Si amaste la historia del capi anterior, y no soportas los finales agridulces, te recomiendo no seguir leyendo e imaginar tu propia continuación. Si por el contrario, estas dispuest a aceptar lo que venga, adelante. Continúa leyendo incluso si terminas llorando en un rincón xD jajajaja, no es cierto. Al menos no del todo.
DISCLAIMER: Bleach es propiedad de Tite Kubo, hasta que me venda los derechos desde luego. =P
"HOTARU."
La camilla era movida con presurosa rudeza por los pasillos del hospital. Los paramédicos la habían entregado en la sala de urgencias, los cirujanos esperaban ya en quirófano.
E Ichigo corría detrás de ella.
-Rukia...!
La morena se aferraba a la mano de su compañero, mientras jadeaba removiéndose en claro dolor. A ratos, en susurros, podía escucharle llamarle por su nombre...
-Ichigo... – murmuró casi sin aliento, con las lágrimas y el sudor bañándole el rostro.
El miedo estaba claro en cada gesto, en cada partícula de polvo suspendida en el aire. La incertidumbre de aquél final que en principio se había supuesto sería feliz.
...
No supo en qué momento. Ni cómo exactamente. Pero de pronto las puertas del quirófano se cerraron y él quedó fuera de éste; con el corazón a punto de estallar y un terrible, terrible frío envolviéndole.
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"Parte I - Hope."
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"Kampai!"
La exclamación de festejo se escuchó por toda la sala de la familia Kurosaki. Había transcurrido una semana desde que empezaran oficialmente las vacaciones de invierno, faltaba tan sólo un día para Navidad. Y aquella noche buena, había sido el día perfecto para que los futuros padres celebraran la noticia del retoño que venía en camino.
-¡No puedo creer que por fin seré abuelo!
Isshin sonreía de oreja a oreja. Una vez su hijo y su futura nuera hubieron aclarado el asunto, aquella noticia era la mejor en muchos años. Sus ojos brillaban y la risa se asomaba cada que sonreía. La alegría simplemente se negaba a abandonar su rostro, haciéndolo de algún modo mucho más humano.
-Lo dices como si hubiese pasado una eternidad. –Inquirió Ichigo, siendo cauto en la cantidad de sake que bebía su padre.
Isshin rió por lo bajo antes de contestar.
-Bueno hubo un momento en el que creí que eras gay
El golpe no se hizo esperar.
-¿¡De qué rayos estás hablando?!
Pero Isshin lo había recibido de lleno. Sonriendo. Porque la verdad, no había razón alguna que pudiese cortarle la inmensa felicidad que sentía de saber que pronto sería abuelo.
Para su fortuna, Urahara entró en su defensa.
-Oh vamos Kurosaki kun, una linda chica vive en tu armario y no haces ni siquiera un intento de hacer un avance con ella.
Yoruichi asiente a su lado con la misma burla. Ichigo siente las mejillas llenársele de sangre.
-Que no sea un pervertido como ustedes no significa que no me gusten las chicas.
No hay mucho qué decir al respecto. Pero lo cierto es que todos sabían lo que transpiraba entre ambos chicos. Incluso si los mismos lo ignoraban. Había sido sólo cuestión de tiempo, pensó Urahara; sintiendo por primera vez que por fin estaba enmendando el daño que en el pasado les había hecho a ambos.
Había tenido sus dudas en principio, de que el gigai y el hogyokú pudiesen de verdad hacerla humana como había sucedido con Isshin, pero al grado de permitirle ser madre. Aquella felicidad no era sólo de Isshin, se dio cuenta.
-Aunque es una sorpresa –interviene la morena, -pensé que le habías prometido a Byakuya que esperarías hasta después de la ceremonia.
El rostro del chico se torna aún más rojo, a sabiendas de lo que seguramente está imaginando la mujer. No lo había olvidado. Pero los encuentros entre él y Rukia eran tan escasos dadas las diversas situaciones de ambos, que no creyó que hubiese problema, o dicho de otra forma que se fuera a enterar. Ojos que no ven, corazón que no siente; decían por ahí.
-Hice lo mejor que pude. –Murmura.
Y el resto estalla en risas. Ichigo no puede evitar sentirse aún más avergonzado. Para su buena fortuna Rukia sigue con sus hermanas conversando en la cocina. Dios sabe, que ella no habría tenido tan buena disposición de hablar de algo tan privado.
No puede evitar mirarla, sin embargo. Su vientre sigue igual de pequeño, no hay evidencia externa que demuestre su estado.
Salvo su reiatsu.
Ese torbellino cálido que irradia de su centro. Por días, el muchacho ha pasado noches en vela saboreando la sensación de aquél poder con las yemas de los dedos. Acariciando sin tocar la piel bajo la que se encuentra su hijo no nato. Ha estado feliz. Temeroso. Pero feliz. Y Rukia…
Rukia brillaba.
Cada momento a su lado, le llenaba el pecho de un cálido sentimiento. El cual le aseguraba que nunca más volvería a haber oscuridad en el cielo de su mundo interno. Si acaso habría nubarrones, la luz seguiría colándose entre ellas.
-Rukia…
Aquella noche habían vuelto a hacer el amor. Envueltos en la calidez de aquella dicha.
-Ichigo…
Él era mucho más suave y delicado con ella. Saboreando cada detalle como si fuese el último pero sin desesperación, sin prisa. Siempre por encima de ella, cuidando el que estuviese cómoda.
La besaba, haciendo cada beso una entrega nueva. Y en cada una, sentía el latir acelerado de aquél minúsculo corazoncito.
Aquella dicha, sin duda, duraría por siempre, se dijo.
…
Al menos así se suponía que debía de haber sido.
…
Bajo la pálida luz del pasillo fuera de quirófano, Ichigo se aferra a una esperanza ciega de que todo termine bien para ambos. Se dice que no llorará hasta no obtener un veredicto, pero incluso si las probabilidades mantienen la balanza en equilibrio, las nubes negras de su mundo interno preveen una tormenta.
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"Parte II - Orar."
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Renji siempre había sabido, desde la guerra santa, que los humanos e incluso también los shinigamis, tenemos los segundos contados. Pero siempre resultaba una sorpresa cuando una nueva alma se integraba a la Sociedad de Almas; en especial una que no considerabas fuera a terminar tan pronto.
Almas adultas eran una cosa, pero las almas infantiles siempre le habían estrujado el corazón. Quizá por su propia historia, quizá simplemente porque sí.
Y era por eso que ahora le costaba tanto trabajo mirar la espalda de aquél hombre, que fuera su capitán.
Kuchiki Byakuya.
-Renji –le habló éste, todavía dándole la espalda. –Haz los preparativos, iremos a Karakura.
-En seguida Taicho.
Salió sin miramentos del despacho de su capitán en la mansión Kuchiki. Últimamente, el capitán de la sexta división pasaba mucho tiempo fuera del cuartel. Entendía que todo había sido por ayudar a su hermana, Kurosaki Rukia. Había hecho muchas cosas fuera de su persona (pero dignas de un hermano mayor preocupado por su pequeña hermana) durante los últimos meses. Les había mentido a los ancianos del consejo del clan Kuchiki; todo para asegurar el que su orgullo estuviese a salvo.
Y había resultado dura la tarea. Mentir y esconderse no eran palabras que hicieran juego con Kuchiki Byakuya. Pero había sido de esperarse, se dijo Renji mientras volvía al cuartel.
…
El año nuevo se había celebrado en el mundo humano hacía ya tres semanas, cuando tanto como Byakuya como Renji, habían sido invitados a la casa Kurosaki.
-¡Rukia!
Renji había estado más que extasiado de volver a ver después de casi tres años a la que fuera su amiga de la infancia; que no se había podido contener y la había abrazado con fuerza, levantándola del suelo para girar con ella.
-¡Renji! –Exclamó ésta emocionada, aunque aferrándose a la camisa de él al sentirse algo mariada.
-Oi, cabeza de piña, suéltala!
Ichigo había decidido intervenir entonces. Alejando a la que fuera su prometida de los brazos del pelirojo para soltarle una buena patada en el rostro del mismo.
-Ow! ¡Ichigo! No tenías que ser tan brusco. –reclamó éste.
Rukia sólo atinó a sonreír, estaba intentando no vomitar, después de todo. Mientras que el pelinaranja sólo gruñó molesto.
Renji parpadeó entonces, dándose cuenta al fin, de que se había adelantado a su capitán. Pero al girar hacia éste para disculparse se detuvo en seco. El rostro de Byakuya, si bien siempre había sido regio, en ese momento se podía ver una especie de brillo en sus ojos que bailaba con distintas emociones: curiosidad, molestia, duda y recelo.
-Kurosaki –Habló de pronto.
Ichigo le miró al instante, tornándose serio al intuir lo que el hombre había descubierto pero a lo que al mismo tiempo no daba crédito. Rukia a su lado se estremeció, al sentirla, el muchacho la envolvió con su propio reiatsu, logrando calmar su angustia. "Todo estará bien", parecía decir.
-Explica esta situación.
…
-¿¡Cómo que no puedes reconocerlo?!
-¡Ichigo!
Media hora después aquel encuentro se había convertido en una disputa. Ichigo y Rukia, les habían contado los hechos tanto a Byakuya como a Renji, éste último estaba estupefacto, internamente eufórico y feliz por su amiga, pero en shock por fuera.
Byakuya no daba emoción en su rostro. Aunque Rukia había creído ver un atisbo de dolorosa decepción y al mismo tiempo afectuosa preocupación.
-Es tu sobrino de quien estamos hablando, ¿es que no sientes nada?
-¡Basta Ichigo!
En ese momento, Ichigo había saltado furioso al escuchar a Byakuya decir que no reconocería al pequeño. Quedaba obvio que Renji y Rukia entendían el porqué. Pero el pelinaranjo era sin duda harina de otro costal.
-Lamento que las cosas sean así Rukia. –Dijo el mayor, decidiéndose a ignorar el arrebato de su futuro yerno.
-Oi escúchame maldita sea! –gruñó éste.
Rukia suspiró.
-Ichigo –le llamó, él le miró incluso si seguía con la expresión molesta –deja que te lo explique, por favor.
Tomó tan sólo un instante, pero al final, el chico había vuelto a sentarse sobre el sillón al lado de la morena. Byakuya, sentado frente a ambos, le reprimió con la mirada un instante antes de comenzar a hablar.
-Teníamos un acuerdo kozo. –Le recordó, e Ichigo apretó las manos, sabiendo que tenía razón –un acuerdo que rompiste.
Renji desvió la mirada. Aquella parecía la lectura de un padre a sus hijos y quizá en cierta forma lo era, pero lo cierto era que se sentía algo incómodo.
-Es mi hermana de quien estamos hablando y es por ella que no voy a juzgarlos.
Ante aquello Ichigo le miró confuso, si bien entendía una parte, no comprendía porqué entonces se negaba a reconocer el niño y darles su bendición.
-Pero no puedo responder por mi clan. Y debo proteger mi orgullo.
Aquella frase, hizo sin duda que todo se comprendiera, pero Byakuya no estaba dispuesto a dejar nada al aire.
-No voy a permitir que la aceptación y el reconocimiento que mi hermana ha conseguido, se desmorone por algo que ellos vanamente calificarían como un desliz. –Explicó. –Si acaso esto se esparciera por la Sociedad de Almas, se verían forzados a acelerar la boda con el fin de esconder algo que ellos consideran deshonra.
Ichigo iba a decir algo, pero Rukia lo detuvo al apretarle la mano. El muchacho la miró pero ella seguía con el semblante bajo. Ichigo se contuvo, permitiendo que el mayor continuara.
-Entiendo lo que representa para ambos este acontecimiento y déjame dejarte en claro kozo, que me llena de igual dicha su nacimiento.
Los ojos de Ichigo se abrieron estupefactos, con recibida sorpresa y hasta cierto punto conmovido. Pero mucho más intrigado de ver la sonrisa dibujada en el rostro del noble, incluso si sus labios no sonreían como tal, estaba allí el gesto.
-En la Sociedad de Almas, el tiempo se vuelve más lento. Puedo aparentar un 'descuido' e informar una vez haya nacido el niño de los acontecimientos. Entiendo que planean casarse antes de que el niño nazca.
-En el descanso de primavera –informó Rukia, aunque aún no confirmamos fecha.
Byakuya bajó el semblante y fue la primera vez que los presentes fueron capaces de ver el pesar en sus orbes grises.
-Me temo que no podré ser yo quien te entregue Rukia.
A Rukia el corazón se le hizo nudo.
-Entiendo Nii sama, comparto tu sentir. –Sonrió con tristeza.
-Una vez haya nacido el niño –continuó –informaré a los ancianos sobre la visita, y les informaré de mi error. Haremos creer que no pudimos mantenernos al ritmo de este tiempo y que en el transcurso alejados se dieron estos hechos. Tu reputación en el clan no se verá mancillada, no mientras yo me haga cargo.
…
Renji recordó la culpa que Ichigo había sentido entonces. Un recargo de conciencia que no era realmente un arrepentimiento. Y lo entendía, dado que el muchacho sería padre y un padre jamás debía arrepentirse de la concepción de un hijo.
Pero también recordó la tristeza de los nobles hermanos. La despedida a parte que ambos se dieron. Y la tristeza que embargó los ojos del capitán durante los meses siguientes. Encerrado en su despacho, Renji sospechaba que el hombre pasaba largas horas rememorando a la que había sido su esposa, Kuchiki Hisana. E intuía que el recuerdo de ésta algo había tenido que ver con la sorpresa y el riesgo que corrió su capitán para hacer feliz a su hermana.
Por eso Renji ahora, rezaba con todas sus fuerzas porque no tuviese que realizar un konzo el día de hoy.
Al menos no a ningún infante.
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"Parte III - Tempo."
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Inoue Orihime estaba descansando en la sala del templo, junto con Tatsuki, Uryuu y Sado. Habían transcurrido cerca de dos horas desde el incidente de aquella tarde. El humor estaba palpable. Frío y distante, igual que aquél negro cielo.
-No solucionarás nada preocupándote Orihime –le dijo Tatsuki, con el rostro tan afligido como el de su compañera.
-Lo sé Tatsuki chan, pero no puedo evitarlo.
-Todos estamos preocupados –intervino Uryuu. Las manos aún le temblaban a pesar de lo mucho que había intentado controlarse.
Había sido por él, se recordó la chica, que Rukia había conseguido seguir con vida al igual que el bebé en su interior. Uryuu había atendido a la morena y le había hecho una improvisada 'costura' a la herida en el vientre de la misma. Había detenido la hemorragia lo suficiente para que ella resistiera hasta que llegara la ambulancia.
-Hiciste un gran trabajo Uryuu –habló el moreno, tratando de dar un consuelo a su compañero, que seguía tan blanco como su traje Quincy.
¿Cómo habían podido ser tan descuidados? Se recriminaban todos.
Al final, fue Tatsuki quien tuvo el valor de decir lo que todos estaban pensando.
-Incluso si lo peor pasa…
-¡Tatsuki chan! –Inoue quiso interrumpirla.
Pero ella continuó.
-Incluso si lo peor pasa… sé que esos dos estarán bien, después del debido tiempo.
Nadie dijo nada un instante. Entre dudas y esperanzas, sabían que era cierto.
Orihime dejó salir las lágrimas.
Ella mejor que nadie sabía la profundidad de aquellos sentimientos y entendía que lo que Tatsuki implicaba era cierto. Tanto Ichigo como Rukia, mientras se tuviesen el uno al otro, podrían soportar cualquier obstáculo; sin importar lo horrible e injusto que éste fuera.
Orihime deseaba el que las cosas hubiesen seguido siendo tan alegres como aquella tarde en que salieron de compras, justo una semana antes de la boda.
…
-¡Onechan, este vestido se te vería hermoso!
Las cuatro chicas restantes en aquella tienda de vestidos de gala, giraron la vista en dirección a Yuzu. La rubia sostenía un vestido tipo princesa con mangas de encaje, que colgaban por debajo de los hombros (dejándolos al descubierto) hasta por encima de los codos.
Era un vestido hermoso sin duda.
-Oh es verdad – Y Orihime no pudo evitar emocionarse, acercándose a Yuzu para sentir la tela del vestido por ella misma.
Faltaba una escasa semana para la boda y habían dejado la búsqueda del vestido hasta el final. Dado que durante los primeros meses, era muy difícil mantener la estabilidad del Hogyoku, tuvieron que esperar hasta el momento en que Rukia estuviese más cómoda y tranquila con los cambios de su cuerpo.
Tenía ya cinco meses de embarazo y se le notaba en el vientre y en el color vivo de su rostro que estaba en cinta. Sin la protección de Ichigo era muy difícil salir, en especial porque había lugares en donde él no podía seguirla (al menos no en público); de modo que aquella era su primer salida oficial de la casa Kurosaki desde que supiera que estaba esperando niño.
Rukia miró el vestido una larga vez, y si bien era bonito…
-Es muy lindo Yuzu pero.
-No digas más –la cortó ella de inmediato, no eran cuñadas por nada, sabía bien lo que la morena sentía en ese momento -'lindo' no es suficiente después de todo.
Y siguió buscando, dejando colgado de nuevo el vestido junto con el resto. Tatsuki suspiró, en ese sentido era igual a Ichigo, no le gustaba realmente ir de compras, así que fue un poco más directa.
-¿Qué es lo que tienes en mente, Kuchiki?
Rukia, contrario a sentirse presionada, se sintió aliviada de que alguien le preguntase su opinión. Después de todo, estaba acostumbrada a ser callada y obediente dada las costumbres Kuchiki. Y si bien se sentía en comodidad de librarse de aquella fachada, sentía que debía de hacerlo para sentir de alguna forma cercana a su Nii sama. En especial dadas las circunstancias.
-Estaba pensando que me gustaría tener una boda estilo boho
Todas parpadearon en asombro. Karin silbó.
-Sería muy a doc
-¿Y eso por qué? –cuestionó Tatsuki.
La aludida sonrió abochornada.
-No puedo salir de la casa a menos que tenga una escolta, pero el jardín que Urahara arregló es perfecto para disfrutar la fiesta sin tener que preocuparme porque el hogyoku se desestabilice. Además de que el tema quedaría perfecto dado el lugar.
-Y dado tu vientre –completó Karin
-¡Karin chan!
Yuzu se escandalizó. Pero su hermana ni se inmutó.
-¿Qué?. Tengo razón, ¿o no?
La pregunta fue dirigida a Rukia, quien tras un instante acabó por volver a sonreír esta vez con ternura, mientras se acariciaba el abultado vientrecito.
-Me preocupa un poco. Quiero estar cómoda después de todo. Y este tipo de vestidos me resultan mucho más favorecedores.
-Ya tienes uno en mente –se dio cuenta Tatsuki.
-Sí, pero no se me da el dibujar, esperaba que pudiesen ayudarme con eso.
-¡ya sé! –Hime fue la primera en saltar emocionada. -Sólo hay que pedirle ayuda a Uryuu kun Estoy segura de que él podrá darle vida a tus ideas.
Las demás asintieron. Conociendo el trabajo del chico, era fácil imaginar un hermoso vestido en la piel de Rukia. Yuzu le acarició el cabello.
-Una corona de flores se te vería preciosa onechan.
Karin asintió recargándose en la espalda de su cuñada.
-Opino lo mismo que Yuzu, te verías muy linda y mi idiota hermano acabaría tan conmovido que lloraría como una viuda.
Tatsuki soltó una sonora carcajada.
-Apoyo la moción de Karin.
Yuzu y Orihime las miraron con decepción y cierta molestia.
-Son de lo peor.
Por su parte Rukia dejó salir una risa cantarina.
-No me molestaría ver a Ichigo conmovido.
Y conmovido había estado, recordaba Orihime. La semana se había ido volando y al final el vestido de Rukia incluía la corona de flores de luna que Yuzu había arreglado para ella, su cabello ya le llegaba a los hombros y descansaba suelto sobre su espalda. La falda de su vestido era vaporosa, aunque sin ser abultada, y caía desde debajo del pecho (el cual ya le había crecido considerablemente) y tenía intrincados diseños de flores hechos con cuencas y perlas. Uryuu había rescatado las mangas de encaje que le habían gustado a Rukia del vestido que en principio había elegido Yuzu, pero las había dejado más cortas, casi como tirantes que caía con gracia por los hombros níveos de la morena.
Mirar a Rukia en ese momento era quedarse sin aliento, había pensado Orihime, mientras terminaba de arreglarle el cabello y Yuzu le pintaba el rostro en tonos naturales. Rukia estaba frente al espejo, sus compañeras estaban tan inmersas en sus tareas que pasaron por alto a la figura masculina que había entrado entonces a esa pequeña improvisada tienda.
-¡Nii sama!
Pero Rukia lo había visto en el reflejo del espejo. Y sus ojos se abrieron en felicidad y sorpresa, mientras el corazón se le inflaba de dicha. Ambas amigas, a pesar de la sorpresa, habían reaccionado al instante y le habían permitido el espacio para que saliera a abrazar a su hermano.
Fuera de todo protocolo, Byakuya le había devuelto el abrazo incluso con mucha más intensidad, y se había permitido acariciarle el cabello, inspirando su aroma. Como en una especie de reafirmación a sí mismo. Esta era su hermana y había hecho bien en venir.
-De ningún modo, puedo perderme la boda de mi imouto.
-Nii sama… -susurró, dejando salir las lágrimas.
Cuando se separaron, se dieron cuenta de que Renji estaba allí también. Rukia estaba que no cabía de asombro y de dicha. Renji la detuvo, antes de que dijera nada, con un gesto de la mano.
-A petición de Yoruichi, la capitana Soi Fong se ha encargado de que ésta sea una misión ultrasecreta. –Le explicó. -Nadie del Sereitei se enterará, salvo los capitanes y sus tenientes.
Toda su familia estaba allí para ella. Y Rukia lloraba y reía tanto, que tuvieron que atrasar la boda unos minutos.
Orihime recordaba la impaciencia de Ichigo ante aquella tardanza, se notaba que estaba preocupado aunque no porque temiera que fueran a abandonarlo. La confianza que esos dos se tenían era algo literalmente fuera de este mundo. Pero la molestia se le fue tan pronto vio el motivo del retraso.
-Byakuya…! –Exclamó.
Y algo en su pecho también se ensanchó. Porque, aunque no lo diría en voz alta, sentía aprecio y una gran admiración hacia aquél hombre. Pero también por lo que representaba para Rukia, sabía que ella estaría feliz; ahora todo ese despliegue de reiatsu en la persona de Rukia tenía sentido.
Y luego miró a Rukia.
Y fue incapaz de contenerse.
Él lloró. Quizá no en intensidad, pero derramó lágrimas, las cuales se limpió de inmediato. Orihime supuso que había sido por lo que todo aquello representaba. Aquél camino que Rukia caminaba de la mano de su hermano, para alcanzar al pelinaranjo; bien podría representar todas las batallas que enfrentaron, todas las despedidas que a partir de entonces dejarían de presentarse si la vida les sonreía como hasta ahora.
Cuando Byakuya quedó de frente a Ichigo, hubo una silenciosa conversación entre ellos a través de la mirada. Un último reto. Un último enfrentamiento entre ambos.
-Confío en que sabrás hacerte cargo de mi más grande orgullo. –Le dijo. E incluso si no sonaba a amenaza, quedaba clara la advertencia.
Ichigo no desvió la mirada. Sus ojos brillaron con mucha más determinación.
-Aa. –Asintió.
…
Había sido una hermosa recepción. Y los dos habían reído con tanta fuerza y tanta dicha durante la fiesta, que no quedaba duda del amor que se tenía. Habían sacado una última foto en panorámica antes de que abandonaran el recinto para ir a su luna de miel. E incluso a través de la imagen se podía sentir las emociones que irradiaban ambos.
Orihime suspiró y sonrió lo más honesta que pudo.
-Tienes razón Tatsuki chan. –Aceptó, mirándola con renovada esperanza. –Ellos, eventualmente estarán bien.
Tatsuki sonrió de igual forma. Sin que la sonrisa le llegara a los ojos.
Si tan sólo el tiempo… hubiese sido distinto.
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"Parte IV - Amar."
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Eran las diez y cuarto cuando Isshin llegó al hospital. Aquella noche, había salido de excursión junto con las gemelas; Karin se había ido hacia la cafetería, a sabiendas de que no tenía palabras de consuelo para su hermano. Yuzu, se había quedado en casa, orando frente al altar de su madre, Masaki. Sólo Isshin, se había atrevido a ir hacia su hijo.
Ichigo estaba sentado afuera de la habitación de Rukia. Y su padre pudo imaginar qué era lo que él estaba pensando.
El muchacho tenía los codos sobre las rodillas y el rostro oculto en ambas manos. Encorvado como estaba, hacia mucho que las lágrimas se habían secado en sus ojos. Los remanentes de las mismas se encontraban sobre sus mejillas. Tenía los ojos cerrados y murmuraba incoherencias.
Sintió la presencia de su padre en cuanto éste se hubo parado de pie frente a él.
Ese simple acto, desató una nueva tormenta en su interior. Y sus emociones se vertieron de nueva cuenta. Su padre lo levantó por el brazo y éste se dejó hacer con renovada fuerza, pero todavía sintiéndose débil. Se dejó envolver en los brazos de su padre como un crío y lloró escondiendo su rostro en las ropas del mismo.
Dentro de sí, deseaba que todo hubiese quedado, tal como al inicio. Cuando ambas almas, habían acabado de fusionarse.
…
El sol había empezado a colarse por las ventanas, resbalándose por la cortina, derramándose en el suelo y crepitando hacia la cama. Dos días habían pasado desde la boda, y los amantes descansaban desnudos, tras otra noche de compartirse el alma.
Ichigo estaba descansando boca arriba sobre la desordenada cama. Rukia estaba sentada a su lado mientras le dibujaba el pecho desnudo con los dedos a su compañero.
-¿Podrías parar de hacer eso? –Le pidió él, con el asomo de una risa en sus palabras.
Rukia rió de igual manera.
-¿Por qué? ¿Te molesta? -preguntó, sin dejar de sobarle el pezón con la yema del dedo índice.
-Me da cosquillas. –Confesó él.
Pero Rukia rió aún más divertida.
-Esa no es excusa.
-¡Ah! Te crees muy lista.
-¡No!
Ante aquella respuesta, Ichigo se había erguido casi de inmediato, y la había tomado por debajo de las axilas, girándola para quedar en lugares contrarios. Por encima de ella, Ichigo había comenzado a hacerle cosquillas a su compañera.
Las risas de ambos inundaron la habitación. Mientras el aire soplaba suavemente cargado de sal. Urahara se había encargado de preparar aquél viaje. Asegurando el lugar para que ninguno de los tuviese que preocuparse por el hogyoku o los hollows.
Tenían dos sirvientes, cortesía de Byakuya, un hombre y una mujer de edad madura que se encargaban de mantener la casa limpia y preparar comida para ambos. Llegaban temprano y se iban justo después de preparar la cena; asegurando así el que los recién casados pasasen tiempo de calidad estando solos.
La rutina del día se limitaba a jugar y a hacer el amor casi la mayor parte del tiempo. Pero estaba bien para ellos.
En una ocasión habían salido a pescar al lago que se encontraba en lo profundo de la pequeña isla. El atardecer los sorprendió justo cuando estaban preparando la fogata para cocinar los desafortunados peces.
Ichigo estaba concentrado en la cocción de la comida cuando Rukia le tomó desprevenido.
-Va a ser un niño –le dijo. Tenía la mano sobre el vientre y sus ojos estaban perdidos en las llamas ardientes de la fogata. Su rostro brillaba con una sonrisa.
Ichigo se acercó a ella casi de inmediato.
-¿Lo viste?
-Mm –Asintió.
El muchacho dejó que aquella información se asentara en su cabeza, la boca estaba abierta en una expresión intermedia entre gritar de alegría o sencillamente sonreír complacido. Descansó las manos sobre la cintura y optó por hacer la última.
Dedicó una mirada al cielo y luego dijo…
-Deberíamos pensar en un nombre entonces
-Hagamos una lista-sugirió Rukia, a lo que Ichigo enarcó una ceja.
-¿No me digas que piensas ponerle Byakuya?
-Idiota. –Gruñó ésta de inmediato. Maldiciendo el que su condición le impidiera el darle una patada de lleno en la cara -¿Y en dado caso, cuál sería el problema?
-¿Es en serio? –Respondió levantando las cejas. Al final decidió darle la vuelta, –de acuerdo. Hagamos una lista.
Y se sentó a un lado de ella.
Había sido una lista larga. Pero cada nombre era una posibilidad de dicha extrema. Cuando la segunda semana comenzó, Ichigo notó un ligero cambio en la expresión de Rukia.
-Algo te preocupa Sra. Kurosaki. –Señaló mirándola directamente.
Estaban sentados a la orilla del mar, faltaban escasos minutos para el anochecer.
-No exactamente. Y soy Kurosaki-Kuchiki Rukia –le recordó.
Ichigo hizo un mohín, pero lo cierto era que estaba divertido.
-¿Piensas conservar el apellido después de todo?
-Es lo más noble
-¿Lo más noble? ¡Es en serio? –Ahora sí gruñía.
Rukia le sacó la lengua e Ichigo le apretó la nariz con los dedos. Ella se apartó y amenazó con arrojarle arena a los ojos, él se rindió al instante levantando ambas manos.
Rukia inspiró con algo cercano a la melancolía. Ichigo la abrazó por los hombros y ambos miraron al sol morir mientras se hundía en el mar.
-Dado que Niisama se casó con mi hermana Hisana, tuvo la desdicha de no tener descendencia. –Ichigo iba a decir algo pero Rukia lo detuvo haciendo un gesto con la mano. -Sé que fue gracias a eso que fui adoptada y que tanto tú como yo disfrutamos de nuestra historia. Además de que mi Niisama no se arrepiente de nada, en especial porque amaba sobremanera a mi hermana.
Ichigo sopesó aquello y entendió lo que probablemente el noble sentía ahora por Rukia.
-En cierta forma funcionaste como la hija que nunca tuvieron.
-Sí. –Asintió. Su sonrisa tenía una melancólica calidez. -Y por eso, no puedo evitar sentirme algo culpable. Quisiera, de verdad, que mi hermano pudiese experimentar este tipo de felicidad.
-Podría volver a casarse. –Sugirió él.
Rukia negó con la cabeza, ligeramente divertida.
-¿Tu padre volvería a casarse?
Ichigo hizo una mueca.
-Sé lo que quieres decir, pero mi padre nos tuvo a nosotros antes de perder a mamá
-Lo sé. Y es por eso que es aún más triste para él. –Recalcó. -Porque él no desea compartir esto con nadie más. Fue muy claro al decir que no volvería a casarse porque simplemente no podía amar a otra mujer.
Si bien él entendía el sentir de Rukia, también comprendía el de Byakuya. Y sabía por ende que el noble no estaba en realidad deprimido. Para él, Rukia era algo mucho más importante, mucho más arraigada en su interior.
Rukia era su orgullo.
-Entonces, tenemos que darle muchos sobrinos. –Sugirió, resbalando disimuladamente su mano izquierda por encima del seno de ella.
Rukia soltó una exclamación.
-¡Eres un pervertido! –Rió con fuerza.
Ichigo intentaba contener a su vez la risa.
-Él es feliz a través de ti Rukia. –le dijo una vez consiguió abrazarla. -Quizá no lo creas, pero has llenado de felicidad los huecos de tristeza que la partida de tu hermana le dejó.
Los ojos de Rukia se llenaron de lágrimas. Conmovida por la sinceridad que bailaba en las orbes de él.
-Ojalá no te equivoques.
…
Irónico era, pensaba ahora Ichigo, que al final hubiese tenido que tener aquél desenlace.
-Ni siquiera sé qué decirle.
Estaba más calmado, de pie frente a la habitación de su esposa, con su padre a su lado.
-Nunca han hecho falta palabras entre ustedes. –Le recordó el mayor.
-No sé cómo darle consuelo. –Sollozó, desviando la mirada.
-No se trata de que tengas qué dárselo Ichigo. –Le corrigió, sintiendo la misma opresión en su pecho. –Son una pareja ahora, ambos deben de ayudarse el uno al otro. Incluso si en este momento, no se puede hacer más que llorar. Porque estoy consciente de que la amas y de que eso no va a cambiar.
-¡Por supuesto que no! –Respondió al instante, al fin levantando la mirada.
-Entonces, reafírmaselo a ella. –Le palmeó la espalda. –Es natural, el que esté deshecha a ese punto, hijo. Justo como tú lo estás.
-La amo. –Dijo en un susurro ahogado.
Lo cierto era, que deseaba consolarla.
-Lo sé. –Asintió su padre, alentándolo con una triste sonrisa –Entra ahí, y recuérdaselo.
Ichigo abrió la puerta, quebrándose de nueva cuenta, al ver a su Rukia sentada hecha un ovillo sobre la cama, con el cuerpecito de su precioso bebé entre sus brazos, ya sin vida.
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"Parte V - Reality."
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Ichigo estaba saliendo de la habitación, tras conseguir que Rukia se quedara dormida, cuando tanto el capitán como el teniente de la sexta división llegaron al hospital. No había dado ni dos pasos, cuando se cruzó con ambos en el camino.
-¡Byakuya!
El aludido estaba serio, pero se notaba en su expresión que estaba cansado. Sus ojos grises estudiaron el rostro del joven hombre que tenía delante de sí.
Entendió al instante.
-Llegamos tarde. –Declaró, con evidente pesar en su semblante. Y luego se recompuso en cuestión de segundos. –Renji. –Llamó, y el aludido se acercó a él en porte regio, esperando indicaciones. –Quiero escuchar primero lo que sucedió y después deseo hablar con mi hermana. Su rostro se giró hacia Ichigo. –Kurosaki. Espero no causarte más pesar, pero necesito saberlo.
Ichigo comprendía el sentir del que era su cuñado. El rostro se le contrajo en un gesto de absoluto pesar. Cerró los ojos, apretando los párpados en un intento de no volver a llorar. Cuando volvió a abrirlos, sin embargo, mantuvo la mirada lejos del rostro del moreno.
-Nos descuidamos. Había hollows en la zona. –dijo a media voz. -El Hogyokú se desestabilizó y los hollows comenzaron a comerse unos a otros…
Los recuerdos le atacaron la consciencia y el corazón se le hizo nudo de nueva cuenta.
-Te separaste de Rukia –intuyó el noble.
Ichigo contuvo el aliento antes de contestar.
-Creí que estaba a salvo…
…
Era el festival que abría el verano y cerraba la primavera. Aquella tarde, se les había concedido a ambos el salir.
-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos Rukia chan –El resto del grupo los esperaba junto al río. Orihime sonreía emocionada. -¿Cómo está el bebé?
Rukia le dedicó su mejor sonrisa.
-Perfectamente.
Uryuu se animó a hacer notar.
-Supongo que el Hogyokú está estabilizado, de otro modo no estarías aquí afuera.
Ichigo se apresuró a contestar por Rukia.
-No hay riesgos y no los habrá sino hasta el último mes debido al parto. Todavía tenemos dos meses de ventaja.
-¡Qué emoción! –Saltó Orihime. -No puedo esperar para conocerlo.
-¿Ya eligieron un nombre? –preguntó Sado.
Ambos negaron con la cabeza.
-Aún no. Hemos reducido la lista a tres, pero todavía no estamos convencidos. –Explicó Ichigo rascándose distraídamente la cabeza.
A su lado Rukia, dejó salir una risa cantarina.
-Sabré su nombre una vez lo vea. Estoy segura. –Les dijo, con una mano descansando en su abultado vientre.
El resto sonrió y se encaminaron rumbo al templo de Karakura, en donde se llevaría a cabo el festival. La tarde fue descendiendo, abriendo paso a la noche. Entre luces y música de fiesta, los jóvenes se divertían entre la multitud. Comiendo y jugando en los diferentes puestos, comprando y haciendo recuerdos. Sacando fotografías bajo el cielo estrellado.
En un momento los chicos se separaron de las chicas para descansar en lo que ellas bailaban cerca de una fogata tradicional.
-Resulta agradable ver crecer sus instintos de madre. –Remarcó Uryuu. –La hacen ver mucho más hermosa.
-Aa –Asintió Ichigo, mirándola con la misma sonrisa en su rostro.
-Tu reiatsu no está envolviéndola. –Señaló Sado, queriendo cuestionar a su manera el porqué.
Ichigo arrugó el gesto pensativo.
-Podría atraer hollows si lo hago, es mejor ser precavidos. –Explicó. –Además, el reiatsu de Rukia tiene un pulso bajo.
-Debe de estar muy cansada. –Inquiró Uryuu, admirando la fuerza de la morena.
-Duerme mucho por las tardes, pero supongo que es normal. –Rió el pelinaranjo.
Y la noche continuó.
Dieron gracias en el altar del templo, sonando los cascabeles cuando ya casi todo estaba por concluir. Y se retiraron justo después, iban descendiendo las escaleras cuando de pronto Rukia se detuvo en seco, cayendo en cuenta de algo…
-¿Qué sucede? –A su lado, Ichigo fue el primero en notar el cambio.
-Mi bolso, el bolso que Yuzu me dio, creo que lo dejé en el altar. –Le dijo.
-Iré por él.
-No, está bien, puedo ir yo. –le detuvo por el brazo, Ichigo la miró a los ojos, ella sonrió. -Son sólo un par de escalones.
-De acuerdo, estaremos aquí, ¿está bien? –Le recordó, sintiéndose un poco nervioso al respecto, pero hizo a un lado el sentimiento.
Rukia se dio la vuelta y volvió al interior del templo, los demás regresaron sobre sus pasos hasta donde Ichigo se había quedado esperando a Rukia.
-Entonces es oficial, no volverán al Sereitei –abrió conversación el de gafas.
-Es lo mejor, al menos mientras es pequeño, me gustaría asegurar su felicidad y poder estar ahí para él. –Explicó Ichigo. Jamás se iría dejando a su familia atrás.
-¿El comandante todavía quiere que llenes un puesto de capitán? –preguntó Sado.
-No ha quitado el dedo del renglón. –Se burló. –Pero dados los hechos y la condición de Rukia, no puedo irme sin ella.
Orihime iba a decir algo cuando la voz de Rukia en un amplio grito se lo impidió.
-¡Aah!
Todos se quedaron unos segundos estáticos, sorprendidos por lo que tenían en frente.
-¡Es un ataque de hollows!
Era en realidad un mar entero de hollows. Y Rukia estaba indefensa…
-¡Rukia! –Reaccionó Ichigo corriendo desesperado hacia el templo.
La aludida salió entonces, apenas sosteniéndose al andar y esquivando como podía los ataques de las criaturas.
Mas todo fue en vano cuando uno de ellos consiguió jalarla del tobillo.
-¡Ah!
-¡RUKIA!
El golpe contra el suelo, más el daño que el hollow causó al arrastrarla por el suelo, le hizo una herida en la parte baja de su vientre.
Una de las flechas de Uryuu salió disparada y el hollow la soltó al recibir el impacto para acabar desintegrándose. Orihime lanzó su escudo alrededor de la morena. Ichigo la alcanzó entonces.
-Estoy bien, fue sólo un rasguño. –Le dijo intentando calmarlo, a pesar del terrible dolor que sentía en su centro.
Ichigo se dio cuenta a su pesar, de que ya había sido herida desde antes de caer. La sangre manaba por entre sus piernas.
-No. No lo estás. –Gruñó alarmado y temeroso, con las manos temblando y la mente en blanco sin saber siquiera qué hacer. -¡Inoue! –fue lo único que atinó a decir.
La chica se abalanzó hacia ellos de inmediato. Su escudo envolvió a Rukia, mientras Sado los protegía. Los hollows cada vez eran más y algunos incluso, habían comenzado a devorarse entre ellos.
Las heridas superficiales de Rukia comenzaron a sanar poco a poco bajo el toque de la chica, pero un fuerte palpitar de reiatsu comenzó a batirse con fuerza y luchaba en contra de la energía de la chica. Inoue se dio cuenta al instante, pero trató con todo su poder de contrarestar la fuerza que suponía era del hogyoku y el débil grito del pequeño infante.
Sin embargo, cuando se hizo evidente que la sangre no paraba de brotar, Ichigo fue capaz de darse cuenta de que las cosas iban en pique.
-¿Qué ocurre? –cuestionó con voz temblorosa.
Orihime quiso morderse la lengua, pero no podía mentirle, eso no ayudaría a la morena.
-No puedo rechazar el daño, es decir, puedo reducirlo pero, el Hogyoku está interviniendo es como si estuviese absorbiendo mi poder para repararse a sí mismo.
Era fácil entenderlo, después de todo, el Hogyoku había desarrollado una especie de conciencia propia. Y tras la guerra santa su existencia había quedado ligada a su portadora, de modo que si el bebé resultaba un obstáculo para la sanación del mismo, el Hogyoku sin duda no tendría reparos en eliminarlo. Por más que Inoue quería sanar a ambos, aquel artefacto seguía drenando y redireccionando la energía hacia sí mismo.
Ichigo entendió que debía intervenir si quería salvar a ambos. ¿Pero cómo? No tenía los medios siquiera para realizar una sutura superficial.
-Ishida…! –Exclamó al ser apartado a un lado por el mismo.
-Déjame, yo lo hago. –Declaró, sacando su pequeño estuche de costura, tendría que ser suficiente, se dijo. –Tú encárgate del adjucha –ordenó, pero Ichigo simplemente se quedó mirando todavía perplejo. -¡De prisa Kurosaki! De nada sirve curarla si seguimos bajo ataqu!
Al instante el aludido se puso de pie y se separó de su cuerpo. En su forma shinigami se hizo cargo de los adjuchas que se habían formado entonces.
-Inoue, necesito tu ayuda. –Le dijo el de gafas, la aludida se acomodó a su lado. –Sado, llama una ambulancia. Diles que tenemos un parto prematuro y que la madre necesita transfusión…
Aquella intervención de Uryuu permitió que el bebé permaneciera con vida el suficiente tiempo para llegar al hospital y entrar a quirófano; pero había quedado demasiado débil y apenas una hora después a su nacimiento, había muerto…
…
El silencio que siguió al relato era pesado, casi aplastante; como si el mundo entero compartiera aquella pena y se hubiese privado de sonido alguno.
Ichigo seguía con el rostro caído y la expresión ahogada en pena. Renji compartía la misma expresión.
Byakuya cerró los ojos, inspirando con fuerza. Hacía mucho no se sentía tan perturbado. Al final abrió los ojos y con una expresión comprensiva, hasta cálida incluso, le habló.
-No fue tu culpa, Kurosaki.
El aludido, si bien sintió un gran peso abandonarle de los hombros, también sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Renji sentía también, que no tardaría en empaparse el rostro igual que su compañero.
-Estas cosas pasan, y sabíamos que no era posible controlar al Hogyoku por completo. –Recordó. -Urahara ya me lo había explicado antes. Incluso puedo decir, que fue el resultado menos grave. Después de todo Rukia sobrevivió.
Nadie dijo nada. Sopesando aquellas palabras agridulces. Tras un instante, Byakuya se irguió en dirección a la habitación de su hermana.
-Renji. Permanece detrás de mí.
.
"Parte VI - Unmei."
Rukia llevaba un par de minutos descansando sobre su lado derecho, recostada en la cama, escuchando la respiración ya inexistente de su preciosa criaturita en aquél cunero, la cobijita no le tapaba el rostro al niño. Para ella, todavía estaba vivo.
Los ojos estaban cansados, pero ya no podía dormir más. Cuando la puerta se abrió esperó ver a Ichigo.
-¡Niisama! –pero la visión de su hermano fue una imagen mejor recibida, hasta que Renji se hizo notar a sus espaldas. -¡No! –En ese momento todo cambió, Rukia se levantó al instante de la cama y se puso frente al pequeño infante.-¡No te atrevas! ¡No te atrevas a quitármelo!
-Rukia… -Ichigo quiso razonar con ella, pero ya no le quedaban fuerzas y lo cierto es que estaba tan destrozado como ella.
Byakuya caminó hacia ella, viéndola temblar ante su persona. El corazón se le encogió.
-Mi querida y pobre hermana, ¿no has sufrido ya lo suficiente? –Le dijo, su rostro lleno de infinita ternura. Ella le miró al borde de nuevas lágrimas. –Si mantienes el alma de tu pequeño ángel aquí, no le permitirás evolucionar. En cierta forma Rukia, hermana mía, le estarías negando la vida.
Rukia agachó la vista, mordiéndose el labio inferior para evitar sollozar hasta haberse calmado, las manos en puños a los costados.
-Pero siendo tan pequeño… ¿Cómo va a sobrevivir en un lugar tan horrible como el Rukongai Nii sama? –Cuestionó cerrando los ojos con fuerza. –No puedo tolerar la idea de dejarle sólo para que muera otra vez. –Sollozó.
Mutismo.
…
Byakuya la observó un instante, antes de decidirse a tomarla por los hombros y hablarle.
-Te has olvidado de mí.
La atención de todos los demás presentes se volvió hacia él.
-Rukia. Renji hará el konzo. –Le dijo, consiguiendo sellar su mirada con la suya propia. -Y toda la sexta división junto con la onceava se encuentran ya en el Rukongai. –Le explicó, los ojos de ella y de Ichigo comenzaron a brillar al entender aquél suceso. –Ése niño será llevado ante mí. Es mi sobrino, y siendo tú su madre es por tanto un Kuchiki. Si así desean ambos que lo sea.
Afonía.
Ichigo quería decir muchas cosas, pero no hallaba por dónde comenzar, lo mismo parecía ocurrirle a Rukia, cuyas manos habían vuelto a abrirse ante tal posibilidad.
Byakuya la soltó para poder dirigirse a ambos chicos al hablar.
-Él ya tiene familia en ambos mundos y es amado igual que tú. Dada tu condición no puedes ir a la Sociedad de Almas, ninguno de los dos puede hacerlo. Sino hasta que hayan pasado dos décadas enteras. Hasta ese entonces, pueden decidir cómo y quién desean que se haga cargo de su hijo.
-Nii sama yo…
Byakuya la silenció con la pura mirada, había una plegaria en sus orbes grises.
-Esta vez soy yo quien pide su bendición. Para criar a ese niño, como si fuera el mío. No le negaré las raíces de su existencia. Tú seguirás siendo su madre –le dijo y luego miró a Ichigo -y tú su padre. Sólo estaré allí como su padrino.
¿Realmente podían negarle aquello? Se cuestionó Renji con sarcasmo. Sabía cuál sería la respuesta de ambos padres. Pero aún así entendía que aquello era lo más noble. Byakuya volvió a mirar de lleno a su hermana, la misma plegaria brillando en sus ojos.
-Y te prometo Rukia. Ningún daño le ocurrirá mientras esté bajo mi protección.
En cuestión de segundos, los ojos de Rukia se llenaron de lágrimas, el rostro se le contrajo en un puchero. Y después soltó el fuerte llanto, se lanzó al pecho de su hermano, dejándose abrazar por éste y lloró y lloró con fuerza.
Tenía un sabor agridulce todo aquello. Notó Renji, descubriéndose llorando igual que su amiga y su antiguo rival.
Con tiempo, se dijo, con tiempo y amor, aquella herida sin duda sanaría.
Eran shinigamis, después de todo.
…
Renji hizo el konzo.
El alma del infante se dirigió a la Sociedad de Almas. Y las puertas del senkaimón se abrieron para que Renji se integrara a la búsqueda.
Byakuya se quedó al consuelo de su hermana. Esperando por aquél momento.
…
-¡Lo encontramos! –Exclamó uno de los shinigamis del escuadrón seis.
El resto le rodeó de inmediato.
Sano y salvo. La noticia llegó a oídos de Byakuya, quien a su vez se lo informó a los padres del niño.
Alivio fue lo que sintieron ambos. La búsqueda no había durado tanto.
…
Todos en este mundo, tenemos los segundos contados…
…
Era Tanabata cuando la familia Kurosaki se había dirigido al río cerca del templo; para dejar su vela en su pequeño barquito. Su luz para el miembro perdido, pero a la vez encontrado, de la familia.
Aquella noche calurosa, era fresca a su manera. Montones de gente se acomodaban por la orilla de todo el río.
Rukia, tras dejar ir su pequeño bote de luz, regresó con el resto de su familia, la más grande le rodeó por los hombros en gesto de apoyo y consolador.
-Volverán a verlo Rukia chan. –Le animó Yuzu, sonriendo con tristeza y tomándola de la mano.
-Cuando sea tiempo, sé que lo veremos. –Asintió ella, mirando el camino de luces navegando en las aguas.
-Las almas del Sereitei envejecen más lento además. –Le recordó Isshin con seguridad, palmeando el hombro de su hijo y dejando su mano ahí. Para él no habían perdido nada todavía, simplemente tendrían que esperar.
Ichigo entendió lo que su padre quería decir.
- Tenemos suficiente tiempo para estar ahí para él.
Dos décadas era bastante tiempo, pero siendo shinigamis, era apenas un parpadeo. Sin duda, lograrían volver, mucho antes de que su pequeño dejara de serlo.
-Lo sé. –Asintió Rukia. A sabiendas de que el niño estaba en buenas manos. –Lo sé.
Pero no podía evitar, seguir derramando lágrimas en ciertos momentos. Algunas heridas, siempre serían agridulces.
…
Todos en este mundo tenemos los segundos contados…
…
Byakuya descansaba en el pasillo, mirando los árboles teñidos de verde. El aire era seco y en sus manos sostenía un pequeño abanico blanco. Iba descanzo, y su yukata estaba suelta. Muchas cosas habían cambiado con el tiempo, se dijo. Mientras admiraba aquella tarde con el bebé de su hermana durmiendo tranquilo bajo su cuidado, en su compañía.
El hombre le echaba aire tenuemente. Mientras la tarde descendía.
Cumpliría su promesa. Aquél niño sería el heredo del clan Kuchiki, pero Byakuya se aseguraría de que aún con todo lo que el apellido implicaba, consiguiera ser feliz por encima de todo.
Incluso mucho después de que sus padres volviesen a reunirse con él.
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A/N: Originalmente, siempre fue éste el final. Pero el capitulo anterior era ya tan largo y no estaba muy segura de si dejarlo así, que al final opté por dejar la resolución en otra especie de one shot. Es un final agridulce sí, porque es triste y a la vez reconfortante. Byakuya cuidará a su sobrino como suyo, y el clan Kuchiki tendrá un heredero. Pero bueno, Ichigo y Rukia tendrán que esperar a la siguiente vida para poder conocerlo... snif...
Te recuerdo que abajo está la sección de Review xD
