- ¡Usopp! ¿Qué haces aquí?-exclamó el cocinero horrorizado.
Rápidamente ancló su mano de nuevo en el suelo con firmeza y reposicionó el pie que sostenía el techo de una forma más segura.
- E… eto… olvidé una cosa- dijo el narizón.
- Ah, pues date prisa, esto se desmoronará pronto.
Usopp asintió distraídamente y se adentró en la caverna. Miró hacia los lados y se acercó a una de las piedras que se amontonaban en el suelo, la limpió con parsimonia con la palma de la mano y se sentó.
Con los ojos como platos Sanji le miró.
- ¿Qué haces?
- Ne, Sanji, alguna vez te he contado como recorrí los 7 mares…
- Usopp.
- Cuando solo tenía cinco años…
- Usopp.
- Navegando tan solo sobre una cáscara de nuez…
- ¿¡QUÉ TE CREES QUE ESTÁS HACIENDO!? ¡SAL DE AQUÍ! ¡AHORA!
Usopp levantó la cabeza y le sonrió débilmente, su cuerpo entero temblaba de terror.
- No.
- ¿QUÉ?
- Tú tampoco pareces tener prisa por salir de aquí.
Sanji frunció el ceño.
- Eso es porque… -se calló de golpe- no importa, tienes que irte ya, yo iré… justo detrás.
Usopp asintió de nuevo, pero no se movió.
- Nami ya ha salido, está a salvo.
El rubio respiró aliviado.
- Pues vete tú también venga, ¿a qué esperas?
- No me apetece.
- ¡Usopp!-gritó- ¡¿Es que no lo entiendes?! ¡No puedo aguantar más!
- ¡Lo sé!- los ojos del francotirador comenzaron a llenarse de lágrimas- ¡Ni siquiera entiendo cómo has conseguido sostener una montaña entera durante tanto tiempo! ¡Eres un maldito monstruo! ¡Pero también sé que en cuanto salga dejarás que todo esto te caiga encima! ¡Nami ha ido a por ayuda! ¡Tienes que resistir un poco más!
- ¡No puedo! ¡No puedo, mierda! ¡Voy a morir aquí! ¡Tienes que largarte!
- ¡NO!- Usopp se levantó de golpe, las lágrimas corrían por sus mejillas.
- Usopp, morirás conmigo, es una tontería que te quedes.
- ¡NO ME IMPORTA!- el francotirador apretó los puños con fuerza-¡No te dejaré atrás, no, nunca más os abandonaré!- sollozó desesperado- No otra vez…
- Usopp…
Sanji respiró hondo y observó a su nakama que se había vuelto a sentar con terquedad. El miedo y la pena le hacían estremecerse violentamente y aun así, estaba allí, a su lado, intentando protegerle a su manera, así como él debía hacerlo a la suya. Se había cruzado de brazos en actitud que pretendía ser desafiante pero que los temblores que recorrían su cuerpo y el castañeo de sus dientes estropeaba. El cocinero le devolvió la mirada y luego levantó la vista, hacia su extremidad hecha trizas, hacia el techo que les mataría. Suspiró.
- Usopp… dime… en tus viajes… ¿alguna vez encontraste el All Blue?
- Él le miró sorprendido, y el agradecimiento se mostró en sus ojos.
- ¡Por supuesto! - exclamó- ¡Es el mar más bello de todos…
Gracias amigo, por permitirme quedarme a tu lado.
