera de actuar
"¡Que va a pedirle matrimonio a Lucy!" exclamó con un eufórico tono de felicidad, pero con un toque retorcido en la mirada.
Renee perdió la sonrisa en el acto y su rostro se quedó congelado, sin expresividad alguna. Aunque más adelante se lamentó de haber actuado así ante Marissa, en aquel momento no pudo hacer otra cosa. Cuando por fin reaccionó, tragó hondo y volvió a mirar a la actriz. Mientras una dolorosa angustia comenzaba a crecer en su estómago, descubrió que Marissa ahora si parecía feliz e incluso un poco triunfante con su reacción "Por supuesto, Lucy aun no sabe nada. La sorprenderá este fin de semana" añadió alegre, colocando un dedo en sus labios, a modo de petición de silencio.
"Oh, si, si, claro… No te preocupes, no diré nada" respondió intentando recordar como se sonreía.
"Uy Renee, no pareces muy contenta con la noticia" murmuró con una sonrisa torcida. Renee no sabía que pasaba por la cabeza de esa mujer, ni porque quería hacerla daño, pero fuera como fuese, sabía como lograrlo y lo estaba disfrutando. ¿Lucy se prometería? ¿En solo unos días?
"No, claro que me alegro…" susurró sin convencer a nadie. La puerta volvió a abrirse y Marissa le dedicó un guiño, sorprendiendo a Renee por la mala leche que pudo sentir en él.
"¡Ya estoy preparada!" les sonrió Lucy. Las dos se giraron hacia ella con sendas sonrisas, como si nada hubiese pasado "Marissa, gracias por cuidar a Renny" bromeó
"Un placer, Lu" respondió con vocecita de buena y sonrisa angelical
"¿Nos vamos a cenar, peque?" preguntó tendiéndole la mano a Renee. Esta miró de soslayo a la mujer más bajita y pudo comprobar que le molestaba aquella camaradería.
"Claro grandullona" respondió con una sonrisa de oreja a oreja "Vamonos" propuso agarrando su mano y entrelazando sus dedos con cariño. Casi podía oír los dientes de Marissa rechinando "Adiós" le sonrió completamente tranquila.
"Un placer conocerte, Ren"
"Lo mismo digo" respondió antes de salir caminando completamente pegada a Lucy y con sus manos aun juntas. Ni si quiera se giró hacia ella para ver su cara de fastidio, sencillamente se limito a andar. Antes de conocerla había decidido proponerle a Lucy que las acompañara a la cena. Pero después de su conversación lo único de lo que tenía ganas era de alejarse lo mas posible de ella.
Desde entonces hasta ese instante no se habían vuelto a ver más que de refilón o de lejos, y Renee pretendía que siguiera siendo así. Aunque le doliera a horrores seguir sin ver a Lucy. Pero no era capaz ni se sentía con ganas de enfrentar a Marissa y su forma de tratarla. Y no esperaba que Lucy lo entendiera ya que imaginaba que con ella, Marissa era algo egoísta, pero por lo demás debía comportarse como un histriónico angelito. En ocasiones se había cuestionado porque a ella le había tratado así, pero el único motivo posible, conociendo la famosa tendencia de Marissa por perseguir cualquier culo masculino en forma, era que tuviera celos de ella por ser la mejor amiga de Lucy. O más bien por haberlo sido, como bien recordaba Lucy cada vez que hablaba de Marissa.
Si se comportó como una víbora por esa razón, ya debería estar contenta. Lo había conseguido, ocupaba el puesto de lapa personal de Lucy, mientras que ella quedaba relegada a verla de vez en cuando, como en conciertos a los que al final ni si quiera asistía.
Aquello no era justo, resopló con un creciente cabreo.
Se levantó de la cama, guiada por su enfado y descolgó el teléfono. Treinta segundos después sonaban los tonos y diez más, una voz respondía:
"¿Si?"
"Hola Jed. Soy Ren, cariño. ¿Quieres ir a tomar algo?"
"¡Claro! ¿Por qué no?"
"Genial. Paso a buscarte. ¡Hasta ahora!"
Durante toda la tarde del concierto, Renee recordó perfectamente que día era y donde podría estar. Pero se había encargado de planear a propósito una velada de casi todo un día con Jed y algunos amigos. Entre risas, cervezas, una barbacoa y buen ambiente, Renee se entretuvo, disfrutó y se divirtió, pero sin dejar de pensar en Lucy. Se sentía estúpida por imaginar como iría vestida, que canción estaría cantando o como se encontraría su voz. Pero a pesar de su frustración, no podía evitarlo. Como siempre que se trataba de ella.
Al mismo tiempo Lucy mantenía hechizado a cuantos se habían acercado al concierto en plena calle. Su voz había estado peligrando hasta el último momento, pero gracias al medico y a un experto de las Vegas, el doctor Vetro, en ese momento estaba dando lo mejor de sí. Y Lucy era la primera que lo estaba disfrutando. Gozaba cada instante jugando con las canciones y sus notas, bromeando con el público y manejando la velada con una increíble soltura y naturalidad. Todos sus miedos habían dado paso a una gran seguridad, gracias al éxito de los últimos ensayos y a lo bien que había comenzado el concierto.
Sin embargo, algo no había salido como ella esperaba. Sabía que no podía recriminarle nada a Renee, ya que su amiga le había advertido semanas atrás que no acudiría. Pero ella aun así la había esperado. Creyó que quizás podría escaparse del compromiso, si es que existía. Imaginó que al final si podría ir y le daría una de sus detallistas sorpresas. Pero no fue así. Abrió su camerino con la esperanza de verla dentro, igual que al pasar entre los bastidores y el escenario, pero no encontró rastro de ella.
Cuando empezó el concierto perdió toda esperanza y se resigno. Pero solo dos canciones mas tarde, una imagen casi logro que se detuviera y parara de cantar. Se repuso rápidamente, logrando que nadie más se diera cuenta y prestando atención a lo que había visto.
Una cabecita rubia, no muy alta, se distinguía entre la multitud a muy poca distancia del escenario. Con el pulso acelerado y una enorme sonrisa, terminó su canción, lista para recibir los aplausos de la multitud pero sin apartar la vista de aquella inquietante mujer. Con un suspiro de felicidad imaginó, ¿sería ella?
Retrasó el comienzo de la siguiente canción y estuvo recogiendo aplausos mas tiempo del esperado, solo para mirarla. Intentaba ver su rostro y reconocer sus ojos, quería verla sonreír y encontrarse con que era la sonrisa de Renee. Pero aquella mujer no era quien deseaba.
La fan, abrumada al ver que la mirada de Lucy estaba clavada en ella, comenzó a gritar e incluso dio algún saltito de emoción, permitiéndole a Lucy descubrir que no era Renee. Miró al suelo con desánimo y dejó de nuevo el micrófono en el soporte, preparado para la siguiente canción. Meditó para si que aquella fan tenía cierto parecido a Renee, incluso era muy guapa, pero no alcanzaba ni de lejos la belleza de su amiga.
Suspiró decepcionada, cuando su rostro se quedó blanco. Recapitulo sus pensamientos, volviendo atrás. ¿Había pensado que aquella chica era preciosa, pero no tanto como su Renee? Se detuvo un instante, lívida y nerviosa y por alguna razón volvió a mirar a la fan, como si no terminara de creer lo que había pasado por su mente. Lo cierto es que la chica era bastante atractiva… ¿qué? ¡Siguiente canción! ¡Siguiente canción!, se dijo a si misma, obligándose a volver al concierto y dejar de lado cuanto pasaba por su cabeza.
No le gustaba mucho el coche de Marissa y aun menos su manía de aparcarlo cerca de la entrada, de manera que para montarse en el debían de atravesar a todo el grupo de fans. Pero había permitido que su mejor amiga la convenciera para ir en él y ahora debía volver a casa del mismo modo.
Pero por una vez no le importaba el olor extraño que había siempre en el coche de su amiga, o incluso la falta de limpieza patente en cada rincón del vehículo. Lucy permanecía mirando por la ventaba, con la mirada perdida y la mente hecha un lío y por ese día eso era cuanto le preocupaba. En su cabeza las ideas y pensamientos parecían no dejar de dar vueltas e incluso se chocaban entre si, torturándola aun más.
No entendía que había ocurrido en el concierto ni que había visto en aquella fan. Quería saber como esa mujer le había llegado a parecer tan atractiva y lo que era peor, porque había decidido que era guapa pero no tanto como Renee. Lucy sabía que era imposible que le atrajesen las mujeres, ni le gustaban ni le habían gustado nunca. Jamás una mujer había despertado nada en ella, se aseveró a si misma sin mucho convencimiento. Tenía amigas y las quería como tal, algunas habían sido más especiales y cercanísimas, pero nada mas allá. Como por ejemplo Marissa, razonó girándose hacia su amiga, que conducía concentrada en la carretera. Sin embargo al notar la mirada de Lucy sobre ella, se giró un instante y se la devolvió, sonriendo abiertamente.
Vale, Marissa no era un buen ejemplo para resolver sus dudas, razonó Lucy observando la cara y el gesto de su amiga, antes de que volviera a mirar al frente. Su amiga era simpática y buena persona, pero no era el mejor ejemplo en cuanto a lo que despertar atracción se refería.
Giró su rostro hacia la ventanilla, para seguir observando el paisaje de las calles de Los Ángeles, y permitir a su mente pensar libremente. Las casas y mansiones crecían a cada lado de la carretera, las aceras, cuidadas y limpias, estaban llenas de gente y aprovechando la cálida noche que se había quedado muchos habían salido a montar en bici o correr, aprovechando los últimos vestigios de luz. Entre todos los que se entretenían haciendo deporte, se fijó en una alta y esbelta pelirroja que hacía footing. Respiraba acompasadamente y con una graciosa sonrisa. Tuvo que reconocer que era toda una preciosidad y mas aún cuando sus ojos siguieron cada movimiento de la mujer hasta que la perdieron de vista. Recuperó sus ojos, que se habían perdido entre aquellas curvas y reaccionó. Se retiro las gafas de sol y frotó sus ojos cerrados, intentando dejar la mente en blanco. Solo deseaba llegar a casa y dejar de pensar tonterías. Una vez en su hogar todo estaría bien, razonó presa de una angustia que le hacia no creerse del todo aquella afirmación.
Continuará...
