La Luna y el dragón negro

Me encontraba sentada en un sillón dentro de un bonito castillo. Frente a mí, el caballero de armadura roja conversaba animadamente con un hombre de gabardina y sombrero de ala ancha, con una ballesta triple colgada a la espalda. Una vez más, no podía verles el rostro. El caso del caballero era el mismo, pero el otro hombre, a quien el caballero se refería como "cazador", tenía la cara oscurecida por su sombrero. Los dos hombres charlaban sobre una batalla de hace un par de días, en la que el cazador había aparecido de la nada para salvarnos. El caballero insistía en demostrar su gratitud hacia el nuevo aliado, pero este sostenía que no requería ninguna clase de pago, sólo deseaba viajar con nosotros. La mujer del vestido blanco entró a la habitación, preocupada por algo. En este punto yo ya no podía escuchar su conversación, pues la pared opuesta a mí parecía alejarse más y más cada segundo.

Abrí los ojos con lentitud. Lo primero que sentí fue el familiar olor del desinfectante llenando mis fosas nasales. Los desgastados muros de un pálido color que fingía ser naranja también se sentían desagradablemente familiares para mí. Era casi doloroso volver a estar en una cama de hospital. Me volteé para mirar a mi costado y saludar a mi hermana, como solía hacerlo. No obstante, a quien encontré junto a mí no fue mi hermana, sino un chico pelirrojo, casi a punto de quedarse dormido.

"¿Trevor…?"

"Por fin, demonios" suspiró él, aliviado, al ver que me levanté.

"¿Qué…? ¿Qué haces aquí?"

"Pues esperaba a que despertaras, ¿qué te parece que hago?" Trevor se frotó los ojos y se levantó del asiento. "Iré a avisarle a la doctora. Tú… no te muevas de aquí"

Asentí y Trevor se retiró del cuarto. Escuché su voz en el pasillo, y poco después entró una doctora a la habitación. Similar a Trevor, no parecía haber dormido mucho recientemente. La mujer se tomó un rato para comprobar mi estado físico antes de comenzar a hacerme preguntas.

"¿Cómo te sientes ahora?"

"Ya mejor, aunque un poco aturdida aún. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?"

"Te trajeron hace ya unas diez horas" la mujer miró su reloj mientras hablaba.

"¿Tanto tiempo? ¿Le avisó alguien a mi hermana?" miré por la ventana: ya había oscurecido.

"Sí, ya se le notificó a tu cuidadora. Ahora dime… ¿Qué estuviste haciendo antes de quedar inconsciente? Fue un desmayo muy feo, el tuyo"

"Verá…" no sabía si responderle o no. Después de todo, ¿cómo iba a explicarle a una mujer de ciencia que había invocado a un ángel para matar a un demonio folklórico? "Seguro fue fatiga por estudiar. Ya sabe cómo son las escuelas estos días, ¿no?"

"Orianna, quedaste inconsciente en plena hora del almuerzo. Y para este momento todos saben del ataque de los cuervos en tu escuela, así que no necesitas mentirme"

Auch. Bueno, me imaginé que se haría noticia. No es algo que se vea todos los días, después de todo. Así que quizás podía decirle la verdad. Pero antes de que yo abriera la boca, la doctora me tomó del brazo derecho.

"¿Cuánto tiempo tienen estas cicatrices?" preguntó, consternada.

Carajo. Habría preferido explicarle de un inicio sobre Kartikeya antes que hablarle de mis cicatrices. Sin embargo, fui interrumpida de nuevo. Luego de un momento, el número diecisiete volvió a aparecer en mi muñeca, brillando. La doctora suspiró aliviada.

"Así que despertaste a tu potencial. Eso explica todo"

"Para usted, pero no para mí" le remarqué.

"Oh, lo siento. Verás… es algo común, eso que te pasó. Mucha gente no está preparada del todo para su Persona, ese espíritu que invocaste, y quedan exhaustos luego de la primera invocación. Tu caso no fue diferente, y es un tiempo normal. Ni mucho, ni poco" la doctora sonrió.

"Sabe mucho de esto… ¿Cómo?"

"Hace mucho tiempo conocí a un usuario. Bueno, a varios de ellos. Yo también tuve un Persona, incluso, pero lo perdí"

"¿Eso es posible?"

"Sí, es completamente posible. Pero… son casos extremos" su expresión se oscureció, pero volvió a iluminarse. "De todos modos, ¿habías oído hablar de los Persona antes?"

"No, nunca. Ni siquiera en leyendas"

"Bueno, para ponerlo simple, los Persona son una manifestación del Yo interno de uno mismo. Lo que invocas para pelear no es ninguna clase de espíritu guardián, sino una extensión de tu ser. Es tu verdadero yo. Pero así como los humanos cambian constantemente, igual lo hacen los Persona. Es por eso que, a medida que tú crezcas y te desarrolles, tu Persona irá cambiando contigo. Pero… Recuerda que tu Persona también podría volverse más débil, si es que tú te debilitas"

"Comprendo… Comprendo mi poder ahora. Gracias, doctora…" no alcanzaba a ver el nombre de su identificación.

"Paz. Helena Paz. Y no hay de qué" la doctora se retiró de la habitación, y un momento después entró mi hermana.

"¡Ori! ¡Dios, me tenías tan preocupada!" tan pronto como estuvo cerca de mí, se lanzó para abrazarme.

Le devolví el abrazo, pero sólo se separó luego de casi un minuto. Me miró a los ojos, primero seria y luego sorprendida.

"Tus ojos… Te ves diferente. Tienes una chispa diferente en tu mirada"

"¿Tú crees…?" sonreí. "Me siento diferente, sí"

"Uh-huh…" Marissa mostró una sonrisa pícara. "¿Tiene que ver con el pelirrojo que te trajo al hospital?"

"¿¡Q-qué!?" mis mejillas enrojecieron rápidamente. "¡N-no, él sólo es un amigo!"

"¿'Sólo un amigo'? No creo que 'sólo un amigo' te habría traído al hospital y se habría quedado contigo por diez horas hasta que despertaras"

"Es… un compañero. Me está ayudando ahora mismo"

"¿Y con qué te está ayudando?"

"Con… con…" ¿debía decirle la verdad? "¿Sabes lo que pasó en la escuela?"

"Escuché que hubo un tiroteo… Varias personas salieron heridas"

¿Un tiroteo? ¿Cómo diablos habían escondido todo como un simple tiroteo? Simplemente no tenía sentido, pero supuse que si se sabía que una parvada de cuervos tamaño perro había atacado una escuela, se sembraría el pánico. Eso también significaba que la doctora Paz había conseguido su información por otros medios, de nuevo algo entendible siendo que ella podía usar un Persona. O al menos solía poder hacerlo.

"Nos ayudamos uno a otro cuando sucedió, y me prometió que me enseñaría a defenderme sola" no se sentía bien mentirle a mi propia hermana, pero era lo único que podía hacer al momento.

"Hm… Bien. Te creo, por ahora" ese 'por ahora' significaba 'me trago tu mentira hoy, pero pronto confesarás'.

Recogí mis cosas y nos marchamos a casa. En el camino, Marissa me preguntó por mi muñequera, y sólo le dije que la había perdido. Se ofreció a comprarme otra, pero le aseguré que ya no me molestaban mis cicatrices tanto como para ocultarlas. Al oírme decir eso, casi se puso a llorar y me abrazó con fuerza. Con mucha fuerza.

"Estoy feliz… finalmente empiezas a quererte a ti misma" me dijo mientras se secaba las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.

¿Quererme a mí misma? Mi hermana tenía razón. Hasta ese punto, no había hecho nada más que odiar todo de mí. Mi estatura, mi cabello, mi figura… Pero al descubrir que tenía esa clase de poder dentro de mí, una nueva llama se prendió en mi interior. Si tenía esa clase de poder, si podía luchar contra la Adversidad… Entonces yo importaba. Entonces mi vida valía para algo. Y si mi vida valía para algo, iba a dar lo mejor de mí para cumplir ese objetivo.

Una vez llegamos a casa, volví a abrazar a Marissa cuando le di las buenas noches. Sólo que en lugar de dejarme ir, me preguntó si quería que durmiéramos juntas como en los viejos tiempos. Extrañaba sentir su calor al dormirme, así que acepté. Esa noche no tuve ningún sueño extraño, ya que Marissa estuvo cuidándome.

El día siguiente lo tuve libre, pues Marissa creía que aún debía recuperarme. A pesar de ser sólo el tercer día de clases, acepté su juicio sin rechistar. Un descanso de vez en cuando no podía hacer daño. Me pasé el día leyendo comics y jugando videojuegos, aprovechando mi descanso bien merecido. Quizás por su preocupación o por mero gusto, mi hermana y yo dormimos juntas de nuevo.

Ese jueves sí fui a la escuela. De camino encontré a Hana de nuevo, la saludé y me pidió mi número de teléfono, pues había estado horriblemente preocupada y no tenía forma de contactarme. Obviamente, se lo di. Cuando estuvimos a punto de llegar a la escuela, Hana me detuvo.

"Ori… ¿Recuerdas lo que pasó hace dos días?"

"¿El… El tiroteo?"

"No, Ori. Los cuervos. Tú lo viste. Tú peleaste, hiciste lo que yo no pude"

"Hana…"

"Tú… te enfrentaste a la Adversidad"

Me quedé en silencio. ¿Por qué sabía Hana de eso? ¿Cuántas otras personas habían recibido el mensaje del enmascarado?

"¿Por qué…? ¿Por qué no te quedaste a pelear también, entonces?" quería respuestas, pero no sentí tener la confianza suficiente para exigírselas.

"Tuve miedo… Incluso cuando el enmascarado me habló, tuve miedo… ¿Y si no estoy lista para enfrentarme a la Adversidad?"

"¿Y si nunca estarás lista? Hana, esto no se trata de estar listo o no... Se trata de levantarte y pelear aún cuando parece que no tendrás oportunidad"

Eso era… era lo que yo pensaba. Buscaba desesperadamente un propósito en la vida, y cuando finalmente lo había encontrado, no podía dejarlo ir por nada del mundo. Y, al mismo tiempo, no podía soportar ver cómo Hana rechazaba la oportunidad.

"Eres sorprendente, Orianna… Me pregunto si yo también podría pelear de esa forma" Hana sonrió y resumió su marcha hacia el colegio.

Al llegar, me senté junto a Trevor, quien había llegado a la escuela mucho antes que yo. Tomé mi lugar y él sólo me miró un par de veces, sin decir nada. Quería ver si se terminaba por rendir, pero me harté antes de eso.

"Me agradaría un 'hola', ¿sabes?" fingí indignación.

"Dame tu número" dijo sin mirarme.

"Woah, ¿no crees que vas demasiado rápido? ¡Mi corazón no está listo!" fingiendo otra vez. Me estaba divirtiendo un poco.

"No seas idiota, idiota" por primera vez, cambió de posición y giró su cuerpo hacia mí. "Somos compañeros, ¿no es así? Los dos tenemos el mismo poder, y debemos enfrentarnos a la Adversidad"

"Oh, eso" tenía sentido, pero seguía siendo demasiado directo en eso. "Bueno, supongo que podría darte mi número…"

"Bien. Y ven conmigo después de la escuela, hay algo que debo mostrarte"

"¿Qué es?" dándome órdenes, ¿quién se cree?

"Algo que nos ayudará mucho en la pelea"

Como la clase comenzó, no pude hacerle más preguntas. Tampoco pude preguntarle durante el almuerzo, pues desapareció y sólo volvió un par de segundos antes de que la profesora llegara. Y en el cambio de hora, se puso a escuchar música y me ignoró completamente. Nunca me había sentido tan ofendida por alguien. Al salir, Hana me preguntó si quería caminar a casa con ella de nuevo. No obstante, tenía que rechazar, pues iba a ir con Trevor a donde fuera que quería llevarme. Cuando le comenté que era algo sobre enfrentar la Adversidad, ella cambió de idea y quiso acompañarme. Así que las dos nos quedamos esperando a que Trevor saliera de la escuela. Al vernos, preguntó por qué Hana tenía que venir, y le expliqué brevemente que ella también había recibido el llamado, pero yo le había ordenado huir cuando Tengu atacó. No respondió, sólo siguió con su camino y nos ordenó seguirlo. Pasamos unas cuantas calles hasta llegar a un barrio bonito, pero tradicional. Era extraño ver un lugar así en Sunset Valley. Continuamos por la calle hasta llegar a una local de antigüedades. Trevor entró primero, saludando al dueño. Hana y yo nos quedamos afuera, sólo observando a Trevor charlar con el anciano tras el mostrador. Después de un tiempo, Trevor nos hizo señas para que entráramos también al local. Había poca luz dentro, y se hacía difícil caminar por la cantidad de objetos esparcidos por el lugar.

"Hana" Trevor llamó la atención de la chica. "¿Vas a pelear también? ¿O prefieres sólo quedarte atrás?" habló con la mayor gentileza de la que era capaz, y aún así, sonaba fuerte.

"Sí… Yo… pelearé. Quiero pelear también" apretó el moño de su uniforme, mirando hacia abajo.

"Muy bien" Trevor sonrió. "¿Has peleado de verdad antes?"

"¿Ah? No, no realmente"

"Eso será un problema. Anciano Lucre, ¿tienes algo para la chica sin experiencia?" Trevor se dirigió al anciano con un tono bastante familiar.

El hombre comenzó a buscar en algunos de los estantes, sacando piezas, negando con la cabeza y volviéndolas a guardar. Después de un par de minutos, sacó un bastón y murmuró algo, para luego regresar con nosotros. Puso el bastón en las manos de Hana y le sonrió.

"Este báculo es legendario, pequeña. Cuenta la leyenda que cualquiera que lo tome desarrollará poderes mágicos que rivalizarían contra hechiceros experimentados. Lo llaman 'Abrazo del Serafín'. Debería ser el artefacto perfecto para ti"

¿Magia? ¿El viejo hablaba en serio? Hana lo miraba con incredulidad, pero logró murmurar un "gracias" para no quedar mal. Cuando Hana tuvo el bastón en mano, el anciano asintió y regresó a buscar cosas en los estantes. La chica se quedó un rato examinando el bastón: el mango parecía hecho de latón y tenía una joya azul en la punta, sostenida por dos alas de ángel. Lucre no tardó en regresar, esta vez sosteniendo una espada larga, de hoja curva.

"Y esta es para la pequeña" mi autoestima se fue a saludar a Satanás. "La llaman 'Cimitarra Mercurial'. Según los oradores, esta espada podía hacer que su portador se volviese inmune a cualquier debilitamiento físico. Su primer portador era un hombre que enfermaba seguido, pero gracias a esta arma, nunca cayó enfermo otra vez, y se volvió un gran héroe."

Depositó el sable en mis manos y me puse a mirarlo. Parecía irradiar una especie de poder, pero las historias que contaba eran demasiado extravagantes para creerlas. No obstante, le agradecí el arma. Lucre volvió a sonreír y regresó a los estantes, pero no tuvo que buscar mucho. Sacó un hacha de batalla gris con adornos rojos, y procedió a explicarle a Trevor sobre su historia.

"La 'Hidra Voraz'… Un arma que nunca pudo proteger a nadie, sólo traer destrucción. Su historia es de las más tristes de todas, pero es muy larga para que la cuente ahora. Sólo vale la pena una cosa, el final. Dice la profecía que la única forma de romper la maldición es que quien la porte supere la fuerza del arma, pero sin perderse a sí mismo en el camino."

Trevor sólo asintió, comprendiendo las palabras de Lucre. El anciano cerró los ojos y se retiró tras el mostrador. El pelirrojo miró su arma un momento antes de empuñarla y probar su peso. Trevor parecía comprender que el anciano no le había dado un regalo, sino que le había impuesto una maldición.

"Vámonos, chicas. Adiós, anciano Lucre" Trevor marchó fuera del establecimiento, y nosotras le seguimos.

"¡Vuelvan cuando gusten, tengo muchos artefactos más!"

"Oye, Trevor…" Hana le llamó la atención a medio camino. "¿Cómo vamos a esconder estas armas? No creo que sea buena idea ir por ahí cargándolas…"

"Lo sé. Ya tengo un plan para ello, sólo vengan conmigo"

Ya lo estábamos siguiendo, de todos modos. Llegamos a otro barrio diferente, uno sencillo cerca del viejo puente. Trevor nos llevó hacia un hotel relativamente moderno, pero que palidecía ante otros que se veían en el centro de la ciudad. Entramos y Trevor saludó al hombre de la recepción, llamándolo "anciano Rogers". Conversaron por un par de minutos, durante los que pude apreciar a Trevor sonriendo de forma sincera. Sobra decir que se veía mucho mejor cuando sonreía. Después de un rato, nos dijo que lo esperáramos ahí, y que volvería dentro de poco. Mientras tanto, el hombre de la recepción se acercó a hablarnos.

"¡Oh-ho-ho! ¡Trevor acompañado de dos jovencitas, no pensé que vería el día!"

"¿Disculpe?"

"Hm, aunque pareces un poco pequeña… ¡Si no fuera por tu uniforme, pensaría que anda en cosas ilegales!"

El mundo entero estaba haciendo fila para echar mi autoestima al piso. Evité que se notara mi destrozado espíritu y le expliqué que ninguna de las dos estaba con Trevor de ESA manera. El viejo sólo rió, pues aparentemente esperaba una respuesta así. Rogers nos ofreció café a ambas, el cual aceptamos y comenzamos a tomar mientras charlábamos alegremente. Trevor tardó lo suyo en volver a la recepción, y cuando lo hizo, estaba cargando un estuche de guitarra.

"Ya no uso este estuche, así que podemos ocuparlo para guardar nuestras armas"

Hana y yo asentimos y guardamos todas las armas ahí dentro. Trevor se colgó el estuche como si llevara una guitarra de verdad ahí y salimos del edificio. Los tres nos detuvimos al llegar a un callejón sin salida. ¿Ese callejón siempre había estado ahí?

"Es hora de su segunda prueba"

Los tres sentimos la voz en nuestras cabezas. No era lo que esperábamos escuchar, realmente. Trevor abrió el estuche y cada uno sacó su arma. El ambiente se estaba tornando neblinoso y oscuro. Nuestra prueba había comenzado sin que estuviésemos enterados.

"¡Derecha!" gritó Trevor.

Salté hacia adelante, evadiendo una lluvia de plumas que se clavaron en el concreto. ¿Más enemigos pájaro? No podía ver nada. Hana se estaba desesperando, aferrándose a su bastón con fuerza, pero Trevor parecía increíblemente calmado, mirando al frente. Su cuerpo se tensó por un segundo y lo vi saltar hacia atrás, esquivando el ataque directo de uno de nuestros enemigos: una harpía. Con esa ventana de ataque, Trevor giró sobre sí mismo describiendo un arco con su hacha y partiendo a la harpía en dos. Su cuerpo se desvaneció de la misma forma que lo hizo el de los cuervos en la escuela. Sentí el aire moverse detrás de mí, y salté rápidamente hacia el costado, esquivando un nuevo ataque de una harpía diferente. Empuñé mi espada con ambas manos y realicé un corte hacia arriba, dañando a la harpía pero sin matarla. Completé el golpe saltando hacia adelante mientras realizaba otro corte vertical, esta vez hacia abajo.

Hana, mientras tanto, seguía sin moverse de su lugar.

"¡Tenemos que movernos o seguiremos en desventaja!" señaló Trevor.

Tomé a Hana del brazo y la arrastré hacia el lado por el que habíamos llegado, mientras Trevor nos defendía de los ataques que llegaban. No obstante, el otro lado volvía a ser un callejón sin salida. ¿Una ilusión?

"Maldita sea, tendremos que seguir peleando así. ¡Orianna!"

"¡Sí!"

¡PERSONA!

Ángel y caballero salieron en direcciones diferentes, atacando a varios de nuestros enemigos. No obstante, la niebla no amainaba, sin importar cuántas harpías caían.

"Hay… uno más" la débil voz de Hana fue apenas audible entre el fragor de la batalla.

"¿Puedes sentirlo? ¿Dónde?"

"Está… está…" Hana cerró los ojos, intentando concentrarse. "Vamos… Sé que estás ahí… Déjame ver… lo que tú ves… Sé mis ojos… Sé mis alas… Sé mi fuerza…"

El aura de poder se concentró alrededor de Hana. No pude evitar sonreír al verla desplegar su propio poder.

"Sé… ¡mi verdadero yo…!"

"¡Persona!"

Un enorme dragón negro apareció alrededor de Hana, cubriéndola con sus alas. Trevor y yo nos quedamos atónitos ante la escena, pues su Persona era al menos tres veces más grande que los nuestros.

"¡Disipa este caos, Seth!" ante el comando de Hana, el dragón rugió.

La niebla desapareció en un instante, como si el rugido la hubiese empujado. Hana volvió a cerrar los ojos, haciendo que el dragón bajara la cabeza. Cuando los abrió, señaló con su bastón hacia uno de los tejados, donde una esfinge se encontraba postrada. En su mejilla izquierda, debajo del ojo, noté que había aparecido el número dieciocho.

"¡Allá estás!" Hana empuñó su báculo con ambas manos y se concentró, haciendo brillar la gema. "¡Bufu!" esa extraña palabra hizo que se formara hielo en las alas de la esfinge, impidiéndole levantar vuelo.

Trevor vio esto como una oportunidad, y extendió el brazo hacia la esfinge. La mujer, aterrada, sólo pudo contemplar cómo el caballero cargaba contra ella.

"¡Siegfried!" el caballero atravesó el estómago de la esfinge con su espada, levantándola algunos centímetros del suelo. Pero parecía que la esfinge no se había rendido aún.

"No sé… cómo vencieron a mis ilusiones… ¡pero no seré derrotada con tanta facilidad!"

La bestia saltó sobre Siegfried, lanzando todo su cuerpo sobre él y empujándolo del tejado, cayendo y aterrizando sobre él. La caída lastimó gravemente a Trevor, quien escupió sangre y cayó de rodillas. Me acerqué para ayudarlo, pero aún en ese estado, seguía comandando a su Persona, golpeando a la esfinge sólo con sus puños. No debía quedarme parada mientras Trevor peleaba con tanta fuerza, así que volví a dirigir a Kartikeya. Sólo un movimiento hizo falta para que la alabarda de mi ángel echara a la esfinge atrás, apartándola de Siegfried. Cuando intentó volver a cargar, imité el movimiento de Trevor, describiendo un arco y golpeándola con la parte de hacha de la alabarda. Trevor ya se había recuperado, y con él, Siegried también.

"¡Agi!" de la palma del caballero salió una bola de fuego, que golpeó a la esfinge de lleno y la echó hacia atrás. "¡Muere de una vez!" gritó Trevor mientras saltaba hacia la esfinge, decapitándola con un solo golpe en su cuello.

La bestia se desvaneció de la misma forma que Tengu lo había hecho. Los tres guardamos a nuestros Persona, devolviéndolos a… donde sea que van los Persona. Hana sonrió, emocionada por haber invocado finalmente a su Persona. Pero la alegría no le duró mucho, pues pronto se desmayó. Trevor suspiró y se la cargó a la espalda, pidiéndome a mí que llevara el estuche con las armas. No pesaba demasiado, pero era más de lo que acostumbraba a cargar. Comenzamos la marcha hacia el hospital, para llevar a Hana ahí. Tendríamos que pasar por el problema de explicarle a sus padres la razón de su desmayo. Sólo esperé poder encontrarme a la doctora Paz para que ella me ahorrara las explicaciones.

"Oye, Trevor" pregunté a medio camino.

"¿Sí?"

"Este estuche… es de una guitarra, ¿no?"

"¿A qué viene esa pregunta? Claro que es un estuche de guitarra, ¿acaso no ves la forma?"

"No, idiota. Lo que me refiero es, ¿tienes una guitarra? No sabía que tocabas"

"Sí, tengo una guitarra. Y no es algo que le diga a todo el mundo"

"Creo que no le dices nada a nadie y ya"

"Nos vamos entendiendo. ¿Por qué querías saber lo de la guitarra?"

"Oh, nada. Sólo…" me sonrojé un poco, sin razón aparente. "Sólo quería saber si algún día podrías tocar algo para mí"

Trevor miró hacia otro lado, pero sus mejillas se sonrojaron sólo un poco.

"Quizás, un día de estos"