El segundo al mando
Pese a que había sido una corta conversación, los ojos de Robin brillaban de emoción. Admiraba a ese hombre, estaba decidido; no había tenido una charla tan estimulante desde hacía mucho tiempo.
Fuerza, seguridad, determinación y capacidad de liderazgo. Irradiaba la misma aura que Luffy le transmitía pero, mientras que el alocado comportamiento del chiquillo parecía camuflar esta parte de su naturaleza la mayor parte del tiempo, el cabecilla de los Revolucionarios ostentaba estas cualidades como una poderosa armadura.
Sí, juzgó ella, este hombre era digno de ser el padre de su amado capitán.
De todas formas no debía distraerse, aún no había cumplido su objetivo. Sospechaba que, aunque tuviera el permiso de Dragon, no sería tan fácil que el que sería el líder de la siguiente generación de Revolucionarios la entrenase personalmente.
Con decisión, se posicionó delante de la puerta que le habían señalado y llamó.
Nadie contestó al otro lado.
Dando un paso atrás analizó la entrada de madera. Como había sospechado en un principio esas habitaciones eran diferentes, ahora sabía por qué. Estaban destinadas a servir de dormitorio a los grandes líderes de la poderosa organización.
Miró a la puerta que estaba a su lado; al igual que en la que acababa de llamar, un símbolo estaba grabado en ella pero, al fijarse mejor, lo reconoció.
Un círculo rojo rodeado de llamas, el emblema de los piratas Sol.
Se preguntó si estaba equivocada respecto al ejército revolucionario, había pensado que ser pirata y uno de ellos era absolutamente incompatible pero ese Sol indicaba lo contrario. Esbozó una media sonrisa, quizás a ella también le permitirían pintar en la suya su gracioso Jolly Roger con sombrero de paja.
Miró hacia las demás estancias, ninguna otra tenía nada grabado a parte de esas dos.
Si ese símbolo era realmente el de los piratas Sol, Robin se cuestionó qué era lo que representaría el dibujo que se encontraba delante de ella: dos tibias cruzadas tras unas letras de colores.
Los huesos suelen estar presentes en las banderas piratas ¿sería otro Jolly Roger después de todo? No era ninguno de los que ella podía reconocer y ¿qué significado tendría esas tres letras? ¿Serían siglas de algo, tal vez? ASL, no podía recordar nada así.
Tras permitirse esa pausa Robin volvió a golpear la puerta y de nuevo volvió a no obtener respuesta.
Reprimiendo un suspiro, se dispuso a bajar las escaleras en busca de su esquivo entrenador pero una aguda voz la retuvo.
- Está ahí, pero no va a abrirte.
Koala, que seguía en su escalón se levantó sacudiendo sus pantalones con la mano. Apretaba firmemente el libro que sostenía en la otra contra el pecho.
- Sabo-kun lleva dos meses enteros sin salir de esa habitación.
- ¿Puedo preguntar por qué?
- Perdió a alguien muy querido para él…en la Gran Guerra.
Dos meses, cómo volaba el tiempo. Ya hacía dos meses que se había separado de sus compañeros…dos meses desde que el hermano de su capitán había muerto, dejando en él unas heridas que tardarían en sanar.
- Lo entiendo.
Koala inclinó la cabeza en agradecimiento y, con preocupación, miró hacia la barrera que las separaba de su amigo.
- Lo entiendo y lo siento, pero debo insistir- continuó la morena con una sonrisa- le he hecho una promesa a mi capitán. Dentro de dos años debo ser mucho más fuerte y Dragon-san me ha dicho que él puede entrenarme.
- Pero…
Volvió a llamar, poco dispuesta a rendirse.
Golpeó la puerta por cuarta vez.
Y entonces una voz cansada se escuchó.
- Lárgate Koala, no estoy de humor.
Robin miró a su acompañante y ella se encogió de hombros esbozando una sonrisa de disculpa. Pero la pirata no pensaba ceder.
- Disculpe revolucionario-san pero mi nombre es Nico Robin y estoy aquí para que usted me entrene- dijo con serenidad.
Los ojos de Koala se abrieron con sorpresa.
El silencio envolvió la escena mientras Robin observaba con cariño la cara de perplejidad de la joven revolucionaria cuya alegre personalidad le recordaba tanto a su tripulación.
- ¿N…Nico Robin?- contestó la puerta.
- Exacto.
Tras otro intenso silencio que dejó expectantes a ambas mujeres los ruidos comenzaron.
- Un momento.
Koala abrió la boca asombrada. Hacía mucho tiempo que no escuchaba la voz de su nakama tan serena y ¿qué era eso de "un momento"? ¿Acaso iba a salir por fin?
Miró a la hermosa mujer que había propiciado ese inaudito cambio, Nico Robin, Koala se preguntaba cómo no la había reconocido antes. La "Niña demonio", la mujer que traería consigo esperanza, la esperanza que tanto necesitaba su compañero.
Por primera vez en mucho tiempo, al ver la sonrisa confiada de esa elegante dama que se alzaba ante ella, supo con seguridad que las cosas volverían a estar bien, que Sabo se recuperaría y volvería a ser el mismo de siempre.
Sus ojos brillaron de admiración y agradecimiento.
Aparentemente el chico debía estar ordenando su habitación como podía. Se escucharon ruidos de cosas arrastradas, apertura de ventanas y puertas cerrándose.
Koala se llevó las manos a la cara con exasperación. Tenía un desastre de nakama, si no se comportaba ante su inesperada nueva compañera se iba a enterar.
De pronto la puerta que tanto había empezado a aborrecer se abrió de par en par.
Los ojos de Koala volvieron a abrirse sorprendidos, siendo sincera consigo misma tenía que admitir que no había esperado que esa horrible puerta realmente fuera a abrirse. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió; y un desgarbado chico rubio de 20 años apareció ante ellas.
Sus ropas estaban arrugadas y sus ojos enrojecidos pero ahí estaba, después de dos meses.
Sabo no podía apartar la mirada de la mujer que decía ser Nico Robin. No podía permitirse hacerse ilusiones al respecto, esperaba que no fuera una absurda treta por parte de sus compañeros para obligarle a salir.
Pero no, ahí estaba. Con ese aura peligrosa y segura de sí misma que la rodeaba.
Su mirada se posó sobre su rostro, era el mismo que en su cartel de recompensa y sus ojos, tan llenos de secretos como se esperaba de ella.
La boca de la arqueóloga se curvaba en una ligera sonrisa hasta el momento en el que puso su vista en la habitación que el joven había tratado de ordenar sin éxito. Una sombra de sospecha pasó por su cara.
Decorando las paredes estaban todos los carteles de la tripulación Mugiwara y, en el suelo, también el del temido, y ahora difunto, Hiken no Ace.
Un cartel arrugado y aún húmedo por las lágrimas que el revolucionario había dejado caer sobre él.
Robin frunció el ceño y Sabo siguió su mirada.
- Tenemos que hablar- Su voz sonó con una mezcla de súplica y desesperación.
- Estaba pensando exactamente lo mismo- contestó con calma.
Koala reaccionó por fin. No iba a desaprovechar esta oportunidad.
- No, no, no señorito, no pienso permitirlo, Robin-san es una invitada de honor, tienes que causarle buena impresión.
Se acercó a él y le puso las manos sobre sus hombros empujándole hacia el centro de la habitación con firmeza.
- Perdónanos Robin-san- dijo por encima del hombro- ¿te importaría esperarnos en la biblioteca?
Ella asintió y la puerta se cerró tras ellos.
Pese a esto, aun podía escucharlos claramente.
- Venga, a darte un baño.
- Jooo Koala, ¡no quiero!
Con una sonrisa Robin bajó las escaleras.
- Pero Koala…me bañé hace poco…
- Dos meses no es poco, esto es una pocilga.
- Pero…
- Nada de peros Sabo-kun, yo ordenaré un poco esto mientras tú te bañas y después comerás algo ¿entendido?
- Haai.
El rubio se dirigió hacia el baño con gesto enfurruñado y Koala no pudo reprimir una sonrisa de alivio.
- Sabo…me alegro de que estés mejor.
- Solo quiero saber si está a salvo- respondió con seriedad sin darse la vuelta.
- Ella lo sabrá.
El chico asintió.
