Hola chicas bueno primero que nada, prepárense para algo fuerte o.o no me culpen si no les agrada xD en fin a veces puedo ser muy mala MALKITA AVILA lo sabe 9,9 así que den gracias que esto no fue tan fuerte como mi otro fic de DOLOR en donde torturo a Sasuke Uchiha, en fin espero lo disfruten o al menos les agrade…

Un saludo especial a mi amiga Abigail la Fey quien me ayudo con la corrección y las puntuaciones y tildes yay! Además de agregar algunas descripciones y hacer más cuerdas algunas partes, espero que sea de su agrado y perdonen mucho la espera n_n!

Feliz lectura, Inuishi, Kouki, Carla Mariana Ryt, Isa-chan, Himeko y mas!

BESOS NENAS Y CABALLEROS!

En la oscuridad.

By:

Aurora la maga.

4: Una severa advertencia.

Las cartas estaban echadas sobre la mesa, Oxford había hecho un trato con los tres hombres, mas sin embargo, él no tenía la última palabra. El hombre salía de la casa que compartían y que había destinado para esos tres sujetos. Llevaba unas gafas negras y se las colocaba elegantemente mientras chasqueaba los dedos a uno de sus guardaespaldas susurrando:

- Llama a Otoniel.

-Sí, señor.- Susurró éste.

El guardaespaldas rápidamente sacó un teléfono celular del bolsillo interno de su americana. Mientras los tonos se daban en la línea, se fijó en como el coche blindado que iba a movilizar al millonario, se acercaba a ellos. Oxford se acomodó dentro del auto, un lujoso último modelo y antes de que se cerrase la puerta su empleado dijo con voz ronca:

-El Señor Otoniel en la línea tres, Oxford-sama.

Inclinó su cabeza mientras alargaba el teléfono hacia su jefe, cerró la puerta del coche con fuerza. Oxford, se atusó los cabellos canos y su voz rasposa con acento inglés se escuchó tranquila y aduladora:

-¡Otoniel-san, qué placer escucharte!… Mi queridísimo amigo, ja, ja, ja, ja. Escucha, tengo algo que hablar contigo es importante, ¿podemos reunirnos en el almuerzo?... Claro, en el restaurante de siempre y por supuesto, también necesito ver a Kintou…!Bien, bien, Mata atode!(N/A Significa Nos vemos después)- Se despidió con una sonrisa y cortando la llamada, llevaba una mano a su barbilla y susurraba.-Seguramente, ellos puedan aconsejarme mejor. Mmmmmm, claro que no está fuera de mis manos cumplir el capricho de ese trio, pero también necesito consejo, ¡mierda! Realmente no sé qué tan grave sea el que permita que ellos se queden a vivir en esta casa….

Oxford se la estaba pensando seriamente aunque los Morinaga y el Taichirou podían cantar victoria. Pero no se podría saber que sucedería al final. Si aceptar o no su petición, si tan solo tuviera la buena intención lo haría, pero no podía verse como un hombre complaciente. Por supuesto que debía cuidar a esos chicos por que actualmente su empresa pasaba por una mala racha y los inspectores estaban sobre él como buitres, trataban de sacar lo peor de aquella compañía; gracias a las denuncias de sus ex empleados muchas sospechas se llevaban ante su gran legado.

No había duda, el único que podía defenderlo de todas esas investigaciones era Kunihiro el gran abogado, del diablo, había leído su currículo y es que el Morinaga padecía de algo llamado orgullo de abogado, el jamás perdería un caso y sumado a eso su grupo de contadores y podría hacer que los números mostraran otras cifras, eliminar los que lo comprometía y para que eso se lograra debía… no más bien tenía que ser severo y sujetar a sus pájaros aunque no de la mejor manera.

[***************]

Mientras tanto ese mismo día en la casa de citas…

Kintou daba órdenes precisas a su grupo de trabajadores, debían de limpiar todo de arriba abajo y luego prepararse para la nueva noche de lujuria y desenfreno.

Para cierto rubio, las horas haciendo limpieza se iban deprisa. El esfuerzo era enorme, estaba cansado y hastiado. Dejó caer el cepillo a una cubeta y mientras limpiaba su frente, sometía los flecos de su cabello tras de su oreja. Miró hacia un lado y se fijó en Hiroto, quien traía un mapo. Se acercó al rubio y le susurró:

-¿Has visto a Souichi?-

-No…- Respondió el rubio bastante preocupado.

Si había algo que no soportara ese japonés que los tenía atrapados, era que sus órdenes no se cumplieran y aunque Souichi fuera una celebridad, debía acatarlas.

Tragaron grueso ambos y Masaki susurró con valentía:

-Subiré a buscarlo.

-Pero si te ven, te pueden reprender.-Adujo preocupado Hiroto.

-Será igual sino ve a Souichi aquí, ¿no crees?...

Masaki se dirigió a las escaleras y las fue subiendo a hurtadillas, lo más delicadamente que pudo para que su presencia no fuese notada. Pasó con prisa el pasillo y tras unos minutos que se le hicieron eternos, por fin llegó a su destino. En cuanto abrió la puerta de la habitación se quedó estupefacto:

-¿Pero qué demonios…?.

Los ojos se le salieron de las órbitas no pudo creer lo que estaba viendo. Había pintura por todas partes, parecía un desorden horrendo:

-¡Souichi!- Llamó por lo alto.

Al fondo de la habitación, en medio de todo aquello, estaba el pelo largo. Tenía todo su cuerpo empeñado en la obra que estaba llevando. Junya no supo cómo rayos hizo para arrancar las cortinas y hacer de algunos palos un marco enorme. Masaki se quedó asombrado al ver el enorme dibujo era algo verdaderamente hermoso y asombroso. A todo su esplendor se encontraba en el centro de aquella enorme pintura un hombre de cabellos negros azulados y ojos verdes tremendamente guapo, quizás le llevo hacerlo desde que llegaron en la madrugada, pensó el rubio…Cuando sus ojos dejaron de ver aquella enorme obra de arte, pudo escuchar:

-¡Grrrrrr! Necesito… más color piel…

-Souichi.-

Llamó de nuevo el rubio acercándose al pelos largos, quien parecía estar perdido en los óleos. Removía y mezclaba los colores, tenía la mirada perdida, los ojos enormes y podría decirse que las pupilas estaban hiperdilatadas, parecía estar ausente de la realidad. Masaki notó como se movía a la pintura y daba una pincelada en la piel de la figura que estaba plasmando en el lienzo y susurraba.

- Morinaga… es así, como se llama…-

-¡Souichi!- Nombró de nuevo.

Pero, no consiguió que se moviera ni un milímetro. Se acercó y tocó su hombro, de repente, el silencio rodeo la habitación.

-¿Souichi?...

No le dio tiempo a decir nada más. Un grito y un golpe siguieron a sus palabras y sin saber cómo, cayó al piso. Souichi tenía el pincel en su mano lo giro y cuando estaba a punto de clavarlo en el ojo del Junya, éste gritó:

-¡SOUICHI SOY YO, SOY MASAKI!

El mencionado detuvo sus movimientos y con prisa pestañeó varias veces, para volver a la realidad, pero no lo hizo, solo sonrió y se apartó. Sin abrir la boca, y como un zombi, se dirigió de nuevo a la mesa y comenzó a susurrar palabras sin sentido:

-Una noche, suavidad, ojos verdes, inconsciente, lanzándose por la escalera o por un orificio abierto y enorme…

Masaki escuchó a alguien acercarse hasta la habitación, todo su cuerpo se tensó, ¿les habían descubierto y se avecinaba un cruel castigo? Comenzó a sudar a chorros…La puerta se abrió y para su tranquilidad, se trataba de Hiroto quien entraba y decía asustado.

- Masaki, date prisa, Kintou...

-Silencio- Ordenó a Hiroto a quedarse quieto y señalaba hacia Souichi- Mira…

Ambos observaban a Souichi quien no les miraba. Parecía haberse vuelto estar loco. Muy despacio, el castaño se acercó al Junya y susurró:

-¿Qué le pasa?-

-No lo sé, ¿recuerdas cuando le conocimos?

-Sí…-

-Está en ese estado de nuevo, no sé lo que sucede pero, ha perdido la razón, es como si estuviera poseído, a lo mejor…- Señaló hacia el enorme cuadro.-…Eso le pasa cuando pinta…

-¿Qué haremos? Dijo Hiroto preocupado.

De nuevo escucharon pasos y antes de que pudiesen reaccionar, vieron como Kintou, estaba apoyado en el marco de la puerta. Sus corazones saltaron con fuerza al escuchar:

-¡PERO QUE DEMONIOS PASO AQUÍ!- El grito hizo retumbar la habitación.

Kintou miraba la habitación, estaba hecha un desastre y más que todo las cortinas, ¿cómo habían podido romperse de esa manera? todo estaba lleno de pintura y óleos. Parecía como si un grupo de niños hubiesen estado jugando a sus anchas dentro del recinto.

-¡¿QUÉ MIERDAS ES TODO ESTO?!

El japonés observó a Souichi y se acercó de prisa a él con paso demandante. Masaki quiso detenerlo pero fue empujado sin miramientos. Cuando por fin llegó a su frente, arrancando la cortina del inesperado caballete, gritó.

-¡QUÉ COJONES CREES QUE ESTÁS HACIENDO, BAKA DE LAS NARICES!

Souichi miraba al piso, sus ojos contemplaban cómo la pintura se pegaba entre los pliegues de la enorme cortina. Apretó sus puños y moviéndose despacio se alejó para tomar lo primero que encontró, unas tijeras. Kintou se acercó a él, y sin previo aviso, recibió un enorme corte en el brazo. Mientras la sangre comenzaba a chorrear, escuchó la voz del pelo largo:

-¡ARRUINASTE MI OBRA DE ARTE, TE VOY A DESTROZAR, CABRÓN!

Masaki corrió con prisa y lo sujetó. Souichi luchaba con entera locura tratando de matar al de gafas quien tenía el rostro descuadrado y furioso. El alboroto hizo que los guardias rusos llegaran y con suma prisa golpearon al pelos largos justo en la cara, dejándolo quieto y mirando al piso.

Kintou se puso en pie y gritó:

-¡PAGARÁS POR ESTO!

Masaki con furia gritó:

-¡Él no tiene la culpa!

Kintou le observó realmente enfurecido.

-¡Está muy mal de la cabeza, usted tocó algo que no debía y solo defendía lo que es suyo!

-ME IMPORTA UNA MIERDA.

Kintou jaló a Souichi de un brazo y le tiró al piso, para darle una buena patada. Masaki reaccionó de prisa, le empujó y gritó:

-¡NO LE GOLPEES!-

-¿Qué es esto, acaso estás defendiéndolo, rubito de mierda?

-El, no está bien, de seguro ni siquiera debe saber lo que acaba de hacer.

-JA, JA, JA, JA, JA, JA, PUES SI ES UN LOCO ENFERMO, LE REGRESARÉ A LA NORMALIDAD.

-No…-Masaki se interpuso en su camino.

-Entonces tú recibirás su castigo, dime, ¿es lo que quieres, bonito de cara?

Hiroto con prisa dijo.

-Kintou-sama, por favor, tranquilícese, déjeme ver su herida, por favor.

-¡APÁRTATE, PUTA!- Gritó.

Hiroto aterrizó en el suelo, el golpe fue duro y allí se quedó agazapado.

Kintou, disfrutando de la escena, chasqueó los dedos. Inmediatamente, los rusos agarraron a Masaki, quién luchaba por defenderse, aunque sin lograrlo.

Hiroto miraba todo desde el suelo, suplicaba por su amigo, pero nadie le escuchaba, una bota se incrustó en su estómago y perdió la consciencia. Mientras se sumergía en la oscuridad pudo escuchar a lo lejos cómo alguien decía:

- No te van a quedar ganas de vivir después de que termine contigo, señorito Junya, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

-Maldito cobarde de mierda.-Escupió Masaki.

-ESTE ES TU MALDITO FIN.- Gritó Kintou- Ya no nos sirves.

Masaki observó con furia a los que lo tenían cautivo, el asco lleno su estómago. Haciendo una señal con su cabeza, aquellos hombres, comenzaron a golpearlo severamente. Hiroto, quien había vuelto a la realidad, intentó evitarlo pero fue imposible. La golpiza apenas estaba comenzando, cuando una llamada llegó al celular de Kintou, se separó un poco de los demás y susurró en ruso:

-¡Alto!

Sus hombres se detuvieron al instante. Junya, respiraba trabajosamente, los puños en su estómago lo habían hecho sacar el aire de su cuerpo. Observaba temblando a sus amigos, Hiroto había llegado al lado de Souichi a tranquilizarlo y ambos estaban juntos y en silencio. La llamada duró un minuto exacto, no pudo zafarse de aquellas enormes manos que lo sujetaban, pero la expresión en el rostro de Kintou le dio alivio, además de escuchar cómo éste ordenaba a esos enormes hombres que le soltaran. Kintou se agachó y tomando los cabellos de Masaki elevó su rostro y susurró:

- Te salvaste, por ahora.- Gruñó- Tengo que salir, pero cuando regrese juro que te vas a arrepentir por querer recibir el castigo de este miserable.

Masaki tragó grueso y susurró:

-Aquí te espero, basura.

-Grrr.- Gruñó Kintou.

Se acercó a Masaki y tras escupirle le obsequió con un buen puñetazo en la cara. Con sonrisa amarga, se apartó y salió de ahí con una mano en su brazo presionando la herida. Los tres escucharon:

-¡LIMPIEN ESTA MIERDA AHORA!- Gritó furioso mientras se alejaba por el pasillo- LLEVEN ABAJO A ESE MALDITO PELOS LARGOS. Gritó fúrico.

Kintou siguió su camino, estaba fuera de sí, su amabilidad y la poca elegancia se habían ido a la mierda. Mientras iba bajando las gradas, gritaba a una de las mujeres que fuera por el botiquín, rápidamente aquella le ayudó a curarse y poniéndose el saco, salió de ahí con prisa.

Arriba, las cosas se ponían horrendas también, los rusos tomaban a Souichi quien no se movía, solo podía ver a lo lejos como destruían todo lo que había hecho, Hiroto enseguida se acercó a Masaki quien susurró con voz grave y apretada:

-¿A-Adónde lo llevan?-

-A las barracas.- Susurró el castaño.- Son como nuestras habitaciones, pero son peor, hay ratas, humedad y todo lo peor que te puedas imaginar. Hay que sacarlo de ahí, antes de que se enferme.

-Yo, lo ahg…-Se quejó Masaki mientas se intentaba ponerse en pie.

-No ya tuviste suficiente, ahora me toca a mí.- Le detuvo Hiroto.

Masaki admiró la determinación del Taichirou, parecía que el miedo comenzaba a menguar en el ojo gris quien susurró:

- Son mis amigos, debo ayudar un poco aunque sea.-

-¿Pero cómo harás que él…?

-Eso, no me lo preguntes.- Dijo poniéndose en pie y siguiendo a los que se habían llevado al ojo miel, mientras él era obligado a limpiar el desorden de ese cuarto.

[***************]

Restaurante de la ciudad…

Se encontraban degustando un delicioso almuerzo, cuando por fin notaron llegar al que faltaba en la mesa, el japonés de gafas y cabellos negros, Kintou. Se acomodó en la mesa siendo secundado por un mesero quien le cuestionó que deseaba para tomar y él enseguida pidió lo más fuerte que tuviera la casa, lo necesitaba. En segundos se le fue puesto el vaso a su frente y de un trago lo bebió todo, Otoniel y Edward se quedaron con la boca abierta. Kintou se dirigió a ellos:

- Mil disculpas, lo necesitaba.

-Realmente, ¿Qué sucedió, por qué vienes tan agitado?- Cuestionó el hombre más miserable de toda Inglaterra, quien llevaba puesto un conjunto ridículo un pantalón negro saco negro y una camisa a botones con fondo de colores, era demasiado extraña su forma de vestir, parecía un traficante de los años 80, mientras que el elegante Edward contaba con las mejores y finas ropas.

-Me ha pasado de todo con esos estúpidos que han llegado.- Gritó furioso y maldiciendo en japonés.

-Relájate, Chun li.- Bromeo Otoniel.- ¿Debo recordarte que fue tu idea y no la mía?

-¿Podrían decirme de que me perdí?- Cuestionaba enseguida Oxford.

-Bueno, ahora te explico.- Expuso el de gafas furioso.- Esos tres estúpidos que te alquilé ayer, son una amenaza para mi cordura.

-ja, ja, ja, ja, escucharte tan descuadrado me causa risa.- Susurraba con lágrimas de risa el de las ropas ochenteras, golpeando la mesa con fuerte descaro y causando que los clientes observaran con enfado a los tres hombres.

-¿Qué pudo haberte pasado para que estés así, muchacho?

-Bueno, mira.- Dijo mostrando la cortada en su brazo, bajo una venda que aún mostraba sangre.

Otoniel se quedó asombrado.

-¿Qué sucedió?- Cuestionó ahora serio y calculador.-¿No puedes controlar a un rubio japonés de mierda?

-No me ofendas imbécil.- Gruñó.

-Tranquilícense ambos.- Susurró el mayor de los dos.- Explica que pasó.

-Ese tal Souichi Tatsumi…

Oxford se impresionó enseguida cuestionó.

-¿Qué has dicho Souichi Tatsumi?-

-Si…-

-Luego me dirás como es que lo tienen cautivo… continua.

-Ese imbécil, parece que está loco o enfermo.

-Bueno tú me dijiste que tenía un desorden en su memoria.- Susurró con voz calma el ochentero.

-Pues sí, pero no sabía que tan mal estaba ese idiota.- Murmuró, dando otro trago a su bebida.- Ese sujeto nos traerá problemas, no podemos tenerlo en la casa de citas.

-¿Y qué sugieres?

-Me encantaría hacerme cargo de él.- Expuso Oxford con suma seriedad a lo que ambos observaron al millonario quien enseguida agregó- Y de los otros dos también.

-¿De qué otros dos estás hablando?

-Un tal, Masaki Junya y el otro sujeto Hiroto Daisuky (N/A aun esta en total ignorancia el nombre o apellido de nuestro bar tender chicas y chicos).- Explicó mostrando las fotos que les habían sacado sus guardaespaldas en el hotel la noche de ayer.

Otoniel susurró:

-Pues si los quieres debes pagar, ¿Entiendes?

-No, nunca, esos dos y ese estúpido no se irán del castillo. Dijo tajante Kintou.

Tanto Otoniel como Edward se quedaron de piedra ante la voz severa y violenta que había impuesto el japonés.

- Ese trío me debe muchas, además no creo que sea conveniente que los tengas tu bajo tu mando, en cualquier instante irán a la policía a denunciarte y todo tu mundo de millonario se ira a la mierda… Si sabes a lo que me refiero.- Tanto Oxford como Otoniel se quedaron en silencio.- Si a estos dos idiotas, se les ocurre ir a la policía, te juro que ni tus cuentas en el banco de Suecia y las islas caimán quedaran abiertas…- Señaló tomando las fotos de Masaki y de Hiroto.

-Eres muy previsor, pero podrías decirme ¿por qué piensas eso?

-Pues, te seré claro y honesto.- Dijo tomando la foto del Tatsumi.- Si este sujeto es reconocido por alguien, te dirán que secuestraste a una celebridad.- Ahora tomó la foto de Hiroto.- Con este no hay problema… pero éste.- Dijo dejando a Masaki por último.- Este don nadie, es demasiado rudo y fuerte, este sujeto es peligroso, él podría denunciarnos.

Edward sonrió y susurró:

-Me interesa mucho tu argumento, pero creo que con un escarmiento podemos hacer que se comporte como debe ¿No lo crees?-

-¿Para que los quieres?- Cuestionó Otoniel.

-Bueno, digamos que tengo un sujeto muy bueno en lo que hace, pero necesita un incentivo para hacer que trabaje.

-Esa no es una razón válida para…-

-LOS QUIERO… -Retumbó su voz en el lugar causando que ambos se estremecieran. Sonrió con calma y susurró- No te preocupes, permitiré que te vengues por lo que te han hecho y así les daremos una razón o más bien advertencias, para que no hagan nada estúpido.

-Eso no va a funcionar.- Gruño Kintou.

-Tranquilízate, Kintou, ¿Pero dinos Oxford, cuánto quieres pagar por ellos?

-Lo que sea, pero, primero debo hacer las advertencias correspondientes, así que, esta noche…-Los susurros apenas eran perceptibles para nadie más que para ellos tres.

Las órdenes fueron dadas, Kintou sonreía plenamente, al menos se haría cargo de enfundar su venganza contra esos dos sujetos, el que más le dolía era Hiroto, pero no había alternativa, tenía que hacer lo que ellos pedían…

[***************]

Impotencia: travaganzza.

Gélida, cómo una roca de acero y mal...

Se escarchó, tras pasar por el umbral,
no se hundió, entre témpanos y sal.

En la enorme mansión, los nervios se podían sentir en el ambiente. Habían caído en un hoyo enorme del cual dudosamente podrían salir, tenían que idear algo, no habían podido pasar un día tranquilo. Con impotencia notaban como la tarde moría en el horizonte, muestra de que la oscuridad traería consigo la decisión de aquel millonario traficante, ¿Cómo saber si les cumpliría lo acordado? No había como hacerlo.

-Este silencio no me agrada.- Susurraba Isogai bastante irritado.

-¿Nii-san, tú crees que ese sujeto?-

-Espero que lo haga o si no ellos…

Afuera de la casa unas camionetas se parqueaban con prisa, de esta salían varios hombres 9 en su totalidad, tiraron la puerta principal y se adentraron deprisa por el lobby de la enorme casona y corriendo audazmente se adentraron al lugar en donde los tres se encontraban.

Con prisa se silenciaron al escuchar pasos en la sala de estar. Dos primeros hombres llegaban a la casa y sin mediar palabra comenzaron a golpear a su Tetsuhiro. Isogai se defendió con violencia pero una enorme descarga eléctrica le hizo imposible la tarea de poder defenderse, Inconsciente caían hermano y amigo.

¡PERO! ¿Qué significa esto?!- Kunihiro gritó violento.

-Tu cállate imbécil.- Gritó uno de los hombres.

Se acercó rápidamente al mayor de los Morinaga y sin darle tiempo a reaccionar, puso la pistola eléctrica en su cuello, la descarga fue tan brutal que le dejó inconsciente y cayó al suelo. Los intrusos se movieron aprisa, cogieron los tres cuerpos, a Kunihiro le sujetaron de los brazos y le llevaron a rastras hasta una de las enormes salas. Estaba decorada con tres enormes muebles y una silla imponente y demandante, ahí lo dejaron caer, sin ningún miramiento, como un saco sin importancia. Con rapidez, ataron sus manos a los brazos de la silla y amarraron sus piernas a las patas, en su boca colocaron una mordaza severamente apretada.

-Listo… encárguense de los otros. Dijo uno de ellos.

-Si.- Susurraron los demás.

Arriba, en una de las habitaciones, colocaban a Isogai, era la misma que ocupaba hasta ahora. Le esposaron las manos a los barrotes y las piernas las amarraron con fuerza a las patas de otro extremo de la cama. Después, pusieron una mordaza en su boca.

El último en ser manipulado fue Tetsuhiro. Sin el menor tacto, era arrastrado por los pasillos. Tras unos minutos, llegaron a un invernadero. Se agacharon junto al cuerpo con una enorme soga amarraron sus manos y sujetaron el agarre a una viga de hierro del techo de la estancia. Después, se concentraron en sus piernas, las ataron juntas, a conciencia, para que no pudiese escapar. Finalmente, al igual que hicieran con Kunihiro e Isogai, le amordazaron. Para finalizar su trabajo, tiraron de la cuerda que sujetaba sus manos y comenzaron a izarlo, sus piernas apenas y tocaban el piso.

Tras acabar con ellos, el líder de aquellos hombres, sacó su celular y susurró.

- Ya está todo listo, señor.

Desde el otro lado del teléfono, recibió órdenes de quedarse, pues la diversión iba en camino. Los hombres se repartieron, tres se quedaron en la sala con Kunihiro, dos en la recámara con Isogai y tres más en el invernadero con Tetsuhiro.

En breve, las cosas comenzarían. La tormenta se avecinaba con prisa…

[***************]

En el castillo…

Kintou entraba con el rostro feliz, venía acompañado de Otoniel quien admiró el lugar, rara vez pasaba por ese sitio y se sentía envidioso. Ese lugar era mejor que él que tenía en el otro lado de la ciudad. Con asombro, observó lo limpio del sitio y susurró:

- Vaya, alguien sí ha cumplido su trabajo.

-Si no mantienes el orden, se te saldrán de las manos.

-Jah, eres muy bueno en ese aspecto de poder controlarlo todo, me das miedo.- Susurró, con una risa nerviosa, el ochentero.

Dar con la cabeza en la pared
una vez y otra vez,
hasta sangrar su sien,
y ver desfallecer
a un angustioso ser,
que se retuerce al ver
frustrado su querer.

Mientras Otoniel y Kintou alistaban todo para la noche de dolor y sufrimiento, Masaki e Hiroto atendían al Tatsumi. El pelo largo había quedado en real silencio y no hablaba, podría que podía pasar un terremoto y él no haría nada. El rubio curaba su rostro, pues una de sus cejas había sido reventada por el golpe furioso del de Kintou, mientras lo hacía cuestionaba:

-¿Hiroto, cómo hiciste para sacarlo de aquél sitio?

-Eso, es mejor que no lo sepas.- Susurró cabizbajo y tremendamente apenado.

Masaki entendió que había hecho algo que no era bueno y calló. Sentía la impotencia en todo su ser. Admiraba lo mal que estaban los tres, aquella promesa de cuidarse los unos a los otros, se iba debilitando.

- Maldición.- Gruño furioso.-Debemos salir de aquí.

-Ya te dije que no es posible.

-Pero debe haber una forma.

Hiroto escuchó pasos en el enorme pasillo y susurró:

-Silencio, alguien vine.

-¿Qué haremos con Souichi?

-Yo… no se…

Masaki e Hiroto tragaban grueso, deberían de haber devuelto al pelos largos antes de que Kintou llegara, pero ahora ya era tarde. Comenzaron a sudar al escuchar como las voces y los pasos se hacían cercanos. Masaki estaba asustado, pero se armó de valor, un valor tremendo, el cual admiraba Hiroto y trataba con enormes fuerzas ser igual que él, pero el miedo lo consumía poco a poco.

La ansiedad, que le atormenta
en su oscuridad
Gélida, como una roca de acero y mal.

Despreció cualquier don hallado en él,
nunca fue para el paladar la miel.

-Ja, ja, ja, ja Sí, tal parece nos divertiremos esta noche. Escupió divertido Kintou.

-Sabes pedí que llevaran cámaras y todo eso. Respondió Otoniel con lascivia.

-Vaya eres insa…- Kintou se silenció al entrar a la habitación y ver a esos tres "Juntos"-¿Pero qué mierdas significa esto?- Gritó con voz grave y elevada mirando a sus guardias.-¿Acaso no fui claro?, dije que esa puta estaría confinada en las barracas.

-…-

Ni uno decía nada. Solo mantenían la cabeza agachada al estilo avestruz.

-Bueno ya no importa.- Dijo escupiendo en el piso y susurrando.- Es mejor que estén juntitas.- Sonrió.

-Bueno… ¿Quieres que comencemos?

-Sí, claro tú eres el jefe.- Susurró Kintou.

Otoniel llevaba su mano a su bolsillo y susurraba.

-¿Qué tan drogados los quieres?

-A éste, no necesitas drogarlo.- Dijo acercándose a Hiroto.- Este idiota hace todo lo que yo le diga, ¿verdad?

El castaño agachó su rostro con resignación y vergüenza. A continuación, Kintou, se dirigió a Masaki y susurraba:

- A este dale doble dosis, por la boca y por el culo.

-Eso, es demasiado, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

-No me importa lo quiero bien manso. Es el más peligroso de los tres.

-¿Y al pintorcito de cuarta?

-Dale un poco, se nota que está en la luna.

El rostro se le s iluminó con una macabra sonrisa, estaban disfrutando y mucho. Los guardias sujetaron al rubio quien gritó:

-¡QUÉ MIERDAS HACEN!

Ríos de odio y mares de rencor
en una eternidad manchada de dolor.
Cumplir condena por un lamentable error
que no tendrá final hasta acabar los dos.

-Tranquilízate, princesita, te va a gustar esto.

Las manos de aquel sujeto, cogieron y las mejías de Masaki, mientras, la mano de Otoniel sacaba una pastilla de color, azul.

-¡Aléjate!- Gritó, el rubio cerrando la boca y moviendo el rostro a todos lados.

-Tranquilízate idiota.

-No ¡Mmmmmg!

Notaba como querían, a fuerza, meterle la pastilla, pero esos labios no cederían. Sin embargo, Kintou dejó ir un golpe en el abdomen tan severo que hizo toser al rubio, cosa que aprovecharon en elevar su rostro y meterle la pastilla hasta la garganta. Otoniel sometió sus dos asquerosos dedos, deslizándola por la lengua y el paladar. Masaki apretó los ojos y trato de vomitarla, pero Kintou llegaba con una botella de agua y le dejaba ir un buen chorro. Él no pudo más que tragarla, era eso, o morir ahogado.

-DÉJENLO.- gritó Hiroto, bastante asustado.

-Té, cálmate, cariño, o quieres que te demos una pastillita.

Hiroto tembló y gritó:

-Por favor, Ki-Kintou ya basta, por favor, por favor…

Masaki ahora era desnudado, mientras él, trabajosamente, respiraba y susurraba:

-Hi-Hiroto…

Lo golpearon de nuevo y Kintou agarró su rostro para estamparlo al piso y mascullar:

-Respira tranquilo, cantante frustrado, cuanto más te resistas, peor será.

Sujetaron las nalgas del Junya y separando los glúteos con sus manos, Otoniel se alistó para someter otra de esas pastillas por el recto del rubio, quien agrandó la mirada y susurró:

-Des-graciados.- Su voz era ronca y trabajosa- Juro que pagarán esto….aaaarrhggg!

-Sí, claro. Claro, rubito, lo que tú digas ja, ja, ja, ja, ja, ja- Dijo Kintou.

Con un movimiento de cabeza, Kintou azuzó a sus hombres para que pusieran las esposas en las manos del rubio, quien lentamente, comenzaba a sentirse mareado.

-¿Qu-Qué me dieron, malditos?

-Tranquilízate, y disfruta de todo eso.- Susurró goloso Otoniel.- Bueno ahora el otro ¿Cierto?

-Si…

La ansiedad, que le atormenta
en su oscuridad.
Gélida, como una roca de acero y mal.

Se acercaron a Tatsumi, quien solo observó al hombre a su frente, el cual susurró:

-Necesito que seas amable y tomes esto, por favor.

Souichi arrugó las cejas y dedicó una sonrisa, para luego lanzar una escupida al rostro del ochentero quien se enfureció de prisa. Souichi podría estar en su mundo, pero sabía quiénes eran los malos ahí. Quiso molerlo a golpes, pero a costa de las suplicas de Hiroto y de Kintou que no debía de dañar la mercancía, decidió jalar sus cabellos hacia atrás y gritar:

-¡TRAIGAN LAS TIJERAS!

Corromper la vida sin saber
que herida vas a hacer,
sin valorar después
los lustros de dolor,
las almas sin calor
la triste inmensidad,
la herencia de los dos...¡de los dos!

Tanto rubio como castaño se impactaron, mientras un ruso llevaba el artefacto a las manos del hombre quien susurraba abriendo y cerrando esas cosas:

- ¿Te crees muy valiente al haber hecho eso? Sabes, escuché que cortaste a mi amigo, eso está muy mal.

Mientras hablaba, Otoniel, tomó un buen poco de su melena y comenzar a cortar. Souichi vio tirado su mechón en el piso. Sus lágrimas se agolpearon en sus ojos y susurró:

-Te matare… cuando menos lo esperes, te mataré.

Veía caer el legado de su madre y padre en el piso, pues los cabellos eran su herencia, era lo único en el que podía hacer recordar el rostro lejano de sus padres.

-Sí, claro.- Dijo para exterminar con su cabello largo-¿Qué TE PARECE Kintou?

-Ahora parece un don nadie, bien hecho.- Dijo el japonés.- Nadie lo va a reconocer.

Kintou se acercó al ojo miel, que tenía el cabello corto ahora. Sujetó sus mejías entre sus manos y abrió su boca para someter en el la pastilla, pronto la tomó sin quejarse. Ambos, felices por aquello y por tenerlos bien sometidos y esposados a los tres, susurraron:

-Están listos.

-Preparen el auto.- Expuso el Japonés.

Ambos personajes salieron del lugar saliendo de ahí. Hiroto se acercó rápidamente al Rubio a quien gritó:

-¿Masaki, Masaki estás bien, Masaki?

-Ahg… Hi-Hiroto.- Susurró él bastante mareado.

Con fuerza lo levantaron y no podía dar un paso, sus piernas temblaban, comenzó a sentirse verdaderamente extraño, tanto así que se recargó en uno de los enormes hombres a quien susurró.

-Ahgg, qui-quiero…-

-¿Hum?- El hombre soltó en carcajadas y grito.- Tranquilízate pronto, tendrás lo que quieres…

Lo tomo en brazos y lo llevó a sus hombros, como quien carga un costal de papas y con su mano acarició su trasero, Masaki tembló y jadeo, él se sentía raro.

-¡Quiere que me lo coja! Ja, ja, ja, ja, ja, ja, maldita putita.

-Masaki agrandó la mirada, sus orbes temblaron, aquello que había dicho ese hombre era cierto, tenía el enorme deseo de tener sexo.

-Tranquilo, hay que llevarlo a la mansión recuerdas.

-A la mansión, ¿cuál mansión?- Susurraba Hiroto quien era el único cuerdo de los tres.

Miró a Souichi y se dio cuenta de que comenzaba a actuar como Masaki. No había salida, las puertas se estaban cerrando y la oscuridad invadía todo, y él… ¿Qué podía hacer? No podía hacer nada. Miraba a Kintou, quien arrojaba a Masaki dentro de la camioneta. Otoniel entraba y sujetaba el esbelto cuerpo del Junya quien, admiraba al frente con las mejías color carmesí y quien se sujetó del respaldo del asiento delantero, mientras que era sentado sobre las piernas de aquel hombre quien murmuraba.

-Según me han contado has sido una molestia desde que llegaste estrellita.

Masaki percibió el jalón de sus cabellos, y podía ver cómo sus amigos eran colocados en el mismo asiento. Souichi fue severamente sujetado por Kintou quien ordenó con voz demandante:

-¡Arranca esta maldita cosa!

El transporte se movía y ellos reían descuadrados, parecían dos hienas carroñeras debutando los restos de una presa; mientras el ojo azul solo podía ver todo pasar por la ventana, todo parecía ser una ilusión extraña, trataba infructuosamente de controlar su padecer, pues tenía unas enormes ganas inmensas de ser tocado, de tener sexo y de poder ser penetrado, apretó el agarre en el asiento y puso su frente en una de sus manos para jadear con violento gemido, mientras que Kintou susurraba.

-Mira, ya le está haciendo efecto.-

-Sí, se pondrá muy amoroso.-

-Eso me parece perfecto, a ver cómo reacciona Oxford cuando lo vea, de seguro se lo querrá quedar.-

-Ja, ja, ja, ¿Tú crees?-

-Pueda que si ama a los rubios.-

-Bueno esperemos a ver qué pasa.-

[***************]

El dolor en su cuello le hizo despertar poco a poco. Sentía el entumecimiento de sus brazos y piernas, percibiendo además, que algo amordazaba su boca con fuerza. Abrió los ojos lentamente y pudo ver borrosamente hacia abajo, estaba sentado en una silla y tenía las piernas sujetas a ésta. Lentamente elevó su cabeza y aclarando sus ojos miró a su lado derecho, en donde su mano estaba apretada con fuerza en el brasero de la silla. Escuchó un chasquido a su frente, y rápidamente dirigió sus ojos a ese lugar, pudiendo ver como un encendedor prendía lumbre a un habano. Tragó, tenía la garganta seca y se fijó bien en aquel hombre, ¿quién diablos era?, le costaba verle, pues la noche había llegado y afuera estaba oscuro, tan solo una triste luz iluminaba la enorme sala.

-Finalmente despiertas, muchacho.

Kunihiro logró averiguar de quien se trataba. Intentó hablar, pero murmullos y jadeos se escucharon tras esa mordaza a lo que el Oxford se puso en pie y susurraba:

-Tranquilo chico, no te esfuerces o te lastimarás.-

Oxford se agachó y soltó el humo de su boca, causando en el Morinaga una sensación de asco. Kunihiro ladeó su rostro a un lado e intentó buscar aire que no fuera el de esa contaminada boca.

-¿No te gusta los habanos cubanos? Que mal anfitrión eres.

El hombre sonrió con calma, para enseguida admirar la mirada más seria y asesina del castaño. Parecía divertido y estaba disfrutando con la situación.

- Hijo, debes preguntarte ¿Qué ESTA PASANDO?.

Hablaba solo y le gustaba, parecía creerse importante. Se puso a caminar de un lado soltando bocanadas de humo infecto. Se acercó hasta Kunihiro, depositó su mano libre en su bolsillo de donde pendía una cadena de oro y con la otra mano la cual movía con el habano, señalaba a la entrada de la sala.

-Te lo explicare rápidamente, la razón es sencilla.- Expuso con voz grave y serena.- Con lo que pasará ahora mismo, te hago saber que no estás en circunstancias para poder poner condiciones a tu trabajo, ¿Sabes?

Kunihiro le observaba tremendamente serio y severo.

-Fue un error de tu parte decirme que esos tres eran importantes para ustedes…

-Kunihiro se quejó inaudible y removía sus manos para intentar liberarse.

-Ya voy al grano, japonesito, mira que eres impaciente ja, ja, ja, ja, ja.

Oxford se quedó con la palabra en la boca, ya que para la puerta de la entrada se abrió en ese mismo instante. Se escucharon pasos y alguien exclamó:

-¡YA ESTAMOS AQUÍ!

-Pasen, pasen.- Gritaba el mayor, señalando a los que entraban con los tres sujetos, bien amarrados.- Ustedes.- Gritó al grupo de hombres que se quedaron con él en la sala.- Vayan y entreguen los demás productos a los otros sujetos.

Kintou y Otoniel jalaron al rubio, quien apenas podía caminar y lo tiraron al piso. Kunihiro con prisa se agitó en la silla. Oxford le miró con suspicacia y entre risas dijo:

-Tranquilo, chico, con calma, ¿O acaso quieres que la fiesta se atrase por problemas técnicos?

Junya apenas y observaba al castaño y susurraba:

- Ku-Kunihiro…

Kintou llegó a su lado y girándolo, pues estaba boca abajo, lo dejó caer boca arriba permitiendo que él se apoyara con sus codos en la alfombra del piso, las esposas habían sido retiradas. Dirigió su pie para posarlo entre las piernas del rubio y con impresión notó como éste las abría y gemía.

-Ya está listo.- Exponía el de gafas, sonriendo a los otros-¿Solo seremos nosotros tres?

-Mmm, ¿Quieres más participantes? Que cruel.- Confesó Otoniel.

Este último, sacó una navaja y agachándose para cortar las ropas que traía Masaki. Al instante, se pudo ver la piel pálida del chico, se había tornado colorada en algunos sitios. Desde su rostro pasando por sus senos y finalmente su miembro que palpitaba completamente excitado, todo había quedado expuesto. Kunihiro agrandó la mirada y trató de zafarse. Lo que seguiría no sería nada agradable. Con prisa notó como los presentes, acariciaban el cabello del Junya, quien gracias a los efectos de la droga, se acercaba a ambos y susurraba:

-A-Agua… yo necesito agua…-

-No, lo que necesitas es otra cosa jajajajajajajajaja-Otoniel soltó una enorme carcajada.

Oxford fue directo al sofá y se abrió el cierre del pantalón gritando:

-Ya hace mucho que no me hacen una buena mamada, ven aquí niño te daré leche calentita en lugar de agua jajajaa.

Masaki no pudo creer lo que hacía, se movía despacio, con las rodillas en el piso y llegaba a las piernas de aquel hombre que mostro su flácido y horrible pene. La cordura llego a él en un chispazo de lucidez y se negó a hacer lo que un impulso loco, a causa de la droga, le estaba haciendo desear. Kintou se unió a la fiesta, jaló su cabello y le guió hasta posar su rostro frente aquel pene. Oxford tomó su propio miembro, entre una de sus gruesas manos, y lo ensartó en la boca del Junya, quien era presionado a no soltarlo hasta ponerlo duro, y así pasó… sus orbes azules temblaron al sentir como aquél se agrandaba en su lengua, el estómago se le revolvía.

Kunihiro pronto ladeó su rostro a un costado, no quería ver aquello. Estaba enfurecido porque lo que le estaban haciendo. Otoniel llegó a su lado y sujetando sus cabellos con fuerzas le obligó a ver todo. Llegó el momento en que Kintou se bajaba los pantalones y acariciando la espalda del Junya susurraba:

-Este sujeto es un maldito malcriado yo le mostrare a cómo comportarse carajo…mmmmm.

Rozaba su miembro a las nalgas del rubio, quien gracias a las manos de Oxford, engullía de arriba abajo aquella polla. Masaki se estaba enfermando, pero la excitación en su cuerpo no le permitió hacer nada más que comenzar a disfrutar aquello. Tomó entre sus manos los bajos del millonario y los masajeó, causando que aquél susurrara con voz rasposa y olor a tabaco:

-¡Ah! Si… ya entendiste, sigue, pequeño, no te pares. Enseña a tu amo lo bueno que eres.

-Oigan, no se ve nada.- Gritó Otoniel,

Jaloneó la silla en la que estaba Kunihiro hasta acercarse más a aquellos. El mayor de los Morinaga pudo ver lo que Masaki hacía con su boca y notó como despacio se le eran retirados los restos de ropa. Kintou tomó una mano y la posó en su pene grueso y excitado. Masaki inició a masajear mientras aún seguía engullendo con profundidad aquélla del millonario el cual jadeó:

-¡Eres… tan bueno… ahg…ahg... maldición… me… vengo!

El orgasmo estalló en la boca del rubio, sintiendo como el líquido le corría de las comisuras de su boca. La mezcla de asco y deseo no paraba de crecer. Sacó aquel flácido pene y dejó un enorme hilo de semen de su boca. Los vómitos se le subieron hasta la garganta, no podía creer lo que estaba haciendo.

Kintou no perdió el tiempo, si Oxford ya había acabado la faena, ahora le tocaba a él disfrutar del jodido Masaki. Se sentó en el sofá y sujetó las caderas del Junya, para decir:

-Yo quiero hacerle mierda el culo a este infeliz.

-¿Pues, a qué esperas?

Otoniel hablaba a Kintou mientras se bajaba el cierre también y sacaba su palpitante y grueso pene. Se acercó por el costado derecho mientras Masaki era obligado a sentarse y empalarse con el miembro de Kintou. Sus piernas temblaban sintió la punzada del glande en su entrada, el dolor era horrible. Kunihiro temblaba, sus ojos y cejas mostraban dolor y tristeza, notando como aquella enorme polla entraba con fuerza a aquel preciado ano. Masaki dejo salir un enorme grito, aquella penetración había sido brusca y más sumado a eso, el hecho que Kintou movió sus manos para sujetar los pliegues de sus rodillas y sosteniendo sus piernas las abría a todo lo que daban. Kunihiro pudo ver con completo asombro como ese grueso pene perforaba todo. La rabia y el odio le estaban comiendo por dentro. ¿Por qué estaban haciendo eso y por qué Masaki lo disfrutaba y no se defendía?

-¡AHG, AJJ, AHHG No… du-duele!-Gritaba entre jadeos el rubio.

-No, será por mucho.- Gritó Kintou para moverse de una vez.

-Esto es demasiado.- Susurró Otoniel acercándose a ambos y silenciando los gritos del Junya para someter su miembro a su boca.

Edward caminaba hacia Kunihiro, quien comenzaba a formar lágrimas en sus ojos, no podía hacer nada, se gritaba internamente por que hacían todo eso y por qué había fallado a la promesa que le había hecho a Masaki. Escuchó como Edward se agachaba y susurraba:

-Está solo, es una prueba de lo que sucederá si sé que me traicionas. Tengo que dejarte en claro que no me importara nada si haces algo, si dices algo a la policía o a quien sea. La próxima vez, no será una violación, será peor…-Kunihiro tragaba grueso.- Ahora, disfruta la función…

[***************]

En tanto, en una de las habitaciones, Hiroto era lanzado a la cama en donde estaba atado el Taichirou, quien rápidamente comenzó a gemir y a gritar sin ser comprendido con la mordaza.

-Isogai-san…

Hiroto intentó liberarle de aquellas ataduras, pero un sujeto lo golpeó justo en la cara gritando:

-¡Ni se te ocurra, sabes muy bien lo que tienes que hacer!

-Pero…-

-Pero nada, no te costará trabajo ¿O quieres que te hagamos lo mismo de ahora en la mañana?

Hiroto tragó grueso, recordando la forma en que había liberado de su cautiverio al platinado y amigo suyo. Vió los ojos asustados del cautivo y se disculpó con un hilo de voz:

-Lo…Lo siento, Isogai yo…

-Ya es suficiente de pláticas.- Gritó el hombre apartándolo y arrancando las ropas del castaño quien enseguida gritó.

-No, por favor…

-Nada, te dimos la oportunidad de que lo hicieras tú mismo, pero sabes que con las órdenes de Kintou no se juega.

Hiroto era obligado a hacer lo peor del mundo abusar del Taichirou, quien agrandaba los ojos y comenzaba a moverse violentamente aunque sus manos se cortaran con los amarres. Hiroto toco su rostro tenía que comenzar pero…

-¡NO PUEDO HACERLO!- Temblaba mientras se acomodaba a un costado de su cama.- ¡Díganle no me interesa, no voy a hacerlo!

Había sacado valor por parte de su delgado y temeroso cuerpo, no iba a violarlo, eso jamás, nunca pasaría.

-Esto era de suponerse.- Dijo uno de ellos acercándose despacio.

-Entonces tenemos que cumplir las órdenes que el Kintou-sama.

Hiroto los vio acercarse. Sintió lo peor venir, pero no sería nada de sexo lo que tendría, más bien sería una enorme golpiza. Isogai fue testigo de la peor de las palizas y mientras lo hacían, él se movía severo en la cama, tratando de arrancar el amarre en su boca finalmente lo logró:

-¡YA ES SUFICIENTE MALDITOS!

-¿Ya no se mueve?-Dijo uno de los hombres.

-Creo que ya se murió. Rió el otro.

Sujetó los cabellos del ojo gris quien estaba sangrando y en el piso de la habitación.

-No, aún respira…

-Pero creo que eso será suficiente por no haber cumplido las órdenes de Kintou-sama.

-Vámonos ya.- Dijeron para abandonar la habitación.

Hiroto quedó tirado en el piso totalmente averiado y sangrante. Habían destrozado su delgado cuerpo. Isogai estaba furioso, era tanta su impotencia que comenzó a llorar y a gritar.

-¡HIROTO, DESPIERTA, HIROTO! ¡!MALDITAS CUERDAS, MIERDA, MIERDA, MIERDAAAAA!

Removió sus manos hasta hacerlas sangrar, su corazón palpitaba enormemente sofocado. No importaba que sus muñecas emitieran un dolor extremadamente punzante, él tenía que llegar al castaño y cerciorarse de que estaba aún bien. Con un claro grito pudo arrancar su mano de uno de los postes y llorando por el dolor. Su mano temblaba intentado zafar su otra mano, pero el terrible dolor y desgarro de su piel lo estaba desmayando.

- No… ahg, Hiroto. No te desmayes Isogai, esto no es nada a comparación de lo que le han hecho a él.- Gruño.

Zarandó su otra mano y con calma, logró incorporarse en la cama y soltar sus piernas. Estaba temblando, el dolor era insoportable en su mano derecha. Como pudo y a costa de sus piernas y brazos entumecidos por la pose que había tenido, se tiró al piso y se arrastró hacia el cuerpo inerte del castaño.

Logró llegar a su rostro, notándolo bañado en sangre. El dolor le desgarraba por dentro, acercó su rostro al del otro y susurró entre lágrimas:

-Por qué no lo hiciste, porque decidiste este castigo.

Lloraba de una manera desconocida para él, tanto así que la conciencia se lanzó por la borda. Quedó sobre el pecho de Hiroto acostado, sintiendo con alivio el pálpito de su corazón, y ahí quedó, inconsciente, al igual que él…

[***************]

En el Invernadero…

Había despertado y la imagen que tenía a su frente le perturbó de forma increíble. Silver, como así le había conocido, estaba siendo tomado por unos guardias, eran tres en total, lo embestían con severidad y le hacían gemir con jadeos elevados y graves. Morinaga enseguida agrando su irada y gritó en sus adentros.

-"¿Qué le hacen?"-

La venda en su boca cayó libremente y gritó con fuerza:

-¡SILVER!

El mencionado se quedó de piedra al escuchar aquella voz. Comenzó a temblar, apartó de su rostro y boca ese miembro y con calma admiró a su costado al que estaba colgando, mientras por detrás uno de esos hombres gritaba.

-¡NO TE DISTRAIGAS, MALDITA PERRA!

Le empujó en una severa embestida que lo tumbó hacia adelante, cayendo su rostro al piso y gritando:

-¡AHH, AHHHHH!-

-No…-Gruñó con furia Tetsuhiro.

Miraba la escena con rabia y odio. Estaban violando aquél chico de las peores maneras habidas y por haber. Sometían en su boca, mientras él masturbaba con su mano a otro más. La tortura psicológica era demasiada, pero todo aquello finalizaría pronto, pensó él, mas no conté con que le bajarían de aquel lugar y le harían participe de lo que ocurría Él se negó gritando:

-¡NO JAMAS!

-Vamos no seas ridículo, te mueres por probar ese culo.- Gritó el que ya estaba terminando dentro del platinado.

Tetsuhiro fue liberado y así, empezó a gatear a la cercanía de Silver, para tocar su pecho y acunarse ahí diciendo:

-Morinaga… Morinaga…-

-Recuerdas mi nombre.- Dijo con calma, abrazándole con lentitud y susurrando.- ¿Qué le hicieron a tu cabello?

-Mori…- Decía aun sin poder dejar de temblar el pintor.

-¿Vamos idiota que esperas?-

Los que ahí se encontraban le miraban con cabreo, él no quería hacer nada de eso, no lo haría no lo destrozaría más de lo que lo habían hecho, furioso se puso en pie apartando con calma a su platinado y susurrando.

-Quédate aquí, tranquilo-Dijo mientras le acariciaba el rostro.

Se quitó la camisa, a botones manga larga, y se la colocaba a un Souichi bastante perdido y sucio, quien se aferró a la prenda y sintió ese aroma penetrarle los sentidos. El efecto de la droga se borró de su sistema cuando logró sentir aquel suave y delicado perfume en la camisa, mientras… Morinaga Tetsuhiro se presentaba ante esos tres hombres gruñendo:

-Van a pagar por lo que le hicieron.

-No nos jodas enano flacucho.-Dijeron los tres enormes sujetos.

-¿Quién de ustedes fue?- Cuestionó furioso-¿Quién cortó su cabello?

-Eso que te importa.-

-Tendré que averiguarlo por las malas entonces.

Golpeó de una vez y sin previo aviso una de las rodillas de uno de esos altos sujetos partiéndola en dos de inmediato, aquel pegó un enorme grito de dolor, a su lado aquellos dos murmuraron:

-JA, JA, JA, PENDEJO. ¿Cómo te dejas golpear de este sujeto?

Morinaga gruñía de nuevo:

-¿Quién fue?.

Alistaba sus manos apuñándolas y tronando sus huesos con enfado, mientras a su lado se situaba Souichi y susurraba con calma.

-No ha sido… ninguno de ellos.

Él se quedó de piedra, mientras que los otros admiraban al platinado sujetarse de uno de los brazos del peli azul oscuro.

-Por favor no lo hagas, o todo será peor.- Susurro, con miedo.

-Hazle caso…- Expuso otro sujeto ayudando a su amigo herido.- A nosotros nos enviaron para darles una lección a todos ustedes, si haces algo más informare a Kintou-sama y tu perrita se irá con nosotros.

Morinaga sujetó con recelo a Souichi y susurró:

-No…

-Entonces se buen perro y quédate quieto…

Los hombres se dirigieron a la parte trasera del invernadero y cerrando la puerta con candado, para dejarlos ahí atrapados. En cuanto se fueron, Souichi cayó al piso totalmente desmayado, Morinaga llegó a su lado rápidamente y gritó asustado:

-¡SILVER! RESISTE.- le abrazó fuertemente y susurró.-¿Qué es lo que está pasando, Nii-san?

[***************]

El cual…

Aun no se había terminado para él, las cosas estaban de mal en peor en esa sala. Masaki había perdido el control, finalmente se entregó a ese deseo de querer ser penetrado por completo, Kintou le daba duro, embestía haciéndolo gritar y gemir tremendamente extasiado. Pronto llegó el turno de Otoniel, quien lo tiró a cuatro patas al piso. Al frente de Kunihiro quien solo podía ver furioso todo lo que pasaba. Masaki de nuevo era penetrado, por detrás, aquella envestida, le hizo llevar una mano al pecho de Otoniel y mirarle con impresión al mismo tiempo que gritaba:

-Por favor para, ahh, ¡AHHMG!-

Sus lágrimas caían libremente, estaba luchando contra el sentimiento de valor de parar todo y contra el deseo que la droga había despertado. Otoniel no lo hizo, sujeto su mano y luego la otra para elevarlo un poco y hacerlo caminar hasta llegar a la silla del castaño quien recibía las manos del Junya en la silla, y quien jadeaba en su rostro sin poder verle a los ojos, pues Kunihiro agachó su mirada y descubrió el miembro erecto del rubio.

-No… No me mires, Kunihiro por favor.- Dijo Masaki mientras lloraba sin parar.

-Vaya, mira nada más, estás tan duro como una roca. Dijo Kintou y Oxford riéndose a carcajada limpia.

Ambos se acercaron a Kunihiro para desatar la mordaza que le cubría la boca. Oxford se acercó a su oído:

-¿No te apetece una pollita roja? Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja

-Bastardo, viejo maldito…

-No…. Kunihiro, no seas malcriado, recuerda que así como soy bueno puedo ser muy malo.- Dijo para apretar sus mejías con fuerza haciendo gruñir al Morinaga quien susurró:

-Ya es suficiente, ya entendí, ya córtalo, ya basta.

-No Kunihiro, esto apenas y comienza.- Respondió con asco.

Volvió a mirar al mayor de los hermanos y de una patada lanzó la silla al piso de espaldas, causando en el Kunihiro un fuerte golpe en la cabeza, que le hizo apretar los ojos y notar como Masaki era posado a cuatro sobre él. Su erecto miembro quedó a escasos centímetros de su rostro.

-Chúpala, haz que se venga tu rubio favorito.

-…No, Kunihiro, no ah, No le hagas caso, no importa que me mate no pienso permitir que te humille aghjj. Le susurró Masaki.

-Mira que hombre más valiente, cada vez me impresionas más, muchacho.- Dijo Oxford.

Cogió al rubio por sus cabellos y de un brusco movimiento lo alejó de la garras de Otoniel, éste cabreado reclamó:

-¡OYE… YO AÚN NO!...

-Nada, se acabó…- Dijo molesto.-Esto se terminó por ahora…

Masaki respiraba acelerado y con temblores en todo su cuerpo. Había quedado en el piso, sentado, apoyó sus manos en la alfombra y agachó su rostro. Alguien volvió a tirar de su cabello con violencia, miró hacia arriba y pudo ver la mano de aquel hombre millonario quien susurró:

-Míralo, obsérvalo, grábate su rostro.- Dijo con voz grave, haciendo que Masaki soltara lagrimas.-¿Acaso no es hermoso?- Cuestionó él analizando el rostro perfilado del Morinaga quien tenía las cejas juntas y los cabellos revueltos.- Será mejor que recuerdes su rostro por qué no lo volverás a ver.

-¿Qué, DE QUE HABLAS?- Gritó severo Kunihiro.

-He decidido que este chico es demasiado fuerte para ti.- Dijo poniéndose en pie y tomando en brazos a Masaki quien se aferró a su ropa de marca pues el efecto de la droga aún seguía en su sistema.- Me lo quedare como un trofeo, que tú debes ganarte Morinaga Kunihiro.

-No…

-Ves te lo dije.- Gritó Kintou.

-Mierda y yo que hago con mi maldita erección.- Gritó Otoniel.

-JA, JA, JA, JA ¿DARTE UNA DUCHA HELADA?

-Kintou, por favor, llame a sus hombres nos vamos.-Dijo Oxford.

Con la ayuda de Otoniel puso el abrigo sobre el delgado cuerpo del rubio .Kunihiro estaba rabioso, solo podía verlo todo atado a esa maldita silla, se llevaban a Masaki, se lo estaban robando de sus brazos, y él no podía hacer absolutamente nada…Vio como se iban, les maldijo, llamó a Masaki, y éste le miró sumergido en un mar de lágrimas:

-¡Masaki, Masaki, Masaki!

-Kunihiro…

Kintou volvió a golpear a Kunihiro en el rostro y perdió la conciencia.

[***************]

El día llegó, la luz entraba por la enorme ventana de la habitación. Tetsuhiro cambiaba las vendas que estaban en la frente de su hermano y notaba como él se despertaba poco a poco y lentamente.

-Nii-san.- Susurró el menor observándole con ojos afligidos.

-¿Tetsuhiro…ahg?

-Tranquilízate.- Dijo llamándole a la calma.- Ya estás mejor ya no tienes fiebre, ahora… iré a ver a Hiroto.

-¿Qui-Quién es Hiroto?...

Se sentó en la cama con suma calma, pues todo le daba vuelta por el enorme golpe en su cabeza. Entonces admiró en la otra cama a Isogai. Éste y otro sujeto platinado, admiraban a un joven en la cama.

Morinaga ayudaba a retirar las vendas en las heridas y susurraba.

-Necesita ir al doctor.

-Sí… en cuanto despierte lo llevaré- Dijo Isogai de manera triste.

-Ahora debo ver tu herida.

-Estoy bien.

-No digas eso, tienes la carne al descubierto.- Dijo Morinaga severo.

-¿Necesitas ayuda?- Cuestionó la voz tenue y grave del Tatsumi.

-Sí, por favor, trae esas vendas y el yodo.

-Sí…

Se movía despacio y con calma para admirar el botiquín abierto en la mesa de la habitación. Kunihiro admiraba a aquel sujeto que tenía el cabello cortado de manera muy extraña, llevaba las ropas de su hermano y susurró mientras se sentaba en la orilla de la cama:

-¿Quiénes son ellos?

-Él es SIlver…- Presentó al platinado quien entregaba las cosas en las manos de Tetsuhiro.-Y éste, es Hiroto.- Agregó, señalando al mal herido en la cama.

-¿Qué demonios ha pasado, Kunihiro?-Gritó colérico el Taichirou.

-Ese maldito infeliz ¿por qué hizo esto?- Gritaba también el Morinaga.

-Es evidente, que tiene miedo.- Dijo cabizbajo y totalmente adolorido el castaño.

-Un momento.- Dijo enseguida Isogai con entera calma y pensativo.- ¿Eran tres los sujetos que nosotros pedimos, yo tengo aquí al mío por mal que parezca aún sigue vivo, solo necesita unas pequeñas costuras y estará bien y él, ¿tal parece es el que fue tu regalo no Tetsuhiro?

-Correcto.

-¿Qué sucedió con el tuyo, Kunihiro?

El apretó sus manos en señal de impotencia y con la voz tremendamente rota confesó.

- Se lo llevó.

-¿Qué?

-Se lo llevo y no pude hacer nada, maldición…

-Oh cielos.- Escuchó por parte de su hermano.

Kunihiro comenzó a llorar de manera desgarrada, tanto Isogai como el pintor se quedaron asombrados por aquello, era evidente que algo pasaba, ¿acaso lo que sentía ese castaño por el Junya era, amor? Tetsuhiro se acercó a su hermano y dándole un pequeño abrazo sintió el dolor en su hermano mayor, tanto así que enfureció diciendo:

-Son unos malditos cobardes.

-Le rescataremos, te lo prometo.- Dijeron ambos admirando al castaño quien susurró:

-No… por ahora debemos seguir con nuestro trabajo.

-¿Y ellos?

-¡SE QUEDARAN AQUÍ! llamaré a un médico.- Dijo Kunihiro.

El mayor de los Morinaga se puso en pie, claro que debían seguir su camino, pero algo en él se rompía a pedazos quería saber en dónde o cómo estaba Masaki ¿Por qué, por qué se lo había llevado, ese asqueroso sujeto?

[***************]

El sonido sordo del aire acondicionado al fondo era lo único que se podía escuchar en esa habitación que estaba a oscuras. Él se encontraba envuelto en unas sábanas de seda rojas. Era la primera vez, desde que llegó a ese país, que sintió una cama rica y suave. Despertaba aturdido y bastante mareado. Su cuerpo dolía desde su cabello hasta la última punta de su pie, los recuerdos de la noche anterior lo azotaron por completo.

La curiosidad de saber en dónde se encontraba le ganó, admiró todo a su alrededor, parecía un lujoso departamento. Intentó sentarse en la cama, pero su trasero dolía demasiado, incluso los músculos de su abdomen, percibía el semen colarse por su recto hasta remojar las sabanas en donde se hizo ovillo y susurró:

-¿Por qué tenía que pasar esto?

Cerró despacio sus ojos y pensó en Japón, tenía todo allá, ¿por qué decidió viajar y tratar de cumplir sus sueños en un país que no era suyo? sus lágrimas comenzaron a bañar la almohada, mientras escuchaba al fondo:

-Eres tan lindo.

Se tensó, todos sus músculos se pusieron alerta. Se incorporó a costa del dolor en su cuerpo, admirando al hombre horrendo de la otra vez. Él ya estaba con trajes limpios y El cabello echado hacia atrás para ir a trabajar:

-¿Qué sucede, por qué esa cara?

Masaki no pudo verle más a los ojos solo podía susurrar:

-¿En dónde estoy?

-Estás en tu casa… a partir de ahora eres mío, totalmente y únicamente mío.

Era imposible, de cuando acá el pertenecía a alguien.

-Ni una mierda.

Se puso en pie y con la sabana como protección, se encaminó a la puerta del apartamento, para enseguida ser secundado por el dueño de dicho lugar quien, jaló una cadena. Masaki resbaló gracias a ésta y cayó secamente al piso.

-¿Creo que no me has entendido?- Susurró acercándose a él y sujetando la barbilla de su rostro.- No importa, jajajaja, tendremos mucho tiempo para hacerte entender, bebé.

-¡Maldito seas, libérame!

-No… Serás mi hermoso trofeo.

-Bastardo.- Le escupió.

Oxford solo sonrió y sacando un pañuelo susurró:

- Eso me encanta de ti.

-¿Qué harás conmigo?

-Si te portas bien, haré cosas que tú nunca imaginaste…- Dijo, para ponerse de pie e ir a un costado de la habitación para ir por un enorme regalo envuelto en papel plateado.-Pedí tu información a Otoniel antes de que te vendieran y…- Dijo sacando su pasaporte.- Así que te llamas Masaki Junya.

-¡ESO ES MIO!

-Sí, claro, que lo es, bebé, lo podrás tener, pero no ahora…- Dijo con calma, guardándolo y mostrando el enorme regalo.- Sé que te agrada la música…- Susurró, entregándoselo y diciendo.-Ábrelo.

Masaki se quedó quieto.

-Vamos ábrelo.

Cogió el paquete y lo abrió lentamente, sin fiarse. Era un estuche de guitarra y dentro de ésta, una de esas de madera acústica.

-¿Te agrada?

-…- Masaki se quedó inquieto.-¿Por qué?

-Porque sé que te gusta mucho la música… - Dijo poniéndose en pie- Sé bueno y pórtate bien.- Dijo soltándole las esposas, para susurrar.- Te veré en la noche, bebé.

Se dirigió a la puerta, Masaki corrió y gritó:

-¡NO, NO ME DEJES ENCERRADO, AQUÍ, OYE, POR FAVOR!

Golpeaba la puerta de metal con fuerza, pero Oxford solo se acomodó los trajes elegantes y susurró a unos tipos que estaban apostados fuera:

-Vigilen la puerta y no dejen que nadie entre o salga.

Partió directo a su oficina…

[***************]

Adentro Masaki buscaba una manera de salir de ahí, pero no había cabida a nada, pues estaba en el último piso de un edificio enorme, y el balcón solo invitaba a suicidarse. Cerró la puerta corrediza y fue adentro, revisó todo en aquel lugar y no podía creer lo que veía, había ropa de su talla en distintos estilos.

-¿Acaso este viejo?...

Vio como todo era para él: ropa, zapatos, perfume, partituras, incluso un sombrero. Era imposible, ese hombre se obsesionó con el Junya de maneras que él pensó.

-Esto, quizás pueda aprovecharlo.- Susurró pensando.- Piensa bien, Masaki, piensa muy bien todo lo que harás.

Hablaba solo y en voz alta mientras iba caminando de un lado a otro como león enjaulado. De pronto, el recuerdo de Kunihiro llegó a sus pensamientos. Se dejó caer en el piso y llevando una mano a su frente susurró:

-No quiero nada de esto, te quiero a ti… te quiero a ti Kunihiro, por favor…

Nuevamente, las lágrimas y la desesperación se apoderaron de él. Kunihiro le debía odiar, había visto como tenía sexo con varios hombres, y lo que era peor, cómo lo disfrutaba…

-Kunihiro, Kunihiro, Kunihiro…

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Japón…

Salía de la jefatura de policías con la decepción sobre sus hombros ya llevaba más de 7 años buscando a su hermano y no aparecía por ningún lado. Había hecho todo ese recorrido por nada, pero pronto tendría noticias de sus investigaciones fuera de sus horas laborales, a su lado un compañero se situaba a su costado y susurraba

-Tatsumi-san.- llamó el moreno con un rostro totalmente complacido.

-Ya lo hemos logrado.

-¿De qué hablas Kurokawa?-

-Conseguimos el permiso para investigar las desapariciones y los delitos de fraude por internet.-El de ojos miel agrandaba aún más sus orbes susurrando.-Finalmente el FBI, en conjunto con la policía los inspectores de Japón, tomarán el caso.

-¿Quieres decir?...

-Sí, la principal búsqueda es la de tu hermano… mira…- Dijo señalando una enorme pantalla colocada en los edificios enormes de la ciudad de Tokio.

Un escalofrió rodeó de inmediato su cuerpo, la sonrisa iluminó, por fin, su rostro. Después de tantos años convenciendo a la policía de buscarle, y de hacer entender a los representantes de su hermano de hacer saber el raro caso a la prensa, el movimiento iniciaba, con silencio escuchaba:

"Noticias de última hora, la policía japonesa, en conjunto de una organización federal de los Estados Unidos, está en busca de algunos japoneses desaparecidos en la zona europea. Entre los desaparecidos está el pinto autor, Souichi Tatsumi de 27 años, sus familiares dicen haberlo visto por última vez en el Aeropuerto de Francia, hace unos 7 años. No es hasta ahora que se está haciendo la incansable búsqueda del pintor y de esta lista de desaparecidos… "Mostraban la lista en las imágenes.-"La búsqueda se está realizando gracias a que una de nuestras fuentes descubrió la venta millonaria de una pintura reciente en Francia y otra en Inglaterra…"

Tomoe y Kurokawa se admiraron uno al otro y el mayor susurró:

-¿Esa fue la última pintura de tu hermano?

-No… esa es más reciente esa jamás la había visto.

-Esto es bastante perturbador.

-¿Quieres que llame a los agentes?-

-Claro, debemos investigar que está pasando en ese lugar.

Enseguida se sometieron, al auto dejando atrás la noticia en la cual se mostraba la foto completa del pintor, por varios instantes para ser reconocido y recordado….

Notas finales:

Bien y aquí termina el primer castigo… vienen más se los aseguro aunque seré buena y preguntare que desean que suceda jojojo! Aunque la vida no será nada fácil para ninguno lol!

Por cierto gomen por el corte de pelo a Souichi pero etto era eso o romperle los dedos O.o! en fin gracias por leer y comentarlo cuidaos mucho besos y abrazos a todos!