Hola a todos.

Muchas gracias por leer, y disculpen la tardanza, no estoy bien de salud y la mayor parte me la paso en cama, pero, aún así, quiero actualizar, muchas gracias a los que han leído, y espero les guste como a mi me gusta escribirlo.

Ningún personaje es mío, y no gano nada.

3.- Intentos fallidos.

Pasaron más de 3 semanas, antes de que pudiera confirmar sus sospechas, los Jinchurikis de todas las aldeas estaban en peligro, su investigación no podía deducir los fines para los cuales se necesitaban las bestias con cola, sin embargo, había descubierto qué era lo que buscaba Akatsuki, sin más preámbulo, convocó un sapo mensajero y colocó el pergamino, dirigido a Tsunade, en la espalda del pequeño sapo.

-Hazme el favor de llevarlo de inmediato a Konoha, nadie más que la Hokage puede tomarlo. - El pequeño sapo emitió un sonido y después desapareció en una pequeña nube.

Estaba cansado, pues, pocas veces se centraba en el objetivo primordial de su misión, sin distracciones ni investigaciones, cosa muy rara en él. Sentado en el pergamino de invocaciones pensó en el rumor que había escuchado en una de las tantas tabernas que visitó, la aldea escondida entre la lluvia, recordaba la pelea contra Hanzo, después de muchas batallas la aldea se había cerrado a cualquier pacto de paz y comercio, un rumor de una guerra civil había llegado a sus oídos, sin embargo, aquel hombre alcoholizado, le mencionó sobre la llegada de un "Dios" a poner el orden y la paz anhelada, el señor "Pain" junto con el "Ángel", según contaba, una mujer hermosa, profeta de Pain. Para cualquiera con sentido común eso era lo más absurdo del mundo, pero para él, sonaba muy curioso, se preguntaba el destino de Hanzo, antiguo líder de la aldea, ¿Se habrá proclamado Dios?, era posible, sin embargo, ninguno de sus colaboradores, que él conocía, podía describirse como una mujer hermosa. Siempre se decía que las ideas estúpidas eran el camino para encontrar la verdad, y una de ellas, era una posible relación de Akatsuki con ese rumor, demasiado fantasiosa incluso para él, pero aún así merecía investigarse, aunque no tuviera relación con Akatsuki, era bueno saber, qué había pasado en esa aldea.

Sumido en sus pensamientos, no se percató que detrás de él, había un sapo mediano, aunque más parecía a una reproducción miniatura de el Jefe Sapo, Gamabunta, aún no había tantas cicatrices en su cara, pero su color y chaleco, lo distinguían como uno de sus hijos consentidos.

-Jiraiya-sama - exclamó con su voz chillona, haciendo que el Sabio diera la vuelta.

- Gamakichi - dijo sorprendido - ¿Qué te trae por aquí?

- Mi papá lo está buscando, pero como es muy grande, me envió a mi - dijo el sapo, haciendo movimientos con sus manos - Al parecer, Fukasaku-sama le busca.

- ¿De verdad? - el sapo sólo asintió con la cabeza, - entonces marchemos, no puedo dejar al Jefe y a Bunta esperando. - El sapo asintió y desapareció en una nube, al tiempo que Jiraiya se colocaba el pergamino y su mochila para después imitar la desaparición del sapo, apareciendo nuevamente en un bosque, que a diferencia de todos, las plantas eran enormes, comparados con los árboles de Konoja, varias cascadas acompañaban el camino hacia el recinto del Gran Sapo Sabio, donde también habitaba su Jefe. Varios sapos de colores, que veían al Sannin lo saludaban con una reverencia.

Por fin después de caminar bastante, veía la enorme figura de Gamabunta, como si fuera una chimenea, emanaba columnas de humo de su pipa, se colocó frente a él y este le miro.

-Gamakichi dijo que me buscabas - dijo al Jefe Sapo.

- Así es - exhaló otra columna de humo - El Jefe acaba de salir, no tardará en llegar, sin embargo - Dijo más serio - el sapo que enviaste a Konoha, después de cruzar el estanque fue asesinado - Jiraiya abrió los ojos, sorprendido - El Jefe hizo una copia de tu pergamino y lo llevó a la Hokage.

- Es muy pepeligroso - pensó un momento - Será mejor que lo entregue yo.

- El Jefe dijo que vendría, mejor esperemos, no es ningún tonto - dijo con orgullo Gamabunta - además - su tono cambio drásticamente, una sonrisa taimada se había formado en su rostro - ¿Es que estas tan ansioso de ver a Tsunade?

- ¡Callate!, viejo tonto - Aunque su voz aparentaba seguridad un ligero rubor se apoderó de sus mejillas, dejándolo al descubierto

La risa de Gamabunta no se hizo esperar - Eres un tonto, Jiraiya - logro articular después de un rato - he perdido la cuenta de los rechazos de Tsunade - exhaló otra fumarola - Katsuyu y yo apostamos, y gracias a ti he ganado.

-¿Y se puede saber que han apostado ustedes? - señalaba con un dedo acusador mientras la vena de la cien de Jiraiya se había hecho presente, al igual que un tic se apoderaba de su ojo izquierdo.

- ¿Cuántos metros recorrerás en tu próxima negativa? - El viejo sapo reía, mientras que Jiraiya estaba rojo de la irá. - Y aún así - Bunta relajo su tono - me pregunto cómo es que la sigues queriendo, no tienes dignidad.

Jiraiya lo miro, y la furia que se había hecho presente fue reemplazada por una sonrisa, que más parecía una mueca, sus ojos se apagaron y su rostro mostraba despiadadamente la edad cumplida del viejo Sannin. - Sí - dijo después de una prolongada pausa - puede ser que sea un gran tonto - por mente pasaba la historia de su vida en un acto, una declaración de amor, seguido con él volando por los cielos, inconscientemente de llevó una mano a la mejilla, su compañera que se tenía que ver forzada a aguantar la furia de Tsunade, encarnada en un golpe cargado de una inmensa cantidad de chakra - Un tonto que ha decidido amarla, me entristece que el gran amor que le tenía a ellos, se vea reflejado en el tamaño de sus senos, con ese tamaño no hay espacio para mi en ninguna parte - Bunta veía el rostro afligido de Jiraiya. Más que un compañero de batalla, tenía una amistad con el pervertido, si no había misión, simplemente coincidían con Gamaken, en su taberna, y llegando a su límite etílico, el Sannin estaba mucho más serio de lo que en su vida habría estado, su mirada perdida en el sake, muchos pensaban que estaba a punto de dormir, pero Bunta, era el único que sabía interpretar de manera correcta esa actitud, la mirada perdida, eran señas de que estaba perdido en sus memorias, desconectado de la realidad, pensando en ella, no podía seguir ingiriendo alcohol, por la sencilla razón que, estaba consiente que otro trago, y el nudo formado en la boca del estomago, iría subiendo hasta llegar a desembocar en un terrible llanto. Sólo 5 veces lo había visto llorar, la primera, cuando el hermano menor de Tsunade había muerto, la segunda, cuando sus padres fallecieron, la tercera, cuando se enteró del noviazgo de Tsunade, aquella la recordaba con gran exactitud, terminó en el suelo inconsciente, después de haber vaciado todo su estómago y gritar sin parar el nombre de Tsunade. La cuarta le sorprendió, lloraba, por el fallecimiento de Dan, ella era feliz, y aunque destrozado estaba por su noviazgo, se dio cuenta de cuánto la amaba, tanto que su dolor era el mismo infierno para él verla triste. La quinta vez, cuando su amigo, que el sapo detestaba profundamente, huyó de la aldea. Se sentía el peor de los fracasados, sin poder conquistar a la mujer de sus sueños, sin poder traer a su amigo, sin nada más que su perversión. Sabía que su sonrisa ocultaba el dolor de su alma. Y, aunque Jiraiya nunca lo mostraba, tenía miedo de la seguridad de Naruto, todos sus estudiantes habían muerto, y él, simplemente, no los pudo proteger, tenía miedo por aquel chiquillo, que, de alguna, manera alegraba la vida del solitario Sannin.

Bunta dio una última calada a su pipa y después la guardo, lo veía con la mirada perdida, adivinando sus pensamientos, suspiró, y exhalando la última fumarola, rompió el silencio.

– ¿Le dirás una última vez? – Jiraiya lo miro, rascándose la cabeza, en un signo de nerviosismo, le contestó a su amigo .

-Sí – dijo resignado – Tal vez volveré a decirle a La señora Shima que me vuelva a curar – Bunta lo miro interrogante – Estoy seguro que será un no, pero ya no pierdo nada, ¿No crees?

El jefe sapo sólo lo miro y río, él también pensaba en un no, pero hasta él sabía que las mujeres, fueran de la especie que fueran, siempre cambiaban, o al menos, eso había visto con la señora Shima. Pero, ¿Seria correcto comparar un sapo con Tsunade?, tendría que hablar ya después con Katsuyu, podía seguir ganando las apuestas sobre Jiraiya, pero el pobre hombre ya le daba pena, tal vez sólo indagará sobre qué tantas posibilidades tiene, puesto, que en su último encuentro, la babosa, le había mencionado que su señora, le había confiado ciertos sentimientos respecto al Sabio de cabellos blancos. Hizo una mueca, en señal de reproche, si tan solo hubieran tomado otra ronda de sake, sería capaz de decirle que no lo volviera a intentar, o encaso contrario, alentarlo "La próxima vez esa babosa no se irá sin decirme nada" se dijo así mismo, mientras una sonrisa taimada se asomaba en sus labios.