Disclaimer:
Los personajes de yyh no me pertenecen, son propiedad de Yoshishiro Togashi, yo sólo les uso para pasar un buen rato. Tampoco me pertenecen las letras del grupo VAMPS.
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Notas:
A manera de ayuda, recordaré la línea temporal:
El capítulo que leerás a continuación te ubica en el mismo día, y esto pasa unas horas después del delicioso Sushi de ambos, en que quedó la primera entrega.
Recordar que los pensamientos, ideas y una que otra llamada de teléfono están en cursiva, además de que tengas mucho cuidado al leer.
Sin nada más que decir y agradeciendo a todos los que leyeron el capítulo anterior, en especial a Kitty, les presento:
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Evanescente
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"Capítulo II"
...El mundo se mece con el viento...
...Y aunque refleja los signos de una fuerte lluvia...
...Estoy persiguiendo la sombra de un lejano día...
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-Comedor del departamento de Hiei Jaganshi y Shuishi Minamino, 03:00 am
Hiei Jaganshi experimentó el roce de la tela del kitsune en su torso, el juego de la ruleta rusa había pasado a segundo plano, ¡y qué decir de la película!. No quería que ese beso se acabara pero sabía que tarde o temprano necesitarían distancia y algo de agua. Pues sólo sus lenguas para quitar ese ardor del jengibre, a pesar de que eran deliciosas, se secaban con mucha facilidad.
Y ya no les quedaba cerveza.
Hiei iba a profundizar el beso, cuando el Kitsune le mordió un labio, cómo acto reflejo, supo que necesitaba aire.
Tendría que intentar en otra ocasión de profundizarlo.
-Perdona, pero siento mis labios secos Hiei, necesito tomar agua- dijo el otro, a lo que enseguida el pelinegro pestañeó y le sonrió lascivamente.
-¿Habremos durado cuánto kitsune?, ¿unos quince minutos el beso más largo?-
-No tengo idea Hiei, pero hace días que no me sentía así-exclamó el otro, y en seguida Hiei se dejó caer sobre el torso del pelirrojo, y en silencio, se quedo disfrutando del suave respirar y del latido de ese corazón.
-Hn, ¿sabes?, tengo una idea tonta y cursi, justo ahora-
-No te creo- dijo Kurama, sus ojos verdes le miraron en complicidad. Mejillas sonrojadas adornaban el rostro blanquecino, y unas gruesas pestañas negras provocaban que esos ojos fueran mucho más hipnotizantes.
En especial cuando ese verde, se veía tan profundo y brillante.
-Durmamos en este sofá, no necesitamos irnos a la cama, entramos súper bien y tenemos una tele pantalla plana con cable-
-Y muchos sushis de tempura que podemos volver a freír-
-mmm, ahora que lo dices, me dio hambre Kurama, ¿y?, ¿qué opinas?- dijo este, Kurama se quedó mirando a Hiei, el poli descansaba sobre su torso, las piernas se juntaban, los brazos de Hiei cruzaban su espalda, y le abrazaba como si no quisiera soltarle.
Extraño...Hiei jamás le abrazaba sin que él se lo sugiriera.
-Me gusta tu idea Hiei, pero no hay cerveza y olvidamos comprar incluso unas bebidas-
-Hay un supermercado a unas dos calles, y aún no es tan tarde, según recuerdo atiende 24 horas, ¿te compró algo?- dijo, el kitsune quedó mirando la hora, prácticamente eran las tres de la madrugada.
Otra vez sintió ese espasmo en el pecho.
Y no le gustó.
Recordó esa corazonada de la mañana, recordó la sensación eléctrica de su pecho al respirar. No quería, dijera lo que dijera, que fuese sólo a ese supermercado a esa hora. Pero...¿cómo explicarle aquello a Hiei?, seguro, éste se reiría y le diría que no era necesario que le acompañase tan tarde.
Pues hacía frío y el supermercado sólo estaba a unas calles.
Y por favor, ¡eran las tres de la madrugada!, era viernes, y ambos tenían turno en el trabajo.
-Se nota que quieres decirme algo Kitsune, ¿qué?-
-Por hoy, yo paso, me toca turno en la clínica Hiei-
-Kitsune, ¿a poco te has dado cuenta qué día es mañana?-
-Sí, es viernes Hiei-
-Es feriado baka kitsune, es 8 de diciembre- dijo el otro, mordiéndose un labio, mientras Kurama abría y cerraba de golpe la boca. En un instante se arrojó a la chaqueta, provocando que en el trayecto Hiei se cayera del sofá, y le quedase mirando con sorna.
El pelirrojo no creía lo que veía en el calendario de su teléfono.
-!Había olvidado ese detalle¡, ¡eres un genio Hiei!, ¡ahora entiendo por qué insistías y no me decías nada de la hora, porque tú eres siempre el primero en recordármela!- el kitsune estuvo a punto de arrojar el celular a la cara del poli, pero se lo llevó al bolsillo del pantalón.
Entonces, eso significaba que no tenían turno.
Pero a pesar de saber eso, no era necesario ir a comprar tan tarde.
Kurama se quedo un instante viéndolo, Hiei le observaba con esos ojos carmines que le encantaban, y se sonreía.
Se sonreía.
-No pasará nada, hoy ha sido un día perfecto, no entiendo por qué me siento así- pensó el pelirrojo.
Hiei al notar que no le respondía, supo leer lo que esos ojos trataban de decirle.
-Kitsune, no me pasará nada, queda a dos calles-
-Pero...-
-Si gustas vamos juntos pero creo que luego me dirás que tienes miedo de dejar el departamento sólo a esta hora-
-Mierda, me completaste la frase-
-Por eso creo que es mejor que sólo vaya yo, además si pasa algo se activará la alarma que da a la estación de policía y a mi beeper-
Kurama se llevó una mano a la cabellera rojiza, la enredó. Hiei notó el miedo en sus ojos. Por inercia suspiró, y retiró su arma de servicio del pantalón.
Al colocarla sobre la mesa, Kurama se perdió en el color plata metálico del arma.
-Ven, pon atención Kitsune, creo que te lo he enseñado muchas veces, pero no estará de más recordarlo-
El otro guardó silencio, se sabía la teoría, y más de una vez Hiei le enseñó a disparar esa arma, además de una de fogueo que sólo hacia ruido.
-Te lo mostraré, pero el arma que te dejaré es la de fogueo, porque así evitas hacerte daño; esta está sin seguro. Mira, esta bala se coloca acá, ¿ves?, mueves el carril así, luego cierras el cartucho y ya está. La de fogueo, que está en el cajón bajo la tele no necesitas dispararla, conque apuntes y amenaces basta, esa aunque dispares no mata ni lastima a nadie, sólo te dejará con un dolor de cabeza por el ruido que hace- exclamó Hiei sarcásticamente.
A lo que el kitsune se llevó un dedo a la boca.
-Es fácil cuando lo dices así, pero jamás me han siquiera asaltado, así que no sabría qué hacer-
-¿Ya ves?, no pasará nada, me demoraré creo, unos veinte a treinta minutos máximo, por lo que pregunto de nuevo, ¿quieres venir conmigo o te quedas en el departamento?-
Kurama se quedó pensando, y cuando experimentó cómo su corazón dejaba de latir con rapidez y que recuperaba su respirar pausado y normal, supo que no le pasaría nada a Hiei.
Hiei compraría unas cervezas, y seguro, algo para comer mientras esperaban los sushis.
¡Es cierto, mientras Hiei iba a comprar, él podía tener los sushis listos!
-Me quedo, además no será divertido llegar y perder una media hora o más por esperar a que los sushis estén listos-
Hiei le sonrió de lado.
-Está bien, será cómo tú quieres, traeré algo para el postre además de las cervezas-
-No me digas, ¿helado?- el pelinegro se rió. Pocas eran las veces en que el kitsune le hablaba con sarcasmo.
Cómo respuesta a eso, Hiei le dio un codazo.
-Perdón, a veces olvido que si tienes que escoger entre un helado y yo, escoges el helado-
-Hn, pues no lo olvides-exclamó el pelinegro, enseguida se retiró del sofá, dejó el arma de fogueo que estaba en el mueble del televisor a la vista del kitsune; se colocó una chamarra y abrió la puerta principal.
Antes de salir por esa puerta, Kurama le tomó de una mano, le obligó a mirarle y cuando los labios de Hiei se quedaron mudos esperando una respuesta a eso, él depositó un beso largo y profundo en ellos.
Un beso, que estuvo a punto de hacer que Hiei olvidase el detalle de ir a comprar...
Un beso, que hizo que regresara el recuerdo de Sakyou Tomochika a su mente...
Aprovéchalo al máximo...
-Cuando estés por llegar Hiei, me llamas, ¿eh?-
-Irónicamente, me lo pide alguien que no lo hace- dijo con sorna, y Kurama volvió a darle un beso.
Y el corazón otra vez le latió con fuerza, otra vez ese beso le detuvo en el umbral de esa puerta, pero esta vez el latido fue distinto, fue extraño.
Ese latido fue desesperado.
-Ok, te llamaré Kitsune, me voy, tengo hambre y hace frío-
-Ve con cuidado-
-Siempre lo hago- dijo, y lo último que los ojos verdes de Kurama vieron en ese instante fue la silueta de Hiei alejarse por la calle.
-Frente al departamento de Hiei Jaganshi y Shuishi Minamino, a esa misma hora-
Karasu no debía tener más de trece o catorce años, sus ojos, de un color violeta intenso y cubiertos por gruesas pestañas negras podrían helar la sangre de cualquier persona que le sostuviese la mirada, era atractivo; pero lo más llamativo de si mismo era su cabellera larga y rizada, de un tono rubio, que lograba que muchas personas no supiesen si estaban viendo a una chica o a un dulce y aniñado niño.
Lástima, que él nada tenía de eso.
Karasu era de esos chicos que vivían constantemente en la llamada puerta giratoria, su historial delictual iba desde robos simples, a homicidios en primer o segundo grado; sabía cómo funcionaba el sistema penal. Durante años, desde que cumplió los nueve supo que el tribunal no encarcelaba a chicos de su edad, pero también sabía que esa suerte le duraría sólo hasta los dieciséis años. Y estaba a punto de cumplirlos, era diciembre, en tres meses dejaría de estar en el sistema de la puerta giratoria, dejaría de pasar de una retención policiaca al juzgado local, y desde ese juzgado, a las calles. Karasu sabía lo que vendría una vez cumpliese los dieciséis años, sabía que pasaría realmente a una reclusión nocturna o un centro para delincuentes juveniles.
Y por eso, es que esa noche estaba frente a una casa para cometer un robo, díganle adicción; estupidez, ¡cómo quieran!, pero las noches en que Karasu no robaba sentía que su corazón iba a explotar y que, irremediablemente, dejaría de respirar.
De vivir, de sentir.
Durante horas estuvo caminando hasta que ubicó una casa que fuese llamativa para su persona, y luego de que vislumbró la silueta de un chico, que no debía de pasar los 26 o 27 años salir tan tarde a la calle esa noche, se escondió tras una parada de autobuses para poder observarle con cuidado.
-Ok, te llamaré Kitsune, me voy, tengo hambre y hace frío-
-Ve con cuidado-
-Siempre lo hago-
Karasu se perdió en la silueta, el chico al que miraba no era alto, pero tenía el cabello negro, flecos blancos en forma de estrella, la piel tersa y trigueña. Y mientras sentía el roce de la saliva en la boca y el eco de los latidos de su corazón, fue, que cayó en la cuenta que conocía ese rostro.
Además esos ojos color sangre, cualquier delincuente los podría reconocer.
-Conque este lindo departamento es donde vives...¿eh detective?-
Los ojos de Karasu se quedaron en la escena, al detective lo besaba un chico de cabello rojizo, una mano le rozaba la muñeca; el detective se despedía y le hacía un gesto a su novio de que no pasaría nada y que volvería enseguida a la casa.
El chico no era estúpido, ¡tenía clarísimo que los polis jamás salían sin sus armas de servicio, por lo que asaltar a ese poli no era una opción viable!.
Ahora...asaltar al que estaba dentro del departamento era otra historia.
Karasu sintió cómo, la sangre se le subía a la cabeza, y adornaba sus mejillas con un rubor que seguro, provocaría que cualquier persona quisiese pasar una noche a su lado. Lo sabía demasiado bien, él era de esos chicos que atraía a las mujeres y a los hombres por igual; pero no tenía caso recordar el cómo ni el cuándo había empezado su vida criminal; ni siquiera por qué sabía de la existencia de Hiei Jaganshi.
Se rasgó el labio con un colmillo, dentro de su corazón, Karasu había acumulado durante meses una cantidad de horribles sentimientos hacia esa persona. Pues, si Jaganshi no fuese un maldito detective de delitos sexuales él viviría tranquilo, distribuyendo putas a grandes empresarios, o a futbolistas. Viviría tranquilo trabajando para Toguro, el mayor, robando casas, cajeros automáticos y disfrutando de fiestas en las que podría hacer más contactos; y sería reconocido en el mercado del tráfico sexual.
Pero tenía que existir alguien como ese Jaganshi, que trabajaba para el idiota de Sakyou Tomochika, quien odiaba con ganas a Toguro el mayor porque entre ambos hace años habían secuestrado a la chica, que irónicamente, y por un destino de mierda, se convertiría en su esposa.
Entre Toguro y Karasu trataron de vender a Shizuru Kuwabara, pero se metieron con la novia de un poli, y ese poli los persiguió hasta que Toguro no pudo volver a pisar las calles de Tokio.
Pero él, no cometería el mismo y garrafal error de su compañero.
-Tú error Toguro, fue dejarla viva- dijo, se sonrió.
Karasu odiaba con ganas a Jaganshi.
Era una maldita espina en su zapato, por lo que cuando comprendió la gravedad de lo que estaba pensando, poco le importó. Pues, la puerta seguiría girando, y el sistema lo soltaría en uno o dos días.
Y así sería eternamente con todos los delincuentes juveniles.
Cuando los ojos de karasu se percataron que Hiei había desaparecido de la calle, y que seguro, llevaba un buen trecho alejado del lugar, se dignó a salir de detrás de la parada de autobús. Respiró con fuerza, observando cómo la puerta principal del departamento era recién cerrada con llave.
-Tesoro, ese cabello lo tienes muy descuidado, y con ese extraño color deberías de amarlo- se dijo a sí mismo, experimentó un escalofrío.
El chico le gustó, aunque no fue mucho lo que alcanzó a ver de él...
cabello rojizo, tez blanca.
Y unos eléctricos ojos verdes.
A diferencia de lo que sintió cuando pensó en Jaganshi, ese chico lo provocó todo en su corazón. Como acto reflejo, Karasu llevó una mano al bolsillo de su chaqueta y sacó una navaja, la hoja de plata brillaba y él pudo ver, reflejado, el iris púrpura de sus propios ojos...
Que le saludaron con un brillo colérico...
-Que tenga un buen paseo detective...no se preocupe, yo cuidaré muy bien de su novio mientras no está- sonrió con sorna, una mano jugó con una hebra enrulada del cabello, se mordió la yema de un dedo, y en seguida, degustó del sabor salado y agrio de la sangre que brotó de la herida.
Y en ese instante, mientras caminaba hacia ese departamento, en una noche solitaria de ese ocho de diciembre, Karasu se preguntó si la sangre de ese chico que en unas horas esparciría en el suelo, sería igual de salada y deliciosa que la suya.
Un latido de su corazón le dijo que sí, que sería sabrosa.
Y aunque era enfermo, a Karasu le encantó.
-Supermercado Diez cruces, a tres calles del departamento, unos veinte minutos después-
-Por eso te digo que las cosas que haces son cursis y tontas Kitsune-
-Pero en el fondo Hiei, sabes que te encantan-
Mientras se dirigía hacia la tienda pensaba en la voz de Kurama, Hiei Jaganshi disfrutó de esa caminata nocturna, ese día había comenzando maravilloso, y él se aseguraría de que terminará así.
Estaban solos, era feriado y sólo faltaba comprar unas cosas; unas cervezas y un helado para terminar esa genial noche libre.
-Siempre traes de chocolate, me gustaría probar algo nuevo Hiei- otra vez la voz del kitsune, pensándolo bien, podría llevar de guinda, pues a Kurama le fascinaba la guinda; asique por esa noche podría pasar de comprar uno de chocolate.
Miró el cielo, pocas eran las nubes que lo cubrían, y cientos de estrellas brillaban incandescentes sobre su cabeza.
Tomó aire con fuerza, cerró los ojos.
Ya no sentía el miedo que le invadió durante la mañana, se había esfumado. A veces le pasada, sabía que habría noches o incluso tardes en los que experimentaría esa sensación, pero no quiso preocupar al kitsune y no quiso alimentar el miedo del otro cuando surgió la conversación de si debía o no ir a comprar. Si alimentaba ese miedo, sólo lograría que Kurama fuese un poco más paranoico. Y lo que quería era que el otro confiase más en su persona, aunque no negaba que en noches como esa sentía miedo.
Hasta el minuto no entendía el por qué de sentirse así.
-Es un presentimiento que estará siempre, créeme, llevó casi tres años casado, y aún lo tengo-
La voz de Sakyou en su cabeza, cuando abrió los ojos se percató que estaba ya en la tienda, una chica de cabellos celestes yacía en la caja mirando algo en una pantalla de su celular. Hiei pensó que ese trabajo seguro era de lo más aburrido, en especial a esa hora. Al ingresar la chica le sonrió, bajo sus ojos se notaban un par de ojeras, dándole a entender a él que ella llevaba muchas horas sin dormir, sus labios tenían un labial rosa, y experimentó el aroma de una colonia fresca de bambú.
-Buenas noches, mi nombre es Botan y soy la cajera de turno, ¿en qué puedo ayudarte?- dijo ella, Hiei se llevó la mano al bolsillo de su pantalón. Su beeper no registraba alguna alarma o llamada de la estación de policía, por lo que se sintió tranquilo.
Kurama estaba bien.
Su hermana estaba bien.
La jefatura de policía estaba sin novedades.
-¿Tienes cervezas y helado de guinda?-le preguntó a la chica.
-Sí, las cervezas las tenemos individuales o paquetes de seis, y el helado de guinda sólo me queda en casatta-
Perfecto...esa noche todo estaba saliendo perfecto.
-El paquete, y el helado por favor-
-Son 2,50 yens-
El pelinegro pagó la compra, y estuvo a punto de irse a su departamento de regreso cuando, un disco de vinilo, que yacía dentro de una de las vitrinas de esa tienda, lo detuvo en medio de la caja.
¿Eso en serio era un disco?, ¿en una tienda como esa?
-Oye...eso ¿es un vinilo, correcto?- preguntó, la chica se sonrió de lado, en seguida fue hasta la vitrina que el poli estaba señalando. Los ojos de Botan siguieron el movimiento de la mano, con una llave abrió el estante, y retiró el disco de ella.
-Tienes una buena vista, este es un vinilo de 1994, ¿conoces a Hiro Takahashi?- los labios de Hiei se sonrieron en sorna.
Por supuesto que lo conocía, ese fue uno de los cantantes que le mostró a Kurama cuando comenzaron a salir, y a ambos les encantó la canción de Unbalance na Kiss wo shite.
Se quedó mirando la carátula, de tonalidad blanca, el cantante sostenía una guitarra.
Una clásica foto de la época del 90.
-Lo llevaré, hace años que no veía uno-
-Perfecto, ¡disfrútalo!, es el álbum recopilatorio desde 1993, así que trae las mejores canciones de su trayectoria- exclamó Botan, Hiei recibió el disco.
-¿Llegan muy seguido estas cosas a tu tienda?-
-Generalmente llega una caja con seis o siete cada fin de mes, se venden bien a pesar de que se trae poco repertorio-
-Genial, me verás entonces bastante seguido por acá- exclamó, y tras eso salió de la tienda.
Un pie en la acera, un latido de su corazón, y sólo tenía como compañía el ruido de los autos que transitaban a esa hora por las calles. Mientras caminaba pensaba en lo emocionado que se colocaría el zorro cuando viese ese disco.
Hiei recordó la vez en que le mostró al kitsune el tocadiscos de su madre, y que él se había encariñado tanto con eso que hasta se había ofrecido para limpiarlo y probarlo. Y de haber estado lleno de polvo y oxidado, Kurama lo había dejado brillante y hasta le había cambiado la aguja para reproducir los discos.
-Parece que te gustan estas cosas Kitsune-
-Me obsesionan las antigüedades, además siempre he querido tener un disco de vinilo...mi madre siempre me ha dicho que la música suena muchísimo mejor en ellos que en los cds, pero no he encontrado alguna tienda donde los vendan ahora Hiei-
-Bueno, pero al menos ya tenemos dónde reproducirlos cuando encontremos alguno-
Se perdió en el recuerdo, en el aroma a chocolate caliente que yacía en el comedor. Se perdió en la silueta del kitsune probando la máquina, cambiando la aguja de vidrio.
Estuvo tanto tiempo pensando en ello, imaginando las posibles cosas tontas y cursis que Kurama le diría que apenas notó cuando su celular sonó en el bolsillo de su chamarra.
Se detuvo, estaba a una cuadra de su departamento, iba a contestar cuando, el ruido de una ambulancia y un carro policiaco provocó que no lo hiciera. El celular sonaba en su mano, pero los ojos carmines de Hiei no podían dejar de mirar la dirección de esa ambulancia, y de ese carro de policía.
Ese carro...que tenía la patente de Sakyou.
De Sakyou...
-No te enamores Jaganshi, no podemos tener relaciones normales, es un miedo que estará siempre-
En un segundo, la realidad chocó de golpe en su cerebro, le golpeó en la cara al igual que el aire frío de la noche.
-Kurama-
Sintió su pecho respirar rápido, y se dispuso a correr lo más veloz que pudo para llegar hasta la puerta de su departamento. Lo más rápido, porque algo, insignificante, le dijo a su cerebro que esa sería la última noche en que vería al kitsune.
Algo, insignificante le lastimó en lo profundo.
-Esto no es verdad...no lo es, ¡No!- gritó Hiei, mientras corría por esa cuadra, su departamento parecía que estaba a una eternidad de distancia. Al mismo tiempo sintió la sangre subir a sus mejillas y que las piernas se le cansaron de golpe mientras corría. Estaba por cruzar al departamento cuando, la imagen impactante de la ambulancia y de las cintas amarrillas de la policía que decían "Zona restringida, prohibido el paso" le hicieron detenerse en seco.
Si fuera cualquier otra casa, él no dudaría en acercarse a la escena, en tomar las fotos correspondientes e incluso sacar conclusiones del hecho. Pero esa era su casa...¡era su departamento!...y las cintas amarillas cubrían su patio, su vereda.
Iba a gritar, Hiei experimentó el pecho apretarse, se mordió la boca; pero a pesar de que intentó mover una pierna no pudo hacerlo, no podía caminar.
No podía sentir nada de su cuerpo...
-Jaganshi- una voz tras de él lo sacó de su estupor, al girarse, los ojos azules de Sakyou Tomochika le encandilaron. Pero en ellos, Hiei no leyó nada...
Absolutamente nada.
-¿Y Kurama?- preguntó, Hiei observó cómo, el hombre retiraba un cigarrillo de su boca, la bocanada de humo cubrió parte del entorno. Una mano en el bolsillo, el celular de Hiei sonó otra vez.
Era Yukina.
Una parte del corazón de Hiei estalló, Yukina era médica forense, y trabajaba en el servicio médico legal de Tokio. Y si Yukina lo estaba llamando, a esa hora, ese día, no tenía que ser un genio para saber que era porque ella estaba dentro del departamento.
Y que debió de ser de las primeras personas que entraron a ver qué había ocurrido y a quién.
Hiei sintió la saliva secarse en su boca, el eco de los latidos de su corazón palpitando deprisa.
Al colocar el celular en alta voz, escuchó, lo que Sakyou no le estaba diciendo.
-Hermano...lo siento tanto...pero tu novio está muerto-
No tuvo fuerza en las manos, el disco de vinilo que le había comprado cayó a la acera del pavimento junto a las cervezas, y ese ruido, de las botellas quebrándose, fue todo lo que Hiei escuchó antes de ahogar un grito.
Un grito, que le hizo entender esas tres palabras...
Kurama estaba muerto...
Y su mundo se hizo pedazos.
Continuará-
Hace mucho tiempo que no escribía. Espero, este capítulo les haya gustado, y les haya picado la curiosidad por saber qué pasará ahora. Siempre quise hacer un fick donde matara a alguno de los dos. Pero o terminaba matándolos a ambos y dejando un final romántico o los dejaba en coma. Así que, este fick, tiene eso, una idea distinta que me gustó mucho.
Además la canción la amé para este fick.
El cantante mencionado anteriormente, supongo, que más de alguno se dio cuenta que es el autor de los endings theme de la serie.
Espero, no haberte defraudado querido lector, poco a poco voy retomando mis escritos, y en sí, el armar y crear capítulos nuevos.
Muchas gracias a quienes leyeron, o llegaron hasta aquí.
Espero, verlos pronto.
Con amor especialmente a: Kitty Wolf.
Y a todas las personas que leyeron o han leído alguna de mis historias.
Nos vemos.
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...Llegará el día en que volveré a tu lado...
...Y entonces, cuando nos encontremos, podré decírtelo...
...Nunca noté lo mucho que me amaste...
...Sin darme cuenta ahora ya es demasiado tarde...
-Piano Duet-
Vamps
