Nami se despertó, sorprendida de seguir aún con vida. Rápidamente instó a sus manos a explorar su alrededor hasta encontrar el dial de luz que milagrosamente había sobrevivido junto a ella. Un débil resplandor salió de él, apenas suficiente para poder ver más allá de su nariz.
No parecía demasiado herida teniendo en cuenta que una gigantesca montaña acababa de derrumbarse sobre su cabeza, y lo más importante (aparte de que el bolso con las joyas también seguía en sus sitio), percibía una tenue brisa al otro lado de la roca sobre la que se apoyaba, la salida debía estar más cerca de lo que habían pensado, sólo necesitaba un par de brazos fuertes para moverla.
Alzó despacio la luz en busca de sus nakamas pero apenas logró iluminar escasamente el espacio.
Daba la sensación de que el temblor por fin había cesado y sin embargo, Nami se percató de que, aunque el suelo no se movía, por extraño que pareciera, el techo aún parecía sacudirse ligeramente. Las vibraciones desprendían pequeñas rocas de las paredes, pero muchas menos que antes, al parecer lo peor ya había pasado.
La joven se levantó, la caverna en la que se encontraba era lo suficientemente alta como para que pudiese erguirse en pie sin casi agachar la cabeza. Miró a su alrededor pero no vio más que pedruscos y arena cortándole el paso.
- ¿Usopp? ¿Sanji-kun?- preguntó al aire intentando mantener la calma.
Nadie contestó pero ella no se rendiría tan fácilmente, aguzó el oído para intentar oír algo, lo que fuera, ya que no era capaz de ver nada. Era imposible que hubiesen muerto, eran fuertes, no podían morir en un simple derrumbamiento ¿verdad?
Apenas unos segundos después, sus aturdidos oídos captaron algo, unos jadeos y gemidos a unos metros de ella; uno de sus compañeros estaba herido. Sin dudarlo, apartó las rocas que la separaban del origen del sonido.
- ¡Sanji-kun! ¡Usopp! ¿Estáis ahí? ¿Estáis bien?- gritó preocupada.
- Nami-san… - una voz cansada le respondió- menos mal… yo… no sabía si… me alegro de que estés bien.
- ¡Sanji-kun!
Nami corrió hacia él y le iluminó con la suave luz. Sus ojos se abrieron con sorpresa y espanto y llevó una mano a sus labios.
- Sanji-kun… tú…
