Espero que les guste y les dejo muchos cariños y amor. Ojalá estén teniendo un buen mes de diciembre. He estado ocupada éstos días con diligencias de bancos, farmacias, víveres y demases que siempre son lentos durante las fiestas. Ruego disculpas por lo cortito. El que viene será más largo y de seguro mejor, lo prometo.
~ Capítulo 3: El fantasma de mis sueños.
Estaba terriblemente cansada, le había costado mucho dormir de tanto pensar en Severus Snape flotando sobre ella en la cama y tratando de tomarla por una de sus piernas, para arrastrarla por el suelo y como esas típicas películas de terror.
Se movía intensamente en la cama, tenía un extraño sueño. Al principio se besaba apasionadamente con Ronald sobre su escritorio en el ministerio de magia y mientras le susurraba qué tan mala como mortífaga había sido, de pronto su rostro se transformaba en Severus y con una expresión de sarcasmo puro.
"¿Y ahora también se mete en mis sueños?"
"Debería poner una advertencia, antes de comenzar a soñar. Algo como: "Aviso, sueño para mayores de dieciocho años en adelante."
"¡Demonios, salga ya de mi cabeza!"
Al amanecer se había despertado con todos los cabellos parados y sentada a la mesa de su nueva cocina, intentando tomar su café y no romper la taza con toda la ira que sentía. Más le valía que no se dignara a aparecer o lo enviaría de vuelta al infierno al que pertenecía.
Pero no pudo celebrar y un aire frío cortó el ambiente de pronto y la figura fantasmagórica del profesor de pociones, flotaba en su dirección y desde las escaleras.
- Por Morgana y los cuatro fundadores... ¡se ve realmente mal! Creo que debería tratar su problema de sueño, con un magi - psicólogo. O tal vez debería conversarlo con Weasley...
Un pequeño "crash", hizo que guardara silencio y el goteo de lo que parecía café recién hecho. Miró tentativamente a Hermione y se dio cuenta de que contenía el aliento y tenía uno de sus puños al aire, como si quisiera golpearlo.
- ¿¡Y cómo cree que puedo dormir, si a usted se le ocurre irrumpir en mis sueños!? Además, ya comenzó a ponerme nerviosa con la idea de que estará flotando sobre mi cabeza.
- Ya no piensa que es muy gracioso tener un fantasma en casa, ¿cierto?
Negó con la cabeza, dejándola caer sobre sus brazos en la mesa y blandiendo su varita suavemente, para reparar la taza rota y limpiar el café derramado en el suelo. ¿Cómo se suponía que encontraría un cadáver para poder deshacerse de su molesto fantasma? Podía simplemente mudarse, pero no quería darle el gusto a su ex profesor de pociones y a su agente de bienes raíces. ¿Por qué torcer su futuro soñado, por un fantasma tan insoportable? ¿Dónde estaba su gran espíritu Gryffindor?
- ¿Algún plan para este día? No lo sé, quizá irse de picnic con la madre de Harry...
- De verdad que no tiene ni idea, ¿cierto?
- Pues espero que encuentre algo que hacer, en vez de asustar a todas mis visitas.
- Ese hombre era en verdad insoportable, realmente se lo merecía.
Estaba de acuerdo con eso, pero no era tan tonta como para admitirlo. Esperaba que al menos durante la visita de sus amigos a su nueva casa, el fantasma del profesor Snape pudiera comportarse y no causara una mala impresión.
- ¿Y siempre tiene esa clase de sueños con Weasley? - preguntó Snape mientras intentaba descubrir qué atuendo usar, aunque con dificultades para concentrarse con aquella masa de ectoplasma flotando tras ella. Se ruborizó, teniendo dificultades para encontrar algo qué decir, inclusive si tratara con un hombre que ya había pasado a... ¿mejor vida?
- No... siempre. - dijo tan roja como un tomate. - nosotros...
- Déjeme adivinar, usted y Weasley son almas gemelas. El uno para el otro.
- No lo sé, apenas y terminamos la escuela. Supongo que tenemos que esperar un tiempo, antes de salir formalmente. Digo, ya nos besamos un par de veces pero...
- Qué interesante. ¿Sabe qué conclusión saco? Que Weasley es un idiota y que muy pronto, alguien se le adelantará y tomará ventaja de su soltería.
Sin darse cuenta, el profesor Snape le había dado algo qué pensar. Tras cambiarse de ropa y moviendo su varita para no tener que desvestirse frente a su fantasma, se preguntó qué debía servir como aperitivo. Aunque el ex jefe de Slytherin ya parecía hacer ese trabajo, mirando dentro de las alacenas. O más bien, traspasarlas.
- Creo que debería hacer compras. - dijo mientras la mitad de su cuerpo sobresalía de las puertas de madera.
- No me diga... - meditó por unos minutos. Quizá y así podía descansar de él. Si no podía abandonar la casa, al menos tendría la oportunidad de hacer largas compras. - me pregunto qué clase de galletas serán las favoritas de Lily Luna.
Disfrutaba el incómodo silencio que causaba al mencionar su nombre y las nerviosas miradas en el fantasmal rostro de su ex profesor de pociones. Al momento de contar el dinero que tenía para las compras, se preguntó cómo lo tomarían Ginny y sus amigos. ¿Acaso la tildarían de loca si les decía la verdad? ¿O el profesor aparcería sin invitación, haciéndose notar?
- Iré a la tienda. Supongo que ya es un hombre lo suficientemente adulto, como para no tener que decirle que se comporte.
- He vivido aquí y desde mucho antes de que se mudara.
- Me refiero a que no husmee en mis cosas. ¡Manténgase alejado de mi ropa y pertenencias!
Cerró la puerta de un sonoro portazo y suspiró audiblemente, preguntándose si más bien, simplemente no se mudaba. Aún tenía un poco de dinero y quizá podía venderle la casa a algún incauto, para que lidiara con ese molesto problema.
O quizá encontrar algo contra fantasmas en alguna tienda. Si necesitaba encontrar su cuerpo para deshacerse de él, al menos podía intentarlo y tratar de otras formas. No existían las verdades universales, no todo estaba escrito en la vida y para ser de la misma forma.
Con esos pensamientos alcanzó la tienda y apenas y pudo darse cuenta de todo lo que había caminado. Tenía que concentrarse en ser la mejor anfitriona, olvidar todo lo sucedido y continuar sonriendo.
- Buenos fantasma días...
- ¿Disculpe?
¿Acaso la vendedora había dicho "fantasma"? Quizá ya empezaba a oír cosas y volverse loca. De seguro que el fantasma del profesor Snape y hasta era una ilusión. Una especie de trauma post guerra.
- Dije: "buenos días".
Sí, no iba a poder olvidar que vivía con un fantasma.
