Disclaimer: Digimon no me pertenece. Aún.
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III. Jengibre para dos
—Mimi, por favor, concéntrate—Sora tenía sus manos llenas de huevo y llevaba su corto cabello recogido en un moño despeinado—. ¿Estás segura que lleva tanta harina?
—Mhmm—La susodicha afirmó, despistada. Se pintaba las uñas mientras ignoraba por completo el libro de recetas navideñas que tan ilusionada había comprado su amiga pelirroja.
—560 gramos me parece exagerado—Sora se tocó la punta de la nariz, llenándola de huevo. Se encogió de hombros y decidió hacerle caso a su amiga, la cual se perdió por completo en una video llamada con su novio. Sora rodó los ojos mientras vertía la harina que le había indicado la castaña en el molde con la mezcla.
Sora vertió la masa en el recipiente de acero inoxidable. Al notar que era demasiada y no cabía en dicho recipiente quiso gritar.
— ¡Mimi!—Takenouchi se sonrojó de coraje, no le gustaba desperdiciar comida y mucho menos desperdiciarla por un descuido tan tonto.
— ¿Si...? —Ella miraba el televisor, nuevamente ignorando a la pelirroja.
—Dijiste que eran 560 gramos.
—Te escucho—Mimi levantó una ceja, sin entender el motivo del enojo de su amiga.
—En el libro dice claramente que son 260—Sora tomó el libro y apuntó donde mencionaba la cantidad exacta para hacer las galletas de jengibre. Tachikawa, por primera vez, temió por su vida.
— ¡Soy disléxica!—Se excusó la castaña. Sora enfureció aún más, pues sabía que era mentira—No es mi culpa si confundí el 5 con el 2. Además, ¿cuál es el gran problema? ¡Puedes hacer más galletas y ya!—Mimi cruzó sus brazos, Sora quiso zarandearla.
— ¿Y tú te las comerás? —Arqueó una ceja, incrédula.
— ¿Estás loca? —Ahora fue Mimi quien se ofendió, tocando su pecho con la mano izquierda— Sabes que estoy a dieta, Sora. No puedo hacer eso.
— ¡¿Y qué se supone que haré con tantas galletas?!—La pelirroja estaba a punto de echarse a llorar, pero se contuvo.
—Hmm…—Mimi levantó su dedo índice, como si hubiera tenido la idea más brillante del siglo—. ¡Ya sé! ¡Puedes venderlas!—Sora negó rotundamente—O compartirlas con tu vecino sexy con quien no has cruzado más de 3 palabras, pero mueres por hacerlo.
Sora se quedó estática, no sabía que Mimi se hubiera percatado de la existencia de su vecino. Menos aún que Sora apenas podía cruzar palabra con él. Su guapo vecino rubio le había dado la bienvenida cuando recién se mudó al edificio departamental. Gracias a las veces que se cruzaban por los pasillos pudo notar que estudiaba ingeniería, por el enorme libro de cálculo que cargaba a todas partes. Se saludaban cordialmente, pero no pasaba de ahí.
—Confío en que sabrás que hacer—La castaña guiñó un ojo antes de dejar a Sora confundida y sonrojada. Suspiró, no tenía de otra más que terminar con la mezcla y hacer más galletas de muñecos de jengibre.
Sin sorprenderle en lo absoluto, notó que había hecho más del doble. Su plan original era compartirla en la reunión que harían sus amigos y ella más tarde, pero eran demasiadas. En un recipiente colocó un tercio de las galletas y tras dudar unos minutos decidió salir de su apartamento y tocar dos veces en la puerta de su vecino.
Se sintió tonta, no debía estar ahí. Quizá vender las galletas no había sido tan absurdo. ¿Y si no estaba en su apartamento? Peor aún, ¿y si estaba con alguien más? Estaba a punto de darse la vuelta para regresar a su hogar, cuando la puerta se abrió y sintió que su corazón caía a sus pies.
Ahí estaba él, Yamato Ishida, con su rubio cabello despeinado y pantalones de pijama. Deseó que se la tragara la tierra, se veía descaradamente sexy y ella descaradamente ilusa.
—Hola, Sora—Sonrió, ella apretó el recipiente donde llevaba las galletas con fuerza—. ¿Todo bien?
—Sí, todo bien—Mordió el interior de su mejilla—. Verás, estaba haciendo galletas y…—Yamato comenzó a reír, Sora se paralizó.
—Lo siento, tienes harina en la nariz—La pelirroja sintió como la sangre se acumulaba en sus mejillas, jamás había sentido tanta vergüenza en su vida—. ¿Gustas pasar? Puedes limpiarte la cara y sirve que pruebo las galletas—Yamato sonrió de lado—. Huelen deliciosas.
Sora aceptó, dejó las galletas en la primera mesita que vio y se dirigió al baño para limpiarse la cara. El rubio había sido amable al decir que tenía harina en la nariz, pues estaba por todo su rostro. Maldijo su suerte y se lavó la cara, pero parecía que no podía hacer más por su apariencia.
Le sorprendió ver a Yamato sentado en la cocineta, con dos vasos con leche frente a él mientras no apartaba la vista del recipiente con las galletas.
—No tenías que esperarme, puedes probarlas si quieres—Sora sonrió, pues le pareció tierna la escena. Yamato se sonrojó inmediatamente.
—No he probado galletas de jengibre desde que regresé de Francia—Dijo sin más. Sora no tenía idea que Yamato fuera o hubiera vivido en dicho país. Su apariencia parecía de alguien extranjero, pero su japonés de alguien nativo.
—No sabía que habías vivido en Francia—Admitió.
—Estudié ahí la preparatoria—Ishida se encogió de hombros— ¿Puedo? —Inocentemente preguntó antes de tomar una de las galletas que Sora con tanto entusiasmo había preparado.
—Por supuesto.
—Mi madre es francesa y decidí pasar tiempo de calidad con ella. Pero extrañaba a mi padre y a este país. Los franceses son muy ruidosos—Sonrió ampliamente antes de morder la cabeza del muñeco de jengibre. Abrió los ojos como platos—. Están deliciosas.
Sora se sonrojó, no lo admitía, pero era bastante buena en la cocina. Especialmente en la repostería.
—Me gusta cocinar de vez en cuando…—Admitió en un susurró.
—Pero estudias diseño de modas—Sora lo miró sorprendida, Yamato se sonrojó nuevamente—. Lo sé por el libro sobre moda japonesa que cargas a todas partes—Se encogió de hombros mientras sumergía el resto del muñeco de jengibre en la leche. La pelirroja no podía creer que se hubiera fijado en ella, como ella lo había hecho con él.
—Vendrán unos amigos a mi apartamento en unos minutos—Anunció Takenouchi al percatarse de la hora—, sería genial que fueras. Así puedes contarnos de tus aventuras en Francia.
Yamato sonrió ampliamente. El tiempo había volado mientras platicaba con Sora. Tantas veces que se habían cruzado en el pasillo del piso y otras tantas en la universidad y no tenía idea que ella, como él, gustaba de admirar las estrellas y ver cine de arte japonés.
—Ahí estaré—Prometió.
Notas
Es cierto que este año el espíritu navideño está diluido por Star Wars, pero escribir sobre estos dos hace que reviva en mí.
Este capítulo va dedicado a Marin-Ishida, ¡lamento haberte arrebatado el prompt!
Por cierto, el prompt decía así: Character A bakes too many Christmas cookies so they share it with Character B.
Espero que haya sido de su agrado, ya saben que los reviews son bien recibidos :)
¡Saluditos!
