Disclaimer: Hetalia no me pertenece, yo sólo soy un poquito cruel con sus personajes y juego con ellos, pero siempre con amor :DDD


-22 diciembre de 2015, Madrid-

España está de los nervios, se ha mordido todas las uñas y ha hecho la maleta a toda prisa, con ayuda de Prusia, que se lo dejaba todo bien colocado dentro mientras el iba lanzándolo como estrellas ninjas. No para de dar vueltas por la casa, cuando Prusia se mueve un poco para abrir otro mantecado da un saltito y grita como una nena, ero al ver que sólo es Prusia suspira aliviado. Prusia está viendo la tele, CSI Miami. Cuando el cadáver sale en la mesa de autopsias, el español tiembla como un flan y se golpea la cabeza contra la pared.

—Tío, ¿quieres hacer el favor de no hacer tanto ruido?

—Voy a morir.

—Hasta la fecha Romanito nunca lo ha hecho, ¿por qué hacerlo ahora?

—Eso es porque hasta la fecha no le había mentido de esta manera.

Prusia alza una ceja.

—No me jodas, llevas años engañándole con esto de la lotería.

—¡Exacto!—chilla histérico golpeándose de nuevo contra la pared.

El germano se levanta y coloca un cojín entre la pared y la cabeza del ibérico que sigue golpeándose con fuerza, le ofrece un Pequibom y España para instantáneamente su tortura, pero sigue sollozando.

—¿Estás mejor, tío?

—No— gime con la boca llena y toda la cara llena de mocos.

Prusia hace una cara de asco.

—¿Quieres algo más?¿Un pañuelo, tal vez?

España asiente y mastica. El albino se da prisa y busca papel higiénico, de hecho, coge dos rollos del cuarto de baño y España se suena los mocos con fuerza, de manera que a algunos les resultaría gracioso, pero a Prusia le asquea.

—¿Necesitas algo más?

—¡No quiero morir, tío!

—Spanien, tío, no vas a morir.

Le da palmaditas cariñosas en la espalda y él sigue llorando a mares.

—¡Me va a matar!

—Es Romanito, tu dulce Romanito, ¿no dices siempre que es muy mono?

Prusia intenta sonreir de manera convincente, pero sabe muy bien que no es cierto y que Romano enfadado da mas miedo que el mismísimo ruso. España deja de llorar un momento y se sorbe los mocos.

—No me jodas, Prusia, te lo diré en una palabra: mafia italiana.

—En realidad eso son dos palabras— murmura rascándose la cabeza.

—¡Que más dará!¡Es un único concepto!—chilla tirándose del pelo y comenzado a hiperventilar.

—Veneciano le parará los pies, tranquilo—más palmaditas de compasión en la espalda.

—¡¿Veneciano?!

España solloza con mucha más fuerza y el germano puede sentir cómo su pobre tímpano se va perforando de manera lenta y dolorosa. El español llora en su pecho y deposita lágrimas y mocos, sobre todo mocos. A Prusia le viene una arcada.

—No me jodas, Spanien. Romano no está tan colgado como para hacerle daño al pequeño Veneciano.

El llanto cesa de manera casi inmediata, en realidad España deja de llorar en el acto y escruta a Prusia con la mirada.

—¿Alguna vez escuchas a tu hermano, tío?

—¡Pues claro que sí!¡¿Porque clase de hermano mayor me tomas?!—dice totalmente indignado.

—Uno sordo, por lo que veo.

Prusia se cruza de brazos y arruga la nariz.

—Resulta que estaban un día en casa de Veneciano. Los dos. Solos.

El albino rueda los ojos y suspira.

—¡Qué novedad!

El español frunce el ceño y carraspea antes de seguir relatando lo que pasó en casa de Italia del Norte aquel día.

—Pues, Veneciano estaba haciendo el almuerzo. Creo que eran macarrones... No, no son lo suficientemente glamurosos para Italia... Mmm, ¿espaguetis?¿Panzerotis?¿Linguinis?

Y el ibérico comienza a recitar una laaaarga lista de pasta, porque Romano tiene un estante de la despensa lleno, en serio, el pobre España va a coger loquesea para picar y una avalancha de paquetes de pasta de kilo y medio (cada paquete) se le viene encima y cuando tiene visita los más curiosos le preguntan si le hace publi a Gallo (1).

—Joder, tío. Lo pillo. Italien y mi bruder solitos cogiendo fuerzas para...—hace un gesto obsceno con los dedos y pone caras de placer mientras emite gemidos.

—El caso es que tu hermanito estaba allí, haciendo nosequé y llamaron a la puerta, e Italia fue a abrir y le dijo: ''Vigílame la pasta, no vaya a ser que se pegue''. Y tu hermano, el pobre dijo que sí, sin problemas. Entonces al pobre de tu hermano le entraron ganas de mear y fue al baño y cuando bajó había humo, y había espuma de esas que sueltan las pastillas de Avecrem por toooda la encimera, ¿y qué hizo?

—Ehmm... ¿Llamar a los bomberos?

—Por desgracia para él no—Prusia alza una ceja, sorprendido—. Total, que tiró toooda la pasta que Venecianito había estado haciendo y cuando este volvió vio a tu hermano más rojo que El Cejas cuando dice que viene a ver a Gibraltar, por cierto, Gibraltar es español, ¿lo sabías? El condenado tiene las cejas de medio metro y tiene un inglés, ¡qué ni la reina!

—¿Letizia?

—No, no. Mi Letizia es un encanto, ¿a que iba guapísima el día de su boda?¿Qué digo? Mi Letizia va guapísima siempre. Me refiero a la vieja que tiene El Cejas. Total, que cuando me acerco por allí y le llevo un plato de jamón serrano, ¡el muy jodío se lo zampa entero!¡Ese es más español que...

—SPANIEN!

El aludido se encoge de hombros y suelta una sonrisita nerviosa.

—¿Por dónde iba?—creo que hasta yo me he perdido, Españita, hijo mío—. ¡Ah, ya! Veneciano, que tenía una botella de vino en las manos, se le cayó de las manos y...

—¡Spanien, tío!¡¿Qué coño pasó?!

—Nada. Tu hermano le pidió perdón y Venecianito le sonrió, con los ojos chinitos que se le ponen que parece que no tiene ojos en la cara.

Prusia suspira enfadado, ¡estas son las cosas que soporta Francia, no él!¡Franciaaaaa!¡¿Dónde estás cuando se te necesita con urgencia?!

—Sí, Spanien. Tienes razón, Italien es una máquina asesina.

—¡Aún no he terminado!—eleva la voz más de lo que quiere elevarla y se sale un gallito ridículo. Prusia suelta un Kesesesesese bajito y España le da una colleja—. ¿Has visto El Padrino?

—Mmm, sí. Es más creo que las tengo todas... Oh, las tenía, desaparecieron hace como dos meses, ¿por qué lo dices?

España alza una ceja y Prusia... Prusia no asientas para que te deje en paz, es España, ¡por el amor de Dios! España niega con la cabeza y su amigo se encoge de hombros.

—Digamos que le hizo un caballo 2.0

—Was?¿Cómo que caballo 2.0?

Se oye un tic-tac de fondo y no es precisamente el reloj de cuco que hizo Alemania para Francia y que Francia le regaló a España porque tenía tantos en casa que ya ni le cabían. Es el cerebro de Prusia, ¡vamos Prusia!¡Ya casi lo tienes! Saca la lengua y frunce más el ceño.

—MEIN GOTT!NEIN!¡NO ES POSIBLE!

¡Lo has recordado!¡Bravo, Prusia!¡Realmente eres tan awesome como dices!

—¡SÍ, TÍO, SÍ!

Prusia está flipando y tiene sus ojillos rojo muuuuy abiertos.

—¡¿UNA CABEZA DE UN MALDITO CABALLO EN LA CAMA?!

—Mmm, ¿recuerdas el peluche de Mister Potato?

El germano asiente, prestando atención.

—Pues tu hermano amaneció en la cama, con botellas de cerveza alemana rotas y Mister Potato tenía la mitad de una de ellas clavada en un ojo y tenía una nota escrita con sangre (salsa de tomate) en la espalda: Vendetta para la mia pasta.

—¡¿EN SERIO?!¡¿VENECIANO HIZO ESO?!

España asiente y Prusia le mira con la boca abierta. Traga saliva y ve como a uno de sus mejores amigos se le empiezan a llenar los ojitos de lágrimas y hace un pucherito. Pero Prusia es más listo que eso y no va a caer, porque Francia se lo ha hecho millones de veces y está acostumbrado. Así que corre a por sus maletas lo más rápido que puede y se dirige a la puerta del apartamento del español, que por cierto está obstaculizando el paso.

—¡Traidor!

—¡Y una mierda, Spanien!¡Yo te quiero, tío!—Dice intentando abrirse el paso.

—¡Y un cojón y medio me quieres!¡Me va a M-A-T-A-R!¡A MATAR, te digo!

España está entre el albino y la puerta con los brazos extendidos en plan de POR AQUÍ NO PASA NADIE.

—Lloraré por ti, y Frankreich también.

—¿Qué será del Bad Touch Trio?¿No te da pena?—pregunta haciendo un pucherito, otra veeeez.

—¡Pues claro que me da pena!Pero podemos buscarte alguien que esté a tu nivel.

Mirada asesina del españooool. De aquí no sales entero, Prusia.

—Tranqui, tío. Te prometo que no sería Portugal, ¿qué tal Mexiko?

España frunce el ceño, y echa aire por la nariz cual toro. Prusia se ríe nerviosito perdido. México que estaba tan feliz preparando sus maletas para ir a Ginebra, ha estornudado. Mal, Prusia, mal, ¿qué diría Hungría si supiera que acabas de tener un pensamiento obsceno con esa morenaza?

—Como os acerquéis a mi niña os corto los huevos.

Si las miradas matasen Prusia ya no estaría vivito cual pajarito, pero aún así el muy granuja mantiene una sonrisa picarona, y eso encabrona a España muuucho más. Tener amigos para esto.

—Eso si vives para contarlo—se mofa.

—Si yo caigo, tú caes conmigo, cabronazo.

Miraditas con musiquita de Western de fondo.

—¿No osarás?— Prusia alza ambas cejas.

Sonrisa sádica de España.

—¡No te atreverás!

Sonrisa sádica de España mientras asiente de manera siniestra con la cabeza.

—¡ATRÁAAAAS!

-22 de diciembre de 2015, Helsinki-

Finlandia está horneando galletitas con forma de hombrecillo sonriente, la cara de Papá Noel, bastones de caramelos, muñecos de nieve, Anna y Elsa, gorritos, regalos, copos de nieve, renos y todas esas cosas navideñas que son super monas. De fondo suenan villancicos que el rubio va tarerando por toda la cocina. Sealand lleva un gorro de Santa Claus y no para de mirar las galletas tostándose dentro del horno, luego fija su mirada en el reloj de Rudolph que cuelga de la pared de la cocina de Finlandia. Sealand muere de hambre y sobre todo de aburrimiento. Finlandia está ocupando cocinando, así que decide no molestarlo. Suecia está trabajando y Finladia le ha dicho que nada de molestarle. Noruega está hablando solo, y además Noruega asusta un poco al pequeño Sealand. Dinamarca está en el jardín cubierto de nieve, está jugando él solo, para captar la atención de Noruega y Sealand, pero el último odia jugar con Dinamarca porque siempre pasa lo mismo: Dinamarca siempre gana, porque él es el rey del norte y blah, blah, blah.

El danés se ríe a carcajadas en el exterior, y se percata de que el niño le está mirando. Levanta el brazo y comienza a moverlo de izquierda a derecha, gritándole al pequeño para salga a jugar con él. Sealand pone los ojos en blanco y aprovechando que Finlandia no está prestándole atención le hace un gesto feo al mayor con el dedo corazón. Dinamarca abre la boca, sorprendido y grita:

—¡Se lo voy a decir a tu padre y te vas a cagar, niñato!

Sealand no solo odia a Dinamarca por su actitud infantil y querer llamar siempre la atención, llegando a eclipsar al niño. Le odia porque osó mentirle al británico diciéndole que Santa Claus era Finlandia, que Santa Claus no existía. El rubio menor fue corriendo hasta a Noruega aquel día y le preguntó, pero su respuesta fue: ''¿Te importa?Estoy manteniendo una conversación mucho más interesante con mi amigo señor Troll''. Sealand se dirigió a Islandia, que le dijo: ''¿No eres mayorcito para creer en estas cosas?'', después de eso Finlandia aclaró que Islandia se refería a que Dinamarca le estaba tomando el pelo. Y es por eso que Sealand admira tanto al islandés.

—Sealand, cariño, ¿por qué no avisas a Islanti para que baje a desayunar?—propone Finlandia, que ve a su pequeño aburrido.

—Yeih!—chilla saltando del taburete y poniendo rumbo al cuarto del adolescente.

—¿Por qué tuvisteis que adoptar a un crío?¿No os podíais conformar con un pez?—dice Noruega dejándose caer sobre la encimera.

—Norja!

—O no sé, tal vez podrías haberlo mandado al Polo Norte. Santa lo aceptaría encantado de la vida como elfo.

—Norja!—vuele a regañarle el rubio, escandalizado.

—Sólo dice la verdad— añade Dinamarca entrando en la cocina, sacudiéndose como un perrito mojado—. Ese crío del demonio, ¡es malvado!

—Tanska!

—Por una vez coincido con Danmarck—señala Noruega.

El finlandés coloca los brazos en forma de jarra y les lanza una mirada severa.

—¡Sólo es un niño!

Pero los dos nórdicos ignoran al chico de los ojos violetas.

—Nooor!¿Ves?¡Estamos hechos el uno para el otro!¡Pensamos igual!¡Tenemos la misma mentalidad asombrosa!—coge algo de perejil que Finlandia tiene para decorar los platos de comida y lo sostiene sobre sus cabezas—.¡Oh!¡Muérdago!¡Vamos, Nor, bésame!¡Un besito para tu querido Rey en el Norte!

—Deja de invadir mi espacio, ¿quieres?

—¡Vamos, Nor!¡Sólo un besito!¡Como regalo de Navidad!

—Quedan tres días para Navidad.

—Pues un regalito adelantado.

No muy lejos de allí, de hecho, en la planta de arriba, en la habitación del final de el pasillo, las persianas están bajadas del todo y se escucha la voz de Celine Dion, oh y también la voz de Islandia, que está sobre la cama, cubierto con mantas y rodeado de envoltorios de chocolatinas, terrinas de helados vacías y clínex usados.

—All by myseeeeeeelf, don't wanna be. All by myseeeeeeeelf.

Islandia llora con amargura, se suena los mocos y sigue cantando. Sealand escucha lo que parece un perro sufriendo y se asusta, de hecho corre escaleras abajo hasta la cocina y abraza las rodillas de Finlandia que acaba de sacar las galletas del horno. Los adultos se sorprenden al ver al crío tan pálido y temblando como un chihuahua.

—Mummyyyyy!

—¡Sealand!¿Qué te pasa, cariño?—Finlandia mamá pata abraza a su patito y le acaricia la espalda para tranquilizarlo.

—Iceland!¡Perro!

—¿Perro?—pregunta Dinamarca rascándose la cabeza.

Noruega pone los ojos en blanco y suspira con pesadez.

—¡Perro!¡Habitación!¡Lloraba!Iceland!Iceland!

—Cielo, no te entiendo, ¿quieres un poco de chocolate y me lo cuentas más tranquilo?

El pequeño Sealand asiente de manera frenetica y Finlandia lo coge en brazos para dejarlo en el hueco libre que queda en la encimera. Puto Sealand, que suerte tienes. Yo le hago eso a mi madre cuando está preparando la comida y lo primero que hace es darme un sopapo y echarme de una patada en el culo. Conclusión: quiero que Finladia sea mi madre. En fin, volviendo a Sealand, el pobre está hecho un flan. Os podéis imaginar que voz angelical tiene que tener Islandia.

—¡Yo también quiero chocolate!

—No— dice Finladia dándole una tacita con dos nubes al británico—. Cuidado, cariño, está muy caliente y puedes quemarte.

—¿Por qué él sí y yo no?—Dinamarca eres muy maduro, en serio, lo eres.

—Después dejarás comida del almuerzo.

—¡Él lo hace todos los días!—señala a Sealand, que está disfrutaaaaando al ver como el danés sufre.

—Pero tú te llevas todo el día que si porquerías, que si cervecita.

Dinamarca frunce el ceño.

—¿Insinúas que estoy gordo?—mano de indignación al pecho.

—Digamos que no eres lo que eras— responde Noruega haciendo un barquito de papel con una de las servilletas con motivos navideños.

El danés se levanta la sudadera y se mira el vientre.

—Nor, ¿ya no te parezco atractivo?

Finlandia se muerde el labio, porque en realidad ahora se siente un poco culpable.

—Ay, Tanska, ¡no digas tonterias!¡Estás muy bien, hombre!

—Admite que Sverige está mejor.

—Norja!—el finlandés se ruboriza hasta las cejas.

—¿Qué?Si no te pusiera, no te lo tirarías— le dijo la sartén al cazo.

—Norja!¡Por Dios, Sealand está delante!

Sealand está demasiado ocupado para escucharte, Fin. Da un sorbito al espeso chocolate caliente y después se pasa la lengua por su bigotito manchado leeentamente, y Dinamarca le mira y Sealand mueve los labios articulando un: Jódete, Denmark, para después sonreír con superioridad al estilo Escocia. Y Dinamarca está que trina y hecha humo por las orejas. A la tercera vez no se lo piensa y se abalanza sobre el niño, dispuesto a colgarlo boca abajo en el árbol de navidad de dos metros que Finlandia tiene en el salón, o mejor aún, colocarlo como estrella.

—Tanskaaaaa, deja en paz al niño.

—¡Pero, pero, pero!¡¿Has visto lo que hace?!¡Es un monstruito malvado, Fin!

El de los ojos violetas niega con la cabeza y se limpia las manos en su delantal rosita. Se acerca a Sealand y le da un achuchón, el británico se ríe con la risa más mona del mundo y le abraza de vuelta.

—Mi pequeño Sealand es un ángel, no sé a qué te refieres, Tanska. Creo que al final si te voy a dar un poco de chocolate, el frío te habrá congelado el cerebro.

—¡¿Qué?!¡¿Olvidas con quién estás hablando?!¡Soy el Rey del Norte!¡El frío sólo puede hacerme cosquillas!¡Porque...

Siento cortarte, Dinamarca, te quiero pero hablas demasiado. Además, Finlandia no te está escuchando porque está dándole mimitos a Sealand que se encuentra mucho mejor y Noruega... Noruega está hablando con un troll.

—¿Estás mejor, cielo?— Sealand asiente terminándose por fin su chocolate y lo deja en el fregadero—. ¿Quieres contarme lo que pasó con arriba?

Sealand se encoge de hombros.

—Pues... Fui a buscar a Iceland... Y oí ruidos raros en su cuarto.

Finlandia arruga la nariz.

—¿Ruidos raros?¿Qué clase de ruidos raros?

—Como un perro llorando...

Al pobre Finlandia se le abren los ojos como platos y Noruega, que acaba de escuchar al británico sonríe de lado y niega con la cabeza. Sealand no entiende nada, pero Finlandia se ha sonrojado un poco y con un poco me refiero a un montón.

—Un... Pe-p-perro, ¿ll-orand-do?

—Yes, why? ¿Es que Iceland le pega a Hanatamago?

—Es que Island se rasca cuando le pica—contesta el noruego con picardía.

—Norjaaaa!

El aludido se encoge de hombros.

—Iré a hablar con él. Quédate aquí, cielo, vuelvo en seguida.

Y cuando Finlandia sale por la puerta de la cocina, Noruega y Sealand comparten una mirada, el menor se revuelve incomodito y el mayor sonríe de manera siniestra. El pequeño Sealand traga saliva.

—¡Bú!

—¡Mamáaaaaaaa!

Por cierto, Dinamarca sigue hablando indignadísimo, es más, no se ha callado desde que empezó a soltar el rollo del Rey del Norte. Noruega coge una de las galletas recién hechas, una que tiene forma de copo de nieve.

—... ¡Y apuesto a que tú nunca te has metido hielo en los pantalones!¡Yo me lo metí en los calzoncillos y fue como colocarme bien el paquete!¡El hielo y yo somos como uña y carne!¡¿Has oído esa canción de esa peli?!¡La que se llevó el Óscar!¡Ya sabes, Let it go y todo ese rollo!¡La hicieron basándose en MÍ!

La galletita súper mona ha acabado en la boca del danés, que ha dejado a medias su discursito y mira sorprendido a Noruega, que le está sonriendo. Dinamarca mastica la galleta y mira a Noruega sin comprender.

—Calladito estás más guapo, ¿lo sabías?

Casi se atraganta al tragarla, pero toma al noruego entre sus brazos musculosos y lo abraza con fuerza. Él no se resiste, sólo se deja achuchar.

—Para ti soy guapo siempre.

—Claro que sí, bochita cervecera—se burla tocándole el vientre.

—¡No estoy gordo!

—Nadie ha dicho que estés gordo, sólo fondón.

—¡No estoy fondón!

—¿Por qué siempre tienes que armar tanto escándalo, señor Drama?

Dinamarca se ríe con su risa ruidosa y lo abraza con máaas fuerza, Noruega suspira y el danés le da un beso en la mejilla. ¿Qué le vamos a hacer? A Noruega le encanta el entusiasmo desmesurado de Dinamarca y sus besos con sabor a cerveza y a Dinamarca le gusta Noruega de cualquier manera.

-22 de diciembre de 2015, Madrid-

—NO ME MUERDAS LOS TOBILLOS, VERDAMMT.

—SUÉLTAME EL PELO, JODEEEER.

Prusia estira un poco más el mechón y el español grita de dolor vuelve a morderle el tobillo haciendo que el prusiano grite de nuevo. El apartamento de España ha pasado de ser un desorden a ser un ring de Pressing Catch.

España y Prusia se revuelcan por el suelo, se arañan, se muerden, se insultan, se escupen, ¡eh, eso no vale Prusia! Se siguen insultando, y siguen rodando, y se chocan con una mesita que España tiene en el pasillo, y hacen caer una foto del español con Arguiñano, y hacen caer uno de los relojes de cuco que le regaló Francia pero que hizo Alemania, y se chocan contra los zapatos de diseño asquerosamente caros de Romanito, que acaba de abrir la puerta.

—QUÍTAME LOS PIES DE LA CARA, CABRONAZO.

—¿Qué mierda dices, Prusia? No tengo los pies en tu cara, jamás haría algo tan sucio y rastrero, soy tu AMIGO. En cambio tú quieres dejarme solo con Romanito, que tendrá la piedad de Austria con Alemania, es decir, ninguna.

Romano le está pisando la cabeza a Prusia y está apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

—¿Ah, sí? Cuéntame más—dice el italiano con voz de ''vas a moriiiiiir''.

—¡Ya te lo dije!¡Si Venecianito le hizo eso a tu hermano por tirar unos cuantos macarrones a la basura, imagínate Romano!Tal vez debería llamar a Francia, si cojo un vuelo de última hora él me acojerá en su casa...—España nota que Prusia ha dejado de hacer fuerza y comienza a incorporarse—. Por cierto, ¿por qué esa voz? Por un momento me has recordado a Romani...

—¿Por qué no me cogiste el móvil?—sisea escrutando al ibérico con la mirada.

—¡Ro-romano!—se pone en pie de un salto—. ¡Mi vida, ¿qué tal el viaje?!

—Hermano mayor Spagnaaaaaa—canturrea Veneciano entrando con varias maletas color rosa chicle.

Salvado por la campana, Españita y el pobre Prusia es pisado por Veneciano, porque leyó lo que le puso a su querido Alemania en Facebook y su querido Alemania no es ningún calzonazos, -eso sí, que ni se le ocurra acercarse a Bélgica, porque entonces Veneciano le cortará los huevos y se los pondrá en los macarrones-.

—¡Veneciano!¡Pero qué guapo estás!—dice dándole un abrazo.

—Il mio fratello te va a matar—le susurra con una sonrisa inocente.

—Ayúdame—le contesta en un susurro digno de Canadá.

—¿Te crees que soy tonto?

Todo lo que sabe Veneciano lo aprendió de Romano, bueno, sólo una tercera parte, otra tercera parte la aprendió de Hungría y la última del abuelo Roma. Damas y caballeros: Italia del Norte no es tonto, cuidado con él. Romano ya no está pisando a Prusia, que está en el suelo viendo a Gilbirds volar alrededor de su cabeza, pero sigue apoyado en la puerta, asesinando a España con la mirada.

—Veneziano, andiamo ragazzo.

El corazón de España se desboca y las palabras mafia italiana no paran bombardear su mente, en carteles gigantes, con luces de neón y marquesinas que van de izquierda a derecha. Ya está, adiós España, los hermanos italianos acabarían con él.

—A-andiamo? ¿Cómo que andiamo?¿A dónde andiamiais?

—Romano!Veneziano!¡Las puertas del ascensor se cierran y este viejecito está muy mayor para llevar unas maletas tan pesadas!—canturrea un anciano desde el pasillo del edificio.

—No me jodas—murmura el español y Romano asiente, fastidiado.

—¡Niños!¡Venid a ayudar al tío Vaticano, per favore!

XoxOx

Vaticano está sentado en el sofá verde de España y ha puesto el canal de las telenovelas, en efecto: nova. Mientras tanto, Prusia, los hermanos italianos y el español han metido el equipaje del anciano en la casa, ahora los cuatro se encontraban en la cocina, el anfitrión estaba de los nervios.

—¡¿En serio?!¡¿Vaticano?!—sisea histérico.

—Dale las gracias—responde Romano en tono de amenaza.

Prusia asiente y España le da una colleja.

—¡Eso es pecado!—chilla el albino.

Ahora es Romano el que le da otra colleja y le tapa la boca con una mano.

—¡Cállate, idiota!¿Sabes lo que pasa si dices la palabra que empieza pe y termina por do cuando Vaticano está cerca?

—¿Pedo?—pregunta Veneciano inocentemente.

—Sí, Venecianito, no puedes decir la palabra pedo cuando el carcamal esté cerca y tampoco puedes darle un beso a Alemania, ¿entiendes?

—CHE?!¡Pero yo quiero mucho a Germania!—Italia hace un puchero y se cruza de brazos.

—Lo sé, Venecianito. Pero también quieres mucho a Vaticano, ¿a que sí?—el menor de los italianos asiente—. Pues si lo haces al viejo le puede dar un algo de esos que le dan a los viejos y se puede liar mucho.

—Pensándolo bien...—Romano se muerde el labio y sonríe de manera maquiavélica—. Italia, cuando veas a ese bas...-esa boca Romanitoooo- macho patatas dale un buen morreo y métele mano, sí que se empalme el muy...

A Italia le gusta la idea y se ruboriza a la vez que se le dibuja una sonrisa tonta en el rostro.

—Ni de coña. Italien, que te cargas al vejestorio.

—Oye, ¿por qué tu nunca me haces esas cosas a mí?—le pregunta España al mayor de los italianos en un susurro.

—¡Pero yo quiero mucho al tío Vaticano!

—Vas a dormir en el sofá hasta que éste te eche a patadas, español infeliz.

—Pues ya sabes, Italien, si quieres al viejo nada de Deutschland hasta después de Navidad.

Pobre Italia, y eso que él había comprado ropa interior sexy con motivos navideños para pasarselo bien. Hubiera sido muy divertido disfrazar a Alemania de Santa Claus, sentarse en su (suavizaré esto porque Italia no es tonto y podría traumatizar a los más sensibles)... regazo y decirle: Santa, he sido un niño muuuy malo. Francia acaba de leer eso y está sangrando por la nariz. Francia cree que es una buena idea y que debería hacerlo con Inglaterra, pero Inglaterra le ha enseñado el dedo corazón y le ha gritado insultos muy feos porque está muy nervioso con lo de sus hermanos. Pero ahora no estamos con los británicos, ellos ya tuvieron el capítulo anterior para ellos solitos, ahora estamos en el apartamento de España.

—Romanito, perdóname—suplica España poniendo cara de perrito abandonado.

—¡Ni de coña!—ladra el italiano.

—¿No es castigo suficiente que hayas traído a Vaticano aquí?Pobrecito, me está empezando a dar pena—añade Prusia.

—¡Tú a callar, cazzo!—grita Romano en un susurro mirándolo al estilo mafioso—. Para mí también es una putada que el viejo esté aquí— mira a Italia que está a punto de decir que quiere mucho a su tío Vaticano—. Dilo y te mando a Alemania con el culo en ascuas.

—Ven, Italien. Mejor les damos un poco de intimidad.

—¡Muérete!—chillan tanto el italiano como el español.

Pero ya el albino ha salido huyendo como una sabandija, y ha arrastrado a Veneciano con él. Prusia ha dejado a España solito con su marrón, y sonríe triunfante, pensando que es asombroso y que su mente privilegiada ha ideado la mejor huida jamás contada y también piensa que está siendo por la narradora más asombrosa. Vale, a lo mejor eso no lo piensa. ¡Vale, ni se le ha pasado por la cabeza! Total, que Prusia arrastra a Venecianito hasta el salón donde está Vaticano, un viejecito la mar de mono, con sus arruguitas y su barbita blanca. A Prusia le parece adorable y no entiende cómo España puede tenerle tanto pánico, al igual que otros países. El viejo Vaticano es santo, lo normal es que sea respetado, en fin, España siempre ha sido un exagerado.

—Ciao, Prussia!—Vaticano sonríe y le muestra al albino su dentadura postiza.

—Oh, Hallo Herr Vatikan!

Vaticano le extiende la mano a Prusia, su mano llena de manchas, arrugas y anillos que tienen que pesar más que él, son de oro puro. Prusia alza una ceja pensando que se trata de una cámara oculta, porque además de tener lo ya mencionado también tiene pelos blancos en los dedos. Mira a Italia, que asiente efusivamente, casi parece nervioso. Vaticano sonríe y el germano reprime una arcada. Se inclina un poco y le toma la mano, hasta que besa el sello (y uno de los pelos le ha rozado los labios). El anciano sonríe complacido y el prusiano toma asiento justo al lado del italiano.

—Veneziano , ve a la cocina y trae vino para todos, per favore. Sé que Spagna tiene muy buen vino.

—Sí, zio Vaticano.

Italia ha ido a por el vino, nah, en realidad ha visto que España está llorando e hincado de rodillas en el suelo pidiéndole perdón a Romano, que está rojo porque en realidad piensa que España es muy mono y las cosas que le dicen son realmente bonitas. De modo que Italia se va al baño a hablar por WhatsApp con Alemania, que está terminando de hacer la maleta, eso sí a escondidas de Austria, porque si se entera de que se ha gastado el dinero en ropa interior roja para Noche Buena (lo sé, la ropa roja es en Noche Vieja, pero digamos que también es el color de la pasión) seguro que 1) se cachondea de él y 2) le mete la bronca por haberse gastado el dinero en ropa interior cuando la suya está perfectamente bien remendada.

''Ciao, bello ;D''.

Alemania tomatito, le tiemblan las manos al contestar al italiano.

''Hallo, Italien, ¿cómo estás?''.

''Aburrido :/ . Estoy en casa de Spagna, he venido con il mio fratello y el zio Vaticano :D''.

''¿En casa de Spanien? Por casualidad, ¿está ahí mi bruder?''.

''¡Sí!Está en el salón, con el tío Vati''.

Vaticano está intentando hacer zapping, pero como es un señor mayor le está dando al botón del volumen y cada vez está más alto. Romano y España lo agradecen porque así pueden discutir incluyendo los tacos de Romanito. Prusia suspira, aburrido y Vaticano le mira, sonriendo. El de los ojos rojos siente un escalofrío.

—Prussia, hijo mío.

''¿Con Herr Vatikan? No sé porqué pero me da mala espina''.

Prusia se revuelve nerviosito en el sofá, y se recuerda que tiene que ser amable porque a pesar de que le de muy mal rollo, sólo es un pobre anciano.

—Ja, Herr Vatikan?

''No te preocupes, amore. Los he dejado viendo la tele''.

—Llámame padre, hijo mío, padre Vaticano.

Eso acaba de darle muuuuy mal rollo a Prusia.

''Bueno, si me dices eso, me quedo más tranquilo''.

—Sí, eso, es decir, padre.

''Además, Vaticano es un santo, ¿qué malo podría pasar?''.

—Se sincero con este pobre viejo, ¿quieres?—Prusia asiente—. ¿Hace cuanto que no te confiesas?

''Tienes razón, me preocupo demasiado. Danke, Italien''.

—Yo... esto...

Lo suyo hubiera sido decir que no lo haces desde la comunión, un momento, ¿las naciones pueden hacer la comunión? Bah, qué más dará, el caso es que el asombroso plan de huida del asombroso Prusia se ha ido al traste. Está balbuceando y Vaticano sonríe a través de sus gafas media luna. Prusia no recuerda cómo iba eso de confesarse, sólo sabe que ha pecado muchas veces y que la gran mayoría ha sido por culpa de Hungría, y otras veces por culpa de Francia y España. No mientas, Prusia, tú eres el que incita al francés y al español para sacarlos de fiesta.

Y así, mientras Italia y Alemania se escribían obscenidades vía WhatsApp, Prusia era sometido a interrogatorio, digo, confesaba sus pecados ante el padre Vaticano.


¡Hola!¡Hasta aquí el quinto capítulo! :D

Por fin Romanito está en casa del Jefe España y por fin han salido los nórdicos, porque, ¿cómo se puede escribir un fic navideño sin que aparezcan los países nórdicos?

¿Por qué Islandia tiene depresión?¿Sobrevivirán España y Prusia? Lo sabremos en el próximo capítulo (o no), deja tu review con 5555 MAFIA ITALIANA si quieres saber cómo acaba el lío en Madrid. Deja tu review con 5555 SEXY KILT si quieres saber qué le pasa a los hermanitos nórdicos. Y por último deja tu review con 5555 HERO si quieres que salga Estados Unidos (el pobre hace mucho que no sale). Deja tu review con 5555 MAYADEJALADROGA si crees que estoy como una cabra (y no como las de Suiza, precisamente).

Quiero agradecer a los que dedicáis tiempo a leer el fic y a Saphira Kirkland porque no sé si le habrá llegado mi mensaje respondiendo a su review (soy un desastre xD).

¡Nos leemos!