Sus ojos pronto comenzaron a acostumbrarse a la tenue luz que brillaba al final del angosto pasaje. Ya podían ver el camino, ver las afiladas piedras que los rodeaban y ver… lo que no estaba.

- ¡Está ahí! ¡Ya casi estamos!

- Sanji no nos sigue…

- ¿Qué?

- No está aquí, se ha quedado atrás- dijo Usopp mirando hacia donde debería haber estado su compañero.

La chica paró de golpe provocando que Usopp se chocara contra ella y se dio la vuelta.

- ¡Esto se va a caer de un momento a otro! ¿A qué está esperando ese idiota?

Los ojos del narizón se abrieron de golpe.

- ¿No lo ves? – Usopp la agarró por los hombros- ¡No puede moverse! ¡Si lo hace toda la montaña caerá sobre nosotros!

Nami se llevó las manos a la boca y, sin pensarlo, se lanzó de nuevo hacia la oscuridad. El pirata la sujetó.

- No, tú vete a por Luffy, yo me encargo.

Sus piernas temblaban pero había determinación en su voz cuando pronunció esas palabras.

- Pero…

- Nami, Sanji no me perdonaría si dejase que te pasase algo. Tienes que conseguir ayuda, yo iré a por él.

Usopp era un cobarde, llevaba asustado desde que el terremoto había azotado la montaña cuyas grutas estaban explorando buscando el tesoro de la isla. Puede que incluso desde antes, cuando aún no habían ni desembarcado y ya se había aferrado al palo del mástil del Sunny para impedir ser arrastrado por la codiciosa navegante. Pero en ese momento no dudó, tenía que poner a salvo a sus nakamas.

Nami le miró con la preocupación marcada en sus bellas facciones.

- Volveré con los demás, lo prometo.

Usopp asintió y le dio la espalda, la joven le observó partir con un nudo en el corazón y pronto se dio la vuelta y se arrastró lo más rápido que pudo hasta la salida. Debía encontrar al resto del equipo, y tenía que hacerlo rápido.