Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.

OUTTAKES DE AMOR DE VERANO

MI RAZÓN DE VIVIR

Sus pequeños deditos sobre mi pecho desnudo.

Su boquita rosa succionando su alimento.

Su cabello, apenas una pelusita y sus enormes ojos verdes ocultos tras sus pequeños párpados.

Era lo más hermoso que yo había visto o soñado jamás, y sólo cuatro horas antes aún seguía dentro de mí.

Había tenido mi primera contracción en la tarde del día anterior, y para la noche, Renée había insistido en ir al hospital.

Después de quince horas de contracciones pero sin dilatación, mi médico había decidido practicar una cesárea.

Y aquí estábamos ahora, mi pequeña Vanessa y yo, su inexperta y aterrorizada madre, conociéndonos de la forma que sólo una madre y su hijo se pueden conocer.

Estos últimos nueve meses habían sido difíciles.

Toda mi vida había cambiado, y era increíble cuánto había cambiado todo.

Desde que tenía memoria había deseado ser médico.

Desde niña, había compartido con mi gran amigo Jasper, mi afición por abrir sapos, y ocuparnos de nuestras heridas, con igual pasión.

Rose siempre se había sentido asqueada por la devoción que yo compartía con su hermano, por todo lo que tuviera relación con heridas y curaciones.

Nunca había imaginado otro futuro en mi vida, más que el de médico.

Pero todo había cambiado después de unas vacaciones maravillosas, que tendrían consecuencias apabullantes.

Después de volver de Europa, con Ang y Jess, cada una habíamos vuelto a casa para pasar un par de días con nuestras familias, antes de que comenzara el nuevo curso.

Así que después de pasar una semana con Charlie y Renée en Seattle, me había instalado nuevamente en nuestro departamento de Nueva York.

Me había vuelto un poco loca con el comienzo de clases y había medio olvidado mi tonto e inútil enamoramiento de aquel increíble inglés con el que había compartido una deliciosa semana, libre de preocupaciones y llena de diversión y sexo. Mucho sexo.

Los últimos días me los había pasado vomitando y con náuseas y mareos.

Estaba segura de que serían los nervios por la nueva etapa universitaria, aunque no dejaba de sospechar que tuviera que ver con la nueva receta de brownies que Jessica había traído de su casa.

Pero cuando había pasado una semana y seguía igual, me había decidido a ir al hospital.

Nunca olvidaría el sentimiento que me embargaba al salir de allí.

Me había sentado en un banco frente a la puerta del hospital y había comenzado a llorar, con un llanto que duraría nueve días de forma casi ininterrumpida.

Estaba embarazada.

Después de haber tenido sexo responsable con Jake durante cuatro años, y un año completo de la más pura castidad, había resultado embarazada de un hombre al que no conocía y con el que había mantenido sexo irresponsable por seis días.

Seis días.

¿En qué coño había estado pensando?

¿Por qué diablos habíamos sido tan imprudentes con la protección?

Pero quién había pensado en protección cuando habíamos compartido la ducha, o cuando Edward me había hecho el amor en la arena con el mar mojando nuestros pies.

Toda una vida de pulcra responsabilidad se había ido por el desagüe en sólo seis días.

Y me había quedado embarazada.

Embarazada a los veintidós, de un hombre que no conocía ni sabía tan siquiera cómo contactar.

Desde el mismo momento de la concepción había condenado a mi hija a no tener a su padre.

Había escuchado mis opciones miles de veces.

Angie, Jess y yo misma las habíamos barajado todas una y otra vez.

Tener el bebé y verme obligada a dejar la universidad y volver a casa, o poner fin al embarazo y seguir con mis planes como hasta entonces.

Dejar la universidad era la decisión más dura y dolorosa que podía imaginar, pero desde el principio había sabido que sería incapaz de terminar con el embarazo y seguir mi vida sin más.

Después de tomar la decisión, decírselo a mis padres se había convertido en un escollo que costaba imaginar.

- Dime quién es el padre – había ordenado Charlie en cuanto, llorosa, le había comunicado la noticia – Dime quién es el padre y te aseguro que no le quedarán ganas de eludir su responsabilidad.

Había bajado la mirada a mi regazo sintiéndome avergonzada y terriblemente dolida por la decepción que estaba segura provocaría en mis padres.

- No puedo decírtelo – había murmurado

- ¿Por qué no?

- Bella, hija, no vamos a enfadarnos, sea quien sea. Puedes decírnoslo, Bells. Lo que tu padre quiere es que ese hombre se haga responsable del bebé. No vamos a obligarte a casarte con él, ni nada similar, pero es justo que se ocupe del bebé y será justo para el bebé estar en contacto con su padre.

- Lo sé – les había reconocido – Lo sé, pero no puedo decíroslo porque no sé quién es.

-¿No sabes quién es? ¿Qué quieres decir?

- No sé cómo contactar con él. Sólo sé que se llama Edward, es inglés y trabaja de arquitecto.

- ¿Y su apellido?

- No lo sé.

- ¿No lo sabes?

- No. Tampoco tengo un teléfono o una dirección donde contactarlo. No tengo nada. Lo siento – había sollozado y me había derrumbado en los brazos de mi madre.

- Tranquila, cielo – me consolaba entre sus brazos Renée – No te preocupes, cariño. Todo estará bien.

- ¿¡Cómo!? – grité – ¿Cómo diablos estará bien? ¡Sólo tengo veintidós y voy a convertirme en madre soltera! ¿Qué voy a hacer yo con un bebé?

- Tranquila, cariño. Saldremos adelante. No estás sola, Bella – aseguró mi madre – Nunca estarás sola, cariño. Nosotros estaremos contigo siempre, Bells. Nosotros cuidaremos de ti y del bebé. – prometió

- Lo siento – gimoteé – Lamento haberos defraudado.

- Hey, cariño – dijo Charlie acercándose a mí y robándome del regazo de mi madre para acunarme contra él – ¿Cómo puedes pensar que nos has defraudado?

- Tendré que dejar la universidad.

- Oh, cielo, ése es sin dudas un duro golpe para ti, cariño, y para nosotros en cuanto sabemos cuánto has deseado ser médico. Pero la vida da vueltas, cariño, y por muchos planes que hagamos, a veces suceden cosas que nos obligan a cambiar nuestras decisiones. Pero estamos seguros de que un bebé nos hará a todos mucho más felices que cualquier título profesional. Un hijo para ti y un nieto para tu madre y para mí, ¿qué podría hacernos más felices?

- ¿No te molesta saber que he tenido sexo con un desconocido? – indagué vergonzosa

- ¿Te arrepientes tú de ello, Bells? ¿Ese hombre te forzó o te obligó de alguna forma?

- No, claro que no. Lo hice porque lo deseaba y fue maravilloso.

- Entonces no puedo molestarme, cielo.

- Pero debí pedirle su número al menos, o su apellido... qué sé yo...

- Sí, en eso no puedo discrepar contigo. Es una pena que no lo hicieras y lamentablemente eso es algo con lo que tú y tu hijo deberéis vivir toda la vida, pero puedes estar segura de que a tu hijo no le faltará nada, cariño. Tenemos mucho amor para darle, y estaremos contigo siempre.

Así había sido.

Mis padres no se habían separado de mí en todos los largos meses del embarazo.

Charlie había atendido mis antojos de la forma que cualquiera hubiera esperado que un marido lo hiciera.

Renée me había acompañado en cada cita con el médico y había reído y llorado conmigo cuando habíamos visto al bebé por primera vez en el monitor del consultorio.

Y mientras Renée estuvo a mi lado durante las diecisiete horas que duró el trabajo de parto, Charlie le gritaba a mi médico para que realizara una cesárea.

Pero todo había salido bien, y ahora aquí estábamos, mi pequeña Vanessa y yo.

Dispuestas a ser una familia.

Una pequeña familia de dos, pero con amor suficiente para compensar cualquier ausencia.

No podía dejar de pensar en Edward al mirarla.

Sus pequeñitas facciones me lo recordaban, y pensar que él se perdería la oportunidad de ser el padre de esta pequeñita maravillosa me entristecía.

Pero entonces supe que nunca podría negarle a mi pequeña la esperanza de que tal vez algún día, su padre al fin nos encontrara.

Por alguna razón, no me atreví a perder la esperanza.

Mientras le esperaba, cuidaría de mi niña. De su niña.

Nuestra niña.

Mi razón de vivir.


Hola! Aquí, en medio de mi ausencia, vengo para regalaros un nuevo outtake del fic que tanto nos gustó.

Es cortito pero espero que les guste.

Para que recordemos un poco nuestro AMOR DE VERANO.

Espero que lo disfrutéis.

Gracias a todos por leerme.