Monkey D. Dragon

- Pasa.

Una voz profunda llegó hasta los oídos de la pirata.

Entró al despacho y antes de cerrar la puerta tras ella lo observó todo con cuidado.

Ciertamente era más grande que su habitación.

Ante ella una mesa llena de papeles se alzaba imponente pero la voz no había salido de allí. Conociendo a Luffy le parecía imposible que su padre se parase a leer todos esos documentos, probablemente estaban allí porque eran importantes, pero nada más.

Pegada a la pared una pequeña estantería con más archivos y también botellas de diferentes licores. A su espalda había otra puerta, probablemente el dormitorio. Nada en esa habitación le daba ninguna pista de cómo sería su misterioso anfitrión, el hombre más buscado del mundo.

- Nico Robin.

De espaldas a ella, al lado de un gran ventanal se encontraba él.

Llevaba una gran capa y su pelo era oscuro y estaba revuelto. En el cristal, la mujer pudo ver el reflejo de su tatuada cara.

- Has sido difícil de encontrar.

- Esa era la idea que rondaba mi mente.

- ¿Entonces por qué has venido?

Ella dudó.

- Quiero ser más fuerte… y quiero aprender.

- ¿Aprender?

- Cómo funciona el mundo, su pasado y su presente y si es posible cambiar el futuro.

Él asintió calmadamente, dándose la vuelta para observarla.

- ¿Sabes? Para muchos eres la luz de la Revolución.

- ¿Lo soy?

- Eso depende de ti. Por ahora les da esperanza.

- ¿Por qué?

- Tu mera existencia se supone que es un crimen contra el gobierno. Que sigas con vida es una forma de Revolución.

- Es un buen cambio. Hasta hace poco lo único que traía conmigo adonde quiera que fuera era dolor y traición.

Robin decidió arriesgarse.

- No estaría viva si hubiese estado sola.

- Lo sé. Él también será la esperanza algún día. Es su destino.

- Quiere ser el hombre más libre de todos.

Dragon sonrió por primera vez.

- Y estoy seguro de que lo conseguirá.

Después de una leve pausa el Revolucionario continuó.

- ¿Por qué quieres ser más fuerte?

- Es una orden del Capitán- contestó con una ligera sonrisa- dentro de dos años nos volveremos a encontrar, para entonces debemos entrenar y prepararnos para el Nuevo Mundo.

- Esa es la orden. ¿Qué quieres tú?

- Él siempre nos protege, ahora es nuestro turno.

Dragon asintió satisfecho.

- Parece que mi hijo estará en buenas manos.

Un cómodo silencio les envolvió mientras ambos pensaban en el alocado capitán Mugiwara.

- Acepto tu ingreso, te unirás a nosotros durante estos dos años. Compartirás con nosotros tus experiencias y conocimientos, el legado de Ohara no debe perderse. A cambio, mi segundo al mando te entrenará personalmente.

Robin inclinó la cabeza como forma de agradecimiento.

- Ahora está pasando por momentos difíciles pero es un buen chico y el más poderoso de mis soldados. Además algo me dice que contigo hablará. Le encontrarás en la primera puerta enfrente de este despacho.

Ambos callaron, ya no había más que decir. La mujer se despidió con educación y comenzó a desplazarse elegantemente hacia la salida.

- Nico Robin- la llamó antes de que cruzara el umbral- Serás el símbolo de libertad y de rebelión contra el Gobierno- sonrió con fiereza- por lo menos hasta que mi atolondrado hijo te quite el puesto.

- No tardará mucho.

- Nosotros tampoco.