Epílogo.

Mi hogar

Robin recorría las animadas calles de Sabaody.

Siempre atenta a sus espaldas se dirigía hacia el lugar que su Vivre-card le señalaba.

Dos años habían pasado desde que se había unido a los Revolucionarios. Pero ahora, por fin estaba volviendo al lugar al que pertenecía.

Con curiosidad se acercó para ver más de cerca uno de los carteles que decoraban las paredes de las calles y lo recogió. "Concierto de Soul King" estaba escrito en él, bajo una foto de lo que parecía un esqueleto con afro.

"Brook" pensó la mujer con una sonrisa ¿cuánto habrían cambiado sus compañeros en dos años? No podía esperar para verlos.

Ella también era distinta a como era entonces, ahora era más fuerte, había cumplido su objetivo. Había cambiado su estilo de peinado, lo que hacía resaltar su bello rostro y llevaba una ajustada chaqueta de cuero y una falda rosa. En la mano, una mochila con sus escasa pertenencias.

Poco a poco, sus elegantes pasos la fueron llevando hasta el Grove donde esperaba su hermoso hogar.

El Sunny apareció pronto frente a ella y un sentimiento de añoranza la envolvió. El sol se reflejaba en la ondulada melena del león haciendo que todo el barco brillase esplendorosamente.

- Sunny go- sus labios no pudieron evitar pronunciar el nombre de su querido navío. La felicidad la embargaba al contemplarlo después de tanto tiempo. - Perdón por hacerte esperar durante dos años. Me alegra que estés bien.- Una radiante sonrisa se dibujó en su cara.

Mientras lo observaba se dio cuenta que en la cubierta había alguien: Franky.

Robin amplió su preciosa sonrisa, también había echado de menos a ese Cyborg pervertido.

Su compañero había transformado todo su cuerpo en un arma andante; su piel, sus huesos, su pelo... todo había sido reemplazado por metal. Casi parecía haber dejado de ser humano y así se lo dijo. Franky ignoró el comentario haciendo otra de sus poses que a toda mujer le parecerían ridículas pero Robin conocía la respuesta: "por él, lo que sea necesario". Conocía muy bien esa sensación.

Los demás fueron llegando, uno detrás de otro: Usopp, Nami, Chopper, Brook. Solo faltaban tres que, según el Rey Oscuro, ya estaban en la isla. Sólo esperaba que no se hubieran metido en demasiados problemas como era habitual en ellos.

Por suerte no se hicieron mucho de rogar y pronto, sobre una gran ave amiga del doctor, llegaron los nakamas que completaban su interesante familia.

Allí estaba, por fin. Después de dos años podía volver a ver esa sonrisa que a todos les daba fuerzas para seguir adelante.

La misma sonrisa, la misma mirada, el mismo sombrero. A pesar de todo lo que había pasado, era el mismo Luffy de siempre, el que la había rescatado y devuelto sus ganas de vivir.

Aunque intentó mantener la serenidad, Robin no era capaz de borrar su propia sonrisa de su rostro.

Había sabido por Ivankov-san que Luffy se encontraba sano y salvo pero una cosa era que se lo contaran y otra verlo en persona. También había sabido de Sanji-kun pero eso… mejor lo mantendría en secreto, por el bien del cocinero.

De todos modos, nadie iba a mencionar nada sobre qué se había hecho esos años, como siempre; era la política de Luffy, el pasado no importaba, lo importante ahora era que estaban juntos de nuevo. Tampoco le preguntarían a él.

Sería fácil guardar el secreto de Sanji-kun pero, no era el único que tenía que esconder. Recordaba las palabras que su entrenador le había dicho mientras se despedía de él y de su querida amiga Koala: "Por favor, no se lo digas aún, prefiero… prefiero hacerlo yo cuando sea el momento".

Ella había aceptado enseguida, no era de su incumbencia después de todo, y era lo más apropiado.

Mirando a Luffy se preguntó cómo reaccionaría su imprevisible capitán ante la noticia. Pasase lo que pasase seguro que le haría inmensamente feliz. Estaba deseando que el día del reencuentro entre los dos hermanos llegase.

Mientras la navegante y los demás se preparaban para sumergir el barco, Robin se acercó a la barandilla y se asomó por la borda tomando una bocanada de aire con olor a sal. Sus ojos se cerraron relajadamente.

- Tadaima. *

En el crujir de las maderas una respuesta alegre se escuchó.

- Okaeri minna.*

FIN


* Tadaima: "estoy en casa"

*Okaeri minna: "bienvenidos a casa chicos"


Bueno esto se ha acabado, espero que os haya gustado, muchas gracias a todos por haber leído esta historia.

En respuesta a algunos reviews que he recibido no, no leo el manga, si sé lo que le ha pasado a Sabo ha sido por los spoilers que me han hecho y por las pistas que da el especial, por eso sé que el argumento del capítulo anterior no está basado en la historia que Oda-sama ideó para él pero hasta que el anime llegue a ese punto no me atrevo a rehacer el fanfic, necesitaría toda la información para poder hacerlo bien, quizás lo haga en un futuro, como ya he dicho, depende de lo que vosotros opinéis. De todas formas en lo que más me he intentado centrar es en Robin y en cómo tuvo que afrontar volver a estar sola de nuevo y cómo reaccionó ante la acogida de los Revolucionarios. Me he esforzado también sobre todo en plasmar la personalidad de cada uno como realmente me las imagino y su relación con Luffy. Robin es uno de mis personajes favoritos así que espero haberlo hecho bien, igual que tampoco pude evitar meter a Merry en el último momento, me encantan.

Nos vemos en la próxima historia ;)