El cocinero estaba herido, pero no solo eso; sus piernas se abrían en un ángulo imposible, con uno de sus pies se mantenía firme en el suelo, con el otro, sujetaba el techo sobre su cabeza. Una afilada estaca atravesaba esa extremidad provocando que la sangre cayera sobre el resto de su cuerpo.
En su cara, una amable sonrisa demostraba el gran alivio que sentía al verla con vida.
- Sanji-kun… tú… estás sujetando… esta caverna es…
Sin perder la sonrisa Sanji asintió.
- Nami-san, ¿te importaría comprobar si ese imbécil de ahí sigue con vida?- dijo señalando hacia algún punto en la oscuridad- hace ya un tiempo que no puedo oírle.
La navegante consiguió reaccionar, pestañeó varias veces y corrió hacia el lugar donde Usopp se hallaba inconsciente.
- Está vivo- aseguró en voz alta para que el rubio pudiese oírla- solo tiene un golpe en la cabeza pero no parece grave, se pondrá bien.
Un suspiro de alivio resonó en la caverna pese a que fue bastante obvio que el cocinero intentó reprimirlo. Nami se volvió hacia él preocupada.
- Sanji-kun, ¿cuánto tiempo llevas así?
- Solo un rato, Nami-san.
Un rato… un rato podían ser siglos en la oscuridad, sin saber si sus nakamas estaban vivos o no, sujetando toneladas de rocas y tierra con un pie herido por la mínima esperanza de conseguir salir de allí. Aunque intentara restarle importancia, un rato podía ser mucho tiempo, demasiado.
- Madre mía Sanji-kun, déjame ayudarte, tengo que vendarte por lo menos ese pie.
- No, no importa Nami-san, no es nada.
La joven le ignoró y se dirigió presurosa hacia él.
- No, Nami-san, no es buena idea… no debes moverlo, si resbalo… todo esto se vendrá sobre nosotros.
Nami se quedó quieta y le observó preocupada.
- En serio Nami-san, no es nada- sonrió.
Ella resopló en respuesta.
- Está bien, vamos a salir ya de aquí, he encontrado una salida- dijo dándose la vuelta y moviendo con su pie a Usopp para despertarle.
- ¡Ah! ¡Voy a morir!- chilló él nada más abrir los ojos.
- ¡Cállate, baka! Sanji-kun nos ha salvado.
- Oh gra… - Usopp se calló de golpe al ver el estado de su compañero.
- ¡Sanji!- gritó asustado.
- Estoy bien Usopp, Nami-san ha encontrado una salida.
- ¿En serio? ¡Nami, sácame de aquí!- lloró intentando abrazarse a su cintura.
De una patada, la chica se deshizo de él.
- Idiota, ven por aquí y ayúdame a apartar esa roca… Sanji-kun, ¿crees que puedes aguantar un poco más?
- Lo que sea por ti Nami-swan- sonrió él caballerosamente.
- Pues vamos.
Entre los dos (más bien Usopp mientras Nami miraba, daba órdenes y amenazaba con aumentar sus deudas), consiguieron desbloquear la salida. La oscuridad era menos densa en el túnel que descubrieron y, a lo lejos, un pequeño rayo de luz se filtraba entre las piedras.
- ¡Ahí está!- chilló Nami emocionada aplastando al francotirador, que también había intentado asomarse- ¡Por fin!
- ¡Sanji! ¡Vemos la salida!
- Bien, chicos, ya era hora- el cocinero tosió pero levantó la cabeza y les sonrió- id yendo vosotros, sujetaré esto mientras pasáis y luego os seguiré.
- ¡Hai!- gritaron los dos, ansiosos de salir de ese horrible lugar.
Después de discutir quién iría primero, cosa que decidió el poderoso puño de la navegante, Nami se puso a gatas y entró en el estrecho túnel que acababa fuera de la montaña. Sin mirar atrás, Usopp la siguió.
