—Señor Weasley, señorita Granger, les agradecería infinitamente si pospusieran su romance adolescente hasta el fin de mi clase, les puedo asegurar que no van a morir si dejan de susurrarse cosas al oído y pasarse notas en medio de mi clase—dijo Snape, luego de descubrir nuevamente al odioso de Weasley hablándole al oído a Granger por décima vez ese día —sin embargo, no puedo afirmar que aquello no vaya a ocurrir conmigo si tengo que soportar una vez más en este día su muestra de hormonas adolescentes que sinceramente me repugnan.
Esto trajo como natural resultado que la mayor parte de la clase estallara en risas, salvo Hermione, Ron, Harry y… Malfoy. Las orejas de Ron lo delataban con facilidad y Hermione se hundió en su asiento avergonzada. No existía un real motivo para avergonzarse porque nada tenía que ver lo amoroso en sus conversaciones de ese momento; habían temas mucho más urgentes que discutir. La clase volvió a la normalidad luego de unos minutos, aunque aún tres personas seguían inquietas por lo ocurrido, los dos involucrados y un rubio que nada tenía que ver en el asunto, el final de la clase significó un alivio para ellos. Como siempre, Hermione se encaminó hacia la biblioteca mientras que Ron y Harry a la sala común y luego al entrenamiento de quidditch, que era lo único que los distraía en esos momentos.
—Parece que finalmente la comadreja ha sentido compasión por tu patética vida y ha decidido prestarte atención Grangeeerr —Hermione no necesitó voltearse para saber qué persona pronunciaba su apellido así, apretó sus puños dispuesta a no ceder — aunque en este caso no sé si felicitarte o darte mi más sentido pésame.
—¿Qué te parece si mejor te guardas tus palabras? ya que a nadie presente le interesa oírlas —respondió automáticamente ella, sin poderse seguir conteniendo — te equivocaste de pasillo, aquí no se reúne el club de amo-a-Draco-y-quiero-ser-su-reina— eso es en la tercera planta, junto a cierta aula de clases, quiso añadir Hermione, pero no quería seguir inflando el ego de Malfoy— así que te recomiendo que dirijas tus palabras a alguien que tenga ganas de oírte—empezó a andar nuevamente, pero se detuvo con una chispa malintencionada en los ojos —y… te deseo buena suerte en hallar algo tan difícil y me compadezco por esa persona, si es que existe.
Draco había soportado todo lo dicho por Hermione con una sonrisa petulante en la cara, como siempre. Él sabía cómo hacerla reaccionar, disfrutaba haciéndolo, le gustaba como sus mejillas se encendían, justo como cuando se empeñaba en una nueva causa perdida de protección a algún indefenso… esas que traían sin cuidado a Draco. Se va, como siempre, pensó él, hasta que oyó lo último ¿se atrevía a burlarse de él? Pues ahora vería… Con uno movimiento rápido aprisionó a la chica con sus brazos y la inmovilizó, ella se encontraba de espaldas por lo que intentó patearlo muchas veces, fallando en todos sus intentos, pasó luego a arañarle las manos intentando que la suelte, pero nada parecía resultar, él consiguió llevarla dentro de un aula vacía por lo que tampoco podía gritar porque no había gente transitando por esos lugares, debido a que muy poca gente se interesaba en ir a la biblioteca tanto tiempo antes de exámenes, y cuando lo intentó él simplemente apretó más el agarre y supo que no tenía ninguna otra opción más que hacerle creer que se había rendido y esperar una buena oportunidad para golpearlo.
—¿Qué pasó Granger? ¿se te acabaron las fuerzas tan rápido? —preguntó él con la voz llena de euforia — o ¿es que acaso te gusta esto y morías porque te tocara sangre sucia? — añadió con malicia, quería que le respondiera, prefería su usual rebeldía a ese silencio acusador. Ella lo sabía, sabía lo que él quería lograr y deseó con todas sus fuerzas ser capaz de resistir la provocación, piensa Hermione, piensa, si por la fuerza no lo puedes vencer, ¡usa el cerebro!, se propuso a si misma.
—Sinceramente Draco— tal como imaginó, el agarre del chico se aflojó un poco al oír que lo llamaba por su nombre, pero no lo suficiente —nunca pensé que tú te atreverías a tocarme y correr el riesgo de una infección —apuntó con la voz clara.
—Muy lista Granger —soltó Draco aún impresionado por haberla oíd pronunciar su nombre.
—Eso aún no resuelve el misterio de… por qué aún me tienes entre tus brazos —señaló Hermione con inteligencia, quería que la soltara de la forma más civilizada que se le ocurrió.
—Porque… —inició Draco algo confundido, hasta que pudo notar las intenciones de ella y decidió divertirse un rato— porque es cierto Grangeeerr, me gusta tocarte —afirmó el chico sin que su voz lo delatara, sonó como la más honesta verdad, lo cual impactó a Hermione, fue su turno de trastabillar.
—¿A…. así? —soltó ella sintiendo que sus mejillas enrojecía ¿él acababa de decir lo que ella creía?
—Así es —afirmó nuevamente él, sin saber por qué su mentira sonaba tan verdadera, decidió no prestarle detalle a ello y prefirió continuar con su plan. Como aún la tenía aprisionada en su pecho hizo lo primero que se le ocurrió, se acercó al cuello de la chica y le susurró al oído— así es— luego casi sin querer aspiró su aroma, rosas, y hundió su nariz entre los cabellos de ella, haciendo más profundo el agarre de la chica.
Hermione jamás se hubiera esperado esa respuesta por parte de Draco, ni que estuviera en ese momento acariciando su cuello son su nariz, menos aún lo que ella estaba sintiendo. Él la estaba acariciando y ella, ella lo estaba disfrutando, disfrutaba lo frío que se sentía y como poco a poco empezaba a calentarse por la cercanía de sus cuerpos, hasta humanos parecía. Ella no sabía que hacer, jamás había estado así de cerca de un hombre en su vida y él no parecía el mismo Draco Malfoy que siempre. Tan absorta estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Draco ya no la estaba apretando demasiado fuerte, de hecho parecía más un abrazo que un agarre, ¿qué se supone que debía hacer? Draco fue el primero en notar que las cosas parecían salirse de control en esos momentos, pero no podía evitarlo, nunca pensó que estar tan cerca de ella ocasionaría todo eso en él, despacio la empezó a soltar y empezó a bajar sus manos por los hombros de ella, hasta que se detuvo en sus brazos, ella parecía casi ni respirar, estaba mortalmente callada y él no imaginaba qué podía estar pensando, así que despacio la giró hacia él. Ella no sabía qué hacer, no podía quedarse allí, con las emociones a flor de piel, pero tampoco podía irse ¿por qué? Sencillamente sus pies no le obedecían. Cuando sintió que Draco la soltaba pensó que era su oportunidad de huir, pero la curiosidad por saber qué planeaba Draco la hizo quedarse, esa misma curiosidad hizo que se dejara girar hasta quedar frente a él, unos centímetros por debajo por supuesto. Él nunca había preciado el color de sus ojos y ella nunca había visto tan de cerca la frialdad de los suyos, por lo que ambos guardaron silencio unos segundos más, que se extendían en el tiempo, como si ambos supieran que cualquier palabra que pronunciaran rompería ese mágico nexo que se había formado sin que ninguno de los dos tuviera plena intención de ello.
—Así que… te gustó —dijo Draco entre susurros, no era una pregunta, era una afirmación, lo que despertó la primera alerta en Hermione —ya podrás unirte al club de amamos-a-Draco —soltó él, necesitaba decir algo absurdo, algo desesperado, algo que hiciera que ella se alejara de él, de lo contrario él no podría alejarla, necesitaba decir una estupidez y vaya que era bueno en eso cuando lo quería. Vio en los ojos de ella que había logrado su objetivo, una chispa brilló en ellos y Hermione finalmente reaccionó.
—Claro que me gustó —inició, retomando su plan, alargando una mano y acercándola al rostro de él despacio, como si quisiera acariciarlo— tanto… como… —dijo bajando la voz y acercándose a él despacio, mientras su mano aterrizaba en sus cabellos y los acariciaba al ritmo de su voz — ¡ESTO! —le gritó al tiempo que haló de sus cabellos y le dio una fuerte patada en la entrepierna, con lo que logró que él retrocediera adolorido y ella pudiera alcanzar la salida, abrió la puerta y echó una mirada hacia atrás— ¡NUNCA voy a estar en las filas de tus estúpidas y descerebradas admiradoras! — le gritó antes de salir dando un portazo. Él no hizo ademán de seguirla, no hacía falta.
5 minutos después Hermione ya se encontraba en la biblioteca, más despeinada de lo habitual y maldiciendo en su fuero interno. No se pudo concentrar en toda la tarde, no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido, lo cual le había dejado una pequeña marca en la muñeca como única prueba, lo cual comparado con lo que tenía Draco era nada, pero igual se las pensaba cobrar… evitaba pensar en sus propias reacciones y emociones, esa no era ella, se aseguró a si misma.
Por otro lado, Draco salió del aula unos minutos después, algo adolorido, al llegar a su habitación la maldecía también, pero terminó sonriendo al recordar lo cerca que lo había tenido y el aroma a rosas que aún no podía olvidar.
