Encuentro fortuito
La doctora Paz nos ahorró el problema de explicarle a Shinyuu, hermano y tutor de Hana, lo que había pasado. De todos modos, el chico pasó para ver cómo se encontraba. Hablamos por un rato con él, durante el cual nos preguntó nuestra versión de la historia. Sólo le dimos la misma versión que la doctora, sobre un golpe de calor y ya. Igual que mi hermana, no tenía razón para saber lo de los Persona, por lo que aceptó la excusa y se marchó de regreso al trabajo, pidiéndonos que lo llamáramos cuando Hana despertara. Decidí entonces llamar a mi hermana para avisarle del tema, y que llegaría tarde a casa. Trevor y yo nos quedamos haciendo turnos de media hora hasta que Hana despertara, y afortunadamente sólo tardó unas cuatro horas. Tan pronto como lo hizo, llamé a Shinyuu para avisarle, y se oía bastante aliviado.
"¿Cuánto tiempo estuve ida?" preguntó Hana mientras salíamos del hospital.
"Unas cuatro horas, mucho menos que yo" me reí.
"¿Y Trevor? ¿Tú cuánto tiempo estuviste inconsciente?"
"¿Yo? Hmm…" Trevor se quedó pensativo por unos momentos, bajando la mirada. "No recuerdo. Fue hace mucho ya…"
"¿Mucho? Fueron tres días" me reí.
"Ah…" Trevor me miró sorprendido, pero apartó la mirada. "Supongo que sólo me falla la memoria"
"Al menos tuviste la fuerza suficiente para llevarme al hospital primero… ¿Cuánto tiempo aguantaste?"
"Lo suficiente" respondió, de forma cortante.
Intuí que cualquier pregunta que le siguiera no tendría una respuesta correcta, así que desistí. Llegamos a casa de Hana y nos despedimos de ella. Trevor se ofreció a acompañarme también a mi casa, pues ya era de noche, pero rechacé. Su hogar ya estaba lejos, y si me acompañaba tendría que caminar todavía más. Yo era una niña grande, podía llegar a casa sola. Nos despedimos y regresé a casa, donde comí una abundante cena y dormí, una vez más, junto a mi hermana.
Dos espadachines combatían entre sí. Ambos portaban una armadura similar, ligera y con placas adornadas de azul. No había malicia en los ojos de ninguno, sólo rivalidad. Parecían ser amigos, pero combatían con toda la fiereza que podían. Al final, uno de los dos desarmó al otro y comenzaron a reír mientras se acercaban a mí. Uno me llamó "Capitana" y me preguntó qué me había parecido la "exhibición". Cuando estaba por responderles, una voz detrás de mí me llamó, igual refiriéndose a mí como "Capitana". Cuando me di vuelta, vi a la mujer de máscara de demonio, acompañada por la otra mujer de negro. Me llamaban adentro del castillo. Caminé hacia ellas un tanto apurada, pero cuando abrí la puerta, sólo había un vacío blanco. Todo volvió a desvanecerse, sólo que esta vez, el escenario se rompía como si fuese un cristal.
Me caí de la cama esa mañana. Maldije a todos los dioses en voz alta y bajé a desayunar. Antes de irme a la escuela, Marissa me pidió que no volviera tarde también ese día. A pesar de que la aparición de los demonios no fuera mi jurisdicción, accedí. Volví a encontrarme con Hana a medio camino, y arreglamos juntarnos a tomar algo en el café al día siguiente, ya que salíamos más temprano los sábados. Al salir, Trevor nos preguntó qué tal nos estábamos manejando con nuestros Persona, y le respondimos que no los utilizábamos mucho. Nos recomendó empezar a practicar con ellos, pues no sabíamos qué tan preparados necesitaríamos estar. Ambas asentimos y nos retiramos a nuestros hogares. Después de cenar, le dije a Marissa que saldría a dar una vuelta, y volvería dentro de poco. Me fui para el parque cerca de mi casa y me senté en un banco, mirando al cielo. Estaba bastante despejado. Uno de los temas sobre asistir a una escuela con "reglas especiales" es que nuestro año escolar comenzaba en primavera, durante abril. No es que tuviese ninguna queja, pero era curioso ver que nosotros teníamos vacaciones diferentes a las del resto de los chicos. Menos vacaciones, para colmo. Pero teníamos viajes escolares, y eso era un gran plus.
Cambio de tema: Continué por algunos minutos mirando hacia el cielo, en trance. Un extraño sonido me sacó de mi concentración. Sonaba como alguien excavando en la arena. Me acerqué hacia al arenero del parque y vi a una niña, casi de mi misma altura, jugando allí. Parecía estar intentando hacer un castillo de arena. Me quedé mirándola jugar por algunos minutos, pues parecía curiosa. Después de un rato, notó mi presencia y se volteó hacia mí. Creo que me asusté un poco por eso, pues sus ojos celestes brillaban de forma ominosa en la oscuridad.
"Saludos, ¿puedo saber tu nombre?" preguntó ella, sonriente.
"S-soy Orianna… ¿Y tú?"
"Me llamo Air" la niña se puso de pie y se sacudió la ropa. Llevaba una camisa blanca holgada con dibujos celestes y pantalones negros.
"¿Air? Es un nombre curioso" le dije con una sonrisa nerviosa.
"Mi psicóloga dice lo mismo" ella se rió y se acercó a mí, extendiendo su mano. "Es un gusto conocerte, Orianna"
Noté entonces que su cabello celeste, a pesar de ser corto por la parte trasera, tenía dos mechones largos por el frente que terminaban en espiral, a la altura de su pecho, confundiéndose con el estampado de su camisa. Apreté la mano de Air, ignorando el hecho de que estaba cubierta de arena. Sus manos eran suaves y tan pequeñas como las mías.
"Air, ¿qué estás haciendo aquí?" era peligroso que una niña como ella estuviese sola en medio de la noche. Aunque la verdad, cualquiera que me viese pensaría lo mismo de mí.
"Estoy esperando a mi psicóloga. Siempre aparece por esta hora…"
Ladeé la cabeza, completamente confundida. ¿Qué clase de psicóloga se junta con una niña en un parque en medio de la noche? Otro ruido diferente me sacó de mis pensamientos. Eran pasos, pero acelerados. Alguien estaba corriendo hacia nosotras. Y, sea lo que fuese, su presencia no se sentía natural.
"¡Persona!" Kartikeya voló en línea recta, empalando a un monstruo a casi tres metros de mí.
Parecía un zombie, o un espectro, pero tenía la forma de un hombre. Me había olvidado de que Air estaba todavía conmigo, y había invocado a mi Persona sin dudarlo. Iba a insultarme internamente, pero sentí más movimiento desde otra dirección. Esquivé a otro espectro que se intentó lanzar sobre mí y dirigí a Kartikeya para que lo fulminara con un relámpago. Air estaba aplaudiendo.
"¡Tú también tienes un guardián!" rió la pequeña.
Me di la vuelta para mirarla y recibí un golpe por distraerme. Por suerte, sólo había sido un cabezazo. Los demonios no parecían ser muy listos, algo ventajoso para mí. Mientras enviaba a Kartikeya a matar a los demonios que se acercaban a Air, pateé a mi agresor en el estómago y lo eché para atrás, dándome una ventana de ataque. Me concentré en recordar todo lo que había visto en programas de boxeo en televisión, sobre qué golpes estaban prohibidos por ser letales. Agarré a mi oponente del hombro y lo eché hacia abajo, teniéndolo a suficiente altura para golpearlo con el codo en la nuca. Si mi oponente fuese humano, ese golpe lo habría matado, o al menos lo habría dejado paralítico. Pero como no lo era, sólo cayó al suelo. Detuve sus intentos de levantarse, pisoteándolo hasta que dejó de moverse. Otro demonio se acercó a mí, y me estaba preparando para enfrentarlo también cuando un cuchillo aterrizó cerca de mí. Me di la vuelta y miré a Air, saludándome. Tomé el cuchillo y me preparé, esquivando golpes y atacando a diferentes puntos cuando tenía la oportunidad. Hizo falta una buena cantidad de cortes para bajarlo, pero me esforcé menos que cuando luché mano a mano. Kartikeya seguía protegiendo a Air de los pocos que se acercaban a ella. Ya casi no quedaban enemigos, por lo que imaginé que el "jefe" debía acercarse pronto. No obstante, no apareció ningún otro demonio aparte de los normales.
"Air, ¿estás bien?" pregunté una vez me aseguré que estábamos a salvo.
"Sí, estoy bien. ¿Los Ghoul te hicieron daño?" su pregunta me sorprendió.
"¿…Ghoul? ¿Los monstruos de recién?"
"Esos mismos. No pareces estar lastimada" se acercó a mí y me examinó por el frente y por la espalda. "Nop, estás sana"
"Yo… gracias, Air" le devolví su cuchillo y ella lo guardó. "¿Y qué hay de tu psicóloga? ¿Falta mucho para que venga?" acaricié su cabello con suavidad.
"Parece que no vendrá" aseguró. "Siempre viene cuando llegan los Ghoul y los espanta"
"¿…Quién…?" me quedé sin habla. "¿Quién es tu psicóloga?"
Antes de que Air me respondiera, mi celular sonó. Marissa estaba preguntando dónde demonios estaba, pues ya había pasado casi una hora desde que salí de la casa. Le dije que me había detenido en la tienda un rato y que ya iba para allá. Tuve que despedirme de Air sin obtener una respuesta sobre su psicóloga. Al volver, mi hermana me reprochó por mi tardanza; me aguanté el regaño y me fui a dormir. En ese sueño, volvió a aparecer el enmascarado.
"¡Oye, tú!" le grité cuando lo vi. "¡Esta vez no tengas dudas, pelearé contra la Adversidad!"
"Todavía faltan muchas pruebas, Capitana"
Dicho esto, el hombre se retiró, y desperté. La escuela transcurrió de forma dolorosamente lenta, a pesar de ser el día en que teníamos menos horas de clase. Fui con Hana a tomar ese licuado prometido y por el que me estaba haciendo agua la boca desde antes de llegar al café. La mitad del camino me lo pasé listándole a Hana las razones por las que amaba el licuado de fresas y banana con café, y ella sólo se limitó a sonreír. Cuando me di cuenta del tiempo que llevaba hablando de un simple licuado, cerré la boca por pura vergüenza. Yo pedí el antes mencionado brebaje y ella pidió un té francés de vainilla. Era la primera vez en mi vida que oía hablar de él, pero a Hana pareció gustarle bastante. Charlamos por un buen rato sobre cómo nos iba en la escuela, qué clases se nos hacían más o menos complicadas, y finalmente hablamos de cómo sentíamos a nuestros Persona. Yo le expliqué que Kartikeya era fácil de controlar, pero una vez ella regresaba a mí, el cansancio me llegaba de golpe. Por este motivo, yo intentaba mantener la invocación de Kartikeya lo más posible. Hana, por su lado, descubrió que Seth no era capaz moverse por sí solo, y únicamente podía moverlo si lo guardaba y lo volvía a invocar en otro lado. Era básicamente una torreta, pero por lo que habíamos visto contra la esfinge, Seth era muy poderoso y una gran ayuda para romper ilusiones. Regresamos a nuestros hogares, y cuando ya se estaba haciendo de noche, Trevor me llamó. Me dijo que teníamos que reunirnos frente a Magnolia, una florería pequeña a cinco calles de mi casa que había cerrado una semana atrás. Al parecer también había llamado a Hana, y yo había sido avisada última por ser la que estaba más cerca de ahí. Le dije a Marissa que saldría por un rato, y ella me miró a los ojos con seriedad. Supe entonces que no podría seguir mintiéndole por mucho tiempo, y tarde o temprano tendría que confesar o darle una excusa mucho mejor. Pero por esa vez, podía ignorarla y salir. Me encontré con Trevor, quien bebía una lata de bebida energética. Hana tampoco tardó en llegar, y entonces Trevor habló de su plan.
"Voy a ir directo al punto" dijo mientras arrojaba la lata vacía hacia un cesto de basura cercano. "Hay algo habitando esta tienda, y no podemos dejar que se extienda más de lo que ya está"
"¿Cómo que algo?" indagué. "Especifica, no estamos aquí para matar pestes ni quitar hierba mala"
"Un demonio, ¿acaso crees que las llamaría a esta hora sólo por una peste?"
"Yo sí me preocuparía por las flores…" susurró Hana.
"Sólo tomen sus armas" Trevor dejó el estuche en el suelo y tomó la Hidra Voraz.
"Muy bien, ¿cómo entramos?" pregunté mientras recogía mi espada.
"Romper la puerta no sería lo más prudente" acotó Hana.
"No dije que iba a romper la puerta" Trevor sacó una tarjeta pequeña y la utilizó para forzar la vieja cerradura.
"¡Como en las películas!" rió Hana. Trevor la fulminó con la mirada.
"No niegues que es una técnica útil" le remarqué.
"Por algo la aprendí" respondió.
Tan pronto como la puerta se abrió, un olor pútrido nos golpeó de lleno. Hana tuvo arcadas y Trevor sólo se tapó la nariz con el brazo, aún preparando su hacha. Yo acerqué mi blusa a mi rostro para cubrírmelo mientras trataba de inspeccionar el lugar.
"Esto huele a muerto… ¿el dueño se fue de vacaciones o qué?"
"Lleva cerrado una semana, así que es lógico que-"
Me interrumpió un grito, proveniente de Hana. En la parte trasera del local, dentro del invernadero, ella había encontrado un cadáver, al que reconocí como el dueño. Vaya vacaciones las suyas. Además de estar prácticamente pudriéndose, del cadáver crecían algunas plantas. Si hubiesen sido hongos o algo parecido, todavía habría quedado la posibilidad de muerte natural: pero lo que crecían eran flores. Quien sea que fuese su asesino, lo estaba usando de abono también.
"¡Hana, asistencia!" ordenó Trevor.
"¡A la orden!" Hana corrió hacia fuera del local, aliviada de abandonar ese ambiente podrido. "¡Persona!" Seth apareció alrededor de ella, imponente como siempre.
Hana se concentró por un momento, intentando ubicar a nuestro rival.
"Es… sólo uno. Pero…" siguió buscando. Cada vez que se concentraba, los ojos de Seth brillaban ligeramente. "¿Por qué lo veo en tantos lugares…?"
"¿Varias señales?" uní los puntos. "¡Las plantas!"
"¡Agi!" Trevor invocó a Siegfried y quemó el cadáver del dueño de la tienda.
Las plantas se convirtieron en un conocido líquido negro. Yo me dediqué a derribar uno de los estantes de macetas para que Trevor las quemara con tranquilidad. Después de quemar tres estantes, el resto de las macetas estallaron, sus plantas creciendo a velocidad descomunal. Corrí hacia fuera del local, pues no podría pelear bien allí dentro. Esto demostró ser la elección correcta, pues un brazo gigante compuesto de plantas lanzó a Trevor por la ventana. Más raíces enormes salieron del lugar, tomando la forma de una mujer rodeada de plantas.
"Una dríade…" comentó Hana. "Espíritus del bosque, se supone que sólo protegen sus plantas…"
"Bueno, estuvimos quemando varias recién" acotó Trevor.
"¡Pues no te detengas!" evadí otro brazo de plantas.
"¡Maragi! Trevor canalizó más energía de la usual, causando que Siegfried invocara un muro de fuego en lugar de una sola flama.
Lastimosamente, esto sólo causó que la dríade se enojara todavía más. La mujer levantó una mano hacia nosotros, causando la aparición de un nuevo brazo de plantas, que golpeó el suelo y rompió el concreto de la acera. Trevor continuó prendiéndole fuego a la conglomeración de plantas, pero sólo parecía contribuir en enfurecer a la dríade, pues las plantas no dejaban de crecer.
"¡Trevor, deja de quemarla!" le ordené. "¡Hana, intenta congelar las plantas!"
"¡Bufu!" un nuevo brazo fue congelado.
"¡Zio!" grité mientras invocaba a Kartikeya.
El relámpago partió la planta en pedazos, pero no parecía ser más efectivo que el fuego. Por lo menos, la dríade no estaba tan furiosa como antes. La mujer arrojó semillas hacia nosotros, haciendo crecer estacas de planta en el suelo. Los tres saltamos para esquivarlas, pero una alcanzó a cortarme un lado de la pierna. Y ahí quedaron mis medias favoritas.
"¡Maldita sea, no estamos haciendo ningún progreso!" Trevor intentaba romper las plantas con su hacha.
"Y no quiero alarmarte, pero mi pierna está sangrando y… sí, eso" soné quizás demasiado casual.
"¿Y ahora qué?" preguntó Hana. "Nos quedaremos sin energías antes de que ella se quede sin plantas"
"Tenemos que atacar su cuerpo principal" afirmé. "Es como la situación de las arpías y la esfinge"
"Bien, entonces déjenme a mí la distracción" Trevor empuñó su hacha y cargó hacia donde se encontraba la dríade. "¡Maragi!" Siegfried levantó otro muro de fuego, esta vez haciéndolo más débil pero esparciéndolo en un área más amplia.
"¡Mi turno!" una vez que la distracción estaba puesta, la dríade quedaba vulnerable. "¡Bufu!" el hielo se formó desde sus pies hasta su torso, deteniéndose cerca del cuello.
"Suficiente para mí, ¡Kartikeya!" mi Persona voló a gran velocidad, cargando con su lanza al frente y haciendo pedazos el área congelada.
Sólo la cabeza quedó, la cual cayó inerte al suelo. Hana soltó un suspiro de alivio y Trevor se sentó en el suelo, agotado. Yo guardé a Kartikeya, sintiendo de golpe todo el cansancio acumulado. Por suerte para mí, había evitado invocarla demasiado, y sólo acarreó un pequeño dolor de cabeza. Trevor se acercó a la cabeza y la sostuvo en el aire, examinándola.
"¿Creen que debería quemar también esta cosa?"
"Sí, por si las dudas" bromeé, pero en el fondo, de verdad quería que le prendiera fuego.
Antes de que Trevor pudiese hacerle algo a lo que quedaba de la dríade, aparecieron nuevos brotes de su cuello cercenado. Trevor se apresuró para soltar la cabeza, pero estaba demasiado débil para seguir invocando a Siegfried. Hana invocó nuevamente a Seth para congelarla, pero otra conglomeración de plantas la escudó mientras se regeneraba. Invoqué de nuevo a mi Persona y lancé sobre ella todos los relámpagos que podía crear, pero no parecía surtirle más efecto.
"¡Carajo, carajo!" maldije en voz alta.
"Y ahora… ¿qué?" Trevor casi no podía mantenerse en pie.
Nuestras plegarias fueron respondidas de la forma más extraña posible. Los tres sentimos una presencia abrumadora en la zona, muchísimo más fuerte que cualquier demonio que hubiésemos enfrentado antes.
"¡No puedo… identificarlo correctamente…!" Hana lucía aterrada.
Recuerdo haber parpadeado sólo una vez y encontrarme a la dríade cubierta de fuego, a punto de carbonizarse. Había sido muchísimo más rápido e intenso que los ataques de Trevor, por lo que no podía haber sido él. Me di la vuelta y vi lo que podría ser descrito como la imagen más aterradora de mi vida.
"¿Qué es… eso?"
A casi treinta metros de nosotros, flotando, se aproximaba un ser pequeño, con figura de niña. Varias partes de su cuerpo estaban vendadas, especialmente su rostro, del cual sólo se podía apreciar un ojo. Tenía el cabello largo, casi hasta los tobillos, y llevaba un vestido negro casi hecho harapos, con dos cadenas cruzadas sobre su pecho. Cargaba un revólver de cañón largo en cada mano, que usó para apuntarle a las plantas que la dríade intentaba invocar para defenderse. Un disparo, la mitad de ellas se pulverizaron. Otro disparo, la otra mitad. Ahora la niña sólo levantó una pistola en el aire. Detrás de ella, la silueta de un hombre vendado con corona de faraón y capa repetía sus movimientos.
"Hamaon" su voz no sonaba como la de una niña, sino como varias personas intentando hablar a la vez.
La niña disparó al aire y un círculo de luz se formó bajo los restos de la dríade. Poco después, la mujer quedó envuelta en luz, y desapareció.
"Chicos… esto es…" Hana intentaba analizar a lo que había aparecido, pero no lograba sacar nada concreto, y temblaba más intensamente cada segundo. "¡VÁMONOS DE AQUÍ!" gritó.
Nunca había escuchado a nadie hablar con tanto miedo. Pero claro, Hana podía ver mucho mejor que nosotros el poder que tenía esa cosa. Los tres emprendimos la marcha hacia donde estaba mi casa, esperando, de alguna manera, que esa cosa se marchara sin prestarnos atención.
Lastimosamente, me equivocaba.
"¡Hana!" grité mientras la empujaba hacia un costado, recibiendo un disparo de electricidad en la espalda.
No dolió tanto como esperaba, pero aún así fue un golpe poderoso. Trevor frenó casi inmediatamente y me tomó en brazos para que nos largáramos de ahí. Lo agradecí, pues ya no sentía las piernas en ese punto. No estaba pensando correctamente, y le ordené que sólo nos refugiáramos en mi casa. Le di mis llaves a Hana para que abriera la puerta, y los tres entramos con toda la rapidez que podíamos. Hana cerró la puerta con llave mientras Trevor me asomaba a la ventana. La niña se detuvo frente a mi casa, miró alrededor, y se marchó. Estábamos a salvo.
"¡Ori, ¿qué carajo pasó!?" la voz de Mari me recordó que no estaba tan a salvo.
"Se cayó y se lastimó la pierna" contestó Trevor. "Tiene que tener más cuidado y ver dónde pisa"
"Oh dios…" Mari se acercó y examinó mi pierna. "Iré a traer el botiquín, tú sólo déjala sobre el sillón"
Asentimos y ella se retiró hacia el baño para buscar el botiquín. Trevor me depositó sobre el sillón del comedor, y comprobé que podía volver a mover las piernas.
"¿Qué demonios era eso?" pregunté en voz baja.
"No lo sé, pero… Tenemos suerte de que no nos hubiese matado" Hana todavía temblaba un poco. "Era diez… no, cien, o hasta mil veces más fuerte que la esfinge. Carbonizó a la dríade sin ninguna clase de esfuerzo, también…"
Mi hermana volvió y nos quedamos en silencio mientras trataba mi herida.
"Y estas eran tus medias favoritas…" remarcó con algo de tristeza.
Me sentía mal por preocuparla tanto y no poder darle ninguna clase de explicación razonable sobre mis actividades. Apoyé mi mano en su hombro y lo acaricié, evitando mirarla a los ojos. Trevor y Hana sólo observaban el proceso en silencio.
"Listo, con esto debería estar" Marissa acarició mi mejilla y sonrió. Luego, se volteó a mis amigos. "Lamento no haberme presentado antes. Soy Marissa, y como seguro sabrán, Orianna es mi hermanita menor"
"No, fue de mala educación no presentarnos primero" le aseguró Hana. "Soy Hana Shintaku, compañera de clase de Orianna. Es un gusto conocerla, Marissa"
"Vamos, no me trates de 'usted', que me haces sentir vieja" Mari se rió.
"Yo… Me llamo Trevor Evans" Trevor inclinó la cabeza, intentando un saludo formal.
"Bueno, es un placer, Trevor. Ori me ha hablado de ambos, ¿saben?" ella se puso de pie y se encaminó a la cocina. "Iré a traerles algo de beber"
"Luce bastante amigable" comentó Hana.
"Pero la preocupas mucho, lo noto en sus ojos" remarcó Trevor.
"Lo dices como si no fuese algo que ya supiera. ¿Qué planeas que haga, contarle sobre los demonios y los Persona?"
"Sólo digo… pasa más tiempo con ella si puedes. No sabes cuánto tiempo más la tendrás contigo" el tono de Trevor fue bastante más sombrío en esa última oración.
Pero no pude preguntarle más, pues mi hermana regresó al comedor con café y galletas. A penas hubo conversación durante esos minutos, Marissa hacía alguna que otra pregunta y el resto nos limitábamos a responder y ya. Se notaba, de todos modos, que ella tampoco tenía muchas ganas de conversar. Trevor y Hana se marcharon poco después hacia sus hogares, prometiendo que recogerían las armas que tiramos en el camino, mientras yo me fui directo a dormir.
El siguiente sueño quizás fue poco importante, puesto que no lo recordaba al despertar. O quizás no soñé nada, y las visiones también se tomaban un descanso los domingos. Después de ducharme, Marissa me ayudó a cambiarme la venda y salimos a hacer las compras para la semana. Cerca del mediodía, nos detuvimos a comer algo. Empecé comiendo con ganas, pero pronto me encontré perdida en mis pensamientos.
"Ori" su voz me devolvió a la realidad. "¿Hay algo que quieras decirme?"
"¿A-ah? ¿Algo como qué?"
"Sobre lo que estás haciendo estos días" Marissa me miró a los ojos. "Me alegro que salgas y tengas amigos, pero esto se está volviendo ridículo"
"Mari..." recordé lo que Trevor había dicho la noche anterior. "¿Me creerías si te digo que hay algo que sólo yo puedo hacer?"
"Si te creería, sí" Mari me sonrió. "Pero..." bajó la mirada.
"¿Pero...?"
"Eso no evita que me preocupe. Ori, eres todo lo que tengo, ¿qué haré si algo llega a sucederte?"
Me acerqué a ella y la abracé con fuerza, intentando mantenerla lo más cerca posible de mí.
"Te prometo que no moriré, no importa lo que pase" susurré. "Pero tú prométeme lo mismo. Estamos juntas en esto, ¿o no?"
"Así es..." la voz se le empezaba a quebrar. "Somos dos guerreras, peleando hasta el final"
"Codo con codo hasta ser las últimas en pie" sonreí ante el recuerdo de nuestra promesa.
Marissa y yo continuamos abrazadas de esa forma por un largo tiempo. Era como renovar ese viejo juramento. Lo que nos prometimos una a la otra mientras hacíamos lo posible por salir adelante. Lo que me repetía una y otra vez mientras observaba cómo bajaban los ataúdes de nuestros padres. Lo que ella se repitió mientras realizaba los trámites para que se le concediera mi tutela. Lo que nos repetimos una a la otra cuando nos sentábamos, abrazadas, mientras intentábamos alejar esa pesadilla de nuestras mentes.
Lo que nos guiaría por muchos años más, hasta ser quienes somos hoy en este día.
