Bien, estoy segura de que nadie se esperaba que volviera con otro capítulo para esta historia. (Yo misma no me lo esperaba) Pero como ya antes lo he mencionado, mi inspiración es música en gran parte y después de oír por accidente canciones de Rihanna en caja musical para bebé (salió la lista en spotify, it wasn't really my fault), particularmente la de love the way you lie pt 2, no pude dejar de visualizar éstas escenas y decidí que debía darle un mejor cierre a la historia de nuestra pareja favorita, simplemente porque se lo merecen.
DISCLAIMER: Bleach es de Tite Kubo.
"Parte I Longiness."
Kurosaki Ichigo salió del elevador a paso acelerado pero peresozo. Caminó sin detenerse y sin mirar de verdad lo que le pasaba por enfrente. Después de apenas un par de minutos llegó a su destino, la habitación de descanso para el personal del hospital. Cerró tan pronto entró tumbándose de inmediato sobre la cama baja de la primer litera.
Llevaba treinta y seis horas exactas sin dormir y estaba exhausto.
Ser interno residente era horrible.
Por fortuna, ése había sido el último día, de la última semana, que pasaría siendo interno de cirugía en aquél hospital universitario. Había pasado su examen después de todo y su licencia médica ya estaba en trámite.
No iba a mentir. Si bien estaba exhausto, le gustaba lo que hacía. Ser interno de cirugía había sido una de las mejores decisiones que había podido tomar. Salvo que interfería demasiado con su vida social (en realidad no tenía ninguna), sus relaciones personales (particularmente con Rukia) y con su deber como shinigami sustituto (aunque había muchos listos para tomar su lugar cuando él no podía).
Mientras descansaba los ojos, dado que no podía conciliar un verdadero estado de sueño, reflexionaba sobre todas estas cosas. Lo cierto, era que no se sentía aliviado. ¿Por qué había querido ser doctor? Él quería proteger a la gente pero no estaba seguro de que ése fuese el mejor camino. Si era honesto consigo mismo, a pesar de lo mucho que disfrutaba de ser médico, su alma anhelaba vivir alimentada de vértigo y adrenalina. Decirlo de otra manera sería que si estuviese en el Sereitei jamás habría elegido la división 4, y sin embargo aquí estaba.
Ichigo inspiró con fuerza y soltó el aire de igual forma. Estaba contrito y deprimido y sabía muy bien porqué.
Aún después de casi cinco años seguía deprimido por la pérdida de su hijo.
Si bien, había representado una ventaja en el sentido de que ambos habían podido retomar sus estudios y graduarse para sus respectivas profesiones, Ichigo estaba consciente de que les había servido más para alejarse de la realidad que habían sufrido. Sabiendo que no podía continuar así por siempre, se preguntó si era todo solo su culpa. Había intentado apoyar a Rukia, lo había hecho. Y ella había intentando estar ahí para él también. Pero se habían alejado el uno del otro con la excusa de la escuela y luego del trabajo.
...
Siete horas después Ichigo salía de la ducha. Caminando hacia los vestidores se preparó para volver a casa. Era extraño cómo el final de ése camino le estaba acabando de abrir los ojos.
No quería ser médico.
Había tantas otras formas de proteger...
Mientras llenaba la mochila, al fondo del casillero, dos pequeños objetos llamaron su atención al chocar con éstos hasta exponerlos. Ichigo se quedó inmóvil un instante, hasta que su mano tomó aquellos dos objetos. Se los quedó mirando con nostalgia y pesar en sus orbes ambarinas.
Era un par de zapatos rojos para bebé. Más específicamente para una beba.
"¿Crees que el siguiente que tengamos será una niña?"
"Pudiera ser"
Escuchó los ecos de aquél recuerdo, mientras dejaba caer la mochila sobre el banquillo para tomas los zapatitos, uno en cada mano, mirándolos a detalle. Observando las pequeñas florecillas adornando las correas. Pasando sus dedos por la superficie de charol.
"Éstos sin duda se le verían hermosos"
Habían estado paseando en el centro de la ciudad. Tenían planes de ir a la torre de Tokyo a cenar en uno de sus restaurantes; como todavía era temprano, habían decidido pasear la vista en las tiendas. Rukia se había detenido de golpe, en cuanto la imagen de aquellos zapatos le hubieron llamaron la atención por el rabillo del ojo. Tomándolos al instante.
Ichigo se había detenido a su lado. A pesar de que aquél acto debió de haberlo puesto en alerta, su situación era la misma que Rukia. A veces se dejaba envolver por una efusiva añoranza y todos los recuerdos tristes desaparecían. Como si nunca hubiesen existido.
"Aunque no podrías ponérselos sino hasta que empezara a caminar."
La morena hizo una mueca.
"Ya lo sé bobo"
Y al siguiente instante volvió a sonreír, admirando de nuevo los papos.
Ichigo la miró a detalle. Si bien, él era más propenso a deprimirse, en cuestiones de Rukia siempre se sobreponía antes que ella. Ella era su mundo. Y quería superar aquél dolor con ella. El miedo de cometer un error casi lo hace desistir de las palabras que soltó entonces.
"Podemos comprarlos si quieres."
Y así de fácil el hechizo se deshizo.
"No. No importa." Balbuceó ella, volviendo a dejar los zapatos en el aparador para darse la vuelta con prisa y seguir caminando.
Él sabía que no debía presionarla. Él sabía que debía presionarla. Los dos eran argumentos válidos y ciertos, y cuál era el correcto dependía de lo que él terminara deseando para sí mismo también.
Sentado en el banquillo de los vestidores, y tras la aceptación de que ya había tenido suficiente; Ichigo entendió porqué había sido que había regresado a la tienda al día siguiente. Entrado en ésta a escasos minutos de empezar su turno en el hospital.
Él quería volver a intentarlo.
Incluso con los riesgos que conllevaba, estaba dispuesto a dejar todo lo referente a su vida humana y mantenerse segundo tras segundo al pendiente de ese nuevo futuro.
Él había querido tanto ser padre, que tras haber perdido a su bebé, sólo había aumentado aquél deseo.
Por eso había vuelto allí, a escondidas de Rukia, y había pedido aquél par de zapatos rojos.
"Son para su hija señor?" preguntó la dependienta, una mujer aparentemente en sus cuarenta.
Ichigo bufó antes de contestar.
"Mi hija no nata"
"¡Oh! ¡Pero qué emoción!" Sin embargo, aquella mujer no sabía lo que él realmente había querido decir, malinterpretando desde luego su situación había saltado emocionada. Ël había querido corregirla, pero se había quedado de pronto sin voz. "Aunque puede resultar muy pronto para comprar zapatos, muchos padres consideran que es una forma de ahorrar por adelantado. Juntan todo lo necesario para no tener que verse en apuros después. Lo felicito señor."
"Sí, muchas gracias." Había contestado, sonriendo de verdad envuelto en aquella fantasía.
Hasta que había llegado al hospital y había sido incapaz de hacer nada con ellos. Al final los había aventado al fondo de aquél casillero, acumulando polvo durante dos años.
Ichigo suspiró con pesadez. Cogió ambos zapatitos en una mano y sacó el celular con la otra, llevándoselo a la oreja tan pronto marcó.
-Hey ojaji... vamos a regresar.
Quizá ahora tendría el valor de decirle a Rukia, que quería intentarlo una vez más.
...
Kurosaki Rukia siempre había sido una mujer realista pero soñadora. Que sabía cómo divertirse al mismo tiempo que ser dedicada a su trabajo. Era una excelente ama de casa y tenía un exquisito sazón para la comida tradicional japonesa. Cumplía todos los requisitos de una doncella perteneciente a la nobleza. Y había sido una poderosa guerrera.
Sin embargo, tras perder sus poderes y quedarse atrapada con un dispositivo letal en el interior de su alma, se había hallado así misma siendo humana, o en otras palabras débil y fágil. Había sido muy difícil en principio decidir qué camino seguir en esta nueva vida, ¿qué quería hacer cuando fuera adulta además de fastidiar a Ichigo?
Pudo haber sido muchas cosas, era muy inteligente y decidida. Pero amaba la elegancia y sentía pasión por las artes. Así que había decidido hacer una licenciatura justamente en ellas. En un principio había optado por el teatro, pero había desistido porque consideraba que ya había suficiente drama en su vida. Al final había decidido especializarse en reconstrucción de piezas de arte, principalmente cuadros.
Había querido pintar, pero era una pésima dibujante.
Hasta que perdió a su bebé.
Rukia suspiró, admirando la pieza que había terminado, todavía con pincel en mano, buscó algún defecto en ella. No hallando ninguno sonrió satisfecha y se deshizo del moño que ataba su cabello, dejándolo caer en ondas sobre sus hombros, el pincel atorado sobre su oreja derecha.
Es curioso cómo la mayoría de las cosas que hacemos, por no decir todas, se ven influenciadas por lo que sentimos.
Rukia había estado buscando la perfección y al no encontrarla había desistido. Pero tras la depresión que dejó la partida de su amado infante, se había hallado a sí misma en medio de un desastre de pintura; plasmando sentimiento tras sentimiento sobre el lienzo sin poder detenerse hasta haberse desahogado por completo. Sobra decir que aquellos pinceles habían terminado inservibles.
La siguiente vez que aquello ocurrió no fue un acto tan arrebatador como el primero, pero sí igual de emotivo.
Rukia dibujaba familias.
Y era toda una artista. Su técnica se asemejaba mucho a la de Claude Monet, pero tenían su propia firma personal. El sentimiento que brillaba en las pinturas de Rukia era la tristeza. Una devastadora tristeza que te conmovía desde el momento en que fijabas la vista en ellas. Mujeres de rostros difusos en distintos paisajes rodeadas de niños. Hombres de igual rostro indistinguible acompañando a sus mujeres, jugando con sus hijos. Y los colores eran fuertes y vivos. Los paisajes eran aún arrebatadores. Rukia había pintado las colinas de Inuzuri y logrado plasmar el aire triste de aquella zona.
No fue de extrañar que uno de sus profesores le consiguiera una exposición en una galería. Y mucho menos el que se convirtiera en una pintora en ascenso.
-Auh!
Rukia se llevó los dedos a la boca, se había quemado por accidente al haber tomado la taza de café estando distraída, parte del líquido le había caído encima. Maldijo por lo bajo, dejando la taza sobre el restirador. Aquél pequeño estudio había sido un regalo de Ichigo. Rukia sabía que él estaba intentando detenerse a su ritmo, no quería superar aquello sin ella.
El celular sonó entonces y ella contestó de inmediato.
-Hola
-Vamos a regresar hoy a Karakura
Por un instante, se quedó perpleja ante aquella declaración, pero se obligó a componerse.
-¿Por qué tan de repente?
-Ya le hablé a papá y Yuzu y Karin estarán esperándonos también.
-Ichigo!- Trató de interrumpirle.
-No, Rukia. -Pero la fuerza en la voz de él, le previno de refutar nada. -Ya hemos esperado mucho para volver.
Rukia entró en pánico, paseó la vista por la habitación, intentando dar con algo que le ayudara a hacerlo desistir.
-¿Y qué hay de tu examen?
Ella le escuchó suspirar a través de la bocina, sonaba cansado más que irritado.
-No voy a aplicarlo.
-¿Qué?!
-Espero que estés lista en cuanto llegue.
-Ichigo- Se quedó muda de golpe al escuchar el tono muerto de la línea. Le había colgado la llamada. La morena suspiró frustrada. -Idiota.
Entendía muy bien porqué su querido esposo estaba haciendo aquello. Lo entendía. Pero era taaaan injusto. Al menos para ella.
Estaba consciente de que le había dado espacio para sanar, y también de que él había necesitado alejarse de igual forma para sanarse a sí mismo. También entendía que no podía seguir escondiéndose en un falso duelo. Y no porque no lo hubiese sufrido en realidad, sino porque después de aquella pérdida el problema era otro.
Teniendo eso en mente, salió del estudio y se dirigió al baño. Tomó el paquete que descansaba en el mueble del lavabo y lo abrió con parsimonia. Era una prueba de embarazo.
Suspiró nerviosa, como ya muchas veces, repetidas veces, había hecho durante los últimos cinco años. La razón del verdadero problema.
Sentía que mientras el Hogyoku siguiese igual de fuerte y definido en el interior de su alma, no se le permitiría concebir. Así que cada que se retrasaba su periodo, a pesar de haber sido cuidadosa durante el sexo, saltaba primero ilusionada, apenas por espacio de un segundo. Al segundo siguiente sentía miedo de estar realmente embarazada. A espaldas de Ichigo compraba las pruebas de embarazo, mismas que siempre habían salido negativas, para su dicha o desfortuna. Porque pensaba una y otra vez, que no podía concebir, que no debía concebir, no con el Hogyoku vibrando fuerte en su interior; pues el resultado sería el mismo que con su primer embarazo. Y sin embargo, cuando veía el resultado negativo de la prueba sentía un terrible abandono. Maldecía internamente aquél resultado, llenándose la cabeza de todo tipo de pensamientos estúpidos, banales y negativos sobre sí misma hasta sentirse incapaz de volver a procrear. Prácticamente infértil. Luego tomaba el pincel y se perdía semanas en un nuevo cuadro...
Había acumulado toda una exposición de sueños y castillos en el aire. Todos plasmados en lienzos. Y para evitar dejarse caer, volvía a pensar en que era mejor así. La maternidad ya era pedir demasiado considerando todo lo que había obtenido... Renji, su Niisama, Ichigo y su familia, su vida como humana, sus amigos en dicha vida... Tenía tanto porqué estar agradecida... Y tanto porqué lamentarse...
Rukia respiró hondamente, cinco minutos después de haberse hecho la prueba, levantó el palillo y miró el resultado e igual que tantas otras veces, no sintió lo que en un principio había sentido...
...
Tras haberse limpiado las lágrimas, había hecho como su adorado esposo le había dicho. A sabiendas de que debía volver a donde todo inició. Para cuando Ichigo llegó por ella, ya no había ni un rastro de la prueba de embarazo.
"Parte II Otoño."
Yuzu siempre había sido una jovencita llena de esperanza, incluso cuando la situación se veía que iba para peor, incluso cuando ella misma corría alarmada hacia su hermana Karin; siempre, siempre había mantenido la fe de que todo mejora en algún punto.
Y esa esperanza había sobrevivido durante los últimos cinco años. Así que era de esperarse el que se emocionara al mismo nivel (e incluso más) que su padre, Lo cual, ya era decir demasiado, al escuchar que su hermano y su cuñada volverían a Karakura para asentarse al fin como familia.
-¿Lo dices enserio papá? ¿Volverán a vivir aquí en Karakura?
Isshin asintió sonriendo de oreja a oreja.
-El mismo Ichigo me lo dijo por teléfono.
-¡Ah! ¡Esto es fantástico! -Exclamó aún más emocionada. -Tenemos que preparar un banquete de bienvenida cuanto antes.
Karin rodó los ojos, anticipando lo que venía a continuación.
-Ya había pensado en eso mi querida Yuzu y tengo todo listo para decorar la casa -justo como lo predijo, su padre se dedico a sacar un montón de objetos de distintas cajas -confetti, serpentinas, globos, diamantinas, nombra lo que quieras y lo tendré a tu dispocisión.
Los ojos de Yuzu brillaban llenos de estrellas. Su gemela puso los ojos en blanco..
-Mejor que no te emociones tanto Yuzu, no es como vayan a tener otro bebé.
La aludida se contuvo un poco, pero no estaba dispuesta a dejar ir ese pequeño atisbo de esperanza.
-Pero es un paso, un paso de bebé si quieres, pero un paso al fin.
Isshin no podría haber estado más de acuerdo.
-Así es hija mía, debemos mostrales nuestro apoyo para que comiencen a correr en seguida.
-Tus metáforas se han ido deteriorando con los años. -Señaló Karin con fastidio. -Te ayudaré con la cena, pero será todo. No quiero ofender a Ichinii y en especial a Rukia nee
Yuzu sonrió comprensiva. Con los años, había aprendido a no inmiscuirse demasiado (sin importar lo divertido que le resultase) en asuntos ajenos; principalmente en los que tenían gran significado en la vida de su hermano.
-Descuida Karin chan, lo mantendremos bajo control.
Pero también era cierto, se dio cuenta Karin, de a que veces necesitamos gente entrometida para salir de la negación en la que nos encontramos. Mientras comenzaban a preparar todo para recibir a su hermano y a su cuñada, Karin recordaba con nítida claridad el día en que se había entrometido en los asuntos de pareja de su hermano. Había pasado un año, pero todavía lo recordaba como si hubiesen pasado apenas un par de días; cuando la fría brisa del otoño se había colado por las ventanas, avisando del fin del verano. Un año más de aquél fatídico accidente.
...
Estaban lavando los trastes en el departamento de Ichigo y Rukia tras haber disfrutado de la cena de acción de gracias instantes atrás. Como no ninguno de los dos había participado en la elaboración de la comida, Karin e Ichigo tuvieron que encargarse de hacer la limpieza. Habían estado hablando sobre cosas sin importancia, hasta que la morena había reunido en el suficiente valor para meterse en lo que no debería importarle.
"No has hablado con ella."
Ichigo gruñó en respuesta, entendiendo por los anteriores comentarios a lo que ella estaba haciendo alusión.
"No asumas cosas Karin, lo he hecho. No estamos listos." -Le dijo.
"Querrás decir Rukia nee no está lista."
Ichigo soltó el plato y la esponja con la que había estado tallándolo con brusquedad, irguiéndose de golpe.
"Es más complicado de lo que crees Karin, te agradecería que no te entrometieras. No quiero tener que pelear también contigo."
Se miraron a los ojos un instante. Ella pudo darse cuenta de que él no mentía en la cuestión de pelear contra ella. Tragó seco antes de continuar.
"La he visto. La he observado. Ella quiere volver a intentarlo. Incluso la enfrenté al respecto."
"¿Que hiciste qué?"
Ichigo casi se escandalizó.
"Descuida. No lo tomó tan mal." karin levantó las manos frente a ella intentando que él se calmase. "Sólo... no lo sé. No parece que sea porque no esté lista o porque no sea el momento adecuado. Sino más bien, se veía... insegura."
Ichigo exhaló el aire con fuerza. Abrió la llave del fregador y se enjuagó las manos.
"De cualquier manera no hemos concebido así es que no importa."
"Pero es porque se cuidan." -Inquirió ella.
"No exactamente" Negó con irritación. Se secó las manos y acto seguido se revolvió la melena con la mano derecha."A veces es toda una paranoia de no deber concebir todavía y ser exageradamente cuidadosos. Y otras veces... es bastante irracional." Confesó, recordando los deslices que tenía con su esposa. "Pero no habla conmigo de esas cosas, así es que, realmente no sé..."
Karin lo observó a detalle. El brillo vacilante de su mirada, cómo evitaba mirarle a los ojos y la suave tensión en las facciones de su rostro y sus hombros.
"Tú también tienes dudas" -concluyó.
"Quiero ser padre. Quiero serlo. ¿Ok?" Le dijo, sonando algo desesperado. "Es sólo que... con el futuro que estoy intentando conseguir, siendo médico, ¿dónde encaja todo esto? ¿Cómo puedo estar con ella estando tan ocupado?"
Entonces era algo más que el hecho de perder otra vez, descubrió Karin. Notó que tanto Ichigo como Rukia habían intentado tanto seguir adelante, que habían dejado que sus vidas les absorbieran igual que al resto de las familias mundanas que intentan construir un futuro, antes de actualmente vivirlo.
Karin puso su mano encima de la de su hermano.
"Si sigues esperando por el momento correcto... te vas a hacer viejo."
Incluso ahora se preguntaba cómo era que habían pasado a ser una pareja tan formal y corriente tras todo lo que habían sido antes, héroes de guerra. Y se preguntó si el problema no sería realmente ése.
Parecía como si estuviesen insatisfechos de repente con la vida que habían elegido.
-Espero que realmente esto sea para mejorar. -Le dijo a nadie en particular, observando la mesa puesta, lista para recibir a sus comensales.
Justo entonces el timbre de la entrada sonó, los tres Kurosakis se dirigieron a ésta y exclamaron sonrientes, tomando por sorpresa a los recién llegados.
-Okaerinasai!
Ichigo y Rukia compartieron una mirada antes de responder.
-Tadaima.
"Parte III Vida."
Una semana habían transcurrido desde que Ichigo y Rukia volvieran a Karakura. Nada fuera de lo normal había ocurrido hasta entonces. Ambos habían contemplado el traslado, de momento, como unas vacaciones, o más bien como un descanso. Ichigo había sido claro en que de momento no planeaba tomar el examen de la especialización y que prefería comenzar a trabajar en la clínica, apoyando a su padre. Por su parte Rukia, estaba al pendiente de la venta de sus cuadros en la galería en que se exhibían en Tokyo, pero no había pintado desde que habían vuelto.
El martes por la mañana, cuando todos habían terminado de desayunar, Yuzu se acercó a Rukia y le tendió un sobre. La morena lo miró con curiosidad antes de tomarlo.
-¿Y esto?
-Lleva meses aquí. Lo manda tu hermano Kuchiki Byakuya.
Los ojos amatistas de ella se abrieron con perplejidad y se apresuró a abrir el sobre.
-¿Por qué no nos lo hicieron llegar antes?
Yuzu sonrió contrita.
-Cuando Ururu vino a traerlo, nos dijo que no podíamos arriesgarnos a que se perdiera en el correo y dado que ni Karin chan ni yo residimos aquí, más que en vacaciones y papá está ocupado con la clínica; no podíamos ir hasta Tokyo a entregarlo.
Las mejillas se le tiñeron de rojo a Rukia, entendía perfectamente la implicación que iba en las palabras de su cuñada y sabía que no podía reclamarle nada.
-Ichinii sabía la existencia del sobre. -Intervino Karin -Y antes de que te enojes con él Rukia nee, debo recordarte que él te pidió venir, fuiste tú quien se negó.
Ichigo intentó reprenderle.
-Karin.
Pero Rukia lo detuvo en el acto.
-Tiene razón Ichigo. -Le dijo, sintiéndose culpable de haber sido tan egoísta. -Por lo que entiendo se suponía debía de ser una sorpresa.
-Un regalo en realidad. -Le dijo Isshin, aquélla sonrisa en sus labios era una clara señal de que aquél paquete era algo para tomarse con seriedad. -Ábrelo de una vez.
La aludida terminó de abrir el sobre y lo volteó para dejar caer los contenidos en su mano. Al instante varias fotografías se dispersaron por la superficie de la mesa.
-Esto es... -El corazón de ambos chicos se detuvo un segundo.
Tanto Ichigo como Rukia tomaron con prisa aquellas fotos. Las cuales enmarcaban a un bebé regordete de cabellos azabache y ojos miel con chispas verde pasto en las irises. Una a una las fueron observando y las gemelas se unieron a aquella admiración, recibiendo y pasando las fotos entre todos. Rukia apenas y pudo controlar las lágrimas, lo mismo que Ichigo.
Sin embargo, la sonrisa en el patriarca de la familia y su serenidad ante un tema que normalmente lo tendría saltando de un lado a otro, acabó por delatarlo.
-Lo sabías. -Concluyó el pelinaranjo.
La sonrisa del hombre se hizo más ancha.
-No en vano soy tu padre. -Le recordó. -Byakuya quería hacerles saber que su hijo está en buenas manos.
Desde el pequeño tamañito que tenía cuando Rukia le dio a luz, hasta la carita regordeta de un bebé a medio sentar; era una especie de línea del tiempo del desarrollo de su precioso hijo. Ichigo hizo los cálculos en su mente y supo que Rukia hacía lo mismo. Dado que no había ni una sola foto donde el pequeño estuviese de pie, ambos concluyeron que en equivalencia, debería de tener entre 8 y diez meses humanos.
-Hay una carta para ti onechan.
Rukia tomó la carta, pero se abstuvo de leerla. De momento sólo podía ver la imagen de su bebé sonriéndole a través de todas aquellas fotografías. Sintió a Ichigo rodearle por los hombros, y compartieron una mirada sonriendo con los ojos.
Era un pequeño bálsamo a una cicatriz que por fin estaba sanando. Porque por fin, se estaban dando el tiempo de atenderla.
...
Horas más tarde, Rukia había salido de la regadera y se preparaba para salir, mientras era ahora el turno de Ichigo de tomar un baño. Había un festival de la cosecha en las afueras de Karakura al que todos asistirían. Hurgó entre sus maletas en busca de la yukata que había guardado para esa ocasión en especial. Estaba hasta el fondo de la maleta negra que pertenecía a Ichigo. Sin embargo sus dedos se toparon con otro tipo de objetos que le cortaron la respiración de golpe.
-Rukia, ¿empacaste mi yukata?
Justo entonces, Ichigo entró en la habitación, con sólo los boxers puestos y una toalla alrededor del cuello. El hombre se detuvo al instante en que notó la perturbación en el reiatsu de su compañera y sólo entonces la miró a detalle. Rukia estaba sentada en la cama de espaldas a él. Pero dada su altura era capaz de ver lo que ella sostenía en las manos.
Tragó en seco.
-¿Qué son éstos? -cuestionó ella con voz baja.
-Un par de zapatos de charol, rojos.
-Sé lo que son -gruñó ante el descaro de él.
-¿Entonces porqué preguntas? -cuestionó, queriendo permanecer neutral.
-¡Ichigo!
-Rukia! -pero fallando terriblemente ante el conjunto de emociones que bullían en el interior de su compañera. Rukia al fin le miraba de frente e Ichigo pensó, que ya no podía seguir dándole vueltas. Esta vez él también quería ser egoísta. -Quiero volver a intentarlo Rukia. Pero de verdad intentarlo, no sólo dejarlo en manos de la suerte.
-Sabes que no podemos hacer eso Ichigo. -Refutó ella al instante, ignorando la molestia que se reflejó en el semblante de él. -Los dos hemos visto durante estos últimos años que mientras más decadente se vuelve el Hogyoku más inestable se pone. -Le recordó, Ichigo apretó las manos. -¿Tienes idea de lo difícil que es tratar por todos los medios de no desear algo que termine activándolo?
-Estoy consciente de eso Rukia, pero nunca lo has usado para ti, ¿por qué tienes miedo de caer esta vez? -Intentó provocarla, sintiéndose al límite de su paciencia.
-Porque lo deseo Ichigo. Y estoy aterrada de que termine convirtiéndolo en otra cosa.
-No sucederá.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-¡Porque lo estoy!
Mutismo.
Por un instante ella no supo qué contestar. Habían sido nakamas por tanto tiempo y se conocían y amaban tan bien que no podía traicionar aquél lazo. Y aún así, no podía reunir el valor de dar el paso.
-Sólo un año más -suplicó.
Pero sólo consiguió irritarlo más.
-Hemos esperado ya demasiado Rukia
-Quizá no el suficiente.
-¿Por qué estás siendo imposible? -Reclamó él subiendo la voz una octava. Estaba frustrado de no conseguir que ella caminara por el mismo camino que ella. Particularmente en ese momento estaba siendo mucho más evasiva, incluso más que el primer año que tuvieron que sobreponerse a la pérdida. Lo cual no tenía sentido si consideraba que el ver las fotos de su pequeño debería de haber sido una señal de esperanza. Y tras un instante de chocar la mirada con ella, otra realización brilló por delante de sus ojos. -Espera un segundo... -Murmuró. -Estás escondiendo algo.
-No seas ridículo. -Contestó al instante, cruzándose de brazos intentando sonar molesta.
Para alguien más habría pasado desapercibido el temblor que recorrió el cuerpo de la morena ante la acusación, pero no para Ichigo.
-¿Por qué otra razón estarías tratando con tanta insistencia de convencerme?
Y otra realización, aún más grande y reveladora que la anterior brilló con mucha más intensidad por delante de sí mismo. Rukia leyó la sospecha a través de las orbes ambarinas de su compañero.
"A menos que hayas concebido otra vez."
Por eso no pudo evitar soltar las palabras que dijo al instante
-Aléjate de mí -mientras retrocedía alejándose del pelinaranja.
Alarmada y tambaleante, él había conseguido alcanzarla sin mucho esfuerzo. Tomándola de la muñeca izquierda para atraerla hacia sí mismo y poder poner su mano libre de vuelta al vientre de su compañera.
Tan pronto sintió aquél reishi su corazón brincó y se oprimió al mismo tiempo.
-¡Rukia!
La aludida cerró los ojos temerosa, negándose a mirarlo. Su esposo se dedicó a seguir analizando todo lo que aquello conllevaba, ¿qué había estado intentando hacer Rukia? ¿Abortarlo? No, ella sería incapaz...! Y antes de que pudiera seguir discutiendo consigo mismo, notó una peculiaridad en aquella energía.
-¿Por qué está intermitente?
Silencio.
El corazón le tembló en miedo.
-Rukia...! -Le suplicó le contestara.
Tras un segundo más, ella al fin susurró.
-Es sólo un huevo -Y al sentir la confusión en el reiatsu de él, declaró con más fuerza. -¡Es sólo un huevo! Y está anclado donde no debería estarlo. -Explicó.
Ichigo de nuevo, sumó dos más dos.
-Consultaste a mi padre sobre esto.
Ella desvió la mirada de nuevo.
-Dos días después de qué llegamos
El agarre de él en ella se hizo más fuerte
-¿Qué dijo? -exigió saber apretando los dientes, respirando con dificultad.
Los ojos de Rukia se llenaron de lágrimas.
-Está en la entrada de una trompa, puede que baje y se ancle donde debe... o puede que termine desprendiéndose. -Las manos del muchacho se fueron resbalando de ella al ir perdiendo poco a poco su fuerza, ante aquella revelación. -Puede crecer donde está y de algún modo estar bien los dos o... o puede lastimarme severamente hasta que sea necesario extirparlo.
Afonía.
Por un instante Ichigo no pudo articular palabra. La misma tormenta que agobiaba a Rukia le estaba invadiendo. Su mente atando todos los cabos sueltos de aquella situación. Dedujo que quizá en principio ella no había querido decirle nada hasta estar segura y que, al recibir tan penoso diagnóstico, no había querido tener que ilusionarlo por algo que quizá no se volvería una realidad.
¿Pero por qué no se apoyaba en él? Recordó las fotografías de su primer hijo. ¿Por qué no tener esperanza?
-Rukia
Tantas cosas estaban encerradas en aquella mención de su nombre.
-No. Sé lo que vas a decir. -Entendiendo todas y cada una de ellas, Rukia tuvo que cortarle. -Y mi respuesta es no. No voy a pasar por esto otra vez.
Gritar. Correr. Huir. Golpear. Maldecir.
Ichigo levantó las manos, las abrió y cerró con movimientos lentos y pesados para terminar sobre su cabeza jalando las hebras naranjas al tiempo en que se presionaba el cráneo; la boca se abrió y cerró de igual manera, mientras hacía un esfuerzo descomunal por no terminar haciendo todo lo que había pasado por su cabeza ante la presión de dichas emociones.
Rukia se abrazó a sí misma. Entendía la molestia y la frustración de él. Y sabía que al menos de momento, no la presionaría más. Pero tampoco quería llevarlo al límite. Necesitaba dejarlo solo.
-Voy a salir a caminar.
-Sí. -Respondió por lo bajo, apenas un irritado murmullo.
"Parte IV Esperanza."
-Perdón por traspasar pero la puerta estaba abierta.
-¡Urahara! Entra viejo amigo.
Cuando Ichigo por fin había conseguido tranquilizarse, se había hecho tarde para asistir al festival. Al descubrir que Rukia aún no regresaba, se decidió a no ir definitivamente, pues no planeaba ir a ningún lado sin ella. Isshin, al ver el estado inestable de su hijo, mando a las gemelas a que fuesen por su cuenta con el resto de sus amigos; mientras él se quedaba a hacerle compañía a su hermano tan sólo por si acaso la situación ameritaba un intermediario. Las chicas habían aceptado aunque deseaban quedarse a hacer algo. Pero sabían que no podía. Así que por esta vez confiarían en su padre.
Había comenzado a beber tan sólo por seguirle la corriente a su progenitor, al no encontrar modo de negarse. Un par de cervezas encima, el sombrerero hacía su aparición en aquella improvisada reunión. Quien al entrar notó la ausencia de cierta jovencita.
-¿Dónde está Rukia?
-No se sentía bien, así que salió a dar una vuelta -Contestó Ichigo, todavía con algo de molestia.
-Oh -exclamó sacando su abanico -demasiado emocionada por la visita de su hermano supongo.
Isshin chocó su botella de cerveza con la de su compañero.
-Supones bien.
Aquello destanteó por demás al muchacho que se recompuso de golpe, como si comenzara a salir de aquella neblina provocada por el alcohol.
-¿De qué estás hablando? ¿Por qué habría de venir Byakuya?
...
Al mismo tiempo, Rukia se había cansado de caminar sin rumbo fijo. Sus emociones se habían asentado y si bien no estaba del todo recompuesta al menos ya no estaba a punto de quebrarse. Se detuvo al borde del río que años atrás recorriera junto a Ichigo camino hacia la escuela.
Había estado tan distraída todos esos días, que por poco se había olvidado de la realidad que vivía. No podía dejarse emocionar ahora, no. Todo apuntaba a que el final volvería a ser triste y sin embargo, aquellas fotos le habían dado tanta paz...
Justo en ese momento, por el rabillo del ojo, Rukia fue capaz de percibir la figura de alguien acercándose a ella. Giró su rostro hacia la nueva presencia y su ser brincó en sorpresa.
-¡Nii sama...?!
Viendolo de pronto, se había dado cuenta de que no había leído la carta que el mismo le había enviado y por un agonizante segundo se sintió avergonzada.
...
-¿Es que no leíste la carta que mando? -cuestionó Isshin, casi reclamando pero sin elevar la voz.
Ichigo le miró aún más confuso.
-No. Después de ver las fotos, Rukia guardó la carta y no creo que la haya leído. -Su padre y Urahara compartieron una significativa mirada, haciendo que el nerviosismo del joven hombre aumentara -¿Por qué? ¿Qué es tan importante como para saberlo?
Urahara le miró serio pero tranquilo, con aire casi hasta alegre; como si estuviese seguro de lo que diría serían excelentes noticias para el shinigami sustituto.
...
Rukia estaba intentando recomponerse para recibir a su hermano, el sol de la tarde era naranja y proyectaba sombras sobre la acera. Se erguía nerviosa cuando de pronto detectó que había otra figurita moviéndose por delante de su hermano.
Gateando sería más apropiado decirlo.
-¡Ah! -Rukia se llevó ambas manos a la boca y sus ojos se abrieron como platos.
A tan sólo un par de metros de distancia estaba su más grande anhelo dirigiéndose hacia ella. Los ojos se le llenaron de lágrimas.
-Mamoru...!
...
-Kuchiki Byakuya salió con la intención de reunirse con su hermana menor, así que debe de estar ya en este momento con ella. Él creía firmemente que ustedes necesitaban ver el desarrollo de su hijo por sí mismos.
El corazón de Ichigo latió pesado, pero batiendo las alas dispuesto a levantar el suelo.
-¿Quieres decir...?
En sus orbes amarillas un brillo de esperanza y felicidad comenzaba a crecer con prisa.
-Byakuya y el pequeño Mamoru vendrán a
Antes de que pudiera terminar, sin embargo, el chico había salido corriendo de la casa.
-Ororo -exclamó divertido el rubio -parecía que tenía mucha prisa.
Isshin dejó salir una carcajada.
-Hay tanto por celebrar, amigo mío.
...
No importaba dónde se encontrara, Ichigo siempre sabría dónde se encontraba Rukia. Persiguió su listón rojo con impaciencia, corriendo sin detenerse y sin desviar la vista del frente sino hasta dar con ella.
-¡Rukia!
La aludida se giró al instante pero con movimientos relajados y lentos, sin querer exaltar al bebé que cargaba en brazos. Las alas del corazón de Ichigo se extendieron al instante en que cruzó mirada con la pequeña criatura, apreciando también la sonrisa de la madre del mismo. Aquella imagen le revivió cada rincón de su espíritu. Caminando sobre las nubes, se acercó a ambos con el corazón queriéndose salir del pecho.
-Ma... Mamoru.
Tan pronto lo abrazó el nene rió entre los brazos de su padre, palmeándole la cara con sus manitas regordetas.
Se dedicaron a sentir y cuestionar después.
Entre risas y caras graciosas. Miradas llenas de vida y corazones latiendo acelerados; atendieron el festival como una familia, como debieron haberlo hecho tantos años atrás.
Pero al final del día, tanto Byakuya como el pequeño Mamoru debieron volver. Urahara había conseguido crear un gigai que le permitiese estar en el mundo de los vivos, pero dada la inestabilidad de la misma al estar en pleno desarrollo de su fuerza espiritual, no podía contenerlo por más de seis horas sin que sufriese algún tipo de daño. Aquella reunión, por otra parte, no podría repetirse; al menos no mientras siguiese siendo un infante.
Pero estaba bien, se dijeron ambos en silencio; mientras tomados de las manos veían la puerta del Senkaimon cerrarse.
-Ichigo
-¿Hm?
Ambos compartiendo aquella sonrisa agridulce.
-Creo que estoy lista para volver a intentarlo.
Él apretó con más fuerza la mano de ella en la suya propia. Y eso fue todo lo que necesitó para transmitir todo lo que sentía a su compañera.
En algún momento de aquél encuentro, el pequeño Mamoru había palmeado el vientre de Rukia mientras reía con ganas hasta terminar acariciando la piel con su pequeño rostro. Rukia había llorado al instante conmovida y culpable. Incluso su propio hijo tenía más resolución y optimismo que ella misma. Ahí lo había entendido, por esta vez pediría la fuerza del Hogyoku y al usarla para alguien que no era ella, el mismo terminaría disolviéndose.
Ichigo y Rukia se miraron a los ojos, se envolvieron en un abrazo y tras un instante de calor compartido, se besaron los labios.
Por fin estaban caminando hacia el frente.
Epílogo.
Eran apenas las seis de la mañana, cuando unos piecitos comenzaron a andar sobre las puntas, en un intento de no hacer ruido. Se detuvieron frente al banquillo y comenzaron a subir por éste. Una melena rubia fresa se agitó al momento en que la niña levantó la cabeza, sus manos estiradas hacia el tarro de galletas que estaba encima del refrigerador.
Pero sin importar cuánto lo intentara, por centímetros era incapaz de alcanzarlo.
-Eres toda una enana. Se escuchó una voz por detrás de ella.
-Oh cállate Mamoru. -Respondió la niña con molestia.
Tenía alrededor de once años, aunque su estatura la hacía parecer de apenas unos ocho. El camisón de chappy que llevaba puesto no le ayuda tampoco a romper aquella imagen y ni qué decir de sus ganas de robar dulces cuando claramente se lo habían prohibido.
-¿Necesitas una mano? -sonrió de medio lado, aguantando la risa, su hermano.
-¿Qué te hace pensar eso? -gruñó con sarcasmo.
-Aw no lo sé -dijo con ganas de cabrearla un poco -quizá el hecho de que aún con treinta centímetros de ayuda no consigas si quiera rozar el frasco. ¡AH!
Mamoru tuvo que esquivar el servilletero que le había lanzado su hermana.
-¡No es gracioso! -bufó avergonzada con las mejillas arreboladas por el enojo.
Su hermano rió con ganas.
-Está bien, te ayudaré -y al siguiente instante tomó el tarro y lo depositó en las manos de ella.
Hikari y Mamoru se sonrieron el uno al otro. Sin importar el mundo de distancia que estaba entre los dos, ambos se sentían mucho más cercanos que cualquier otra pareja de hermanos. Justo como sus padres lo habían estado alguna vez.
Y sabían que por siempre lo estarían.
A/N: Ahora sí es el final (hopefully!). Si hay algún error descomunal, apreciaría el gesto de que me lo señalaran. Con cariño por favor, que soy algo sensible. Y para los fans de Rebirth, la próxima semana espero por fin terminar la historia, tres capítulos seguidos. A ver si lo logro... Si no, ps ténganme paciencia! xD
xoxo
