Disclaimer:
Los personajes de yyh no me pertenecen, son propiedad de Yoshishiro Togashi, yo sólo les uso para pasar un buen rato, y ahora que estoy en un merecido semestre sabático, me es muy grato imaginar estas cosas cuando tengo ganas y tiempo para escribir algo nuevo.
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Notas:
Esta idea es un A.U, espero la trama resulte interesante, y también espero haber logrado mantener las personalidades de todos los involucrados en el escrito. Esta historia corresponde a una historia Yaoi, como la mayoría de mis historias, por lo que si te desagrada las relaciones chico-chico, estas en todo tu derecho de salir del fick.
Al comienzo de cada capítulo eh agregado una estrofa de la canción "Evanescent" del grupo VAMPS, pues, no he querido caer en la tentación de dejarlo como un song fick, al intentarlo se volvió una historia larguísima. Por lo que al final lo he terminado por convertir en un fick de varios capítulos, incluyendo la canción.
Los pensamientos, recuerdos y conversaciones telefónicas de un personaje se encuentran con cursiva. Así que advierto, que deben de leer con cuidado, o podrían perderse al momento de pasar a otra escena, o en la misma escena. Siempre trato de crear el contexto adecuado para no enredar la lectura, pero cualquier consejo, es siempre recibido.
Gracias a todos aquellos que siempre están conmigo, esta historia ha servido como piloto para retomar los ficks de Hiei/Kurama, y de paso, me inspiró para escribir una historia nueva de Yusuke/Keiko. Honestamente, estoy súper emocionada por escribir, y retomar mis ficks.
Además que quiero concretar un sueño: escribir mi primera historia de una serie NO ANIME, de la serie Expedientes secretos X.
Ahora esta historia está dedicada en especial a todas las personas que me han leído durante años, y a esas personas que se tomaron el tiempo de comentar mi último trabajo en el fandom de YYH: "Por amor a ti"
Sin nada más que decir, les presento:
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Evanescente
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"Capítulo I"
...No estés preocupada, que yo he venido hasta aquí...
...Observa, estoy avanzando a otro verano deslumbrante...
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-Centro de salud veterinaria, Tokio, 16:00 pm-
Keiko Yukimura había llegado con un cachorro de siberiano, le vio ingresar nerviosa, sus ojos avellana se notaban asustados, miró al cachorro; por su experiencia aquella efímera criatura no debía de pasar de los 3 meses. Shuishi Minamino, veterinario de turno de la tarde del centro se acercó a la criatura que era protegida por las manos de ella. Le sonrió, Keiko le devolvió la sonrisa, y enseguida, dejó que él sujetase al animal con sus manos.
-Shh, tranquilo, no haré nada malo, sólo déjame mirarte- Exclamó Shuishi, mientras sentía el temblor de la piel, y lo congelado de ésta.
Y en ese segundo, en que el veterinario sentía el temblor de ese cuerpo tuvo una corazonada, y el pecho se le apretó mientras experimentaba lo dañado del pelaje del perro en la yema de sus dedos. El animal era precioso pero pequeño, Shuishi le sostuvo muy lento e íntimo, al concentrarse en el perro, este tenía unos ojos azules y si le mirabas el pelaje, que no era suave al tacto, tenía hebras negras brillantes y largas; pero a pesar de lo hermoso que era, Shuishi vislumbró una gran agonía en sus movimientos, estaba delgado y asustado. Traía una herida profunda y sangrante en la pata izquierda, la cual se había tornado de un color violeta intenso.
Se veía muy mal, estaba completamente seguro que el perro perdería esa pata, el color violeta hizo un cortocircuito en su mente, y la corazonada regresó.
Se mordió la comisura de un labio y no puedo evitar pensar en su novio.
No pudo evitar pensar en Hiei.
Shuishi Minamino tenía una relación de casi un año con un detective de policía, por lo que estaba acostumbrado a curar heridas de servicio, estaba acostumbrado a vendar, desinfectar y otras cosas cuando su compañero llegaba con algún rasguño nuevo en la noche.
Y por ello, había un miedo constante en su pecho cada vez que a Hiei le tocaba un caso de semanas o alguno que estuviese relacionado con la política. Pues él sabía, que había una posibilidad ínfima, de que él no volviera a casa una noche.
El perro le ladró, ese ruido le regresó en parte a la realidad, siguió observando al cachorro.
La herida de la pata era la única que encontró a simple vista.
Igual que cuando comenzó a salir con Hiei.
-Quédate quieto Hiei, ya saqué la bala-
-Hubiese sido más rápido si el idiota que me disparó hubiese calculado bien y la bala saliese del otro lado Kitsune-
-Pero tendrías un horrible agujero en la planta de tu pie-
-Pero no dolería como el demonio tratar de sacarla-
-Serás niño, en todo caso, te hubiera disparado en otra parte-
-Uuuuu, Dudo mucho que el idiota hubiera calculado a dónde iba a caer la bala Kurama-
Ese color violeta en la pata del perro le recordó a una herida de su novio, hace sólo unas noches tuvo que curarle, y por esa herida creyó que Hiei no podría recuperar su caminar normal. Pero se había equivocado, y Hiei sólo estuvo dos días con licencia, a lo que regresó en seguida a la jefatura de policía.
-¿Seguro que no quieres otro día de licencia?, puedo ver que aún te molesta caminar Hiei-
-No kitsune, el departamento está hecho un caos, y mi celular no ha parado de sonar desde que me hirieron-
-Está bien, haré un estofado para la noche, avísame si llegas más temprano porque hoy tengo turno completo en el centro-
El corazón le palpitó con fuerza, trató de olvidar aquella sensación pero no fue capaz de hacerlo, no podía dejar de pensar en él.
De vez en cuando le pasaba, siempre que Hiei llevaba más de una semana llegando tarde a su casa o cuando, por el contrario, él no llamaba a Hiei para avisarle que le tocaría turno en la noche.
Siempre pensaba en su novio luego de ello.
-Tienes turno Kurama, y otra vez no logramos coordinar nuestras noches libres-
-Te lo compensaré, lo prometo Hiei, soy el único veterinario en la clínica a tiempo completo-
-¿Podrás prometerme al menos, que llamarás?, necesito saber que estas sano y salvo luego del turno completo-
-Lo prometo Hiei, te avisaré la próxima vez-
-Hn, con que llames zorro, es suficiente para mí-
Imaginó el color rojizo de sus ojos, la cabellera azabache que le encantaba enredar, pensó en la pequeña nariz que se fruncía cuando estaba molesto y en sus labios entrecerrados cuando no quería hablar con él. Sonrió, una idea cruzó por su mente, quizás podría esa noche compensar a Hiei, quizás podría hablar con él un poco; preguntarle cómo había sido su día o cómo se había sentido.
Sí, de vez en cuando extrañaba a Hiei, amaba su nombre, amaba las contadas veces en que se quedó esperándolo por la noche en el comedor a que llegase a la casa; pero más que nada amaba el saber que existía alguien en la faz del planeta preocupado por él.
Shuishi dejó de pensar en Hiei al percibir el aroma agua marina de la colonia de Keiko a su lado, pestañeó, el cachorro de siberiano ladraba bajito pero más que un ladrido el otro lo identificó como un dulce y desgarrador llanto.
-¿Qué tenemos aquí?, ¿cómo te llamas pequeño?- Shuishi vislumbró la pequeña sala de veterinaria de urgencias en que yacía, una ventana estaba abierta, olía a desinfectante, la luz de la sala era rojiza y como decoración yacía un librero y una camilla cubierta de papel blanco.
-Lo encontré frente a mi casa esta mañana, tiene algo en la pata pero no me atreví a tocársela-exclamó Keiko, él le miró, colocó al cachorro sobre la camilla, tuvo que sujetarle de la piel trasera del cuello para evitar que se arrancara de la camilla en el proceso.
-Necesito que lo sujete de esta zona- dijo, indicándole a Keiko cómo y dónde debía ella colocar sus manos, Keiko movió su cabeza en señal de haber entendido la instrucción; entonces, cuando el cachorro estuvo tranquilo Shuishi le levantó la pata delantera para vislumbrar la herida que yacía en ella.
Se mordió un labio.
Estaba infectada y el olor que despedía no era agradable, cerró los ojos, suspiró.
-Señorita, tiene trozos de vidrio incrustados en su pata, habrá que sacarlos cuidadosamente si queremos ayudarle-
-¿Puede perder la pata?-
-Es difícil decirlo, seré sincero, si tuviese un lugar para dormir, alguien que lo cuide y comida tibia no correría riesgo de ello pero si se queda en la calle, con el frío, habrá que cortársela para que no se extienda a la extremidad completa- Keiko miró al cachorro y acarició por detrás las orejas del animal, este como respuesta a ello le lamió.
Algo se rompió en el pecho de ella, algo le dolió.
Keiko suspiró mientras experimentaba esa lengua en la palma de su mano.
-No tengo corazón para dejarte en la calle, yo te cuidaré- dijo, enseguida Shuishi inclinó su cabeza, se deslizó por la pequeña sala hasta el librero, abrió una gaveta en la que yacía instrumentos de primeros auxilios, colocándose guantes en el trayecto de regreso sostuvo una pinza quirúrgica que desinfectó con alcohol, comenzó a retirar los pedazos de vidrio poco a poco, anestesiando de paso las zonas más dañadas del cachorro, desinfectó la herida; la suturó y vendó.
Keiko sonrió cuando vislumbró como el veterinario acariciaba a su nueva mascota.
-Te van a cuidar y mimar, tienes mucha suerte, ¡estarás muy bien ahora!-
-Gracias por curarlo-dijo ella, mientras observaba cómo, el veterinario terminaba de vendar y le daba algo de comer al perro.
-Amo a los animales-
-¿Cómo se llama usted?, me gustaría poder ubicarlo cuando tenga problemas-
-No me digas de usted linda, me llamo Shuishi Minamino, aunque todo el mundo me dice Kurama-dijo, cerró los ojos, al abrirlos vislumbró el reloj de la sala, las 17:30, era temprano, y el turno de la tarde terminaba a las 18:00, quedaba poco para ir a su casa, y quizás, si tenía un poco de suerte vería a Hiei esa tarde temprano.
Era jueves.
Hiei tenía libre los jueves.
-Está bien, soy Keiko, Keiko Yukimura, cualquier cosa vendré a preguntarte por el perrito-
-No hay problema, puedes encontrarme todos los días acá en la clínica desde las 8 am hasta las 6 de la tarde, y los fines de semana tengo turno completo-
Keiko se rió, sostuvo al cachorro apenas Shuishi se lo entregó en una manta, el cachorro le lamió su rostro.
-Te pondré Buckey, eres pequeño y te pareces a un actor que me gusta mucho por ese pelaje negro, ¡gracias de nuevo Kurama!-
-No hay de qué-
La chica salió por la puerta y Shuishi quedó mirando por la ventana.
En ese segundo sintió su celular vibrar en el bolsillo de su pantalón, al retirar la máquina vislumbró el número de teléfono de su departamento en la pantalla y un mensaje de texto.
-Kitsune...Van a dar una película en la noche…. ¿Me acompañas o tienes turno?-
Shuishi se sonrió, sus mejillas se sonrojaron levemente, imaginó a Hiei escribiendo en el celular y que seguro le había costado mucho pedirle que le acompañase. Marcó, como respuesta el teléfono de la casa.
Y esperó escuchar el sonido de la voz grave de Hiei al contestarle.
-Dime-
-Me quedan veinte minutos para salir, ¿llevo algo para comer?-
-Cosas dulces, y de paso una cena-
-¿No cocinaste?-
-Según recuerdo, prohibiste mi entrada en la cocina luego que quemé un pavo hace unos días- Kurama se sonrió con sorna, lo recordaba, Hiei había olvidado apagar el horno una noche y había quemado un pavo accidentalmente que estaban guardando para otra ocasión. Recordaba su rostro molesto y que había amenazado con demandar al fabricante de hornos quema comidas para ocasiones especiales como días de acción de gracias.
Estuvo tentado de reír.
-Está bien, llevaré lasaña, espérame en el comedor….¿Qué película es la que van a dar hoy?-
-Es un especial de Hannibal Lecter-
Kurama se mordió un labio….no digamos que le gustasen mucho las películas de ese estilo, ¡pero vamos!, ¡en realidad no esperaba que fuera una romántica pero al menos no de terror!... ahora, conociendo a su novio no debería de sorprenderse.
Hiei era un fanático horrible de las series y películas de terror…
Y él era un gigantesco cobarde para verlas solo, ¡peor si eran de noche!. Porque seguro, Hiei apagaría todas las luces, y colocaría fuerte la pantalla de la tele. La primera vez que supo eso, fue cuando vieron la saga de actividad paranormal, y Kurama no pudo dormir durante días.
-Está bien, pero si me escondo en el baño para no ver las partes más sangrientas no te rías-
-No me reiré-
-Gracias-
-Si logras llegar al baño para encerrarte no me reiré de ti kitsune-escuchó su voz irónica y no pudo evitar reírse con mucha gracia.
Hiei estaba de muy buen humor ese día.
Colgó el teléfono y se dispuso a ir de compras una vez puso un pie fuera del centro, afuera había una ligera brisa y la tarde estaba muy refrescante. Kurama guardó silencio, escuchó el sonido del viento y de las hojas de los arboles al moverse, una mano en su bolsillo y un dedo índice en la punta de sus labios.
-No te dejaré ver la película, trataré de correr al baño cada media hora, solo para ver qué haces Hiei-
Después de todo, una película de terror, un sofá cómodo y unas cuantas cervezas podrían ayudar a hacer de esa tarde algo mucho más divertido.
¿O no?
-Departamento de Hiei Jaganshi y Shuishi Minamino, diez minutos para las 20:00 hrs-
Hiei Jaganshi yacía sentado en la terraza del departamento que compartía con Shuishi desde hace un año. Era jueves, por ende, tenía el día libre y podía dormir hasta tarde para recuperar el sueño que constantemente perdía. Hiei pertenecía al cuerpo de policía de Tokio, por lo que tardes libres eran muy pocas y aquellas que lograba tener no las desperdiciaba. Había ido escalando desde lo más bajo de la policía para llegar a donde estaba, la unidad de narcotráficos y delitos sexuales. A Hiei no le gustaba que Shuishi no llamara o no avisara si iba a llegar tarde o algo de su trabajo, era una constante, todas las noches si su novio no llegaba a casa tenía el presentimiento de que algo le había pasado, y todos los días despertaba con ese miedo.
Sakyou Tomochika, su jefe del departamento le había advertido de ello una vez ingresó al cuerpo, que una vida normal era idílica para aquellos que trabajaban en el departamento de policía.
-No te enamores Jaganshi, no podemos tener relaciones normales, es un miedo que estará siempre, créeme, llevó casi tres años casado, y aún lo tengo-
Jamás olvidaría esa frase...
Jamás olvidaría el tono...
Y todas las noches, desde esa conversación, recordaba incluso el olor del cigarrillo que impregnó la boca de Tomochika; el color azul gélido de los ojos del hombre, la forma neutra y sin expresión de su rostro.
-Yo le cuidaré, y si algo le pasa por culpa de mi trabajo me retiraré Tomochika, no se puede vivir con ese miedo eternamente-
-No lo harás, eres muy bueno en lo que haces Jaganshi, además, necesitas comprender que uno no puede evitar que esas cosas ocurran, así es la vida; por ello, aprovéchala al máximo-
-Aprovéchala al máximo...-dijo, se perdió en el recuerdo, de esa conversación había pasado más de un año, pero ese miedo continuaba alojado muy profundo en su corazón. Quizás porque siempre estaba persiguiendo a drogadictos o a gente involucrada en pedofilia y tráfico de mujeres.
Hiei cerró los ojos, experimentó el brillo de una luna que estaba saliendo recién aquella noche, en Tokio la luna comenzaba a salir pasadas las ocho, y los amaneceres que tanto le gustaban comenzaban a notarse antes de las cinco de la madrugada. Iba a seguir meditando en el tema de la luna y en Tomochika cuando escuchó el ruido de las llaves del kitsune girando la puerta de entrada, y entonces percibió cómo, su corazón se tranquilizaba y las manos dejaban de sudar.
Por inercia, dejó de presionar el arma de servicio del bolsillo de su pantalón en cuanto escuchó la voz del kitsune avisar que llegaba.
-¡Perdona la demora Hiei!, ¡el tráfico estaba horrible, y eso que aún no es fin de semana!-
El pelinegro suspiró, se llevó una mano a la cabellera y sonrió en cinismo cuando vislumbró que el otro no había traído lasaña.
-¿Cerraron la tienda?- preguntó Hiei acercándose al comedor, enseguida ayudó a ordenar unas cuantas bolsas en la mesa del frente. Los ojos del poli vislumbraron la habitación, un sofá de cuero negro completo se encontraba vació en el centro, frente de este había un conjunto de televisor de pantalla plana, con equipo de música, y a la izquierda, una cocina americana de estilo colonial.
Kurama se llevó una mano a una mejilla y se sonrió.
-Pensé que sería divertido que hagamos Sushi-
-Kurama, jamás hemos cocinado sushi-
-Por eso pensé que sería divertido- exclamó el pelirrojo, Hiei ahogó una risa, al mirar a su novio se auto convenció que estaba completo y en una pieza.
No lo entendía, pero había noches como esa, en que su corazón tenía miedo.
Mucho miedo.
-Na, lo que tú quieres kitsune es distraerme para que no veamos la saga de Hannibal- dijo, Kurama se mordió un labio y llevó una mano al interior de una de las bolsas, entonces, Hiei vislumbró una caja de cervezas y unos chocolates.
-No, en serio que la veremos, pero siempre me ha tentado que hagamos sushi, anda Hiei, ayúdame y estaremos instalados viendo tu dichosa película de terror- exclamó, con los ojos verde esmeralda brillando, mejillas sonrojadas, y el cabello pelirrojo anudado en una coleta perfecta.
Si se quedaba en esa imagen, Kurama se veía delicioso.
-¿Escuchaste lo que dije Hiei?-
-Mmm-
Claro que lo había escuchado, pero si lo pensaba, el otro estaba mintiéndole porque a Kurama jamás, pero jamás se le cruzaría por la cabeza cocinar tan tarde y algo que jamás habían intentado. Pero Hiei no quiso seguir el tema porque imaginaba las miles de formar de sacar de quicio al otro mientras hiciesen el bendito sushi, y rió.
Estaba por continuar el juego con alguna frase como -Si como no, tú, el que sufre una obsesión compulsiva de la limpieza quiere intentar algo que dejará desastrosa la cocina- cuando experimentó cómo, una mano se acercaba a su mejilla, y en un segundo entendió que Kurama le daba un largo, profundo y sabroso beso.
Beso, que provocó que Hiei olvidase el detalle del sushi y la película.
-Olvide decirte buenos días hoy Hiei-escuchó el otro, cosa que provocó que su corazón estallase, y sintiese otra vez ese miedo.
En el fondo, amaba a Kurama, y por eso, el miedo de perderle constantemente le perseguía.
-¿Y tú crees que con ese beso, todo cursi, olvidaremos la película?- exclamó con cinismo Hiei, Kurama se mordió la boca y estalló en risa.
-No, pero me he ganado un punto, y sé que la película pasará a otro plano-
-Sorpréndeme, porque para mí, ese fue un beso todo cursi y sencillo-
-Pero no lo esperabas, por muy cursi y sencillo que fue-
-En la cocina del departamento, unos 15 minutos después-
Shuishi Minamino se sentía dichoso, cocinar con Hiei era lo que menos pensó que le ocurriría esa mañana, la verdad, salió tan apurado a su trabajo que ni siquiera se había despedido y hasta había olvidado que era un día jueves. Por ende, podría haberlo aprovechado de otra manera, tomándose el día libre o algo.
Pero ya no tenía caso pensar en eso.
-Hiei, ¿seguro que quieres ponerle salsa teriyaki y jengibre? es una mezcla muy picante-
-Hay que ponerle acción al sushi Kitsune, podemos jugar a la ruleta rusa con ellos-
Las mejillas de Kurama se sonrojaron y no pudo evitar ahogar una risa, ¡sólo a Hiei se le ocurrían esas cosas!, él, cómo veterinario y persona súper sana jamás habría pensado jugar a eso con los sushis.
Bueno, no era la persona con la mentalidad más sana; pero no habría pensado en algo como eso.
-¿Cuántos haremos Kurama?, creo que hay bastantes para la noche- escuchó su voz.
Kurama se sonrió.
La imagen que tenía frente de sus ojos era, demasiado idílica para su gusto. Hiei estaba tratando de que los rollos de arroz no se le desarmaran, y a diferencia suya, el joven poli tenía una paciencia increíble; por ello le dejó la tarea de armarlos.
Por su parte estaba casi listo con algunos que había comenzado a freír, pues, a ambos, les encantaba comer los que tenían cubierta hecha de tempura.
-¿Qué me ves tanto zorro?-
-Nada, sólo que me parece increíble que no te ofusques haciendo eso, ¡yo a la primera arrojé el arroz al suelo!-
-Alguien tiene que hacerlo, si queremos comer-
-Pesado-
Hiei iba a continuar colocando una tira de salmón cuando el pelirrojo le tomó la muñeca, del otro lado, los ojos color carmín del pelinegro se quedaron mirando el rostro del kitsune.
-Me estas asustando, ¿qué?-
-¿Me enseñas?-
Hiei suspiró, enseñarle al zorro era muy difícil, pero no veía por qué no hacerlo. Además, esa era la primera noche libre en mucho tiempo que lograban coordinar, y no la iba a desperdiciar peleando por una estupidez como esa.
-Muy bien, pero te advierto, señor perfecto, que debes de tener paciencia; no arrojar el arroz como antes-
-Tenías que decirlo- la boca de Hiei se curvó en una sonrisa sarcástica.
-¿Qué te molestó?, ¿el señor perfecto o el arroz? -el kitsune se sonrojó.
-Oh, cállate Hiei, sólo dime ¿qué estás pensando?, porque te noto muy emocionado ahora enrollando ese sushi-
-Me emociona enseñarte, porque jugaremos con los sushis, haremos esto; por cada sushi que se te desarme o arrojes a donde sea, te comerás uno picante-
Al escuchar eso, el corazón de Kurama latió fuerte y sus mejillas dejaron de estar sonrojadas.
Y desde el punto de vista de Hiei, el rostro del otro estaba blanco y perplejo.
-¡Eso no es justo!, tú no has desarmado ninguno, ¡y yo recién voy a aprender!-
-Te daré oportunidades Kitsune, los primeros 3 desarmados no contarán, pero los que sigan si-
Kurama se llevó una mano a la cara, el choque de la palma sonó tanto que hasta a Hiei le molestó. Incluso, pudo imaginar el dolor de ese golpe en su frente.
-Mmmm, está bien, lo haré, sólo porque no quiero que luego me saques en cara que no quise intentarlo como una vil rata cobarde, pero como tú pusiste la regla de la ruleta rusa, yo pondré una regla mía-
-Muy bien Kitsune, ilústrame, ya sabemos que cada vez que se te desarme un sushi te comerás uno picante-
-Sí, pero no me has dicho nada por los que no desarme, así que por cada uno que yo no desarme tú te comerás uno picante, y me darás agua cuando yo tenga que comerme uno-
-¿Agua?, ¿es enserio?, tenemos cerveza-
-Bien, cerveza, pero de tu boca- exclamó el pelirrojo, Hiei se sonrió de lado. Ok, quizás podrían olvidar el detalle del sushi picante, o la película o quién sabe qué.
Pero la idea del kitsune era muy tentadora.
-Es un trato Kitsune, y lo que pasé después no es responsabilidad mía-
-Tampoco mía-
Unos minutos después, estaba Hiei tratando de enseñarle al otro cómo se enrollaba el sushi, de tal manera que no se desarmara. Lo único malo era, que por cada sushi bien hecho él se tendría que comer uno picante, pero bueno, a diferencia del kitsune, a él le gustaba esa mezcla, y debía de ser una de las pocas personas a las que le fascinaba.
-Coloca las manos más separadas Kurama, no lo aprietes, mueve la muñeca lento, así- dijo Hiei, los ojos del kitsune le miraban con mucha seriedad, si lo pensaba el pelinegro explicaba bien y se le entendía todo.
Lástima que al intentarlo no le salía.
-Ups- exclamó el pelirrojo al ver que otro sushi se le desarmaba.
No tenía caso, ¡por favor, este era el sexto!, ¡el sexto!.
-Hiei...no tiene caso...no me sale-
-Anda no te frustres ahora, uno más- dijo, a lo que Kurama bufó y comenzó a enrollar con mucha lentitud, iba a arrojar al suelo el pote de arroz y la alga nori cuando sintió cómo, las manos de Hiei se posaron en las suyas.
-No lo aprietes, lento Kitsune, ten paciencia- Kurama no supo si el hecho de tener las manos de Hiei en las suyas le dieron calma, o fue la voz, pero de manera increíble, ese sushi resultó.
Pero a pesar de que estaba completo, Hiei no le soltó las manos.
-¡Lo logré!, !Lo logré!- exclamó el otro, entre risas, escándalo y sentirse dichoso por lograr hacer un sushi, experimentó cómo las manos de Hiei volaron de las suyas a su cintura.
Y en ese segundo, Kurama sintió su corazón latir con fuerza.
-Ok, dame ese bendito sushi picante- a lo que el pelirrojo se quedó atónito, !él aún no se comía ni uno!
-Hiei...yo no comí ninguno-
-Lo sé Kurama, tú me darás la cerveza a mí- el otro experimentó el roce de las manos en su cintura, y pensó, que no había otro lugar en el que quisiera estar en ese momento.
Sólo quería disfrutar de esa cocina, del aroma del sushi y las manos de Hiei.
-Oh mierda, ¡quedó demasiado picante!-
-Por eso te dije que no usaras tanto jengibre-
-Mmmm- el pelirrojo miró cómo Hiei se lanzaba aire con la palma de la mano, y pensó, que se había salvado de una buena, porque si a Hiei le picaba tanto es que había quedado insoportable para tragarlo.
El poli iba a abrir una lata de cerveza cuando Kurama se le adelantó, y viendo cómo el otro tomaba un sorbo larguísimo y se acercaba hasta sus labios, no pudo evitar sonreír de lado.
Y se besaron.
En esa cocina no se escuchó nada más que el choque de dos labios que se degustaban, se repartían la cerveza y disfrutaban del sabor de sus lenguas, entre picantes y amargas.
Una mano de Kurama se coló en la playera negra de Hiei, y el otro no hizo nada para correrla. Ambos corazones latían con fuerza, y sentían el roce de las manos cruzando por debajo de la ropa. Kurama empujó a Hiei hasta la orilla de la mesa de la cocina en donde estaban, y hasta que no se escuchó el ruido de un bolo de arroz en el suelo no se separaron.
Quedaron mirando el bolo, el arroz y algunos sushis.
Hiei se llevó un dedo a la boca, y el kitsune tomó un sushi cualquiera de la mesa.
-¿Y bien, este picará o no?-
-No tengo idea- exclamó Hiei, y quedó mirando cómo el zorro se llevaba un trozo a la boca...y que lo disfrutaba entre cada bocado.
-No, esta delicioso este- dijo, a lo que Hiei no pudo evitar ahogar una risa.
-¡Pensar que tomaste cualquiera y justo no es picante!, ¡maldito zorro con suerte!- exclamó.
-Lo sé, soy- decía Kurama mientras rozaba con un dedo una mejilla de Hiei -Afortunado-
El pelinegro se sonrojó, pero no dijo nada.
-Tu turno, escoge dos, al azar-
Hizo exactamente eso, y le dio uno a Kurama en la mano. Pero sin buscarlo, el kitsune llevó ese sushi hasta la boca de él.
- ¿Qué?, ¿Quieres que nos intercambiemos los sushis o algo así?-
-Me leíste la mente, yo te doy este y tú me das ese que tienes en tu mano-
Hiei miró al suelo, y se llevó una mano al bolsillo de su pantalón.
-Por eso te digo que las cosas que haces son cursis y tontas Kitsune-
-Pero en el fondo sabes que te encantan-exclamó el otro, y cuando ambas lenguas percibieron el sabor picante del teriyaki y el jengibre, por inercia, se comenzaron a besar.
Entre el roce de sus bocas, el toque de las manos, sintieron que hace demasiado tiempo que no disfrutaban de ese estilo de beso, y no hubo mejor forma de expresar ese sentimiento que estuvo atrapado por meses en sus corazones.
Después de todo, había más de una manera para evitar sentir ese ardor en la punta de la lengua, y en la mente de ambos, sabían que tenían toda una noche para disfrutar de eso.
Pues, afortunadamente, no sólo servía la cerveza.
-Continuará-
Muchas gracias a todas las personas que leyeron este capítulo, eh tratado de que no quedará largo, aunque, siempre me ha costado traer capítulos cortos. Y esta es la primera vez que divido un one-shot en varias entregas debido a su tamaño. Espero, la trama algo te haya llamado la atención mi querido lector, y si quieres saber qué sigue puedes dejarme un comentario, prometo que las siguientes entregas serán más interesantes.
Honestamente, mi final favorito hasta ahora, es el del capítulo 2.
Como una nota, les contaré que si veo que tiene una buena acogida este fick, tengo la intención de actualizarlo en una semana. Pues, no quiero dejar ficks inconclusos este año. Puede ser una meta difícil, pero mi intención es terminar por lo menos 3 ficks de mi autoría de aquí al 1 de enero, y entre esos ficks, están este, ocho normas y Treinta Días (si, lo estoy terminando, no lo dejaré en el olvido llenándose de polvo).
Por lo que, sólo, te pediré alguna opinión sobre lo que acabas de leer.
No tengo mucho más que decir, ya que estamos en la primera entrega.
Muchas gracias, de verdad, a todos los que leyeron, y a los que siempre han estado conmigo.
Nos veremos, espero, pronto.
Un beso, con amor a todos ustedes.
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...265 segundos devastadores, hasta que alcanzo el fondo de las ruinas de lo que solía ser...
...Mi cuerpo recobra la conciencia, me entrego a mí mismo a esa mejora y doy pasos hacia la realidad...
...Cuando estoy listo, voy a un paraíso que me conduce a mis sentidos...
-Impact-
UVERworld
